Bruno Hernández Vega

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Bruno Hernández Vega

El descuartizador de Majadahonda

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Trituró los cadáveres, aún no encontrados, en una picadora industrial de carne que tenía en el sótano de su casa
  • Número de víctimas: 2
  • Fecha del crímen: 2010 / 2015
  • Fecha de la detención: 10 de abril de 2015
  • Fecha de nacimiento: 1984
  • Perfil de las víctimas: Su tía Líria Hernández Hernández y su inquilina Adriana Beatriz Gioiosa Nassini, de 54 años
  • Localidad: Majadahonda, Madrid, España
  • Estado: Condenado a 27 años, tres meses y un día de prisión el 23 de octubre de 2017
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La policía investiga la desaparición y probable asesinato de tres mujeres

F. Javier Barroso – El País – Bruno Hernández

16 de abril de 2015

La policía investiga la desaparición y el posible asesinato de tres mujeres en el municipio de Majadahonda (Madrid). Las tres están relacionadas con un hombre de 32 años que alquilaba un chalé en esta localidad. Las posibles víctimas son la última inquilina, la tía del sospechoso y propietaria de la vivienda, y una prostituta desaparecida en la zona oeste de la región madrileña. La Guardia Civil no descarta más casos.

Las pesquisas comenzaron cuando el hermano de una mujer argentina, de 55 años y residente en esta localidad madrileña, dio la voz de alarma. Hacía varios días que no conseguía hablar con ella, lo que le resultó extraño, ya que casi a diario se telefoneaban. Asustado, denunció los hechos y la Guardia Civil comenzó la investigación.

La mujer residía, hasta la última vez que fue vista, en el número 6 de la calle de la Sacedilla, en un sencillo chalé que había alquilado hacía unos meses. Pero hace unos 15 días algo pasó: dejó de llamar a su hermano a Argentina y pasó a enviarle solo mensajes de texto. En ellos le indicaba que se había marchado al extranjero y que no había ninguna novedad destacable. Pero estas palabras intranquilizaron al hermano y la llamó varias veces. Nunca obtuvo respuesta.

Los agentes de la Policía Judicial de Majadahonda iniciaron entonces la investigación y se dirigieron directamente al casero de la mujer, un español de 32 años que ya había estado ingresado por problemas psiquiátricos hacía unos años. Los guardias le tomaron declaración y descubrieron entonces algunas incongruencias y lagunas en su relato, lo que les hizo sospechar.

Fuentes policiales describen la declaración de este hombre como «muy fría», como si no fuesen con él las preguntas de los agentes. En un principio se opuso a que los investigadores entrasen en el chalé y les exigió que trajeran un mandamiento judicial. La juez de Majadahonda ordenó entonces la entrada y registro completo de la vivienda. El padre de este hombre estuvo siempre presente.

Los agentes descubrieron que la mitad de la vivienda había sido pintada y que el resto estaba cubierta con plásticos y lista para recibir unos brochazos. Los investigadores de Criminalística de la Guardia Civil localizaron en poco tiempo unas pequeñas manchas rojas en una de las habitaciones. Fuentes policiales apuntan a que se trata de sangre humana. Las muestras fueron remitidas al laboratorio para su análisis detallado.

Igualmente, hallaron una picadora de carne, en cuyo interior había restos. Los agentes la precintaron y remitieron también los despojos para su análisis. Los investigadores hablan de que entre los restos hallaron lo que parecía un diente. Fuentes del instituto armado afirman que también se descubrió un cuchillo con manchas de sangre. Los resultados de los análisis aún no están finalizados.

«La verdad es que no hemos oído nada. Tan solo hace unos días escuchamos como un ruido de muebles muy fuerte, pero ni chillidos ni nada parecido», reconocen los vecinos de la zona consultados por este periódico.

La juez de Majadahonda ordenó el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza del casero hasta que se determine dónde está la inquilina. «No ha colaborado. Se ha mantenido firme desde el principio en que no tenía nada que ver con la desaparición y ni siquiera nos ha explicado lo de la pintura», afirman fuentes de la investigación. «De hecho, se le ve muy puesto en leyes y cada vez que le preguntábamos algo nos alegaba algún artículo para no responder. Nos dijo que era autodidacta en estos temas», añadieron estas fuentes.

El hermano de la mujer ha llegado a España para colaborar con la Guardia Civil y facilitar el cotejo de las pruebas de ADN que hayan tomado en la vivienda.

Búsqueda en el vertedero

Dónde está el posible cadáver de la mujer argentina es una de las claves para resolver este caso policial. Los agentes creen que si el detenido despedazó a su víctima, pudo tirar el cuerpo a un contenedor. Por eso, la Guardia Civil ha rastreado en los últimos días los depósitos de residuos urbanos de toda la zona.

Hasta el momento, los agentes no han hallado nada destacable. Por eso, el trabajo se centrará ahora en rebuscar en el vertedero de basuras de Pinto, una localidad situada al sur de la región, al que van a parar los desechos de gran parte de la Comunidad de Madrid.

