El caso William Desmond Taylor

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William Desmond Taylor
  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: ¿Crimen pasional?
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 2 de febrero de 1922
  • Perfil de las víctimas: El director de cine William Desmond Taylor
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Hollywood, Estados Unidos (California)
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El asesinato de William Desmond Taylor

Última actualización: 23 de marzo de 2015

EL ASESINATO – ¿Crimen pasional?

El asesinato del eminente director William Desmond Taylor provocó una tormenta que retumbó en todo Hollywood. La policía descubrió en seguida una sorprendente maraña de vicio e intrigas en la que estaban implicadas las estrellas más famosas y los directores de los estudios.

Cuando el día 2 de febrero de 1922, a primera hora de la mañana, la policía llegó al bungalow B del número 404 de Alvarado Street, encontró el lugar sumido en una actividad febril. Los empleados del estudio y las personas que vivían en los otros edificios de la urbanización, incluida la famosa esposa de Charlie Chaplin, Edna Purviance, entraban y salían apresuradamente. Apareció un hombre con una caja de botellas de contrabando y no se le volvió a ver. Periodistas y fotógrafos se abrían paso a empujones con el propósito de conseguir información.

El ojo del huracán de aquella actividad era el chalé del propietario inglés William Desmond Taylor, que se había convertido en uno de los más prometedores y respetados directores de cine. Recientemente le habían nombrado presidente de la Asociación de Directores Cinematográficos. Ahora yacía muerto en el suelo del cuarto de estar.

La muerte de Taylor ocupó las cabeceras de los periódicos de todo el país, compartiendo las primeras páginas con el juicio del cómico Fatty Arbuckle, acusado de violación y asesinato de una joven actriz.

Los chismorreos sobre el mundo del cine eran un éxito seguro para quienes los ponían en circulación, y los periodistas rivalizaban en describir los detalles más sensacionalistas y escabrosos. El caso Taylor les proporcionó material en abundancia.

La historia comenzó cuando el mayordomo negro, criado para todo, Henry Peavey, llegó a trabajar a las siete y media de la mañana y advirtió que había luz en el cuarto de estar. Cuando entró a apagarla, encontró a su jefe caído boca arriba encima de una valiosa alfombra, con los brazos pegados al cuerpo. El rostro mostraba una expresión tranquila, pacífica, y estaba impecablemente vestido. El único detalle discordante de aquella escena era la silla caída encima de las piernas del muerto.

Peavey, aterrado, salió a la zona común gritando: «El amo está muerto» (o «han matado al Massa», según publicó un periódico) una y otra vez. La noticia se propagó como un reguero de pólvora a través del mundillo cinematográfico.

A su llegada, la policía encontró a dos altos ejecutivos -se trataba al parecer de Adolph Zukor, cabeza de la Paramount, y de Charles Eyton, directivo de Famous Players Lasky, sección de producción de la Paramount- hurgando entre los documentos; ciertas informaciones aseguraban que estaban quemándolos en la chimenea.

La popular actriz de la escena y la pantalla, Mabel Normand, se hallaba revolviendo en los escritorios, buscando en vano unas cartas personales que había enviado a Taylor. Henry Peavey se encontraba en la cocina llorando amargamente mientras fregaba.

Una de las muchas personas que se apiñaban en el exterior dijo a la policía que era médico y que se dirigía a visitar a un paciente. Después de un somero examen del cadáver, declaró que Taylor había muerto de una hemorragia estomacal, y Normand y los demás confirmaron que padecía frecuentes dolores de estómago.

El día anterior había pedido al criado que le llevara por la mañana una medicina -leche de magnesia-.

La policía no encontró motivos para rebatir el diagnóstico del doctor. No aparecían señales de lucha ni de violencia. Solamente cuando a las 9,20 llegó el juez y dio la vuelta al cuerpo, observaron una pequeña mancha de sangre en la alfombra. En la espalda del muerto había un orificio de bala.

El doctor había cometido un error elemental, un error inexplicable, pero la policía no tuvo ocasión de interrogarle sobre ello; había desaparecido y no se volvió a saber nada de él.

La autopsia confirmó que Taylor había sido asesinado de un solo disparo, efectuado a corta distancia. La bala, que atravesó los pulmones y se había alojado en el cuello, procedía de un Smith and Wesson del 38. La comparación del orificio de la bala con el de la ropa sugería que cuando fue asesinado tenía los brazos en alto.

El móvil del robo se descartó inmediatamente; el dinero estaba a la vista y la víctima continuaba luciendo el reloj de platino valorado en 2.000 dólares que le regalaran los estudios Flying A cuando terminó el último capítulo de los treinta que componían la serie Diamantes caídos del cielo.

La policía, a las órdenes del capitán David Adams, comenzó a investigar el caso interrogando a los vecinos de la urbanización.

Douglas MacLean, un actor que vivía en la casa de al lado, declaró haber oído una «explosión» la noche anterior alrededor de las 7,45. Su mujer, Faith, miró por la ventana y vio salir a alguien cubierto con un amplio abrigo, gorro y bufanda; era una noche fría. Lo describió como un hombre de 1,75 de estatura, complexión mediana, toscamente vestido y de extraños andares.

Otra vecina, Hazel Guilion, habló de una «figura sombría». Algo después Faith MacLean matizó que la persona que vio hubiera podido ser una mujer, lo que explicaría los «extraños» andares que había observado en ella.

Los vecinos coincidieron al declarar que la última persona que vieron entrar en el bungalow fue Mabel Normand. Al ser interrogada, ésta admitió haber visitado a Taylor aquella noche para recoger un libro que él le había regalado: el cultivado Taylor estaba ayudando a Mabel en su educación.

Charlaron un rato y luego ella se fue. Después contó a una de sus amigas, la actriz Minta Durfee, que las últimas palabras del inglés habían sido: «Tengo la extraña, la espantosa impresión de que algo me va a ocurrir.»

Al registrar los alrededores aparecieron una serie de colillas de cigarros y huellas de pisadas que hacían suponer que alguien había estado espiando desde fuera, aguardando la salida de Normand.

Sin embargo, lo que la policía encontró en el interior ocupó gran número de columnas de prensa. Taylor, aquel digno soltero de cincuenta y cuatro años que hablaba con frecuencia de la necesidad de sanear Hollywood, aparecía como uno de los más destacados calaveras en una ciudad repleta de mujeriegos.

