Vicente Isabel Burgos

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Vicente Isabel Burgos
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Mientras realizaban el acto sexual le asestó dos puñaladas con un machete
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 2 de mayo de 2000
  • Fecha de detención: 6 de mayo de 2000
  • Fecha de nacimiento: 1969
  • Perfil de las víctimas: Esther Redondo García, de 23 años
  • Método de matar: Puñaladas con un machete
  • Localización: Pozuelo de Alarcón, Madrid, España
  • Estado: Condenado a 15 años de prisión el 3 de febrero de 2002
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Vicente Isabel Burgos – Encontrado el cadáver desnudo de una mujer de 30 años abierto en canal en un apartamento de Pozuelo

F. Javier Barroso – Elpais.com

6 de mayo de 2000

Una largo corte, que iba desde el estómago hasta el pecho, y quemaduras en el pubis y en el muslo izquierdo. Ésas son las heridas mortales que se observaban en el cadáver de una mujer de unos 30 años que fue hallada ayer en un apartamento alquilado de Pozuelo de Alarcón (62.000 habitantes), según la policía.

El hermano del arrendatario del piso, la novia de éste y unos amigos encontraron el cuerpo sin vida de la mujer cuando un cerrajero abrió la puerta de la vivienda, sita en la avenida de Europa. Los hechos ocurrieron alrededor de las 19.15, en el portal 2 de la avenida de Europa, número 7, en la lujosa urbanización Casa de Campo.

Los familiares y amigos del inquilino se acercaron al domicilio, ante la falta de noticias de su pariente desde hacía varios días. Llamaron a la puerta y nadie respondía. Los vecinos afirman que en la primera planta había un olor fétido.

Los familiares avisaron a un cerrajero para abrir la puerta. Cuando pudieron acceder a su interior, se encontraron con la mujer, de unos 30 años, tendida boca arriba, con un largo y profundo corte que iba desde el estómago hasta el esternón. También presentaba señales en el pubis y el muslo izquierdo. La víctima, de la que sólo se sabe que era empleada administrativa, estaba desnuda, según la policía.

Los familiares y amigos avisaron de inmediato al teléfono regional de emergencias 112, que movilizó a la comisaría de Policía de Pozuelo de Alarcón. Los agentes interrogaron a las personas que encontraron el cadáver y a los vecinos del apartamento 16, en la primera planta del edificio.

Según los vecinos, todo el edificio está dedicado al alquiler. En la vivienda donde se encontró el cadáver habita un profesor que da clases particulares. Eso hace que haya un gran trasiego de personas, sobre todo, de alumnos que van al inmueble a recibir las clases.

El novio de la víctima, principal sospechoso del homicidio

Los vecinos también señalaron anoche que el profesor llevaba más de un año en el apartamento y que hasta la fecha se había caracterizado por no haber causado ningún altercado en el inmueble. Según fuentes policiales, este hombre, que se halla en paradero desconocido, es el principal sospechoso del crimen, que posiblemente tiene un móvil pasional.

«El problema de estos edificios es que la gente pasa muy poco tiempo en los apartamentos. Lo mismo están dos o tres meses y luego se marchan, que están temporadas más largas; pero existe muy poca relación entre los vecinos», señaló uno de los inquilinos.

El Grupo de Homicidios y la Brigada de Policía Científica inspeccionaron toda la vivienda. Esta consta de un salón, una cocina, dos habitaciones, un baño y un aseo. Estuvieron sacando huellas y recogiendo la ropa de la fallecida, así como diversos objetos personales suyos y enseres de la vivienda. La titular del Juzgado número 6 de Majadahonda se encarga de la instrucción del caso.

Alrededor de las diez de la noche, ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al Instituto Anatómico Forense, donde esta mañana se le practicará la autopsia. Los familiares y amigos del inquilino del apartamento estaban declarando anoche en la comisaría de Pozuelo de Alarcón. Ninguno de ellos pudo identificar el cadáver, según la Jefatura Superior de Policía.

La inspección de la herida y el grado de descomposición del cadáver hacen sospechar a la policía que la mujer llevaba al menos dos días muerta. El homicidio puedo producirse el miércoles, según fuentes policiales. El Grupo de Homicidios ha centrado sus investigaciones en el novio de la víctima y actual morador del apartamento. Las mismas fuentes señalaron que el inquilino se encuentra en paradero desconocido desde hacía varios días.

La avenida de Europa es una de las zonas modernas de Pozuelo de Alarcón. Se caracteriza por contar con viviendas de lujo. Anoche se encontraba repleta de jóvenes que estaban en los bares de la zona, ajenos al homicidio que había ocurrido en el apartamento 16.


El presunto homicida de Pozuelo dejó una nota en la que dice estar «harto de vivir así»

Jesús Duva – Elpais.com

7 de mayo de 2000

La policía ha cursado una orden de busca y captura del profesor de matemáticas Vicente I. B. como principal sospechoso del asesinato de una mujer de 27 años en su piso de Pozuelo de Alarcón (62.000 habitantes). En la noche del pasado viernes fue descubierto el cadáver de la víctima, abierta en canal y con quemaduras de cigarrillo en el pubis y en un muslo.

