Yoo Young-Chul

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Yoo Young Chul
  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Mutilación - Confesó actos de canibalismo
  • Número de víctimas: 20
  • Periodo de actividad: 2003 - 2004
  • Fecha de detención: 17 de julio de 2004
  • Fecha de nacimiento: 18 de abril de 1970
  • Perfil de las víctimas: Hombres y mujeres (hombres mayores adinerados y prostitutas)
  • Método de matar: Golpes con un martillo
  • Localización: Seúl, Corea del Sur
  • Estado: Condenado a pena de muerte el 13 de diciembre de 2004
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Yoo Young-Chul

Telegrafo.com.ec

16 de mayo de 2014

Con un martillo ejecutaba a sus víctimas. Durante su captura sentenció lapidariamente: “Las mujeres no deben ser putas y los ricos deberían saber lo que han hecho”.

Yoo Young-Chul, conocido como ‘Yoo Young-Cheol’, quien nació el 18 de abril de 1970 en una familia de clase obrera en Waha, condado Gochang, fue el mayor asesino en serie de Corea del Sur.

Tras la separación de sus padres, Yoo fue a vivir con su abuela hasta los 6 años y luego se mudó a la casa de su progenitor en Seúl.

Yoo vivía con 2 hermanos y una hermana menor bajo la tutela de su madrastra, que los maltrataba, especialmente a la niña. Su hogar estaba ubicado en el distrito de Mapo, una zona pobre que carecía de electricidad y agua potable.

A los 8 años se escapó de la casa con su hermana y se fueron a vivir con su mamá, que habitaba en el mismo sector de Mapo.

Cuando era estudiante de primaria tuvo desagradables experiencias que contribuirían a la frustración por su pobreza y el resentimiento social que lo marcaron toda su vida.

Tras la muerte de su padre en un accidente de tránsito, Yoo, tratando en cierta medida de escapar de su dolor, focalizó sus energías en el estudio hasta convertirse en uno de los mejores estudiantes.

En la secundaria, atraído por las artes y la música, creó con sus amigos la banda musical Evergreen.

Inicio de carrera criminal

Al no conseguir su especialización en artes se conformó con una carrera técnica en 1987, lo que contribuyó a aumentar su frustración y sus resentimientos.

Además, incrementó la determinación de cometer el primero de sus robos en 1988, cuando se sustrajo una guitarra y una grabadora Sony de la casa de un vecino con posibilidades económicas. Pero esta acción le costó bastante, ya que lo atraparon, lo llevaron a un centro de detención juvenil y no pudo terminar la secundaria técnica…

Ya casado, el 23 de junio de 1993, Yoo volvió a cometer otro robo, por el cual fue a la cárcel. Después de 10 meses recuperó su libertad y se mantuvo limpio hasta finales de 1994 que se apropió de un auto y regresó a prisión.

Yoo, que sufría de epilepsia, siguió un tratamiento en un hospital siquiátrico por un trastorno maníaco depresivo. En 2000 violó a una menor, fue apresado y su esposa se divorció y se quedó con la custodia de su hijo.

En la cárcel estaba solo y amargado. Yoo había leído con gran atención un libro sobre la vida y los crímenes de Jeong Du-Young, asesino en serie que terminó con 9 personas adineradas en la provincia de Gyeongnam en junio de 1999 y abril de 2000. La lectura de los crímenes de Jeong fue un ingrediente clave que lo convirtió en un ser despiadado y brutal.

Para Yoo, los ricos valían lo que un perro y como perros merecían morir, porque consideraba que eran los grandes culpables de la miseria de los pobres, especialmente en la que él había nacido y crecido.

En 2003 recuperó la libertad, Yoo empezó su entrenamiento asesino apaleando perros callejeros, rompiéndoles las cabezas con un martillo, lo que después haría con sus víctimas humanas…

Crímenes de ancianos

A Yoo le gustaba matar en las mañanas, porque en Corea del Sur la gente mayor queda sola en casa. El 24 de septiembre de 2003 tomó un metro con destino a Apgujeong-dong, el distrito más adinerado de Seúl, donde no sería difícil encontrar una casa de ricos poco segura. Cuando la halló, entró y atacó a puñaladas a una pareja de ancianos.

El señor Lee, de 72 años, profesor honorario en la Sookmyung University, se convirtió en la primera víctima de quien sería el mayor asesino en serie en la historia de Corea del Sur. A la esposa (68 años) de Lee también le destrozó el cráneo con un martillo.

En este capítulo, Yoo terminó con la vida de una familia adinerada a punta de golpes y puñaladas. Preocupado por las posibles huellas que hubiera dejado en su último crimen se forjó un documento falso de policía y alquiló un departamento.

Muerte de prostitutas

En noviembre de 2003 llamó a un servicio de sexo y conoció a la Sra. Kim, con quien estableció una relación sentimental. Cuando le pidió matrimonio lo rechazó por su pasado criminal. Ese fue el inicio del odio por las “prostitutas”.

Para Yoo, si las chicas eran feas o viejas no servían: tenían que ser jóvenes y atractivas, tenía que representar a la Sra. Kim en cierta forma y medida. Ese tipo de mujer pasaría a ser el modelo de la víctima, ahora debían pagar las rameras.

El asesinato del 5 de marzo había salido a la perfección, constituyéndose por ello en el modelo que Yoo seguiría para su campaña en contra de las prostitutas. De ese modo, en 2004 y, entre abril y julio, cometió unos 100 crímenes en su apartamento de Mapo (en Seúl).

Uno de los últimos crímenes que cometió fue en julio 13. A la víctima, una escort (dama de compañía) de 27 años, la asesinó a martillazos, decapitó, descuartizó y enterró en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.

Captura

El jueves 15 de julio, Yoo fue arrestado por golpear a una prostituta en un motel del sureño barrio Yeoksam de Seúl. Los policías no sabían que tenían al asesino serial en sus manos, pero Yoo fue más astuto que ellos y fingió una pierna herida y ataques epilépticos para apelar a la compasión de los uniformados, y escapar en un descuido, pese a que estaba esposado.

Los proxenetas, preocupados por la desaparición de las prostitutas, le tendieron una trampa, ya que tenían el número del cliente frecuente del servicio sexual. La madrugada del viernes 16 de julio Yoo llamó a la agencia y le mandaron una mujer vieja y poco atractiva, sabiendo que la rechazaría y pediría una joven y de buen aspecto, tal y como sucedió entre la 01:00 y las 02:00.

