Rüdeger Peter Oyntzen

Atrás Nueva búsqueda
Rüdeger Oyntzen

El Doctor Muerte

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Parricida - Decidió matar a sus hijos antes de que pudieran vivir con su madre
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 3 de septiembre de 1996
  • Fecha de detención: 7 de septiembre de 1996
  • Fecha de nacimiento: 1956
  • Perfil de las víctimas: Su hija Katharina, de 8 años, y su hijo Mathias, de 6
  • Método de matar: Envenenamiento (les inyectó diversos fármacos)
  • Localización: Sa Coma, Mallorca, España
  • Estado: Condenado a 34 años de prisión de 16 de junio de 1998. Muere el 8 de enero de 2016
Leer más

Rüdeger Oyntzen – Un turista alemán mata a sus dos hijos en Mallorca con una inyección venenosa

Patricio Candia – Elpais.com

7 de septiembre de 1996

La Guardia Civil ha organizado una batida por tierra y mar para dar con el paradero de un turista alemán, Ruedeger Oyntzen, divorciado, médico radiólogo de profesión, que el pasado miércoles mató a sus dos hijos, de ocho y seis años, inyectándoles veneno, en un complejo turístico de Sa Coma (Mallorca), donde pasaban sus vacaciones.

El supuesto doble parricida dejó dos cartas en la habitación del apartamento dirigidas al juez y al director del establecimiento turístico, respectivamente, confesándose autor de los hechos y anunciando su intención de suicidarse.

Según las primeras hipótesis policiales, Oyntzen tomó la decisión de acabar con la vida de sus hijos debido a que un juez alemán le quitó la custodia de los niños.

Una empleada de la limpieza del complejo vacacional encontró ayer los cadáveres tendidos en dos camas. La niña, Katharina, sujetaba una flor en la mano. El niño se llamaba Matthias. La detección de un pinchazo en el antebrazo del niño fue la primera pista que indicó a las fuerzas de seguridad la trágica técnica del parricidio: el padre les había inoculado veneno.

En la puerta colgaba el cartel de No molestar, lo que había impedido a los responsables del hotel entrar, hasta ayer, a la habitación 431 de la tercera planta del hotel.

«Los niños parecían estar dormidos pero como no repararon en mi presencia me dí cuenta de que algo extraño ocurría y avisé al director», declaró ayer la empleada del club Royal Mediterráneo que descubrió la triste escena.

El macabro hallazgo activó un exhaustivo despliegue policial para dar con el paradero del presunto doble parricida. Su foto fue distribuida en todas las zonas de entrada y salida de la isla, al tiempo que se rastreaban los acantilados y el fondo marino de la zona. Ruedeger Oyntzen tenía billete de regreso ayer, a las seis de la tarde, en un vuelo a Francfort fletado por la compañía LTU. Hasta el cierre de esta edición seguía ilocalizado.

Los empleados del hotel aseguraron que vieron por última vez a Oyntzen el pasado jueves a las siete de la tarde. Le definieron como «un hombre afable y muy cordial», además de buen cliente, ya que los últimos años había elegido ese sitio para pasar sus vacaciones.

El director del complejo hotelero, José Salvá, se encontraba consternado: «Es una auténtica tragedia, inesperada totalmente por la propia conducta del señor Oyntzen, del que nunca sospechamos nada raro», declaró.

«No deseaba que los niños siguieran sufriendo»

En la carta manuscrita dejada por el presunto parricida en el hotel, Oyntzen escribe que tomó la decisión de matar a sus hijos debido a que un juez alemán había fallado a favor de su exmujer en el juicio por la custodia de los niños. Asegura que Katharina y Matthias recibían «malos tratos» por parte de su madre y que no deseaba que «[los niños] siguieran sufriendo».

El presunto parricida ya había intentado suicidarse un año atrás, según fuentes periodísticas alemanas consultadas por este diario, ya que tenía graves problemas familiares y económicos.

Una entidad bancaria le había exigido el pago de una importante deuda, que las fuentes no cuantificaron, y se encontraba sin trabajo desde hacía un año.

Los familiares de la madre, que al parecer se encuentran en Londres, tienen su domicilio en la ciudad de Offinburg, cerca de Friburgo.


Doctor muerte

Andreu Manresa – Elpais.com

7 de septiembre de 1996

«Es la obra de un doctor muerte que parece frío, infinitamente cruel y meticuloso. Dejó los cadáveres de sus hijos bien colocados en la cama, vestidos, amortajados para salvar el rictus de la boca, en una escenificación que parece ritual o religiosa. Escribió sendos mensajes explicativos y huyó, se supone, hacia su muerte, sin destino».

