Yadira Narváez Marín

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Yadira Narváez

La Reina de la Escopolamina

  • Clasificación: Asesina en serie
  • Características: Envenenadora - Robos
  • Número de víctimas: 6
  • Periodo de actividad: Agosto - Diciembre 2011
  • Fecha de detención: 26 de diciembre de 2011
  • Fecha de nacimiento: 1984
  • Perfil de las víctimas: Gustavo Arrigui / Leónidas Polanía / Reinel Ramírez / Libardo Torres / Ferney Lozano Lizcano / Jaime Guanaca
  • Método de matar: Envenenamiento (agroquímico llamado Furadán o Carbofurán)
  • Localización: Varias localidades, Colombia
  • Estado: Condenada a más de 100 años de prisión en 2013 y 2014
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Yadira Narváez

LaNacion.com.co

30 de abril de 2014

La «Reina de la Escopolamina», Yadira Narváez Marín, quien con insecticidas asesinó a dos personas en Neiva (Huila) y cuatro en Florencia (Caquetá), confesó un nuevo homicidio por el que pagará una pena de 19 años y cinco meses de prisión.

La mujer aceptó ayer en una «negociación» con la Fiscalía Novena Seccional su autoría en la muerte del mototaxista Jaime Guanaca, en un hotel en la Zona Industrial de la capital huilense, el 11 de noviembre de 2011.

Yadira Narváez purgará su sexta condena por el delito de homicidio y hurto calificado y agravado, tras la legalización del «preacuerdo» por parte del Juez Cuarto Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento.

En la acusación, la mujer fue condenada por los delitos de homicidio agravado y hurto calificado y agravado; sin embargo, en la «negociación» se estableció que el agravante del asesinato se le quitaría.

La mujer, de 29 años de edad, a finales del pasado mes de marzo de 2014 aceptó su responsabilidad en la muerte de Ferney Lozano Lizcano en el municipio de Campoalegre.

Meses atrás, en el año 2013, confesó su autoría intelectual y material en los homicidios de Gustavo Arrigui, Leónidas Polanía, Reinel Ramírez y Libardo Torres, en la ciudad de Florencia (Caquetá).

Los seis homicidios fueron perpetrados en el año 2011. «Éramos cuatro, pero la única capturada soy yo. Yo hacía el trabajo sucio, estaba encarretada con el cuento», confesó la mujer en una entrevista a un medio nacional.

A todos les dio veneno

Yadira Narváez Marín, de 29 años de edad, a sus víctimas les suministraba insecticida en las bebidas que tomaban cuando las llevaba a un hostal o en sus casas.

Así ocurrió con Guanaca, quien llegó con la mujer al hotel a las 10:38 de la mañana del 11 de noviembre de 2011 y dos horas más tarde estaba muerto. «Minutos después sale de la habitación con la camisa en la mano e ingresa nuevamente a la habitación», dijo en la audiencia de ayer la Fiscal Novena Seccional.

Agregó que a las 11:31 de la mañana el hombre volvió a salir «totalmente desorientado, como dando zigzags contra las paredes… se observa a la mujer saliendo de la habitación a buscarlo, lo toma del brazo y lo entra a la habitación», explica la fiscal al relatar lo que se observó en el vídeo de la cámara de seguridad del hotel.

En el relato de los hechos añade la funcionaria judicial que en las imágenes se vuelve a ver a Yadira Narváez saliendo de la habitación y abandonando el lugar. «Es esperada por una persona masculina, quien toma la moto de la víctima y huyen».

En la audiencia, la fiscal recordó que el hombre fue encontrado sin vida sobre la cama por los empleados del hotel, quienes acuden a la habitación debido al olor que se difundía de ella. «Se percatan que algo ocurría y es cuando encuentran a Guanaca sobre la cama sin vida».

Las investigaciones de los efectivos de la Policía permitieron establecer que el modus operandi que empleó contra el mototaxista fue el mismo que ejecutó contra sus demás víctimas. «Todos eran conocidos, salíamos los fines de semana. Pecaron por inocentes. Ver morir a una persona no se siente nada», expresó en la entrevista.


