Pietro Arcan Petro

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Pietro-Arcan

El Asesino de Pozuelo

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Robos - El asesino agredió a la esposa y a las dos hijas del interfecto
  • Número de víctimas: 1 +
  • Periodo de actividad: 20 de junio de 2001
  • Fecha de detención: 20 de junio de 2001
  • Fecha de nacimiento: 9 de octubre de 1977
  • Perfil de las víctimas: Arturo Castillo López, de 47 años
  • Método de matar: Arma de fuego - Golpes - Puñaladas con un machete
  • Localización: Pozuelo de Alarcón, Madrid, España
  • Estado: Condenado a 75 años de prisión el 28 de julio de 2003
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¿Asesinato por encargo o robo?

D. Caldentey / J. L. Guardia – La Voz de Galicia

21 de junio de 2001

IL [Las] preguntas surgen ante el horror de Pozuelo, aunque algunas cuestiones del drama que destruyó a la familia Castillo comiencen a desvelarse.

El delegado del Gobierno, Francisco Javier Ansuátegui, aseveró ayer que el móvil de la carnicería fue el robo, y que el asesino penetró solo en el chalé. «En principio, nos parece que entró a robar y, al verse sorprendido, se volvió loco e hizo lo que sabemos», dijo.

La Jefatura de Policía confirmó la hipótesis, apuntalada, según sus portavoces, por el testimonio de las hijas del matrimonio, «que sólo vieron a un hombre», y por la inspección ocular. No obstante, en un primer momento se señalaba que dos o más individuos podrían haber participado en el asalto.

«Está confirmado que fue un robo. El detenido cuenta con numerosos antecedentes de estas características», comentó una fuente de la investigación. Además, los funcionarios hallaron a Arcán una bolsa con 19.000 pesetas y joyas, propiedad de la esposa de Castillo.

Pero la crueldad y alevosía con la que se saldó el presunto robo hace que los investigadores barajen otras hipótesis, como el ajuste de cuentas. El abogado Arturo Castillo López era conocido y respetado en la profesión. En la sección tercera de la Audiencia Nacional llevaba casos de extradición y últimamente se especializaba en la defensa de presuntos mafiosos rusos. Hace dos semanas había llevado la extradición de un súbdito de ese país. Fuentes consultadas no descartan un «crimen por encargo». Castillo también intervino en la extradición del financiero Ángel Rodríguez, El Divino, conocido como el Mario Conde mexicano.

En el número 22 de la calle Covarrubias, donde compartía despacho con su hermano Ángel Luis y su cuñada Adela Aldana, todos coinciden en que el negocio funcionaba muy bien. Arturo tramitaba asuntos civiles, matrimoniales, penales y mercantiles. Fuentes próximas a la víctima expresaron que nunca recibió amenazas.

No obstante, según vecinos de la familia, hace unos veinte días su empleada de servicio encontró sobre las diez de la mañana a un desconocido en el interior del garaje del chalé. El hombre consiguió escapar mientras alertaban a la policía.

Arturo Castillo era aficionado al golf. El año pasado logró el premio del Colegio de Abogados de Madrid en este deporte. Le gustaba pasar temporadas en un apartamento del campo de golf del Puerto de la Duquesa (Málaga), que, curiosamente, también fue asaltado hace tres años.


La Policía confirma que el autor del asesinato del abogado y las agresiones a su familia actuó solo

José Luis Martín / Agencias – Elmundo.es

22 de junio de 2001

Las pruebas efectuadas en el escenario del crimen cometido el miércoles en un chalé de Pozuelo de Alarcón por la Policía Científica confirman que fue una sola persona la implicada en los hechos.

A las 4.20 horas la policía recibió una llamada de socorro de una mujer desde un chalé. A su llegada, los agentes descubrieron que su marido había sido asesinado a puñaladas y degollado, ella misma había recibido dos tiros en el abdomen, una de las hijas había sido agredida sexualmente y la otra tenía un profundo corte en el cuello.

La víctima mortal es Arturo Castillo, un abogado de 47 años. El suceso ocurrió en la calle de la Arquitectura, en el número 117, una zona tranquila residencial que se ha convertido en escenario de un espeluznante suceso.

Una vez realizadas las pruebas llevadas a cabo por los especialistas de la Policía Científica, entre ellas la toma de huellas en el lugar de los hechos, la investigación confirma que una sola persona fue la autora del asesinato del abogado y de las heridas sufridas por su esposa y sus dos hijas.

Además, éstas manifestaron que sólo vieron a una persona en la casa y han identificado fotográficamente al detenido como la persona que entró en el chalé.

Aparentemente, ninguna puerta fue forzada, aunque el domicilio era accesible desde una de las ventanas de la fachada.

La mujer, Angela S.P., de 44 años, hizo una primera llamada a los servicios de emergencia a las 4.20 horas para denunciar que alguien había entrado en su casa. En la segunda llamada, Angela sólo pudo decir que se encontraba herida, que su marido estaba moribundo y que sus hijas también estaban en la casa. Tras media hora de angustia, a las 4.50 horas, la mujer llamó de nuevo a la policía para decir que oía a los policías en el exterior de la vivienda y que no podía abrir la puerta porque estaba herida.

Una vez en el domicilio, el agresor asestó dos puñaladas mortales al abogado, en el tórax y en el cuello, que le provocaron la muerte. El asesino se ensañó con el hombre, ya que su cuerpo presenta varios cortes y dos disparos de bala. El matrimonio se encontraba en ese momento en su dormitorio.

La mujer recibió dos disparos. Uno de ellos entró por el glúteo izquierdo y salió por el abdomen, que la dejó malherida. Posteriormente, ha sido trasladada en estado muy grave al Hospital Clínico, donde ha sido operada.

Una hija agredida sexualmente y otra herida

Las dos hijas del matrimonio tampoco han salido indemnes. El asaltante intentó degollar a una de ellas, de 17 años, que resultó herida con un corte en el cuello. La otra hija, de 15 años, fue agredida sexualmente, según ha confirmado la Dirección General de la Policía. Las dos jóvenes fueron trasladadas al hospital madrileño de La Paz, donde fueron dadas de alta pocas horas después.

Uno de los vehículos policiales que acudió a Pozuelo se cruzó con el presunto agresor, que huía a pie del chalé en ese momento. El asaltante detenido, de nacionalidad moldava, disparó a los agentes y logró huir en un primer momento. Sin embargo, la policía consiguió detenerlo a las 6.15 horas en una pasarela peatonal que cruza la carretera de La Coruña, frente al centro comercial Hipercor.

Los agentes hallaron una bolsa del agresor en la que han encontrado una pistola y la camiseta de color azul que llevaba durante el tiroteo con los policías. En esa bolsa también llevaba varios objetos, tales como joyas, así como una cantidad de dinero. Las dos menores reconocieron las joyas, la bolsa y la cantidad de dinero que tenía una de ellas en la casa. Sin embargo, los investigadores no se explican el ensañamiento con las víctimas.

Los restos mortales del abogado Arturo Castillo López fueron enterrados en la tarde de ayer en el cementerio Sacramental de San Justo de la capital. Según fuentes del Instituto Anatómico Forense, los restos mortales del letrado fueron trasladados desde esas dependencias, donde se le practicó la autopsia, a las 16.30 horas para ser enterrados a las 17.00 horas en el citado cementerio.

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha manifestado que Pozuelo «es una localidad con un gran número de urbanizaciones y separadas por una considerable distancia», en la que «sería necesario al menos triplicar el número de efectivos policiales que prestaban servicio de noche (seis coches, en vez de dos) para garantizar una respuesta policial ante cualquier emergencia en un tiempo cercano a los cinco minutos».