Quien narra la escena es A., un profesional sujeto a la discreción de la investigación judicial que entró con mascarilla en el apartamento de Sa Coma nada más descubrirse, a primera hora de la mañana de ayer, el horrible parricidio.

A la niña muerta, Katherina, de ocho años, el padre asesino le había colocado una flor entre las manos, cruzadas sobre el pecho. «Creo que era una rosa, con más verde que flor», observó A.

Hacía tres días qué la camarera encargada del bloque -una de las 40 sirvientas que atienden a los 1.000 clientes, todos alemanes, del lujoso club litoral- no entraba a limpiar las tres piezas del habitáculo donde ocurrió el doble asesinato de los niños por su propio padre. A la terraza del tercer y último piso del edificio de hormigón llega sin cesar el ruido del viento que arrastra el mar hasta la playa, situada a 40 metros. Abandonado quedó un enorme flotador, un tiburón azul.

«Las bestias no tiene corazón y a veces se esconden en gente que parece normal», repetía una trabajadora del Club Royaltur Sa Coma. «En los últimos días había en la puerta del apartamento el cartelón puesto del lado rojo, que indica que no podemos pasar», comentaba.

El miércoles libraba la chica titular y su sustituta, pese al aviso de no molesten, quiso arreglar el apartamento. El doctor le impidió el paso. «Era amable, uno más entre tantos».

El escenario el [del] crimen estaba en orden y los cuerpos de las víctimas no presentaban signos de violencia ni de contorsiones. Un pinchazo de aguja en los antebrazos delataba una inyección de efectos letales. Se halló un pequeño botiquín con medicamentos de fabricación alemana, que el forense recogió para su estudio. «Sabía muy bien cómo matar», indicó una fuente judicial.

El doctor asesino Rüdeger Peter Oyntzen, de 40 años, salió de vacaciones con las dosis de veneno en el equipaje, con la intención de morir matando a sus dos hijos, cuya custodia correspondía a su exmujer. Tenía alterado el cerebro por el drama familiar y por el fantasma del paro en Alemania.

Su fatal acción, sin embargo, no alteró en apariencia las vacaciones de sus paisanos, lectores del Bild, con muchos hijos y discretos bebedores de cerveza. Las vacaciones de 15 días en Sa Coma, donde sale el sol por el horizonte del mar, cuestan 120.000 pesetas.

El año pasado, el parricida y sus inocentes víctimas ya estuvieron de vacaciones en el mismo lugar. Varios miles de turistas alemanes ocupaban ayer al mediodía el kilómetro largo de arena fina de Sa Coma, ajenos o ignorantes pese a que el despliegue policial desvelaba algo anormal.

«Creía que habían entrado a robar», confesó despistada una camarera. El director del club, José Salvá, azorado tras haber descubierto -avisado por la gobernanta y la camarera- los cadáveres, despotricaba contra la invasión de periodistas, a quienes amenazaba con ponerlos a disposición de la Guardia Civil o les daba clases de ética.

El oleaje de la playa cercana es peligroso y traicionero. El verano pasado, un día de temporal se cobró cinco víctimas. El vigilante de la cala observaba ayer con anteojos cómo la Guardia Civil rastreaba con una lancha el litoral buscando el cuerpo del presunto suicida: «No sé nada. Me he enterado del asunto por la radio». Idéntica explicación ofrecían decenas de turistas germanos.

Un guardia explicaba las infructuosas operaciones de búsqueda: «Hemos mirado en muchas zonas de los pinares cercanos, en los acantilados y en el mar. Hay tantos sitios…» La Interpol tiene una ficha con una fotografía del parricida, quien había amenazado con matar a su exmujer.

Krissel, de sesenta años, un paisano del asesino, ocupa una habitación a unos veinte pasos del lugar del crimen: «¡Qué horror!, me he enterado al mediodía viendo la televisión española. No me había relacionado con el doctor, pero había visto jugar en el césped a sus infortunados hijos».

Otros turistas vecinos mostraron idéntica sorpresa por el asesinato ocurrido al otro lado de las cabeceras de sus camas. Un vecino del apartamento donde ocurrió el crimen salió impasible hacia a la playa en bañador mientras sacaban por el pasillo los cadáveres de los niños. «Tanta tragedia, tan cerca y con gente tan inocente», lloraba desconsolada uña [una] trabajadora del club a media tarde.