A eso de las 04:00, los policías interceptaron a Yoo en un callejón y lo condujeron a la comisaría, donde confesó sus horrendos crímenes.

En apenas 10 días la Policía finalizó las investigaciones para entregar el caso a los fiscales, por lo que el lunes 26 de julio de 2004 Yoo fue transferido a la oficina del fiscal.

El 6 de septiembre apareció por primera vez ante el tribunal y, pese a que había dicho que no hablaría, admitió su culpabilidad, describió la forma en que desmembró a las víctimas y dijo que había matado a 2 personas más aparte de las que le imputaban.

El 25 de octubre, cuando Yoo entró a la sala del Tribunal de Distrito de Seúl, miró a los familiares de las víctimas y dijo: “Eran mujeres anormales, ellas merecían ser capturadas”.

El 29 de noviembre la Fiscalía pidió la pena de muerte para Yoo Young-Chul. Él solo profirió lo siguiente: “Mis acciones no pueden justificarse. Si viviésemos en una sociedad donde las personas como yo pudiesen vivir una buena vida, no habría otro Yoo. Estoy agradecido por la solicitud de pena de muerte de los fiscales. Estaré arrepentido de lo que he hecho hasta que muera”.


Yoo Young-Chul

Asesinos-en-serie.com

Yoo Young-Chul ha pasado a convertirse en el mayor asesino serial de Corea del Sur con sus recientes asesinatos cometidos en el 2003 y el 2004. No mataba para robar, violar o torturar: mataba para vengarse. Nacido en la pobreza, Yoo odió y mató primero a los ricos, pasando después a matar prostitutas tras tener una decepción amorosa.

Nacido en la pobreza

Yoo Young-Chul (también conocido como “Yoo Young-Cheol”) nació un 18 de abril de 1970 en medio de una familia de clase obrera (por ende, con escasos recursos económicos), en el pueblo de Waha, dentro del condado Gochang de Corea del Sur.

El nacimiento de Yoo fue algo no programado por sus padres, quienes vieron en el bebé otra carga más que se sumaba a todos los problemas con que tenían que lidiar por vivir en la pobreza. Tan grande fue ese rechazo inicial que, no muchos años después cuando vivía con su abuela, Yoo le dijo a su abuela que su madre había considerado matarlo.

Poco después del nacimiento de Yoo sus padres se separaron, por lo que Yoo fue a vivir con su abuela, criándose con ella hasta que tuvo seis años, momento en el cual Yoo se mudó a vivir con su padre en Seúl (capital de Corea del Sur). Aquello fue en parte posible ya que el padre de Yoo había regresado hace poco en condición de veterano de la Guerra de Vietnam (terminada en 1975), trayendo consigo un buen capital obtenido en su servicio militar. Dicho capital pudo haber rendido grandes frutos, pero el padre de Yoo lo invirtió malamente en especulaciones comerciales, aunque destinó otra parte del mismo para un local de cómics que había montado.

Aparentemente la vida de Yoo no sería tan mala, puesto que la tienda de cómics de su padre sí tenía clientela, mas la realidad era otra: Yoo no era la única boca que alimentar en el hogar, estaban también sus dos hermanos mayores y su hermana menor, además vivían en el distrito de Mapo, una zona tan pobre que no tenía ni electricidad ni agua potable, de modo que la gente se veía obligada a sacar agua de un pozo público.

Sumado a eso, la madrastra de Yoo, una mujer cruel y abusiva que golpeaba salvajemente a su hermanita menor. Los hermanos de Yoo se salvaban de los golpes porque la mujer veía algo arriesgado golpearlos, ya que estos eran mayores y podían defenderse; y en cuanto a Yoo, si éste no recibía golpes de su madrastra era porque ella le tenía cierto recelo ya que él solía mirarla con odio y desprecio, fija, largamente y sin temor alguno.

Poco fue el tiempo que Yoo aguantó la vida en casa de su padre. Anteriormente ya había escapado de casa uno de los hermanos mayores de Yoo, hecho que en parte ayudó a motivarlo para que a los ocho años se escapara con su hermana menor a vivir con su madre, lo cual era fácil dado que ésta también vivía en el distrito de Mapo.

Ya en casa de su madre, Yoo fue enviado a la Escuela Primaria Gongdeok, donde se comportó tranquila y educadamente, mostrándose además como un chico muy responsable y colaborador para su edad pues, al no tener mucho tiempo su madre, él asumió gran parte de las tareas domésticas.

Fue en esos días de estudiante de primaria cuando Yoo tuvo una de las experiencias tempranas que más habría de contribuir a la frustración por su pobreza y al resentimiento social que lo marcó de por vida. Puntualizando, a pesar de que en el distrito de Mapo existía mucha pobreza, en general los niños traían algo relativamente aceptable como comida.

Sin embargo y debido en parte a las dificultades económicas y de tiempo que tenía su madre, un día Yoo aparece en la escuela portando como almuerzo un pegote de arroz pegajoso mezclado con masa de fríjoles (no fríjoles enteros, sino hechos una masa con apariencia de sopa espesa). Así, cuando los otros niños vieron lo que Yoo trajo para comer, pensaron inmediatamente en un pedazo de excremento y empezaron a burlarse de Yoo desde ese día, diciendo siempre y con tono burlón a la hora de la comida escolar: “¡Te traje mierda para el almuerzo!”.

Hechos como estos fueron creando el Yoo que años después, estando arrestado, confesó que de niño solía ver con anhelo una casa grande (de gente adinerada) que estaba por donde él vivía, que se sentía inseguro por ser pobre y que al crecer llegó a pensar que los ricos tenían la culpa de su miseria y de la miseria de los pobres en general, llegando así a odiar profundamente a la gente adinerada.

Volviendo a la vida de Yoo en casa de su madre, algo importante es que el afecto de Yoo por su padre no se había desvanecido, ya que fue principalmente a causa de su madrastra que Yoo había escapado con su hermana. Por ello, Yoo tenía la costumbre de visitar a su padre, aunque las cosas dieron un giro cuando su madrastra lo dejó, pues esto sumió a su padre en el alcoholismo y, poco después, en una muerte ocasionada por accidente de tráfico.