El asesino del chalé

Cristina López Schlichting / Ildefonso Olmedo – Elmundo.es

24 de junio de 2001

«Mírale a los ojos. Si eres buen periodista sabrás ver en la foto de su ficha policial de qué tipo de hombre se trata. Es frío, muy frío… No me sale otra palabra. Marcial también. Parece un soldado… No se inmuta, sabe dónde está y cómo comportarse. Sólo habla para pedir tabaco o para que lo lleven a orinar». Entre las cuatro paredes del calabozo de la comisaría de Pozuelo de Alarcón (Madrid), con una cama de cemento con una colchoneta blanda por todo mobiliario en los 9 metros cuadrados de jaula, Petru Arcan no exterioriza muestra alguna de perturbación. A veces pasea, otras se tumba sobre el jergón.

Erguido sobre unas chanclas que asoman bajo el pantalón de chándal, sus 1,85 metros de envergadura confieren al cuerpo fibroso del moldavo de 23 años un aspecto de atleta. Tampoco la mirada helada de sus ojos verdes, que se pierde sobre unas paredes y techo pintados de un gris oscuro a prueba de manchas, delata el crimen a sangre fría que la madrugada del miércoles acabó con un abogado degollado, su mujer gravemente herida de bala, una hija del matrimonio con un corte en el cuello y la otra, de 15 años, víctima de una agresión sexual. Y tanta crueldad desmedida por un botín de apenas 19.000 pesetas y algunas joyas.

«Estoy harto de España. Esto es un país de pobres en el que no se puede robar como es debido. La gente que tiene dinero nunca lo guarda en sus casas», solía decir a unos compatriotas amigos cuando apenas llevaba unos meses en España. Se conocieron en noviembre de 1998 y empezaron a compartir piso en un municipio a las afueras de Madrid, Coslada. Entonces Petru (Pedro en rumano) hablaba bien ruso, y rumano con alguna dificultad. En castellano «no sabía decir ni hola ni adiós». En lo que sí era ya un maestro es en sobrevivir sin doblar la espalda. Era un inmigrante como los demás, pero su sueño no era ganarse la vida honradamente. «Como nunca ha trabajado, siempre ha tenido manos de señorito», recuerdan ahora para Crónica sus amigos. Le encantaban los perfumes caros, las joyas, el oro y los coches (en especial el Volkswagen Passat).

Primavera de 1999. Una fotografía, a la que Arcan se prestó fanfarrón (y que acompaña a estas líneas), retrata al ratero dispuesto a mayores. Hace meses que Petru ha empezado ya a escribir, aún con caligrafía sin sangre, un ambicioso historial delictivo. La luz entra de espaldas por la terraza del piso 3ºD del número 14 de la calle Perú, en Coslada. Y allí está él, solo, aprendiz de feroz lobo estepario, el muchacho criado en un orfanato de Moldavia, el tipo que se preciaba de haber trabajado en Rusia «con la mafia más poderosa del mundo», el inmigrante curtido en presidios según él mismo presumía de su Moldavia natal y de la Alemania de después de la caída del Muro. Coqueto, escrupulosamente afeitado como siempre, eligió para la fotografía una indumentaria más informal que el traje negro, camisa blanca y corbata oscura que había elegido de uniforme. «Sí, le gustaba ir como un verdadero gangster».Desde las gafas a la cadena de oro que luce, incluyendo el reloj y el teléfono móvil, todo son restos de algunos de sus últimos botines. También la cámara con la que fue tomada la instantánea es fruto de sus correrías al margen la ley.

«No tenía horarios. Se quedaba durmiendo cuando los demás nos marchábamos a trabajar y a menudo salía de noche, sin decir adónde». Las ausencias nocturnas duraban a veces semanas. El moldavo solía regresar de ellas con televisores, discos, equipos de sonido y otros objetos de valor. Ocasionalmente, al volante de algún coche «al que cambiaba de matrícula y que, tras usar dos o tres días, terminaba abandonando en algún descampado». Su mayor secreto era un maletín negro que no permitía que nadie tocara. En una ocasión, cubriendo su turno de limpieza en la casa, uno de los compañeros se tropezó con la cartera de mano. «Estaba en el pasillo y la aparté a un lado. Pesaba muchísimo… Estaba llena de monedas de quinientas pesetas y de relojes». Grande era también un anillo que lucía en una de sus manos, y cuya procedencia nunca acertó a explicar convincentemente.

«Era muy reservado. Nunca sabías exactamente qué se traía entre manos y tampoco podías estar seguro de que contase la verdad».En su vida cotidiana, Arcan (ni sus compatriotas ni los rumanos con los que compartía el piso le llamaron nunca así; piensan que Petru ha podido adoptar ese sobrenombre) era descuidado. Muchas veces dormía vestido y, según sus colegas, se olvidaba de comer. «Volvía de sus largas ausencias muerto de hambre. Entonces nos pedía algo o, si tenía dinero, compraba pollo, pescado y patatas fritas, que le volvían loco». No bebía ni tomaba drogas. «Como mucho compartía una cerveza», aunque sí fumaba al menos un paquete diario de tabaco rubio de importación, LM o Marlboro.

Ladrón con chófer

En sus momentos más expansivos, mediado el año 99, llegó a confiar a uno de sus amigos del piso su método de trabajo. «Me contó que se informaba sobre alguna casa interesante y que luego la vigilaba durante tres o cuatro noches, hasta estar seguro de que no había nadie dentro». Una vez fijado el objetivo, Arcan actuaba a solas. Ocasionalmente se buscaba un chófer. «Si necesitaba el apoyo de un coche se llevaba a algún chiquito del barrio, de 17 o 18 años, y le daba 15.000 pesetas por esperar fuera». Por la habitación que compartía en la casa de la calle de Perú que tiene tres, además de cocina, baño y salón pagaba religiosamente 8.000 pesetas. En mayo de 1999 dejó de vivir allí. Ahora, en el buzón correspondiente al piso de Coslada aparece el nombre de los nuevos inquilinos. Y el matrimonio de los rumanos Gabriela y Sorin Pistoiu tiene muy buena fama en el barrio. Es gente trabajadora y sencilla que tras años de esfuerzo posee una pequeña empresa de reformas inmobiliarias.

Desde que el colectivo de rumanos y moldavos del piso quedó disuelto, a Arcan se le han conocido otras viviendas compartidas en Vicálvaro y San Fernando de Henares. En Coslada hace ya tiempo que dejó de frecuentar una céntrica plaza, junto a la avenida de la Constitución, donde emigrantes llegados de países del Este suelen darse cita. «Andaba con los peores», dicen quienes le conocían, «y seguramente hacían planes o vendían los botines de los robos». Hasta que un día «los rumanos le dieron una paliza de muerte por meterse con uno de ellos. Le pegaron tanto que estuvo en coma». Sobrevivió.

La madrugada del pasado miércoles, su estómago como siempre en vísperas de todos sus golpes volvía a estar vacío. Tras días de acecho en la colonia de chalés Bellas Artes, en Pozuelo de Alarcón, sabía cómo entrar en el número 117 de la calle de la Arquitectura. Conocía al detalle cada recoveco de la finca, e incluso según se desprende de las preguntas que realizó después a las dos hijas de la familia: «¿dónde está ese vino tan bueno que tenéis?» sabía aspectos personales como la afición por los buenos caldos de la madre, Ángela, enóloga.

Una familia inerme

Un fatídico error de la familia Castillo Sierra, que se olvidó de accionar el complejo sistema de alarma que protegía la vivienda, se alió con el moldavo. Amparado por la noche y pertrechado para el asalto con un machete de 15 centímetros de hoja y un revólver repleto de munición, Arcan se deslizó por el jardín hasta encontrar una ventana abierta. Ningún perro ladró: los dos rotwailer de la familia habían sido sacrificados dos años atrás, después de que atacaran a las niñas.