Yadira Narváez – La asesina en serie

Paulina Maria Yañez Vargas – DiarioDelHuila.com

18 de mayo de 2014

Sus víctimas siempre fueron hombres de avanzada edad. Los investigadores siguieron su actuar hasta tener las pruebas suficientes para acusarla. Hasta hoy ha sido condenada cinco veces y aún faltan procesos por resolver.

Semidesnudos y sin señales de violencia aparecían los hombres que confiaron en Yadira Narváez Marín. Darles veneno era su manera de «dejar todo sano». La mujer de Solita, Caquetá y descrita desde el inicio de las investigaciones como una «mujer gordita, bajita, de cabello largo y rasgos indígenas» fue apodada como la Reina de la escopolamina. Hoy está en la cárcel Las Heliconias en Florencia y los jueces la han hallado culpable en cinco ocasiones.

Pero la sustancia que usó para acabar con la vida de los motociclistas nunca fue escopolamina. Yadira Narváez usaba un poderoso agroquímico llamado Furadán o Carbofurán que es utilizado para el control de plagas en los cultivos. Sabía cuál era su efecto en el organismo y lo agregaba a las bebidas que ofreció a Gustavo Arriguí, Leónidas Polanía, Simón Vega (un sobreviviente), Libardo Torres, Ferney Lozano y muchos más que ni ella puede contar.

Tenía una finca y de los insumos que compraba para la misma robaba las dosis que luego les dio. «Era más fácil que dispararles», dijo en una entrevista con un medio nacional. No quería generar ruido ni sospechas. De antemano sabía que el Furadán causaba la muerte de manera instantánea y de esa manera no «bregaban mucho».

Habla en plural porque también manifestó que no actuaba sola. Contó que era un grupo de cuatro personas el que planeaba las acciones ilícitas y Yadira Narváez la que se encargaba del «trabajo sucio». Entre éstas estaba su novia. Llegaron a decir que la Reina de la escopolamina estuvo cegada por el amor y por el dinero.

Los llevaba a hoteles

Las residencias eran los lugares escogidos para «negociar» los vehículos que luego hurtaba tras dejar el cadáver en alguna habitación. Se aseguraba de que el veneno cumpliera su labor y luego sí salía. Los cuerpos inertes quedaban cerca de los baños, por lo general. Después de ingerir el tóxico la respiración se les dificultaba y les daba calor así que buscaban la ducha.

Sin embargo, hubo espacio para la excepción y una de ellas fue Simón Vega. Oriundo de la capital del Caquetá, fue contactado por Yadira Narváez para que le vendiera su motocicleta. Lo condujo hasta una residencia y le comunicó que esperarían a su hijastro para verificar que los documentos estuvieran en regla. En la espera le ofreció una cerveza que le produjo malestar. Simón se fue para el baño con desaliento y su mundo dando vueltas. Se salvó de morir porque allí vomitó una sustancia rosada pero perdió su moto en medio del traslado para recibir atención médica.

La ruta para atraparla

Policías de la Sijín supieron de casos de muertes en extrañas condiciones en Florencia -primer lugar donde se reportaron las andanzas de Yadira Narváez- y fueron atando cabos. Los elementos comunes: hombres de avanzada edad, pérdida de pertenencias -motos y otros-, causa del fallecimiento indeterminada y ausencia de señales de violencia.

Pero los vecinos declararon e hicieron mención a una mujer. En los reconocimientos fotográficos se estableció su identidad además de que en un closet de una de las víctimas tenía todos sus datos incluidos el número de cédula. Las sospechas se confirmaron con la denuncia de Simón Vega pero no tenían pruebas para acusarla de homicidio. Finalmente, mientras esperaba transportarse de Neiva a Rivera, fue sorprendida por las autoridades y enviada a la cárcel.

Al inicio se declaró inocente pero después la Fiscalía consiguió establecer el elemento que faltaba: los homicidios fueron producidos por un veneno de alto poder. Así, sin más alternativa y con cara de resignación, aceptó los cargos. Ese día estuvo frente al juez con un chaleco antibalas. Familiares de las víctimas la vieron con el cabello recogido en un moño, tal como lo usa siempre.

