El triple crimen de Usera

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GRA538  MADRID  22-06-16 - Los cadaveres de las tres personas halladas muertas tras un incendio registrado esta tarde en un despacho de abogados de Madrid permanecen tendidos en la acera a la espera de la llegada del juez  Todo los fallecidos presentaban signos de muerte violenta  Una mujer estaba degollada  otra con un fuerte golpe en la cabeza y el hombre habia recibido un hachazo  EFE Javier Lizon

La matanza del bufete de Usera

  • Clasificación: Asesinato
  • Características: ¿Ajuste de cuentas? - ¿Venganza?
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: 22 de junio de 2016
  • Perfil de las víctimas: Elisa Consuegra Gálvez, Maritza Osorio Riverón (empleadas del bufete) y Jhon Pepe Castillo Vega (cliente)
  • Método de matar: Apuñalamiento - Golpes con una palanqueta
  • Localización: Madrid, España
  • Estado: El Grupo V de Homicidios de la Brigada de Policía Judicial continúa tras la búsqueda del autor de los asesinatos
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El triple crimen de Usera – La muerte persigue al abogado de Usera

Jacqueline Fowks – Elpais.com

23 de junio de 2016

Una serie de muertes persigue desde 2006 al exsecretario judicial Víctor Salas Coveñas, el dueño del bufete de la barriada madrileña de Usera donde este miércoles fueron asesinadas tres personas en su ausencia del despacho. Un juez del que fue asistente cayó asesinado por la mafia. Y una empresaria que hizo brujería contra él fue estrangulada en su casa.

En 2005, Salas Coveñas era secretario judicial de la magistrada Ana Espinoza, vocal provisional de una Sala Penal de la Corte Superior de Lima, en el juicio contra un narcotraficante israelí. El servidor judicial denunció al año siguiente a su jefa y a otra vocal por cuatro irregularidades en ese proceso. Espinoza era amiga de la empresaria judía Myriam Fefer y asistía a sesiones de brujería que organizaba esta. La foto del abogado estaba en el altar de magia negra de Fefer, quien fue asesinada (estrangulada) en agosto de 2006.

El narco israelí se acogió a una ley para la conclusión anticipada del proceso. Pero Espinoza usó otra norma para rebajarle la pena, y pidió a su subordinado otras gestiones para favorecer al condenado: asignarle un traductor que era pareja de Fefer y tramitar con una fecha anterior unos documentos.

En una entrevista que concedió en 2008 al diario El Comercio, Salas Coveñas vinculó a la empresaria Fefer y Espinosa [Espinoza] con el narcotraficante Zeev Chen. El asistente declaró que la amiga de Espinoza asistió a audiencias judiciales de Chen, cabecilla de la organización llamada La Estrella. Sin embargo, el israelí alegó no conocer a Fefer. «Ese secretario está diciendo eso porque ha sido pagado por uno de los cabecillas del narcotráfico, Moshe Baum, para culparme de la muerte de Fefer», dijo al diario Perú21 en 2009.

Tras el asesinato de Fefer, la policía encontró en un altar en casa de la empresaria las fotos de Salas y de la procuradora antidrogas Sonia Medina en un plato con un cuerno, canela y sal, reportó entonces el semanario Caretas. Medina había denunciado, ante el Órgano de Control de la Magistratura, a Espinoza y a la vocal Carmen Rojjasi porque una semana después de sentenciar al delincuente israelí redujeron la suma de la reparación civil, de 500.000 (US$ 152.276 dólares) a 50.000 soles (entre 152.000 y 15.000 euros).

Pese a que el juicio por la muerte de Fefer duró casi nueve años, solo se esclareció que un sicario colombiano la asesinó, pero no se ha conocido el móvil ni quién ordenó el homicidio.

En abril de 2009, tras las denuncias de Salas Coveñas y de la procuradora antidrogas, el Consejo Nacional de la Magistratura destituyó a Ana Espinoza. Rojassi fue sancionada en 2006 con una suspensión de 60 días, pero fue separada del Poder Judicial en 2013 por su flexibilidad en varios casos de narcotráfico.

Tijuana y el juez Saturno

Antes del caso del narco Chen, ligado al complejo proceso de Fefer, Salas era asistente judicial de la Primera Sala Penal de Reos en Cárcel cuando esta condenó a miembros del cartel de Tijuana. En junio de 2005 el tribunal presidido por Carlos Escobar, con los vocales Hernán Saturno y Aldo Figueroa, desbarataron una maniobra judicial de 25 presos que reclamaban salir de prisión, por haber superado en exceso el tiempo de presidio sin ser juzgados. Estaban presos desde que fueron detenidos con un alijo de cocaína -en 2002 en el norte del país-. Les extendieron la orden por 20 meses más. El diario La República relató que los detenidos gritaron y amenazaron al conocer la sentencia. Escobar fue enviado luego a un juzgado anticorrupción y reemplazado por la juez Rojjasi.

Un año después, en julio de 2006, una tarde en que el juez Saturno almorzaba con un familiar a una cuadra del Palacio de Justicia en Lima, fue asesinado por sicarios que usaron un arma con silenciador. El magistrado le había pedido a su guardaespaldas que se retirara porque iba a estar acompañado.

Salas Coveñas partió a España dejando a su familia en Lima luego de la polémica con la violenta mafia israelí, cuando Chen intentó vincularlo con Moshe Baum. En 2008 contó a El Comercio que se fue «por motivos estrictamente académicos y laborales».


Habla el dueño del bufete de Usera: «Huí de Perú con la muerte en los talones»

Andros Lozano – Elespanol.com

25 de junio de 2016

Víctor Joel Salas Coveñas, nacido en Lima (Perú) en 1981, llegó a España hace ocho años huyendo de la muerte. Pero esta le sigue de cerca, casi rozando su morena piel, allá por donde pasa el dueño del despacho de abogados en el que este miércoles aparecieron sin vida un cliente ecuatoriano, Pepe, y las dos empleadas cubanas del bufete, Maritza y Elisa. Con Eli se había casado hace diez meses. Él dice que fue por amor, aunque desde hace un tiempo ya no estaban juntos. Para los allegados de la chica, de 25 años y también letrada, fue un matrimonio de conveniencia.

