Vincenzo Verzeni

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Vincenzo Verzeni

El vampiro de Bérgamo

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Sádismo - Evisceración - Mutilación - Llegaba al orgasmo asiendo a sus víctimas por la garganta, ahogándolas, infligiéndoles heridas con los dientes y sorbiendo su sangre
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 1870 / 1871
  • Fecha de detención: Agosto 1871
  • Fecha de nacimiento: 11 de abril de 1849
  • Perfil de las víctimas: Giovanna Motta, 14 / Elisabetta Pagnoncelli
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: Bérgamo, Italia
  • Estado: Condenado a trabajos forzados a perpetuidad en 1873. Transferido al psiquiátrico penitenciario de Milán el 13 de abril de 1874. Puesto en libertad en 1902. Muere de causas naturales el 31 de diciembre de 1918
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Vincenzo Verzeni, el Vampiro de Bérgamo

Última actualización: 21 de octubre de 2015

Vincenzo Verzeni comienza a actuar a los dieciocho años y no es detenido por la policía sino hasta cuatro años más tarde, cuando todavía no contaba con veintidós. Vincenzo es un muchacho fuerte, de un metro sesenta y seis de altura, un individuo común que pasa casi desapercibido, un campesino de Bérgamo que trabaja duro en el campo. Un chico dócil y solitario que utiliza la fuerza de sus brazos para ganarse la vida, poco hablador y del que todo el mundo piensa que no podría matar a una mosca.

Pero este chico tiene una doble personalidad, un alma que infernal reprimida y lista para explotar y golpear, y que entre 1870 y 1874 actúa en varias ocasiones en el campo de Bérgamo. La policía local no saben dónde buscar y sólo un error del asesino da lugar a un punto de inflexión en la investigación.

Verzeni pasó a la historia como el “Vampiro de Bérgamo”, así como el “Estrangulador de mujeres”, y es un arquetipo interesante de “asesino en serie-vampiro”, estudiado por Cesare Lombroso en su libro seminal El hombre delincuente.

Las motivaciones de Vincenzo Verzeni son el sexo y la sed de sangre, dos características que se fusionaron en una mente enferma que padecía un evidente traumatismo infantil. Solo es responsable de la muerte de dos mujeres, pero hubo muchos otros ataques con solo fines sexuales.

Si damos por buena la antigua definición del FBI, no podemos clasificar a Vinzenzo Verzeni entre los asesinos en serie, ya que los crímenes que llevó a término fueron sólo dos, pero sabemos que la definición criminológica estadounidense de la policía federal no está actualizada.

Vincenzo Verzeni es el primer asesino en serie cuya personalidad retorcida se estudió científicamente y en profundidad, hasta el punto de que Cesare Lombroso fundó en él sus teorías sobre el criminal nato. Lombroso determinó que su paciente padecía cretinismo, como toda su familia y, por lo tanto, los defectos hereditarios afectaban a su comportamiento criminal, que puede ser considerado anormal desde su nacimiento. El académico concluye que Verzeni sufría pelagra y necrofilia, o una demencia por amores monstruosos o sanguinarios. De hecho, Vincenzo Verzeni mata según rituales vampíricos precisos, y la sangre desempeña un importante papel simbólico en sus actividades criminales.

El chico tiene una historia familiar compleja, un padre casi siempre borracho que le pega por nada, una madre sumisa y dominada que no puede cambiar la situación. Su familia es pobre y especialmente tacaña de una manera patológica, hasta el punto de prohibir a Vincenzo cualquier tipo de relación romántica, por temor a tener que hacer frente a los costes de un futuro matrimonio.

Vincenzo Verzeni incuba su resentimiento en silencio, sin hablar con nadie (y ¿quién podría?), aguanta dentro de sí ansiedades y frustraciones que se alimentan día a día y que acaban produciendo una mezcla explosiva.

Entre las siete y las ocho de la mañana del jueves 8 de diciembre 1870, su ira estalla de improviso y sin una razón aparente. Quien acabó pagando este cúmulo de desdichas fue Giovanna Motta, una niña de catorce años que iba a visitar a sus familiares que vivían en Suiso, un pueblo no muy lejos de Bottanuco.

Giovanna decidió atajar campo a través y no sabía que, como una moderna Caperucita Roja, se iba a encontrar al lobo feroz, papel interpretado por Vincenzo Verzeni. Giovanna nunca llegó a Suiso; según las autoridades, desapareció misteriosamente en medio de un bosque de esqueléticos álamos y entre los campos cubiertos de escarcha.