Tras la muerte de su padre, Yoo, tratando en cierta medida de escapar de su dolor, focalizó sus energías en el estudio hasta convertirse en uno de los mejores estudiantes de la clase.

En 1984 Yoo entró a la secundaria, sintiéndose desde un inicio atraído por las artes. Le gustaba leer poesía y, pese a ser daltónico (el daltonismo es un defecto genéticamente hereditario que impide distinguir bien los colores), amaba la pintura y el dibujo y no le faltaba talento (años después hallaron dibujos manga en su apartamento, hechos por él y dotados de gran calidad). Además adoraba la música, por lo que formó parte de un grupo de góspel en una iglesia y más tarde creó con sus amigos la banda musical Evergreen.

Las cosas parecían así estar relativamente bien para Yoo, aunque su pobreza lo seguía marcando y una muestra de eso eran los desmayos que le daban en atletismo por la poca energía que tenía a causa de lo mal que se alimentaba.

Los primeros pasos criminales de un hombre frustrado

Como estudiante de secundaria, Yoo había aplicado para hacer su especialización en artes, pero no lo consiguió y tuvo que resignarse con ingresar a una secundaria técnica en 1987. Naturalmente esto contribuyó a aumentar su frustración y sus resentimientos, lo que a su vez incrementó la determinación que le llevó a cometer el primero de sus robos cuando en 1988 robó una guitarra y una grabadora Sony de la casa de un vecino que no era pobre como él.

No era un simple robo, él amaba la música y la vida le había negado la posibilidad de fomentar esa vocación a través del bachillerato técnico, de modo que muy probablemente existía en él el sentimiento de ser una víctima y por tanto la idea de no estar actuando mal del todo… Pero su pequeño crimen le costó bastante, dado que lo atraparon, lo llevaron a un centro de detención juvenil y nunca pudo terminar la secundaria técnica.

Tiempo después, en la navidad de 1991, Yoo conoció a la Sra. Hwang, una masajista con la que habría de emprender una relación sentimental para luego terminar casándose el 23 de junio de 1993. Poco duraron los felices días iniciales de Yoo con la Sra. Hwang, ya que ese mismo diciembre de 1991 la desgracia volvió a caer sobre él cuando el propietario del lugar que alquilaba para vivir subió la renta y Yoo, desesperado y con cierto ánimo revanchista de compensar el abuso sufrido, entró a la oficina del propietario y robó una cámara y más de 500 dólares en efectivo, siendo atrapado por un guardia de seguridad y posteriormente condenado a diez meses de prisión.

En la cárcel Yoo fue visitado por su madre y, entre las cosas que hablaron, Yoo contó su plan de formar un hogar y le pidió que por favor cuidara de quien sería su esposa y del hijo suyo que estaba por nacer y con el cual quería pasar mucho tiempo cuando por fin saliera de la prisión.

Tras salir de la cárcel, Yoo manejó su vida relativamente bien hasta que en 1993 cayó en la tentación del robo al ver un coche solo con las llaves puestas y en modo encendido. Otra vez la Policía lo atrapó y otra vez Yoo fue a parar a la cárcel, aunque con una suave condena de apenas ocho meses.

Al salir de la prisión, Yoo se metió en tratamiento psiquiátrico en el Hospital Mental Nacional del barrio Gok Joong. Su insania psicológica era evidente, pero además de lo que resultaba obvio se ha dicho que posiblemente (no se ha confirmado) Yoo tenía cierto grado de epilepsia y, casi con certeza según el autor Lee Eun-Young (quien escribió un libro sobre Yoo), un trastorno maníaco depresivo que, aunque acentuado por los estímulos negativos del entorno, parecía tener un origen genético ya que el segundo hermano de Yoo era maníaco depresivo al punto de que en 1994 se había suicidado (con 32 años) tras deprimirse y caer presa del alcohol.

Hasta 1995 Yoo estuvo en tratamiento psiquiátrico, mas ese mismo año fue detenido y multado por vender pornografía ilegal, y luego, otra vez más, en el año 1998 Yoo fue pillado en sus andanzas criminales. Esta vez no era simple robo: era robo posibilitado por la falsificación de documentos que le permitían hacerse pasar por funcionario del gobierno… La condena por eso fue de dos años.

Otros habrían escarmentado al pasar de condenas de ocho y diez meses a una condena de dos meses, pero ese no era el caso de Yoo. Así, en marzo del 2000 Yoo vio a una adolescente de 15 años que le resultó irresistible y, no pudiendo tenerla por las buenas, obedeció a su impulso criminal y la violó.

Hasta ese momento la Sra. Hwang le había perdonado sus delitos y seguía casada (se habían casado en 1993) con él. Según dicen, esa tolerancia no era tanto un producto de la compasión sino por el típico interés económico, ya que los robos de Yoo les permitían salir de apuros económicos. Sea como sea, el punto es que la violación de la quinceañera resultó indignante para la Sra. Hwang, moviéndola así a emprender una separación que culminó en divorcio en el 2002.

La liberación de un resentido social

Esta vez Yoo la estaba pasando muy mal en la cárcel, ya que además del divorcio él había sufrido porque tenía prohibidas las visitas de su querido hijo. Estaba solo y amargado. Sumado a eso, tras los barrotes Yoo había leído con gran atención un libro sobre la vida y los crímenes de Jeong Du-Young, un asesino en serie que acabó con nueve personas adineradas en la provincia de Gyeongnam durante junio de 1999 y abril del 2000. Jeong, al igual que lo haría Yoo después, había comenzado su epopeya de sangre tras ser liberado de la cárcel.

La lectura de los crímenes de Jeong fue un ingrediente clave en la formación del veneno ideológico-emocional que convirtió a Yoo en un ser despiadado y brutal. En efecto, tras dicha lectura en Yoo se había fortalecido y desarrollado la idea y el sentimiento de que en la sociedad coreana los ricos eran los grandes culpables de la miseria de los pobres y por tanto de la miseria en que él había nacido y crecido. Eran explotadores, generadores de desigualdad social, acaparadores de una riqueza injustamente distribuida en virtud de su actitud de sanguijuelas. Por todo eso, para Yoo los ricos valían lo que un perro y como perros merecían morir.

El odio ardía dentro de Yoo cuando en septiembre del 2003 las puertas de la cárcel se abrieron y él salió de nuevo al mundo aunque esta vez con la determinación de matar en la mirada. Pero, para llevar a cabo sus planes de venganza, hacía falta practicar. Él nunca había matado y carecía de la naturaleza psicópata en virtud de la cual Alexander Pichushkin arrojó súbitamente por la ventana a su primera víctima o Edmund Kemper inauguró su cadena de muertes disparándole inesperadamente a su abuela con un rifle. Tenía primero que acostumbrarse a la violencia, a la sangre y al súbito apagarse de la víctima tras el golpe letal. Para ese fin los perros resultaban perfectos. Así, Yoo empezó su entrenamiento apaleando perros callejeros, rompiéndoles las cabezas como luego, martillo en mano, haría con sus futuras víctimas humanas.

Castigando a los ricos

Era una mañana —Yoo eligió la mañana porque en Corea del Sur la gente joven suele irse a trabajar de mañana, quedando por lo general solo la gente mayor en casa— del 24 de septiembre de 2003 cuandoYoo tomó el metro con destino a Apgujeong-dong, el distrito más adinerado de Seúl.

Ya en las calles del barrio Sinsa (dentro Apgujeong-dong), Yoo buscó una iglesia (50,6% de los surcoreanos son cristianos) y exploró los alrededores de la misma en busca de una casa de aspecto opulento.

No sería difícil encontrar una casa de ricos poco segura, ya que en Corea del Sur es común que las grandes casas de dos pisos cuenten con un recinto amurallado no muy alto (igual o un poco más alto que un hombre promedio) tras del cual yace un gran patio lleno de bonsáis, césped y otros elementos de jardinería. De ese modo, en poco tiempo Yoo encontró una casa aparentemente propicia.

Yoo observó durante varios minutos la casa para asegurarse de que no era peligroso entrar. Aparentemente no habían sistemas de seguridad y sólo estaban personas de edad avanzada (y por tanto poco peligrosas). Yoo entonces trepó por la pared del lado que daba a un callejón en el que no solía pasar gente que lo viera. Cargaba guantes para evitar dejar huellas y tenía un martillo casero y un cuchillo con hoja de unos quince centímetros de largo.

En el jardín no había nadie y al parecer no se percataron de su presencia una vez que hubo cruzado el muro. Avanzó con cautela, abrió la puerta principal, vio que había una pareja de ancianos en el dormitorio principal y subió a ver si había alguien en el segundo piso.

Tras constatar que no había nadie arriba, Yoo bajó y entró en el dormitorio de los ancianos. Lo miraron presas del temor. No sabían si todo iba a reducirse a un asalto, pero Yoo velozmente eliminó las dudas al apuñalar en la garganta al indefenso Sr. Lee de 72 años. Lee había tenido el honor de ser profesor honorario en la Sookmyung University, y ahora tenía el infausto honor de ser la primera víctima de quien habría de convertirse en el mayor asesino serial en la historia de Corea del Sur. La anciana (68 años) esposa de Lee lanzó un grito de horror al ver lo sucedido, pero Yoo intentó calmarla diciéndole que todo estaba bien, aparentando que no tenía intención de matarla y levantando el cuerpo sangrante de su marido. Ya menos nerviosa, la esposa de Lee experimentó su último y doloroso instante de vida cuando súbitamente el martillo de Yoo le destrozó el cráneo con un golpe contundente.

Yoo miró la trágica escena para asegurarse de que sus víctimas estaban muertas, cerró con llave la puerta del cuarto, tomó una toalla, limpió la sangre de sus pantalones y salió al jardín, donde recordó que había dejado el cuchillo en la habitación de los ancianos. Entonces volvió, tumbó la puerta de una patada, tomó su cuchillo, esparció la ropa del armario para confundir a la Policía y salió nerviosamente, sabiendo que en la puerta había dejado una huella que solo pudo eliminar parcialmente. No dinero ni joyas: su recompensa era la venganza.

No pasó mucho tiempo antes de que el instinto asesino volviera a él un 9 de octubre de ese mismo 2003. Esta vez tomó el metro hasta Bulgwang y luego un taxi hasta Gugi Tunnel. Allí el procedimiento fue el mismo de la vez anterior: buscar una iglesia, encontrar una casa de ricos aparentemente segura cerca de la iglesia, trepar el muro de la casa sin ser visto, atravesar cuidadosamente el jardín y matar a quien toque matar una vez dentro.

Yoo, que había saltado el muro tras asegurarse de que no hubiera nadie en el primer piso, no pensó que, al abrir la puerta principal de la casa, alguien lo había escuchado. Así, inquieta por ver quién había llegado, la abuela Kang de 85 años salió del baño y fue a recibir a la inesperada visita. Junto a la puerta se encontró con Yoo, quien salvajemente le propinó unos tres o cuatro golpes en el cráneo. La pobre anciana se desplomó con la cabeza vuelta un amasijo de sangre y huesos rotos. Entretanto, la señora Lee (la ama de casa) de 60 años había bajado pero no tuvo tiempo de hacer nada porque Yoo le dio dos patadas en el estómago. Viéndola doblada del dolor, Yoo le preguntó si había más gente en casa y la señora dijo que su esposo y su hijo estaban arriba, recibiendo como premio a su colaboración una lluvia de martillazos.

Martillo en mano, Yoo subió al segundo piso y rápidamente le salió al paso el Sr. Yoo Go de 35 años, hijo de la Sra. Lee. Al ver al Sr. Yoo Go, el asesino lo obligó a arrodillarse y después le hizo añicos la cabeza con nueve martillazos. Faltaba solamente el esposo de la Sra. Lee y Yoo lo buscó pero no logró encontrarlo. El tiempo corría y el riesgo de ser pillado aumentaba, de modo que Yoo disfrazó de robo la escena del crimen, limpió las huellas que había dejado y salió de la casa.

Apenas una semana después, el 16 de octubre Yoo fue a dar una oscura visita al muy adinerado barrio Samsung del distrito Gangnam. Nuevamente el proceso fue el mismo de las veces anteriores, empezando por hallar una iglesia y terminando por escalar el muro de una casa lujosa aparentemente segura.

