Rosemary Pauline West

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Rosemary-West

Los crímenes de la Casa de los Horrores

  • Clasificación: Asesina en serie
  • Características: Tortura - Violación - Descuartizamiento
  • Número de víctimas: 10 +
  • Periodo de actividad: 1971 - 1987
  • Fecha de detención: Abril de 1994
  • Fecha de nacimiento: 29 de noviembre de 1953
  • Perfil de las víctimas: Charmaine West, de 8 años / Catherine Bernadette «Rena» West (27) / Lynda Carole Gough (19) / Carol Ann Cooper (15) / Lucy Katherine Partington (21) / Theresa Siegenthaler (21) / Shirley Hubbard (15) / Juanita Marion Mott (18) / Shirley Anne Robinson (18) / Alison Jane Chambers (16) / Heather Ann West (16)
  • Método de matar: Estrangulamiento
  • Localización: Gloucester, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Condenada a cadena perpetua el 22 de noviembre de 1995
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La casa de los horrores

Marta Rivera de la Cruz – El País

14 de agosto de 2005

Fred West, un aldeano tosco y semianalfabeto, tiene el dudoso honor de haber sido uno de los mayores asesinos en serie de nuestra historia más reciente. Solo o en compañía de Rosemary, su mujer, mató al menos a 20 jóvenes, a las que enterraba en el sótano o en el jardín de su casa de Gloucester, en el Reino Unido.

Gloucester es una ciudad pequeña, agradable y aburrida en el oeste del Reino Unido. Cuenta con unos 100.000 habitantes, y no tiene gran cosa que ofrecer a los turistas excepto su catedral, una veintena de casas victorianas y el paisaje de las colinas de los Cottswolds. Gloucester es uno de esos lugares en los que nunca pasa nada, pero en 1994 ocurrió algo que convertiría la apacible ciudad en capital del horror: en el jardín del número 25 de la céntrica Cromwell Street empezaron a aparecer restos humanos. El propietario de la casa, Fred West, fue acusado del asesinato de nueve mujeres con la complicidad de su esposa, Rosemary.

Fred West nació en 1941 en la pequeña población de Much Marcle, en una familia de granjeros. Fred no fue al colegio, o al menos no regularmente. Lo justo para aprender a leer y a garabatear unas cuantas líneas cuajadas de faltas de ortografía. Decían que era bueno en las tareas del campo, pero Fred detestaba la vida rural. Much Marcle se le quedaba pequeño. Un día, al cumplir 15 años, se marchó sin decir nada y pasó un mes en Heretford, durmiendo al raso y sin lavarse. Luego volvió a casa. Allí le esperaba un padre alcohólico y una madre que le había mostrado los caminos del sexo desde los 12 años. Así, no es raro que Fred abusase de su hermana pequeña. Tenía 20 años cuando fue procesado por violarla. Él no lo negó: ¿qué tenía de malo acostarse con una chica de 13 años? A pesar de que el caso llegó a juicio, fue sobreseído. West había ganado al sistema su primera batalla.

Para entonces, Fred ya había dejado Much Marcle y vivía intermitentemente en diferentes ciudades de Gloucestershire. Había pasado unos meses embarcado, y aquel periodo le proporcionó material para fanfarronear durante el resto de su vida. Claro que entonces ya nadie tomaba a Fred demasiado en serio. La gente le consideraba un fantasma capaz de inventarse las historias más inverosímiles para darse pisto. La realidad es que West era sólo un aldeano semianalfabeto, tosco y grosero, de facciones vulgares y rudas. Eso sí, tenía un pico de oro. Por eso a veces daba el pego, y quienes no le conocían se tragaban algunas de sus baladronadas. En 1962, Fred se casó con Rena Costello. Rena tenía una niña de un año llamada Charmaine, a la que West adoptó, y pronto el matrimonio tuvo su primera hija, Anne Marie. Vivían en una caravana, y durante unos años anduvieron de aquí para allá. Fue por esa época cuando un tipo alertó a la policía de que Fred West llevaba encima una colección de polaroids de órganos sexuales, pero los agentes contestaron que «eso era asunto del señor West». Nadie se acordó de la denuncia cuando, semanas más tarde, un adolescente fue hallado colgado de una viga con un montón de fotos pornográficas bajo sus pies. Lo curioso es que aquel chico había sido visto varias veces por la ciudad en compañía de Fred West…

El primer crimen oficial cometido por West tuvo lugar en 1967. Entonces tenía una aventura con una jovencita llamada Mary Ann, que esperaba un hijo suyo. Fred la mató y enterró sus restos en un prado cerca de Much Marcle. Para entonces, las cosas con Rena ya no iban bien, y la pareja pasaba separada casi todo el tiempo. En cuanto a las niñas, zascandileaban de casa de papá a casa de mamá, y de allí a algún hogar de acogida. Y entonces, en 1969, Fred conoció a Rosemary Letts y empezó para él una nueva historia.

Quienes la conocían aseguraban que Rose era «una chica de cuidado». Tenía 15 años y la experiencia sexual de una prostituta de 50. Fred la encontró perfecta: le encantaba la pornografía, le encantaban las perversiones, le encantaba la promiscuidad y no le importaba que la mirasen cuando practicaba sexo. Se casaron enseguida. Su primera hija, Heather, nació en 1971, y Fred decidió que Rena y Charmaine se habían convertido en un estorbo. Así que las mató a las dos y las enterró en Much Marcle. Cuando llamaron del colegio de Charmaine diciendo que la niña llevaba una semana sin ir a clase, Fred dijo que su madre y ella se habían mudado. Nadie quiso saber más. Se habían mudado. Punto.

En 1972, los West se dijeron que ya estaba bien de vivir en una caravana y se trasladaron al número 25 de Cromwell Street. Fred estaba encantado con aquella casa, que alquiló primero y compró en cuanto pudo. Se pasaba la vida haciendo obras. La casa tuvo siempre un aspecto horrible y estaba llena de herramientas y de trozos de cosas raras que Fred iba recogiendo en su furgoneta. Todo le valía, desde un neumático pinchado hasta un canalón roñoso. Llevaban sólo unos meses en la casa cuando los West llevaron a cabo un ensayo general de lo que vendría después: agredieron sexualmente a la niñera de sus hijos, una chica llamada Carol, que fue sometida durante horas a todo tipo de vejaciones. La muchacha les denunció, pero la policía logró convencerla de que retirase las acusaciones de violación. Tendría que testificar, recordar ante un tribunal todas las cosas que le habían hecho los West. Y nadie creería su versión. «Eres facilona, ¿verdad, Carol? Muchos chicos de Gloucester estarían dispuestos a declararlo. Ningún juez se va a tragar tu historia. Estabas en el ajo, ¿a que sí? Aceptaste participar en un jueguecito, y quizá a los West se les fue la mano». Carol Raine se asustó. Los West fueron condenados, por dos cargos menores de abuso y lesiones, a pagar una multa de 100 libras. «No les haríamos ningún bien enviándoles a la cárcel», dijo el juez. Segunda victoria de Fred West. Y ésta hizo que se creyese invulnerable. La suerte estaba de su parte. La ley estaba de su parte. La función acababa de empezar.