Cuatro días después tuvo lugar el macabro hallazgo de su cuerpo, encontrado tumbado junto a un árbol de morera. La niña estaba sólo vestida con una media que cubría parte de su pierna izquierda, el resto del cuerpo estaba lleno de cortes y cubierto de arañazos. Había una roca junto al cadáver y 10 alfileres de pelo dispuestos en un patrón radial a su alrededor. La joven, al pie de un charco de sangre seca, había sido estrangulada, tenía los miembros internos expuestos y destrozados, mordeduras en el cuello, las extremidades desgarradas.

Vincenzo Verzeni no contento con este primer crimen, que seguía impune, atacó de nuevo, y lo hizo en el campo de Bottanuco, el pueblo donde vivía, cerca de Bérgamo. Vincenzo Verzeni es el clásico asesino que comete siempre sus actos nefastos en el lugar donde siempre ha vivido, donde pasó su infeliz infancia y adolescencia.

La segunda víctima fue Elizabeth Pagnoncelli, brutalmente asesinada dos años después del primer crimen, siguiendo un ritual vampírico muy similar. Se encontró un cuerpo sacrificado, con sangre seca alrededor, con mordeduras y arañazos por todas partes.

En el lapso entre ambos asesinatos, Vincenzo Verzeni no permaneció de brazos cruzados, sino que intentó, sin éxito, atacar y matar a otras mujeres para saciar su sed de sangre. Maria Previtali escapó de la muerte la noche antes del asesinato de Elizabeth Pagnoncelli, y es este asesinato frustrado el que costó a Vincenzo Verzeni su captura y, poco después, un proceso rápido. Fueron dos los testimonios que lo involucraron. El Tribunal de lo Penal de Bérgamo condenó al acusado a trabajos forzados de por vida y Verzeni escapó a la pena de muerte por fusilamiento sólo gracias al voto de un miembro del jurado.

Durante el proceso salieron a la luz otros delitos cometidos durante los cuatro años de la locura criminal de Vinzenzo Verzeni, como un intento de estrangular de la niña de doce años Marianna Verzeni y Margherita Esposito. El acusado afirmó durante el juicio: “Es verdad que he matado a esa mujer y traté de estrangular a la otra, porque sentía un gran placer en ese acto. Los arañazos que se encontraron en los cuerpos no fueron producidos con las uñas, sino con los dientes, porque después de estrangularla, la mordí y chupé la sangre que caía, lo que me hizo disfrutar mucho”.

Vincenzo Verzeni no aguantaba la cárcel y los trabajos forzados, parecía no aceptar la cadena perpetua, y se cerraba en un silencio cada vez más impenetrable. Por ese motivo es transferido al psiquiátrico penitenciario de Milán Porta Vittoria, pero incluso aquí Verzeni no resiste el “tratamiento moral” de aislamiento y la total oscuridad, las duchas de agua fría que le caen en la cabeza desde una altura de tres metros, alternadas con baños sorpresa de agua hirviendo.

Los guardias tampoco prescindían de los electroshocks ni de la medicación, que le hacían permanecer somnoliento y aturdido. El psiquiátrico se convirtió para él en un hoyo infernal donde se apilaban uno a uno cientos de presos, ciertamente no el mejor lugar para recuperar una cordura imposible.

Según Lombroso, su paciente era el ejemplo clásico de asesino habitual, ya que tenía la mirada vidriosa, fría, inmóvil, a veces inyectados en sangre, orejas largas, pómulos anchos, contracciones unilaterales de la cara y utilizaba los dientes caninos para burlarse y amenazar.

Vincenzo Verzeni se cerraba cada vez más en un silencio impenetrable, hasta el 23 de julio de 1874, cuando las enfermeras lo encontraron ahorcado en su celda a las cuatro de la mañana. El cuerpo de Vincenzo Verzeni estaba colgado en la pared, totalmente desnudo salvo por unas zapatillas gastadas, colgado del cuello a una cuerda atada a la reja de la ventana. Las enfermeras pensaron que aún estaba vivo, cortaron la cuerda y lo colocaron sobre el camastro de la celda, pero el médico de guardia, quien llegó corriendo en unos minutos, no pudo más que certificar su muerte.