Antes de huir, el supuesto homicida garabateó con rotulador en las paredes del apartamento frases insultantes como: «Eres una puta y yo soy un cabrón». En algunas otras notas escribió: «Estoy harto de vivir así» y «Este mundo es una mierda».

La víctima, que posiblemente había sido asesinada el pasado miércoles, ha sido identificada como Esther Redondo García, de 27 años, que residía con una hermana en la localidad de Alcalá de Henares, según fuentes policiales. Ésta había presentado el jueves una denuncia por desaparición al advertir que Esther no regresaba.

El cuerpo sin vida de la joven fue encontrado por un hermano de Vicente, la novia de éste y unos amigos, que requirieron los servicios de un cerrajero para que abriera la puerta del apartamento del número 7 de la avenida de Europa, de Pozuelo de Alarcón. Antes habían llamado repetidamente, sin obtener respuesta, por lo que sospecharon que Vicente podría haber sufrido algún percance, ya que llevaban varios días sin tener la menor noticia de él.

El sospechoso, natural de Santa Cruz de Tenerife y cuya edad ronda la treintena, ha desaparecido, al igual que su coche, por lo que los investigadores creen que ha huido. Vicente vivía de dar clases particulares de matemáticas y económicas en su piso. No se ha precisado qué relación tenía con la víctima ni el móvil del crimen, aunque todo apunta a un posible desengaño de tipo pasional.

El profesor buscado mantenía relaciones sentimentales estables con una mujer que trabaja en Toledo durante los días laborales. Ambos solían verse en Madrid durante los fines de semana, según fuentes policiales, que anoche aseguraban que no podían precisar desde cuándo se conocían la fallecida Esther y el supuesto homicida. No obstante, otras fuentes señalan que ambos se conocían desde hace cuatro o cinco meses.

Huellas dactilares

La víctima fue identificada rápidamente gracias a que la policía halló su carné de identidad en la vivienda de la avenida de Europa. No obstante, los encargados del caso decidieron cotejar las huellas necrodactilares de la víctima con la ficha digital existente en los archivos del Documento Nacional de Identidad. La prueba confirmó plenamente que se trataba de Esther Redondo, natural de Terrassa (Barcelona), que, al parecer, trabajaba como auxiliar administrativa.

El cadáver fue encontrado desnudo, caído boca arriba, en el salón del apartamento. Presentaba un largo corte desde el abdomen al esternón efectuado con un cuchillo de cocina que se encontró en la propia vivienda.

En el registro efectuado en el lugar del crimen, los agentes del Grupo de Homicidios no han localizado correas, ni esposas ni ningún otro instrumento de los habitualmente utilizados por los hombres de tendencias sadomasoquistas. En cambio, sí se localizaron todas las prendas de vestir de la joven, así como el teléfono móvil de Vicente I. B.

Ayer, a través de la grabación registrada en el contestador automático del teléfono fijo de la vivienda de la avenida de Europa, el profesor, con un marcado acento canario, respondía una y otra vez: «Hola. Ahora mismo o no estoy en casa o estoy hablando por la otra línea. De todas formas, me puedes llamar al número…». Y a continuación facilitaba el número de su teléfono móvil, el que ha sido descubierto en el apartamento.

Los vecinos comentaron ayer que no conocían a la víctima ni al inquilino del apartamento número 16 del portal 2 de la avenida de Europa, número 7. Aseguraron que se trata de un edificio de viviendas que se alquilan para cortas temporadas y que los moradores cambian de forma habitual. Varios inquilinos desconocían incluso que en la primera planta se hubiera producido un homicidio tan espantoso.

Los vecinos también explicaron que no habían oído gritos ni nada extraño durante el martes o miércoles, los días más probables en que falleciera Esther, según las primeras investigaciones.

Ayer se practicó la autopsia al cuerpo de Esther. Por la noche nadie había reclamado el cadáver en el Instituto Anatómico Forense y, según informaron fuentes judiciales, la familia de la fallecida pedirá previsiblemente hoy su traslado hasta el cementerio de Alcalá de Henares.

La Jefatura Superior de Policía de Madrid difundió ayer una orden de busca y captura a todas las comisarías de España, así como una foto del supuesto fugitivo. Éste tiene numerosos amigos en localidades de la costa valenciana, por lo que la búsqueda es especialmente intensa en esta región, informa Luis Fernando Durán. Fuentes próximas a la investigación aseguraron anoche, sin embargo, que no hay la menor pista de su paradero ni del coche que se supone que conduce.


El profesor que mató a una mujer en Pozuelo declara que no sabe por qué lo hizo

Luis Fernando Durán – Elpais.com

9 de mayo de 2000

Vicente Isabel Burgos, de 31 años, supuesto homicida de Ester Redondo García, la mujer de 27 años hallada el pasado viernes abierta en canal en un apartamento de Pozuelo de Alarcón, declaró ayer que ignora por qué lo hizo y que se arrepiente del crimen, según explicaron fuentes policiales.

La víctima, que ejercía la prostitución y anunciaba sus servicios en los periódicos, mantuvo relaciones con su supuesto asesino al menos en dos ocasiones, según reconoció ayer ante la policía Vicente Isabel, que daba clases particulares de matemáticas en su apartamento de la avenida de Europa, 7, de Pozuelo. El supuesto homicida indicó que no recordaba cómo mató a la mujer, con la que mantenía relaciones esporádicas.