Los reportajes de prensa hablaron de fotografías pornográficas en las que Taylor aparecía en compañía de famosas actrices. En un armario cerrado con llave se guardaba una colección de fotos de mujeres desnudas; en las fotos estaban anotadas unas iniciales y una fecha. El rumor popular no supo decidir si se trataba de simples trofeos de seductor o de material para el chantaje.

Encontraron algunas cartas de amor. Los periódicos solamente publicaron las de Mary Miles Minter, una quinceañera de la que la Paramount pretendía hacer una nueva Mary Pickford. Taylor había dirigido alguna de sus películas, aunque la carrera de la joven no logró satisfacer las esperanzas depositadas en ella. La prueba más significativa de su relación con el director se hallaba en el dormitorio de éste: un camisón rosa con las iniciales de M. M. M. bordadas.

El conjunto de llaves que no correspondían a las cerraduras del chalé o de los estudios parecía indicar que Taylor tenía acceso a numerosas viviendas y dormitorios de Hollywood, o que poseía varios nidos de amor.

Al guiso de aquellas sospechas se añadía el toque de un condimento adicional: Henry Peavey, el criado masculino de Taylor, tenía denuncias por intento de abuso sexual, ya que unos días antes había propuesto relaciones sexuales a muchachos de la zona. El caso iba a verse en los tribunales la mañana en que apareció el cadáver. Y su señor tenía que declarar en calidad de testigo.

Surgieron numerosas especulaciones en las que se suponía que el director podía ser víctima, y no autor, de chantaje. Los reporteros descubrieron que, a pesar de disfrutar de elevados ingresos, sus cuentas de varios bancos estaban prácticamente vacías. También fue motivo de sospecha el hecho de que el 31 de enero Taylor sacara del banco 2.300 dólares en billetes. Sin embargo, el día que lo asesinaron los había ingresado de nuevo.

Existían pruebas de que era aficionado a la bebida; en su vivienda encontraron un amplio surtido de botellas de importación. La policía se enteró de que la víctima había discutido recientemente con un contrabandista cuyo nombre incrementó la creciente lista de sospechosos.

Las drogas eran un tema constante en los artículos de prensa que se ocupaban del caso. El opio, cuyo consumo se prohibió a raíz de la Ley de 1920, y la cocaína, el «polvo de la alegría», se compraban de contrabando en California, como estimulante en los frenéticos comportamientos que caracterizaron las primeras películas de Hollywood.

Algunos periodistas sugirieron que Taylor empleaba las drogas como instrumento de seducción, aduciendo que era el único camino para conseguir que las jóvenes aceptaran fotografiarse manteniendo relaciones sexuales con él y así promocionar sus carreras. Otros, sin embargo, apoyaron la declaración de un oficial de narcóticos, cuyo nombre permaneció en el anonimato, según la cual Taylor era un encarnizado luchador antidroga. Había estado intentando arrancar a una famosa actriz de la cocaína, enfrentándose a los traficantes de la ciudad. Otros dijeron que se había peleado a puñetazos con uno de ellos en los estudios.

En medio de tan frenéticas especulaciones, las pruebas más concretas procedían de un cuidadoso estudio de las finanzas del muerto.

La policía encontró en su escritorio un cheque a nombre de una mujer del sur de California y descubrió que le enviaba dinero con una periodicidad mensual.

Cuando la interrogaron, afirmó ser la cuñada de Taylor, esposa de su hermano Dennis, que la había abandonado. William la ayudaba a mantenerse. Pocas personas sabían en Hollywood que Taylor tenía un hermano, pero por medio de la descripción que la mujer hizo de su marido, llegaron a la conclusión de que se trataba de un tal Edward Sands.

Sands trabajó durante casi un año como secretario de Taylor. No se le había vuelto a ver desde el 15 de julio de 1921, cuando al volver de un viaje por Europa, William se encontró con que Edward Sands había desaparecido con su Packard Roadster, 2.400 dólares en metálico, sus trajes y sus alhajas. También imitó su firma en unos cheques, cuya suma total alcanzaba la friolera de 5.000 dólares. Sin embargo, Taylor no lo denunció.

La misma mujer facilitó a la policía varias direcciones de Nueva York para que investigaran. Allí descubrieron que el auténtico nombre de Taylor era William Deane Tanner, que no era inglés, sino irlandés, y que había salido de la ciudad a escondidas, abandonando a su mujer, a su hija y un trabajo extraordinariamente bien remunerado.

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La pasión de una adolescente

Las cartas que Mary Miles Minter dirigía a William Desmond Taylor estaban perfumadas y llevaban impresa una mariposa color violeta. Algunas de ellas las escribió en una clave que los expertos descifraron con toda facilidad.

Los párrafos que se publicaron eran lo bastante inocentes como para ser considerados fruto de un enamoramiento de la adolescencia. El más conocido decía así: «Queridísimo, te quiero, te quiero»; y a continuación aparecían diez besos. Lo que daba un carácter especial a la nota es que apareció como señal en un ejemplar de Manchas negras, una novela erótica cuyo autor era el mago negro Aleister Crowley.

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La tragedia de la actriz

Mabel Normand nació en Staten Island, Nueva York, en el año 1898. Su padre era pianista en los teatros vaudeville y su madre costurera. Dejó la escuela muy pronto, y a los quince años, cuando inició su carrera cinematográfica en Nueva York, ya era una modelo célebre.

Se trasladó a California con la compañía Keystone, de Mack Sennett, su novio, donde encontró un hueco como actriz cómica trabajando como protagonista con Fatty Artbuckle. En 1915 se encontró a Sennett en la cama con otra mujer; su inmediata reacción fue arrojarse al rompeolas de Santa Mónica, de donde la rescataron con vida.

En 1916 se convirtió en una de las grandes estrellas de los estudios Goldwyn, donde hizo dieciséis películas en cinco años, a pesar de que en 1920 estuvo sometida a una cura de desintoxicación. En 1921 volvió a Keystone, pero tras el escándalo Taylor, su primer filme produjo unos pobres frutos económicos.

Aun hizo dos películas más; en 1924 un nuevo escándalo, en el que estaba involucrado su chófer y amante, acabó definitivamente con su carrera.

