Vladimir Rausell Blay

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Vladimir Rausell

El asesino de la Pobla de Vallbona

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Venganza - Se sentía traicionado por su novia que le había dejado y por quienes tomaron partido por ella cuando el noviazgo se rompió
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: 28 de mayo de 2007
  • Fecha de detención: Mismo día
  • Fecha de nacimiento: 1985
  • Perfil de las víctimas: Su exnovia, Sandra Corral, de 20 años, la madre de ésta, Julia Manzanera, de 53, y su primo, Ramón Gimeno, de 28
  • Método de matar: Apuñalamiento - Degollación - Incendio
  • Localización: La Pobla de Vallbona, Valencia, España
  • Estado: Condenado a 59 años de internamiento psiquiátrico el 30 de noviembre de 2009
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Vladimir Rausell Blay – El asesino de La Pobla de Vallbona

Última actualización: 20 de febrero de 2016

Vladimir Rausell Blay, de origen ucraniano, asesinó el 28 de mayo de 2007 a su exnovia, a la madre de esta y a su primo en La Pobla de Vallbona, Valencia.

Desde que la chica rompió la relación, Rausell la perseguía y la amenazaba con suicidarse. Reconoció que primero pensó en envenenarla. En un dibujo encontrado en su casa había escrito: «mi odio crece, mi ira aumenta». Fue incubando la idea de acabar con la vida de la joven.

La madrugada del 28 de mayo se coló en la vivienda de su exnovia y se escondió. Cuando la joven lo descubrió la degolló. También asesinó a la madre de la chica. Después, fue al desván a buscar el diario para comprobar si la joven tenía otra relación.

Al salir de la casa se dirigió al domicilio de unos familiares. Al parecer, el primo le recriminaba su comportamiento con la joven. Cuando llegó, prendió fuego a la vivienda. El chico logró rescatar a su madre y a su hermana pero él falleció a consecuencia de las heridas.

Vladimir relató que sufrió malos tratos en su infancia, que su madre murió cuando él tenía nueve años y que había vivido en un orfanato y en la calle. Fue condenado a 59 años de internamiento en el centro penitenciario psiquiátrico de Fontcalent, Alicante.


Detenido un hombre en Valencia por matar a su exnovia y a la madre

Lydia Garrido – El País

29 de mayo de 2007

Sandra Corral tenía 20 años. Su madre, Julia Manzanera, 53. Tras la separación de la madre, ambas vivían solas en La Pobla de Vallbona, un pueblo a 30 kilómetros de Valencia. Poco después de las seis de la madrugada de ayer, Vladimir Rausell Blay, de 23 años, exnovio de Sandra, entró presuntamente en la casa y las degolló.

Acto seguido, según las primeras investigaciones, se fue la calle de La Parra, donde vive un familiar, incendió la vivienda y uno de los ocupantes resultó herido grave. Fue detenido horas después.

Vladimir llegó a La Pobla de Vallbona hace poco más de siete años. Una familia de la localidad, que tenía ya dos hijas, lo adoptó, a él y a su hermano menor. Habían nacido en Ucrania y cambiaron el orfanato por una nueva vida. Estudió en el pueblo, hacía trabajos esporádicos. Era conocido por todos.

Hace poco más de dos años inició una relación sentimental con Sandra Corral. Durante ese tiempo, según comentaban ayer vecinos y amigos de la familia, «se portó como un buen chico, nunca hubo ningún problema». Pero hace algo más de tres meses, Sandra puso fin a esa relación. Y Vladimir no lo aceptó.

No hay denuncias. No hay antecedente alguno en los juzgados. Sólo una pareja de amigos íntimos de la familia comentó ayer que desde la ruptura él no la dejaba en paz, la atosigaba, la seguía, la asediaba. Una vecina de la calle de Sant Francesc, donde se produjo el crimen, explicó que Julia, la madre y también fallecida, había dicho hacía pocos días que las había amenazado de muerte.