Verzeni era un vampiro sádico que mataba impulsado por motivos sexuales, el asesino en serie típico con trastornos psicológicos y afectivos graves. Nada que ver con el caso, casi contemporáneo, de Antonio Boggia que por comparación encajaría más en un asesino ordinario por interés, incluso si su acción se ve agravada por brutales asesinatos y la necrofilia.

Vincenzo Verzeni no tiene ningún interés económico en la eliminación de la víctima, para él es sólo un medio para satisfacer una furia asesina y su sed de sangre. El asesino de Bérgamo encontraba placer sexual en estrangular a la mujer elegida y sufría una fuerte excitación que le llevaba a eyacular sobre el cuerpo, incluso masacrado.

Vincenzo Verzeni estrangulaba, mordía, bebía la sangre de su víctima, y finalmente destruye el cadáver. Un monstruo en toda regla, un evento que altera la pequeña ciudad de Bérgamo y de la península entera, que se encuentra cara a cara por primera vez con un loco que mata con la metodología de un vampiro. El asesino practica rituales absurdos alrededor del cuerpo masacrado, sobre todo en la escena del crimen deja una serie de agujas de pelo colocadas a fin de construir una figura geométrica. Qué querían decir, es un misterio, y nadie ha sido capaz de explicarlo.

Lombroso utilizó el caso para escribir El hombre delincuente en relación con la antropología, el derecho y la economía (1876), un texto fundamental que marca el nacimiento de la antropología criminal moderna.

Por supuesto, hoy en día las tesis de Lombroso son anticuadas, pero en ese momento, sólo el hecho de estudiar la mente de un criminal con el fin de entender las razones de su motivación para cometer un delito, era una gran novedad. Lombroso establece algunas conexiones entre las anormalidades físicas y psicosomáticas del individuo y la degeneración moral del delincuente.

En el caso de Vincenzo Verzeni se puede compartir el diagnóstico de que la base de la conducta criminal se encontraba en una enfermedad mental, pero el resto de su teoría, basada en la distinción entre delincuentes ocasionales, de hábito, natos (instintivos y por tendencia), pasionales y enfermos mentales, es demasiado esquemática y simplista.

Entre otras cosas, el uso del caso de Vincenzo Verzeni sirvió a Lombroso para mostrar que los defectos hereditarios congénitos son la principal causa de la conducta delictiva. En el caso del Vampiro de Bérgamo la tesis era impecable, pero no era lógico ampliarla a la tipología ordinaria criminal. Lombroso ha sido también importante por abrir una escuela positiva de derecho penal y por haber difundido la idea de la necesidad de sanar en lugar de castigar a una persona con defectos hereditarios que le llevaron a cometer un delito.


Vincenzo Verzeni

Richard von Krafft-Ebing – Psychopatia sexualis

Nacido en 1849; en prisión desde el 11 de enero de 1872, acusado de los siguientes delitos:

(1) un intento de estrangular a su criada Marianne mientras se encontraba enferma en cama; (2) un intento similar sobre una mujer casada de 27 años, llamada Arsuffi y (3) un intento de estrangular a una mujer casada, Gala, agarrándola por la garganta arrodillado sobre su abdomen.

Vincenzo Verzeni era asimismo sospechoso de los siguientes asesinatos:

En diciembre, una muchacha de 14 años, Johanna Motta, salió en dirección a una aldea vecina entre las siete y las ocho de la mañana. Como no regresaba, su amo empezó a buscarla y descubrió el cuerpo cerca de la aldea, tirado en un camino entre los campos. El cadáver estaba terriblemente mutilado, con numerosas heridas. Los intestinos y los genitales habían sido arrancados del cuerpo y estaban esparcidos alrededor.

La desnudez del cuerpo y las erosiones en los muslos parecían indicar que probablemente había sido un intento de violación; la boca, llena de tierra, apuntaba a una asfixia por sofocación. En las cercanías del cuerpo, bajo una pila de paja, se encontraron un trozo de carne arrancada de la pantorrilla derecha y pedazos de su vestido. El autor del acto no había sido descubierto.

El 28 de agosto de 1871 Frigeni, una mujer casada de 28 años, salió en dirección al campo por la mañana temprano. Como no estaba de regreso a las ocho de la tarde, su marido salió a buscarla. Encontró su cadáver, desnudo en el campo, con una cuerda alrededor del cuello, con la que había sido estrangulada, y con numerosas heridas. Tenía la pared abdominal desgarrada y abierta y los intestinos colgaban en el exterior.