En poco más de 20 minutos, pasadas las cuatro de la madrugada, el moldavo convirtió el hogar del abogado Arturo Castillo en una carnicería. La cronología de los hechos está acotada por tres llamadas telefónicas de socorro realizadas al servicio regional de emergencias de la Comunidad de Madrid por una aterrorizada esposa y madre. En el primer SOS, a las 4.16 horas, Ángela pedía auxilio policial porque alguien había entrado en la vivienda. Llamaba desde el dormitorio, donde se encontraba junto a su esposo, y explicaba que al intruso lo delataban los ruidos. La conversación se cortó antes de que la esposa del abogado hablara directamente con la policía. Estaban atrapados. El botón de pánico, un sistema sofisticado de seguridad que la familia había incorporado a la casa y que alerta a la policía aunque la alarma esté desconectada, se encontraba en el piso inferior, lejos de la zona de los dormitorios.

Los disparos que precedieron al degüello del abogado, y que dejaron malherida a su esposa sobre la misma cama, se produjeron en el intervalo que separa esa primera llamada de la llegada de un coche patrulla a la puerta del chalé. Según la Jefatura Superior de Policía fueron apenas cinco minutos. Según el Sindicato Unificado de Policía, 15. Mientras los agentes, que desde fuera no percibieron ninguna anormalidad en la casa y hasta llegaron a tocar el timbre, rodeaban la finca, Arcan terminó su trabajo. Presa de lo que los forenses llaman «furia homicida» (el agresor, enardecido por sus propias acciones, se adentra en una espiral de violencia sin límites), hirió con el puñal en el cuello a la hija de 17 años y abusó sexualmente de la pequeña, de 15. Luego, tras conseguir que le entregaran todo el dinero que tenían las dejó encerradas en un armario situado en la planta baja de las tres que tiene el chalé.

Transcurridos 22 minutos de su primera llamada, una Ángela que se desangraba por el balazo que le atravesó el abdomen, y a la que Arcan debió de creer muerta tras rematar con el puñal al marido, volvió a marcar el número 112. Eran las 4.38 horas. El intruso, insiste ella, sigue dentro. Y teme, con su marido tumbado inerte a su vera en la cama de matrimonio, por lo que pudiera hacerle a sus dos pequeñas.

Antes de la tercera llamada, a las 4.47 horas («yo no puedo abrir a la policía, que entre aunque sea tirando la puerta», se exaspera), una sucesión de disparos vuelve a romper el silencio en la urbanización madrileña. Arcan, en su huida por la valla trasera de la finca, se da de bruces con los agentes. Pero el moldavo no estaba dispuesto a dejarse cazar. Respondió a la orden de alto con una sucesión de tiros. Fue perseguido durante hora y media, primero a través de un descampado próximo a la colonia de chalés. El dispositivo policial de agentes locales y nacionales lo terminó acorralando sobre un puente a poco más de un kilómetro del lugar de los hechos. Antes de ser capturado, se deshizo de una bolsa de Loewe con una camiseta, un revólver con todos los proyectiles percutidos, las 19.000 pesetas y algunas joyas.

Nacido el 9 de octubre de 1977 en Grigoriopol, en Moldavia, un país que hasta 1944 fue parte de Rumanía y luego a la Unión Soviética, Arcan jamás ha tenido papeles que legalizaran su situación en España. De hecho, ni siquiera hay certeza absoluta sobre su nombre, que ha cambiado sucesivamente por los de Pietro, Petre y Petroff. Esta semana, ante la policía, pretendió incluso ser un tal Igor Dimitrascu.

Desde su llegada, que fuentes policiales sitúan hace seis años (aunque sus primeros compañeros hablen de 1998), los únicos documento oficiales en los que aparece su nombre son partes de sucesos o diligencias judiciales. A partir de marzo de 1999, fecha de su primera detención (robo con fuerza de un vehículo), Arcan ha dejado sus huellas criminales en al menos cuatro provincias: Toledo, Guadalajara, Zaragoza y Madrid. Varias veces, durante este tiempo, se tramitó su expulsión de España, pero los jueces la denegaron alegando que tenía asuntos pendientes con los tribunales. Aunque de hecho la ley permite que se repatrie a los extranjeros en situación irregular, y más si han cometido delitos, en la práctica los tribunales rara vez toman la decisión.

Hasta su detención del miércoles, constaban en su historial nueve antecedentes por hechos delictivos. El viernes se supo, además, que el moldavo es buscado desde diciembre en Rumanía por matar a palos al dueño de una casa a la que también entró a robar, la noche de Navidad de 2000. Y que en febrero había sido reclamado a España por la Interpol.

Lobo solitario

Aunque Arcan ha presumido más de una vez ante sus conocidos de tener contactos con la mafia rusa, siempre ha sido un lobo solitario. Una oveja negra entre los miles de compatriotas que, en los últimos años, han elegido la emigración para salir adelante de la grave crisis que atraviesa Moldavia. En el pequeño país, perdido en el nuevo mapa de la Europa del Este y con apenas dos millones de habitantes, una reciente crisis ha provocado el hundimiento económico y el éxodo masivo. La criminalidad, según reconoce la propia policía moldava, es una realidad alarmante que azota todo el país, donde el salario medio mensual apenas rebasa las 4.500 pesetas.

Los moldavos, la mitad de los cuales comparte con sus hermanos rumanos idénticos rasgos étnicos y una misma lengua de origen latino, parecen más dispuestos cada vez a seguir a Rumanía en su aventura migratoria hacia España, en donde ya residen más de 5.000 rumanos. Oficialmente, hasta tierra española han llegado 596 moldavos principalmente a Madrid y Cataluña, aunque la cifra probablemente se triplique si se contabilizan los indocumentados. En su mayoría son bilingües (ruso y rumano) y llegaron con visado de turista por tres meses, con billetes de autocar de entre 60.000 y 80.000 pesetas. Aun así siguen siendo una minoría entre el total de extranjeros procedentes de los países del Este con residencia legal en España: 17.356. La nacionalidad mayoritaria es la polaca (8.143 residentes), seguida luego por la búlgara (5.244) y la rumana.

No todos son trigo limpio. Según diversas fuentes policiales, al menos 200 organizaciones criminales, que reúnen a unas 4.000 personas, vienen operando en territorio español. En los índices de criminalidad, cada vez es mayor el porcentaje de delitos que corresponden a extranjeros. Así, si en 1997 eran el 17% de los detenidos, en 2000 ya alcanzaban el 26,5% (543 individuos). Y están empezando a llenar las cárceles. Ya suman 8.480 tras las rejas, el 21,2% de la población reclusa total, porcentaje que asciende hasta el 43,1% si sólo se contabilizan los presos preventivos (en espera de juicio).

Las urbanizaciones de cierto lujo, como la colonia Bellas Artes de Pozuelo donde Arcan cometió su último crimen, conocen desde hace un lustro la violencia brutal de la que son capaces las bandas criminales. La noche del crimen del abogado Castillo se cumplían, paradójicamente, cinco años exactos de otro horrendo asesinato. En aquella ocasión fue en Villaviciosa de Odón, y la víctima mortal, el industrial Emilio Langa. Dos encapuchados que entraron a desvalijar la casa lo golpearon hasta la muerte con bates de béisbol. Su mujer también resultó herida. Y no se trata de hechos aislados. En lo que va de año, sólo en la zona norte de Madrid se han registrado una veintena de asaltos a chalés.

La familia Castillo Sierra, en cuya verja se puede leer que el chalé está «protegido las 24 horas por Tecsegur», era consciente del peligro de vivir en el paraíso. Ellos, como miles de españoles, se habían dejado seducir por el sueño de la casa con parcela y piscina a las afueras de la gran urbe. Si el chalé apenas representaba el 3% de la vivienda en España en los años 60, dos décadas después ya suponía el 13% del total.. Y desde entonces, a falta de datos precisos, su importancia cuantitativa se ha multiplicado. El fenómeno es ampliamente visible en municipios como Pozuelo, convertido en el segundo de toda España con mayor renta per cápita. En la colonia Bellas Artes, inaugurada en 1986 y con 247 chalés hoy, el valor de las viviendas unifamiliares ronda los 100 millones de pesetas. Y la mayoría de los vecinos se ha preocupado de contratar algún tipo de alarma.