El parricida describe con frialdad el asesinato de sus hijos tras ser detenido

Patricio Candia – Elpais.com

8 de septiembre de 1996

El médico alemán que asesinó a sus dos hijos en Sa Coma (Mallorca) inyectándoles un potente somnífero y aire en las venas intentó suicidarse en tres ocasiones, según confesó tras ser localizado, ayer por la mañana, en un mirador de Formentor.

Rüdeger Peter Oyntzen tenía una inflamación en la pierna y un hematoma en el brazo, heridas que se produjo con la misma aguja hipodérmica que empleó el pasado miércoles para acabar con la vida de sus hijos, de ocho y seis años. Fue encontrado por la policía al borde un acantilado. Oyntzen explicó a la policía con meticulosa frialdad cómo asesino a sus hijos.

El presunto asesino tenía la mirada perdida en el horizonte del mar cuando fue detenido. «No tuve valor para lanzarme al mar y matarme», confesó, poco después de narrar con gran frialdad su horrendo crimen.

La presencia del presunto parricida en un acantilado sorprendió a la policía, que se había acercado a la zona en la madrugada de ayer por un conato de incendio forestal. Allí se dio de bruces con el hombre más buscado de Mallorca en las últimas horas. No opuso resistencia alguna y hasta pareció aliviado de que lo encontraran, tras permanecer 48 horas evadido, sin probar alimento ni bebida alguna.

«Al vernos reaccionó como alguien que se ha quitado un tremendo peso de encima», comentó uno de los agentes que le detuvieron. Oyntzen relató con profusión de detalles la macabra técnica que empleó para matar a sus hijos, Katherina y Matthias, de ocho, y seis años, en el apartamento del complejo turístico Club Royal Mediterráneo de Sa Coma, el pasado miércoles.

Doble dosis

«Al niño le di un somnífero muy potente que le mató en seis minutos. En cambio a la niña no le hizo el mismo efecto, ya que movía brazos y piernas, por lo que repetí la dosis inyectándole aire en las venas y falleció dos minutos más tarde», afirmó el médico alemán, que empleó un castellano rudimentario, mezclado con términos italianos, para hacerse entender por sus interlocutores.

Añadió que una vez consumado su propósito, intentó suicidarse con la misma aguja. Incluso se acostó en la bañera de la habitación «para esperar la muerte», según relató.

Al no conseguir su objetivo, vistió y trasladó los cuerpos de sus hijos -a la niña le colocó una flor sujeta entre las manos- a las dos camas como si durmiesen; destruyó sus tarjetas de crédito, pero no su pasaporte, que quedó en la habitación junto a dos cartas dirigidas al juez y al director del hotel en las que se confesaba autor de los hechos y anunciaba que se iba a suicidar.

Permaneció 24 horas en la escena del doble crimen, juntó a los cadáveres, y el jueves por la mañana abandonó el lugar tras colocar en la puerta el cartel de No molesten.

Cogió un autobús con rumbo a la localidad de Pollença (a unos 40 kilómetros de Sa Coma) y realizó un segundo amago de suicidio. «Dijo que pensó en la posibilidad de arrojarse desde al vehículo en movimiento, pero es una versión difícil de creer», explicó el oficial de policía que le detuvo.

Más tarde, Oyntzen deambuló por la zona en busca de un acantilado para lanzarse al mar. Lo intentó en varias ocasiones, pero al final también desistió de su propósito. Los policías que le interrogaron aseguran que el parricida «insistía en que los niños murieron mientras dormían y sin experimentar sufrimiento alguno. Incluso llegó a afirmar que estaban de acuerdo» en que ésa era la mejor decisión para poner punto final al drama familiar.

Oyntze describió que los mató para ahorrarles el sufrimiento de vivir con su madre, a quien un juez había otorgado la custodia, tras el divorcio.


«No quería tener descendencia»

Patricio Candia – Elpais.com

8 de septiembre de 1996

El médico Rüdeger Oyntzen ingresó ayer tarde en prisión tras reconocer en los juzgados la autoría del doble crimen. Oyntzen, rumano de nacimiento, aunque de nacionalidad alemana, estaba divorciado desde hace un año de su mujer, que al parecer se encuentra en Londres, y sufría graves problemas económicos.

Un juez alemán había concedido la custodia de los niños a la madre, decisión que el parricida ha mencionado como hecho desencadenante de la tragedia: «En esas circunstancias no quería tener descendencia», explicó.

