El secuestro de Jean Paul Getty III

Back New search
El secuestro de John Paul Getty III
  • Classification: Secuestro
  • Characteristics: Nieto del magnate Paul Getty, fue secuestrado por la mafia que le cortó una oreja porque su abuelo se negó a pagar el rescate
  • Number of victims: 1
  • Date of murder: 10 de julio de 1973
  • Date of birth: 1957
  • Victims profile: Jean Paul Getty III, de 16 años
  • Location: Roma, Italia
  • Status: Murió el 5 de febrero de 2011 en su casa, a la edad de 54 años
Read more

John Paul Getty III, el heredero maldito

Bárbara Celis – El País – El secuestro de John Paul Getty III

9 de febrero de 2011

Nieto del magnate Paul Getty, su vida quedó truncada tras ser secuestrado por la mafia, que le cortó una oreja.

Ser el nieto de uno de los hombres más ricos del planeta no garantiza la felicidad. Y mucho menos una vida larga y fácil. La de John Paul Getty III, nieto del magnate del petróleo Paul Getty, se truncó el pasado sábado en Londres a los 54 años, después de vivir tres décadas en silla de ruedas y medio ciego.

Hijo del matrimonio entre Paul Getty II y la actriz Gail Harris, el rostro de Paul Getty III dio la vuelta al mundo después de su secuestro en Italia en 1973. Sus padres se habían divorciado y con apenas 16 años, vivía en Roma con su madre, entregado a una vida bohemia donde su participación en protestas de izquierdas se compaginaba con largas noches de juerga, trabajos como extra y pintor.

Tras su desaparición, una mañana de julio de 1973, su madre recibía una nota anunciando su secuestro y una petición telefónica de 17 millones de dólares para su rescate. “Consígalos en Londres”, le dijo la voz del secuestrador al otro lado del aparato, en referencia a los millones de su exmarido y exsuegro.

La policía no se creyó la historia y pensó que era un truco urdido por el propio adolescente para conseguir dinero de su familia. Su propio abuelo, famoso por ser tan tacaño que incluso instaló una cabina telefónica de pago en su casa, declaró en un diario: “Tengo catorce nietos. Si entrego el rescate de uno de ellos tendré 14 nietos secuestrados”.

Pero nada convenció a la policía hasta que cuatro meses después un periódico italiano recibía un paquete con una oreja dentro y una carta que reclamaba tres millones de dólares. Las fotos del adolescente mutilado llegaban días después con una advertencia: si nadie pagaba el rescate (que se había rebajado) devolverían al chaval en pedacitos. Tras el secuestro estaba la mafia calabresa.

Paul Getty III aún pasó un mes más en manos de sus raptores. Su abuelo solo quiso pagar dos millones de dólares y el resto del rescate lo puso Paul Getty II, aunque el dinero se lo prestó el patriarca… al 4% de interés.

Tras su liberación en diciembre de 1973, trató de darle las gracias a su abuelo pero este no quiso ponerse al teléfono. Un año después, Paul Getty III se casó con la fotógrafa Martine Zacher, un matrimonio que el patriarca no aceptó y por el que desheredó a su nieto. Cumplió su palabra: al morir en 1976 le dejó 500 dólares a su hijo, con el que tampoco mantenía una buena relación, y ni un dólar al nieto.

Después de casarse, el joven Getty vivió durante una temporada en Nueva York, donde se codeó con la troupe de Andy Warhol y todo el círculo de artistas que rodeaba The Factory.

Más tarde vivió en Los Ángeles, pero ya se había hecho alcohólico, se había vuelto adicto a drogas varias y en 1981 sufrió un infarto que le dejó tetrapléjico, ciego de un ojo y sin posibilidad de hablar. Él y su madre reclamaron en los tribunales a su padre el dinero para los gastos médicos, 25.000 dólares al mes.

“Nos enseñó cómo vivir y cómo superar los obstáculos” escribió uno de sus dos hijos tras su muerte el pasado sábado. Su trágica historia se une a la de toda la saga Getty, una de las dinastías más disfuncionales de EE UU.