El padre de Sandra, que desde que se separó de su esposa vive con un hermano de ésta a pocos metros de la que era residencia de las víctimas, había sugerido a su hija, según fuentes próximas a la familia, que lo denunciara. Pero no lo hizo.

Ayer, poco después de las seis de la mañana, Vladimir, según todos los indicios, entró en la casa. Las mujeres estaban dormidas. Las degolló. La policía sospecha que tenía llaves de la vivienda, una casa de dos plantas.

Al salir se dirigió al número uno de la calle de La Parra, donde Sandra había vivido hasta que sus padres se separaron, y presuntamente prendió fuego a la vivienda. En ese momento estaban en ella dos hermanos, primos de Sandra, y su madre. El primo, Ramón Gimeno Blay, de 28 años, logró rescatar del fuego a su madre y a su hermana. Pero él resultó herido con quemaduras graves y al cierre de esta edición permanecía ingresado en la unidad de Reanimación del hospital La Fe de Valencia. Ramón, según fuentes próximas a la familia, había sido un gran apoyo de Sandra y había censurado la actitud de Vladimir.

Después de que se produjera el incendio, Vladimir huyó. Policía y Guardia Civil iniciaron la búsqueda mientras la titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de Llíria procedía al levantamiento de los cadáveres.

Familias conocidas

Vladimir Rausell fue detenido poco después de las dos de la tarde en la ciudad Valencia. Tenía una herida en el antebrazo. La policía le trasladó primero al hospital Clínico de Valencia. Después fue conducido a dependencias de la Guardia Civil.

En La Pobla de Vallbona son muy conocidas, tanto la familia de Sandra, que trabajó haciendo prácticas en el Ayuntamiento, como la del supuesto autor de los hechos. El municipio, a través del programa Ucrania 2000, ha acogido a decenas de niños víctimas directas o indirectas del desastre de Chernóbil. Según los vecinos, Vladimir y su hermano se integraron perfectamente, «tuvieron mucha suerte» con la familia que los acogió, y nunca habían dado ningún problema.

Este año han muerto ya 29 mujeres víctimas de la violencia de sus parejas o exparejas.


Vladimir preparó a conciencia la matanza de Sandra y su madre

Lydia Garrido – El País

30 de mayo de 2007

Se tiñó el pelo de oscuro, cogió una mochila, en la que metió algunas de sus cosas, y un cuchillo. Vladimir Rausell preparó el asesinato de su exnovia, Sandra Corral, de 20 años, y de la madre de ésta, Julia Manzanera, de 53.

Aquel chico tímido y reservado que llegó de Ucrania con 15 años acompañado de su hermano Ígor, dos años menor, para integrarse como hijo adoptivo en una conocida familia de La Pobla de Vallbona (Valencia) se convirtió en la madrugada del lunes en un asesino.

Entró con sus propias llaves, degolló a las dos mujeres, recorrió varias calles hasta llegar a casa de su primo Ramón, de 28 años, que había sido su mejor amigo, su cómplice, desde que llegó a España y, una vez allí, incendió la vivienda.

Ramón murió ayer en el hospital La Fe de Valencia a causa de las graves quemaduras que sufrió al rescatar a su madre y a su hermana de las llamas. Algunos vecinos vieron huir a un joven tras el incendio. Nadie le reconoció. ¿Quién podía ser el chico moreno que atacó la casa?

Ramón cuidó de Vladimir y de Ígor desde que llegaron. Pero no compartió con él su actitud después de que Sandra decidiera romper la relación entre ambos unos meses atrás. Le recriminó que la atosigara, que la siguiera. Eso, según fuentes de la investigación, le costó la vida.

Vladimir estudió en Cheste, una localidad también cercana a Valencia. Tenía 15 años cuando, tras pasar varios veranos en España a través de un programa solidario con niños víctimas del accidente nuclear de Chernóbil, fue adoptado por la familia Rausell Blay.