En un país donde sólo el 3,5% de las casas tiene este sistema de seguridad, el chalé del abogado asesinado se encontraba entre los 150.000 que se calcula disponen del dispositivo de alerta. Se sabían víctimas potenciales. E incluso las dos hijas del matrimonio, según han confirmado a este periódico fuentes de Tecsegur, habían sido aleccionadas para accionar el llamado botón de pánico en caso de necesidad. Arcan, el delincuente sin papeles al que ningún juez expulsó del país, no les dio oportunidad en su ataque feroz.

Con información de Juan C. de la Cal, Daniel Utrilla, Esther Alvarado, Luis Fernando Durán y Roberto Mangas.


Pietro Arcan, el retrato de un asesino

Ramón Lobo – El País

19 de octubre de 2001

Pietro Arcan tenía una manía: rastrear las ventanas de los vecinos de la calle de Perú de Coslada (Madrid) en busca de mujeres con poca ropa. Allí vivió unos meses hace un año. «Siempre estaba mirando con sus prismáticos desde el balcón», dice una joven que desea mantener el anonimato. «A veces bajaba a fumar un cigarrillo con nosotros; otras, le encontrábamos sentado en las escaleras del portal. Cuando le veía ahí, con sus chanclas, me daba miedo y evitaba pasar sola delante de él», añade.

En el jardín donde se ubica el bloque de edificios del número 14 de la calle de Perú están convencidos de que Arcan -el hombre de origen moldavo que presuntamente asesinó al abogado Arturo Castillo en Pozuelo-, no actuó solo. «Iba siempre con otro rumano llamado Kata; juntos robaban coches en Toledo. (…) Cuando Pietro desaparecía, llamaba a Kata al móvil. Kata siempre sabía cuándo Pietro iba a regresar», añade un joven de Coslada que tampoco desea dar su nombre.

El muchacho de Coslada define a Arcan como un tipo «frío, poco hablador y dado a los accesos de cólera». «Es altísimo y delgado, con unas piernas exageradamente largas, la piel blanca, el rostro huesudo, los dientes sucios y los ojos azules», recuerda una de las vecinas de la planta cuarta, ayudada por otra del 3º. En la letra D del tercer piso viven seis rumanos. Una mujer de mediana edad, al salir de la casa, afirma asustada que no entiende castellano ni conoce al presunto asesino. Pero allí vivió durante varios meses. Dos días antes del crimen de Pozuelo varios testigos aseguran haber visto a Arcan en esa dirección.

La policía condujo al sospechoso al 3º D en la tarde del miércoles, casi al mismo tiempo en el que era enterrado el abogado Castillo. «En la calle había por lo menos 15 agentes. Estuvieron arriba con él unos tres cuartos de hora», asegura otra vecina. Los investigadores, que no encontraron nada de importancia en la vivienda, sospechan que Arcan tenía otro domicilio, tal vez en el mismo Coslada. Un juego con tres misteriosas llaves es la única pista.

«Al salir de la casa, Pietro iba esposado. Sonrió al pasar a nuestro lado», asegura la joven que le veía sentado en las escaleras. «Muchos de los que estaban asomados a las ventanas y en la calle en ese instante comenzaron a insultarle, a llamarle asesino e hijo de puta. Pietro hizo un amago de irse a por ellos, pero los policías le sujetaron por los brazos», recuerda la joven.

Cuando Arcan residía en el 14 de la calle de Perú, se le veía a menudo con buenos automóviles. «Me insinuaba que eran robados. Le gustaba mucho presumir de ello. Después los abandonaba en Coslada o se iba a Toledo a dejar uno y coger otro para regresar. En esos viajes se llevaba a Kata con él. Antes de abandonar los coches les quitaba el radiocasete. Siempre tenía muchos billetes en la cartera», dice el muchacho. «Se gastaba el dinero en cambiar los cristales de los coches por otros ahumados; lo hacía para que le duraran más. (…) Le importababa [importaba] poco la policía. No parecía temer a nada. Por aquí conducía como un loco, a mucha velocidad, igual que Kata, sin respetar las señales de tráfico. (…) Un día estrellaron un coche y huyeron corriendo del lugar, pero al rato, al ver que no pasaba nada, regresaron a recoger sus cosas». «A veces, si le picabas un poco, entraba en el supermercado y robaba. Con Kata iba a El Corte Inglés de la Puerta del Sol; sabían cómo desmontar el chivato. (…) Les gustaban mucho los walkman». Según la policía, Arcan actuaba siempre sólo, al menos en las entradas a los domicilios particulares. En las ocasiones en las que fue detenido sólo aparecen sus huellas. Los investigadores del crimen de Pozuelo saben que Arcan tiene un amigo rumano y le buscan desde hace días.

Los que conocen a Kata le definen como un tipo «muy violento, mucho más que Pietro», bajo y de complexión fuerte, el pelo rubio y al que le encanta teñírselo de colores. Kata vive con una mujer -a la que, según el chico de Coslada, pega y escupe en las peleas-. Kata tiene su domicilio cerca de la calle de Petra Sánchez, donde hay un jardín que en Coslada se conoce como el parque de los rumanos.

«Pietro no tenía novia, nunca le vi con una chica. A veces iba a la discoteca Macumba de la estación de Chamartín para bailar funky. Le costaba relacionarse. Siempre me pedía que le presentara mujeres guapas», dice el muchacho de Coslada. «Pietro me decía que me fuera con ellos, pero a mí me daba miedo, porque sabía que iba a acabar mal».

Arcan apareció por primera vez en la calle de Perú de Coslada hace un par de años. «Salía por la mañana y no regresaba hasta la noche. A veces se ausentaba durante varios días. Hace un año nos dijo que se iba a Alemania y desapareció», recuerda una chica de la pandilla de quinceañeros que se tumba por las noches en el césped a fumar tabaco a hurtadillas. «Cuando regresó hace poco, contó que había tenido problemas», asegura el muchacho, «pero ni siquiera sé si es verdad que estuvo en Alemania. El que lo sabe todo de Pietro es Kata».

Los periodos de ausencia de Arcan del domicilio de la calle Perú coinciden con sus detenciones en España y la fecha de un crimen que le atribuyen en Rumanía. Según la policía rumana, Pietro Arcan acompañado por Olah Gavril penetró en una vivienda de la localidad de Satu Mare en la madrugada del 26 de diembre [diciembre] de 2000 matando a golpes a Gheorghe Marius. En ese ataque robaron joyas y dinero. El tipo de asalto es, según la policía, similar al de Pozuelo.

«Ellos han tenido algunos incidentes en el barrio. Les echaron de la discoteca Krim por organizar una pelea. Al parecer, Pietro dijo algo a una chica y unos españoles le pegaron una paliza. A Kata le rompieron la mandíbula. Desde entonces, los rumanos tienen prohibida la entrada».

A pesar de los antecedentes de Arcan, los vecinos del número 14 de la calle de Perú de Coslada se sorprenden de lo ocurrido en Pozuelo. «No podía imaginar que fuera capaz de hacer una cosa así con toda esa pobre familia», dice una vecina. Todos los consultados están convencidos de que Arcan no actuó en solitario en la madrugada del miércoles. «Resulta raro que fuera hasta allá sin coche y sin que nadie le ayudara a escapar», dicen. «Estos días he pensado mucho en si era Kata el que estaba esperándole fuera», asegura el chico bajando la voz.

Arcan no habla bien castellano. Se hacía entender en inglés con la pandilla de quinceañeros. «A nosotros nos molaba fumar con él, porque siempre tenía marlboros», dice una chica. «Nunca le vi con un porro, pero no sé si se metía pastillas. (…) Cuando pienso en lo que ha hecho siento asco y me da miedo. Para nosotros fue un choque terrible. Cuando vi el miércoles su foto en televisión me dije: “¡Coño, a ese tío le conozo!” [conozco]. Después caí en que era el del tercero. Casi a la vez, Pietro apareció rodeado de policías [para reconocer sus posibles pertenencias en la casa]. Fue una impresión muy fuerte verle en televisión y cinco minutos después en la calle cuando ya sabía que era un asesino».