En el jardín, Yoo pudo ver que alguien se aproximaba: era la Sra. Yoo de 69 años, esposa del millonario dueño de la casa. Ella había salido a ver el correo y Yoo se había escondido, apareciéndosele por atrás cuando volvía a entrar. Amenazándola con su cuchillo, Yoo le preguntó si había alguien en casa y la señora dijo que no. Aprovechando la oportunidad, el asesino arrastró a la Sra. Yoo hasta el baño y allí le martilló la cabeza.

Después desperdigó objetos en el dormitorio de la víctima, limpió huellas, se quitó la sangre y se fue de la casa, nuevamente sin llamar la atención.

Para su siguiente crimen Yoo esperó hasta el 18 de noviembre. Eran aproximadamente las once de la mañana cuando Yoo se dirigió a Hyehwa-dong. Allí siguió el mismo proceso de siempre, con la diferencia de que esta vez había una pequeña estación de policías en un callejón cercano a la casa que tenía pensado asaltar.

Mientras avanzaba cautelosamente por el jardín, Yoo escuchó el llanto de un bebé e interpretó que al menos debía haber dos personas en la casa. Se aproximó, abrió la puerta principal y no vio a nadie, subió al segundo piso y tampoco vio a nadie. De pronto, mientras bajaba las escaleras Yoo escuchó la voz de la ama de llaves, la Sra. Bae de 53 años. Con tono de inquietud y disgusto, la Sra. Bae le preguntó quién era y Yoo, en vez de responder, la amenazó con su cuchillo y le obligó a encaminarse al dormitorio principal. Dentro del dormitorio y acostado en su cama estaba el dueño de la casa, el Sr. Kim de 87 años. La Sra. Bae, con el bebé en brazos, miró aterrada como Yoo destrozaba el cráneo del Sr. Kim. Tras matar al anciano, Yoo le arrebató el bebé a la ama de llaves, puso al bebé en un sofá de la habitación, lo cubrió con una sábana y luego la asesinó a martillazos. Al bebé no le hizo daño alguno pues, si bien en su afán de justicia vengadora había cometido crímenes aborrecibles y crueles contra ancianos indefensos, la crueldad de Yoo nunca elegía presas no vinculadas a su rencor.

Después de salir de la habitación, Yoo hurgó un rato en la casa y encontró una caja fuerte que le resultó tentadora, por lo que usó un palo de golf y unas tijeras para abrirla, cortándose en el intento y derramando su sangre de forma tal que aquello le despertó el temor a ser atrapado por su ADN. Nervioso y olvidándose del bebé que había dejado en el sofá, Yoo tomó una abrigo negro, se lo puso, le prendió fuego a la habitación para que no lo pudiesen capturar rastreando su ADN y luego salió. Ya afuera y a la distancia, Yoo observó la casa por aproximadamente media hora, intentando y no pudiendo ver las llamas del incendio en el que el bebé se calcinó. Se habría quedado un poco más, pero una mujer que parecía ser de la familia entró y Yoo escapó nerviosamente de la escena del crimen, olvidando que había dejado algunas huellas y que una cámara de seguridad lo había filmado por detrás (por suerte para él).

Inactividad temporal y cambio de planes

Tras el episodio en casa del Sr. Kim, Yoo decidió descansar de su sangrienta campaña y se forjó un I.D. (documento de identificación) falso de policía. Con ese I.D., Yoo recorrió las diversas zonas rojas (zonas con clubs nocturnos, discotecas y otros tipos de antros) de Seúl buscando proxenetas y prostitutas a quienes extorsionar, cosa que le era posible ya que en Corea del Sur la prostitución es ilegal, aunque muy abundante.

Logró así conseguir el equivalente a unos 4.000 dólares, los cuales depositó en una cuenta y ya con eso pudo alquilar tranquilamente un apartamento que le costaba 450 dólares al mes. Allí, y esto se sabe porque el apartamento fue revisado mucho después tras su captura, Yoo tenía una computadora en la que veía frecuentemente pornografía y dvds de películas que compraba, tales como Public Enemy, Very Bad Things y Normal Life.

También, cerca de su cama Yoo tenía una especie de mini biblioteca en la que estaban: un álbum con recortes periodísticos sobre juguetes que tenía pensado comprarle a su hijo; anuncios de pistolas; listas de cantantes pop con sus canciones; notas sobre coches, computadoras y equipos musicales; un álbum de arte lleno de retratos y desnudos femeninos que mostraban su talento para el manga; y un cuaderno de su hijo lleno de dibujos hechos con lápices de colores. Por otra parte se veían abundantes tarjetas de sexo a domicilio. Estaban por casi todas partes: en cajones, en el suelo, en estantes, etc. La mayoría de la gente desechaba esas tarjetas (en las que se veía una foto erótica de la chica y un número para llamar) pero Yoo las coleccionaba porque era un asiduo consumidor del sexo pagado.

En aquel entonces la gente del barrio consideraba a Yoo como un buen tipo, e igualmente los policías de la pequeña estación que estaba cerca (apenas a cincuenta pasos de su apartamento) no sospechaban nada de él y lo veían con buenos ojos.

En noviembre de ese mismo año (2003), llamando a los servicios de sexo Yoo conoció a la Sra. Kim, con quien estableció una relación sentimental y terminó haciendo una propuesta de matrimonio. Yoo no se lo esperaba pero, muy poco antes de la propuesta, la Sra. Kim había averiguado sobre su pasado criminal y consecuentemente rechazó la propuesta matrimonial.

El rechazo de la Sra. Kim fue el inicio de una nueva pasión en Yoo: el odio por las “prostitutas”. Tan enojado se sentía por el rechazo que incluso pensó en matar a su ex esposa, pero no lo hizo para evitar el sufrimiento de su hijo.

Poco después de su fracaso sentimental, en enero del 2004 Yoo fue detenido por un pequeño robo en un sauna, pero todo lo que le hicieron fue llevarlo a la comisaría de Sodaemun, donde los negligentes policías ni siquiera se tomaron la molestia de revisar sus antecedentes penales, liberándolo en poco tiempo tras darle sus respectivas amonestaciones.

Las primeras prostitutas asesinadas

Tras el rechazo de la Sra. Kim, el odio predominante en Yoo dejó de ser el odio a los ricos y pasó a ser el odio hacia las mujeres que trabajaban en el comercio sexual y, al igual que la Sra. Kim, eran jóvenes y atractivas. Si la chica era fea o vieja no servía: tenía que ser joven y algo atractiva, tenía que representar a la Sra. Kim en cierta forma y medida. Ese tipo de mujer pasaría a ser el modelo de víctima de ahora en adelante. Los ricos ya habían sufrido bastante, ahora debían pagar las rameras.