Cinco condenas

Los crímenes ocurrieron entre agosto y diciembre de 2011. Su primera condena fue de 42 meses en el primer proceso por hurto calificado. Los muertos se enterraron en el Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo. La Reina de la Escopolamina sólo tuvo temor de verlos cuando le quitó la vida al primero, después se le quitó el terror. «Operábamos todos los días», confesó. «Manejábamos plata y teníamos una vida bien. Nos dedicábamos a viajar y a disfrutar».

La segunda vez que un juez decidió en su contra fue condenada a 35 años de cárcel. Eso ocurrió el 31 de enero de 2013. La tercera por otro florenciano. La cuarta proferida el 30 de abril de 2014 por cerca de veinte años en el caso de un mototaxista neivano. La quinta por otro asesinato, sin terminar, la condenó a siete años. Por alguna razón, se ha cubierto el rostro con las manos en las últimas audiencias.


El dossier contra «la Burundanguera»

Diana Carolina Lozano – ElLider.com.co

13 de enero de 2013

Cerca de 100 pruebas, entre testimonios, cotejos dactiloscópicos, vídeos y exámenes de ADN tendría la Fiscalía 11 Seccional de Florencia, contra Yadira Narváez Marín, conocida en el mundo del hampa como «la Reina de la Escopolamina».

Era 4 de septiembre de 2011; hacia las tres y un minuto de la tarde, personal del Grupo Vida de la Seccional de Investigación Judicial e Inteligencia, Sijín, de la Policía en Caquetá, recibieron una llamada en la que se les reportaba el hallazgo de un cuerpo al interior de una residencia del centro de Florencia.

Ese domingo, la Sijín tenía turno para realizar las diligencias de inspección técnica a cadáver, por eso, tan pronto recibieron la llamada, personal adscrito al Departamento de Policía Caquetá, lo dispuso todo para atender la novedad.

Al llegar al sitio indicado; la habitación 14 de la residencia La Carolina en la calle 16 número 10-52 del barrio El Centro de Florencia, los investigadores encontraron el cuerpo sin vida de un hombre que yacía encima de la cama de la habitación, semidesnudo en posición cúbito dorsal.

Para el personal que efectuaba la diligencia, no le fue difícil intuir que se trataba de un homicidio. La víctima tenía el índice de la mano derecha teñido de negro; el responsable del crimen le había extraído su huella dactilar con algún fin.

Al iniciar las pesquisas para determinar lo que ya sospechaban; que el autor material del crimen era una mujer y que tenía relación con dos anteriores que ya se habían registrado en circunstancias similares, los investigadores le recibieron testimonio a la recepcionista de la residencia, quien fue la persona que le dio el reporte a las autoridades sobre el hallazgo del cuerpo y que en últimas, habría observado al responsable del homicidio.

Según relató la empleada del sitio de hospedaje; testimonio que fue leído el pasado viernes por la Fiscal 11 Seccional de Florencia, Martha Patricia Tarazona Gómez, durante la audiencia de imputación de cargos, instalada por una juez con funciones de garantías, contra Yadira Narváez Marín por la muerte de Libardo Torres Ordóñez, como fue identificado el occiso; la saga de acontecimientos que terminaron con su muerte, iniciaron hacia las 7:30 de la mañana de ese fatal domingo.

De acuerdo con la recepcionista, ella llegó a ponerse frente a su puesto de trabajo, el 4 de septiembre de 2011 a las 6:00 de la mañana. Le recibió a su compañero y hora y media después, llegó una pareja al sitio.

El testimonio citado por la Fiscal Tarazona Gómez, señala que, «el hombre que acompañaba a la mujer de estatura promedio, ni muy flaca, ni muy gorda, morena que vestía jeans, camiseta blanca y tenis, solicitó un servicio».

La recepcionista le habría dicho, según su relato, que «el rato» costaba 12 mil, por lo que Torres Ordóñez le pagó con un billete de 50 mil pesos, no obstante, cuando la empleada de la residencia le dijo que no tenía vueltas, este le contestó que cuando pidiera el almuerzo le pagaba todo, que no se preocupara.