Las hipótesis policiales

En los alrededores del número 117 de la calle de la Arquitectura, de Pozuelo, la policía no ha descubierto ningún coche robado. En el interior del chalé donde Pietro Arcan asesinó presuntamente al abogado Arturo Castillo, hirió de gravedad a su mujer Ángela y agredió a sus hijas, sólo hay huellas del sospechoso.

«Lo que no sabemos aún es si alguien le esperaba fuera en un coche y se asustó al ver a los agentes», aseguran fuentes policiales. «Por la ruta de huida de Arcan [hacia el centro comercial de Hipercor], creemos que trataba de alcanzar el apeadero de Renfe, por lo que es posible que llegara a la zona en tren». El último cercanías pasa por Pozuelo a las 23.35 y el primero a las 6.02. Entre medias no hay servicio.

La policía no descarta ninguna hipótesis de trabajo, pero por ahora se centra en la principal, la del robo. «No era una vivienda de fácil acceso. Debió de elegirla porque tenía dos ventanas abiertas», aseguran fuentes de la policía. El sofisticado sistema de seguridad del chalé no se hallaba conectado en la madrugada del crimen, pero Arcan ni siquiera intentó desactivarlo. Según Carlos Juanes, director de Tecsegur, la compañía de seguridad contratada por los Castillo, la familia «estaba muy concienciada y todos sabían poner y quitar la alarma». Juanes sostiene que muchas personas creen de forma equivocada que el mayor peligro de asalto reside en las vacaciones o en las ausencias. Hace un año, la alarma del chalé detectó la presencia de una persona en el garaje. Al ser detenido, éste argumentó que se había confundido.

«El objetivo real de Arcan no era el robo en sí, sino la agresión, que incluye el robo. El objetivo supremo era causar daño», asegura Gonzalo Martínez Fresneda, penalista y prestigioso criminólogo. «Lo ocurrido no se corresponde al tradicional robo con escalo. Entrar de ese modo, haciendo tanto ruido como para despertar a la mujer [llamó por primera vez al 112 a las 4.14] y sin preocuparse por su seguridad, tiene como fin dejar patente su presencia. Lo que se pretende en estos casos es saciar un deseo brutal de castigar a un mundo que es la antítesis del suyo. Esa vivienda se corresponde a la imagen de lo que odia».

Otra hipótesis policial es que Arcan conociera la casa a través de un tercero. Los Castillo habían contratado servicio procedente del Este, sobre todo de la ex Yugoslavia. «En un caso así, se investiga al entorno de la víctima, y eso incluye al personal doméstico, es algo de manual, pero eso no significa que se sospeche de nadie», asegura la policía.

El psiquiatra Luis Vega sostiene que la actuación de Arcan es «la típica de un psicópata que sabe lo que hace». La falta de respuesta emocional tras su detención y su frialdad es la típica, dicen los médicos, de un transtorno [trastorno] sociopático de personalidad. «Ahora pretenderá mostrarse más loco de lo que está para librarse de la cárcel», dice Vega; «Arcan es plenamente responsable de todos sus actos, pues es consciente del daño que ha causado».


Arcan será extraditado a Rumanía cuando cumpla su condena en España

C. Morcillo – ABC.es

30 de noviembre de 2001

Petru Arcan ha logrado su objetivo de no ser entregado de manera inminente a Rumanía, donde se le acusa de los delitos de homicidio, robo y allanamiento de morada. Tendrá que rendir cuentas a la Justicia de aquel país, pero primero deberá ser juzgado en España donde tiene numerosas causas pendientes, la más grave el asesinato de Arturo Castillo y la agresión a su esposa e hijas, ocurrida el pasado 20 de junio en el chalé en el que residía la familia en Pozuelo.

Evitar la prescripción de delitos

La Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional acordó ayer declarar procedente la extradición del moldavo a Rumanía donde está reclamado por la Fiscalía de Statu Mare, pero «deberá posponerse a la extinción de las responsabilidades penales pendientes que el reclamado tenga en España», sin perjuicio de que se pueda acceder a una entrega temporal a Rumanía, según establece el Convenio Europeo de Extradición.

De acuerdo con esta posibilidad, el moldavo podría ser «devuelto» a Rumanía cuando ya esté cumpliendo condena en España -en la actualidad se encuentra en prisión preventiva-; allí sería juzgado con el fin de que no prescriban las causas, volvería a nuestro país para acabar de redimir su pena y finalmente sería extraditado de forma definitiva.

El lunes Arcan comparecía en la vista que debía decidir si era o no extraditado y, en su turno de palabra, amenazaba con matar a otra persona para evitar ser entregado.

Según la demanda de extradición presentada por las autoridades rumanas, Arcan «el 25 de diciembre de 2000, en unión de otros, entró por la fuerza en la vivienda de Gheorge Marius en Statu Mare y le golpeó hasta causarle la muerte. Luego se llevó objetos de oro y teléfonos móviles».

La resolución favorable a la entrega de la Audiencia Nacional se basa en que se cumplen los requisitos de la doble incriminación (los hechos por los que se le acusa en Rumanía son también delito en España); que se cumple el mínimo punitivo (la pena a la que podría ser condenado allí supera el año de prisión); que los hechos no han prescrito, y que la reclamación no obedece a motivaciones políticas.

La defensa de Arcan alegó que su cliente nunca había estado en Rumanía, pero el Tribunal entiende que la comprobación de este extremo no le corresponde a la Audiencia Nacional sino al Tribunal rumano que le juzgue.

Juicio justo en Rumanía

Respecto a que Arcan no vaya a tener un juicio justo en Rumanía, como planteó su abogado para oponerse a la extradición, la Sala considera que esta alegación «queda también sin fundamento desde el momento en que Rumanía es firmante del Convenio Europeo de Extradición y por ello se obliga en la misma medida que España». Arcan está acusado además de homicidio, lesiones y robo por el crimen de Pozuelo, de numerosos robos en Colmenar, Coslada, Alcorcón, Guadalajara y Toledo.


Comienza el juicio contra Pietro Arcan y otras tres personas por el crimen de Pozuelo

Agencias / El País

18 de junio de 2003

La Audiencia Provincial de Madrid ha comenzado esta mañana a enjuiciar el asesinato, en junio de 2001, del abogado Arturo Castillo durante el asalto a su chalé en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. En el banquillo se sientan cuatro acusados, el principal sospechoso, Pietro Arcan, y tres presuntos colaboradores suyos.

La vista oral ha comenzado con la lectura de los escritos de calificación de las partes. Arcan ha escuchado la acusación que pesa sobre él y al ser preguntado si conocía los términos de la misma ha respodido [respondido] afirmativamente. Después, acompañado por una traductora que no ha necesitado, Arcan ha dicho que solamente contestará a las preguntas de su abogado.

El fiscal pide 70 años de prisión para Arcan como autor de diez delitos, entre ellos asesinato, asesinato frustrado, homicidio en tentativa, tenencia ilícita de armas y lesiones. Para cada uno de sus tres presuntos colaboradores (Julio Rodríguez, Manuel España, y Daniel Popa) reclama cinco años de prisión.

Por su parte, la acusación particular, ejercida por la familia Castillo, solicita 80 años de cárcel para el principal acusado por el crimen de Pozuelo, mientras que la defensa de éste aboga por su libre absolución, argumentando que Arcan niega sistemáticamente los hechos que se le imputan. Además, el abogado ha manifestado que habrá que esperar también a los informes psiquiátricos.