El 1 de enero fue a visitar a Edna Purviance, que vivía con su último amante, el propietario de pozos de petróleo Cortland S. Dines. Al ir a recogerla su chófer entabló una discusión con Dines, al que disparó con la pistola de Normand.

El magnate no resultó herido de gravedad y declinó presentar una denuncia, ya que tanto él como las dos mujeres estaban tan bebidos que ignoraban la realidad de los hechos. Sin embargo, hubo una audiencia en la que se descubrió que el chófer era un antiguo delincuente y un adicto a la cocaína. Todo ello, unido a la desobediencia a la Ley Seca y al rumor de que en el momento de los disparos los implicados estaban más o menos desnudos, acabó con la carrera de la actriz.

Murió en 1930 a causa de la tuberculosis, agravada probablemente por una prolongada adicción a la cocaína.

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La dama joven

Mary Miles Minter, cuyo verdadero nombre era Juliet Reilly, nació en 1902 en una pequeña ciudad de Louisiana. Su madre, la actriz Charlotte Shelby, la sacó a un escenario de Nueva York cuando tenía cuatro años.

Sus ojos azules y rizos dorados tuvieron gran éxito. En 1914 recibió una oferta para trabajar en Chicago. Como las leyes locales prohibían aparecer en un escenario a los menores de catorce años, su madre le proporcionó el certificado de nacimiento y la identidad de una sobrina muerta, Mary Miles Minter, nacida en 1898.

Mary rodó su primera película en Nueva York a los doce años, contratada por la Metro. Después de seis más se trasladó al estudio Volante A de Santa Bárbara, donde firmó un contrato por otras veintiséis. Entonces se encontró y comenzó a trabajar con William Desmond Taylor.

Se cambió a la Paramount al mismo tiempo que Taylor la presentaba como una sucesora de Mary Pickford, la «novia de América». Se sentía desilusionada por su trabajo como actriz y se peleaba sin cesar con su dominante madre.

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La vergüenza de la familia

William Desmond Taylor guardaba en secreto gran parte de su vida: la biografía oficial que figuraba en el estudio era una pura invención.

Había nacido como William Deane Tanner en el condado de Waterford, Irlanda, el día 26 de abril de 1867. Su padre, William, era un sargento del ejército británico.

En su adolescencia, Tanner se escapó de casa para unirse a una compañía itinerante de actores ingleses, y en 1884 una familia inglesa lo localizó en Londres y su padre se lo llevó a casa.

Asistía a clase, pero no estudiaba. Tras una breve estancia en Heidelberg, Alemania, donde se suponía que preparaba ingeniería, fue enviado junto con su hermano, Dennis, más joven y tan rebelde como él, a Runnymeade, una «institución especial» del oeste de Kansas.

Aunque pasó en Inglaterra una corta temporada, finalmente volvió a América y a los escenarios, representando papeles de protagonista en Broadway a principios de siglo.

En 1901 se casó con la actriz Ethel May Harrison. Su suegro, un acaudalado agente de bolsa, le ayudó para que se hiciera encargado y socio de la English Antique Shop, en la Quinta Avenida de Nueva York, con un sueldo excelente: 29.000 dólares anuales. Ethel y él se instalaron en el elegante barrio de Larchmont, donde en 1903 nació su hija, Daisy Deane Tanner.

Alrededor de 1908 Tanner comenzó a beber en exceso. El 23 de octubre salió temprano de la tienda y no volvió a su casa. Al día siguiente regresó para recoger 500 dólares y desapareció. En 1912, Ethel se divorció y contrajo nuevo matrimonio.

Tanner pasó los años siguientes viviendo a la deriva, empleado en trabajos humildes o como buscador de oro. Volvió a los escenarios de San Francisco tras cambiar de nombre, y más tarde, en 1914, llegó a Hollywood, donde protagonizó el popular filme Capitán Alvarez.

Cambió su actividad por la de director; el aprendizaje lo hizo en los estudios Balboa y Flyin A, donde rodó películas y series.

En 1918, a raíz de la muerte de su madre en un bombardeo de la ciudad de Londres, se alistó en el ejército británico como voluntario. No entró en acción, pero pasó los últimos meses de la Primera Guerra Mundial como teniente provisional. Al acabar la guerra volvió a Hollywood, comenzó a trabajar para la Paramount y su carrera se afianzó rápidamente.

En 1917 su mujer lo reconoció en una reposición de Capitán Alvarez. Su hija, Daisy, le escribió inmediatamente y desde entonces mantuvieron una correspondencia constante. Taylor contribuyó a los gastos de su educación y, por fin, se volvieron a reunir el 21 de julio de 1921.

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LA INVESTIGACIÓN – Sexo, drogas y crimen

El asesinato de Taylor era el sueño de un periodista. Cada nuevo giro en la investigación policial descubría un aspecto inédito de la depravación de la aristocracia hollywoodense, dando lugar a grandes titulares.

La muerte de Taylor continuó encabezando durante varias semanas las primeras páginas de los periódicos. Daba la impresión de que los escándalos destapados por el crimen atraían más que la investigación en sí misma.

En un principio, los temas favoritos de las especulaciones de la prensa fueron Mabel Normand y Mary Miles Minter. La madre de esta última, Charlotte Shelby, resultaba sospechosa porque había preservado celosamente la imagen de pureza de su hija y se rumoreaba que también figuraba entre las amantes del director. Además, eran sospechosos Edward Sands, el secretario ladrón, y una considerable serie de traficantes de droga y contrabandistas de licores.

La policía descartó en seguida a Mabel Normand, la cual declaró que había llegado al chalé de Taylor antes de las siete de la tarde anterior al día en que apareció su cadáver. La puerta estaba abierta de par en par y él hablaba por teléfono con su ayudante Marjorie Berger. Parecía nervioso, pero no le explicó el motivo. Le había dado un ejemplar del libro de Sigmund Freud Inhibiciones, síntomas y deseo y charlaron durante tres cuartos de hora o algo más. Alrededor de las 7,40 se dirigió hacia su coche, aparcado en Alvarado Street.

Su declaración fue confirmada por el chófer de Normand y por Henry Peavey, que estuvieron de conversación antes de salir este último del trabajo a las 7,30. La doncella de la actriz aseguró que ésta llegó a casa poco después y que no volvió a salir aquella noche.