El abogado peruano -de 35 años, tez tostada, cabello negro oscuro- ejerció de fiscal en su país a mediados de la década pasada. Abandonó su tierra después de trabajar codo con codo con varios jueces. Uno de ellos fue asesinado por sicarios tras condenar a varios integrantes del cártel mexicano de Tijuana. Poco después, Víctor Salas empezó a colaborar con la magistrada Ana Espinoza, a la que sacaría de la carrera judicial tras denunciarla por beneficiar penalmente a un narcotraficante. Tras aquello, empezó a recibir amenazas, temió por su vida y decidió emigrar a Madrid, a 9.520 kilómetros de su Lima natal. Pensaba que así podría vivir en paz. Estaba equivocado.

Años más tarde, cuando el abogado ya residía en España y trabajaba sin miedos como pizzero, se enteró de que una íntima amiga de Espinoza, la empresaria Miriam Fefer, apareció estrangulada en su apartamento. Junto al cadáver se encontró un altar con varios objetos de brujería (un plato con un cuerno, canela y sal) y una foto del propio Víctor. Él, supersticioso, volvió a ver cómo renacían sus peores temores.

Ahora, tras la muerte de tres personas en su bufete, no se descarta que el objetivo del asesino -o asesinos- fuese matar al abogado peruano. Él mismo ha explicado ante la Policía que teme que se trate de una venganza o un ajuste de cuentas contra su persona por su pasado en Perú. Aunque en Usera, el barrio madrileño en el que se instaló al aterrizar en España, también tiene enemigos entre sus clientes, algo que conocen los agentes.

«Estoy conmocionado. Tengo miedo, por mí y por la familia que tengo en Perú [allí viven sus padres, una ex pareja y su hijo]», explica en exclusiva el abogado, con voz dulce y pausada, a El Español.

Al inicio de la conversación, que se desarrolla a primera hora de la tarde de este viernes, explica que no puede aportar información acerca del suceso debido a que el magistrado del caso, del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, ha decretado el secreto de sumario. Sin embargo, mantiene una entrevista telefónica con el periodista durante quince minutos. Al inicio, confirma que salió de su país por miedo a que lo mataran.

-¿Cómo está tras lo ocurrido en el interior de su despacho?

-Bueno, ya han pasado dos días y estoy más tranquilo. Ha sido una tragedia muy dura.

-¿Sabe qué pudo ocurrir?

-No lo sé. Nadie lo sabe aún. Ahora estoy tomando conciencia de todo esto. Estoy con ganas de saber quién ha sido y cómo ha podido hacer esto.

El abogado Víctor Salas intenta volver a la normalidad tras la muerte de tres personas en el interior de su bufete. Desde que sucedió, ha pasado por comisaría el miércoles y el jueves. Cuenta que en todo momento se ha mostrado dispuesto a colaborar con los investigadores policiales.

-Me vine a España huyendo de las amenazas, como con la muerte en los talones, y fíjate lo que ha ocurrido ahora.

-¿Estaba amenazado por algún cliente?

-No. Si alguien me hubiera dicho «te voy a matar», le habría denunciado. Lo que no niego es que todos los abogados tenemos clientes rebotados. Yo, también.

-¿Sospecha de alguien? ¿Creen que iban a por usted?

-No sé bien a por quién iban. De lo que estoy seguro es que no voy a dejar que las muertes de las dos chicas y de mi cliente queden impunes. A Maritza y a Eli las quería mucho. Con Eli me casé por amor. Pese a que rompimos al poco tiempo, ella llegó a España con su documentación en regla. El resto es mentira.

El abogado, tras confirmar algunos de los pasajes de su vida que se narran en este reportaje, prefiere concluir la conversación. Antes de despedirse, lanza un deseo: «Ojalá todo se esclarezca pronto», dice el hombre al que la muerte le persigue.

De pizzero con vaqueros a abogado de traje

Walter, un ecuatoriano treintañero, es amigo de Víctor Salas. «Me enteré de lo sucedido y aún no se me ha quitado el miedo del cuerpo», dice frente al portal del despacho de abogados Eurasia, propiedad del letrado. «Me he pasado por si podía saludarlo. Hace unos días cambié de móvil y perdí su teléfono», explica. «Pero claro, nadie abre ahora».

Este hombre conoció al abogado a los pocos meses de su llegada a España, a mediados de 2008. Walter tenía por aquel entonces un locutorio y Víctor, cerca de alcanzar la treintena, acudía allí a llamar a su país y a imprimir la documentación que necesitaba para homologar en España el título de Derecho obtenido en Perú. Vestía siempre vaqueros y ropa de sport. «Estaba obsesionado con ser abogado en España», explica. «Me contó que salió de su país porque vivía amenazado de muerte».

Walter cuenta que hasta que Víctor consiguió que se le reconociera sus estudios en España, en 2011, trabajó en un Pizza Hut del barrio de Usera, donde se instaló en una habitación alquilada de una casa compartida con otros inmigrantes. Tras convalidar su título, en esta barriada también abrió un bufete de bufete de abogados y una inmobiliaria junto a un socio. Fue hace cuatro años.

Tan sólo 12 meses después decidió tomar camino en solitario y abrió su propio despacho en el número 40 de la calle Marcelo Usera, lugar de la escena del crimen. Se especializó en temas penales y de extranjería. Atrás dejó los vaqueros y con el dinero que ingresó de sus primeros clientes se compró un par de trajes y varias corbatas.