Prisión provisional

Arcan, visiblemente más grueso que cuando fue detenido, ha llegado a la Audiencia madrileña poco antes de las 9.00 de la mañana a bordo de un furgón policial procedente de la prisión de Soto del Real -donde se encuentra recluido de forma provisional desde el 20 de junio de 2001-. Precisamente, el plazo máximo que puede estar en prisión preventiva vence el próximo viernes. Por eso, al término de la sesión de hoy se celebrará una vista en la que la acusación particular solicitará al tribunal la prórroga de la prisión preventiva.

Los hechos que se juzgan ocurrieron en la madrugada del 19 al 20 de junio de 2001. Presuntamente, Pietro Arcan se introdujo en el chalet de la familia Castillo en Pozuelo de Alarcón. Allí disparo al abogado Raúl [Arturo] Castillo y a su esposa. Después agredió al letrado con un cuchillo y le golpeó hasta causarle la muerte. A continuación agredió las hijas del matrimonio. La esposa de Arturo Castillo alcanzó a llamar al 091 y al 112 para pedir auxilio. Arcan logró huir de la vivienda, pero fue capturado hacia las siete de la mañana cuando trataba de escapar de la zona. Arcan es de nacionalidad moldava y está reclamado por Rumanía por delitos de homicidio, robo y allanamiento de morada.


«Frío, narcisista y peligroso»

José Antonio Hernández – El País

19 de junio de 2003

El informe que han elaborado sobre Pietro Arcan las psicólogas judiciales Blanca Vázquez y Paz Ruiz no deja lugar a dudas sobre su imputabilidad. El diagnóstico es que Arcan «es un psicópata». Pero ello no quiere decir que sea un trastornado mental, incapaz de distinguir entre el bien y el mal. Al contrario, hace daño a los demás y es plenamente consciente de ello. «Es extremadamente egocéntrico e insensible, e incapaz de conectar empáticamente o ponerse en el lugar de otro». Arcan inflige dolor a un semejante y en él, a diferencia de una personal normal, no afloran sentimientos de culpa, de lo que se infiere que tiene «un elevado riesgo de reincidencia».

En la entrevista con las citadas psicólogas, Arcan eludió hablar de sus familias, de sus dos hermanos. Recientemente, supo por un hermano que su padre, que vivía en Moldavia, había fallecido. Abandonó los estudios a los 14 años y fue internado en un centro para personas «con problemas reumáticos». Regresó a su hogar a los 16 años y durante tiempo se dedicó a ser «tractorista». Aunque su profesión real ha seguido la senda de la delincuencia, a la que llegó con sólo 12 años, cuando recibió su primera condena. Llegó a España a los 21 años, donde siguió delinquiendo. En realidad, ha delinquido en los cuatro países europeos en los que estuvo antes de entrar en España en 1999. «Es un manipulador», observan los peritos. De su actual etapa en la cárcel, sólo dice que «se aburre» porque le tienen en una celda de aislamiento. Dice que no sabe por qué está aislado (Arcan ha llegado a decir que volverá a matar en cuanto pueda), aunque, de forma sarcástica, soltó una hipótesis a las peritos: «Quizá es porque me tienen miedo».

Según el informe, Arcan «es un individuo poco sincero, mentiroso patológico y superficial», que proyecta «una imagen sobrevalorada y narcisista de sí mismo».

En su personalidad destaca «su falta de reremordientos [remordimientos] y sentimientos de culpabilidad» ante sus fechorías. Y es una persona fría y distante que tiene «gran dificultad para experimentar emociones». Ante cualquier mínima frustración, «reacciona de forma violenta». Y respecto a su vida sexual, manifiesta que es incapaz de precisar con cuántas mujeres ha mantenido relaciones sexuales, si bien calcula que «con unas 15 o 20». «Su vida se ha desarrollado al margen de la ley» y es «peligroso», concluye el informe.


Las tres supervivientes del crimen de Pozuelo reconocen a Arcan como el autor del asesinato

Europa Press / Elmundo.es

20 de junio de 2003

Las tres víctimas que sobrevivieron al crimen del [de] Pozuelo, en el que fue asesinado el abogado Arturo Castillo, se han ratificado en las declaraciones que prestaron ante la policía y ante el juez instructor después de ocurrir los hechos, en junio de 2001, así como en el reconocimiento de Arcan como autor del crimen, según informó el abogado de las testigos, José Aníbal Álvarez.

Tanto la viuda como las dos hijas del letrado fallecido, que también fueron agredidas el día de los hechos, prestaron declaración ante el tribunal de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, que está enjuiciando al moldavo y a sus tres presuntos colaboradores en el crimen, Julio Rodríguez Barrios, Manuel España y Daniel Popa.

Las testigos comparecieron a puerta cerrada, sin la presencia de público ni de medios de comunicación, y protegidas de los procesados por un biombo que les impedía ser vistas. Durante toda la jornada, las declarantes, que entraron en la Audiencia madrileña a través del garaje del edificio en un monovolúmen granate con cristales oscuros, estuvieron muy respaldadas para evitar que se tomaran imágenes suyas.

Desde las 10.30 horas, y por espacio de algo menos de dos horas, las víctimas rememoraron, sin ser vistas por su presunto agresor, todo lo ocurrió la madrugada del 19 al 20 de junio de hace dos años. Mientras, según las fuentes informantes, Arcan permanecía en la Sala, con el mismo atuendo que llevaba el primer día del juicio, impasible y como si lo que estuviera escuchando no le afectara lo más mínimo, afirmaron las fuentes informantes.

Declaraciones firmes

Las declaraciones de las víctimas fueron emocionantes, para ellas y para el resto de las personas que ocupaban la sala de vistas -afirmaron varias de los allí presentes-, pero sobre todo fueron «firmes» en relación a la noche de autos y a la descripción del individuo que asaltó el chalet donde residía la familia Castillo, sostuvo Álvarez.

En este sentido, Gregorio Arroyo, representante de la viuda y de las dos hijas de ésta para los asuntos relacionados con el derecho a la intimidad y a la protección de su imagen, confirmó que la mayor de las hermanas había realizado una minuciosa descripción de la persona que entró en su domicilio, y que ésta explicación se correspondía con las características físicas de Pietro Arcan.

La joven señaló que el individuo al que vio aquella madrugada era un muchacho alto, corpulento, rubio, de ojos azules y atlético, rasgos que coinciden con el aspecto del moldavo. Además, tras el suceso, las víctimas reconocieron al principal acusado como el autor de los hechos.

«Han sido momentos muy duros porque han tenido que recordar minuto a minuto lo que sucedió. Las tres han estado muy emocionadas, pero han repetido lo mismo que hace dos años», explicó el letrado de la acusación particular, quien también reconoció el «trato excepcional» que sus clientes habían recibido en la Sala por parte de los abogados de las defensas, quienes renunciaron a hacer preguntas a las testigos.

Tan sólo el representante legal de Arcan formuló varias cuestiones a las viuda de Castillo, que fue la primera en comparecer. A continuación lo hizo su hija menor, a la que siguió la hermana mayor de ésta.

El protector de la intimidad de las denunciantes indicó que éstas «aún están muy afectadas» por el suceso, ya que, dijo, tan sólo han transcurrido dos años desde entonces, y sostuvo que, aunque el trauma psicológico todavía permanece en ellas, «con el juicio, se han podido quitar un peso importante».

Secuelas físicas

Además, de las lesiones psíquicas que les han quedado a las tres víctimas, la viuda de Arturo Castillo tiene secuelas físicas como consecuencia de las intervenciones quirúrgicas a las que tuvo que ser sometida para extirparle varios órganos internos, pues la noche de los hechos recibió un disparo con orificio de entrada en un glúteo y de salida por la cadera.

En cuanto al moldavo, reiteró que, mientras que todos los presentes en la sala se mostraron muy afectados ante el relato de las comparecientes, él se mostró impasible, sonriente en algunos momentos, y estuvo mirando a todos lados y haciendo gestos.