El 29 de agosto al mediodía, cuando una muchacha de 19 años llamada María Previtali salió en dirección al prado, fue seguida por su primo, Vincenzo Verzeni. La arrastró hasta un campo de trigo, la tiró al suelo y empezó a estrangularla. Cuando la dejó un momento para comprobar si había alguien cerca, la muchacha se levantó y, tras muchas súplicas, logró convencerlo de que la dejara ir, después de que Verzeni hubiera mantenido sus manos atenazándole el cuello durante un tiempo.

Vincenzo Verzeni fue llevado a juicio. Tenía entonces 22 años. En la prisión se comportó como un cínico. Se masturbaba y hacía esfuerzos para que lo vieran las mujeres.

Vincenzo Verzeni confesó por fin sus actos y sus motivos. La realización de éstos le producía una sensación indescriptiblemente agradable (lasciva), que se acompañaba de erección y eyaculación. Tan pronto como asía a su víctima por el cuello, experimentaba las sensaciones sexuales. Le daba igual que las mujeres fueran viejas, jóvenes, feas o hermosas.

En general, el simple hecho de apretarles el cuello lo satisfacía, y entonces, saciado su instinto, les permitía vivir; en los dos casos mencionados, la satisfacción sexual completa tardó en llegar y continuó apretando hasta que murieron. La satisfacción sexual experimentada en el estrangulamiento era mayor que en la masturbación. Las heridas de la piel en los muslos de Motta habían sido producidos por sus dientes, mientras que chupaba la sangre, sumado en un intenso placer lascivo.

Le había arrancado un pedazo de carne de la pantorrilla y se lo había llevado consigo para asarlo en su casa, pero de camino lo ocultó bajo un montón de paja, por miedo a que su madre sospechase algo. También se llevó durante una parte del trayecto pedazos del vestido y de los intestinos, porque olerlos y tocarlos le producía un enorme placer. Durante los momentos de intensa fruición sexual poseía una fuerza enorme.

Nunca se había comportado como un loco; mientras cometía sus actos no percibía nada a su alrededor (aparentemente como resultado de la intensa excitación sexual tenía lugar una obnubilación de los sentidos). Una vez cometidos solía sentirse muy feliz y disfrutaba de un sentimiento de enorme deleite. No estaba apesadumbrado. Nunca se le había ocurrido tocar los genitales de las mujeres martirizadas o violar a sus víctimas. Se había sentido satisfecho con sólo estrangularlas y chuparles la sangre.

Las declaraciones de este vampiro moderno parecen descansar sobre la verdad. Los impulsos sexuales normales parecen ser algo extraño para él. Tuvo dos novias y se contentó con mirarlas; le parecía muy extraño no haber sentido en ningún momento deseos de estrangularlas o apretarlas con las manos, pero nunca llegó a sentir el mismo placer con ellas que con sus víctimas. No existía rastro alguno de sentido moral, de remordimientos o de algo parecido.

El propio Verzeni confesó que sería una buena cosa si lo guardaban en la cárcel, porque en libertad no podría resistir sus impulsos. Fue sentenciado a cadena perpetua.

Las confesiones que hizo el propio Vincenzo Verzeni tras la sentencia son interesantes: “Sentí una delicia indescriptible al estrangular mujeres y, mientras lo hacía, tuve erecciones y verdadero placer sexual. Incluso era placentero oler los vestidos femeninos. El sentimiento de placer mientras las estrangulaba era mucho mayor que el de una masturbación. Fue delicioso beber la sangre de Motta. Otra cosa que también me producía un gran placer era quitarles a las víctimas las horquillas del pelo”.

“Me llevé los vestidos y los intestinos por el placer que sentía oliéndolos y tocándolos. Al final, mi madre empezó a sospechar de mí, porque notó manchas de esperma en mi camisa después de cada asesinato o de cada intento. Yo no estoy loco, pero en el momento de estrangular a mis víctimas no veía nada más. Después de cometer los actos me sentía satisfecho y bien. Nunca se me ocurrió tocar o mirar los genitales o cosas por el estilo. Me gustaba agarrar a las mujeres por el cuello y chuparles la sangre. No sé como está hecha una mujer. Mientras las estrangulaba y después de estrangularlas, apretaba mi cuerpo entero contra el de ellas sin pensar en una parte más que en otra”.

Vincenzo Verzeni se inició en estos actos perversos de manera bastante curiosa, cuando a los 12 años notó que sentía un gran placer al retorcer el pescuezo de las gallinas. Una vez que empezó con tales prácticas, mataba con frecuencia gran número de ellas y luego decía que era obra de una comadreja.