«Pronto nos hicimos brothers», dice Walter, con el que Víctor Salas solía ir a jugar a fútbol al polideportivo del barrio madrileño Ciudad de los Ángeles. «Últimamente venía poco con todo el lío del despacho. Se quejaba de que estaba gordito. Yo le decía medio en broma: “Brother, si no corres es normal”».

Víctor le pagaba «cuando podía» a Walter las fotocopias y lo que gastaba llamando a su familia. «Yo le decía siempre que no se preocupara», recuerda el hombre, al que el abogado le comentó en un par de ocasiones que tenía un hijo en Perú.

¿Lo viste con miedo las últimas veces que os encontrasteis?, le pregunta el periodista. «Nos vimos por la calle hace un par de semanas. No me comentó nada, pero lo encontré huidizo y nervioso. Supuse que sería por el trabajo, pero me extrañó porque es un buen tío, bien cercano el chico», responde Walter. «A lo mejor ya pensaba que iban a por él», apostilla.

«Era un informal de mierda»

En el barrio de Usera no hablan tan bien de Víctor Salas como lo hace su amigo Walter. Varios clientes que no quieren que se revele su identidad cuentan que Víctor «era un informal de mierda». «A mí me pidió dinero por adelantado y luego no se presentó al juicio. Al final resolvió aquello, pero me jodió bastante», dice uno.

«Sé que tenía muchas deudas porque un día, mientras lo esperaba en su despacho, Maritza me lo comentó. Más de uno le tenía ganas», explica otro cliente del abogado que asumía desde casos de regularización de extranjeros hasta la defensa de ladrones y narcotraficantes en España.

«Meterte en ese mundo es lo que tiene -explica ahora Isabel, empleada de un bar de comida colombiana cercana al bufete de Víctor Salas-. Yo creo que iban a por él y se llevaron por delante a sus trabajadoras y al ecuatoriano que pasaba por allí».

Isabel conocía bien a Maritza Osorio Riverón, la cubana de 40 años que repartía publicidad del bufete por las mañanas y luego se encargaba de atender las llamadas y a los clientes que llegaban al despacho de Salas. «Ella siempre me decía que quería dejar ese trabajo, pero no hasta que encontrara otro. Al parecer, sólo cobraba 600 euros. Una vez me dijo: “Me paga muy poco ese malparío”».

Maritza, que llegó a España hace 15 años, vivía en el número 43 de la calle Olvido, a sólo cien metros del despacho en el que le quitaron la vida. Allí residía junto a su hija y a un sobrino. El día del asesinato, justo antes de marchar a comer, Elisa Consuegra Gálvez llamó a su marido alertándolo de la llegada de un hombre «extraño» y «raro» que le estaba esperando por un asunto «muy importante». El desconocido se comportaba de una forma poco habitual e incluso se encerró en el baño durante un momento. Salas se ofreció a ir en ese mismo momento, pero Eli le dijo: «No, no vengas. Le digo que vuelva a las cinco».

Pero cuando Víctor Salas llegó en su moto al despacho, ya por la tarde, subió junto a un cliente paquistaní y su cuñada colombiana, que habían pedido cita con él. Fue en torno a las 18.30 horas del miércoles. En ese momento Maritza, Elisa y Pepe ya habían sufrido la agresión.

El hombre presentaba el cráneo abierto. Una de las chicas estaba degollada. La otra tenía la cabeza y el rostro destrozados por los golpes recibidos. El autor del triple crimen -toma fuerza la hipótesis de que fuera un solo agresor- usó un puñal y una barra de hierro, y no un hacha, como se pensó en un principio.

La colombiana que subió junto a Víctor Salas a su despacho se llama Esmilda. La mujer cuenta que el letrado se puso muy nervioso cuando se dio cuenta de que salía humo del interior del bufete, ubicado en la primera planta del número 40 de la calle Marcelo Usera. «No atinaba a abrir», explica la mujer, que añade que el abogado entregó las llaves del inmueble al cuñado de Esmilda para que abriera él.

«No vimos ningún cadáver. Había bastante humo. Empezó a preguntar por las chicas y como nadie respondía se bajó corriendo al portal. Al rato llegaron la Policía y los Bomberos», relata la mujer. «Mi cuñado y yo estuvimos tocando al timbre de la calle desde las seis y cuarto. Todo debió suceder antes porque no bajó nadie hasta que llegó Víctor», añade.

Casado con su empleada

Maritza y Elisa procedían de Holguín, una peligrosa región al sureste de la isla de Cuba. Víctor se había casado con Eli hace diez meses. Tras comenzar un romance juntos hace dos años, decidieron hacerse pareja de hecho. Pero dieron un paso y se unieron por el procedimiento civil. Al poco del enlace decidieron romper la relación, aunque no se separaron legalmente. Durante la entrevista, el propio Salas explica que la chica se había colegiado hacía sólo dos meses y que él ayudó a pagar parte de sus estudios.

Pepe, el varón asesinado, era de nacionalidad ecuatoriana y tenía 42 años. Llevaba quince viviendo en España. De gran envergadura, trabajaba como vigilante jurado. Había acudido a las oficinas a recoger una documentación de su mujer. Allí se topó de frente con la muerte.

Las fuentes consultadas piensan que Pepe simplemente era un testigo accidental y por eso el asesino acabó también con su vida. El arma utilizada para perpetrar el crimen fue una palanqueta que encontró en la oficina. Al parecer, alguien la utilizó también para forzar un armario bloqueado del despacho.

El asesino golpeó al hombre en la cabeza. El impacto fue tan brutal que condujo a error al SAMUR ya que pensaron en un primer momento que el arma homicida utilizada fue un hacha. La misma palanqueta fue utilizada por el agresor para golpear a otra de las mujeres. La Policía está analizando uno por uno todos los casos en los que trabajaba el despacho antes de descartar que se trate de una venganza encargada a sicarios. Las investigaciones se centran en los expedientes del bufete y los entornos de las víctimas.