La juez que instruye el caso ha ordenado el precintado de la zona del vertedero pinteño donde se arrojan los residuos de Majadahonda. Si hay resultados, la magistrada autorizará la entrada de los agentes de Policía Judicial y de Criminalística para analizar bolsa a bolsa el contenido tirado por los volquetes. Fuentes del instituto armado reconocen que es «una labor difícil y que puede llevar mucho tiempo, si al final se llega algún resultado.»

Pero la desaparición de la mujer argentina no es la única de la que puede ser responsable este hombre. La Guardia Civil está a la espera de resolver también la desaparición de la tía del sospechoso y dueña del chalé en la que residía la argentina buscada.

La tía del arrestado lleva cuatro años «fuera de la estela de la familia», según reconoció el padre del detenido. El casero investigado mostró a los guardias un papel donde su tía le cedía el uso y disfrute de la vivienda, lo que incluye la posibilidad de alquilarla. Los agentes hasta ahora no han analizado la veracidad de este documento. «No descartamos nada, pero primero queremos hacer una investigación paso a paso para ver qué ha hecho en las últimas semanas el sospechoso», reconocen fuentes del instituto armado.

La investigación no se centrará solo en la mujer argentina y en esta familiar del detenido, de la que tampoco se conoce su paradero. También se intentará localizar a todos los inquilinos, en especial mujeres, que hayan pasado en los últimos años por el número 6 de la calle de la Sacedilla. Algunas fuentes hablan, en concreto, de una prostituta. De hecho, aseguran que se cotejarán, incluso, las denuncias de mujeres desaparecidas por la zona, por si cuadraran en el perfil de posible víctima del detenido.

«La investigación está muy abierta y puede ser que la concluyamos muy rápido o llevarnos meses para terminar con un resultado cierto», añaden fuentes de la investigación.

La noticia de la detención del casero y la desaparición de la mujer impresionaron a los vecinos. «Es una zona muy tranquila, donde nunca pasa nada.»


La investigación de la desaparecida en Majadahonda se amplía a cinco casos

F. Javier Barroso – El País

17 de abril de 2015

El número de casos de personas desaparecidas en los que puede estar implicado el casero detenido por el posible asesinato de su última inquilina en Majadahonda (Madrid) puede aumentar en breve. Los agentes han encontrado tres contratos más de arrendamiento de antiguos residentes, cuyos perfiles coinciden con el de la mujer buscada por la Guardia Civil desde hace días: personas solas y extranjeras.

De esta forma, son cinco ya los individuos, en su mayoría mujeres, cuyo paradero se ignora: la última arrendataria, la tía del detenido y estos tres citados inquilinos. Las investigaciones continúan abiertas a la espera de ver si se hallan restos humanos en el vertedero de Pinto, instalación a la que van a parar los residuos urbanos de Majadahonda.

El detenido es un hombre de nacionalidad española de 32 años con antecedentes psiquiátricos y que ya estuvo ingresado en un centro especializado, según fuentes de la investigación. Los agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil le detuvieron la semana pasada después de que un hermano de la inquilina actual, una argentina de 55 años, denunciara ante el instituto armado que llevaba unos días sin poder hablar con su familiar. Tan solo había recibido algunos mensajes desde su teléfono móvil y no respondía a sus llamadas.

Los agentes interrogaron al casero y le detuvieron al ver que caía en ciertas contradicciones y algunas lagunas sobre el paradero de la mujer. La juez de Majadahonda ordenó entonces la entrada y registro de la vivienda, situada en el número 6 de la calle de la Sacedilla. Allí crecieron las sospechas policiales cuando los agentes hallaron algunas pequeñas manchas de sangre en un cuarto. También comprobaron que el arrendador había pintado la mitad de la vivienda y tenía intención de hacer lo mismo con el resto.

La juez ordenó su ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza a la espera del resultado de las pesquisas iniciadas por el instituto armado.

Los guardias civiles registraron la casa y hallaron en el sótano de esta vivienda, según ha sabido EL PAÍS, tres contratos de alquiler pertenecientes a antiguos inquilinos. Por eso, los investigadores centran sus pesquisas en intentar hallar a estas personas.

¿Significa eso que hayan podido ser víctimas de este hombre? La Guardia Civil mantiene muchísima discreción sobre este asunto y no quiere pronunciarse hasta tener más datos. «No nos podemos aventurar porque son personas que han podido regresar a sus respectivos países o estar residiendo en otra zona de España o, incluso, en otras naciones», recuerdan fuentes de la investigación.

Además de a los cuatro últimos arrendatarios, la policía no encuentra tampoco a la tía del arrestado. Esta mujer era la propietaria de la vivienda y la persona que entregó, supuestamente, al detenido un documento en el que le cedía el uso y disfrute del chalé, por lo que también le permitía alquilarla.