Vino con su hermano Ígor, a quien la policía conoce porque les ayuda a veces como traductor de ucraniano. Le definen como reservado, callado, educado, cariñoso con la familia, discreto fuera del círculo más íntimo. Dejó de estudiar hace varios años y se fue a trabajar con su primo Ramón en el campo.

Cambio de apellidos

Tenía 17 años cuando sus apellidos cambiaron. Hizo la comunión en La Pobla y aprendió a hablar valenciano «como si fuera uno de aquí», explicaba ayer una vecina. Se portó bien en el colegio, tenía amigos, formó parte de la familia de las víctimas.

Vivió de cerca la separación de los padres de Sandra. Ella había contado a una compañera de trabajo que no encontró en él el apoyo que necesitaba, que le costó aceptarlo. Lo que no aceptó fue su propia separación de Sandra.

En las últimas semanas Vladimir cambió. La vecina de la casa contigua a la de Sandra les oyó discutir varias veces. La madre de la joven, una mujer que limpiaba casas y que era también muy conocida, confesó días atrás a otra vecina que se sentían amenazadas por Vladimir. La madrugada del lunes, Vladimir las degolló. Trató de escapar pero fue detenido en Valencia pocas horas después. Está previsto que hoy declare ante la juez.

Un folio con una rosa enganchada era la señal de luto ayer en la fachada de la pizzería donde Sandra trabajaba los fines de semana en La Pobla de Vallbona. La consternación se reflejaba en los rostros de sus compañeros en la gestoría de L’Eliana donde hacía prácticas.


Vladimir confiesa el triple crimen y lo atribuye a una venganza por una traición

Isabel Rodríguez de la Torre – Elpais.com

31 de mayo de 2007

Fue minucioso en su relato y pródigo en detalles. Vladimir Rausell Blay invirtió más de ocho horas en contar a la Guardia Civil los pormenores de los crímenes de su exnovia, Sandra, de la madre de ésta y de su propio primo en La Pobla de Vallbona, por los que ya está en prisión.

Ayer, ante la jueza de instrucción número 4 de Liria reprodujo, en versión abreviada -apenas tres horas- pero con idéntica frialdad, el relato de la macabra madrugada del lunes, desde que irrumpiera en la vivienda número 7 de la calle San Francisco.

No fue un arrebato. Según fuentes del caso, el joven confesó que llevaba rumiando su particular venganza desde hacía tiempo. Contó cómo interrumpió abruptamente el sueño de las dos mujeres: cosió a puñaladas a la joven, de 19 años, y degolló a la madre, Julia, de 53, y, acto seguido, encaminó sus pasos hacia la calle La Parra, apenas a un kilómetro de distancia, para arrojar una botella con líquido inflamable y prender fuego a la casa en la que dormía su primo Ramón, que murió al día siguiente como consecuencia de las graves quemaduras que sufrió tras ayudar a su madre enferma y a su abuela anciana a huir de las llamas. Tenía 28 años.

No hubo en él ni un ápice de emoción; no dejó resquicio alguno al arrepentimiento. Mirando siempre a los ojos del que le interrogaba, ya fuerza [fuera] la jueza, la fiscal o su letrada -una abogada del turno de oficio- confesó que cometió el triple crimen por celos, que se sentía traicionado por la chica -que le había dejado tres meses antes tras dos años de relación- y por quienes, como la madre de la chica o su propio primo, tomaron partido por ella cuando el noviazgo se rompió. Dice que le irritaba verla feliz, relacionarse con otras personas en la pizzería en la que trabajaba los fines de semana.

Esposado, con la mirada perdida, las manos vendadas y vestido con un chandal blanco, Vladimir llegó al edificio judicial casi a las 13.00 horas. Sólo le acompañaban los agentes de la Guardia Civil.