Anne Marie, su hija mayor, tenía ocho años cuando Fred comenzó a violarla con la ayuda de Rosemary. Los niños (la familia había aumentado con la llegada de Stephen y Mae, y luego nacerían cinco hijos más, tres de la relación de Rose con otros hombres) eran obligados a ver la colección de fotos pornográficas de su padre, y en cuanto aparecieron los primeros vídeos domésticos, las películas porno se convirtieron en el telón de fondo de la vida familiar. Aquellos niños no tenían amigos. Los pequeños West crecieron pensando que el mundo exterior les era hostil, que sólo estarían seguros dentro de casa, que las personas de fuera les harían daño. Así no había peligro de que revelasen ninguno de sus secretos, ninguna de las espantosas costumbres de aquella grey demencial. «Sólo vuestra familia os protegerá. Los demás quieren causaros dolor». Dolor. Fred West quería proteger a sus hijos. Tenéis suerte de tener un padre como yo, les decía a sus hijas antes de violarlas.

Para ayudarse a pagar la hipoteca, los West comenzaron a alquilar habitaciones, y la casa se convirtió en refugio de colgados y delincuentes de poca monta que entraban y salían del 25 de Cromwell Street. Rose se acostaba con casi todos los inquilinos, cosa que Fred aplaudía. La casa adquirió fama de puerto franco: cualquiera que estuviese en un lío podía quedarse allí. Venían muchas chicas que se habían escapado de la casa paterna o del hogar de acogida, jóvenes abandonadas por un novio o que acababan de salir de la cárcel. Aquello facilitaba la tarea de Fred y Rose, que tenían donde escoger. Aquellas chicas de vida desestructurada eran las mejores presas. ¿Quién iba a creer a una ladronzuela, a una prostituta, a una traficante si llegaba a la policía contando que los West la habían violado? Muchas de aquellas muchachas salieron llorando del número 25 de Cromwell Street. Otras no tuvieron tanta suerte y se quedaron en la casa para siempre. Ni Rosemary ni Fred explicaron cuál fue el sistema de selección, dónde acababan los abusos sexuales y empezaban las torturas que terminaban en asesinato. Nueve asesinatos. Nueve chicas, todas jóvenes.

Los crímenes de los West podían haberse descubierto mucho antes. De las nueve víctimas de la pareja, siete habían pasado en algún momento por la casa de Cromwell Street. Por eso resulta inverosímil que la policía no relacionase al matrimonio con sus desapariciones. La cuestión, y Fred y Rosemary lo sabían, es que las autoridades no dieron importancia al hecho de que una muchacha conflictiva se esfumase sin dejar rastro. Suelen hacerlo -decían los policías si alguien denunciaba-, se van, se cambian de nombre, quizá salen del país; no se preocupen, la chica aparecerá cualquier día. En Inglaterra, donde en 1994 ni siquiera existía un registro oficial de personas desaparecidas, la burocracia para denunciar este tipo de casos es desesperante, y en ese momento se consideraba que no merecía la pena buscar a determinadas personas. Sólo dos de las víctimas de los West rompían ese patrón: dos estudiantes universitarias, Theresa Sieghenthaler y Lucy Partington [Lucy era prima del escritor Martin Amis]. Ninguna había puesto los pies en el número 25 de Cromwell Street, y jamás se habrían relacionado con un tipo como Fred West, que iba recogiendo chatarra de las cunetas y era capaz de comerse una cebolla como quien se come una manzana. Parece ser que los West las secuestraron cuando esperaban el autobús. Claro que Fred contó otra cosa. Contó que Theresa y Lucy eran sus amantes, y que mató a Lucy porque estaba empeñada en presentarle a sus padres.

En 1987, Fred asesinó a su hija Heather y enterró sus restos en el sótano con los de sus otras víctimas. La chica empezaba a dar problemas. Era lista, independiente, rebelde. El día menos pensado podría ir a la policía. Así que la mató. Rosemary le ayudó a esconder el cadáver. A los chicos les dijeron que Heather «se había marchado con una lesbiana», pero los mayores, Stephen y Mae, intuyeron que había algo raro en la súbita desaparición de su hermana.

En agosto de 1992, una de las hijas pequeñas de West confesó a una amiga que su padre la había violado. Y aquella niña tuvo la sensatez que nunca demostraron los adultos que rodeaban a la familia: acudió a la policía, que inició una investigación en regla. Los cinco menores de la casa fueron llevados a familias de acogida, y Fred West, detenido por violación. Se interrogó al resto de los niños, y Anne Marie (a quien su padre había violado 300 veces) admitió haber sido víctima de abusos, aunque luego se desdijo de su declaración. Mientras, Rose amenazaba a sus hijos: no contéis nada. Destruiréis a la familia, les decía. En la casa de Cromwell Street, la policía requisó decenas de vídeos pornográficos que protagonizaba Rose. El visionado de aquellas cintas impresionó a investigadores curtidos. Y a pesar de todo, dejaron que aquel año Fred volviese a casa para pasar las navidades. Luego, un año más tarde, un juez decidió no llevar adelante el caso. Había contradicciones en los testimonios de los niños. Así que, en junio de 1993, Fred volvió a la vida normal, fue readmitido en su trabajo y se le devolvió la custodia de sus hijos menores.

Sin embargo, una oficial de policía, la detective Hazel Savage, no las tenía todas consigo. Porque las distintas familias de acogida de los cinco pequeños West habían coincidido al extrañarse de una broma que gastaban a menudo los niños: «Heather está en el sótano», decían, «papá dice que Heather está en el sótano». Savage movió todos los hilos, tocó todas las puertas y consiguió una orden para hacer un registro a fondo de la casa de los West. El 24 de febrero de 1994, unos policías armados de picos y palas llegaban a Cromwell Street. Cuatro días más tarde aparecieron unos restos humanos. Para entonces, Fred ya había admitido haber asesinado a su hija. Pero la sorpresa llegaría cuando encontraron tres fémures.

En los días siguientes, los cuerpos de nueve mujeres aparecieron en el sótano del 25 de Cromwell Street, y Rosemary West fue acusada de haber sido cómplice de su marido. Mientras, la centralita de la policía se colapsaba con las llamadas de parientes de muchachas desaparecidas en los últimos 20 años en la región de Gloucestershire, y hordas de periodistas tomaban la ciudad para obtener información sobre la familia West. Lo curioso es que nadie hablaba mal de Fred, e incluso muchos se referían a él como «un tipo encantador». Era un modo de verlo. Un tipo encantador que invitaba a sus compañeros de trabajo a presenciar películas de porno casero protagonizadas por su propia esposa. Un tipo encantador que, en el pub, solía mostrar polaroids de órganos sexuales. Un tipo encantador cuyos hijos sólo salían de casa para ir a hacer la compra, que siempre estaban tristes, que vestían ropas tres tallas más grandes. Un tipo encantador.

Lo que revolvió los estómagos y las conciencias de los británicos fue la absoluta inoperancia de las autoridades. Durante 20 años, West había estado dejando pistas por el camino, como un rastro de migas de pan en forma de abusos, de agresiones, de comportamientos sospechosos. Empezaron a conocerse evidencias de que hubo decenas de oportunidades de parar los pies al monstruo. Una vez, cuando Anne Marie tenía 12 años, su profesor de gimnasia informó a la asistencia social de que la niña solía lucir moratones en las piernas y en los brazos. Una funcionaria se presentó en Cromwell Street, y allí la recibió Rose, que estuvo encantadora. Ofreció a su visitante una taza de té y charlaron sobre lo difícil que es atar en corto a una niña traviesa. La trabajadora social se dio por satisfecha y dijo que todo estaba en orden en aquella casa. Ahora parece increíble que aquella mujer no viese ningún detalle sospechoso, como también que en el colegio al que asistían los West nadie se extrañase de la conducta de aquellos niños medrosos y mal vestidos. Aquellos niños que hacían planes para fugarse de casa, que hablaban en susurros, que faltaban a clase cada dos por tres (una de las niñas llegó a acumular 50 faltas de asistencia en un solo curso), que lucían cardenales, que hablaban de sexo con alarmante naturalidad. Todo está en orden.