La familia perdió el contacto con la tía del detenido hace unos cuatro años, según reconoció el propio padre del sospechoso durante el registro de la vivienda, según fuentes de la investigación.

El arrestado, por su parte, asegura que ingresó a su tía en una residencia de mayores en la región, pero que no recuerda el nombre ni la localidad en que se encuentra el asilo.

Los agentes de Policía Judicial tratan de ver ahora dónde se encuentra la mujer para comprobar si está viva y si realmente cedió el chalé a su sobrino, tal y como él esgrime.

Durante las investigaciones, el arrestado se ha mostrado especialmente frío y distante, sin llegar a colaborar en ningún momento con los guardias civiles.

De hecho, en un principio se negó a facilitar la entrada y registro en la vivienda, por lo que los agentes tuvieron que regresar con un mandamiento judicial. También se negó a declarar sobre los hechos y a facilitar más datos más sobre el lugar donde supuestamente se encuentra la inquilina.

La clave, una trituradora industrial

Los agentes de la Guardia Civil hallaron durante el registro en el chalé de Majadahonda (70.400 habitantes) una trituradora industrial en el garaje. Los especialistas de Criminalística le echaron un vistazo superficial sin llegar a desmontarla. Tan solo la abrieron un poco y uno de los guardias afirmó que le había parecido ver un diente.

La trituradora fue remitida a los laboratorios para su desmontaje y análisis de los restos que había en ella. Todavía no se conocen cuáles han sido los resultados. Según fuentes de la investigación, el detenido no ha dado ninguna explicación sobre el uso de este aparato.

La actitud del vecino detenido llamó la atención de algunos residentes de la zona. Le vieron salir por la noche y tirar varias bolsas de basura por los distintos contenedores de la zona de la Sacedilla. Según algunos testigos, manipulaba las bolsas con mucho cuidado como si intentara evitar que se rompieran y se pudiera ver su contenido.

Unos días después, fue interrogado y detenido por la Guardia Civil, lo que levantó las alarmas vecinales: empezaron a unir unos hechos con otros, sobre todo, al ver a los agentes de Criminalística.

Fuentes de la Comandancia de Madrid confirmaron ayer que ya se han iniciado las labores de búsqueda de esas bolsas en el vertedero de Pinto, una localidad al sur de la región, donde acaba los residuos de Majadahonda.

La juez ordenó que se precintara la zona donde se tiraron los desechos de las últimas semanas. El trabajo puede demorarse días no garantiza que haya un resultado positivo en la búsqueda. Aparte, tiene un alto coste de personal y de medios que algunas fuentes han valorado en centenares de miles de euros.

Una búsqueda similar se realizó con una mujer desaparecida en Boadilla, supuestamente asesinada por su expareja y nunca se halló ningún resto humano, pese al trabajo meticuloso del instituto armado.


El abogado del acusado de matar a dos mujeres en Majadahonda: «Está perdido en el tiempo y en el espacio»

Fran Serrato – El País

12 de septiembre de 2017

El año judicial en Madrid se ha inaugurado este lunes con el caso de Bruno Hernández Vega, conocido como el descuartizador de Majadahonda. Se le acusa de asesinar a su tía y a una inquilina de nacionalidad argentina, aunque los restos mortales de ambas no han sido localizados. La investigación sostiene que Bruno se habría deshecho de ellos gracias a una picadora industrial.

La fiscalía solicita 30 años de internamiento por enajenación mental. El abogado del acusado, Marcos García Montes, ha anunciado que solicitará la absolución porque se cometieron «ilegalidades» durante la investigación. Además, ha señalado que su cliente «está perdido en el tiempo y en el espacio. Es un enfermo.»

La primera jornada del juicio apenas ha servido para seleccionar el jurado popular. La vista oral se desarrollará a lo largo de 16 sesiones y por ella pasarán 81 testigos y 47 peritos. Finalizará el 2 de octubre con las instrucciones al jurado, formado por nueve miembros y dos suplentes, y la entrega del veredicto.

En esta jornada inicial, prevista para las 10.00, debía declarar el acusado. La elección del jurado se ha demorado y la sesión ha comenzado a las 13.20 con las lecturas de las actas y los alegatos de cada una de las partes.

Al finalizar, algo más de una hora después, la magistrada ha decidido dar por concluida la vista y dejar para mañana la declaración del acusado, que se sumará a la de los testigos previstos: los familiares de su presunta segunda víctima, la argentina Adriana Giogocosa, de 54 años.

Bruno, de 33 años, se ha sentado en un extremo de la tarima con aparente tranquilidad y la mirada perdida. Ha escuchado impasible al fiscal, que ha señalado que mató a su tía Liria en abril de 2010, troceó su cuerpo y lo destruyó en una trituradora industrial que tenía en el sótano de la vivienda, en Majadahonda. Meses después, el presunto asesino falsificó un documento por el cual su tía le cedía la casa durante 15 años por 18.000 euros, que nunca abonó.