El crimen ocurrió el martes de la semana pasada, según las investigaciones policiales. El cadáver de la mujer fue descubierto tres días después en el apartamento de Pozuelo por la novia de Vicente Isabel, el hermano de éste y unos amigos. Al entrar se encontraron con el cuerpo de Ester tendida [tendido] en el salón, desnuda [desnudo] y boca arriba y con un profundo corte que le iba desde el pecho hasta el estómago. Además, tenía quemaduras de cigarrillo en el pubis y en el muslo izquierdo.

En la pared del salón del apartamento, Vicente Isabel había escrito con rotulador frases insultantes como «eres una puta y yo soy un cabrón», «estoy harto de vivir así» y «este mundo es una mierda». Los vecinos del detenido indicaron que desconocían a la víctima y al inquilino del apartamento.

El supuesto homicida se entregó el domingo en Mora de Toledo, localidad situada a más de 100 kilómetros de Madrid. «Me entrego porque estoy arrepentido. He matado a una mujer en Pozuelo de Alarcón y aquí está el machete con el que la maté», declaró a los agentes. En las proximidades de ese municipio, según declaró ayer Vicente Isabel, residía su novia.

Tres días en su coche

Antes de entregarse, el hombre estuvo tres días recorriendo la provincia de Toledo y durmiendo en su coche, un Seat Ibiza de color rojo, según contó él mismo a los agentes que le interrogaron ayer. La policía sospecha que durante ese tiempo buscó alguna coartada para evitar su responsabilidad en el crimen.

De Mora de Toledo fue enviado ayer hasta el Juzgado de Instrucción número 2 de Orgaz, municipio de la misma provincia situado a nueve kilómetros. Desde allí se ordenó su traslado a Madrid, donde quedó detenido en la Brigada de la Policía Judicial, que hoy le pondrá a disposición de la titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Majadahonda.

La víctima fue enterrada ayer en el cementerio madrileño de San Lorenzo y San José. Ester Redondo vivía en Alcalá de Henares junto a su hermana y era natural de Terrassa (Barcelona).


La amnesia del profesor de Pozuelo

Luis Fernando Durán / Juan Francés – Elpais.com

14 de mayo de 2000

El supuesto homicida de una joven vagó seis días por Ávila y Toledo hasta vencer la agónica idea del suicidio.

«No tengo agallas para suicidarme». Vicente Isabel Burgos, profesor de matemáticas, de 31 años, así lo admitió a la juez ante la que había sido presentado como supuesto autor del asesinato de Ester Redondo el pasado día 2.

Y ahora, una semana después de aquello, Vicente estaba ante la magistrada, tras vagar sin rumbo durante varios días por Madrid, Ávila y Toledo con la idea del suicidio martilleándole el cerebro. «Pero no tengo valor». Así que, al final, decidió rendirse y entregarse mansamente en el cuartel de la Guardia Civil de Mora de Toledo. «He matado a una mujer en Pozuelo y aquí está el machete con el que le maté». Eso fue lo que dijo a las nueve de la mañana del domingo pasado.

La rendición de Vicente Isabel Burgos ponía el punto final a una historia sangrienta que él mismo empezó a escribir el pasado día 2 en su apartamento de la avenida de Europa número 7, de Pozuelo de Alarcón (62.000 habitantes). Porque ese día, Vicente había asestado un tremendo y mortífero machetazo en el vientre a Ester Redondo, antes de quemarle el pubis y escribirle a lo largo de una pierna: «Fue tu padre porque eres una puta». Y luego se quedó dormido junto al cadáver.

Al despertar, el supuesto homicida descubrió la terrorífica escena: el cadáver de la mujer bañado en sangre, con el vientre abierto por el tremendo machetazo, con el pubis quemado… Un horror.

«Creo que fui yo, porque desperté y encontré a la chica en el suelo, envuelta en sangre. Quise suicidarme con el mismo machete con el que supongo que la maté, pero no tuve valor, aunque lo intenté», declaró Vicente Isabel, el martes pasado, ante la magistrada del juzgado de instrucción número 6 de Majadahonda. Y en verdad debió ser así. La prueba está en los cortes que el presunto homicida presentaba en el abdomen.

«La idea del suicidio no se me va de la cabeza, sólo pienso en ello. Pero no tengo fuerzas ni valor», añadió el detenido en su declaración judicial.

«Estoy arrepentido»

Y otro indicio más: la pintada que, a modo de siniestro testamento, había dejado en las paredes de su apartamento antes de emprender una huida sin rumbo. «En plena facultades mentales dejo todos mis bienes…» Un indicio más de que la idea de autodestruirse le había martirizado a Vicente hasta ponerle al borde del abismo.

Pero -¿quién sabe cómo funciona la mente humana?- Vicente Isabel no se quitó la vida. Nervioso, y posiblemente desquiciado, subió a su Seat Ibiza y abandonó Pozuelo hacia el mediodía del pasado día 2. Una huida a ninguna parte.