Sin el apoyo de la familia

Siendo niño, Vladimir y su hermano Igor fueron adoptados por una familia de la localidad que les había acogido durante varios veranos en el marco del programa de vacaciones solidarias para niños afectados por el accidente nuclear de Chernóbil. Ningún familiar, ningún amigo le esperaba ayer en las inmediaciones del edificio judicial.

El reconocimiento del médico forense retrasó el inicio del interrogatorio hasta casi las 15.00 horas. Su comparecencia ante la juez instructora duró más de tres horas. Pasadas las 19.00, Vladimir salía de los Juzgados, con un rostro en el que ya se adivinaban signos de cansancio. La gelidez seguía instalada en su mirada cuando se metió en el furgón de la Guardia Civil que le trasladó a la cárcel de Picassent.

La juez decretó prisión provisional comunicada y sin fianza. Está acusado de tres delitos de homicidio, uno de incendio, otro de violencia contra la mujer y otro de tenencia ilícita de armas.

Ningún familiar, ningún amigo le esperaba tampoco a la salida del juzgado. A apenas diez kilómetros de distancia, en La Pobla, su padre -que tuvo que ser hospitalizado tras conocer el triple crimen-, sus dos hermanas de adopción y su hermano ucraniano asistían a los funerales de las tres víctimas. Las familias de los fallecidos no quisieron una ceremonia conjunta.


«Mi odio crece, mi ira aumenta»

Lydia Garrido – El País

16 de septiembre de 2007

Vladímir Rausell Blay está en el módulo hospitalario de la cárcel de Picassent, en Valencia, desde el 31 de mayo. Nadie va a visitarle. En la madrugada del 29 de ese mismo mes degolló a su exnovia Sandra Corral, de 20 años, y a la madre de ésta, Julia Manzanera, de 53, e incendió la casa de su primo Ramón, que murió dos días después a consecuencia de las quemaduras. Vladimir, de 23 años, ucranio de origen, había sido adoptado años antes junto con un hermano por una familia valenciana.

El texto de la declaración en el juzgado a la que a la que ha tenido acceso El País recoge que la relación con Sandra empezó hace cuatro años, aunque «desde noviembre se estropeaba». ¿En qué estado se encontraba Vladimir en esa época? «Rayado», afirma.

Él sabía que «Sandra mantenía otra relación con un compañero de clase». Llegó a esa conclusión porque le mintió sobre «unas fotos en las que se la veía junto con otros chicos». Y explica que fue en noviembre cuando se inició en el consumo de «cocaína y cristal». Antes fumaba porros.

El distanciamiento en la pareja llegó a un punto en el que ella, según el testimonio de Vladimir, le dijo que no le quería. En todo caso, sólo para practicar sexo. Vladimir se obsesionó con ella. Guapa, simpática, muy abierta, había hecho prácticas en el Ayuntamiento y compatibilizaba el trabajo en una pizzería con otro en una asesoría fiscal, pero le engañaba.

Vladimir también trabajaba y no la podía controlar. Su inquietud llegó a tal punto que intentó cortarse las venas. Ella le dejó porque «era muy fuerte lo que había hecho». Por la cabeza de él empezó a circular un torbellino de pesadillas, imágenes siniestras, recuerdos de una infancia dolorosa. En una pintura que guardaba en su casa había escrito: «Mi odio crece, mi ira aumenta». Así fue incubando la idea de acabar con Sandra. Y lo hizo.

Tras acuchillarla a ella y a la madre de ésta, fue a la buhardilla a buscar en un baúl el diario de Sandra. Lo encontró, lo leyó sentado en el suelo, buscando si en sus páginas había consignado otra relación. Encontró referencias sobre un chico de Buñol.

Vladimir tenía ya en su cámara de fotos el coche y la casa en la que vivía ese chico, y conocía sus movimientos. Miró también en el ordenador de Sandra las fotos que tenía. Después metió el diario en su mochila gris, se puso las zapatillas y se fue escaleras abajo, recogió las llaves de acceso a la puerta de la vivienda, abrió y las volvió a dejar donde estaban.