Luego alquiló una habitación a Giogiosa, a la que presuntamente también asesinó el 1 de abril de 2015 siguiendo el mismo modus operandi que con su tía. Para hacer creer que seguía viva simuló que se había ido de vacaciones e introdujo una carta mecanografiada bajo la puerta del establecimiento donde trabajaba. También envió mensajes a los allegados de la víctima con el número de teléfono de esta. Fue detenido días más tarde y desde entonces continúa en prisión preventiva.

Petición de la fiscalía

La fiscalía solicita 30 años de internamiento al aplicarle una eximente incompleta por «enajenación mental», ya que según los informes psiquiátricos el acusado padece una esquizofrenia paranoide, un trastorno que «distorsiona la realidad.»

El ministerio fiscal solicita que Bruno cumpla su condena en un centro especializado para someterle a tratamiento porque «es capaz de realizar actos complejos, como crear una sociedad mercantil para beneficiarse ilícitamente de su tía o hacer desaparecer los cuerpos.»

Al acusado se le imputan dos delitos de homicidio, un delito continuado de falsedad documental y otro de tenencia ilícita de armas. Se encontraron en la vivienda de Móstoles en la que vivía con sus padres. Las penas suman un total de 26 años de prisión.

La familia de Giogiosa, que ejerce la acusación particular, solicita 22 años de cárcel por un delito de asesinato y otros dos más por tenencia de armas. El letrado Marcelo Belgrano ha insinuado que no se trató de un simple homicidio: «Podría haber sido el crimen perfecto si Eduardo no viene a Madrid a buscar a su hermana.»

La policía buscó infructuosamente a Giogiosa durante semanas en el vertedero de Pinto, una búsqueda que ha costado 1,4 millones de euros a las arcas públicas. «En la picadora había restos de ADN de Adriana Giogiosa», ha asegurado Belgrano, que como el ministerio fiscal ha dudado de que Bruno tenga «anuladas sus capacidades», pero no de que padezca «una enfermedad mental.»

El abogado del acusado, Marcos García Montes, ha afeado a Belgrano su declaración, pues considera que no es riguroso decir que había restos de sangre de su cliente en la picadora. Además, ha anunciado que pedirá la absolución de su cliente porque algunas de las pruebas se consiguieron de forma «ilícita» y que la investigación era «mala de solemnidad.»

Según la defensa, los agentes pidieron autorización a Bruno Hernández para entrar en la casa y registrarla, algo que niega la fiscal: «El Tribunal Superior no observa nulidad porque no hubo vulneración. Se hizo todo de forma motivada.»

García Montes también ha aludido a la enfermedad de su cliente, que sigue medicado en prisión. «Las pruebas psiquiátricas entienden que la esquizofrenia paranoide que padece es clínica, progresiva y permanente y no episódica y temporal como sostiene la fiscalía». En su alegado también ha afirmado que si ambas muertes se habían producido con cinco años de diferencia, lo que ha fallado ha sido «el sistema.»


El acusado por descuartizar dos mujeres en Majadahonda afirma no recordar nada

Fran Serrato – El País

13 de septiembre de 2017

«No maté a mi tía porque era de la hermandad de los Hernández». Bruno Hernández Vega ha negado este martes haber asesinado a su tía Liria en 2010 porque pertenecía a un «grupo secreto de poder» de personalidades públicas cuyos nombres incluyen las letras e y erre.

Del resto de cuestiones planteadas por la fiscal y la acusación particular ha asegurado no recordar nada. Tampoco recuerda quién era Adriana Giogiosa, la mujer argentina con la que compartía vivienda en Majadahonda y que supuestamente asesinó en 2015.

Según la investigación, Bruno se deshizo de ambos cuerpos tras trocearlos con una picadora industrial. «No he hecho nada ilegal, no he cometido ningún delito», ha subrayado impasible el acusado, que padece esquizofrenia paranoide.

Bruno Hernández ha llegado al juicio cubriendo su cara con un jersey azul. Cuando se ha desprendido de él ha asomado el mismo rostro inalterable del día anterior. A las 10.25 la magistrada le ha llamado para declarar en el centro de la tarima.

Ha contestado con las mismas frases y con cierta parsimonia a todos y cada uno de los requerimientos de la fiscal y del abogado de la acusación particular, que representa a su presunta segunda víctima. «Creo que no»; «no lo recuerdo» y «no lo sé», han sido sus respuestas.

Bruno no recuerda la compra de la picadora, la creación de una sociedad mercantil para beneficiarse de su tía o alquilar habitaciones en la casa de esta. Sin embargo, sí es consciente de que está «fuertemente medicado.»

La fiscalía pide para él 30 años de internamiento en un centro hospitalario. La defensa solicitará su absolución, no solo por estar «enfermo», también por las «ilegalidades» cometidas durante la investigación.

Las respuestas mecánicas de Bruno Hernández tomaron un cáriz diferente cuando su abogado, Marcos García Montes, comenzó a preguntarle. El acusado recobró, de pronto, la memoria. Ha relatado entonces cómo entró en contacto con «la hermandad» y explicado que en el grupo de la e y la erre, el de los Hernández, figura gente de mucho poder. Entre sus miembros ha destacado a «Juncker, Esperanza Aguirre y Berlusconi.»

El acusado ha reconocido a su representante que tampoco recordaba nada de sus ingresos psiquiátricos. Ha permanecido casi todo el interrogatorio sin pestañear y ha incluido palabras en inglés, que domina. «¿Sabe qué le pasa?», le ha requerido García Montes. Bruno ha precisado que padece esquizofrenia y que le dan “siete pastillas al día.»

Antes de cerrar su declaración, de 40 minutos, el acusado ha indicado que no le dejaron realizar el servicio militar por «una alteración», aunque su interés era proteger España, para cuyo Ministerio del Interior dice trabajar (no es consciente de estar en prisión).

«Este listo mató a mi hermana»

En esta segunda jornada del juicio por el asesinato de dos mujeres en Majadahonda, la primera con declaraciones, también ha intervenido Juan Francisco H., padre del acusado. Ha llegado a la sala a las 11.20 con gorra y gafas de sol. Ha insistido en que la relación con su hermana Liria era buena, aunque escasa. No le gustó que esta cediera la vivienda de Majadahonda a Bruno, como este mismo le contó. Sin embargo, Juan Francisco no la llamó nunca para conocer los motivos.

La última vez que la vio, asegura, fue en 2011. Y ha afirmado: «No he estado a la altura de la enfermedad de mi hijo. Trabajaba 14 horas diarias». En ese instante Juan Francisco ha comenzado a sollozar y Bruno, a unos metros, se ha tenido que limpiar los ojos con un pañuelo.

Los tres hermanos de Liria (tíos del acusado), una cuñada de esta y un primo de Bruno han coincidido en sus declaraciones. Han asegurado que era una mujer rara y solitaria, sobre todo a partir del suicidio de su hijo en 2006. Sostienen que nunca denunciaron su desaparición porque Bruno les decía que estaba bien, que se había ido a vivir a un pueblo de Ávila y que estaba enfadada con su familia.

Una de las hermanas de Liria, Filomena, ha acusado directamente a Bruno de ser el asesino de su hermana. «Antes de la muerte de su hijo no tenían relación. Se arrimó después, cuando vendieron su piso. Siempre se creyó más listo que nadie. Dicen que está loco, pero no, que diga dónde está mi hermana. Los terroristas dejan cadáveres, pero este no». La magistrada ha tenido que pedirle que mantuviera la calma.

La última declaración, y la más emotiva, ha sido la de Eduardo Gabriel Giogiosa, hermano de la supuesta segunda víctima de Bruno Hernández. Giogiosa ha relatado que su hermana había regresado a España (desde Argentina) el 30 de marzo. Ese día le envió un Whatsapp y quedó en llamarle el 1 de abril para felicitarle por su cumpleaños, pero Adriana nunca llamó.

Por eso vino a buscarla el día 3. Incluso fue a la vivienda que compartía con Bruno Hernández en Majadahonda. Giogiosa ha destacado que en la casa vio cosas que no le convencieron y que sospechó del acusado desde el principio. Un día después, denunció la desaparición de su hermana y comenzó a recibir, como otros familiares, mensajes desde el móvil de ella. «Decían que se había ido a Roma con Mohamed. No era ella, porque su intención era volver a final de 2015 a Argentina para cuidar de mis padres.»


«Solo escuché una respiración al teléfono»

Fran Serrato – El País

14 de septiembre de 2017

A pesar de la esquizofrenia paranoide que padece Bruno Hernández, Bárbara quiere compartir su vida con él. Sigue sin creer que matara a dos mujeres, motivo por el que la Fiscalía pide para él 30 años de internamiento en un centro psiquiátrico.

La novia del supuesto descuartizador de Majadahonda ha asegurado este miércoles, en la tercera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial, que «es una persona muy buena, pero que la enfermedad le ha destrozado la vida». Y afirma: «Tengo conciencia de lo que es [la enfermedad] y a dónde puede llevar: a eliminar una persona.»

Bárbara ha sostenido que se veía diariamente con Bruno Hernández, que no trabajaba. Sin embargo, eso cambió la semana que desapareció Adriana Giogiosa, la presunta segunda víctima. «Le pregunté qué sucedía y me dijo que tenía que terminar un trabajillo». Solo se vieron el 5 de abril, día en que la mujer se quedó embarazada (tienen una hija de un año y medio en común).

El acusado conoció a Bárbara, que sufre un trastorno de personalidad, durante uno de sus ingresos, aunque en su intervención la mujer no ha precisado si fue en 2013 o 2014. Bruno la llama desde entonces Verónica por su fijación con las palabras que llevan e y erre. Su declaración, de casi una hora, ha estado precedida por la colocación de un biombo para proteger su intimidad. Sí podía verla el acusado, aunque se ha girado para no hacerlo. Tan solo la ha mirado, fijamente, en el momento que ha entrado en la sala.