Vincenzo Verzeni

R. E. L. Masters / Eduard Lea – Sexualidad criminal en la historia

Me satisfacía asir a las mujeres por el cuello y chuparles la sangre. Pero hasta hoy he de confesar mi ignorancia respecto a cómo está formada una mujer.

De la confesión de un vampiro.

Mientras las pruebas no son concluyentes, parece haber existido en el pasado una reconocida «psicosis vampírica», semejante a la del «hombre-lobo» ya estudiada anteriormente.

Los crímenes atribuidos a los vampiros, bebiéndose la sangre de sus víctimas, obviamente en algunos casos tienen una base parcial, como la tienen los crímenes de los hombres-lobo. Al menos un vampiro, el voukodlak, se reconoce incluso en la leyenda, como un psicópata (temporal) y una persona “poseída”.

También es descrito como un sonámbulo. Viola a las jóvenes y bebe su sangre mientras está poseído del estado de trance, y ataca a cualquiera que se le interponga, sin inhibiciones de ninguna clase.

El individuo creía que su vida dependía de la obtención de sangre fresca de sus víctimas humanas. El psicótico puede, en algunos casos, creerse muerto, como en las leyendas de vampiros de muchos países, donde el vampiro es un cadáver animado, que se alimenta mediante asaltos periódicos a las víctimas, cuya sangre consume.

En los tiempos modernos, la existencia de la leyenda del vampiro suele dar por resultado una ilusión por parte de individuos psicopáticos, que se imaginan ser vampiros, como otros psicópatas creen ser diversos monstruos de folklore y leyenda, como por ejemplo en el caso de los psicóticos Wendigo del norte del Canadá.

Además, existe una perversión sexual denominada vampirismo. El desviado, o sedicente vampiro, se ve obsesionado por la idea de chupar o beber sangre, tal vez tras haber herido o matado a su víctima; y sólo halla satisfacción al trasladar sus fantasías sangrientas a la práctica.

Un caso clásico de vampirismo fue el de Vincenzo Verzeni, cuyos crímenes fueron cometidos en Italia en los años 1867-71. Llegaba al orgasmo asiendo a sus víctimas por la garganta, ahogándolas, infligiéndoles heridas con los dientes y sorbiendo su sangre. En muchos casos de vampirismo, el acto de asir la garganta de la víctima es, al parecer, tan importante como el de sorber la sangre.

Vincenzo Verzeni fue acusado de dos asesinatos, varios asaltos de vampirismo e intentos de asesinato. La víctima de su primer crimen fue Johanna Motta, una niña de catorce años, que salió una mañana de diciembre hacia una aldea cercana y no regresó.

Se descubrió su cuerpo cerca de su pueblo, tendido al lado de un camino. Estaba desnuda y mutilada, y la boca llena de tierra. Los dientes de su atacante le habían desgarrado los muslos, y le habían sido arrancados los intestinos y los genitales, que fueron hallados no lejos de allí. También se encontró escondida una parte de la pantorrilla derecha junto con pedazos de tela, bajo un montón de paja.

Unos ocho meses más tarde, una mujer casada, de nombre Frigeni, de veintiocho años de edad, salió una mañana a trabajar al campo y al anochecer aún no había regresado. Su esposo salió en su busca y no tardó en encontrar su cuerpo. Estaba también desnuda y mutilada, y su cuello mostraba señales de la correa con que había sido estrangulada. Los dientes del asesino le habían arrancado porciones de carne, habiéndole desgarrado el abdomen, con el propósito de poder extirpar los intestinos.

Al día siguiente, María Previtali, una prima de Verzeni de diecinueve años de edad, salió al campo y observó que su primo la iba siguiendo. En vista de los recientes crímenes, María se asustó. Verzeni la arrojó al suelo y le rodeó la garganta con las manos, pero ella consiguió desasirse, ponerse de pie, y le convenció para que la dejara marchar. inmediatamente informó del incidente a las autoridades.