Según la declaración de la mujer, la víctima le pidió luego unas gaseosas, cuando se las llevó, vio a Narváez Marín cerca del lavamanos, pero no se percató de qué estaba haciendo.

La recepcionista contó que luego de unos minutos, escuchó al hombre pujar, pero pensó que se trataba de la emoción del momento, por lo que no hizo nada al respecto, después, vio que la mujer salió del cuarto con unas fotocopias en la mano, tras unos minutos, ingresó a la residencia con un huellero y se sentó en la sala del sitio.

De acuerdo con su testimonio, Narváez Marín se rascaba constantemente la cabeza. Cuando la empleada de la residencia le preguntó qué le pasaba, ésta le pidió primero un lapicero, diligenció unos papeles y después le solicitó copia de las llaves de la habitación, por cuanto se le habían quedado las suyas adentro.

La recepcionista, según le dijo a la Fiscalía, le facilitó a Narváez Marín todo lo que le había pedido, hasta que después de unos minutos, se fue del lugar y no regresó jamás.

La escena del crimen

A las 2:00 de la tarde, previendo que no le habían cancelado el servicio y que se hacía tarde, la empleada de la residencia empezó a tocar a la puerta de la habitación 14.

Pasados unos minutos, como el hombre no le respondía, la recepcionista decidió abrir la puerta. Cuando penetró en la habitación, la mujer encontró al hombre semidesnudo encima de la cama, por lo que se le acercó y al ver que su rostro estaba cubierto por un trapo, le tocó la barriga; al notar que no respiraba y que las manos las tenía moradas, gritó y salió corriendo a llamar a la propietaria del establecimiento.

Según le dijo la testigo a las autoridades, desde ese día, nunca más volvió a la residencia.

Las pesquisas

Al tiempo que las autoridades realizaban la diligencia de inspección técnica a cadáver, afuera de la residencia, cientos de curiosos merodeaban y murmuraban. Pensaban que se trataba de «la Burundanguera».

Una víctima más

Aunque ninguna institución oficial se había pronunciado sobre el hecho, la gente intuía que una prostituta que les suministraba altas dosis de escopolamina a sus víctimas para después despojarlas de sus pertenencias, andaba suelta en Florencia.

Y lo que se escuchaba en los corrillos no era descabellado. El 13 de agosto de 2011, Gustavo Arrigui Álvarez, un hombre que había trabajado en el programa de Enfermedades de Transmisión por Vectores y que había venido del municipio de Solita a pasar unos días en Florencia, fue encontrado muerto en su casa en el barrio El Lenín.

Al principio se especuló que la víctima había muerto solo en su casa de una falla cardíaca, viendo un partido de fútbol en el que jugaba la Selección Colombia, no obstante, después se determinó que el hombre había fallecido, luego de ingerir una sustancia tóxica.

Alterno a eso, se encontró con que al occiso, le había sido hurtada una argolla de oro de 18 quilates, una botella de whisky y algunos electrodomésticos; además de dinero en efectivo.

El tercero en caer

Pocos días después, muy cerca de ese sitio, encontraron al interior de una vivienda en la que además funcionaba una tienda, el cadáver de Leónidas Polanía.

Referente a ese caso, algunos vecinos señalaron que un día antes que fuera hallado el cuerpo sin vida del tendero, vieron que un taxi llegó hacia las 4:00 de la mañana al sitio y luego que introdujeran en el baúl del vehículo cajas con víveres y surtido en general, el automotor partió.

Por las condiciones en las que fue descubierto el occiso, no era difícil entender que al igual que Arrigui Álvarez, también había sido asesinado.

La víctima tenía el estómago hinchado, adicional a eso, la caja registradora del negocio había sido desocupada.

Ahora con el hallazgo del cuerpo de sin vida de Libardo Torres Ordóñez, un maestro de construcción que de vez en cuando se empleaba como transportador informal y a quien le habían hurtado la motocicleta en la que hacía las carreras, las autoridades tenían suficiente material para entender que la autora material de los homicidios era la misma persona.