La primera vez que Bárbara estuvo en la casa de Majadahonda fue poco antes del último ingreso del acusado, en octubre de 2014. «Me daba malas vibraciones. Era fría y parecía abandonada». Llegaron a estar una semana encerrados en el sótano, pero no coincidió con Adriana ni vio ninguna picadora, con la que supuestamente Bruno hizo desaparecer los cuerpos.

Bárbara ha asegurado que jamás tuvo miedo de él a pesar de que «nunca estuvo bien». «Le daban el alta cuando dejaba de hablar de su amo. Siempre mezclaba la relación con sus obsesiones». Luego ha roto a llorar y Bruno se ha secado los ojos con la manga de su jersey.

La mujer, de nacionalidad polaca, ha confirmado que no conoció a la tía del acusado: «No hablaba mucho de ella. Pensé que estaba en una residencia». Sin embargo, sí coincidió con Adriana. Ha admitido que la semana que desapareció, Bruno no había tomado su medicación.

Las bolsas de basura

La primera persona en declarar en la sesión ha sido Cristina. Ha relatado que su amiga, Adriana Giogiosa, tenía discusiones «cotidianas» con Bruno, pero que ella no observó «tensiones» al visitar la casa de Majadahonda.

El 3 de abril de 2015 contactó por Facebook con el hermano, que no la encontraba. «Me insistió en que me acercarse a la vivienda». Accedió aunque era tarde. Llamó insistentemente al timbre, pero Bruno no abrió. Entró en casa de un vecino y desde allí vio como el acusado abría la puerta de su casa.

Fue a hablar con él. «Me dijo que no me había escuchado, que estaba dormido, pero no lo parecía. Tampoco sabía dónde estaba su inquilina, aunque días antes la había llevado al hospital». Cristina ha admitido que el 6 de abril comenzó a recibir mensajes desde el móvil de su amiga, pero que no era ella por su forma de expresarse. Incluso recibió una llamada desde ese número: «Solo escuché una respiración».

La sala también ha contactado por videoconferencia con un testigo protegido. El hombre, con voz grave, ha asegurado que presenció cómo Bruno Hernández repartía «tres o cuatro bolsas de basuras grandes por diferentes contenedores» en la madrugada del 5 de abril. Le llamó la atención que no lo hiciera en los mismos cubos, ya que tenía dos frente a su casa.

Además, han comparecido dos trabajadores de Renfe, que han reconocido que la mañana del 6 de abril Bruno les hizo una pregunta «inusual». El acusado solicitó hacerse con las imágenes grabadas por las cámaras de la estación de Atocha, desde donde el acusado pudo viajar a Barcelona con la intención de dejar pistas falsas, según la Fiscalía.

Finalmente, dos compañeras de trabajo de Adriana han relatado cómo encontraron la carta que supuestamente esta dejó en el negocio donde trabajaba y en la que rechazaba reincorporarse a su puesto.


El sótano del descuartizador de Majadahonda olía a «carne fresca», según un policía

El País

15 de septiembre de 2017

El sótano del presunto descuartizador de Majadahonda desprendía un «característico olor a carne y sangre fresca» en el momento en el que fue inspeccionado por la policía, según ha declarado este jueves el jefe del servicio del laboratorio de la Guardia Civil de Tres Cantos durante la cuarta sesión del juicio. El agente ha afirmado que el olor se encontraba en las escaleras y en las paredes del sótano.

Según ha descrito, el lugar estaba recién pintado y encontraron un cubo de pintura aún fresca. Los agentes han asegurado que en el techo había machas rojizas, «típicas de una salpicadura» tapadas de pintura blanca. «Raspamos la pared y con un hisopo cogimos muestras de la mancha», han descrito.

Los testigos han destacado que, además del olor a sangre, fetidez que les recordaba a otras escenas policiales, se distinguía uno de «putrefacción» en el momento del registro en el piso de Majadahonda (calle Sacedilla), donde observaron «manchas de sangre» en el suelo. Otro de los agentes ha destacado que, tras examinar el interior del sótano con luz ultravioleta, se hallaron «muestras de haber arrastrado algo en sangre.»

La policía judicial ha informado de que en el interior de la vivienda se encontraron diferentes productos de limpieza, cuchillas de picadora, un fragmento metálico de un puente dental, armas blancas como machetes y documentación que pertenecía a la inquilina desaparecida. «En el comedor encontramos una maleta azul y, junto a ella, localizamos una mancha de sangre. También encontramos ropa femenina con la placa de Adriana -una de las supuestas víctimas- de la hamburguesería.»

Tenía varias armas

Además, en la casa donde el acusado Bruno Hernández Vega residía ocasionalmente junto a su padre en Móstoles, los agentes encontraron dos pistolas, un rifle, un silenciador, munición, un chaleco antibalas, un pasaporte, un permiso de conducir y joyas de la mujer presuntamente asesinada.