Eran abundantes las nuevas víctimas potenciales de Yoo, ya que Seúl era y es una ciudad en que, según revelan las investigaciones, el colectivo de las mujeres que venden sexo no está únicamente conformado por las profesionales permanentes sino por quienes ocasionalmente se venden, pudiendo estar en esa categoría estudiantes de secundaria que están ahorrando para comprar el último modelo de celular, amas de casa que quieren pagar rápido la matrícula escolar del hijo o la tarjeta de crédito, etc… Yoo solo tendría que llamarlas y ellas irían donde él, buscando dinero y encontrando una muerte terrible.

Fue así que, el 6 de febrero del 2004, Yoo salió de su casa a las siete de la noche, tomó un taxi y se dirigió hasta el barrio Imoon-dong, abundante en mujeres que ofrecían su “mercadería” bajo el amparo de la noche. Caminando en el barrio Imoon-dong, Yoo vio al otro lado de la calle a una mujer de formas atractivas vestida de manera provocativa y, al ver que la mujer permanecía parada, pensó que era una prostituta. Entonces Yoo cruzó la amplia calle de cuatro carriles hasta llegar al restaurante cerca del cual estaba parada la mujer, en un callejón.

Ya al otro lado, Yoo se acercó a la mujer (Sra. Jeon, de 25 años) y le preguntó a dónde iba. “Voy de compras”, respondió la mujer mientras el granizo descendía en aquella noche helada. Pese a la respuesta, Yoo siguió pensando que la mujer era una prostituta y le mostró su I.D. falso de policía, exigiéndole que le acompañe a un bar. La suspicaz mujer reaccionó entonces de una forma algo impetuosa y despreciativa: “¡Tú no eres un policía, loco bastardo!”, chilló ella. Instantáneamente la ira afloró en la cara de Yoo y la mujer, dándose cuenta, corrió antes de que Yoo la atacara, pero él fue más rápido que ella y la alcanzó antes de que entrara al restaurante. Le dio cinco rápidas puñaladas en el pecho y escapó de la escena del crimen. Poca gente caminaba por la calle en aquellos momentos y los conductores de los autos estaban inmersos en su mundo. Nuevamente Yoo escapaba, impunemente entre la indiferencia y el despiste de los ciudadanos.

El crimen visceral de aquel 6 de febrero había sido magnífico, pero peligroso y poco inteligente. Yoo tuvo suerte de no ser atrapado tras dar rienda suelta a su ira, pero no podía volver a permitirse un asesinato de ese estilo. Por eso, el 5 de marzo llamó a un servicio de sexo para que le enviaran una chica a su apartamento. En poco tiempo la chica estuvo allí, y todo fue normal, hasta que Yoo le dio un martillazo letal e inesperado en la cabeza. La chica se desplomó sobre el suelo haciendo un charco de sangre, y Yoo, imperturbable, fue por su sierra y empezó a cortarla hasta dividirla en dieciocho partes…Después metió las partes en fundas y llevó las fundas hasta una pequeña montaña detrás de la Universidad de Seogang. Allí enterró el cadáver.

Vengándose de un estafador

Yoo nunca asesinaba sin deseo de venganza, y este caso no fue la excepción. Sucedió así que Yoo solía comprar viagra para sus sesiones de sexo pagado, pero esta vez quiso probar suerte e intentó ahorrar dinero, yendo así al mercado Goblin de Hwanghak-dong, un lugar con unas 500 tiendas y numerosos vendedores ambulantes. Vendían casi todo tipo de cosas en ese mercado lleno de precios baratos, y la viagra no podía faltar: el problema es que a veces era viagra falsa, y a Yoo le tocó la mala suerte de caer en la trampa del Sr. Ahn. Así, llegada la noche Yoo constató con frustración y coraje que la viagra no funcionaba en el momento necesario; por ende no solo se había arruinado la diversión sino que el dinero se había perdido, tanto en el puesto comercial del Sr. Ahn como en el pago por un servicio sexual que no pudo disfrutar durante todo el tiempo acordado. Yoo estaba realmente enfadado y le iba a hacer pagar al Sr. Ahn: no ya con monedas y billetes, sino con sangre.

Sin embargo Yoo esperó un tiempo y, recién la noche del 13 de abril, se apareció de nuevo ante el Sr. Ahn, mostrándole su falso I.D. de policía, amenazándolo e intentando obtener un soborno para no sancionarlo por estafa. Ahn dudó de la I.D. de Yoo y dijo que, antes de aceptar, tenía que ir a la estación policial más cercana para confirmar que la I.D. era real. Enfadado, Yoo lo confrontó, lo esposó y lo metió en su propia furgoneta (la de la víctima), conduciendo hasta su casa, donde se bajó y colocó el martillo, el cuchillo y los guantes en una bolsa. Después fue a un estacionamiento subterráneo que estaba cerca, mató a Ahn dentro de la furgoneta, caminó hasta su casa para lavarse las manos y cambiar el cuchillo, regresó al estacionamiento, limpió la sangre con un trapo que trajo y a la una de la madrugada condujo hasta Wolmi Island, un puerto turístico a 25 kilómetros de Seúl. Una vez allí, estacionó la furgoneta en una gasolinera abandonada que estaba cerca de la playa, le cortó las manos a Ahn con una sierra, las metió en una bolsa plástica, arrojó la bolsa en las rocas que estaban junto al muelle de la playa, roció la furgoneta con gasolina, se alejó, le prendió fuego y la miró arder en medio de la madrugada.

Por un rato disfrutó de las llamas que se alzaban en la oscuridad sobre las ruinas del estafador Ahn y de su furgoneta; pero, pasados algunos minutos, el sonido relajante de las olas dejó de ser el único y los bomberos aparecieron, por lo que Yoo tuvo que dejar discretamente la escena y escaparse en un taxi.