Su amiga, Edna Purviance, la llamó por teléfono para comunicarle la muerte de su amigo el 2 de febrero por la mañana. La policía estaba convencida de que no había estado en el bungalow aquella madrugada; le devolvieron algunas cartas personales que había enviado a Taylor -no cartas de amor-, aparecidas misteriosamente días después del primer registro.

A pesar de todo, los ecos del escándalo acabaron con su carrera. Continuaba relacionada con el caso, quizá porque su antigua adicción a la cocaína era en Hollywood un secreto a voces.

Se insistió en el hecho de que la actriz llevaba una bolsa de cacahuetes cuando fue a casa del director, y los periódicos aseguraban a sus lectores que los vendedores callejeros de cacahuetes solían ocultar la droga entre la mercancía.

Mary Miles Minter también tenía coartada. La noche del asesinato estuvo leyendo un libro a su madre, a su abuela y a su hermana en Casa Margarita, una mansión de cuarenta habitaciones. Además, negó haber tenido nunca ropa interior bordada y declaró no haber visto a Taylor desde hacía varias semanas.

La declaración de Mary exoneraba también a su madre, Charlotte Shelby, quien había amenazado ante testigos con pegar un tiro a Taylor por prestar excesivas atenciones a su hija.

De Minter, a pesar de no alcanzar la edad de pasar por todo en beneficio de su carrera, se murmuraba que ya había tenido relaciones con otros famosos de Hollywood -especialmente con el director James Kirkwood y el primer galán romántico Monte Blue-, que terminaron cuando la madre los amenazó con una pistola.

Después del crimen la jovencita dijo a todo el mundo que ella y Taylor proyectaban anunciar su compromiso. En el funeral besó al muerto apasionadamente y después cayó al suelo, afirmando que había oído decir al cadáver: «Siempre te amaré, Mary.»

Había también otros aspectos en la investigación, aunque menos apasionantes. Dos empleados de la estación de servicio Hartley declararon que un hombre, cuyo aspecto correspondía a la vaga descripción de Faith MacLean, había llegado andando a la gasolinera y les había preguntado por la dirección de la casa del famoso director.

El conductor y el cobrador del autobús vieron también al mismo hombre, o a alguien parecido. Subió cerca de Alvarado Street a las 7,45 o las 8,27 del 1 de febrero, pero nunca lograron identificarlo.

Un ranchero de Santa Ana, al sur de Los Angeles, proporcionó una nueva pista. Declaró que poco antes del crimen recogió a dos autoestopistas y hablaron de un tal «Bill», oficial superior en la época de su servicio militar en el ejército canadiense. Uno de ellos tenía un revólver del 38. Aquello coincidía con lo explicado en la carta que la policía de Los Angeles acababa de recibir de un oficial del ejército británico: contaba que en una ocasión se encontró en un hotel de Londres con Taylor, quien, señalando a un hombre vestido con el uniforme del ejército canadiense, le dijo: «Ahí tienes a un tipo que va por mí, aunque le cueste mil años.» Taylor confesó al oficial que había atacado a aquel hombre con artes marciales para robar provisiones.

La policía de Mexicali, en la frontera mexicana, detuvo a un drogadicto, Walter Kirby, que en una ocasión había trabajado de chófer en Los Angeles y que también sirvió en el ejército canadiense mientras Taylor era teniente provisional. Encontraron en su cuarto varias balas para un arma del calibre 38.

El ranchero lo identificó como uno de los autoestopistas, aunque cambió de opinión cuando el acusado presentó una coartada irrefutable para la hora del crimen. Kirby quedó en libertad. En mayo de 1922 apareció muerto de inanición en un pantano perdido.

También se especuló con la posibilidad de que el director hubiera muerto como consecuencia de una pelea con un contrabandista de licores; una mujer declaró haber visto una violenta disputa la víspera de la muerte de Taylor. Detuvieron a algunos vendedores ilegales, pero no llegaron a acusar a ninguno.

La policía investigó en el campo de la droga e interrogó a varios traficantes. Uno de ellos, Harry Fields, también conocido como Harry el Chino, declaró que él y otros más habían intentado asesinar a Taylor por interponerse entre ellos y Mabel Normand. No hubo detenciones.

Encabezaba la lista de sospechosos el ex secretario de Taylor, Edward Sands. El fiscal del distrito, Thomas Lee Woolwine, insistía en que la policía dedicara todos sus esfuerzos a detenerlo. Los periódicos continuaban especulando con la hipótesis de que Sands no fuera otro que Dennis Tanner, el hermano pequeño del fallecido. Tardaron mucho tiempo -hasta que Ada, la mujer de Dennis, les proporcionó una foto de su marido- en aceptar que se trataba de dos personas distintas.

La policía tenía una pista. Sands no podía estar lejos. El coche robado apareció abandonado y destrozado cerca de San Francisco. Al parecer, estuvo en California, donde, el 12 de diciembre de 1921, empeñó en Fresno alguna de las alhajas de Taylor bajo el nombre de W. D. Tanner, y un mes después volvió a empeñar otras en Sacramento.

Sands había enviado las papeletas a Alvarado Street, en un sobre dirigido a William Deane Tanner. El hecho de que utilizara el nombre real de Taylor indicaba que estaba en posesión de gran parte de sus secretos. Aumentaron las sospechas de que fuera un chantajista, pero a pesar de la búsqueda a escala nacional nunca lograron detenerlo para interrogarlo.

Dos años después del crimen las pistas no habían dado fruto. La policía llegó a tener una lista de trescientos sospechosos -muchos de los cuales eran chiflados que habían confesado- y no parecía próxima a detener a nadie.

La llegada del nuevo fiscal del distrito, Asa Keyes, proporcionó un nuevo impulso a la investigación. En seguida encontró motivos nuevos para sospechar de Miles Minter y de Shelby. Se enteró de que Charlotte tenía un Smith and Wesson del calibre 38 que había conseguido en 1920.

Y lo que era aún más grave: la hija mayor de Charlotte, Margaret, dijo a Keyes que ella y su abuela estuvieron oyendo leer a Mary la noche del asesinato, pero en la casa de la anciana y Charlotte no estaba con ellas, aunque volvió a la mañana siguiente diciendo que había pasado la noche en Casa Margarita con un amigo, Carl Stockdale, y un vigilante nocturno, Jim Smith. La misma Charlotte les dio la noticia del asesinato y según dijo se había enterado por Marjorie Berger, la ayudante del director.

Stockdale y Smith confirmaron la coartada de Shelby, pero Marjorie Berger insistía en que la noticia de la muerte de Taylor se la había dado a ella la misma Charlotte por teléfono entre 7,00 y 7,30 de la mañana, aproximadamente cuando se descubrió el cadáver.

Shelby fue interrogada por primera vez desde el asesinato el 9 de abril de 1926. Se limitó a negarlo todo, insistiendo en que cuando telefoneó a Marjorie Berger eran las nueve de la mañana y que se enteró de la noticia por el estudio. La policía no continuó las investigaciones.

Tras el suceso, los asuntos de Mary Miles Minter y de su familia empezaron a torcerse. Aunque Mary hizo seis películas más, ninguna tuvo éxito; y el estudio rescindió el contrato en 1923, indemnizándola con 350.000 dólares. A los veintitrés años su carrera había terminado.

En un intento por escapar de su madre, se trasladó a Nueva York, pero no volvió a trabajar, perdió el atractivo y comenzó a engordar. Permaneció en el este hasta 1936 intentando recuperar el dinero que había ganado: 1.000.000 de dólares.

Charlotte le daba largas diciendo que el dinero estaba invertido y que ella todavía no era capaz de administrarlo. En 1926 Mary denunció a su madre, pero llegaron a un acuerdo ante el juez y momentáneamente volvió la paz entre ambas mujeres.

Entre 1920 y 1930 la familia pleiteó constantemente. Desde 1922 a 1943 Mary y Charlotte comparecieron ante los tribunales hasta ciento cincuenta veces, incluyendo siete procesos y varios requerimientos, siempre relacionados con el dinero que había ganado la chica y que administraba su madre.

Charlotte vendió Casa Margarita y pasó mucho tiempo en Europa derrochando lo que quedaba de la fortuna familiar.

Margaret Shelby se casó en 1926 con un hombre llamado Hug Fillmore; al año siguiente se divorció de él y se marchó a Europa para reunirse con su madre. Volvieron en 1929 y fundaron una agencia inmobiliaria, pero el negocio no sobrevivió a la Gran Depresión.

En 1931 Charlotte Shelby denunció a su ayudante, Les Henry, acusándole de la estafa de 750.000 dólares. Shelby había recibido una citación judicial para pagar los impuestos devengados por aquella suma y se negó a hacerlo alegando que dicha cantidad no estuvo nunca en sus manos.

El juicio arrojó una nueva luz sobre el caso Taylor. En los interrogatorios, Henry negó haber robado dinero, aunque admitió una falsa contabilidad. Había sustraído sistemáticamente sumas de la cuenta de Minter para pasarlo a la de Shelby, siguiendo las órdenes de su jefa.

El ayudante declaró que había sido el amante de Shelby desde que en 1918 se hizo cargo de sus negocios. Cuando le preguntaron por el paradero del dinero, repuso que Charlotte entregó grandes sumas a la policía y a la prensa y que envió también fuertes cantidades a los fiscales Woolwine y Keyes.

Cada vez que se reanudaba el interés por el caso Taylor, ella le pedía más dinero. También declaró que podía demostrarlo, pero en aquel momento los abogados de Shelby le interrumpieron alegando que ella no estaba presente.

Henry, que fue declarado inocente de la acusación de robo, se las ingenió para incluir en su declaración unos datos que demostraban que Carl Stockdale, uno de los hombres que confirmara la coartada de Shelby, recibía desde entonces una cantidad fija mensual.

Por otra parte, se descubrió que el otro testigo de la coartada de Charlotte, Jim Smith, no era un vigilante nocturno, como constaba en su declaración, sino un empleado del antiguo fiscal del distrito, Thomas Woolwine.

En 1937 Margaret Shelby, a los casi cuarenta años, se fugó con el director Emmett J. Flynn. Charlotte los persiguió y se llevó a su hija a casa. Anuló el matrimonio y recluyó a Margaret en una institución para enfermos mentales. Mary la sacó de allí. Los doctores que la reconocieron afirmaron que no padecía dolencia alguna.

Margaret denunció a Charlotte inmediatamente, reclamándole 48.000 dólares y una casa. Dijo que era a cambio de prestar un falso testimonio en el caso Taylor y organizar una entrevista de Woolwine con su madre. Margaret ganó el caso y el juez insistió en que hiciera una declaración completa.

Poco tiempo después, el nuevo fiscal del distrito, Buron Fitts, en respuesta a una solicitud conjunta de Mary Miles Minter y Charlotte Shelby, declaró públicamente que su oficina no poseía pruebas que implicaran a ninguna de las dos en el crimen. El asesinato de Taylor quedaba oficialmente sin resolver.

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El hermano

Dennis Deane Tanner era una figura sombría cuyo camino se cruzaba continuamente con el de su hermano mayor, William.

Después de haber vivido juntos en Runnymeade, Kansas, Dennis siguió a Taylor hasta Nueva York, donde contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Trabajó para su hermano en la tienda de antigüedades, donde continuó tras la desaparición de William. En 1912 desapareció a su vez, reuniéndose más tarde con Taylor en Hollywood.

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PRIMEROS PASOS – La mujer vampiro

Charlotte Shelby abandonó su propia carrera teatral para dirigir la cinematográfica de su hija. Vivió del éxito de Mary, controlando hasta las menores actividades de la vida de la actriz.

Lily Pearl Miles nació y creció en una plantación familiar cerca de Shreveport, Louisiana. Su padre, médico, murió cuando contaba doce años, y la madre, Julia, se encargó de ella y de su hermana Mary.

Lily dejó a un lado sus ilusiones de convertirse en actriz cuando se fugó a principios de siglo, con un joven tejano, Homer Reilly.

El matrimonio se deshizo en 1907, dejando a sus hijas al cuidado de la abuela y se marchó a Nueva York para intentar hacer carrera en los escenarios.

Cambió su nombre por el de Charlotte Shelby y, con ayuda de un amante que se dedicaba a la política, consiguió un papel estelar en Broadway. Su madre y las niñas, Juliet y Margaret, se trasladaron a Nueva York, donde también las pequeñas trabajaron en el teatro.

Juliet se convirtió pronto en la principal fuente de ingresos familiares y su madre le cambió el nombre por el de Mary.