Las circunstancias exactas de la muerte de los pequeños serán determinadas hoy por el forense del juzgado de Manacor, que practicará la autopsia a los cadáveres. Tras declarar en el juzgado, asistido por un abogado de oficio, Oyntzen espera las decisiones judiciales recluido en una celda de la cárcel de Palma.

Cuando respondía a las preguntas de la Juez, el parricida dio cuenta de su meticulosidad al advertir al agente judicial que debía escribir su nombre con diéresis. Ante la presencia de numerosos periodistas, sobre todo alemanes, un grupo de vecinos le esperó en la calle para gritarle «¡asesino!».

Oyntzen no se inmutó y tampoco aceptó la ayuda piadosa de un policía que le ofreció un jersey para que se cubriera la cara de las cámaras de televisión y de las decenas de flashes que le retrataron en su camino a la cárcel.

Anoche se esperaba la llegada de la madre para que se hiciera cargo de los cuerpos de los dos niños asesinados.


34 años de cárcel para el médico que asesinó a sus hijos en Palma

Elperiodico.com

17 de junio de 1998

La Audiencia Provincial de Palma condenó ayer a 34 años de cárcel a Rudeger Peter Oyntzen, un médico alemán a quien un jurado popular consideró culpable del asesinato de sus dos hijos, Kattherina y Mathias, de 8 y 6 años. El facultativo, radiólogo, inyectó a sus hijos una mezcla mortal de fármacos. El condenado debe indemnizar a su mujer con 25 millones de pesetas.


El Supremo confirma 34 años de prisión para el médico alemán que envenenó a sus dos hijos con fármacos en Mallorca

Medicinatv.com

6 de junio de 2000

El Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca que condenó a un médico radiólogo alemán a 34 años de prisión por asesinar a sus dos hijos, un niño de 6 años de edad y una niña de 8, a los que envenenó con fármacos diciéndoles que eran vitaminas para prevenir las picaduras de mosquitos.

Los hechos sucedieron en la localidad mallorquina de San Lorenzo, el 4 de septiembre de 1996. El acusado, Ruedeger Peter Oyntzen, engañó a los pequeños anunciándoles que al día siguiente irían a ver unos pájaros exóticos por lo que debían tomar unas vitaminas para prevenir picaduras de mosquitos.

Al niño le suministró 6 comprimidos de Lendormin, cuya acción hipnótica sumió al pequeño en un profundo sueño. Aprovechando esta circunstancia, el médico le colocó un catéter a través del cual le inyectó diversos fármacos, que en combinación con el Lendormin causaron un edema agudo de pulmón, que ocasionó la muerte de la víctima en 15 minutos.

La hija del acusado fue asesinada al mismo tiempo y por el mismo procedimiento, pero aumentando ligeramente las dosis. La pequeña murió en 20 minutos aproximadamente. La Audiencia Provincial de Palma condenó a Ruedeger Peter Oyntzen, siguiendo el veredicto de un jurado popular, a 17 años de prisión por cada uno de los dos delitos de asesinato, con la concurrencia de la circunstancia agravante de parentesco y la atenuante de confesión, ya que el acusado refirió espontáneamente lo ocurrido a la policía.

También fue condenado a inhabilitación especial para el ejercicio de la medicina durante el tiempo que dure la condena, pero el Tribunal Superior de Justicia de Baleares revocó este pronunciamiento, aunque ratificó el resto del fallo condenatorio.

El acusado recurrió al Supremo alegando que fue condenado en virtud de sus declaraciones autoinculpatorias, prestadas durante la instrucción y que no podían ser leídas ante el jurado. Sin embargo, la confesión realizada durante la investigación del caso fue mencionada durante el juicio, algo que el Supremo aprueba porque la Ley del Jurado así lo prevé.

Además, el recurrente alegó que el jurado no tuvo en cuenta la declaración de peritos psiquiatras que, a su juicio, demostraban que padecía una grave alteración psíquica cuando mató a sus hijos. Según el Supremo, los informes no afirman la existencia de un déficit intelecto-volitivo, que pueda traducirse en eximente, sino que se limitan a describir trastornos depresivos.


El médico que mató a sus dos hijos en Mallorca pide su traslado a una prisión alemana

J. Francisco Mestre – Diariodemallorca.es

8 de diciembre de 2009

Rudeger Peter Oyntzen, el médico alemán que en el año 1996 mató a sus dos hijos aprovechando unas vacaciones en Mallorca, ha pedido su traslado a una prisión germana. Pretende estar más cerca de su familia, en concreto de sus padres, y terminar de cumplir la pena de prisión que le resta en una prisión de su país, según han confirmado fuentes judiciales.