Eso mismo se decían los vecinos. ¿Pero cómo es posible que en más de 20 años nadie notase algo extraño en la casa? ¿Que nadie escuchase gritos, que a nadie escamasen las entradas y salidas de la furgoneta de Fred? ¿Que nadie se preguntase de dónde salía y adónde iba toda aquella gente extraña que frecuentaba el 25 de Cromwell Street? Los británicos presumen siempre de su discreción, del escrupuloso respeto hacia la privacidad, del carácter sacrosanto que tienen las vidas ajenas. Los vecinos de los West tenían que saber que en aquella casa había gato encerrado. Pero se dijeron, conforme a la idiosincrasia inglesa, que aquello no era asunto suyo. La exquisitez británica fue, en este caso, un as en la manga para el modus operandi de Fred West.

En enero de 1995, Fred West se suicidó en la celda de una cárcel de Birmingham donde aguardaba su juicio por 12 asesinatos. Sabía que en todas las cárceles británicas estaban esperando su llegada para ofrecerle una bienvenida especial. Fred era un cobarde incapaz de enfrentarse a nada, mucho menos a la implacable ley de los presos que señala a violadores y asesinos de niños. Así que se fabricó una cuerda con trozos de sábana y se colgó. Muchos consideraron aquella muerte como la última burla al sistema por parte de West. En cuanto a su esposa, Rosemary, fue condenada a cadena perpetua por nueve asesinatos.

La vida en Gloucester se había alterado. Y aquello amenazaba con seguir. Desde todos los rincones del mundo, centenares de chiflados intentaban adquirir cualquier objeto que hubiese sido utilizado por los West. Se dijo que un empresario estaba interesado en comprar la casa de Cromwell Street para instalar en ella un museo del horror, pues se estaba convirtiendo en un elemento de atracción turística más poderoso que la catedral y los paisajes idílicos de Gloucestershire. Y el Ayuntamiento de la ciudad dijo basta. Una vez que la policía confirmó que las pesquisas habían terminado se tomó la decisión de destruir la casa de la infamia. Más que eso: se redujo a polvo todo cuanto los West habían usado, tocado o mirado durante aquellos años terribles. El solar fue transformado en un paso entre calles, de modo que hoy, 10 años después de la muerte de Frederick West, no queda de la casa de los horrores más que un recuerdo y una leyenda negra que los vecinos de Gloucester prefieren olvidar. Dentro de unos años, nadie podrá señalar el lugar exacto donde se levantaba el número 25 de Cromwell Street.


Fred y Rosemary West: «Los Asesinos de Cromwell Street»

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Por eso funcionó tan bien nuestro matrimonio, simplemente porque Rose no había llevado nunca una vida indómita y adoptó mi modo de ver la vida. La fui formando para que se convirtiera en lo que yo quería. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

Declaraciones de Fred West tras su arresto

Frederick Walter Stephen West nació en 1941 en el pueblo de Gran Marcle, a unos 120 kilómetros al oeste de Londres. Sus padres fueron Walter y Daisy West. Provenía de una familia de trabajadores agrícolas de Herefordshire. De niño era un hermoso bebé con enormes ojos azules y cabello rubio.

A pesar de los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial y la pobreza en que vivían los West, tuvieron seis hijos más a lo largo de diez años. Fred y su madre mantenían una relación muy estrecha. También tuvo una buena relación con su padre, a quien en su primera infancia admiraba profundamente.

El hermoso bebé se convirtió en un muchacho de aspecto desaliñado y rasgos simiescos. Su pelo rubio se volvió café oscuro y estaba siempre despeinado. Era un mal estudiante y los otros chicos lo golpeaban, gritándole que parecía un simio y burlándose de él. A los quince años dejó la escuela y se fue a trabajar como peón a una granja; era casi analfabeta [analfabeto].

En sus declaraciones posteriores, Fred afirmaría que su padre violaba a sus hermanas, diciéndoles: «Me debes la vida, así que me perteneces y puedo hacer lo que desee contigo».

También aseguraría que él mismo había cometido incesto con una de sus hermanas y la había dejado embarazada, pero que ella había abortado. Estas historias eran típicas de Fred West, quien desde muy joven se obsesionó con el sexo y gustaba de narrar historias truculentas y fantasear de manera exacerbada.

Rosemary Pauline Letts nació en noviembre de 1953 en Devon (Inglaterra). Su padre, Bill Letts, era esquizofrénico. Su madre, Daisy Letts, sufría de depresión severa. Bill Letts fue un tirano doméstico y violento que exigía obediencia incondicional a su esposa e hijos. Gozaba al disciplinarlos y parecía siempre buscar razones para castigarlos. Tenía además episodios psicóticos. No trabajaba y su familia siempre estaba corta de dinero. Andrew Letts, hermano de Rose, recordaría:

«Si pensaba que estábamos en la cama demasiado tarde, iba a lanzar un balde de agua fría sobre nosotros. Nos obligaba a cavar en el jardín, y eso significaba hacer hoyos en todo el jardín. Luego lo inspeccionaba como un oficial del ejército, y si no estaba satisfecho, tendíamos que hacerlo todo de nuevo. No se nos permitía hablar y jugar como niños normales. Si hacíamos ruido, iba por nosotros con un cinturón o un trozo de madera, golpeándonos hasta que mamá se interponía. Entonces ella recibía una paliza».

Después de dar a luz a cuatro hijos y tratar de hacer frente a su violento esposo, la profundización de la depresión de Daisy dio lugar a su hospitalización en 1953. Fue tratada con terapia de electroshock. Poco después de recibir las descargas eléctricas, Daisy dio a luz a Rosemary. Siendo una bebé, Rose daba vueltas con la cabeza durante horas enteras, sin proferir sonidos. A medida que crecía, se ponía más y más obesa. Se convirtió en una especie de mascota de su represor padre, cumpliendo todos sus deseos y caprichos, con lo que escapó de los maltratos y se convirtió en la favorita.

Dado su bajo coeficiente intelectual, Rose siempre fue una mala alumna. El exceso de peso la convirtió en el blanco de las bromas crueles de sus compañeros. Respondía entonces con agresiones físicas y peleaba constantemente a golpes. En su adolescencia, Rose mostró señales de ser sexualmente precoz. Le gustaba caminar desnuda por la casa después de bañarse. Además, se metía en la cama de su hermano menor para acariciarlo y practicarle sexo oral. También empezó a relacionarse furtivamente con muchos hombres mayores que ella.

En 1958, a los diecisiete años, Fred West quedó gravemente lesionado a causa de un accidente de motocicleta. Quedó en coma una semana a causa del fuerte golpe en la cabeza. Lo operaron y le colocaron una placa metálica en el cráneo. También se rompió una pierna, la cual quedó más corta que la otra, padeciendo siempre una marcada cojera.

Después del accidente, era propenso a ataques repentinos de ira y parecía haber perdido el control sobre sus emociones. También se acentuó su mitomanía. Después de su recuperación del accidente, Fred se dedicó a delinquir: cometía distintos tipos de hurto y se volvió un obsesivo coleccionista de herramientas y artículos de ferretería: clavos, tornillos, taladros, martillos, llaves, gatos hidráulicos, todo lo que sirviera para mecánica, carpintería, construcción, fontanería, electricidad, Fred lo coleccionaba.

También recogía desechos en la calle: trozos de manguera, tuercas, pedazos de metal. A veces inclusive entraba a los jardines de los vecinos y robaba objetos. De manera compulsiva, almacenaría aquellos objetos durante años.