El misterioso secuestro del nieto del hombre más rico del mundo

Miguel Sola – El Confidencial

5 de enero de 2018

“Querida madre: he caído en manos de secuestradores. ¡No dejes que me maten! Asegúrate de que la policía no interfiera. No te tomes esto como si fuera una broma. No le des publicidad al secuestro”.

Gail Getty Jeffries recibió esta carta de puño y letra de su hijo de 16 años, Jean Paul Getty III, el 30 de julio de 1973 durante una estancia familiar en Roma. El joven había bromeado en alguna ocasión que si se quedaba sin dinero organizaría su propio rapto y extorsión, por lo que, pese a que eran prácticas habituales en la Italia de la época, ni sus amigos ni la policía creyeron que de verdad había sido secuestrado.

No fue hasta cuando la madre recibió dos llamadas telefónicas de los secuestradores, en las que amenazaban con enviarle uno de los dedos de su hijo para demostrar que lo tenían encerrado, cuando la situación se volvió más tensa.

El rescate se fijó en 17 millones de dólares, una cifra inalcanzable para la familia de no ser porque el abuelo del joven, Jean Paul Getty I, era el hombre más rico del mundo en ese momento. Con todo, y pese a poseer una fortuna valorada en 2.000 millones, se negó a pagar la liberación de su nieto.

Dicho rechazo acaparó las portadas de los periódicos de medio mundo. Y no es para menos, pues protagoniza una de las historias de desapego, poder y dinero más sobrecogedoras de los últimos tiempos, relatada en 1995 por el escritor John Pearson en ‘Painfully Rich: The Outrageous Fortune and Misfortunes of the Heirs of J. Paul Getty’ y ahora traslada al cine por el director Ridley Scott en ‘Todo el dinero del mundo’.

En aquella época, Getty (interpretado en la película por Christopher Plummer tras sustituir a Kevin Spacey) pasaba la mayor parte del tiempo en su casa señorial del siglo XVI, Sutton Place, en Inglaterra, aislado de sus cuatro hijos, a los que incluía o excluía de su testamento por puro capricho.

Su motivación principal para acumular dicha fortuna fue su deseo, profundamente arraigado, de refutar a su difunto padre, el cual esperaba que arruinara el negocio familiar en la industria petrolera, Getty Oil Company. A medida que su cuenta bancaria crecía, relata un reportaje de ‘Vanity Fair’, también lo hacía su obsesión y paranoia: “Cuanto más rico se hacía, más dependiente se volvía del dinero, como un adicto”.

El millonario más tacaño

“Empecé en la universidad con 100 dólares, trabajé como galeote y gracias a mi instinto -eso que los inútiles llaman suerte- levanté un imperio”, relataba el millonario en su libro ‘Cómo hacerse rico’. Sin duda sentía orgullo de su trayectoria y esperaba que sus vástagos hiciesen lo mismo: “Los hijos de los ricos no deben estar consentidos ni recibir dinero cuando tengan edad de valerse por ellos mismos”.

En cuanto Jean Paul Getty II, el padre del joven secuestrado, cumplió 24 años, lo desheredó, lo que agrandó aún más la leyenda de su avaricia (llegó a instalar una cabina telefónica de pago en su casa para los invitados).

El anciano Getty no se hablaba con su hijo, pues había desperdiciado varias oportunidades de negocio, se había divorciado de Gail y coqueteaba con las drogas. Asimismo, desaprobaba el estilo de vida bohemio de su nieto, el cual se había convertido en una celebridad en Roma gracias a su apellido.

Aunque no devolvió ni una de las llamadas de auxilio de la madre pidiéndole dinero para el rescate, sí le explicó a la prensa las razones de su rechazo: “Tengo 14 nietos. Si doy un centavo por el rescate de uno de ellos tendré 14 nietos secuestrados”.

Mientras Getty atendía a los periodistas, su nieto estaría encadenado en uno de los muchos escondrijos a los que le llevaron, entre los que se incluía una cueva. Nunca llegó a verle las caras a sus captores, los cuales asumían -erróneamente- que el dinero del rescate llegaría pronto a sus bolsillos.