«Tiene una afectividad plana, no tiene remordimientos ni asume su responsabilidad. Su ego está muy acentuado y es capaz de mentir sin importarle las consecuencias», añadió Arroyo, quien añadió que se trata de un individuo «muy peligroso» de cara a su reinserción en la sociedad.

En este sentido, precisó que, aunque la acusación particular todavía no ha recibido una notificación oficial por parte del tribunal, todo parece indicar que los magistrados prorrogarán por dos años más la situación de prisión provisional del moldavo, recluido en una celda incomunicada del centro penitenciario de Soto del Real desde el 20 de junio de 2001. Precisamente hoy se cumple el plazo de arresto preventivo para Arcan.

El próximo lunes se reanudará el juicio con la comparecencia de los policías nacionales y municipales que actuaron la noche de los hechos en el chalé de la calle Arquitectura y los que participaron en la detención del principal imputado.


«Pude oír malherida como apuñalaba a mi marido tras dispararnos a los dos»

Cruz Morcillo – ABC.es 

21 de junio de 2003

«Emocionante, firme y espeluznante». Así definen quienes la presenciaron la declaración prestada ayer por la viuda y las dos hijas del abogado de Pozuelo Arturo Castillo, asesinado por el moldavo Pietro Arcan, según el fiscal y la acusación. Fue la segunda sesión del juicio que se sigue en la Audiencia de Madrid contra él y sus tres presuntos colaboradores y era un día muy especial, con tintes dramáticos. Se cumplían dos años de la muerte del letrado y del ataque del que fueron víctimas su mujer y sus dos hijas.

Tal y como habían solicitado, las tres declararon a puerta cerrada en una sala sin público ni Prensa y protegidas por un biombo que hacía de línea divisoria entre acusados y víctimas, según detalló a ABC el abogado de la acusación José Aníbal Álvarez. En el centro del banquillo, vestido con las mismas ropas del primer día y exhibiendo idéntico desprecio, se sentaba Arcan en la primera fila, ajeno al dolor y la tristeza que destilaban las palabras de sus víctimas. Aseguran los presentes que el moldavo sonrió en varias ocasiones, coincidiendo incluso con los fragmentos más duros del relato de los hechos, en consonancia con el perfil elaborado por las psicológas que recoge: «Ausencia total de remordimientos o sentimientos de culpa, frío y distante».

El mismo día, dos años después

Ángeles Sierra, la mujer del abogado fue la primera en declarar. «Pude oír malherida desde la cama cómo resbalaba con la sangre de mi marido, que estaba agonizando mientras le decía “te lo mereces, por cabrón”». La sala enmudeció con las lágrimas de la víctima, según explica su abogado, que trataba de taponarse con la mano la herida por la que se desangraba. Estaba narrando Ángeles la muerte de su esposo que el fiscal recoge con absoluta precisión en su calificación.

«El procesado que ya tenía encañonado a D. Arturo, le apuntó y disparó rápidamente lesionando pulmón, estómago y riñón, produciendo una intensa hemorragia. Disparó sobre Dña. Ángeles, penetrando la bala en la cara posterior del muslo izquierdo y saliendo por el flanco derecho, tras atravesar la región pélvica, quedando la misma semiinconsciente e inmóvil. Como D. Arturo seguía consciente, Arcan sacó el machete y le redujo por detrás, hiriéndole con dicha arma. Le golpeó contundentemente con el mango del machete o con la culata del revólver en la cabeza» -la autopsia reveló que le hundió el cráneo más de un centímetro- «La víctima quedó ya inconsciente, momento en que Arcan para asegurar la muerte apuñaló al mismo de forma rápida y certera, por dos veces consecutivas» -perdió más de dos litros de sangre. Arcan dio a ambos por muertos y para cerciorarse se acercó a la cama y removió las sábanas, antes de atacar a las hijas del matrimonio. Ángeles relató las graves secuelas que padece (tardó en curar 309 días), sigue en tratamiento psicológico, igual que sus hijas y aseguró que vive aterrorizada y ha enrejado hasta el último resquicio de su nueva casa.

A continuación declaró la menor de las dos hijas. Al oír los primeros ruidos no dio importancia hasta que se percató de lo que ocurría. Se escondió debajo de la cama y de allí la sacó a rastras por el pelo el moldavo, al tiempo que la encañonaba. La agredió a ella y a su hermana, que sufrió un corte en el cuello y después de exigirles que le dijeran dónde estaba el dinero, las joyas y la caja fuerte aseguró que se iba a beber un vino de la colección que guardaba su madre. Este detalle, unido a que preguntara a la primera niña por su hermana revelan que contó con información previa de la familia, un extremo que no se ha logrado aclarar -una asistenta rumana hasta la fecha no ha sido localizada-.

Su hermana, siempre según el letrado, «dejó atónita a la Sala». Repasó lo sucedido en la madrugada del 20 de junio «con frialdad y todo detalle», sin una imprecisión y ninguna contradicción respecto a sus declaraciones anteriores. Después de atacar a las dos hijas, Arcan volvió al dormitorio del matrimonio. Ángeles que no cesaba de llamar al 112 tuvo que esconder el teléfono con su cuerpo para que no lo descubriera. Creyó que eran sus últimos segundos de vida.


Arcan fue detenido cuando llevaba una medalla de una de las hijas de Castillo

El País

25 de junio de 2003

Los policías municipales que detuvieron al moldavo Pietro Arcan tras el crimen de Pozuelo, que costó la vida al abogado Arturo Castillo y en el que resultaron heridas su esposa y sus dos hijas, hallaron en la parte superior del chándal que vestía una medalla con el nombre de una de las víctimas que sobrevivieron al asalto. Además, se le incautaron dos teléfonos móviles, uno de los cuales no le pertenecía, y 110 euros.

Los dos policías que arrestaron a Arcan la madrugada del 20 de junio de 2001 declararon ayer ante el tribunal de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid que enjuicia los hechos. También compareció el primer agente que entró en la habitación del letrado y de su esposa.

Los municipales relataron que la madrugada de los hechos, tras ser alertados por la emisora policial de la existencia de un tiroteo en las inmediaciones del Hipercor de Pozuelo de Alarcón, se dirigieron hacia el lugar. En el trayecto, fueron avisados de la fuga de un sospechoso del chalé asaltado. La información les ponía en alerta de que un individuo «de 1,80 metros de estatura, joven, corpulento y de pelo rubio» se había metido en una zona de obras, «abierta, con muchos recovecos y en la que resultaba fácil esconderse». Tras realizar una batida por la zona, los agentes rastrearon la zona de la estación de Renfe de Pozuelo y, al no encontrar rastro del sospechoso, se encaminaron a la de El Bercial. Poco antes de llegar a este enclave, entre la calle de Peñalara y a la M-40, los municipales se toparon con un hombre cuyas características físicas se correspondían con las facilitadas por la emisora.

Persecución

Al ver que los policías se acercaban a él, el individuo emprendió la huida y cruzó todos los carriles de la citada vía de circunvalación. El sospechoso se dirigió hacia el lugar conocido como puente de las luces, donde fue acorralado por los policías, que se colocaron a ambos lados de la estructura. «Al vernos, dejó la parte superior del chándal en el puente, extrajo su teléfono móvil y empezó a hablar por él, como si con él no fuera nada», explicó uno de los testigos. Pero a pesar de que le dieron el alto, el individuo siguió andando hasta que se situaron a su altura y le pidieron que cediera en su actitud. «En ese momento, se arrodilló en el suelo», indicaron los dos. El moldavo se identificó como Igor Dumitrescu y «nada nervioso y con una actitud muy fría», no quiso decir nada más, a pesar de que «hablaba y entendía el castellano».

Arcan fue trasladado a las dependencias policiales, donde el agente nacional que llegó al domicilio de la familia Castillo en primera instancia y que sorprendió al detenido saltando la valla de la vivienda le reconoció como la persona que había disparado contra él.