Durante seis días deambuló por carreteras y pueblos de Ávila y Toledo hasta que, el domingo pasado, se entregó en el cuartel de la Guardia Civil de Mora (Toledo). Se presentó con el arma del crimen en el cuartel, la puso encima del mostrador y anunció: «Me entrego porque estoy arrepentido. He matado a una mujer en Pozuelo y aquí está el machete con el que la maté».

A tenor de la reconstrucción policial, los días previos al crimen fueron extremadamente difíciles para este profesor de matemáticas, que ya antes vivía angustiado por una deuda de 800.000 pesetas que tenía que pagar por el alquiler del piso en el que vivía y donde impartía a diario un montón de clases particulares.

El fin de semana previo al fatídico martes, día del crimen, había roto con su novia, María Corina. Llevaban seis años de relaciones y ya hasta tenían programado casarse en el próximo septiembre, según le ha confiado a la abogada que le defiende, María de las Nieves Fernández Pérez-Ravelo. El lunes 1 de mayo, ya en pleno desencuentro amoroso, Vicente condujo a María Corina hasta la casa de sus padres en Toledo. Y a la vuelta a Madrid comenzó a beber y a beber.

Esa misma noche, quedó citado en su apartamento de la acomodada avenida de Europa con Raúl Asanza, de 30 años, uno de sus numerosos alumnos. Raúl se presentó acompañado de dos amigas. Tomaron unas copas y, hacia las 11 de la noche, salieron a cenar. Los cuatro fueron a un restaurante de Pozuelo. Vicente explicó ante la juez que bebió mucho durante la cena. «Yo bebí mucho vino y unos daikiris», declaró, según su abogada.

Finalizada la cena, los dos hombres y las dos mujeres regresaron al piso de la avenida de Europa. «Estuvimos en mi casa y seguimos bebiendo durante unas horas hasta acabar una botella de güisqui y tomar unos chupitos de bourbon», prosiguió.

Todo transcurrió en aparente normalidad. Cuando se hizo tarde, Raúl y sus dos amigas dieron por concluída la velada y se marcharon, cada uno a su casa. Pero Vicente no tuvo suficiente. Cerró el piso, se subió en el coche y pisó el acelerador hacia Madrid. Estuvo toda la noche bebiendo por bares de la ciudad, según la letrada de la defensa. Regresó a su casa hacia las nueve de la mañana del martes. Y entonces se acordó de Ester Redondo, una joven a la que, según fuentes policiales, había conocido a través de un anuncio de la sección de contactos de un periódico.

Vicente descolgó el teléfono y marcó el número de Ester. Ella acudió a la llamada y se presentó en el piso de Pozuelo. El supuesto homicida explicó que no se acuerda de todos los detalles de lo que ocurrió después. «Hicimos el amor y perdí la cabeza. Luego caí inconsciente, contra el suelo. Al despertar la vi muerta», ha declarado tras su detención. Y no recuerda más. Su cerebro está lleno de lagunas.

Antes de abandonar la casa, hacia las 13.00, tuvo la ocurrencia de gastar una broma de mal gusto a una de las dos amigas de su alumno Asanza, con los que había cenado la noche antes. La llamó por teléfono y le dijo: «Tu amiga se ha matado en un accidente de coche». Poco más tarde, se marchó de la casa: «Cogí el machete y me fui».

Antes, Vicente agarró las 20.000 pesetas que había ahorrado, subió a su Seat Ibiza… y tiró millas. El martes por la noche llegó a El Tiemblo, un pueblo de Ávila. Durmió en un hostal y, al día siguiente, se dirigó [dirigió] hacia Toledo. Comió en un restaurante de Illescas y compró alimentos en dos supermercados. Estaba cerca de la casa de su novia María Corina, pero le faltó valor para ir a verla.

En su huida a ninguna parte llegó el jueves, día 4, a un pueblo de Toledo, en el que gastó sus últimas monedas en un teléfono público. Llamó a Raúl Asanza, su alumno, y le confesó que había matado a una mujer. Esta vez no mintió. «He matado a una prostituta y me tengo que deshacer del cadáver», le dijo, nervioso y exaltado. Casi a la misma hora y en ese mismo día, una hermana de la fallecida Ester interpuso en comisaría una denuncia por desaparición, ante su inexplicable y prolongada ausencia.

Asanza llevaba un año recibiendo clases particulares de Vicente. En todo ese tiempo, ambos sólo habían quedado fuera de la hora de clase en un par de ocasiones, según explica un cuñado de Asanza, el abogado Juan José Areta.

Asanza, que no conocía bien la personalidad de su profesor, quedó estupefacto y consternado por lo que le había escuchado por teléfono. «Raúl me llamó muy preocupado por la llamada de su profesor y me preguntó qué debía hacer», recuerda ahora Areta.

Dejaron pasar un día y, en la mañana del viernes, día 5, llamaron a los padres del extraño profesor. «Me contestaron que no sabían nada de su hijo desde hacía unos días», afirmó Areta. Éste y su cuñado Asanza quedaron citados con uno de los cinco hermanos del profesor y con su padre. Llamaron a la puerta del piso de la avenida de Europa, pero nadie abrió. El portero del inmueble no estaba. Así que, desconcertados, regresaron por la tarde.