Por esa época conoció a una atractiva jovencita de dieciséis años de edad: Catherine Bernadette Costello, más conocida como Rena, quien había tenido problemas con la policía desde su primera infancia. En el momento en que conoció a Fred, éste ya era un ladrón con experiencia realizada. Se convirtieron en amantes casi de inmediato, pero la relación terminó cuando ella volvió a su casa unos meses más tarde.

En esos días, Fred tocó las piernas de una jovencita que vio en un club. La chica lo abofeteó, Fred perdió el equilibro y nuevamente se golpeó la cabeza contra una escalera de incendios. Quedó desmayado y al despertar aseguró no recordar nada.

En 1961, Fred acosó sexualmente a una niña de trece años. Recibió una multa por ello. Pero su familia rompió con él. Tuvo que irse y buscar dónde trabajar y vivir. Se mudó y consiguió laborar como obrero en proyectos arquitectónicos. No pasó mucho tiempo antes de que fuera sorprendido robando en los sitios de construcción y teniendo relaciones sexuales con menores de edad. En 1962, los padres de Fred cedieron y le permitieron volver a vivir con ellos.

Ese verano, su novia Rena Costello regresó y se instaló con Fred inmediatamente. Parecían una buena pareja. Sin embargo, Rena no era una chica inocente: tenía antecedentes de prostitución y robo. Además estaba embarazada de un conductor de autobús japonés. Los padres de Fred se opusieron a la relación.

Rena y Fred se casaron en secreto en noviembre de ese año y se trasladaron inmediatamente a Escocia, de donde Rena era originaria. Sus padres creían que el bebé que esperaba era de Fred. En marzo de 1963, cuando nació Charmaine, Fred hizo que Rena le escribiera a su madre diciéndole que su bebé había muerto en el parto y que había adoptado un niño de raza oriental. Aunque Rena había sido prostituta, la incontrolable sexualidad de Fred llegó a hartarla. Poseía un voraz apetito sexual que nunca estaba satisfecho. En esa época, Fred conducía un camión de helados, que le brindaba acceso ilimitado a muchas mujeres jóvenes. Era cortés y parecía sincero, así que siempre estaba rodeado de adolescentes. A pesar de su promiscuidad y las constantes infidelidades, Fred, era muy posesivo con Rena y Charmaine. En 1964, Rena tuvo una hija de Fred a quien llamaron Anne Marie.

Poco después del parto, Fred conoció a Anna McFall, una chica cuyo novio había muerto en un accidente. Además, Fred estuvo involucrado en un accidente con el camión de helados: mató a un niño aplastándole el cráneo, al no darse cuenta de que el pequeño estaba detrás del vehículo. Ese accidente llenó a Fred West de remordimientos, llevándolo incluso a renunciar, pese a que se demostró que él no había tenido la culpa.

Fred y su familia volvieron a Gloucester. Consiguió entonces trabajo en un matadero. Esto tuvo un profundo efecto sobre Fred. El investigador Colin Wilson afirmó al respecto: «Una cosa está clara: en algún momento, Fred West desarrolló una morbosa obsesión por los cadáveres, la sangre y el desmembramiento. Las evidencias sugieren que la necrofilia y el deseo de mutilar cadáveres se inició durante su período como carnicero».

Mientras tanto, su matrimonio era cada vez más inestable. Rena quería irse a Glasgow con sus hijos, pero Fred se negó, por lo que regresó a Escocia sola. Pero se sentía miserable sin sus hijas y en julio de 1966 regresó a Gloucester, para encontrar a Fred y Anna McFall viviendo juntos en un remolque. Coincidentemente, hubo ocho ataques sexuales en el área de Gloucester, cometidos por un hombre de la descripción de Fred.

A principios de 1967, Anna McFall quedó embarazada. Ella estaba tratando sin éxito que Fred se divorciara de Rena y se casara con ella. Fred, sintiéndose acorralado, decidió ejecutar una de sus fantasías: la mató y la enterró cerca del parque de casas rodantes donde vivían, en algún momento del mes de julio. Pero antes de sepultarla, la desmembró, extrayendo inclusive al feto para enterrarlo junto a ella.

Desde ese primer crimen, Fred estampó su firma en un macabro ritual: le cortó a Anna McFall los dedos de las manos y los pies, así como los huesos de las rodillas. Lo haría con todas sus víctimas y guardaría por años aquellos macabros recuerdos.

Rena regresó a vivir con Fred. Él la convenció para que se prostituyera de nuevo. Aprovechaba las ausencias laborales de Rena para acariciar sexualmente a Charmaine. Luego, Rena no aguantó más y se marchó de allí, dejando a Fred al cuidado de las dos niñas. West pasaba horas abusando sexualmente de ellas todos los días.

En enero de 1968, las niñas de Gloucester comenzaron a temer por su seguridad. Una niña de quince años llamada Mary Bastholm desapareció de una parada de autobús. María había ido a visitar a su novio, pero jamás llegó. Todo lo que la policía encontró en la parada de autobús fueron algunas piezas de un juego de Monopoly. Se cree que Fred fue el responsable, pues en adelante haría lo mismo con muchas de sus víctimas.

En febrero, la madre de Fred murió por complicaciones de una operación de vesícula biliar. Él se lanzó a una serie de pequeños robos, que le hicieron cambiar de trabajo frecuentemente. El 29 de noviembre de 1968, mientras trabajaba como conductor de la entrega de panadería, conoció a una desgarbada y anodina joven que se convertiría en su otra mitad. Ninguno de los dos sabía que su encuentro cambiaría la historia criminal de Inglaterra. El nombre de la chica era Rose Letts.

A mediados de 1969, Rose vivía con su padre, con quien, según algunas versiones, sostuvo durante años una relación incestuosa. Bill Letts tenía fama de abusar sexualmente de las niñas, aunque nunca se demostró nada. Tras su encuentro con Fred, comenzaron a verse a escondidas. No tardaron en convertirse en amantes y Rose se fue a vivir con él. Pero Bill Letts no estaba de acuerdo y se enfrentó a Fred, acusándolo incluso ante los Servicios Sociales, ya que Rose seguía siendo menor de edad.

Mientras tanto, West fue enviado a prisión por varios robos y la falta de pago de multas por infracciones anteriores. Rose volvió con su padre, hasta que descubrió que estaba embarazada. A los dieciséis años, Rose dejó la casa de su padre para vivir otra vez con Fred, y cuidar de Charmaine y Anne Marie.

En 1970, ella dio a luz a su hija Heather. Con tres hijos que cuidar, un novio en la cárcel y problemas de dinero constante, el carácter de Rose cambió: se volvió violenta, siempre estaba de mal humor y maltrataba constantemente a los niños.

En el verano de 1971, Charmaine simplemente desapareció. Rose le dijo a su hermana Anne Marie que Rena había ido a buscarla. Los investigadores creen que Rose perdió los estribos y fue más allá de lo habitual, no conformándose con golpearla. Como años después diría Anne Marie; era una mujer totalmente sin autocontrol, que se convirtió en una especie de loca. Fred seguía en prisión. Cuando al fin salió, regresó a su casa para iniciar una nueva etapa en su carrera criminal.

La extraña desaparición de Charmaine le dio a Fred la oportunidad [de] deshacerse de Rena. Era sólo cuestión de tiempo antes de que Rena llegara a buscar a su hija. De hecho, en agosto de 1971, Rena buscó a Walter West, el padre de Fred, con la esperanza de que pudiera decirle lo que pasó con Charmaine.

Fred vio que no tenía más remedio que matar a Rena. Un día la citó para hablar; Fred estaba muy borracho. No tardó mucho en comenzar a golpearla y después estrangularla. A continuación, desmembró su cuerpo y le quitó los huesos de los dedos de manos y pies, y también los de las rodillas. Puso los trozos en bolsas y la enterró en la misma área donde había sepultado a Anna McFall.