El millonario, en cambio, se desentendía de las negociaciones, pues, a ojos de David Scarpa, el guionista de la película que se estrenará en febrero, “era un hombre profundamente temeroso que tuvo mucho cuidado de no dejar que la crisis familiar le tocara personalmente”.

El único gesto de buena voluntad fue contratar a J. Fletcher Chase, un exagente de la CIA, para que ayudara a Gail, sin dinero y en una posición de desamparo e indefensión absoluta. Nadie, ni la policía, ni Getty ni Chase, la tomaban de verdad en serio. Todo lo que podía hacer era esperar a la próxima llamada de los secuestradores.

La oreja de Getty III

Tras tanto retraso, varios captores acabaron perdiendo la paciencia y vendieron su parte del botín, como si joven Getty fuese algo que se pudiese dividir en acciones. Al final le cortaron la oreja y se la mandaron, junto con un mechón de pelo, a su madre. Ella la identificó y, en efecto, era de su hijo.

El mensaje era claro: o pagaban o devolverían al chico en pedacitos. Aunque Gail trató desesperadamente llamar la atención de su exsuegro, tuvo que ser un hombre, su propio padre, el que le convenciese de pagar 2,2 millones de dólares, el máximo que sus abogadores le dijeron que era deducible de impuestos.

La familia envió a Chase con sacos llenos de liras italianas al sur de Nápoles, donde se reunió con los secuestradores. Mientras los entregaba, unos policías que fingían ser turistas les sacaron fotos y les identificaron. Aunque nueve fueron arrestados, tan solo dos pisaron la cárcel. Cuando fue liberado, Gail convenció a su hijo para que llamara a su abuelo y le diera las gracias por pagar su rescate. Getty no cogió el teléfono.

Aunque el caso ya se había cerrado, el joven nunca lo superó del todo. Era incapaz de seguir adelante. Años más tarde, sufrió un derrame cerebral en Nueva York, después de consumir drogas, que lo dejó paralítico y casi ciego durante el resto de su vida. Jean Paul Getty III murió en 2011 tras pasar tres décadas confinado a una silla de ruedas.


Cuando uno de los hombres más ricos del mundo demostró ser también el más tacaño

Por Raquel Piñeiro – Vanity Fair

9 de enero de 2018

Hubo crimen, millonarios de corazón helado, pobres niños ricos y hasta una oreja cortada. La historia del secuestro de John Paul Getty III, nieto del archimillonario Jean Paul Getty, es una de las más estrambóticas y tristes del siglo XX.

Ahora que vuelve a estar de actualidad con el estreno de la película Todo el dinero del mundo, de Ridley Scott, y la próxima aparición de la serie producida por Danny Boyle Trust, revisamos qué ocurrió durante aquellos dramáticos meses de 1973.

La mañana del 12 de julio de ese año Gail Harris recibía en su piso de Roma una llamada con uno de los peores mensajes que puede recibir una persona: unos desconocidos habían secuestrado a su hijo John Paul, de 16 años, y pedían un rescate de 17 millones de dólares por su liberación. “Pero yo no tengo ese dinero”, esgrimió la mujer. “Consígalo de Londres”, fue la respuesta.

Ahí, en Inglaterra, estaba la clave. En ese país residía el abuelo del adolescente, que resultaba ser Jean Paul Getty, el hombre más rico del mundo. El motivo del secuestro se hallaba en ese parentesco.
La situación familiar de los Getty era digna de alguna de las soap operas de millonarios que fascinarían al mundo una década después.

Una fortuna basada en el petroleo

El patriarca, Jean Paul Getty, que había multiplicado con habilidad la fortuna de su padre gracias a las inversiones en pozos petrolíferos, tenía cinco hijos de cuatro de sus cinco matrimonios. El tercero, John Paul Getty Jr., casado con la ex jugadora de waterpolo Gail Harris, se había establecido en Roma donde controlaba la división italiana de la empresa familiar, la Getty Oil.

Allí criaban a sus cuatro hijos, el primero de ellos se llamó, siguiendo la tradición, John Paul Getty III. Pero en el 64 se había divorciado de su esposa para casarse dos años después con Talitha Pol, una socialité que ya con el nombre de Talitha Getty se convertiría en uno de los epítomes de los hippies millonarios que se dedicaban a disfrutar de la dolce vita.

En su caso, la pareja se instaló en un palacio en Marrakech bautizado como “Palacio del placer” donde celebraban fiestas, consumían una botella de ron y un gramo de heroína al día y alternaban con estrellas de la época como Yves Saint Laurent.

A su único hijo, en un movimiento muy la época, le llamaron Tara Gabriel Galaxy Gramophone Getty. Las fotos para Vogue de Talitha vestida con caftanes de Patrick Lichfield en una azotea marroquí se consideran algunas de las más representativas de la moda y el espíritu del momento.

La joven murió de una sobredosis de heroína en el 71 y su viudo Getty Jr se retiró a Inglaterra. Mientras, su exmujer Gail y sus primeros cuatro hijos seguían viviendo en Italia.

Un joven conflictivo

El joven John Paul Getty III pasó de adorable bebé pelirrojo a adolescente conflictivo con rapidez. Expulsado de selectos colegios por mal comportamiento –en una ocasión pintó de noche los pasillos de la escuela tomando inspiración en Charles Manson– John Paul disfrutaba tanto de la noche romana como de la compañía de los círculos de extrema izquierda.

Llegó a ser detenido por arrojar un coctel molotov durante una manifestación y su afición por estrellar coches y motos empezaba a ser demasiado habitual. Era cuestión de tiempo que llamase la atención de alguien… y tuvo la desgracia de que lo hiciese la gente equivocada.

La madrugada del 10 de julio del 73, en la Piazza Farnese, John Paul fue secuestrado. Dos días después su madre recibía la llamada que le exigía el cuantioso rescate. El problema es que ni la policía italiana ni los Getty se la tomaron muy en serio.

La teoría barajada fue que el díscolo joven había planeado su propio secuestro para obtener dinero con el que sufragar el tren de vida que deseaba llevar sin depender de sus padres ni de su proverbialmente tacaño abuelo.

Días después Gail recibió una nota que rezaba “Querida mamá: Desde el lunes estoy en manos de unos secuestradores. No dejes que me maten”. Aunque los implicados empezasen a asumir que el secuestro era real, la única persona con semejante fortuna era el abuelo que vivía en su mansión de Inglaterra.

Getty Jr, el padre de Jean Paul, contactó con su padre para pedirle el dinero del rescate. La respuesta del anciano fue “Tengo otros 14 nietos. Si pago un solo penique, tendré 14 nietos secuestrados”.

Las negociaciones

Comenzaron las negociaciones entre el padre del joven, la familia Getty y los secuestradores. Mientras, el desdichado John Paul III permanecía retenido en unas cuevas de Calabria, donde era golpeado y torturado con regularidad.

En medio de la frustración por el tiempo en el que se estaba prolongando todo, los secuestradores cortaron una oreja de John Paul con una navaja y la enviaron al periódico Il Messaggero.

El mundo contenía la respiración ante la de dureza de un hombre podrido de dinero. Se contaba como anécdota para ilustrar su tacañería que había instalado un teléfono de monedas en su mansión de Sutton Place para evitar que cualquiera que pasase por allí pudiese hacer una llamada transcontinental o de largo alcance.

Tenía su lógica, igual que tenía su lógica no pagar rescate porque “acceder a las demandas de criminales y terroristas solo garantiza el aumento y dispersión de la ilegalidad, violencia y otras amenazas como el terrorismo, secuestros aéreos y la cacería de rehenes que plagan nuestro mundo presente”, pero mientras, su nieto languidecía y los secuestradores amenazaban con seguir cortándole en pedacitos. Varias fotografías del adolescente, sin oreja y muy desmejorado, fueron enviadas a otros periódicos.

Al final se llegó a un acuerdo por una cifra sustancialmente más baja que los 17 millones iniciales: 3 millones de dólares de los cuales Jean Paul Getty pagó 2 millones doscientos mil, el máximo deducible en impuestos. La parte restante tuvo que ponerla Getty Jr., el padre de la víctima. Pero como no la tenía tuvo que pedírsela prestada a su padre, que se la cedió a un interés del 4%.

