Serhiy Tkach

El Maníaco de Pologovsky

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Necrofilia - Investigador Criminal de la Policía retirado
  • Número de víctimas: 29 - 100
  • Periodo de actividad: 1980 - 2005
  • Fecha de detención: 22 de agosto de 2005
  • Fecha de nacimiento: 12 de septiembre de 1952
  • Perfil de las víctimas: Niñas y mujeres jóvenes de edades entre 8 y 18 años
  • Método de matar: Sofocación - Estrangulación
  • Localización: Varias, Ucrania
  • Estado: Condenado a cadena perpetua el 23 de diciembre de 2008
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Serhiy Tkach – El Maníaco de Pologovsky

Asesinos-en-serie.com

30 de mayo de 2013

Este asesino de origen ruso, manchó Ucrania con la sangre de sus víctimas (29 comprobadas, 100 confesadas), todas chicas de entre ocho y dieciocho años. Habiendo trabajado como investigador policial en Siberia, no encontró dificultad alguna en burlar a la justicia por más de veinte años.

Conocido también como «El Maníaco de Pologovsky», Serhiy Tkach nació el 12 de septiembre de 1952 en la ciudad de Kiselyovsk, dentro de la región rusa de Kemerovo.

Siendo joven, Tkach se inscribió en las filas del ejército soviético, consiguiendo exitosamente acabar una especialidad de inspector tecnológico. Con esa especialidad trabajó un tiempo allí, pero después fue enviado a la Policía, siendo recomendado por los militares para ser admitido en la escuela de Novosibirsk.

Sirviendo en la Policía dentro del Departamento de Kemerovo (Siberia), Tkach enfrentó una situación en que debió admitir un fraude y redactar un informe sobre el asunto.

A Ucrania, para derramar sangre

Poco después de lo del fraude, Tkach salió de las filas policíacas y se trasladó a Urania [Ucrania] en 1982. Algunas fuentes señalan que fue entonces cuando inició sus asesinatos, mientras que otras dicen que inició su orgía de sangre en 1980, teniendo como supuesta primera víctima a una mujer joven que mató y violó en Simferopol, tras lo cual se cree que habría llamado a la comisaría más cercana para informar, aunque sin entregarse.

Habría de ser en Ucrania donde Tkach desarrollaría el resto de su vida. Allí se sabe que, en sus inicios, trabajó en minas de carbón, en granjas y en plantas industriales, así como también fue allí donde se casó tres veces y tuvo cuatro hijos.

Volviendo a su carrera criminal, Tkach dejó sangre, desde 1982 hasta el 2005, en las regiones ucranianas de Crimea, Zaporozhye, Dnepropetrovsk y Jarkov.

Solía buscar sus víctimas en plantaciones forestales cerca de vías de ferrocarril o carreteras, pues de ese modo inducía a los policías a pensar que el asesino era algún camionero o, en líneas generales, alguien de otra ciudad. Cuentan que, usualmente, antes de sus asesinatos bebía un vaso de vodka con dimedrol, una sustancia capaz de aumentar el efecto del alcohol. Luego seleccionaba la víctima, que era siempre de sexo femenino y edad entre los ocho y los dieciocho años, generalmente menor de dieciocho, pues le gustaban bien jovencitas.

Una vez que Tkach evaluaba la aparente seguridad del escenario, procedía a caer sobre la víctima en donde no hubiese testigos. Con rapidez y contundencia este monstruo, dotado de tanta fuerza que alguna vez fue campeón de pesas, apretaba la carótida de la víctima y en cuestión de segundos la mandaba al otro mundo.

Rara vez abusó sexualmente de sus víctimas cuando estas vivían. Así, cuando estaban muertas las desnudaba, destruyendo todo objeto en que pudiese haber dejado sus huellas digitales, excepto aquellos que se llevaba, tales como joyas, barras de labios, monederos o ropa interior (sí, era fetichista). Teniendo a la chica muerta y desnuda, Tkach abusaba sexualmente de ella, cuantas veces quisiese y como se le antojase, aunque tras satisfacerse limpiaba el semen y además retiraba colillas de cigarrillos, restos de comida y otros elementos que pudiesen servir para atraparlo.

Estando todo concluido, Tkach tomaba las vías del tren y se alejaba, quedando fuera del alcance de sabuesos y policías que pudiesen llegar a la escena del crimen.

Resentido, frío y astuto

Cuando Tkach fue examinado después de su captura, el examen psiquiátrico declaraba por escrito: «Sergei Tkach no necesita que se le apliquen medidas médicas forzosas. Se caracteriza por rasgos mentales y personales tan fuertemente pronunciados como el egocentrismo, la frialdad emocional, el resentimiento, la vulnerabilidad, la venganza y la imposibilidad de establecer relaciones cálidas a largo plazo. También cuenta con muy elevada virulencia, irritabilidad y agresividad.»