La situación era la misma sólo que, esta vez, sí que localizaron al conserje y éste avisó a un cerrajero para que abriera la puerta. En esas estaban cuando llegó María Corina, muy preocupada por que su novio Vicente no respondiera desde hacía días a sus llamadas.

El cerrajero abrió la puerta. Areta entró con uno de los hermanos del profesor. «Le dijimos a la novia de Vicente que no entrara porque no sabíamos qué íbamos a hallar. Traté de encender la luz pero, al dar al interruptor, no se encendió», recuerda Areta. «La policía descubrió luego que el interruptor general de la electricidad estaba desconectado», aclaró Areta.

El hermano del profesor y el abogado Areta caminaban a tientas. Al llegar al salón, notaron «un olor raro, no muy fuerte, pero sí extraño», añadió. Las sospechas de que algo anormal pasaba se confirmaron poco después: «En el suelo del salón vi un bulto y le dije al hermano del profesor: «vámonos de aquí, hay que avisar a la policía», recuerda Areta.

Los policías descubrieron el cadáver de Ester. Sólo tenía puestos unos calcetines de color blanco, con dibujos de Snoopy. Por encima del cuello, un sujetador de encaje azul y, en el cuello, unas bragas del mismo color. La policía sospecha que el profesor mató a la joven ahogándola con las bragas. En el vientre, a la altura del epigastrio, el cadáver presentaba un corte de unos 11 centímetros. En la espalda, otro corte de dos centímetros. Y quemaduras superficiales entre los muslos.

Además de varios preservativos, junto al cuerpo inerte había un carné que permitió identificar a la víctima como Ester Redondo García, nacida en Terrassa (Barcelona) hace 27 años. Fuentes del entorno de la víctima rechazan de plano que fuera prostituta y, en cambio, afirman que trabajaba de telefonista y que buscaba otro empleo como profesora, carrera que había cursado.

El retrato que hacen personas cercanas a Vicente Isabel no corresponde al de un asesino. «Inteligente, trabajador, estudioso», son algunos de los adjetivos con los que lo definen. «Siempre estaba buscándose la vida», contó un allegado. El crimen ha conmocionado su entorno: «Todo el mundo está alucinado».

Nadie oculta los supuestos problemas de Vicente con el alcohol. En una ocasión, en junio de 1999, fue detenido en Madrid por conducir ebrio. Pero jamás nadie intuyó que pudiera hacer algo como lo que se le atribuye ahora. Sólo su madre, señala un amigo, «sospechaba que pudiera estar trastornado».


El profesor acusado de matar hace un año a una joven en Pozuelo se enfrenta a una pena de 20 años de cárcel

José Antonio Hernández – Elpais.com

17 de junio de 2001

Un halo de misterio se cierne aún sobre las causas que, el 2 de mayo de 2000, llevaron a un profesor de matemáticas a matar a Esther Redondo, de 27 años. El abultado sumario, ya concluido y pendiente de juicio en la Audiencia de Madrid, no aclara qué inextricables mecanismos movieron la mente del supuesto homicida.

Las 20 pintadas existentes en las paredes de la casa del profesor y la orgía de sangre que halló la policía en torno al cadáver revelan una sevicia difícil de imaginar en alguien como Vicente Isabel Burgos, de 31 años, que utilizaba su casa de Pozuelo de Alarcón, alquilada, para dar clase a diario a 35 alumnos, algunos universitarios.

María de las Nieves Fernández Pérez-Ravelo, abogada del acusado, aventura que Vicente mató a Esther durante «una impresionante» borrachera. Posiblemente vio reflejado en el rostro de la chica al padre de su novia, Corina, un guardia civil de rígida disciplina familiar. «Vicente le veía autoritario, violento, y la verdad es que no se tragaban», destaca Fernández.

Ha pasado un año desde el crimen y la letrada sigue sin comprender qué pasó por la mente de su cliente, también experto en economía y empresariales, para que diera muerte con tanta crueldad a la joven cuyos servicios sexuales había contratado por 15.000 pesetas.

De lo ocurrido aquel 2 de mayo en casa del profesor tampoco entienden nada sus alumnos. Sólo saben que, el 4 de mayo de 2000, cuando se descubrió el cadáver, olía a carne chamuscada en el piso 7º, puerta 16, de un inmueble de la avenida de Europa, de Pozuelo de Alarcón. Allí acudían, tres tardes por semana, para recibir clases. Y allí fue hallado el cadáver desnudo de Esther, en medio del salón que algunas veces servía de aula. Junto al cadáver, un reguero de colillas de cigarrillos.

Ni siquiera Vicente, encarcelado hoy en Soto del Real a la espera del juicio, acierta a entender tan cruenta acción, según su abogada. «Debí perder la cabeza», ha dicho. Acercarse a su personalidad es descubrir a un hombre de «inteligencia superior» que desde muy joven, con sólo 18 años, se puso a trabajar como repartidor de periódicos por la mañana y en una hamburguesería por las tardes. «Se levantaba a la seis de la mañana y no paraba de trabajar en todo el día», afirma su abogada.