Debido a que ambos cadáveres, el de la tía del acusado y el de la inquilina, no se han encontrado (se cree que fueron triturados en una picadora industrial que se encontró oculta en el sótano del acusado), la policía ha acudido al vertedero de la localidad de Pinto para iniciar una búsqueda. Los agentes han indicado que debido a la gran extensión del basurero “es muy difícil encontrar restos humanos.»

El presunto asesino ha negado ser autor de ambos crímenes por los que se le acusa, el de su familiar, cometido en 2010, y el de la inquilina en 2015. Además, se le imputan un delito de falsedad documental, uno de tenencia ilícita de armas y otro de estafa.

La Fiscalía pide 30 años de internamiento en un psiquiátrico por una esquizofrenia paranoide que sufre, mientras que la acusación particular le pide 24 años de cárcel. El juicio se reanuda mañana con la declaración de más testigos.


El descuartizador de Majadahonda, condenado a 27 años de cárcel por triturar a dos mujeres

F. Javier Barroso – El País

24 de octubre de 2017

La Sección 30ª de la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 27 años, tres meses y un día de prisión a Bruno Hernández Vega, conocido como el descuartizador de Majadahonda (Madrid).

El fallo considera probado que este hombre, de 34 años, mató a su tía y a una inquilina de su chalé. Después trituró sus cuerpos con una picadora industrial de carne que tenía en su sótano y escondió en un lugar aún desconocido. Un jurado popular votó por unanimidad el pasado 3 de octubre su culpabilidad y rechazaba las eximentes de trastorno psiquiátarico.

La presidenta de la Sección 30ª, Pilar Alhambra Pérez, le condena a 12 años de cárcel por cada homicidio, así como a 21 meses y un día de prisión por estafa, seis meses por falsedad documental y un año más por tenencia ilícita de armas.

La sentencia, que consta de 33 folios y contra la que cabe recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), considera probado que Bruno Hernández Vega mató a su tía Líria Hernández Hernández. Los relatos de los hermanos de esta mujer destacaron durante el juicio que perdieron todo contacto con ella desde 2010. La última vez que la vieron con vida el condenado la acompañó al notario.

El fallo también se refiere a la picadora industrial Braher modelo P-22 comprada por el culpable el 29 de julio de 2008 por 1.189,5 euros. Cuando los agentes de Criminalística de la Guardia Civil la encontraron en el sótano del chalé de la calle de la Sacedilla, 6 de Majadahonda, hallaron restos de ADN de la tía.

«A partir de ahí la acompañó a la Notaría, compró la máquina picadora y la mató, desconociéndose las circunstancias porque hizo desaparecer el cadáver, triturándolo previamente, en la citada máquina picadora», recoge la sentencia.

La juez también hace referencia a la muerte de su inquilina Adriana Beatriz Gioiosa Nassini. La mujer le alquiló una habitación en el chalé de Majadahonda. El fallo recoge que la muerte se produjo el 1 de abril de 2015. Hernández Vega intentó ocultar su muerte dejando una carta mecanografiada en la hamburguesería en la que trabajaba la mujer. En la misiva decía que dejaba el trabajo. El acusado también se desplazó a Barcelona con el teléfono móvil de la mujer para intentar despistar a familiares y amigos.

«En ambos casos la muerte violenta de las dos mujeres queda acreditada por los restos biológicos hallados en la máquina trituradora encontrada en el sótano de la calle Sacedilla nº 6 de Majadahonda, y en el caso de Adriana, por los restos de sangre hallados en paredes, suelo y techo de la citada vivienda, todo ello a pesar de no haberse descubierto los cadáveres», añade la sentencia.

«El condenado hizo desaparecer los cuerpos ocultándolos en un lugar desconocido, ya que la picadora industrial de carne era de gran potencia, capaz de triturar carne y huesos», añade el fallo.

El fallo también condena a Bruno Hernández Vega por un delito continuado de estafa. El condenado creó el 7 de octubre de 2010 la sociedad Obras y Reformas XVXXII, que giró dos recibos a la cuenta de su tía por un montante global de 33.227,85 euros. Y lo hizo con la única intención de enriquecerse ilícitamente, según la magistrada.

Bruno Hernández Vega también es condenado por un delito de falsedad documental, ya que emitió un un supuesto contrato por el que su tía le cedía el chalé (y con ello la posibilidad de alquilarlo) por un periodo de 15 años, por lo que le iba a pagar 18.000 euros. Jamás se los llegó a ingresar, según la sentencia.

Además, falsificó un supuesto permiso de su tía para que pudiera empadronarse en el chalé de la calle de la Sacedilla. «A la única persona a la que beneficiaba dicho certificado de empadronamiento era al acusado, así como el único que conocía sus datos y los de Liria, por lo que se infiere que fue el acusado quien realizó el citado documento, tanto en el contenido como en la firma», recoge la magistrada.