En Gloucester había una gran población de negros antillanos. Fred vio en ello una forma de gratificarse sexualmente y de paso, ganar algo de dinero. Comenzó a invitar a todos los negros que podía para que visitaran su casa en Midland Road. Una vez allí, bebía con ellos y después los invitaba a tener sexo con Rose. Fred era un voyeur consumado y disfrutaba observar a través de una mirilla, cómo aquellos desconocidos poseían a su mujer.

También tomaba fotografías y decidió publicar algunas de aquellas imágenes en revistas de contactos sexuales. También continuaba su búsqueda de nuevas mujeres. Fred y Rose se hicieron amigos de su nueva vecina, Elizabeth Agius, que cuidaba de los niños varias veces. Fred le hizo propuestas sexuales que ella rechazó y un día que la invitaron a su casa, fue drogada y violada.

En enero de 1972, Rose y Fred contrajeron matrimonio en el Registro Civil de Gloucester. Cinco meses después, en junio, nació su nueva hija. La llamaron Mae West.

El nacimiento de Mae hizo que decidieran que necesitaban una casa para criar a su familia en crecimiento y dar también cabida al negocio de prostitución de Rose. Buscaron un sitio cercano y tranquilo y finalmente lo hallaron.

El número 25 de Cromwell Street fue el lugar elegido. La casa no era muy llamativa por fuera, pero su interior era grande, había un garaje y un tamaño de buena bodega, y además el jefe de Fred, que lo tenía por un empleado responsable, decidió apoyarlo para que pudiera pagar aquel lugar.

Aquella vieja casona se convertiría en el palacio de Rose y Fred, el sitio donde él instauraría su castillo particular, al cual la prensa bautizaría, años después, como La Casa de los Horrores.

Fred tenía planes para el sótano. Su obsesión con las herramientas y su pasión por construir, arreglar y modificar cosas, lo llevaron a experimentar con su casa de una forma enloquecida. Durante años, siempre hubo algo que Fred estaba componiendo o modificando en la casona. Adaptó el sótano como una auténtica cámara de torturas, incluso con paredes a prueba de ruido.

La primera víctima a quien llevaron allí fue a su hija Anne Marie, quien tenía apenas ocho años de edad. Él y Rose la desnudaron y le dijeron que tenía suerte, que ellos se encargarían de enseñarle cosas para que, cuando se casara, pudiera satisfacer a su esposo. La niña no sabía de qué le estaban hablando. Le amarraron las manos a la espalda y la amordazaron.

Mientras Rose la acariciaba, Fred la violó. El dolor era tan severo que la niña no pudo ir a la escuela por varios días. Se le advirtió que no debía decirle nada a nadie sobre aquel hecho. Desde entonces, casi todos los días Anne Marie fue desnudada, atada, amordazada y violada por su padre antes de la hora del almuerzo.

A finales de 1972, Fred y Rose acogieron en su casa a Caroline Owens, una hermosa jovencita de diecisiete años de edad. Rose y Fred competían entre sí para seducirla. Al poco tiempo, Caroline rechazó a ambos y les dijo que sentía repugnancia por aquella situación. Eso los molestó mucho, así que Fred le dio una golpiza.

Luego la llevaron al sótano, donde la desnudaron y ataron con unas cadenas que colgaban del techo. Fred se dio gusto azotándola con su cinturón, hasta que la chica se desmayó por el dolor. Cuando se recuperó, Fred la violó y sodomizó. Rose también abusó sexualmente de ella. «Te voy a mantener en el sótano y a dejar que mis amigos negros te violen, y cuando me aburra te vamos a matar y a enterrar bajo los adoquines», la amenazó Fred. Aterrorizada, ella se desmayó de nuevo.

Al volver en sí, Rose y Fred decidieron liberarla. Rose inclusive la curó y consoló. Por qué la dejaron ir es un misterio. Caroline fue con su madre y presentó una denuncia. Ella vio las lesiones y llamó a la policía. Hubo una audiencia en enero de 1973. Fred tenía treinta y un años y Rose solamente diecinueve; además, estaba embarazada de nuevo.

Fred convenció al juez de que Caroline había participado en una especie de juego sexual sádico por propia voluntad. A pesar de los antecedentes penales de Fred, el juez no creyó que los West fueran capaces de la violencia descrita por Caroline y decidió que aquella chica mentía. Les puso una multa y el caso quedó cerrado.

Los West se hicieron amigos de Lynda Gough, una costurera muy joven a la que invitaron a vivir con ellos. Lynda se trasladó a Cromwell Street supuestamente para cuidar de los niños. Rose y Fred la llevaron al sótano y la torturaron durante varios días, además violándola y sodomizándola dos o tres veces cada día. Luego la estrangularon.

Fred la desmembró y la enterró en una fosa en el garaje: era el primer cadáver que habría en aquella casa. Fiel a su ritual, le quitó los huesos de los dedos y de las rodillas. Cuando la familia de Lynda fue un día a buscarla, les dijeron que aunque había trabajado allí, se había marchado sin decir a dónde se dirigía. Para colmar su felicidad familiar, en agosto nació su nuevo hijo, Stephen West.

Fred continuaba haciendo mejoras a la casa, de manera obsesiva. Amplió el sótano, acondicionó una bodega y demolió el garaje para construir una extensión de la casa principal. Estas mejoras se realizaban por la noche, cuando Fred había salido de trabajar y su familia dormía. Pasaba horas enteras modificando, lijando, clavando, reparando, construyendo.

La siguiente víctima fue Carol Ann Cooper, de quince años de edad. La secuestraron en noviembre y la utilizaron como juguete sexual durante varios días. Rose cada vez participaba más en los macabros rituales de su esposo. Abusaba sexualmente de las chicas, ayudaba a Fred a sujetarlas para que pudiera violarlas a gusto, y también las golpeaba con saña, a veces con más crueldad que el mismo Fred. Carol Ann murió estrangulada y tras ser descuartizada, pasó a formar parte de la creciente ciudad de los muertos en el subsuelo del número 25 de Cromwell Street.

En diciembre, la estudiante universitaria Lucy Partington fue a casa de su madre para pasar las vacaciones de Navidad. El 27 de diciembre, visitó a un amigo con discapacidad y salió para abordar el autobús poco después de las 22:00 horas. Tuvo la desgracia de encontrarse con Fred y Rose, quienes se ofrecieron a llevarla en su automóvil.

Al igual que ocurrió con Carol Ann Cooper, fue torturada, violada y sodomizada durante aproximadamente una semana. Luego Fred la estranguló, desmembró y enterró bajo las baldosas. Mientras descuartizaba el cadáver, Fred se cortó y tuvo que ir al hospital para que le pusieran puntos. Era el 3 de enero de 1974. Lucy, como Carol Ann Cooper, fue reportada como desaparecida, pero no había nada para vincular a las dos chicas con el matrimonio West.

Entre abril de 1974 y abril de 1975, tres mujeres jóvenes, Therese Siegenthaler de veintiún años, Shirley Hubbard de quince, y Juanita Mott de dieciocho, corrieron la misma suerte que Carol Ann Cooper y Lucy Partington. Sus cuerpos torturados, desmembrados y parcialmente deshuesados, fueron enterrados bajo el suelo del sótano de la casa West en Cromwell Street.