Problemas con el alcohol

Sin haber terminado la carrera, Vicente se puso a dar clases de matemáticas en su propio domicilio. En esa época conoció a su novia, Corina, una enfermera de 22 años. Con el paso de los años, la relación de la pareja se tornó borrascosa, aunque el amor persistía. Tenían planeado casarse, pero nunca llegaron a fijar la fecha de la boda por los crecientes problemas de Vicente con el alcohol. «Sufría muchos cambios de humor», indica un informe psicológico realizado a Vicente en prisión.

Según consta en el sumario, Vicente quedó citado el 1 de mayo de 2000, víspera del crimen, con su alumno y amigo Raúl A., así como con dos amigas de éste -Noemí y Susana- en su casa de Pozuelo. Bebieron con profusión hasta que una de las chicas, Susana, se sintió mal. Vicente, el mayor de una familia de clase media compuesta por seis hermanos, se ofreció a llevarla a casa. Raúl y Noemí se marcharon nada más regresar Vicente.

El profesor decidió entonces abrirse a la noche madrileña. Fue una juerga no exenta de alcohol, que acabó hacia las nueve de la mañana del martes día 2. A las copas que ya llevaba encima («por los menos se tomó 15», afirma su abogada), sumó otras en casa. Le gustaba el bourbon Jack Daniels. Echado sobre el sofá del salón, sintió deseos de compañía femenina.

Así que descolgó el teléfono y marcó el número de Esther, a la que, sin embargo, conocía por el nombre de Cristina. La había conocido un mes antes, cuando vio un reclamo en las páginas de anuncios breves de un periódico en el que una mujer que decía llamarse Cristina ofrecía sus servicios sexuales.

Volvió a contratarla ese día, según su abogada, «para evadirse» de sus preocupaciones, del estrés por el exceso de horas de trabajo, de los problemas con su novia, y con el arrendador del piso… «Debía ocho meses de alquiler y, además, estaba agobiado por la tormentosa relación con su novia», afirma su abogada.

La víctima llegó a casa de Vicente sobre las 10 de la mañana. Para este segundo encuentro, puesto que ya se conocían, ella no tomó ninguna precaución. En la primera cita, en cambio, la joven facilitó a su hermana Sonia el número de teléfono de Vicente, por si ocurría algo.

«Mi hermana», declaró Sonia ante la juez instructora del caso, «conocía en general a los clientes». En alguna ocasión Esther le habló de Vicente. «Una noche de abril», testificó Sonia, «me llamó y me dijo que la había llamado un cliente de Pozuelo [en alusión a Vicente]. Me dio la dirección y el teléfono del chico para que yo me quedase tranquila».

Sonia reconoció ante la juez, el 7 de mayo de 2000, que «su hermana llevaba muy poco tiempo metida en el mundo de la prostitución, unos seis meses», y rememoró que, en la primera cita de Esther con Vicente, éste actuó «de una forma un poco rara» con Esther. «La primera vez que estuve con Cristina no pasó nada, todo fue normal», aclaró luego Vicente en el juzgado.

Cuando tres días después del crimen, el jueves 4 de mayo, un cerrajero, Corina y un abogado abrieron la puerta de la casa de Vicente, hallaron a Esther tendida sobre un gran charco de sangre. Sobre su vientre, tres preservativos alineados y sin usar. En el muslo derecho del cadáver había una pintada: «El culpable de todo esto es la puta de tu padre». Y las paredes de la casa pintarrajeadas de frases inconexas e ininteligibles como una que decía: «Corina, te quiero; esta vida es una mierda, por favor cuida al Real Madrid y al gato».

La versión del crimen dada por Vicente en el juzgado se topa con lagunas y momentos de amnesia. Ni siquiera recuerda si llegó a consumar el acto sexual. «Perdí la cabeza y le asesté una cuchillada en la zona lumbar y otra en la boca del estómago», declaró.

Según el fiscal, Esther recibió la primera cuchillada cuando estaba bocabajo; la segunda, en el estómago, de 15 centímetros de profundidad. Hundido el machete en el vientre, el presunto homicida lo empujó hacia el pecho de la víctima, «barrenándolo todo», hasta detenerse en la aorta, que seccionó parcialmente, describe el fiscal.

En cambio sí dice recordar Vicente que, tras la orgía de sangre, «perdió la consciencia y se quedó dormido». Durmió durante unas ocho horas, junto al cadáver de Esther. Al despertar, cogió las llaves de su coche, una bolsa de deporte que llenó de ropa, 48.000 pesetas y una tarjeta de crédito. Apagó el interruptor general de la luz y huyó de la casa. Antes de irse, pintó en la pared: «Corina, has sido lo mejor de mi desgraciada vida que ahora termina».

Vicente tiene declarado que intentó suicidarse clavándose un machete al despertar y ver la sangre de Esther, pero que le «faltó valor para hacerlo». Ese deseo de suicidio le acompañó, según él, durante los cinco días en que, prófugo, deambuló con su coche por carreteras de Castilla y León y Castilla-La Mancha antes de entregarse en el cuartel de la Guardia Civil de Mora (Toledo). Cerca de allí, en Cobejas, vivía su novia, Corina.

Con Corina estuvo el fin de semana previo al crimen. Pero seguían enfadados cuando la llevó, en el Seat Ibiza que la pareja había comprado, a casa de sus padres.