Este crimen, que conmocionó Mallorca, ocurrió el día 3 de septiembre de 1996 en unos apartamentos de sa Coma. Sus hijos Katharina y Mathias, de 8 y 6 años de edad, respectivamente, fueron encontrados muertos por una empleada del hotel. Los dos pequeños estaban acostados en sus camas con una rosa en cada mano. Su progenitor les había inyectado la noche anterior un cóctel de medicamentos que había provocado la muerte a los dos hermanos.

Antes de que encontraran los dos cuerpos, el radiólogo alemán había intentado también quitarse la vida, pero al final no quiso o no supo hacerlo. Primero se inyectó la misma sustancia que proporcionó a sus hijos y se metió en la bañera llena de agua esperando a que le hicieran efecto los medicamentos. Quedó adormecido, pero al rato se despertó.

Se vistió y se marchó de la habitación donde yacían muertos sus dos hijos. Seguía con su idea de quitarse la vida y se dirigió hacia la costa. Se metió en el agua e intentó morir ahogado, pero tampoco lo consiguió. Horas después cogió un autobús y se dirigió hacia la zona de Formentor. Se asomó varias veces a los acantilados, pero fue incapaz de arrojarse.

Al día siguiente de localizarse los cuerpos de las dos víctimas, Peter Oyntzen fue localizado en Formentor por una patrulla de la policía Local de Pollença. El turista alemán confesó que era a él a quien buscaban y reconoció que había matado a sus hijos.

Se divorciaba de su mujer

Después se supo que antes de trasladarse a Mallorca de vacaciones ya había preparado la muerte de sus dos hijos. Hacía poco tiempo que había iniciado el proceso de divorcio con su esposa y el juez alemán le había concedido a ella la guarda y custodia de Katharina y Mathias.

Oyntzen no lo aceptó nunca y decidió matar a los niños antes de que pudieran vivir con su madre. Por ello viajó de Alemania a Mallorca con varias sustancias y material médico, como agujas, catéteres o vendas.

Dos años después de descubrirse este macabro doble asesinato, el médico alemán fue juzgado por un jurado popular en Palma. El veredicto fue de culpabilidad. No se aceptó ni una sola de las atenuantes que planteó el acusado, que se mostró muy arrepentido por lo ocurrido. Alegó que estaba sufriendo una profunda depresión, con lo que explicós [explicó] sus crímenes. Pero el jurado no le creyó y le condenó por dos asesinatos.

La juez le impuso una pena de 34 años de prisión, si bien el código establece que el tiempo máximo de cumplimiento efectivo es de 20 años. Oyntzen ya lleva cumplidos más de 13 años, por lo que sólo le quedarían siete para salir en libertad.

El médico ha enviado un escrito al ministerio de Justicia en el que solicita su traslado a Alemania. Pide que se aplique el convenio de colaboración en materia de política penitenciaria entre ambos países. Fuentes jurídicas señalaron que el ministerio de Justicia no suele poner ningún reparo a que un condenado en España cumpla el resto de la pena que le queda en una cárcel de su país, en este caso Alemania, pero que se estudia caso por caso antes de dar respuesta a la petición que se plantea.

El único requisito es que en la prisión donde se traslada al preso se respete la sentencia dictada en España, es decir, en este caso Oyntzen no podría cumplir más allá de los 20 años de prisión efectiva, como ocurriría si siguiera preso en España.


Trasladado a una prisión en Alemania el médico que mató a sus dos hijos en sa Coma

B. Palau -­ Diariodemallorca.es

19 de febrero de 2011

Rudeger Peter Oyntzen, el médico alemán que asesinó a sus dos hijos en unos apartamentos de sa Coma (Sant Llorenç des Cardassar) durante unas vacaciones en Mallorca en 1996, ha sido trasladado a una prisión germana donde cumplirá el resto de condena. El radiólogo germano solicitó hace más de un año que le cambiaran a una cárcel de su país para poder estar más cerca de su familia.

El pasado jueves por la tarde, Oyntzen fue excarcelado por la Policía Nacional en Palma y conducido hasta el aeropuerto de Son Sant Joan. Allí fue entregado a las autoridades germanas, que se encargaron de custodiarle durante el viaje en avión a Alemania. Una vez en su país, el hombre ingresó ya de noche en otro centro penitenciario.