Solo dos personas fueron a prisión

Cinco meses después del secuestro, el 15 de diciembre del 73, John Paul Getty III fue encontrado deambulando desorientado tras ser abandonado en una estación de servicio. Cuando su madre le instó a llamar a su riquísimo abuelo a Inglaterra para agradecerle que hubiera pagado parte de su rescate, el archimillonario se negó a ponerse al teléfono.

Nunca llegó a aclararse del todo el caso de la identidad de los captores. Se supone que la mafia calabresa, la ‘Ndrangheta, había estado detrás, pero aunque se detuvo a nueve personas solo dos fueron a prisión. También se habló de corrupción en el gobierno y de oscuros asuntos de intereses entre políticos y mafiosos.

John Paul nunca llegó a recuperarse del trauma vivido. Le reconstruyeron la oreja con cirugía, siguió consumiendo drogas y alcohol en grandes cantidades, se casó a los 18 años con su novia embarazada de cinco meses Martine Zacher, se mudaron a Nueva York, formó parte del círculo de Andy Warhol y en 1981, con apenas 25 años, sufrió un ataque tras haber consumido metadona, Valium y alcohol.

Estuvo en coma durante seis semanas y cuando despertó, estaba paralizado, ciego de un ojo y mudo. “Todo se ha ido menos su mente”, dijo resignado su padrino.

Condenado a una silla de ruedas

Empezaba así la segunda parte de su vida, una si cabe todavía más dramática y dolorosa que la primera. Condenado a una silla de ruedas y a tener cuidados de por vida, su madre Gail tuvo que demandar a su exmarido para que se hiciese cargo de unos gastos médicos y de personal que ascendían a 28.000 dólares mensuales.

Jean Paul I murió en 1976 en su mansión inglesa rodeado de un harén de mujeres con las que conseguía mantener relaciones sexuales a sus 80 años gracias a misteriosas inyecciones que le provocaban erecciones.

Tras heredar –por fin– parte de la fortuna de su abuelo, John Paul Getty III pasó el resto de su vida en Beverly Hills casi recluido en una casa convertida en hospital hasta su muerte en 2011 a los 54 años.

Su hijo Balthazar Getty se crió con su madre Martine en San Francisco y es hoy el miembro más conocido de la saga familiar gracias a su trabajo como actor en Cinco hermanos o Carretera Perdida.

Varios hermanos, primos y demás miembros de la familia han corrido distinta suerte, desde los escándalos y las muertes accidentales a la próspera gestión de negocios como el banco de fotos Getty Images o distintas empresas familiares. El libro Painfully Rich de John Pearson retrata a sus protagonistas y es el material en el que se han basado tanto la película dirigida por Ridley Scott como la serie de 10 capítulos para FX que llegarán en breve a nuestras pantallas.

El secuestro de John Paul III es uno de esos episodios de los 70 que ahora encuentran eco en nuestros días. Una década compleja, de caída de certezas y, como decía el patriarca, “terrorismo, secuestros aéreos y cacería de rehenes”.

La certeza de que el dinero no puede comprar la seguridad ni la felicidad ni para ti ni para los que te rodean es una moraleja que puede resultar tan reconfortante como deprimente. Y la sensación de amenaza permanente que se tenía entonces no podría estar más de actualidad.

Un par de meses después del accidentado final del secuestro de John Paul III, en febrero del 74, el ejército simbiótico de liberación secuestraba a Patricia Hearst. Comenzaba un nuevo drama para contar en otra ocasión.


Jean Paul Getty III, el «niño rico» que perdió una oreja por la tacañería de su abuelo

Rocío F. de Buján – ABC

5 de febrero de 2018

Jean Paul Getty creció trabajando en los campos petrolíferos de su padre y finalmente tomó el control del negocio familiar, adquiriendo varias compañías petroleras estadounidenses y consolidándolas en lo que se convirtió en la exitosa empresa estadounidense de comercialización de petróleo «Getty Oil». Tras años de duro trabajo, llegó a convertirse no solo en el hombre más rico del mundo en los años 60, sino el hombre más rico de la historia hasta ese momento.