Vicente reflexionó sobre su huida a ninguna parte cuando circulaba por Ávila y oyó en la radio del coche que la policía había descubierto un cadáver en su casa y que le buscaban como sospechoso.

Un día antes de que se descubriese el óbito, en plena fuga, Vicente llamó al teléfono móvil de Raúl, su alumno y amigo. ¿Para qué le llamó?, le preguntó la juez. «Quería ayuda». «¿Y no es más cierto que usted le dijo que había matado a una gorda negra y que le pidió que le ayudase a hacerla desaparecer?», inquirió la magistrada. «Con esas palabras no lo dije», respondió el acusado.

Raúl ha declarado que el martes 2 de mayo llamó al móvil de Vicente, ignorando lo sucedido, para reprocharle que se hubiese inventado que su amiga Noemí había fallecido ese mismo día en un accidente en Boadilla del Monte. «Eso era mentira. Lo llamé para preguntarle de qué iba. Pero él, con voz rara, me dijo que le dejase en paz de una puta vez».

Como se avecinaban exámenes, Raúl trató de contactar de nuevo con Vicente durante los dos días siguientes -miércoles y jueves-, pero el ya fugitivo no contestó a las llamadas. Sin embargo, sobre las diez de la noche del jueves sonó el móvil de Raúl. «Era Vicente y estaba nervioso», testificó Raúl. «Me dijo que tenía que decirme algo serio, que se había cargado a una puta gorda… y quería que quedásemos de madrugada en su casa para que le ayudara a sacarla y tirarla por ahí», añadió.

Al principio Raúl creyó que se trataba de otro embuste de Vicente, pero notó su voz trémula y decidió contar la conversación a su cuñado, que es abogado, y a los padres del supuesto homicida. La madre sabía que algo raro ocurría a su hijo, pues llevaba días telefoneándole sin éxito. Los padres no dudaron en ir a Pozuelo para ver qué sucedía. Pero la casa estaba cerrada y la inmobiliaria rehusó facilitarles la llave (había una demanda de desahucio pendiente por el impago de ocho meses de alquiler). Preocupados, optaron por llamar a un cerrajero. Un hermano de Vicente y el abogado fueron los primeros en entrar a la casa y descubrir el cadáver de la joven abierta en canal.

El secretario del juzgado describió con precisión en el acta de levantamiento del cadáver el horror que halló dentro del inmueble. También anotó todos los mensajes pintarrajeados en las paredes. Uno de ellos era una especie de testamento hológrafo: «En posesión de mis facultades, lego todos mis bienes a doña Corina…, salvo mi plan de pensiones, que va a mi hermano D. Alfonso…». En otra pared se leía: «Raúl, cuéntale a Raquel lo de Ana», y «Te quiero, mamá. Corina, princesa, te quiero».

Veinte horas después de oír en la radio que le buscaban por el crimen de Esther y harto de vagar sin rumbo, Vicente se presentó ante la Guardia Civil de Mora, con el machete homicida en la mano, y se entregó: «Yo soy el que buscan. El pasado martes maté a una mujer en Pozuelo», dijo.

Vicente lleva ya más de un año en prisión preventiva. Cuando llegue el momento del juicio, un jurado popular tendrá que dirimir la culpabilidad o inocencia de este profesor (el fiscal pide para él 20 años de reclusión) y, en su caso, si debe seguir en la cárcel o ser internado en un centro psiquiátrico.


Se inicia el juicio contra el profesor acusado de matar a una prostituta

El País

28 de enero de 2002

La Audiencia de Madrid inicia hoy el juicio contra Vicente Isabel Burgos, de 31 años, un profesor de matemáticas de Pozuelo de Alarcón, acusado de matar el 2 de mayo de 2000 a una prostituta, Esther Redondo, de 27 años. El fiscal pide para el acusado 20 años de cárcel por un supuesto delito de asesinato.

Tras una noche de copas, Burgos citó supuestamente a la víctima en su casa de Pozuelo, la misma en la que impartía clases a una treintena de alumnos, y le asestó dos profundas cuchilladas con un machete; luego, quemó con cigarrillos algunas partes de su cuerpo.

La acusación popular, que ejerce la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, solicita 20 años de cárcel para Vicente Isabel por asesinato. La abogada defensora, María Nieves Pérez-Ravelo, pedirá la absolución por entender que su cliente actuó bajo un fuerte trastorno mental provocado por la gran cantidad de alcohol que consumió esa noche para apagar su estado depresivo. Tenía problemas con el padre de su novia, un guardia civil de rígida disciplina, según Pérez-Ravelo.

Según el escrito del fiscal, los hechos se remontan al 2 de mayo de 2000, cuando el acusado, estando en su vivienda, en el número 7 de la avenida de Europa de Pozuelo de Alarcón, llamó por teléfono a la que después se convertiría en su víctima. Ésta se anunciaba como prostituta en un diario con el seudónimo de Cristina. No era la primera vez que había requerido sus servicios. Sobre las once de la mañana de ese día, la joven se presentó en el domicilio del acusado y ambos acordaron mantener relaciones sexuales.