Experimentar torturas novedosas se estaba convirtiendo en una nueva emoción para Fred y Rose. Mientras estaba viva y atada, la cabeza de Shirley fue envuelta por completo con cinta adhesiva y le colocaron un tubo de plástico insertado en la nariz para que pudiera respirar. La tuvieron así por días y la mataron sin quitarle la cinta. Cuando años más tarde la policía desenterró su cadáver, el cráneo aún estaba envuelto en la cinta y el tubo seguía pegado al sitio donde estaba la nariz.

Juanita Mott fue sometida a una esclavitud aún más extrema: fue amordazada con una ligadura formada por dos pares de calcetines blancos de nylon; además la ataron por completo, usando entre otras cosas un sujetador y dos pares de medias, así como varios metros de cable eléctrico cubierto de plástico. Hicieron complicados nudos alrededor de sus brazos y muslos, muñecas, tobillos y cráneo, horizontal y verticalmente, hacia atrás y hacia delante a través de su cuerpo, hasta que ella sólo podía retorcerse como un animal atrapado dentro de aquella madeja.

A continuación, colgaron su cuerpo del techo con un nudo corredizo final, formando un lazo. Así colgada, se dedicaron a golpearla con palos. La dejaron allí por varios días, hasta que se cansaron de ella y la estrangularon. Fred quitó las ataduras lo suficiente para quitar los huesos de dedos y rodillas, y luego la enterró sin descuartizarla, aún envuelta.

En 1976, Fred comenzó a invitar otra vez a sus amigos antillanos para que tuvieran sexo con Rose. Le excitaba ver a aquellos negros penetrando a su mujer, sobre todo cuando practicaban sexo anal y Rose gritaba de dolor y placer.

Fred se compró una cámara de video y grababa todos los encuentros. Luego disfrutaba viéndolos acompañado de Rose y de sus hijos en el televisor de la sala, mientras comía papas fritas y bebía una cerveza. Los niños tenían que permanecer durante aquellas funciones, a veces durante horas, mientras Fred comentaba los detalles de cada encuentro grabado. Cuando terminaba, sabían que su padre los violaría antes de que se fueran a dormir.

Los West secuestraron a una jovencita no identificada, a quien recogieron en una parada de autobús. La llevaron al sótano y presenció cómo Rose y Fred llevaban a sus hijas cada noche para violarlas. A ella también la violaron en repetidas ocasiones antes de matarla.

Fred animó a sus amigos negros para que violaran también a las niñas; hasta construyó un bar llamado Magia Negra para que todos pudieran beber y divertirse mientras abusaban de sus hijas. Durante mucho tiempo, las pequeñas de Fred serían abusadas diariamente por su padre y por los amigos de éste.

En 1977, Fred había remodelado el piso de arriba de la casa para construir un cuarto especial donde Rose recibiría a sus amantes, con ambientación adecuada y orificios para colocar las cámaras y poder ver el interior. Rose no utilizaba ningún tipo de protección con nadie y no se sorprendieron cuando quedó embarazada. Cuando el bebé nació, era una niña negra, a la que bautizaron como Tara West.

Casi al mismo tiempo, Fred llevó a la casa a Shirley Robinson, una ex prostituta bisexual de dieciocho años de edad. Pronto se hizo amante del matrimonio y durante un tiempo fue una tercera participante en sus juegos sexuales. Shirley quedó embarazada de Fred, lo cual despertó los celos de Rose.

Shirley quería desplazar a Rose para convertirse en la mujer de Fred West, pero Rose no estaba dispuesta a permitirlo. Rose presionó a Fred hasta que, en diciembre de 1977, Shirley se unió al resto de las chicas enterradas en Cromwell Street. El sitio bajo las baldosas estaba lleno, así que Shirley fue enterrada en el jardín trasero, después de que Fred la descuartizó, le quitó los consabidos huesos y le extrajo el feto para sepultarlo junto a ella.

En noviembre de 1978, Rose y Fred tuvieron otra hija: Louise West. Con ella ya había seis niños en aquel retorcido hogar. Para esas fechas, Fred dejó embarazada a su hija Anne Marie, pero el producto se alojó en una de las trompas de Falopio y la chica tuvo que abortar.

Poco después, Anne Marie se hizo novia de un chico, se acostó enseguida con él y fue a vivir a su departamento sin avisarles nada a sus padres. Fred se enfureció y decidió vengarse en sus otras hijas: comenzó a violar a Heather y a Mae. Heather trató de resistirse, pero Fred le dio una golpiza.

En mayo de 1979, el padre de Rose murió de una dolencia pulmonar. Varios meses después, los West recurrieron a su viejo truco de recorrer las paradas de autobús en su automóvil, y secuestraron a una adolescente llamada Alison Chambers, quien sufrió el destino de todas las demás.

Alison pasó días atada a las vigas del sótano, fue azotada, golpeada, violada y abusada, para luego ser estrangulada, su cadáver descuartizado y mutilado, y finalmente quedar enterrada en el jardín, junto a Shirley. Rose seguía concibiendo hijos sin control.

En junio de 1980, Rose dio a luz a Barry, el segundo hijo Fred. En abril de 1982, nació Romero Junior, que no era hijo de Fred, sino de uno de los negros antillanos. En julio de 1983, Rose dio a luz a otra bebé a quien llamaron Lucyanna, también negra. Rose se volvió cada vez más irracional y golpeaba a los niños sin provocación. Estaba harta de tener tantos hijos, pero Fred la amenazó para que no se cuidara. A esos hijos de hombres negros, Fred les llamaba «Los Bebés del Amor».

En 1986, el muro de silencio filial que había protegido a los West se rompió. Heather le contó a su novio sobre los abusos a que la habían sometido desde niña. El chico se lo contó a sus padres y desde ese momento, la vida de Heather quedó en riesgo. No pasó mucho tiempo para que Fred llevara a Heather al sótano. Allí la golpeó mientras le reprochaba haberlo traicionado. Después de violarla por última vez, la estranguló.

En una larga noche, Fred se dedicó a descuartizar el cadáver de su hija. No dejó de cumplir puntualmente su ritual, y los huesos de los dedos y rodillas de Heather pasaron a formar parte de la colección de Fred. A los otros hijos, Rose y Fred les dijeron que Heather se había marchado de la casa.

Sin embargo, Fred le pidió a Stephen que lo ayudara a cavar un nuevo agujero en el jardín. Allí enterró a su hija. Los otros chicos se dieron cuenta del destino de su hermana. Rose construyó un negocio de prostitución gracias a la publicidad que Fred llevaba a cabo en revistas especializadas.

Una mujer llamada Katherine Halliday, en búsqueda de emociones fuertes, decidió contactar a la pareja. Estuvo en su casa y participó en una orgía con los amigos negros de Fred. Pudo ver el cuarto especial de Rose y los trajes de cuero negro, las máscara, los látigos, las cadenas y los inmensos dildos que el matrimonio usaba para algunos de sus juegos más inocentes. En algún momento, Katherine se alarmó y rápidamente rompió su relación con ellos.

En una de las últimas orgías organizadas por los West, invitaron a sus amigos antillanos y consumieron drogas y alcohol. Los negros se turnaron para violar a todos los hijos del matrimonio en el transcurso de la fiesta, ante la mirada lasciva de Fred y la sonrisa cómplice de Rose.

Después de ese incidente, Fred y Rosemary empezaron a preocuparse cada vez más por la creación de una fachada mínima de respetabilidad; no porque les importara lo que la gente pensara sobre ellos, sino porque estaban preocupados de que el conocimiento de lo que había sucedido en su casa, podría poner en peligro su libertad.