El sangriento récord de Yoo Young-Cheol

El asesinato del 5 de marzo había salido a la perfección, constituyéndose por ello en el modelo que Yoo seguiría para su campaña en contra de las prostitutas. De ese modo, en el año 2004 y entre principios de abril y mediados de julio, Yoo cometió los siguientes crímenes en su apartamento de Mapo (en Seúl):

  • Abril, fecha desconocida: Una escort (chica de compañía, prostituta a domicilio), cuya identidad no pudo ser esclarecida, fue asesinada a martillazos en la cabeza, decapitada, descuartizada y posteriormente enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Mayo, fecha desconocida: Escort de 25 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Junio 1: Escort de 35 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Junio, a inicios de mes: Escort de edad no esclarecida, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Junio 9: Escort de 26 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Junio 18: Escort de 27 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Junio 25: Escort de 28 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Julio 1: Escort de 26 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Julio 9: Escort de 24 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.
  • Julio 13: Escort de 27 años, asesinada a martillazos, decapitada, descuartizada y enterrada en un sitio cercano al templo Bongwon en Seodaemun-gu.

Como se ve, el método seguido por el asesino fue exactamente el mismo en todos los casos. Ahora, un detalle importante es que, según confesó Yoo tras su captura, él no tuvo sexo con ninguna de sus víctimas por temor a ser identificado a través del ADN. Además, el asesino contó que, una vez que las chicas llegaban a su apartamento, él les pedía que tomen un baño para así preparar el martillo y golpearlas en la cabeza cuando saliesen. La única pertenencía que tomaba de las chicas era el teléfono móvil, para de esa forma evitar usar su número en futuras llamadas. Sumado a eso, Yoo les quitaba la piel de los dedos para impedir que las identifiquen.

En cuanto al proceso de enterramiento, él sepultaba todos los cuerpos descuartizados en una ladera llena de vegetación cerca del templo Bongwon, un templo en la periferia de la urbe. Los huecos eran siempre poco profundos y los puntos de enterramiento solían estar marcados para evitar poner más de un cuerpo en el mismo sitio. Yoo llevaba las fundas con trozos de cadáver en una maleta a sus espaldas, y por cada víctima necesitaba efectuar dos viajes, terminando recién en torno a las cuatro de la madrugada.

Se corre el rumor del asesino suelto

Corea del Sur ya era un país fuertemente metido en el mundo cibernético para cuando Yoo cometió sus asesinatos. Fue por eso que los rumores sobre sus crímenes se esparcieron como un virus en los foros de internet, a lo cual se sumó la atención de la Prensa y la salida de un documental sobre los crímenes que estaban teniendo lugar.

En ese contexto, a principios de julio del 2004 y en medio de las producciones periodísticas que surgían en relación a las mujeres asesinadas, el 9 de julio el reportero Bae No-pil publicó un artículo muy premonitorio e influyente en el Joong Ang Daily: Homicidios de Seúl: ¿asesino serial en el trabajo?

Había entonces empezado a generarse un temor generalizado de la población hacia el misterioso asesino de mujeres. Ese temor hacía que muchas mujeres lleguen a casa antes de lo habitual y que suban las ventas de pistolas de gas, armas y sprays de pimienta.

Por su parte, la Policía decía que le faltaban evidencias y testigos para encontrar al asesino, alimentando con esto el temor de la población.

Por último, algo que contribuyó a la obsesión popular por el asesino fue el antecedente de que el año anterior se había estrenado la película Memories of Murder, basada en una serie de diez asesinatos reales que tuvieron lugar en Corea del Sur durante octubre de 1986 y abril de 1991. Tal era el caso que el asesino susodicho nunca fue encontrado y que además mató solamente mujeres. En el film, aunque no en la realidad, el misterioso asesino elegía siempre mujeres de rojo que mataba en noches lluviosas: así, esta fue la causa del mito popular del “Asesino de la Noche Lluviosa” y de la superstición de que las mujeres debían evitar la ropa roja, al menos por las noches.

La captura

El jueves 15 de julio, Yoo fue arrestado por golpear a una prostituta en un motel del sureño barrio Yeoksam de Seúl. Los policías en ese momento no sabían que tenían al asesino serial en sus manos, y Yoo fue más astuto que ellos y fingió una pierna herida y ataques epilépticos para apelar a la compasión de los policías, quienes en un momento del interrogatorio se descuidaron, cosa que fue aprovechada por Yoo para escapar, pese a que estaba esposado.

Tras huir, Yoo se apareció en casa de su madre. Estaba deprimido, acabado, desmoralizado. Dijo por ello su madre sobre aquel día: ‹‹Me encontré con mi hijo un 15 de julio. Él solo dijo: “¡Quiero morir! ¡Quiero morir!”. Yo no era capaz de decir nada. Lloré.››

Entretanto, esa misma noche los proxenetas locales sabían que algo estaba pasando, por lo que aunaron fuerzas y, con la ayuda del oficial Yang Pil-ju, planearon tenderle una trampa. Aquello fue posible gracias a que Yoo había tenido el descuido de llamar a más de una víctima con el mismo número de celular, de modo que los proxenetas, que solían revisar los horarios en que sus trabajadoras entraban y salían con los clientes, pudieron notar que un número de celular determinado figuraba como el número del cliente que contactó con ciertas chicas justo antes de que éstas desapareciesen.

Yoo debió haber permanecido quieto después de escapar de la Policía, pero tuvo la torpeza y la impulsividad de planear un crimen la madrugada del viernes 16 de julio. Ocurrió entonces que, intencionalmente, el proxeneta de la agencia contactada le mandó una mujer vieja y poco atractiva, sabiendo que Yoo la rechazaría y pediría una chica joven y de buen aspecto, tal y como en efecto sucedió entre la una y las dos de la madrugada.

Fue justo en ese largo intervalo de tiempo (el proxeneta le dijo a Yoo que debía esperar cierto tiempo para que llegue la chica pedida) que los proxenetas contactaron con el oficial Yang y coordinaron todo con la Policía. Así, a eso de las cuatro de la madrugada, policías y proxenetas se pusieron alertas cuando el celular de la chica que serviría de cebo sonó y Yoo, desde el otro lado de la línea, le solicitó que se metiera por un callejón y que siguiese tales y cuales desvíos, dando con ello a notar que existía algo extraño en la ubicación programada para el encuentro.

Momentos después interceptaron a Yoo en un callejón oscuro y lo condujeron a la comisaría, donde Yoo confesó todas sus horrendas proezas.