El cuarto delito por el que es condenado el llamado descuartizador de Majadahonda es el de tenencia ilícita de armas. La Guardia Civil le decomisó un cañón de la marca Hecker&Koch del calibre 45 y un silenciador Brugget: «Igualmente, han explicado los peritos de balística que los silenciadores sólo se pueden poseer por los funcionarios habilitados especialmente para ello. El acusado ni es funcionario, ni estaba habilitado, pero poseía el silenciador en el dormitorio que ocupaba en el domicilio de su padre sito en la calle Teruel de Móstoles», recoge la sentencia.

La sentencia de la Sección 30ª descarta que la esquizofrenia paranoide que padece Bruno Hernández Vega condenado anulara sus facultades mentales, «pues no se ha establecido una relación entre el delirio y los hechos cometidos.»

«En este caso, la elaboración de todos los delitos cometidos, desde la compra de la máquina picadora a nombre de un tercero inexistente, pero con el número de teléfono del acusado y con destino en su domicilio, el hecho de acompañar a Liria asiduamente como lo han relatado su padre y el resto de los hermanos de ella desde el momento en que fallece su hijo en 2006 y conoce que va a percibir unos ingresos, hasta el engaño a los hermanos de Liria, diciéndoles que se había marchado a Ávila y que no quería verlos, supone una elaboración del delito que en nada acredita que sus facultades mentales estuvieran anuladas ni alteradas gravemente», añade profusamente la sentencia.

Por eso, cuando su abogado intentó que Bruno fuera eximido del delito porque estaba privado de sus facultades mentales, los psiquiatras que lo estudiaron rechazaron tal intento con un argumento claro: «Puede estar loco pero no es tonto». Esas fueron las palabras que dijo el doctor Calcedo durante el juicio. También se descartó que sufriera un brote psicótico. Su propia novia declaró que cuando perpetró el segundo asesinato ni siquiera estaba padeciendo un brote psicótico.

«El hecho de que padezca una enfermedad como la esquizofrenia paranoide, no significa que el acusado tenga anuladas sus facultades mentales, pues no se ha establecido una relación entre el delirio y los hechos cometidos», concluye la sentencia.

Indemnización a la familia de la inquilina

La magistrada de la Sección 30ª de la Audiencia Provincial ha condenado a Bruno Hernández Vega al pago de 150.000 euros a los padres de Adriana Beatriz Gioiosa Nassini, a la que mató y después trituró en una picadora. También deberá indemnizar a cada uno de los hermanos con 50.000 euros, según el fallo.

La juez le obliga además a reintegrar en el caudal hereditario de su tía, Liria Hernández Hernández, los 33.227,85 euros que estafó con el giro de sendos recibos a la cuenta de su familiar. Además, le condena a pagar todas las costas del juicio, incluido los de la acusación particular, ejercida por el hermano de la inquilina fallecida.


La Fiscalía pide mantener la condena de 27 años para el descuartizador de Majadahonda

S. L. – ABC

6 de marzo de 2018

La Fiscalía ha solicitado hoy que se mantenga la condena de 27 años, tres meses y un día de prisión a Bruno Hernández Vega, el descuartizador de Majadahonda, por el asesinato de su tía y de una inquilina.

La fiscal ha hecho esta petición ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) en la vista del recurso de apelación contra la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, ha informado la Fiscalía de la Comunidad de Madrid.

La defensa de Bruno Hernández Vega ha alegado, entre otros motivos para pedir la anulación de la sentencia, que debe tenerse en cuenta que «sus capacidades estaban anuladas» en ambos crímenes por la esquizofrenia que padece, han dicho a Efe fuentes de su defensa.

La fiscal, por contra, ha planteado que el hecho de que el acusado padeciera una esquizofrenia paranoide no acredita en modo alguno que dicha enfermedad tuviera una relación «directa» con los homicidios dolosos o que anulara sus facultades mentales, con lo que no procede aplicarle la eximente completa.

También ha defendido el abogado del reo que el veredicto del jurado no es válido porque algunos miembros suplentes habían participado no sólo en las deliberaciones del fallo, sino también en el debate y la adopción del veredicto.

En este sentido, la fiscal ha aportado una certificación de la letrada de la Administración de Justicia en la que se certifica que ninguno de los miembros suplentes del jurado había tomado parte en las actividades denunciadas por la defensa.

Por último, ha reiterado que la entrada y registro en el domicilio del acusado se hizo con la correspondiente autorización judicial y que, por tanto, no se puede declarar nula dicha prueba ni las que se practicaron con posterioridad.

El fallo del jurado consideró probado que, después de asesinar a ambas mujeres, Bruno Hernández trituró sus cuerpos, aún no encontrados, en una picadora industrial de carne que tenía en el sótano de su casa. La Audiencia lo condenó por dos delitos de homicidio, estafa, falsedad documental y tenencia ilícita de armas.

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