Esta próxima semana Víctor Salas acompañará a los agentes de la Policía Científica a su despacho. Allí, tratará de ayudar a encontrar más información acerca de lo que ocurrió al inicio de la tarde de este miércoles, cuando la muerte volvió a su vida, aunque como hasta el momento, nunca para llevárselo.


La agenda del abogado, clave para descifrar la brutalidad del triple homicidio de Usera

M. J. Álvarez / Carlos Hidalgo – ABC.es

26 de junio de 2016

El Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional en Madrid cuenta ya con un listado de varios sospechosos para la autoría del triple asesinato del miércoles pasado en un bufete de abogados de Marcelo Usera. Eso sí, los investigadores tienen claro que se trata de un solo homicida, varón, y probablemente de origen latinoamericano, por la clientela del letrado y la manera tan salvaje de matar. No se trata de un sicario, por la poca «profesionalidad» del «modus operandi». Y en el asunto hay un elemento que juega un papel fundamental: la agenda del responsable del despacho, que llevaba temas de extranjería y delincuencia común, en la que probablemente figure el nombre del criminal.

Las pesquisas abordan distintas hipótesis, pero los agentes sitúan en primera línea de investigación asuntos relacionados con la práctica de la abogacía de Víctor Joel Salas Coveñas, peruano de 37 años y que salvó azarosamente la vida al no encontrarse en su despacho en el momento de la matanza. Quienes corrieron peor suerte fueron sus dos empleadas, Maritza Osorio Riverón, cubana de 46 años y encargada de la recepción; Elisa Consuegra Gálvez, de 31 y la misma nacionalidad, que ejercía de letrada asistente (hacía menos de un año que se había casado con su jefe por conveniencia), y el cliente Jhon Pepe Castillo Vegas, ecuatoriano de 43.

Secretario judicial en Lima

Salas Coveñas había ejercido hasta 2008 como secretario judicial en Lima. Pero se vio envuelto en la denuncia de una trama por la que acusó a su jefa, magistrada, de favorecer a un narcotraficante israelí en su condena.

Pero la Policía madrileña no cree que lo ocurrido en Usera tenga que ver con ese turbio asunto; sin embargo, esa línea de investigación no está totalmente descartada, a tenor de que Salas Coveñas, en las distintas declaraciones prestadas ante el Grupo V de Homicidios insiste en que ahí está la razón de la «vendetta» contra él.

Fuentes del caso precisaron a ABC que, con los datos de que se dispone, la secuencia de los hechos fue la siguiente. El asesino llegó pasadas las cinco de la tarde. Se cree que es un cliente del despacho insatisfecho o alguien que quería cobrarse una de las muchas deudas económicas pendientes. Iba buscando al abogado. Preguntó insistentemente por él a las empleadas, hasta el punto de que una de ellas telefoneó a su jefe: «Venga para acá cuanto antes, porque un tipo extraño le busca». «En un rato me acerco en mi moto», respondió.

Asesino impaciente

Pero el asesino no tuvo paciencia. Se metió en el baño, salió con una pequeña botella de gasolina y un cuchillo. Se enfrentó a las mujeres. Ellas sacaron una palanqueta de hierro que el abogado tenía en su despacho para defenderse. Pero el atacante fue más fuerte que ellas. Les arrebató la barra y la hundió en el cráneo de Elisa y en el cuello de Maritza. Los gritos eran estremecedores. Jhon Pepe vio la muerte al acercarse a ayudar. Le clavó el cuchillo en la cabeza.

El asesino juntó a las tres víctimas, las roció con gasolina, las quemó junto a papeles y libros y huyó. A las seis de la tarde, una mujer que tenía cita en el despacho se extrañó porque nadie le abría. Notó que salía humo y avisó a Emergencias. Los Bomberos extinguieron pronto el pequeño incendio. Elisa y Jhon Pepe tenían aún un hilo de vida. La sorpresa más macabra se la llevó el Samur cuando, ya en la calle y al darle la vuelta a los cuerpos, vio que tenían signos de violencia homicida. Los dos supervivientes murieron en plena acera.

Así empezaba la complicada investigación del triple asesinato en el que el único que no murió fue el verdadero objetivo: Víctor Joel Salas. Desde entonces tiene protección policial.


Las cinco hipótesis policiales de la matanza del bufete de Usera

M. J. Álvarez – ABC.es

28 de junio de 2016

La resolución del triple crimen ocurrido hace justo una semana en el distrito de Usera se antoja muy complicada. Sin testigos y, prácticamente, sin imágenes por la ausencia de grabaciones en la inmediaciones, los investigadores del Grupo V de Homicidios de la Brigada de la Policía Judicial están trabajando con cinco hipótesis para determinar el móvil de la matanza.

El responsable del despacho, el peruano Víctor Joel Salas Coveñas, de 37 años, sería en todas ellas el objetivo del homicida que acudió a su oficina para ajustar con él una cuenta pendiente o una venganza. Un cliente molesto, una deuda, algún excompañero, un frente abierto o, incluso, un asunto de su pasado como exsecretario judicial en Perú -donde se vio envuelto en una oscura trama de narcotráfico por la que recibió amenazas de muerte que le condujeron a España-, son las líneas de trabajo que manejan los investigadores. Estos se han dividido en cinco equipos, en función de las pesquisas.

Aunque no descartan nada, hasta la fecha ponen en foco en su presente, en algún episodio relacionado con su despacho, por lo que están analizando con lupa su agenda y su círculo más cercano. Salas lleva casos de extranjería, delincuencia común, drogas y secuestros, según explicó él mismo a este diario. Descartado desde el principio que los crímenes fueran obra de un sicario por las armas empleadas (cuchillo y palanqueta) y porque este hubiera realizado de forma limpia el encargo y habría segado la vida del abogado, también se baraja que la «vendetta» se le fuera al asesino de las manos.