La suerte de los West estaba llegando a su fin. Durante una fiesta a la que Fred invitó a muchos jóvenes drogadictos y a sus amigos antillanos, una de las chicas más jóvenes fue violada por Fred con la ayuda de Rose. Cuando la jovencita se recuperó, le dijo a su novio lo que había ocurrido en la fiesta. Su pareja fue a la policía y el caso quedó asignado a Hazel Savage, persistente detective. Hazel conocía a Fred de sus días con Rena y recordó las historias que Rena le había dicho acerca de las perversiones sexuales de Fred.

El 6 de agosto de 1992, la policía llegó a Cromwell Street con una orden de cateo para buscar pornografía infantil y la evidencia de abuso de menores. Encontraron cientos de grabaciones y fotografías. Arrestaron a Rose por ayudar en la violación de una niña. Fred fue detenido por violación y sodomía de una menor. Los niños más pequeños fueron llevados a un centro de asistencia. Con Fred en la cárcel y la policía tras ella, Rose tomó una sobredosis de pastillas para tratar de suicidarse. Su hijo Stephen la encontró y le salvó la vida. Luego se dedicó a pasar los días comiendo dulces y viendo películas de Disney en la sala de su casa.

Hazel Savage interrogó a los familiares y amigos de los West. Cuando habló con Anne Marie, oyó por primera vez la historia acerca del extremo maltrato y el abuso constante al que habían sido sometidos. También expresó su preocupación por la desaparición de Charmaine, que Hazel había conocido a partir de sus experiencias con Rena. Hazel tenía todo lo necesario para procesar a Fred por abuso infantil, pero decidió seguir investigando la desaparición de Charmaine, Rena y Heather.

Hazel no estaba convencida de que Heather hubiera desaparecido sin dejar rastro y los datos de la Seguridad Social mostraban que Heather no había sido empleada ni había visitado a un médico en cuatro años. O había dejado el país, o estaba muerta. Fred estaba muy deprimido en la prisión.

Pero el caso contra los West se derrumbó cuando los testigos decidieron no declarar en su contra y Fred fue liberado otra vez. Sin embargo, la extraña desaparición de Heather seguía presente en la mente de Hazel Savage. Hazel se hizo cargo del caso y puso en marcha una investigación sobre el paradero de Heather. Los niños decían que Heather estaba en el jardín y se reían, como si se tratase de una broma macabra.

El 24 de febrero de 1994 fue el principio del fin. Por la tarde, la policía fue a buscar a Fred West a Cromwell Street. Fred estaba trabajando. Rosemary los recibió y le entregaron la orden de presentación para su esposo. Llamó por teléfono al trabajo de Fred y le dijo, con ominoso tono «Será mejor que regreses a casa. Van a cavar en el jardín, para buscar a Heather».

Fred se perdió un buen rato. Jamás se supo dónde estuvo entre el momento de la llamada y su arribo a la estación de policía. Apenas llegó, intentó explicar la ausencia de su hija: «Muchas de las niñas desaparecen, usan un nombre diferente y entran en la prostitución. Además, Heather era lesbiana y tenía problemas con las drogas».

Rose, que fue interrogada en la casa, contó una historia similar. Esa noche, Fred y Rose se quedaron despiertos toda la noche, hablando. A la mañana siguiente, cuando llegó la policía, se limitó a decirles: «Yo la maté». Lo llevaron a la estación y allí contó cómo había cortado el cuerpo de Heather en tres pedazos y lo había enterrado.

Repetía incesantemente que Rose no sabía nada sobre el asesinato. Veinte minutos más tarde, negó su declaración inicial. «Heather está viva y bien. Trabaja para un cártel de drogas. Tenía un Mercedes, un chofer y un nuevo certificado de nacimiento». Le dijo a la policía que podían cavar todo lo que quisieran, pero que no encontrarían a Heather.

La policía cavó. Encontraron tres huesos humanos, pero ninguno pertenecía a Heather. Cuando Fred oyó que los huesos humanos habían sido encontrados, confesó una vez más el asesinato de su hija, pero negó la existencia de los huesos de cualquier otra persona enterrada allí. Habían transcurrido siete años desde la muerte de la chica. Cuando la interrogaron, Rose negó saber algo sobre aquel crimen.

El detective superintendente John Bennett fue el encargado del caso. La orden judicial para registrar la casa de Cromwell Street se firmó, pero la logística de la excavación del jardín no contemplaba que Fred había construido cuartos sobre una parte de éste. Una búsqueda cuidadosa del cadáver de Heather sería muy costosa y además Fred ya había confesado.

También les preocupaba atraer la atención de los medios de información. Pero el forense insistía en que aquellos huesos no podían ser de la chica. Finalmente, la policía se puso a cavar en el jardín. Encontraron los restos de una mujer joven, desmembrada y decapitada. Luego hallaron a otra víctima. Cuando la policía se enteró de la desaparición de Shirley Robinson, el ámbito de la investigación se amplió.

Fred fue acusado de los asesinatos de Heather West, Shirley Robinson y una tercera mujer aún no identificada. Además, se abrió una investigación sobre la desaparición de Rena y Charmaine.

Por alguna razón, Fred decidió decirle a la policía acerca de las chicas enterradas en el sótano. Fred admitió haber asesinado a las jovencitas, pero no aceptó que las hubiera violado. Según dijo, ellas querían tener relaciones sexuales con él.

A medida que excavaban, más y más huesos iban apareciendo. Clasificar los restos e identificarlos no sería una tarea fácil. Nueve conjuntos de huesos fueron descubiertos en el sótano y la policía no sabía de quién eran.

Fred no fue de mucha ayuda, ya que no podía recordar los nombres y detalles de algunas de las mujeres que había recogido. Teniendo en cuenta el número de mujeres desaparecidas anualmente, sería muy difícil descubrir quiénes eran.

Rose se distanció de los crímenes de Fred para tratar de salvarse. Se puso como una víctima más de aquel hombre cruel. Pero la policía no le creyó y buscaron las pruebas para conectarla con los asesinatos. Fred siguió tratando de cooperar con la investigación.

Gracias a ello, los cadáveres de Rena, Anna McFall y Charmaine fueron encontrados. En el caso de Mary Bastholm, Fred decidió no dar más datos y su cuerpo nunca fue hallado.

En la audiencia conjunta, Fred intentó consolar a Rose, pero ella evitó su contacto y se mostró fría e indiferente con él. El rechazo de Rose fue devastador para Fred.

El 13 de diciembre de 1994, Fred West fue acusado de doce asesinatos. De nuevo, Rose le restó importancia. Él había escrito para ella una carta donde le decía: «Siempre estaremos enamorados. Siempre serás la señora West para todo el mundo. Eso es lo importante para mí y para ti».

El caso había estallado en los medios y todos los días se publicaban notas sobre los hallazgos de la policía. Asesinato en serie, torturas, descuartizamiento, pornografía, orgías, pederastia, incesto, filicidio, la historia tenía de todo y los reporteros se peleaban por averiguar los nuevos detalles escabrosos a cada momento.

La Casa de los Horrores se vio rodeada por policías y periodistas durante semanas. Poco antes del mediodía del Año Nuevo, en la prisión de Winson Green, en Birmingham, mientras los guardias estaban almorzando, Fred West se ahorcó en su celda con las tiras de una sábana. Había planeado su suicidio con suficiente antelación para poder consumarlo.

Muerto el principal culpable y a pesar de la escasez de pruebas de su vinculación directa con los asesinatos, Rosemary West fue a juicio el 3 de octubre de 1995. Un amplio número de testigos, incluyendo a Caroline Owens y Anne Marie, dieron testimonio de las agresiones sexuales y los sádicos abusos de Rose. El objetivo de la fiscalía, dirigida por Brian Leveson, fue la construcción de una red de indicios de la culpabilidad de Rose.