Cabos sueltos

No hay crimen perfecto, por lo menos eso demostraría Yadira Narváez Marín en los que cometió. Además de haber sido vista por una empleada de la residencia en la que asesinó a Libardo Torres Ordóñez el 4 de septiembre de 2011, «la Reina de la Escopolamina», previo a acabar con la vida del tendero Leónidas Polanía, se vinculó sentimentalmente con él, razón por la que algunos de los hijos de la víctima alcanzaron a conocerla.

Así mismo, el 19 de septiembre de 2011, es decir, 15 días después del homicidio contra Torres Ordóñez, Yadira Narváez Marín condujo hacia la residencia Monterrey de Florencia a Simón Vega, no obstante, pese a que lo llevó hasta ese sitio, con la promesa verbal de comprarle una motocicleta con el único propósito de robársela, para lo cual le dio a ingerir veneno, mezclado en una cerveza, la víctima sobrevivió.

Estando en el hostal, Vega, quien intentaba concretar la venta de una moto para lo cual llegó desde el barrio Santander de Florencia, hasta la residencia, donde «la Burundanguera» le dijo que los estaba esperando un hijastro que le revisaría el vehículo para evitar que ella se hiciera a una moto que tuviera fallas mecánicas, empezó a sentirse mareado por lo que intuyó que la mujer le había dado a ingerir algo a través de la cerveza.

Ese presentimiento le salvó la vida, porque se indujo el vómito, al punto que evacuó la sustancia que la mujer le había suministrado en la cerveza.

Sin embargo, mientras llegaba al hospital para ponerse a salvo, Yadira Narváez Marín le hurtó la motocicleta y la empeñó en una prendería. Esa misma noche, las autoridades encontraron el vehículo y lo recuperaron, al igual que lo que pasó con la moto de Ordóñez, se le incautó a un tenedor al cual la mujer la había vendido, luego de efectuar el crimen.

Responsabilidad

Luego de una exhaustiva investigación, las autoridades lograron identificar a Yadira Narvárez Marín como la presunta autora material de los homicidios contra tres personas en Florencia, no obstante, la mujer, sin que nadie lo advirtiera, al parecer, cobró la vida de una persona más.

El 11 de septiembre de 2011 fue hallado en el Hotel el Nuevo Sol de Florencia, el cuerpo sin vida del moto-trabajador, Reinaldo Ramírez Prado.

A la víctima también se le había hurtado la motocicleta en la que trabajaba y había sido empeñada en una compraventa cercana a la Terminal de Transportes.

En la cámara de seguridad de la casa de empeño, quedó plasmada la imagen de Yadira Narváez al momento en el que fue a transar la motocicleta por una suma superior a 300 mil pesos.

Aunado a eso, en la habitación 11 del hotel en el que fue encontrado el cadáver de Ramírez Prado, las autoridades descubrieron una hebra de cabello, que luego de someter a un examen de ADN, se determinó que correspondía a «la Burundanguera».

Dos semanas después, el 24 de diciembre, la Policía la capturó en el Terminal de Transportes de Neiva y la puso a disposición del aparato judicial.

El pasado 17 de julio, el Juez Cuarto Penal del Circuito condenó a 42 meses de prisión a Narváez Marín, por el delito de hurto calificado por lo ocurrido con Simón Vega, el comprador de motos, al que le dio a ingerir veneno en una cerveza para robarle un vehículo.

Luego, aceptó haber asesinado a Reinaldo Ramírez Prado y el pasado 11 de enero dijo que sí fue la responsable del homicidio de Libardo Torres Ordóñez, no obstante, negó ser la autora material del crimen que le segó la vida a Gustavo Arriguí Álvarez y por el que podría enfrentarse a la pena máxima de 60 años de prisión.

El próximo 22 de enero, Yadira Narváez tendrá que comparecer a la audiencia de imputación de cargos por la muerte de Leónidas Polanía; entre tanto, la Fiscalía dice que cuenta con suficientes elementos materiales probatorios para convencer al juez con funciones de conocimiento de la responsabilidad de la procesada en ese y en los restantes tres homicidios.

 


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