Es decir, que llegara al bufete con la intención de hacer daño a Salas o intimidarle, no en vano iba provisto de un arma blanca y de una botella con gasolina, pero que, como no se encontraba en el lugar se alterara o algo se torciera. ¿Por la llegada del cliente ecuatoriano?

Quizá por ello, discutió con las dos empleadas cubanas que sacaron la palanqueta que tenía el letrado para defenderse. Eran su exmujer, Eloísa Consuegra, de 33 años, que acababa de homologar su título de abogada en España y su secretaria y chica para todo, Maritza Osorio Riverón, de 46. Al parecer, el criminal, el hombre «extraño» tal y como le definió su secretaria, se encerró en el baño tras saber que tendría que esperar a su objetivo, discutió y se enfrentó a las trabajadoras, a las que agredió y arrebató la palanqueta. Al oír gritos, Jhon Pepe Castillo Vega, de 43, trató de aproximarse, siendo acuchillado y golpeado. Luego, prendió fuego a los cuerpos y huyó.


Triple crimen de Usera: un alemán encargó a un sicario matar al abogado porque se acostaba con su mujer

Carlos Hidalgo – ABC.es

7 de octubre de 2016

Una infidelidad estaría detrás del triple crimen de Usera. Esa es la principal línea de investigación que se sigue para esclarecer el caso, según los allegados a una de las víctimas, la joven letrada Elisa Consuegra Gálvez, de 33 años y origen cubano. Hija de un experto jurista y de una doctora, su familia está continuamente al tanto de los avances que puedan producirse en la investigación. Fuentes del caso indicaron que, de cualquier modo, no se descartan aún otras hipótesis de trabajo.

Pero la tesis que más fuerza cobra es la de un «lío de faldas» del dueño del bufete y único superviviente de la masacre por encontrarse fuera del despacho en el momento del ataque, el peruano Víctor Joel Salas Coveñas, de 37 años. Mantuvo una relación con una mujer casada con un alemán, extremo que él mismo habría reconocido ante los investigadores. La víctima del adulterio, que vive en su país de origen, habría contratado los servicios de un matón, no muy experimentado por su «modus operandi», para vengarse de Víctor Joel.

La investigación está resultando muy farragosa. Porque el letrado recibía amenazas y desplantes por parte de clientes insatisfechos, supuestos acreedores y, además, se vio involucrado en la lucha contra el narcotráfico cuando trabajaba en la Fiscalía de su país de origen. La sombra de la venganza siempre ha estado presente. Él mismo, días después del suceso, reconocía a ABC: «Tengo clientes rebotados, como todos, pero nada que justifique semejante carnicería».

Y esa carnicería se concretó la tarde del 22 de junio pasado. En el bufete de Salas Coveñas, en la calle de Marcelo Usera, 40, se presentó «un hombre extraño». Así se lo transmitió, por teléfono, su recepcionista y secretaria, Maritza Osorio Riverón, cubana de 46 años. Era el sicario, que había llegado preguntando por el jefe del despacho. En la oficina también se encontraba un cliente, Jhon Pepe Castillo Vega, ecuatoriano de 43.

Secuencia de la masacre

El matón se metió en el baño, para ir preparando el ataque. Discutió con las trabajadoras. Una de ellas tomó una palanqueta que guardaba Salas Coveñas, pero el asesino se la arrebató y golpeó brutalmente a las dos mujeres. El cliente se enfrentó a él, pero también recibió golpes y fue acuchillado. Con papeles de la oficina y un mechero, prendió fuego a los cuerpos y huyó.

Minutos después, llegó en su moto el abogado. Le esperaba en el descansillo otra clienta con un familiar. Se percataron del incendio y llamaron a los Bomberos. Ya con los cadáveres en plena calle, los médicos se fijaron en las heridas homicidas. La venganza había culminado, pero el verdadero objetivo se salvó de la muerte.


Las vacaciones de un juez estancan la investigación del triple crimen de Usera

Roberto R. Ballesteros – Elconfidencial.com

7 de octubre de 2016

La burocracia judicial ha retrasado sustancialmente el esclarecimiento del triple crimen de Usera que tuvo lugar el pasado 22 de junio en el mencionado barrio madrileño. Tres personas aparecieron muertas a golpes en el despacho de abogados dirigido por el letrado peruano Víctor Joel Salas y en pocos días la Policía apuntó al móvil pasional. Tras investigar el teléfono móvil del propietario del bufete, los agentes descubrieron la relación sentimental que este mantenía con una mujer en Alemania, donde viajaba de vez en cuando a mantener esporádicos encuentros.
Al indagar un poco más, llegaron a la conclusión de que el novio de la chica habría descubierto el ‘pastel’ y viajado hasta Madrid para encontrarse cara a cara con el hombre que se había acostado con su pareja. Al llegar al despacho, el hombre no encontró al letrado y la emprendió con quien estaba en ese momento en el bufete, dos empleadas y un cliente. Los investigadores del grupo de homicidios de la Jefatura Superior de Madrid entraron en contacto con las autoridades policiales alemanas, que hicieron los trámites necesarios para localizar al sospechoso y respondieron desde el primer momento.

Sin embargo, el Juzgado número 41 de Madrid rectificó a los agentes españoles, que pretendían hacer las gestiones policialmente, y les obligó a cursar una comisión rogatoria vía judicial, gestión que lleva más tiempo. De hecho, el trámite propuesto por el magistrado Juan Carlos Peinado, titular del Juzgado, conlleva la traducción de la comisión rogatoria antes de ser remitida a Alemania. La ausencia de personal para llevar a cabo la labor interpretativa provocó que se retrasara el envío de la petición judicial.

A este inconveniente se sumó una nueva contrariedad: la llegada del mes de agosto. El instructor no dudó en tomarse las vacaciones sin haber cumplimentado los trámites para cursar la comisión rogatoria, lo que volvió a retrasar la gestión y llevó a la pérdida de un tiempo precioso, que derivó en la renovación del secreto de las actuaciones, que fue nuevamente prorrogado el pasado 22 de septiembre, cuando se cumplían tres meses desde que se produjera la agresiva matanza.

No está claro en este momento, de hecho, que el sospechoso siga estando localizado por las autoridades alemanas, que han asistido con asombro a lo que entienden como pasividad judicial española, marcada también por la falta de medios. Pero no es Alemania el único país ante el que las autoridades españolas están dando mala imagen.

Marca España

La familia de una de las tres personas asesinadas mantiene una posición acomodada en Cuba. En concreto, el padre de Elisa C. G. (31 años) es un teniente coronel de inteligencia del Ejército de Raúl Castro. Tanto él como su mujer, una profesora de Medicina Forense en la universidad, han mostrado su preocupación y su desamparo porque han pasado ya tres meses y no saben nada de la investigación. Ambos viajaron en julio a Madrid para interesarse y, a pesar de las reiteradas visitas que hicieron al juzgado, no consiguieron que el magistrado les contara nada sobre la marcha de las pesquisas.

Los padres de Elisa han remitido sendas cartas a la Policía y al juez Peinado en las que les reclaman información sobre el desarrollo de las pesquisas. En las misivas, a las que ha tenido acceso El Confidencial, aseguran estar esperando «con mucha tristeza y la gran angustia que genera la impotencia de estar tan lejos y no poder hacer nada para siquiera tener alguna información sobre el curso de la investigación del brutal asesinato de nuestra hija». Los familiares denuncian en las cartas la «atípica situación» que, a su juicio, se está produciendo en esta investigación con la última prórroga del secreto, que a su parecer les está generando «indefensión».

Junto a Elisa, fueron asesinados también Maritza O. R. (46 años) y Pepe C. V. (43). Este último era solo un cliente que había acudido al despacho en un fatídico momento. Una vez perpetrada la carnicería, el asesino llevó los cadáveres de las mujeres a un lado del despacho y dejó al cliente en otra habitación, echó hojas y libros sobre los cuerpos y prendió fuego para que todo ardiera. La Policía, de hecho, encontró restos de gasolina y de una sustancia acelerante en el lugar de los hechos.

La Policía descartó prácticamente desde el primer día que los asesinatos fueran cometidos por un sicario, como se llegó a especular en algún momento, ya que el ‘modus operandi’ utilizado por el autor no coincidía en absoluto con el que planifican y ejecutan los profesionales del crimen. Estos últimos, explican las fuentes consultadas, llegan al lugar elegido para cometer la matanza, aprietan el gatillo y se marchan. Lo que hizo el triple asesino de Usera no tiene nada que ver con este modo de actuar, ya que pasó un largo rato en el despacho, mostró su nerviosismo y ejecutó la masacre con un instrumento que se encontraba en la propia oficina.

También quedó descartada la posibilidad de que el asesino fuera un cliente del despacho. Los investigadores pusieron inicialmente el foco en esta línea de trabajo, tras conocer que entre la cartera del bufete había personal con antecedentes penales. Esta hipótesis, sin embargo, fue desechada tras descubrir el citado móvil pasional, como también se cerró la teoría que apuntaba a una posible venganza de algún delincuente peruano, ya que el letrado había sido fiscal en su país de origen y allí había acusado a grandes narcotraficantes, lo que podía hacer pensar en algún tipo de represalia de alguno a quien hubiera encerrado.

Todas aquellas teorías quedaron relegadas después de que los responsables de las pesquisas descubrieran que el abogado mantenía, entre otras, la mencionada relación sentimental, destapada por la pareja de la chica tras descubrir los contactos vía móvil que había entre Joel Salas y su novia.


Una de las víctimas del triple crimen de Usera fue torturada antes de morir

Luis F. Durán – Elmundo.es

7 de noviembre de 2016

Elisa Consuegra Gálvez, una de las tres víctimas del triple crimen de Usera, fue torturada a golpes antes de morir degollada, según reveló la autopsia realizada a la abogada de 31 años que perdió la vida junto a una compañera del despacho Euroasia y a un cliente que se encontraba en una de las salas del bufete situado en la calle de Marcelo Usera. La conclusión del forense es que Elisa recibió impactos de una barra de hierro por todo el cuerpo y que, por lo tanto, hubo un maltrato físico contra la letrada antes de ser degollada por el asesino. Además se da la circunstancia de que la madre de Elisa, que vive en Cuba, es una ilustre médico forense y es la que ha podido atestiguar que su hija fue víctima de una cruel secuencia de golpes antes de su fallecimiento.

Hay otro dato estremecedor que hace pensar en esta teoría de que fue víctima de una violencia extrema. Elisa tenía una pulsera de Pandora que estaba totalmente destrozada tanto por el cierre como por los hilos. Antes de ser degollada también recibió una puñalada en el pecho, a la altura del corazón. Asimismo, el móvil de Elisa se perdió en el incendio algo que aporta más misterio al asunto y no se ha podido recuperar casi ningún dato de la nube del terminal.

Fue el pasado 22 de junio cuando un individuo acabó con la vida de la abogada del bufete Elisa, de la secretaria Maritza O. R., de 46, y de un cliente, Pepe C. V., un taxista de 42 años. Las dos mujeres eran cubanas y el hombre, ecuatoriano.

En un principio se pensó que el supuesto asesino era un sicario profesional enviado desde fuera de España para matar al dueño del bufete, Víctor Joel Salas, por una venganza relacionada con el trabajo o su pasado cuando fue fiscal en Perú. Los investigadores ahora no descartan otras teorías relacionadas con la vida sentimental de Víctor.

Los amigos de la abogada asesinada no creen que un crimen tan brutal pueda deberse a una infidelidad. Consideran que alguien que se quiere vengar por un tema amoroso no actúa de esa forma tan vil. Sospechan que Víctor está escondiendo a la Policía asuntos que a lo mejor Elisa conocía. De hecho, hay datos extraños en la vida de Elisa días antes de morir. El primero es que fue hospitalizada por una crisis de ansiedad y ataques de pánico relacionados con el trabajo. Eso, según los amigos, se traduce en que quizás estaba atemorizada por algo que había descubierto recientemente. Incluso la mujer se negaba a hablar por teléfono con sus amigos y familiares de lo que le sucedía.

El segundo extremo tan chocante es que la situación en el despacho era tan difícil para Elisa que había anunciado a sus conocidos que se iba a marchar del bufete y que tras colegiarse en España estaba dispuesta a comenzar una nueva aventura profesional. Sabía inglés, alemán, francés y portugués y ya tenía posibilidades futuras de trabajo.

Pero hay otro asunto sorprendente y desconocido del día del crimen. Sobre las 14.30 horas es cuando Elisa dejó de tener el móvil activo tras recibir la llamada de una amiga. En teoría, el crimen ocurrió sobre las seis de la tarde y el autor del triple homicidio se dijo que llegó a las 17.00 horas pero parece que entró al despacho sobre las 14.30. Por eso, Elisa no fue a comer. Quizás el asesino no la dejó salir, la encerró y la interrogó durante horas. Los amigos se preguntan cómo el móvil de Elisa estuvo tanto tiempo desactivado y cómo no mandó un mensaje o una señal si algo pasaba dentro del despacho. Lo que sí ha quedado probado es que, ese día desde el bufete, Elisa llamó a Víctor para decirle que alguien «raro» había llegado y preguntaba por él. Los familiares sospechan que Elisa estuvo mucho tiempo en el despacho y que pudo ser torturada para que contase algo que sabía y que comprometía a Víctor. Y ademas mantienen que, a diferencia de Maritza, que fue asesinada en el instante, con Elisa se cebaron por algo desconocido.

Existe otro dato que aporta más intriga al caso. La principal obsesión del dueño del bufete tras el crimen fue recuperar unos documentos que Elisa tenía en su casa y que eran supuestamente muy comprometedores. Se trataba de expedientes que hacían referencia a varios matrimonios supuestamente amañados para que ciudadanos extranjeros pudieran obtener la nacionalidad española, según los investigadores. Además, también tenía en su poder Elisa expedientes sobre contratos de trabajo que supuestamente Víctor realizaba mediante sociedades que creó para tal fin y que ahora se investiga si tenían alguna actividad o si eran meras tapaderas para sus fechorías.

Elisa había llegado a España en año 2012. Era licenciada en Derecho en Cuba y obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Complutense. En Madrid buscó una nueva aventura profesional y mandó decenas de currículum para trabajar. Uno de los despachos fue el de Víctor que la contrató. Pronto se convirtió en su mano derecha y en la mujer que llevaba el despacho ya que Víctor apenas si aparecía por el bufete. Días antes de su muerte homologó sus estudios de abogado en España.

Los amigos han pedido que el caso no se olvide y lamentan que el juez prolongue el secreto de sumario del caso. Y lamentan que toda la investigación se centre en el relato del dueño del bufete ya que consideran que manipula la investigación y que hay indicios para imputarle de varios delitos pese a ser testigo protegido. Víctor sigue vigilado las 24 horas del día por Policía ya que señaló que su vida corría peligro.

Los familiares consideran que habría indicios para haberle imputado ya varios delitos y que mientras no se resuelva el crimen va a seguir siendo testigo protegido del caso.


El sumario del triple crimen de Usera acusa a un militar americano

Luis F. Durán – Elmundo.es

11 de enero de 2017

El sumario del triple crimen de Usera apunta a que un militar americano despechado fue el hombre que pudo acabar con la vida de las tres personas que se encontraban el pasado mes de junio en el bufete de la calle de Marcelo Usera. El propio sospechoso mandó un correo dos días antes del triple asesinato al dueño del despacho amenazándole de muerte por tener relaciones con su esposa, una mujer de nacionalidad alemana. «De todas las mujeres que había en el mundo has tenido que elegir a la mía. Te voy a matar», dice el email que el principal sospechoso envió al dueño del bufete Víctor Joel Salas. Éste acepta el reto y le dice que le espera. Dos días más tarde el militar americano viajó a Madrid para matar a Víctor por esa afrenta amorosa, según se desprende de la investigación policial recogida en el sumario cuyas actuaciones eran secretas hasta que el pasado mes de diciembre el magistrado titular del juzgado 41 de Madrid ordenó el levantamiento de las mismas.

Cuarenta y ocho horas después del intercambio de correos el supuesto homicida se presentó en el despacho y preguntó por Víctor. En las pesquisas consta que desde el despachó se llamó a las 14.00 horas al móvil de Víctor para avisarle que tenía una visita. Cuatro horas después el presunto criminal se marchaba del bufete tras acabar a puñaladas con la vida de la abogada del bufete Elisa Consuegra, de 31 años, de la secretaria Maritza O. R., de 46, y de un cliente, Pepe C. V., un taxista de 42 años. Las dos mujeres eran cubanas y el hombre, ecuatoriano.

El supuesto asesino prendió fuego al despacho intentando destruir las pruebas. Las averiguaciones destacan que los tres crímenes se cometieron con el mismo patrón. También el sumario refleja como el supuesto criminal planeó varias coartadas para hacer creer que en el momento del asesinato estaba en Alemania. Allí dejó su teléfono móvil y también reservó una habitación en un hotel.

Huyó a Colombia

Al día siguiente del triple crimen el sospechoso llegó a Barajas para huir a Colombia. La Policía le llegó a identificar y a interrogar en el aeropuerto y así consta en el sumario.

El trabajo de los agentes de Homicidios y de la Brigada de Policía Judicial también señala que los vídeos recogidos por las cámaras de seguridad de la zona de Marcelo Usera no pueden acreditar que el militar americano sea el hombre que sale de la casa y se pasea por la zona.

Asimismo, tampoco se pudieron recoger en la escena del crimen pruebas contundentes que puedan concluir que el sospechoso estuvo en el despacho. No hay huellas, ni rastros de su ADN que se pensaba que podrían estar en el tapón de una botella de agua.

Pese a todo la Policía cree que el militar es el posible autor del crimen y le busca por varios países de Sudamérica donde puede esconderse. Los agentes también creen que Víctor viajaba a Alemania y que mantenía una relación con la pareja del sospechoso.

Lo que parece extraño es que el militar acudiese a vengarse con la idea de matar al dueño del despacho y al no encontrarlo se ensañase con víctimas inocentes.

Hay allegados de una de las víctimas que aseguran que hay muchos datos que no encajan y que no creen en la tesis pasional. Sospechan que Víctor esconde cosas y que todas las pesquisas policiales se basan en datos aportados por él. Hay parte del sumario que sigue secreto y que puede que contengan otras líneas de investigación que den un vuelco al caso. Víctor, de momento, sigue siendo testigo protegido y sigue vigilado a diario por la Policía.


Sin noticias del triple asesino de Usera

José Antonio Hernández / Joaquín Gil – Elpais.com

18 de enero de 2017

¿Quién cometió el triple crimen en el bufete del abogado y exfiscal Antidroga de Perú Víctor Joel Salas? Siete meses después del asesinato de un cliente y de dos empleadas en el despacho Eurasia Legal Inmobiliaria, en el número 40 del madrileño barrio de Usera, el interrogante planea sobre una investigación en punto muerto.

Se desconoce si el autor de la matanza actuó solo o acompañado. También si torturó a las víctimas. Las cuatro huellas dactilares recabadas en el bufete no han permitido identificar a sospechosos. Tampoco ha sido posible extraer ADN de la palanqueta utilizada presuntamente para matar a golpes a uno de los fallecidos, el ecuatoriano Pepe Castillo, de 43 años. Y no se ha interrogado al titular del móvil 663…, quien llamó siete veces a Salas minutos antes del suceso, según revelan a El País fuentes de la acusación de este caso donde no hay ni imputados ni arrestados. Ayer, un mensaje de voz informaba de que el citado teléfono no estaba disponible.

José Miguel Ayllón, abogado de la acusación particular en nombre de la Asociación de Apoyo a Víctimas de Delitos (ANVDV), pedirá al magistrado del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, Juan Carlos Peinado, que se reinicie la investigación y que el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil analice de nuevo las pruebas químicas. El letrado solicitará también que se indaguen los movimientos, la ubicación, llamadas y mensajes de WhatsApp de Salas el día del crimen para confirmar que coinciden con su versión ante la policía.

Las vías de investigación exploradas hasta el momento para desenmarañar qué ocurrió a las 17.00 del 22 de junio en este despacho especializado en gestoría, extranjería y embargos han resultado infructuosas. Un primer informe policial avaló el ajuste de cuentas como tesis principal. El abogado Salas, de 37 años, tenía entre sus clientes a narcos y había recibido amenazas días antes de la matanza.

Más tarde, los agentes dieron credibilidad a la pista de la infidelidad. Tras tomar declaración al dueño del despacho -que tiene escolta y está considerado testigo protegido-, la policía se interesó por seguir el rastro de Dahud Hamid, un americano residente en Alemania cuya esposa mantuvo una relación sentimental con Salas. El sumario recoge que la tarde de la matanza se registraron llamadas desde líneas alemanas en el entorno del despacho de Usera 40.

Persiguiendo esta pista, el juez ha enviado una comisión rogatoria (petición de ayuda judicial) a Alemania para que se interrogue a Hamid. Sin embargo, también se baraja la hipótesis de que este ciudadano -que no está imputado- haya salido del país germano. Los investigadores han encontrado un vídeo donde un hombre con parecido físico a Hamid hace escala en Madrid en un vuelo de Iberia procedente de Frankfurt destino a Venezuela.

El sumario del caso Usera 40, de 689 folios, revela grandes lagunas. La investigación, por ejemplo, no ha identificado a un ciudadano que el día del triple crimen se presentó como «mano derecha del dueño». Tampoco hay un análisis de las cámaras de seguridad de autobuses y comercios cercanos al bufete. Y se desconoce si el juego de ganzúas y guantes que la policía halló en la cocina del despacho pertenecían al negocio o fueron usados por los asaltantes.

Las pesquisas han aflorado que el autor (o autores) del triple crimen se llevó documentación sobre casos de narcotráfico. Quemó un ordenador y cargó con la unidad central de otro. Junto a los narcos, la cartera de clientes de Salas la completaban ciudadanos asiáticos y empresarios con sociedades en paraísos fiscales.

El sumario no aclara tampoco si la cartera «con bastante dinero» que llevaba uno de los asesinados, el cliente del despacho Pepe Castillo, estaba en su bolsillo o fue sacada y manipulada por los asaltantes. Un detalle que -según fuentes próximas al caso- revelaría si los asesinos comprobaron la identidad de sus víctimas antes de la matanza en el marco de un ajuste de cuentas. También se desconoce dónde está el cuchillo cuyas esquirlas encontraron los investigadores en una silla del despacho de Salas, según fuentes de la acusación.

El propietario del bufete estaba casado con una de las víctimas, Elisa Consuegra Gálvez, de 26 años, hija de una forense y de un teniente coronel del Ejército de Cuba. La fallecida, que había estudiado en la Escuela de Formación de La Habana y en la Universidad Católica de Ávila, llevaba el día a día del negocio. Consuegra Gálvez había manifestado a su círculo más íntimo su intención de abandonar el despacho tras percatarse «de cosas raras».

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