La joven se parecía a Mary Pickford, la más importante estrella cinematográfica de la época, y cuando ésta dejó la Paramount para ingresar en United Artists, Charlotte firmó un contrato en nombre de su hija con aquella empresa por la astronómica cantidad para la época de 1.300.000 dólares.

Shelby se convirtió en su agente, quedándose con el 30 por ciento de las ganancias, pero como la adolescente era menor de edad, también administraba el dinero de la pequeña.

Charlotte tenía la poco envidiable reputación de ser la madre más dominante de Hollywood. La actriz Colleen Moore la describía como «una personalidad que chirriaba». Otros comentarios eran menos delicados.

Ella era profundamente consciente de que la fortuna de la familia dependía de la virginal apariencia de Mary y estaba firmemente decidida a conservarla.

El director de cine, de treinta y cinco años, Jimmy Kirkwood, convenció a la joven actriz, de quince, de que la ceremonia de boda que celebraron en el bosque era absolutamente legal y la dejó embarazada.

Shelby silenció el asunto. Sin escrúpulo alguno, como correspondía a su ligera forma de actuar, hizo abortar a su hija y amenazó a Kirkwood con entregar a la policía las cartas que había escrito a la joven si no la dejaba tranquila.

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Asesinato en la ciudad del Oropel

En una ciudad célebre por los excesos, donde viven los ídolos de la pantalla, la muerte, especialmente si es violenta, puede ser más frecuente que la vida.

Hollywood es un semillero de rumores y comadreos; y cuando las estrellas mueren prematuramente, de la mayoría de ellas se rumorea, antes o después, que han sido asesinadas. Se supuso que Marilyn Monroe había llegado a su fin como resultado de una laberíntica conspiración que implicaba a la Mafia y a Bobby Kennedy. El accidente fatal de James Dean pudo tener su origen en un amante celoso: algún miembro de la pandilla de homosexuales con los que se relacionaba pudo manipular los frenos del Porsche. Hay quien dice que Bruce Lee murió como consecuencia e empleo de técnicas marciales.

Las únicas estrellas que fueron inequívocamente asesinadas encontraron su final de modo particularmente lamentable. Sharon Tate murió en 1969 a manos de los sanguinarios partidarios del «Mesías» Charles Manson.

Ramón Novarro, el primer Ben-Hur, fue golpeado y ahogado hasta morir por dos jóvenes hermanos, homosexuales declarados, que trataban de hacerse con el dinero en metálico que suponían guardaba el anciano actor en su casa de Hollywood Hills. Desnudo y golpeado, a sus sesenta y nueve años murió asfixiado apretando una estatuilla contra su garganta.

En 1976, Sal Mineo, el oponente de James Dean en Rebelde sin causa, fue apuñalado por un joven malhechor a la puerta de su apartamento de Hollywood, víctima de un crimen tan absurdo como el de Sharon Tate.

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DESHACER LA MARAÑA – El detective aficionado

Cuarenta años después de la muerte de William Desmond Taylor, King Vidor -uno de los grandes directores de Hollywood- decidió hacer una película sobre el caso y desenterró nuevas pistas, pero el asunto era demasiado espinoso como para profundizar en él.

A finales de los sesenta, el veterano director trató de dar un nuevo impulso a su carrera realizando una película sobre el caso Taylor. La elaboración del guión tomó pronto todas las características de una investigación por asesinato ya que, poco a poco, iba descubriendo que eran poco fiables los resultados oficiales.

Descubrió una historia extraordinaria, muy distinta de las conclusiones del caso, y consiguió unos resultados mucho más convincentes sobre el misterio. Sin embargo, encontró motivos bien fundamentados para no hacer la película.

En el caso aparecían involucradas demasiadas personas influyentes y algunas otras, que formaban parte del grupo de sus amistades, que podrían sentirse heridas por los descubrimientos. Estos no se hicieron públicos hasta 1986, cuando su biógrafo, Stanley Kirkpatrick, los descubrió ocultos en una caja fuerte y editó con ellos un libro.

Como el caso aún seguía abierto, los datos de la policía no estaban al alcance del público. Sin embargo, en 1976, Vidor tuvo acceso a ellos a través de Thad Brown, un veterano agente del Departamento de Policía de Los Angeles, de cuarenta y un años. Brown había mostrado un profundo interés por el caso y esperaba que las investigaciones del famoso director le ayudaran a resolverlo.

Los informes policiales presentaban un panorama de los hechos del 2 de febrero completamente distintos del que se había difundido. Cuando Peavey salió gritando del bungalow a las 7,30 de aquella mañana, sus vecinos, Doug MacLean y EC Jessurum (magnate del petróleo), copropietarios de la urbanización, corrieron a casa de Taylor.

El cadáver no aparecía tan pulcro como se le descubrió posteriormente. Los brazos estaban extendidos, la pierna izquierda bajo una silla y la pierna derecha había arrugado la alfombra. Jessurum telefoneó a la policía, que se presentó en el lugar del crimen a las 8,00.

Howard Fellows, el chófer de Taylor, que entraba a trabajar a las 7,30, llamó a la Paramount, donde le dijeron que evitara todo lo que pudiera perjudicar al estudio. Recogió algunas botellas de licor, así como una selección de cartas de Mary Miles Minter, Mabel Normand, Daisy Deane Tanner y otras dos actrices.

Cuando llegó la policía, había diez personas en el chalé y no una, como dijeron los periódicos: algunas de la urbanización, Peavey, Fellows, la guionista y el cámara de Taylor (madre e hijo, que vivían cerca) y un empleado de los estudios no identificado. No estaba Mabel Normand ni ningún ejecutivo del estudio, empezando por Adolph Zukor. Charles Eyton llegó un par de minutos después que la policía y desapareció escaleras arriba. Nadie registraba: únicamente miraban atónitos a su alrededor sin poderse creer lo que veían sus ojos.

Ningún policía recordaba haber visto al doctor; alguien comentó que le habían llamado y que diagnosticó muerte por hemorragia estomacal.

La policía les tomó declaración y todos abandonaron el edificio. A las 9,20 llegó el juez y, cuando llevó a cabo su examen, descubrió que Taylor había sido asesinado.

En los informes de la policía no se citaban manojos de llaves ni armarios repletos de ropa interior o de fotografías pornográficas.