Un asesino implacable y rencoroso

Después de que todo se supo y los cuerpos se desenterraron, la forense Bak Hwe-gyeong confesó sentirse desconcertada ante la maldad que se evidenciaba en los cráneos destrozados y los cuerpos desmembrados de las víctimas. Para ella, los asesinatos de Yoo mostraban no solamente ira y rabia sino odio y locura. “¿Cómo puede un ser humano ser tan malvado?”, fueron sus palabras.

Según un experto en Psicología Criminal que lo entrevistó, Yoo era un sujeto antisocial que desconfiaba de las convenciones sociales y mostraba poco remordimiento por sus crímenes, llegando incluso a decirle que habría matado a 100 mujeres más.

Hay en la medicina popular de Corea la creencia de que el hígado es símbolo de valentía y vigor, y Yoo no desconocía esa creencia. Fue por eso que, cuando se le preguntó por qué devoró los hígados de cuatro de sus víctimas (según confesiones del asesino), él respondió con frialdad: “Eso hizo refrescar mi mente y mi cuerpo”.

Para acabar, existe una historia que ilustra a la perfección el resentimiento que carcomía a Yoo. A saber, cuentan que habían muchas cámaras periodísticas cuando Yoo estaba indicando dónde cavar para desenterrar los cadáveres que había puesto en aquella zona llena de arbustos, maleza y trozos de madera mohosa y agusanada dejados por inundaciones pasadas; y entonces, frente a los reporteros y las cámaras de televisión, Yoo hizo una pausa inesperada, miró a una de las cámaras y sentenció lapidariamente: “Las mujeres no deben ser putas, y los ricos deberían saber lo que han hecho”.

Un juicio poco regular

En apenas diez días la Policía finalizó las investigaciones necesarias para entregar el caso a los fiscales, por lo que el lunes 26 de julio del 2004 Yoo fue transferido a la oficina del fiscal. Mientras Yoo se dirigía a su destino, una masa enorme de curiosos, reporteros y fotógrafos pululaba en torno a él.

Su juicio no fue un juicio cualquiera pues, además de recibir una enorme atención por parte de la Prensa y la sociedad coreana, presentó ciertos hechos llamativos y poco regulares. Cabe así, tomando en cuenta lo anterior y lo sustancial del juicio, destacar en orden cronológico los siguientes sucesos:

1. A inicios del proceso y mientras el asesino subía escoltado por unas gradas de cemento, la Sra. Jeong (51 años, madre de una víctima) gritó: “¡La investigación falsa e incompetente de la Policía mató a mi hija. Si lo hubieran arrestado antes, mi hija no habría muerto!”. Tras eso y con un paraguas en mano, fue corriendo hacia el asesino pero uno de los policías escoltas le dio una patada lateral en el pecho, haciéndola rodar por las escaleras de cemento… Afortunadamente las cámaras captaron lo sucedido y el evento se pasó por televisión, causando una indignación nacional tan grande que al día siguiente la Policía ofreció disculpas públicamente. Pero, aún después de las disculpas, un policía hizo la paranoica afirmación de que la Sra. Jeong había sido contratada por Japan’s Fuji TV para descubrir el rostro del asesino quitándole la máscara. Ante esta declaración, un miembro de Japan’s Fuji TV río públicamente.

2. El 29 de julio, Yoo se declaró en huelga de hambre y se negó a hablar, cosa que resultaba pésima para la fiscalía.

3. El 6 de septiembre Yoo apareció por primera vez ante el tribunal y, pese a que había dicho que no hablaría, admitió su culpabilidad, describió la forma en que desmembró a las víctimas y dijo que había matado a dos personas más aparte de las que le imputaban.

4. El 20 de septiembre Yoo fue traído nuevamente al Tribunal de Distrito de Seúl. Allí, cuando el tribunal estaba a punto de levantar la sesión, Yoo saltó por encima de la barandilla dirigiéndose hacia los jueces y gritando que él no iba a asistir a la próxima audiencia. Los jueces se levantaron con rapidez de sus sillas para no ser alcanzados, y Yoo, justo cuando alcanzó las mesas, resbaló y fue inmovilizado por veinte guardias, esposado y sacado de la sala.

5. El lunes 4 de octubre a la medianoche, Yoo intentó ahorcarse en su celda con un cable eléctrico que sacó de un ventilador de pared, pero los guardias lo detuvieron antes de que consiguiese matarse.

6. El 25 de octubre, cuando Yoo entraba en la sala del tribunal una persona del público lo insultó. Enfurecido, Yoo se abalanzó sobre su ofensor pero diez guardias forcejearon con él y lo dominaron, dejando como únicas secuelas un tribunal sacudido y dos sillas de madera rotas. Tras la escena de descontrol, Yoo fue obligado a firmar una declaración escrita en la que se comprometía a no volver a causar agitaciones en el juicio, posteriormente lo sacaron de la sala por un rato y, cuando volvió, Yoo miró a los familiares de las víctimas y dijo: “Eran mujeres anormales. Ellas merecían ser capturadas.”

La sentencia final

La pena de muerte para Yoo Young-Chul fue pedida por la fiscalía el 29 de noviembre del 2004. Tras oír su sentencia, en vez de gritar como Chikatilo o Ted Bundy, esta vez Yoo no se dejó llevar por la cólera sino que, con reflexiva actitud, profirió unas palabras que la sociedad sur coreana y el mundo no deberían olvidar: “Mis acciones no pueden justificarse. Si viviésemos en una sociedad donde las personas como yo pudiesen vivir una buena vida, no habría otro Yoo Young-Chul. Estoy agradecido por la solicitud de pena de muerte de los fiscales. Estaré arrepentido de lo que he hecho hasta que muera.”

El 9 de junio el veredicto final del Tribunal Supremo ratificó la pena de muerte. Días más tarde, el Ministerio de Justicia envió a la Asamblea Nacional una carta oficial en que se criticaba a los movimientos legislativos que exigían la derogación de la pena de muerte. Entre otras cosas, en esa carta la pena de muerte era justificada a través de palabras que aludían indirectamente a Yoo: “Si los asesinos brutales no son condenados a la pena capital, se estaría yendo contra el sentimiento público de justicia y el rencor de las víctimas, y sus sentimientos de venganza personal aumentarían.”

Actualmente Yoo Young-Chul está en el corredor de la muerte, esperando su final junto a otros 60 convictos. Se le imputaron 20 asesinatos aunque él mismo confesó que hubo más muertes.

 


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