Desde ahí, caminando, se fue al corral de su primo Ramón, con el que le unía una estrecha relación, pese a que éste le recriminaba su comportamiento con Sandra. Allí encontró unas botellas con gasolina para la motosierra. Cogió cuatro y entró en la vivienda en la que su primo, su tía y su abuela todavía dormían. Derramó la gasolina por debajo de la puerta de la habitación de Ramón y la incendió.

El agente de la Guardia Civil que le tomó declaración comentó que «no dejó de hablar durante ocho horas. Lo contó todo, sin problemas, con todo lujo de detalles».

Su madre había muerto cuando él tenía nueve años. Desde entonces vivió «en un orfanato y en la calle, como podía». No aceptó la muerte de su madre y piensa que fue «envenenada por una vecina que le debía dinero».

Llegó a esa conclusión porque la hermana de su madre era «una especie de enfermera y le dijo que no se encontraba mal por beber como hacía siempre, sino que la habían envenenado».

Su infancia fue «mala», afirma que su madre le pegaba, que tenían que robar para comer, que sufrió malos tratos en el orfanato, «llegando a sufrir un intento de violación».

Relató también que, desde que llegó a España con 16 años, su vida cambió. «Vivía bien, pero tenía pensamientos raros, pensaba en el hermano pequeño que está solo y en los días que murió su madre».

A la juez de Llíria (Valencia) le confesó que quiere morirse y que, aunque vaya a la cárcel, los sueños le van a matar. Y pronosticó que más adelante se suicidará.

Machete, petardos con tornillos, cuerdas y veneno

La primera vez que Vladimir pensó en acabar con la vida de Sandra, según consta en su declaración, fue el pasado 25 de mayo. Ese viernes discutieron. Ella llegó a decirle que deseaba tener relaciones con otros chicos y que no quería volver a verle. Él pensó en envenenarla. Discutieron en los días sucesivos. Reconoce que la llamaba sin cesar, que la agobiaba, que la perseguía. Los celos le consumían.

Cuenta que la madrugada del 29 de mayo cogió «el machete, los petardos forrados de tornillería, cuerdas, veneno, una chaqueta negra de cuero y otra de plástico» y lo metió en la mochila. Mientras lo preparaba tomaba cocaína.

Poco antes de las seis de la mañana salió andando hacia la casa de la que aún creía que era su novia. Usó una cuerda para colocarse sobre el muro de la parte de atrás del adosado y llegar a una terraza desde la que se accede por una puerta a la habitación de Sandra.

Dejó las zapatillas, los pantalones, la camisa, la camiseta y la mochila en la terraza y se quedó en calcetines y calzoncillos. Se acercó muy despacio hasta la habitación y se introdujo debajo de la cama, donde permaneció entre cinco y diez minutos.

Ella notó una presencia que la despertó. Entonces él la acuchilló en el tórax, aún sin incorporarse. Los ruidos despertaron a la madre de Sandra. Al entrar en la habitación, la apuñaló y luego notó que tenía una herida en la cabeza y otra en el cuello. Las degolló y se quedó unos minutos allí «sin saber qué hacer, estaba muy nervioso».


85 años de cárcel por tres crímenes

Lydia Garrido – El País

12 de agosto de 2009

No aceptó la ruptura. Se sintió despreciado y preparó el crimen acompañado de cocaína y alcohol. Vladimir Rausell Blay mató en la madrugada del 28 de mayo de 2007 a su exnovia, Sandra Corral, de 20 años; a la madre de ésta, Julia Manzanera, de 53 años; y a su primo, de 28 años, Ramón Gimeno. Desde entonces, con 22 años, permanece en prisión. La fiscal pide 85 años de cárcel por los tres crímenes, el intento de asesinato de su tía y su abuela, el incendio en la casa familiar y amenazas y maltrato a Sandra.