También existía una sencilla explicación para la retirada y posterior reingreso de la fuerte suma de dinero. Taylor había tratado de comprar algunas alhajas para regalárselas a Mabel Normand, pero no encontró lo que buscaba.

Las investigaciones policiales se centraron en Edward Sands sin resultado. Ellos sabían desde el principio que éste no era Dennis Tanner, quien había vivido tranquilamente en Hollywood hasta que su mujer se puso en contacto con William Desmond Taylor, momento en que Dennis se cambió de nombre y desapareció de nuevo.

En los archivos de la policía faltaban muchos datos que Vidor trató de aclarar. Había, sin embargo, ciertos hechos que no se mencionaron nunca y que arrojaban sospechas sobre Mary Miles Minter y Charlotte Shelby.

En la chaqueta que Taylor llevaba puesta cuando murió aparecieron tres cabellos largos y rubios, y un análisis demostró que pertenecían a Mary.

La contable, Marjorie Berger, declaró que a primera hora de la tarde del 1 de febrero se reunieron con Taylor para hablar de sus impuestos, y a las 6,00 Charlotte Shelby la llamó preguntando por su hija, en el momento en que, según su coartada, ambas estaban reunidas con el resto de la familia leyendo junto al fuego.

Vidor obtuvo la clara impresión de que el expediente estaba incompleto o lo habían manipulado.

Se entrevistó con Roy Cato, el primer detective que llegó al escenario del crimen. El policía tenía la misión de localizar a Sands, a pesar de que no había pruebas de chantaje y de que su aspecto físico no coincidía con la descripción de la misteriosa y oscura figura que vio Faith MacLean.

Cuando Cato preguntó el motivo de la búsqueda de Sands y de la exclusión de otras pistas, Woolwine le retiró del caso, no antes de que él hubiera visto un expediente policial procedente de Darien, Connecticut, en el que se identificaba como Edward Sands a un suicida aparecido muerto de un tiro en el río Connecticut seis semanas después de la muerte de Taylor.

Vidor siguió también el rastro de Leroy Sanderson, el detective que interrogó a Margaret en 1937. Esta declaró que la noche del crimen Shelby había encerrado a Mary en su habitación después de haberla oído hablar por teléfono con Taylor; estaba segura de que planeaban fugarse juntos. La abuela de Mary la dejó salir, y la joven, enloquecida, escapó.

Cuando su madre se enteró, según Margaret, se puso un amplio abrigo, tomó el bolso y una pistola que tenía en el sótano y salió tras ella.

Mary volvió histérica a casa una hora después. Había ido corriendo directamente a Alvarado Street. Mabel Normand insistió siempre en que, a pesar del frío de la noche, la puerta del chalé del director estaba abierta de par en par. El motivo era que Mary Miles Minter acababa de entrar y cuando oyó a Normand subió a esconderse al piso superior.

Mientras él acompañaba a la actriz hasta el coche, Charlotte Shelby, que estaba espiando desde el bungalow de MacLean se deslizó dentro de la casa, justo en el momento en que su hija bajaba del dormitorio, y cuando Taylor entró de la calle, Shelby disparó contra él.

La policía no sólo conocía la historia de Margaret; también había conseguido algunas balas de la pistola de su madre, aunque en 1922 la abuela Miles arrojó el arma a un pantano en Louisiana.

El fiscal del distrito, Fitts, contaba con pruebas suficientes para acusar a Charlotte Shelby, pero, al igual que sus predecesores, no la procesó, sino que llegó a un acuerdo con ella y exoneró a la familia de toda relación con el crimen a cambio de una fuerte suma de dinero en metálico.

Vidor únicamente necesitaba encontrar un motivo. Este parecía ser el sexo. Era patente que Mary Miles Minter estaba enamorada de Taylor, pero él siempre rechazaba sus proposiciones.

Ya antes del crimen se rumoreaba que Shelby quería a Taylor para ella y hubo quien insinuó que eran amantes. Lo más irónico de la cuestión era que, de hecho, el director no era un mujeriego; todos los datos apuntaban a que se trataba de un rumor inventado y difundido por los estudios.

George Hopkins, el veterano ganador de un Oscar al mejor decorado, confesó a Vidor que él fue el desconocido empleado del estudio que se presentó en el bungalow la mañana del crimen. Le enviaron para retirar cualquier indicio de homosexualidad por parte de Taylor que pudiera empañar la imagen que de él habían creado.

Los estudios no aceptaban la versión del asesinato y todos daban por supuesto que había muerto por causas naturales. Y la razón era que la Paramount sabía que un nuevo escándalo de carácter sexual pisando los talones del caso Arbuckle podría causar su ruina.

En consecuencia, Hopkins fue a buscar, retirar y destruir unas cartas que Edward Sands amenazaba con entregar a la prensa si Taylor lo denunciaba por robo. También hubo un misterioso manojo de llaves que, aunque desapareció antes de la llegada de la policía, lo había visto demasiada gente como para ignorar su existencia.

Sin embargo, Hopkins aseguró a Vidor que no se trataba de llaves de los camerinos de las actrices, sino de un piso alquilado que el famoso director empleaba para mantener relaciones sexuales con los jóvenes que le proporcionaba su fiel criado Henry Peavey.

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King Vidor

Vidor nació en Galvest Texas, en el año 1894. En 1915 se marchó a Hollywood en compañía de su esposa, Florence Arto, y de sus padres. En 1921 tenía su propia productora, Vidor Village.

En los años treinta comenzó a trabajar para los grandes estudios, donde hizo cincuenta y cuatro largometrajes. Entre sus éxitos como director se cuentan El gran desfile, La multitud, Pasaje al Noroeste, Stella Dallas, Duelo al sol y Guerra y Paz.

En los años cincuenta, su dilatada carrera comenzó a declinar, y en la época en que se interesó por el caso Taylor llevaba varios años sin dirigir.

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Escándalo y vicio

Hollywood era la Meca para los jóvenes de ambos sexos atraídos por el señuelo de éxito y fama que ofrecía el mundo del cine. Muchos de ellos eran enseguida víctimas de usos y de abusos: la prostitución, la droga y el crimen acechaban a los incautos. El cómico Fatty Arbuckle y la bella Olive Thomas fueron dos trágicos ejemplos de la vida en la «Fábrica de los Sueños».