Rudeger Oyntzen llevaba preso en Mallorca más de 14 años por el doble crimen que conmocionó a la isla. El médico fue condenado a 34 años de cárcel después de que un jurado popular le declarara culpable de dos delitos de asesinato en 1998. Sin embargo, la Ley establecía que el tiempo máximo de cumplimiento era de 20 años, por lo que le quedarían menos de seis años para salir en libertad. Este periodo de tiempo lo cumplirá en una prisión en Alemania.

El radiólogo germano solicitó al ministerio de Justicia que se le trasladara a su país en aplicación del convenio de colaboración en materia de política penitenciaria entre España y Alemania. El jueves por la tarde se hizo efectivo el cambio de prisión. La Policía Nacional excarceló al asesino en Palma y lo entregó a los agentes alemanes.

Rudeger Oyntzen mató a sus dos hijos el 3 de septiembre de 1996 en unos apartamentos de sa Coma. Los dos niños, Katharina y Mathias, de ocho y seis años, fueron hallados muertos acostados en sus camas con una rosa en cada mano. Su padre les había inyectado la noche anterior un cóctel de medicamentos que les causó la muerte.

El médico alemán también trató de quitarse la vida. Un día después del hallazgo de los cadáveres de los dos menores, Oyntzen fue localizado en Formentor por la Policía Local de Pollença. Fue detenido y confesó el doble crimen.

El asesino se hallaba en trámites de divorcio de su esposa y un juez alemán le había concedido a ella la guarda y custodia de sus dos hijos. El hombre ya había planeado la muerte de los dos niños antes de viajar a Mallorca.


Fallece preso en Alemania el «doctor muerte» que mató a sus hijos en sa Coma

J. Jiménez – Ultimahora.es

14 de enero de 2016

Veinte años después de uno de los crímenes más espeluznantes que se recuerdan en Mallorca, y todavía preso, ha muerto en Alemania Peter Rudeger Oynzten. El «doctor muerte» asesinó en 1996 a sus dos hijos en un hotel de sa Coma, para evitar que su mujer, de la que se había separado traumáticamente, se quedara con ellos.

El radiólogo alemán estaba de vacaciones en la Isla con su hija Katharina, de 8 años, y su hijo Mathias, de 6. Un juzgado de su país le había concedido la guarda y custodia a su exmujer. Tras inyectar un potente somnífero y aire en las venas a los dos pequeños, dejó sus cuerpos sobre las camas de su habitación del hotel y les colocó una flor entre las manos y cogió un autobús en dirección a Pollença.

Su supuesta intención era quitarse la vida lanzándose desde el mirador de Formentor. Cuando fue detenido por la Policía Local, deambulando entre las rocas, Oyntzen sostuvo que había querido quitarse la vida en tres ocasiones, pero le había faltado valor.

El juicio condenó al médico alemán a 34 años de cárcel e ingresó en la penitenciaría de la carretera de Sóller. En 2009, el abogado de Oyntzen pidió oficialmente su traslado a una prisión alemana, para que pudiera estar cerca de su familia.

Dos años después, en virtud del acuerdo en materia penitenciaria entre España y Alemania, el «doctor muerte» fue trasladado a una prisión de su país. Ya en régimen de tercer grado, sólo acudía a dormir. Últimamente, su estado empeoró por un cáncer y hace unos días falleció.


El «doctor muerte» viajó a Palma para despedirse de sus amigos de la cárcel

G. Esteban – Ultimahora.es

15 de enero de 2016

El «doctor muerte», el radiólogo alemán que mató a sus hijos en sa Coma, en 1996, acudió recientemente a Palma para despedirse de sus amigos de la cárcel antes de perecer. Viajó, custodiado por la policía, hace algunos meses.

El médico alemán permaneció interno a lo largo de 15 años en el centro penitenciario de la carretera de Sóller. En 2011, dos años después de la petición de su abogado, lo trasladaron a una prisión alemana para que pudiera estar cerca de su familia. En régimen de tercer grado, únicamente iba a dormir. Con el tiempo su estado de salud empeoró a causa de un cáncer y hace varios días falleció.

Rüdeger Peter Oynzten, divorciado, se encontraba de vacaciones con sus dos hijos en un complejo turístico de sa Coma cuando perpetró el parricidio.

El médico alemán fue condenado a 34 años de cárcel después de que un jurado popular le declarara culpable de dos delitos de asesinato.

Uso de cookies.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR