Los asesinos de Carabanchel fueron descubiertos por los vecinos cuando trataban de sacar el cuerpo

Los asesinos de Carabanchel

En la humilde comunidad de vecinos de la avenida de Abrantes, 22, en Carabanchel, nadie parecía ayer sorprendido por el asesinato de un joven, de 19 años y origen dominicano, en el interior del tercero izquierda.

La vivienda, convertida desde hace meses en una especie de fortín para miembros de una banda latina -según las primeras pesquisas, la de los Dominican Don´t Play (DDP)-, resultó el trágico escenario de una reyerta que acabó con un cadáver y cuatro detenidos, tres dominicanos y un español.

Los hechos se desencadenaron poco antes de las 17 horas cuando una llamada alertó a la Policía de un disparo en el interior del piso. Previamente, se había desatado una pelea por motivos que aún se desconocen. Tras escucharse el disparo, los apresados fueron sorprendidos por algunos residentes en el descansillo de la segunda planta cuando trataban de sacar a la víctima a la calle.

Avisaron a los agentes, que a su llegada encontraron al joven en parada cardiorrespiratoria, aún con un hilo de vida. No obstante, los facultativos solo pudieron certificar su fallecimiento. Presentaba una única herida de bala en el hemitórax derecho.

Agentes de la Brigada de Policía Judicial, Policía Cientifica e Información investigan el caso, con el objetivo de esclarecer el grado de participación de los arrestados y dilucidar si intentaron deshacerse del cuerpo -pensando que ya estaba muerto- antes de ser descubiertos por los vecinos. A requerimiento de la Científica, los Bomberos cercenaron un arbusto cercano al portal, en busca del arma homicida u otro objeto que arrojara mayor luz a la investigación.

En la avenida de Abrantes, todos los corrillos comentaban ayer el triste episodio. Según ha podido saber ABC, uno de los detenidos y principal morador del tercero izquierda sería Luis, un chico de 18 o 19 años que habría estado internado en un centro de menores.

«Hace años, el Ivima le entregó las llaves a una mujer maltratada que entró a vivir con su hijo pequeño», revelaba el presidente de la comunidad, José Antonio Campos, quien apuntó a la posterior carrera delictiva de aquel niño como el principal desencadenante del asunto. «Empezó a los 14 años con problemas y ya no ha parado. Hace meses, le pegó una paliza a su madre y ésta abandonó el piso sin ni siquiera denunciarle», proseguía.

Desde entonces, Luis, español de ascendencia gitana por parte de padre, convirtió la casa en un «piso franco» de jóvenes dominicanos. «Ahí no subo ni loco», confesaba un adolescente, que aseguró conocer al responsable de la vivienda. Hasta ayer, las broncas, los destrozos y la música a todo trapo -con independencia de la hora que fuera- eran los quebraderos de cabeza de un vecindario, acostumbrado a vivir cada día con el miedo en el cuerpo.

Aunque no se le conocía actividad laboral alguna, desde su entorno incidían en que Luis no cobraba ningún tipo de subarrendamiento. «Era bastante confiado y los “negros” se aprovechaban de él», relataba una mujer, convencida de su pertenencia a la misma banda latina que sus «inquilinos». Horas antes de que su casa fuese teñida por la sangre, algunos testigos señalaron haberle visto muy cerca de allí: «En las canchas y en la plaza del Burger King. Es su territorio».