Vincenzo Verzeni, a la sazón de veintidós años, efectuó una confesión detallada. Krafft-Ebing, escribe:

Vincenzo Verzeni confesó finalmente sus hazañas y su motivo. La comisión de aquéllas le producía un placer indescriptible (lascivo), acompañado de erección y eyaculación. Tan pronto como asía a su víctima por el cuello, experimentaba sensaciones sexuales. Lo mismo las sentía si la mujer era vieja, joven, guapa o fea. Usualmente, apretar sólo el cuello ya le satisfacía, en cuyo caso les perdonaba la vida; en los dos casos de asesinato, la satisfacción sexual se retrasó, y continuó apretando hasta que fallecieron. La complacencia experimentada en estos actos era mayor que en la masturbación. Las magulladuras en la piel de los muslos de Juana Motta fueron producidas por los dientes, cuando le succionó la sangre con el más intenso de los placeres. Desgarró un poco de carne de una pantorrilla y se la llevó consigo para asarla en casa; pero por el camino la escondió bajo un pajar, por miedo a que su madre sospechase de él. También se llevó restos de ropa e intestinos a cierta distancia, porque le producía sumo placer olerlos y tocarlos. La fuerza que poseía en los momentos de placer sexual era enorme. No era tonto, pero cuando cometía tales hazañas jamás observaba nada a su alrededor (probablemente como resultado de su intensa excitación sexual).

Después de tales actos se sentía sumamente dichoso. Nunca tuvo remordimientos de conciencia. Ni se le ocurrió tocar los genitales de las mujeres sacrificadas, (esta declaración parece hallarse en conflicto con la comunicación de que en un caso los genitales fueron extirpados del cuerpo y hallados a cierta distancia) o violar a sus víctimas. Se contentaba con asaltarlas y chuparles la sangre.

Lombroso afirma que Vinzenzo Verzeni sólo confesó después de un largo interrogatorio, y cuando su coartada quedó destruida. También intentó arrojar sospechas sobre otros miembros de su comunidad.

Verzeni poseía al menos una inteligencia normal. Era un joven «peculiar», pero sin síntomas de psicosis (según sus examinadores). En la cárcel mostraba cierta ingenuidad al intentar captar un vislumbre de mujeres y se masturbaba con frecuencia. Afirmaba que repetiría sus ataques si lo liberaban y estuvo de acuerdo con el veredicto del tribunal, que lo sentenció a cadena perpetua.

Vincenzo Verzeni, a los doce años de edad, experimentaba placer sexual al retorcer el cuello de una gallina. Había matado a muchas, achacando dichas muertes a las comadrejas. Más adelante, ya le fueron necesarias gargantas humanas.

Declaró:

«Sentía una delicia inefable al estrangular a las mujeres, y durante estas operaciones experimentaba verdaderas erecciones y placer sexual. La sensación del placer mientras las estrangulaba era mayor que la que experimentaba masturbándome. También me complacía chupar la sangre… Y el mayor de todos los placeres me lo procuró quitar los alfileres del cabello de mis víctimas.

»Jamás se me ocurrió mirar o tocar los genitales. Me satisfacía asir a las mujeres por la garganta, apretar y chupar la sangre.»

Los individuos que se imaginen ser vampiros -muertos en vida, o al menos teniendo que alimentarse de sangre humana-, son muy raros en la actualidad. Sin embargo, en febrero de 1960, un hombre que sufría una de estas ilusiones fatales, estableció un reinado de terror en una ciudad de la parte norte-central de Argentina. Atacó a unas quince mujeres cuando dormían.

Las víctimas contaron a la policía que el criminal penetraba en sus cuartos por las ventanas abiertas -así estaban a causa del calor-, y las sujetaba a la cama, mordiendo profundamente la garganta y bebiendo la sangre. El despacho que da cuenta de este incidente no añade si las mujeres fueron violadas; aunque es más fácil creer que el vampiro obtuviese su gratificación de la succión de la sangre y también de las heridas que infligía.

Fue arrestado el 14 de febrero, cuando un policía oyó unos chillidos y llegó a tiempo de ver a una figura vestida de negro abandonando una casa. El agente siguió al hombre hasta una cueva, y entonces requirió ayuda. Cuando los policías llegaron a la cueva hallaron al vampiro, vistiendo sombrero y capa negros, sumido en un sueño parecido al coma.

Arrestado, confesó haber atacado a unas quince mujeres, pero se negó a dar ninguna explicación de su conducta, afirmando sólo que ignoraba qué le había impulsado a ello. (Una declaración muy corriente de los criminales que no desean confesar su perversión sexual, aunque la reconocen bajo un interrogatorio llevado a cabo por un hábil psiquiatra.) La Policía identificó al vampiro en cuestión como Florencio Fernández, un albañil de veinticinco años.

 


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