Pintadas en las paredes

Mientras mantenía a la chica desnuda y tumbada boca abajo en el suelo del salón de la vivienda, el profesor cogió un machete de 14 centímetros de hoja que había colocado previamente en el sofá de esa habitación y le asestó dos puñaladas. La primera le causó una herida inciso-punzante en la región dorsolumbar que no era mortal, pero sí lo suficientemente impactante como para que la joven se quedara sin posibilidad de defensa.

La segunda puñalada le originó una herida incisopunzante en la pared abdominal. El acusado «barrenó», según el fiscal, el arma sobre su propio eje y finalizó el trayecto en la aorta abdominal, «la que secciona de forma incompleta produciendo una hemorragia abdominal masiva que acabó con la vida de Esther por shock hipobolémico en pocos segundos».

Tras el crimen, el acusado huyó en su coche y estuvo varios días vagando sin rumbo por tres provincias limítrofes con Madrid. Finalmente se entregó en el cuartel de la Guardia Civil de Mora (Toledo), localidad cercana al municipio en el que vivía su novia. En el cuartel, el acusado declaró que no recordaba nada de lo ocurrido la mañana del crimen. Antes de huir escribió una veintena de pintadas en las paredes de su casa en las que manifestaba el amor que profesaba a su novia.


Condenado a 15 años de cárcel el profesor que mató a una prostituta

Ángel Zafra – Elpais.com

24 de febrero de 2002

La sentencia considera como atenuantes el arrepentimiento y la embriaguez.

La Audiencia de Madrid ha condenado a 15 años de cárcel a Vicente Isabel Burgos, de 32 años, por matar en la mañana del día 2 de mayo de 2000 a la prostituta Esther Redondo García, de 23, mientras mantenía relaciones sexuales con ella.

El condenado deberá indemnizar, además, a dos hermanos de la víctima con 20.000 euros (3.320.000 pesetas), para cada uno de ellos, y con 35.000 (5.810.000 pesetas) a otra hermana con quien convivía y que, en parte, dependía económicamente de ella. El juez ha aplicado la pena mínima por un delito de asesinato, al considerar que se han dado las atenuantes de embriaguez, en el momento de los hechos, y de arrepentimiento espontáneo por entregarse a la Guardia Civil.

El crimen se produjo a las once de la mañana del 2 de mayo en la vivienda del condenado en la avenida de Europa, número 7 de Pozuelo de Alarcón. Vicente pasó la noche anterior bebiendo en compañía de unos amigos. Cuando se encontraba solo en su casa, sobre las 9.00 de la mañana, decidió llamar a una prostituta con quien ya había mantenido otros encuentros y que se anunciaba en un periódico como Cristina. En realidad se trataba de Esther Redondo García, de 23 años. La joven llegó al domicilio de Vicente alrededor de las 11.00.

La sentencia considera probado que momentos después, mientras ambos realizaban el acto sexual, con la mujer boca abajo, en el suelo, Vicente «con intención de matarla», le asestó dos puñaladas con un machete de 14 centímetros de hoja. La primera de ellas, en la región dorso-lumbar que no fue mortal, pero sí impidió que la mujer tuviera posibilidad alguna de defensa. La segunda, en el abdomen, que «barrenando el arma sobre su eje», seccionó la arteria aorta abdominal de la víctima, dando lugar a una hemorragia que acabó con su vida.

Pintadas

Tras el crimen, el asesino pintó con rotulador en el vientre de la víctima «la culpa fue de tu padre que es una puta» y depositó por diversas partes del cuerpo de la mujer hasta cuatro preservativos enrollados, sin utilizar.

Entre los muslos de la joven había restos de ropa quemada y en las paredes multitud de pintadas con rotulador, en la mayoría de los casos dirigidas a su novia, Corina. «Te quiero, eres lo mejor que me ha pasado en mi desgraciada vida», rezaba una de ellas. Otra «cuida del gato y del Real Madrid».

Después Vicente pidió ayuda a uno de sus alumnos para que le ayudara a deshacerse del cadáver, pero ante la negativa de éste decidió huir. Al cuarto día de su periplo, tras escuchar por la radio que la policía había encontrado el cadáver de la mujer en su casa, y que se le buscaba como principal sospechoso del asesinato, se entregó en el cuartel de la Guardia Civil de Mora, en la provincia de Toledo.

La sentencia, dictada por la sección vigesimotercera, de la Audiencia de Madrid, de la que es magistrado Ángel Luis Hurtado, ha rebajado la petición inicial de la fiscal de 20 años de cárcel por un delito de asesinato, basándose en los informes de los psiquiatras, que aseguran que el día del crimen, el condenado presentaba un cuadro de embriaguez.

También se ha aplicado al reo la atenuante de arrepentimiento espontáneo, al considerar que el haberse entregado a la Guardia Civil facilitó la investigación y la resolución del crimen. El juez ha tenido igualmente en cuenta el hecho de que pidió perdón públicamente en el juicio.

La letrada Nieves Fernández, encargada de la defensa, se muestra satisfecha por la sentencia. «Antes del juicio nos enfrentábamos a 20 años de prisión y hemos conseguido rebajar a 15», ha explicado. Aun así, la letrada ha anunciado que presentará un recurso a la sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

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