Vladimir llegó a La Pobla de Vallbona por una ONG que procuraba acogida en verano para niños víctimas del accidente nuclear de Chernóbil. Él y su hermano Ígor, tras dos estancias, fueron adoptados por una de las parejas más conocidas de la localidad. Se incorporaron a una familia que tenía ya tres hijos. Estudió, hizo amigos, pero no desapareció su introversión.

Empezó su relación con Sandra en 2004. A finales de noviembre de 2006, llegó el deterioro. Él se proponía controlarla, sentía celos de todo. Y Sandra, cinco meses después, rompió. La reacción de Vladimir fue atosigarla, perseguirla e intentar suicidarse.

Poco antes del crimen, Sandra aceptó verle y dejarle explicarse. Él le expuso un relato de dolor y desesperación del que ella se sintió culpable, temerosa y amenazada. Se lo dijo a su madre, y también a los padres de Vladimir.

El joven empezó terapia con un psiquiatra. Pero, como él mismo declaró, en su cabeza se fueron sucediendo truculentas fantasías y terribles recuerdos. Su madre murió cuando tenía nueve años. Vivió en un orfanato y en la calle. Su infancia, afirmó ante el juez, fue «mala», su madre le pegaba, tenían que robar para comer, sufrió malos tratos en el orfanato, «llegando a sufrir un intento de violación».

En la madrugada del 28 de mayo de 2007 cogió «el machete, los petardos forrados de tornillería, cuerdas, veneno, una chaqueta negra de cuero y otra de plástico» y lo metió en la mochila.

A las cinco, salió de casa hacia la vivienda de Sandra. Escaló el muro, alcanzó la terraza y desde ahí, a la habitación de la chica. Se metió bajo la cama, descalzo, casi desnudo y armado. Ella notó una presencia que la despertó. Entonces, él la acuchilló hasta matarla. Los ruidos despertaron a la madre de Sandra. Al entrar en la habitación, la apuñaló hasta la muerte.

Se quedó unos minutos allí, se fumó un cigarrillo de marihuana y se fue a casa de su primo, al que culpaba de todo. Tiró gasolina y prendió fuego. Ramón salvó a su madre y a su abuela. Pero murió de las quemaduras. Y Vladimir abandonó La Pobla y llegó a Valencia. Buscaba a un chico con el que creía que salía Sandra. Fue detenido por la policía.


Internamiento psiquiátrico para Vladimir Rausell por tres asesinatos

Lydia Garrido – El País

1 de diciembre de 2009

Vladimir Rausell ha aceptado 59 años de prisión, sustituibles por un ingreso en un psiquiátrico, por las tres muertes que cometió en La Pobla de Vallbona en la madrugada del 28 de mayo de 2007: su exnovia, la madre de esta y su primo.

Rausell, de origen ucraniano, adoptado por una familia de La Pobla, se ha sentado en el banquillo y ha aceptado la comisión de los hechos y la pena por ellos. No ha querido ni siquiera usar el derecho a la última palabra. No ha mirado a la abuela del primo al que asesinó, una mujer que a duras se sostenía de pie en la sala. Solo cuando ya la policía lo sacaba de la sala, a los gritos «mírame, hijo de puta, mírame», proferidos por un familiar de las víctimas, desafiante y altanero se ha dado la vuelta.

La fiscalía solicitaba inicialmente 85 años de cárcel, que ahora rebaja a 59 y que sustituye por un ingreso psiquiátrico al entender que tenía mermadas sus facultades mentales. Con esa modificación han estado de acuerdo tanto las acusaciones particulares como la defensa del procesado.

Vladimir, de 24 años, llegó de Ucrania a los 15, acompañado de su hermano Ígor, dos años menor, para integrarse como hijo adoptivo en una familia de La Pobla. Antes había pasado varios veranos en España a través de un programa solidario con niños residentes en la zona afectada por el accidente nuclear de Chernóbil. Fue adoptado, estudio en Cheste e incluso se cambió el apellido a los 17 años.

El joven preparó a conciencia el asesinato de su exnovia, Sandra Corral, de 20 años, y de la madre de esta, Julia Manzanera, de 53. Se tiñó el pelo de oscuro, cogió una mochila, en la que metió un cuchillo, y entró de madrugada con sus llaves en casa de las víctimas. Allí las degolló y luego se trasladó a casa de su primo, Ramón, de 28 años, que había sido su mejor amigo, donde provocó un incendio. Al parecer, no le gustó que le recriminara el acoso al que sometía a Sandra. Ramón murió días después en el hospital La Fe de Valencia a causa de las quemaduras.


La mirada helada de Vladimir

Beatriz Lledó – Lasprovincias.es

6 de diciembre de 2009

Vladimir nació en un país gélido, Ucrania, y algunos de los que le conocieron aseguran que su mirada «te dejaba helado». El chico adoptado que vino de Europa del Este salió al paso de una infancia cruda. Se quedó huérfano a los nueve años. En plena juventud, cuando una familia valenciana le brindaba un futuro esperanzador, se convirtió en triple asesino.

Su estela de odio marcó para siempre a la Pobla de Vallbona, que todavía no ha olvidado la madrugada del 28 de mayo de 2007. Ese día el chico de Chernóbil, el hijo de Vicente y Chelo, mató de 41 puñaladas a su exnovia Sandra, degolló a la madre de esta, Julia, y quemó a su primo, Ramón. Esta semana ha llegado su castigo en la Audiencia de Valencia: 59 años de internamiento psiquiátrico, una justicia que muchos califican de «escasa para lo que hizo».

De la mano del juicio, el municipio de casi 20.000 habitantes ha vuelto la mirada atrás, a los días en los que Vladimir, pese a su lejano origen, era uno más. «Gustaba a las chicas y tenía una actitud muy chulesca. Era el típico chico popular», explica una conocida de Sandra.

Nació cerca de Chernóbil hace 24 años. Perdió a su padre cuando era pequeño. A los nueve años falleció su madre, una mujer consumida por el alcohol que le pegaba y le obligaba a robar. Ingresó entonces en un orfanato junto a su hermano, Igor.

Pero un destello iluminó toda esta oscuridad. En 1994 pasó su primer verano en España gracias a un programa de acogimiento para niños ucranianos. Fue en casa de los Rausell Blay, un matrimonio muy respetado en la Pobla de Vallbona.

Vicente, el cabeza de familia, dirige una sucursal bancaria y su mujer, Chelo, es ama de casa. Algunos veranos después se convirtieron en sus padres adoptivos. «Como Vladimir estaba con una buena familia a la madre de Sandra le pareció bien que salieran juntos», recuerda una vecina de las víctimas.

El chico era más bien tímido y tranquilo. «Callado, muy amable con todos y nada violento», califica al Vladimir de entonces uno de sus amigos que prefiere ocultar su nombre. Le gustaba jugar a fútbol aunque no era seguidor de ningún equipo en concreto. En clase, sobresalía. «Sacaba muy buenas notas. Las mejores. Era muy listo y estudiaba mucho», explica un compañero de pupitre.

Tras acabar 4º de ESO en el instituto de la Pobla de Vallbona, hizo un módulo de Electrónica de dos años en Llíria. «Estaba trabajando en una empresa de electricidad y a la vez se sacó el Bachiller. Quería estudiar una carrera y necesitaba tenerlo», recuerda.

Un par de cervezas

Como a cualquier adolescente, a Vladimir le gustaba salir de fiesta. Frecuentaba el pub TT’s de la Pobla. «Solía venir los fines de semana con sus colegas y, a veces, con su hermano. Se tomaba un par de cervezas y jugaba siempre al billar. Lo veía un chaval normal», relatan los empleados. Los encuentros con sus amigos se redujeron cuando conoció a Sandra. «Se pasaba todo el tiempo con la novia», asegura el amigo. «El último mes antes del crimen ya no apareció por aquí», cuentan en el local de copas.

Sandra, vecina de la Pobla y estudiante de Finanzas en Cheste, le robó el corazón en 2004. Ella tenía 17 años y el ucraniano era su primer novio. Encarna Manzanares, tía de la joven, casi no lo conoció pero aún recuerda su impresión cuando Sandra se lo presentó. «No me gustaba para ella. Era muy guapa y podía tener a cualquier chico. No le dije nada en su día y ahora me arrepiento», confiesa la mujer desde su casa de Ribarroja.

Su dolor es doble. Con el crimen perdió a su sobrina y a su hermana. «Pero es que Julia no sólo era eso. También era una buena amiga. Era mi única hermana y estábamos muy unidas. No tenía otra persona con la que hablar», lamenta con rabia contenida. Muy pronto, los vecinos del pueblo se dieron cuenta de algunos detalles oscuros en la relación entre Vladimir y Sandra. La actitud dominante y posesiva del chico preocupaba a la joven.

«Nunca me gustó. Era muy celoso. Si ella iba sola siempre se paraba a hablar conmigo y me sonreía. Pero cuando iba con Vladimir, ni siquiera me saludaba. Él no la dejaba. Muy serio, me lanzaba una mirada que me dejaba fría», recuerda Encarna.

Su diario

Estaba empeñado en que Sandra le dejara leer su diario. Una vez, tras preguntarle si le gustaba otro, le dio una bofetada cuando ella le contestó que no. Los celos estaban obrando en él un cambio radical. La relación tocó fondo en marzo de 2007. Sandra, que entonces tenía 20 años, fue quien dio el paso de romper definitivamente. Vladimir no encajó el rechazo. La amenazó con quitarse la vida si no volvían.

El amor se tornó en obsesión y ahogó su desasosiego con alcohol y cocaína. «Hacía guardia en la puerta de casa de ella. Se quedaba dentro del coche esperando», narra una vecina.. «No hablaba de la ruptura con Sandra, teníamos que preguntarle nosotros. Días antes del crimen estaba más callado de lo normal. Lo noté raro. Llevaba unos días así pero no decía nada», asegura uno de sus amigos.

Más de dos años después del triple crimen, familiares y amigos siguen consternados. El hogar de Vladimir, en el corazón del pueblo, destila tristeza. La vivienda tiene las persianas bajadas pero sigue habitada. Su padre adoptivo está en casa la mañana siguiente al juicio. «Lo siento mucho. Nunca hemos dicho nada y tampoco queremos hacerlo ahora». Son las únicas palabras de Vicente detrás de una puerta que se resiste a abrir del todo. Lo suficiente para palpar su sufrimiento. Su rostro cansado y su voz apagada lo dicen todo.

Igor, el hermano de Vladimir, «también lo ha pasado muy mal», aseguran sus vecinos. «Es un trozo de pan. Como se parecen físicamente algunos lo confundían por la calle», añaden.

Olvidarlo

Pese al tiempo transcurrido desde el baño de sangre, las heridas no terminan de cicatrizar. «Quiero olvidarlo todo. No puedo ni mirar a Vladimir en la televisión», lamenta, destrozada, una amiga de Sandra. «Después de lo que hizo, no quiero volver a saber nada de él», confiesa un allegado de Vladimir.

El escenario del crimen es una casa unifamiliar, de dos alturas, con la fachada rosa y una verja negra. Está situada a escasos metros del cuartel de la Guardia Civil. El timbre aún suena pero nadie abre. En el buzón no aparece ningún nombre. La vivienda permanece cerrada a cal y canto desde aquel fatídico 28 de mayo. «Ni se vende ni la ocupa nadie», dicen los vecinos. «Ellas ya no volverán», lamenta la hermana de Julia, «pero él sigue vivo. Ojalá se pudra en la cárcel».

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