La defensa, dirigida por Richard Ferguson, trató de demostrar que la evidencia de asalto sexual no implicaba el asesinato. Aseguraban que Rose no sabía lo que Fred estaba haciendo, cuando asesinó a las chicas y las enterró en varios lugares de la casa.

El defensor Ferguson cometió el error de poner a Rose en el estrado. Su actitud desafiante fue claramente percibida por el jurado. Por otra parte, la acusación aprendió a provocarla para hacerla enojar y que manifestase su violencia.

La defensa trató de utilizar las grabaciones de la confesión de Fred West, donde describía cómo él había asesinado a las víctimas cuando Rose estaba fuera de la casa.

La evidencia más dramática fue dada por Janet Leach, quien interrogó varias veces a Fred. En privado, Fred le dijo que Rose estuvo involucrado [involucrada] en los asesinatos y que ella sola había asesinado a Charmaine y a Shirley Robinson sin él, pero que él quería proteger a su esposa y cargar con toda la culpa.

El jurado tardó muy poco tiempo en encontrar a Rosemary West culpable de los asesinatos de Charmaine, Heather, Shirley Robinson y las otras chicas enterradas en la casa. El juez la sentenció a cadena perpetua por cada uno de los diez cargos de asesinato. Con su condena, uno de los peores casos criminales de la historia de Inglaterra parecía cerrarse. Pero no era así.

En octubre de 1996, la casa de los West, en el número 25 de Cromwell Street junto con la casa 23 de esa misma calle, fueron demolidas y se convirtió el lugar en un paso peatonal. Además, cada ladrillo fue aplastado y cada madera de la casa fue quemada, para que ningún cazador de recuerdos tomara un souvenir. Era también tratar de destruir el recuerdo de La Casa de los Horrores

En julio de 1997, el Ministro del Interior, Jack Straw, sentenció a Rosemary West a morir en prisión. Fue la segunda mujer en ser sentenciada a morir en prisión en Inglaterra: la otra era la asesina en serie Myra Hindley, que formó junto con su amante Ian Brady la pareja de infanticidas conocida como Los Monstruos de los Páramos. Con ella, Rose West compartió celda durante sus dos primeros años de reclusión.

El miércoles 25 de marzo de 1998, años después de la condena de Rose West, el caso fue noticia de nuevo cuando la BBC informó que Stephen West les había dicho a las autoridades que estaba convencido de que su padre había matado a la chica de quince años de edad, Mary Bastholm.

Stephen le dijo a la policía que, mientras visitaba a su padre en la cárcel en diciembre de 1994, Fred West se había jactado de que el cuerpo de Bastholm nunca sería encontrado. Dijo que su padre hablaba de otras víctimas y le había dicho: «No van a encontrar a todos, ya sabes, nunca». Stephen luego, específicamente, le preguntó acerca de María. Su padre le respondió: «Nunca le digas a nadie dónde está». Con el tiempo, se especularía que Fred West podría haber matado, descuartizado y enterrado a más de cien mujeres.

El miércoles, 20 de mayo, la BBC informó que William Hill, un primo de Fred West, había sido sentenciado a cuatro años de prisión después de ser declarado culpable de un cargo de violación y tres cargos de asalto sexual. Al igual que su célebre primo, Hill se aprovechaba de las mujeres jóvenes, abusando inclusive de una chica de quince años. Irónicamente, Hill también intentó quitarse la vida en la misma prisión donde Fred West se había suicidado. Más tarde, William Hill fue trasladado a un centro para enfermos mentales.

En julio de ese mismo año, varios políticos británicos se unieron a las familias de las víctimas y expresaron su indignación cuando se anunció que un drama de televisión, basada en los crímenes de los West, sería realizado por el Canal 5 de Londres. Los familiares de las víctimas se declararon sorprendidos y horrorizados, acusando a las empresas implicadas de sacar provecho de los crímenes.

Como resultado, el Secretario del Interior, Jack Straw, dijo a la BBC que su gobierno estaba buscando la manera de evitar que los delincuentes se beneficiasen de sus crímenes, mediante la venta de derechos sobre sus historias para realizar libros y películas.

El jueves 18 de noviembre de 1999, Anne Marie, la hija de Fred West, fue sacada de un río en Gloucester después de que un testigo la viera caer desde un puente cercano. Tras el rescate, Anne Marie fue llevada al Gloucestershire Royal Hospital para su tratamiento, pero fue dada de alta más tarde. Había intentado suicidarse tomando una sobredosis de pastillas durante el juicio de su madrastra Rose, pero sobrevivió después de que fue trasladada de urgencia al hospital y le hicieron un lavado de estómago.

El domingo 5 de marzo de 2000, Court TV informó que Rosemary West había obtenido los fondos de asistencia jurídica y se estaba preparando una apelación en un intento por limpiar su nombre. La trabajadora social Janet Leach declaró que Fred West le había confesado haber matado a muchas más de las doce víctimas que se le imputaban. «Fred dijo que había otros dos cuerpos en tumbas poco profundas en el bosque, pero no había manera de que fueran encontrados. Dijo que había veinte cadáveres de otras personas, no en un solo lugar, sino en los alrededores, y que le daría a la policía uno cada año. Él me dijo la verdad acerca de las chicas de la bodega y lo que les sucedió, así que no veo por qué iba a mentir acerca de otros órganos».

El domingo 30 de septiembre de 2001, el London Mail informó que Rosemary West había abandonado el último recurso contra su condena y se había resignado a pasar el resto de su vida en prisión. Hablando por primera vez desde su encarcelamiento, expresó el deseo de pedir perdón a su hija Anne Marie por el abuso que sufrió.

En un comunicado enviado al periódico, Rose West declaró: «A pesar de todo, me gustaría en algún momento poder pedirle disculpas a Anne Marie. Ella es parte de mi familia y me encantaría reconciliarme y tener contacto con ella».

Ella le dijo al London Mail que estaba desistiendo de la apelación porque sentía que nunca sería libre. También dijo que había llegado a comprenderse a sí misma y a sus relaciones con los demás, por primera vez en su vida. Sin embargo, en noviembre de 2002, un juez supremo dijo que Rosemary podría ser liberada en 2019, a la edad de 66 años.

Ese mismo año, Stephen West fue condenado por tener relaciones sexuales con una niña de catorce años. El hijo de los asesinos declaró que se trataba de «una relación por amor» y efectivamente, la niña respaldó su declaración. Pese a todo, su esposa lo apoyó mientras estuvo en prisión.

El miércoles 22 de enero de 2003, la BBC informó de «la boda entre la encarcelada asesina en serie Rose West, y el bajista Dave Glover ha sido cancelada. La pareja se ha estado escribiendo durante un año, pero el señor Glover informa que se han distanciando debido a la publicidad.»

West y Glover sorprendieron al mundo cuando anunciaron su matrimonio el domingo 19 de enero. A modo de explicación para el noviazgo, Rose West dijo que quería darle «su vida completa a este hombre tan joven».

Sobre los West se escribieron libros, se lanzaron documentales, se rodaron películas (entre ellas la inglesa Mum and dad, se escribieron innumerables artículos y notas de prensa.

La historia del matrimonio inglés que convirtió su hogar en la famosa Casa de los Horrores, torturando, violando, matando, descuartizando y enterrando jovencitas e inclusive esclavizando sexualmente y asesinando a sus propios hijos, caló muy profundo en la opinión pública inglesa.

Los West se convirtieron en parte de esa abundante serie de asesinos ingleses, donde destacan entre otros: «Jack el Destripador», el doctor Crippen, John George Haigh, Dennis Nilsen, John Reginald Christhie, Graham Young, Peter Sutcliffe, Ian Brady y Myra Hindley.

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