Pero además de todo eso, Tkach era muy astuto. Esto es comúnmente ilustrado con un episodio de su vida criminal en el que, tras acabar un asesinato, tiene guardadas posesiones de la víctima y oye que se acerca una patrulla policial. En lugar de asustarse y no saber qué hacer, Tkach entra rápido a un retrete cercano (rústico, público, puerco), se posiciona y comienza a fingir que se masturbaba: así despista a los policías, quienes lo consideran un simple onanista.

Captura y juicio

Serguéi Tkach fue detenido en agosto de 2005, durante el tiempo en que trabajaba en una planta de bombeo.

Se cree que su última víctima fue hija de un amigo suyo, era la niña Kate, de 9 años. Unas fuentes apuntan que la captura se debió a que unos niños de la aldea lo reconocieron en el funeral de la niña, habiendo visto a la niña con él justo antes de que desapareciera y reapareciera muerta. Mientras, otras fuentes dicen que un hombre lo vio con Kate, que el asunto le pareció sospechoso e informó a la Policía.

Sin embargo sabemos que efectivamente Kate murió, así que nos vemos forzados a pensar en las siguientes alternativas:

1) solo la primera versión es verdadera,

2) solo la segunda versión es verdadera, en cuyo caso, o bien él fue muy rápido al matarla antes de que la Policía lo atrapase, o bien la Policía fue muy lenta en detenerlo y tuvo tiempo más que suficiente para matarla,

3) ambas versiones son verdaderas, y entonces la Policía habría sido muy lenta, al punto de que Tkach habría tenido tiempo de ir al funeral (para despistar, pues la niña era hija de su amigo), y el informe de los niños habría ratificado el informe anterior del hombre.

En cualquiera de los casos anteriores, lo cierto es que la Policía apareció, interrogó a Tkach y lo detuvo. No fue difícil, porque cuentan que se entregó él mismo. Pero los vecinos sí estaban sorprendidos, porque Tkach les había dado una imagen muy diferente por largo tiempo, tal y como refiere Viktoria Kozachukhno (ex vecina del asesino): «Nos dijo que él era un oficial militar y que estaba en Afganistán, incluso nos mostró sus heridas. Otros vecinos decían que era un hombre muy inteligente, muy tranquilo. Nadie podría haber pensado que él era el hombre que la Policía estaban buscando».

Tiempo después de su captura, se le abrió un juicio en diciembre del 2007. Al igual que muchos otros psicópatas, este monstruo jamás mostró pesar, pese a admitir ser «una bestia que merece la pena de muerte».

De ese descaro, el coronel de Policía, Viktor Olkhovsky, cuenta que: «Son ya veinte o veinticinco años y él todavía recuerda cómo eran de altas las niñas a las que cazaba. Creo que incluso está orgulloso de ello. Por lo general estas personas se cierran, pero él está disfrutando cada parte de la historia frente a una cámara».

Según Tkach, él mataba para burlarse de la incompetencia de sus antiguos colegas policíacos. Pero eso no era todo, tal y como expresó en estas palabras el juez Serhiy Tkach: «Nadie ha sido capaz de determinar los motivos de sus acciones. La primera vez dijo que quería vengarse de las mujeres que como esposas le habían maltratado. La explicación luego se convirtió en simple placer sexual. El hecho es que simplemente no sabemos lo que le llevó a cometer estos crímenes».

En cuanto a la admisión de los asesinatos, Tkach se declaró culpable de matar a unas cien chicas, cosa que la Policía antes no le había creído, hasta que dio detalles de los crímenes y dibujó minuciosos mapas con las ubicaciones de los cadáveres. Él quería la pena de muerte, pero ésta había sido abolida en el año 2000.

No todos los asesinatos se probaron, y la condena final fue cadena perpetua por 29 asesinatos confirmados y 11 tentativas de homicidio. Al escuchar la condena, no gritó como antes lo hiciese Chikatilo: guardó la calma, habiendo aceptado que incluso merecía más por esos crímenes que efectuó «como un animal», aunque en realidad no le pesaban.

Inocentes condenados

Antes de que Tkach confesara, unas diez personas fueron acusadas por crímenes que, salvo contados casos, eran de Tkach. Ejemplo de inocentes acusados son:

1) En 1997, se condenó a 10 años a Igor Ryzhkov.

2) En el 2002, mientras cursaba el octavo curso de secundaria en la región de Zaporozhye, el joven Jacob Popovich fue sacado a la fuerza del aula por el supuesto asesinato de su prima, recibiendo 15 años de cárcel.

3) En la región de Zaporizhia, Vitaly Cairo fue condenado a 15 años.

4) Vladimir Svetlichny, cuya hijita Olga de 9 años fue asesinada por el monstruo, fue injustamente enviado a la cárcel de Dnipropetrovsk, donde en el año 2000 se ahorcó.

Ahora bien, no todas esas personas eran realmente inocentes. Maxim Dmitrenko, Kairo y Popovsky, eran los verdaderos autores de asesinatos que Tkach había asumido como suyos, de allí que las fuentes suelen hablar de 7 inocentes entre los detenidos por los crímenes posteriormente confesados por Tkach.


Seis chivos expiatorios por un homicida

José Luis Durán King

28 de julio de 2013

Cuando las autoridades preguntaron a Serhiy Tkach qué lo motivaba a asesinar, el hombre primero dijo que era por el odio que sentía hacia las mujeres, pese a que estuvo casado en cuatro ocasiones. Después explicó que mataba por simple placer sexual.

Una noche de tragos se convirtió en la pesadilla de su vida para Maksym Dmytrenko, quien el 29 de septiembre de 2004 disfrutaba su tiempo libre en un bar de Polohy, al este de Ucrania. Esa misma noche, el cuerpo de Svitlana Starostina, de 17 años, fue encontrado cerca del bar donde Maksym departía en compañía de unos amigos ocasionales. Starostina había sido asesinada y violada.

Al día siguiente, Dmytrenko fue arrestado, junto con otro hombre, cuando regresaba de unas prácticas que hacía en un tren. Sin embargo, el hombre con el que fue detenido no soportó la presión del interrogatorio y se infartó, muriendo en la ambulancia que lo conducía a un hospital.

Dmytrenko se quedó solo con el paquete y las autoridades rusas -tras torturarlo- no tuvieron empacho en condenarlo, en abril de 2005, a 13 años de prisión. Solo que Dmytrenko no fue el único en ser condenado por el asesinato de la joven; otros cinco individuos sufrieron el mismo castigo.

Un año después de entrar a prisión, Serhiy Tkach, un cincuentón que había trabajado para la policía de Siberia, confesó ser el autor del homicidio de Svitlana Starostina… y de al menos 100 personas más. En un principio, la policía no creyó que la cifra de asesinatos fuera cierta, hasta que Tkach comenzó a dar detalles minuciosos de cada uno de sus crímenes, dibujando, para lo que se ofreciera, mapas a mano de la ubicación de los cadáveres.

Aun así, las autoridades decidieron que Maksym Dmytrenko todavía era parte de las investigaciones y [no] fue liberado hasta marzo de 2012, es decir, pasó casi ocho años encerrado por un delito que no cometió.

En lo que corresponde a Serhiy Tkach, es considerado uno de los asesinos más prolíficos de la historia moderna y se especula que mató a 130 personas o más. Utilizó, de hecho, las habilidades que aprendió como policía para burlar las investigaciones en torno a los homicidios. Así lo hizo durante un cuarto de siglo, lapso en el que acabó con la vida de víctimas -casi todas mujeres- cuyo rango de edad fue de los 8 a los 18 años.

Tkach practicó la necrofilia con la mayoría de mujeres, a las que mató mediante estrangulamiento. Cuando las autoridades le preguntaron qué lo motivaba a asesinar, el hombre primero dijo que era por el odio que sentía hacia las mujeres, no obstante que estuvo casado en cuatro ocasiones. Después explicó que mataba por simple placer sexual, aunque finalmente señaló que sus crímenes tenían como propósito burlarse de sus ex colegas policías, a quienes confundió por 25 años.

Este ogro ruso fue arrestado después de que un hombre vio que caminaba con la hija -menor de edad- de un amigo. Al hombre se le hizo sospechoso ese paseo, por lo que se acercó y preguntó a la niña quién era esa persona. La menor respondió que era un amigo del que desconocía su nombre. La policía fue convocada, y después de interrogar al sujeto y averiguar quién era, lo detuvo de forma definitiva.

En 2008, Serhiy Tkach fue condenado a prisión de por vida, producto de 29 asesinatos comprobados y 11 cuentas de intento de homicidio. El hombre escuchó impasible el veredicto. Tiempo después exigió que lo ejecutaran, pero la pena capital fue abolida en Rusia tras el colapso de la Unión Soviética.

Paulatinamente, los seis chivos expiatorios en torno al caso fueron liberados. Algunos de ellos interpusieron demandas contra la burocracia judicial de su país, cuya actuación estuvo llena de errores de procedimiento y de suposiciones. Al final los demandantes se quedaron con las manos vacías y con un tiempo de su vida perdido.

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