Su nieto, Jean Paul Getty III, un muchacho que nació en el seno de una familia muy adinerada, con la vida resuelta y rodeado de caprichos, se convirtió pronto en un niño rico rebelde. Expulsado de una escuela privada, el joven llevaba una vida bohemia: frecuentaba clubes nocturnos, tomaba parte en manifestaciones de izquierda y se ganaba la vida fabricando joyas, vendiendo cuadros y actuando como extra en películas.

El 10 de julio de 1973 fue secuestrado por gángsters italianos. En el momento de la desaparición, el tercero de los Getty tenía tan solo 16 años y vivía solo en Roma, donde ayudaba a su padre J. Paul Getty II a supervisar los intereses comerciales italianos de la familia.

El 12 de junio, dos días después del secuestro, su madre, Gail Harris, recibió una solicitud de rescate por 17 millones de dólares. En aquel momento sus padres ya estaban divorciados y Gail dijo entre sollozos que no tenía suficiente dinero como para cubrir el rescate. «Consíguelo de Londres», le amenazaron los gánsters en referencia a su ex suegro, J. Paul Getty, el multimillonario fundador de la «Getty Oil Company».

En un primer momento y conociendo la trayectoria del joven, la policía se mostró escéptica sobre el reclamo de secuestro, incluso después de que la familia recibiese una desesperada carta de su hijo y una llamada telefónica en la que uno de los secuestradores le ofrecía enviarle un dedo cortado como prueba de que su hijo todavía estaba vivo. «Querida mamá», comenzaba la carta. «Desde el lunes he caído en manos de secuestradores. No dejes que me maten».

Los investigadores sospechaban que podría tratarse de un posible engaño por parte del propio Jean Paul Getty III de exprimir algo de dinero de su padre y su abuelo para seguir manteniendo su frenético ritmo de vida.

Su abuelo se negó a pagar

En aquel momento, su abuelo se negó a pagar nada a los secuestradores, declarando que tenía 14 nietos y «si pago un centavo ahora, tendré 14 nietos secuestrados mañana».

Tres meses después, los delincuentes cortaron una de las orejas del tercero de los Getty y la enviaron por correo junto a un mechón de cabello. A los pocos días, las fotografías del joven mutilado junto con una carta en la que le suplicaba a su familia que pagara a sus captores aparecieron en todos los periódicos.

Ante la presión familiar y mediática, el magnate regateó con los captores hasta conseguir que redujeran su demanda a tres millones de dólares.

Finalmente el multimillonario pagó tan solo 2.2 millones de dólares y el padre se hizo cargo del resto, aunque fue un préstamo de su padre con un interés del 4 por ciento, según se asegura en el libro «Dolorosamente rico: la desorbitada fortuna y las desgracias de los herederos de J. Paul Getty», publicado en 1995. Una absurda cantidad en relación a los 17 millones que pedían en un principio.

El adolescente desnutrido, magullado y sin una oreja, fue liberado el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue encontrado en una estación de servicio abandonada, tiritando bajo una lluvia torrencial. Nueve hombres fueron arrestados, dos de ellos fueron condenados y enviados a prisión; los otros, incluido el hombre que los fiscales identificaron como el jefe de la mafia y el que ideó el secuestro, fueron absueltos por falta de pruebas.

Secuelas

Años después de la liberación del nieto del hombre más rico del mundo en ese momento, su madre le sugirió que llamara a su abuelo para agradecerle que pagase el rescate. El mayor de los Getty se negó a hablar por teléfono con su nieto, murió en 1976.

Las secuelas del secuestro dejaron a Jean Paul Getty III con una personalidad imprudente. Las drogas y el alcohol le consumieron hasta tal punto que demandó a su padre por 28.000 dólares al mes para pagar sus necesidades médicas.

El nieto del barón del petróleo murió el 5 de febrero de 2011 en su casa, a la edad de 54 años. Su hijo mayor, el actor Balthazar Getty, confirmó la muerte a través de un comunicado emitido por Laura Hozempa, su representante. El tercero de los Getty estaba en silla de ruedas desde 1981 cuando una sobredosis de drogas le provocó un ataque cerebral que lo dejó severamente paralizado, incapaz de hablar y parcialmente ciego.

Uso de cookies.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies