‘Caso Polop’: Las dos muertes del alcalde de Polop

Caso Polop

Aquel mes de agosto de 2007, Alejandro Ponsoda tuvo dos muertes sobre el papel en el reservado del burdel de tercera en el que se orquestó su asesinato, que se ejecutó ese octubre. Su final pudo ser distinto si el testigo protegido que destapó la trastienda del crimen hubiera aceptado la oferta que, según él, le hicieron los imputados en la zona vip del Mesalina, el club de alterne que frecuentaban a las afueras de Benidorm.

Esa proposición no cuajó porque quienes la idearon y el testigo protegido, que entonces era el portero del local, no se pusieron de acuerdo en los términos. Cuando la juez que ha instruido el asunto está a punto de abrir juicio por el crimen, EL MUNDO ha tenido acceso a los detalles de cómo y por qué se frustró aquel primer intento de asesinato.

El episodio revela, una vez más, los bajos instintos de la política en un escenario sórdido donde, según el sumario, se ponía precio a la vida de una persona entre botellas de champán y prostitutas.

Una noche de agosto de 2007-según consta en las diligencias- el entonces concejal de Urbanismo y número dos del Ayuntamiento de Polop, Juan Cano -a quién la Fiscalía considera cerebro del crimen por su deseo de ser alcalde-, bebía copas junto a un empresario del pueblo amigo suyo y el dueño del Mesalina.

El testigo protegido estaba trabajando. Lo llamaron. «Pedro (el propietario del club de alterne) me preguntó que si quería hacer un trabajo de los que había hecho antes». Él pensó que le estaban proponiendo ir a hacer un cobro a alguna persona y dijo que por supuesto que sí. «Pero -añade- me dijo que no se trataba de ese tipo de trabajo sino de los que hice hace mucho tiempo en África. Entonces ahí entendí que se trataba de matar a una persona».

Según su propio testimonio, había colaborado en África con gobiernos o rebeldes.El testigo preguntó que de quién se trataba y que cuánto se pagaba por ello. Advirtió de que en caso de que fuera «una suma importante» podría llegar a interesarle.

Esta propuesta, aseguró, se hizo en presencia de Cano y su empresario amigo. «Pedro me dijo que había que matar a una persona que tenía un problema con su amigo (Juan Cano)».

El testigo protegido lo frenó en seco. Les dijo que en caso de interesarle, era un tema que no quería hablar delante de tanta gente. Después, una vez a solas, puso un precio. Tenían que ser 35.000 euros y en ese momento le tendrían que dar 17.500 para cerrar el acuerdo.

El resto, una vez hecho el trabajo con la condición de que se repartiera en diferentes cuentas con ingresos de 900 euros en cada una de ellas. Además, les avisó de que si en algún momento había problemas con el encargo, se quedaría con los 17.500 euros en concepto de «seguimiento y control sobre la víctima».

«Eso también tiene un precio así como buscar la forma correcta de hacer el trabajo», les aclaró. Pero, ¿cómo se iba a ejecutar aquel encargo? Sin armas. El testigo protegido no quería pistolas. Se las ofrecieron, según su versión, pero las rechazó. «Sabía perfectamente otros métodos para matar a una persona», resolvió en su declaración. Insistió para que le dieran ese primer pago en efectivo.

Cano, el dueño del club, el gerente y el empresario se retiraron a hablar cinco minutos. Después Cano, según él, le dijo. «Queremos que hagas el trabajo pero no estamos de acuerdo en la forma que exiges para el pago. Piénsalo bien y ya hablaremos de esto». Él contestó que si no era con sus condiciones no hacía el trabajo y se marchó de la zona vip.

Días más tarde, subieron la oferta a 50.000 euros pero al portero ya no le interesaba y los puso en contacto con los tres hombres que presuntamente terminaron ejecutando al alcalde y a los que, tal como declaró, acabaron pagándoles la última cantidad ofrecida al portero.

El testigo protegido decidió hablar en 2009, dos años después del crimen. Su declaración fue vital para revitalizar el caso, llevar a cabo las detenciones e iniciar la investigación judicial.