Hollvwood fue en sus comienzos un lugar delirante. A raíz de una visita que efectuó en 1916 el mago Aleister Crowley, que tampoco era ajeno a los excesos, describió a la gente del cine como «lunáticos enloquecidos por el sexo y la cocaína».

Sin embargo, había pocos visitantes para advertir tales tejemanejes y la prensa aún no tenía un columnista especializado en los cotilleos del mundo del celuloide.

Ya en 1920 los periodistas advirtieron el hecho de que los lectores se sentían fascinados por las vidas privadas de aquellos a quienes veían continuamente en las pantallas.

Se produjeron una serie de atroces escándalos en los que se sucedían la promiscuidad, las borracheras, el deterioro de las vidas, la adicción a las drogas, los suicidios, las violaciones, los asesinatos. La Meca del cine se convirtió en un símbolo del pecado y fue calificada como la Babilonia californiana desde los púlpitos; pero el público se lo tragaba todo.

El primer escándalo estalló en París en el mes de septiembre de 1920 con el suicidio de la actriz de veinte años, Olive Thomas. Después de la muerte se supo que la vivaracha joven, que desde las Ziegfelds Follies había conseguido un lucrativo contrato con Myron Selznick, era una adicta en gran escala a la heroína y a la cocaína.

Al año siguiente, una estrella aún más rutilante se vio envuelta en un escándalo de mayores dimensiones. Roscoe «Fatty» Arbuckle, un antiguo ayudante de fontanero que pesaba ciento quince kilos, demostró su talento para la comedia tras ser contratado exclusivamente por su aspecto físico. Sus comedias tuvieron tal éxito de público, que el director de los estudios Paramount, Adolph Zukor, le premió con tres millones de dólares y un contrato por tres años para hacer largometrajes.

Arbuckle se reunió con algunos compañeros de borracheras y con algunas chicas; se metieron en dos coches y recorrieron unos 220 kilómetros hasta San Francisco con el propósito de celebrarlo. El 5 de septiembre de 1921 se registraron en un hotel de la ciudad, encargaron una buena cantidad de licor de contrabando y empezaron la fiesta por todo lo alto.

Cuatro días después, una de las acompañantes de Arbuckle, Virginia Rappe, una actriz principiante de veinticinco años, moría en un hospital a causa de una peritonitis provocada por la ruptura de la vejiga. Mande Delmont, otra invitada a la fiesta, declaró que la lesión se la produjo el cómico al violarla.

El fiscal del distrito de San Francisco, Matthew Brady, vio la ocasión de hacerse publicidad -era un año de elecciones- y anunció que iba a detener a Arbuckle bajo acusación de asesinato.

William Randolph Hearst, el magnate de la prensa, se dio cuenta de que podía aumentar las tiradas y ordenó a sus publicaciones que crucificaran al actor y presentaran a Virginia Rappe como una belleza virginal, machacada y tratada brutalmente por un vicioso.

Antes del primer juicio el público ya había dictado su veredicto. Las películas del cómico fueron retiradas y boicoteadas, y finalmente, los estudios le rescindieron el contrato.

En el primer juicio, los cargos se redujeron a homicidio involuntario. Las pocas personas que habían asistido a la fiesta no podían dar una información coherente sobre ella, y todos hicieron unos relatos estremecedores. Arbuckle mostraba en el banquillo un comportamiento digno y negó cualquier relación sexual con Rappe. El informe médico, que el fiscal Brady había ocultado, confirmó que la muchacha muerta no había sido violada.

Presentaron a Mande Delmont como una especie de «madame» que disponía de grupos de chicas para fiestas. Esto no era ninguna novedad, ya que una de ellas declaró que, tras ser violada en una juerga por un importante personaje, lo amenazó con emprender acciones legales contra él; llegaron a un acuerdo lucrativo… que repartió con Delmont.

El jurado votó a favor de la libertad por diez votos contra dos. El fiscal del distrito tenía dos amigos entre sus componentes. Se inició un nuevo juicio. En esta ocasión, Mande Delmont no intervino, y el acusado, confiando en la victoria, no compareció. El jurado tampoco estuvo de acuerdo.

El tercer jurado exoneró a Arbuckle, añadiendo una cláusula al veredicto: «No basta con absolver a Roscoe Arbuckle. Creemos que se ha cometido contra él una grave injusticia.»

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Virginia Rappe

A pesar de su rostro angelical, los periódicos de la cadena Hearst se apartaban extraordinariamente de la realidad al atribuir cualidades virginales a Virginia Rappe. El doctor que realizó la autopsia diagnosticó que padecía una enfermedad venérea y que se había sometido a varios abortos.

Rappe comenzó su carrera como modelo en Chicago, y como muchas otras chicas, se trasladó a Hollywood tratando de introducirse en el cine.

Inicialmente trabajó en la compañía Keystone, donde repartió generosamente sus favores y provocó una epidemia. Sennett la tuvo que expulsar del equipo.

Entonces, Virginia se unió al grupo de chicas de Mande Delmont. Bebía en exceso a pesar de las recomendaciones del médico. La fatal enfermedad pudo ser debida al uso exagerado del alcohol.

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Conclusiones

Margaret Shelby Fillmore murió en el hogar familiar en 1939; no se emitió certificado de su muerte.

Mary y su madre firmaron una especie de paz; vivieron juntas hasta la muerte de Charlotte, en 1957. Al año siguiente, Mary se había abierto camino como decoradora de interiores, se casó con Brandon O’Hildebrandt. Enviudó en 1964, pero continuó con su afición a los pleitos, como el que entabló sin éxito contra la CBS tras la proyección de un documental de TV en el que aparecía como sospechosa. Murió en 1984.

El antiguo fiscal del distrito, Buron Fitts, se suicidó de un disparo con un antiguo Smith and Wesson del 38 en el año 1973.

Henry Peavey murió en la miseria el año 1937, en Sacramento.

King Vidor no volvió a hacer largometrajes, concentrando su actividad en los documentales. En 1979 recibió un Oscar en reconocimiento a su continua dedicación a la industria cinematográfica. Murió en noviembre de 1982.

La urbanización desapareció en diciembre de 1966, y en su lugar construyeron el aparcamiento de un supermercado.

 


VÍDEO: WHO KILLED WILLIAM DESMOND TAYLOR? 1/2 (EN INGLÉS)

VÍDEO: WHO KILLED WILLIAM DESMOND TAYLOR? 2/2 (EN INGLÉS)


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