Según los testigos de ayer, el compañero, visiblemente nervioso y agitado, dijo ante la mirada impasible de Pietro Arcan: «Has sido tú, has sido tú».


La policía encontró restos de sangre del letrado Castillo en la ropa de Pietro Arcan

El País

26 de junio de 2003

Había sangre de la víctima en las ropas de Pietro Arcan. En la madrugada del 19 al 20 de junio de 2001, el moldavo y tres hombres más asaltaron, supuestamente, el chalé del abogado Arturo Castillo en Pozuelo de Alarcón, le dispararon, degollaron y atacaron a su mujer y a sus dos hijas.

Ayer, durante la quinta sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial contra Arcan y sus colaboradores, dos agentes de la Policía Científica que investigaron el caso explicaron sus conclusiones. Los peritos contaron que encontraron restos de sangre del abogado y de una de sus hijas en la ropa que vestía el acusado.

También indicaron que se encontraron restos del ADN del abogado Arturo Castillo en una sábana, en un machete con el que presuntamente fue degollado, en la chaqueta de chándal de Arcan, en las uñas del fallecido y en un reloj marca Rolex.

Los informes policiales señalan también que había restos biológicos de una de las hijas de la pareja en unas sábanas, en una funda de almohada, en el suelo de su habitación y en un camisón, presumiblemente el que llevaba puesto la noche del crimen. También se hallaron manchas de sangre de la menor de las hijas de Castillo en el calzoncillo de Pietro Arcan, detenido pocas horas después.

Pólvora en una mano

También comparecieron ayer varios agentes de la unidad de Balística de la Policía Nacional que pusieron de manifiesto el hallazgo de restos de pólvora en la mano izquierda del moldavo. Según su análisis, la mano izquierda del moldavo tenía «partículas de disparo». El letrado de la acusación particular preguntó a los investigadores si eso significaría que el autor de los disparos usó el arma con la mano izquierda.

Los agentes respondieron que las pruebas podrían llevar a dicha conclusión, aunque únicamente de manera teórica, pues, según dijeron, en la práctica podrían darse numerosas situaciones en las que las partículas de pólvora se traspasaran de una mano a otra. No obstante, y a preguntas de la defensa de Pietro Arcan, los agentes concluyeron que «el que una persona tenga residuos de pólvora no quiere decir que automáticamente sea autor de un disparo, sino que estaba próximo a la detonación».

En cuanto al análisis de la mecánica de los disparos, los expertos de balística señalaron que las detonaciones se realizaron con un revólver convencional Magnum 357, en buen estado de funcionamiento y provisto de seis balas, de las que se hallaron cinco vainas fuera del arma y un cartucho en el interior de la misma.

Dos de dichas balas impactaron en el cuerpo de Castillo, perforándole una mano y el tórax. A juicio de los policías, la herida del pecho tuvo que ser mortal, ya que, según manifestaron, el revólver con el que se produjo «tiene mucha potencia y usado a corta distancia resulta letal».


«Se han dicho muchas mentiras en el juicio», declara el reo

José Antonio Hernández – El País

27 de junio de 2003

Al término del juicio que se ha celebrado durante casi una semana en la Audiencia, el tribunal preguntó a Pietro Arcan si quería decir algo antes de dar por finalizada la vista. El moldavo fue escueto: «Se han dicho muchas mentiras». Los otros acusados, Manuel España, Daniel Popa y Julio Rodríguez, pidieron perdón. Arcan, además, se dirigió a uno de los abogados de la familia del letrado asesinado, Gregorio Arroyo, y le dijo que si no le gustaba su mirada ni su risa que no fuera por ahí hablando de él. Arroyo explicó al respecto: «Arcan ha debido de verme en televisión cuando comenté ante las cámaras que le había visto sonriendo en el juicio».

El abogado de Arcan pidió la libre absolución de su cliente, si bien indicó que, en caso de condena, le sea aplicada una eximente por trastorno de personalidad. En la vista oral Arcan ha negado su participación en los hechos, al igual que los otros tres acusados, si bien Julio y Manuel reconocieron haber llevado a Arcan esa noche en un vehículo a Pozuelo.


Condenado a 75 años de prisión Pietro Arcan, el autor del crimen de Pozuelo

Agencias – Elpais.com

28 de julio de 2003

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 75 años de prisión a Pietro Arcan, el moldavo que en junio de 2001 entró en el domicilio del abogado Arturo Castillo en Pozuelo de Alarcón (Madrid), asesinó al letrado, intentó matar a su esposa y agredió a las dos hijas del matrimonio. También robó en la vivienda e intentó matar a un policía en su huida.

La Sala considera que Arcan, de 25 años de edad, es autor de los delitos de asesinato, asesinato en grado de tentativa, atentado, homicidio en grado de tentativa, agresión, lesiones psíquicas, tenencia ilícita de armas, robo con violencia e intimidación y uso de arma en concurso con allanamiento de morada.

Por otro lado, la Audiencia ha absuelto a Daniel Popa, que era considerado uno de los presuntos colaboradores del asesino. El abogado de la familia Castillo ha anunciado que recurrirá esta decisión judicial, según informa la Cadena SER. Sí han sido condenados otros dos de los acusados de colaborar con Arcan. Se trata de Manuel España y Julio Rodríguez Barrios, a los que se considera cooperadores necesarios del autor del crimen en los delitos de robo y allanamiento de morada. España ha sido condenado a dos años y seis meses y Rodríguez Barrios a cuatro años.

Durante el juicio, que se celebró entre el 18 y el 26 de junio, el fiscal solicitó para Arcan los 75 años de prisión a los que ha sido condenado, mientras que la acusación particular reclamó para el moldavo 80 años de arresto. El procesado se encuentra recluido en situación preventiva en la prisión de Soto del Real desde que ocurrieron los hechos.

Noche trágica

El tribunal de la Sección Séptima de la Audiencia madrileña que ha enjuiciado los hechos considera probado que la madrugada del 19 al 20 de junio de 2001, Pietro Arcan se introdujo por la ventana del último piso del chalet habitado por la familia Castillo y, una vez en su interior, disparó contra el abogado y contra su esposa.

Tras acabar con la vida del letrado, al que también golpeó en la cabeza y apuñaló para asegurarse su muerte, dejó moribunda a la mujer del letrado y se dirigió a las habitaciones donde dormían las hijas de la pareja. Arcan agredió a ambas, las encerró en un armario y, al percatarse de la llegada de la Policía, que había sido alertada por la esposa de Arturo Castillo, huyó del lugar. El fallo, también considera acreditado que en su huida el moldavo disparó, con la clara intención de acabar con su vida, a un agente que le perseguía. Y que además sustrajo de la casa diversos objetos pertenecientes a la familia Castillo.


Máxima seguridad en el traslado de Pietro Arcan de la cárcel a Son Dureta

B. Palau – Diariodemallorca.es

27 de agosto de 2008

La Policía Nacional excarceló ayer por la mañana y trasladó al hospital palmesano de Son Dureta a uno de los internos más peligrosos del centro penitenciario de Palma, Pietro Arcan, conocido como el «asesino de Pozuelo», bajo unas intensas medidas de seguridad. El recluso, de unos 30 años de edad y de origen moldavo, fue custodiado en todo momento por los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) del Cuerpo Nacional de Policía. Arcan salió de prisión a primeras horas de la mañana con motivo de una visita médica a un especialista. Horas después, reingresó en la cárcel.

El «asesino de Pozuelo», que lleva unos dos años preso en Palma, cumple una condena de 75 años de cárcel por asaltar en el verano de 2001 el chalé del abogado Arturo Castillo en Pozuelo de Alarcón, en Madrid, donde asesinó al letrado, intentó matar a su esposa y agredió a las dos hijas del matrimonio.

Interno FIES

El hombre está considerado como un delincuente peligroso y muy agresivo, por lo que es un preso FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). Además, los médicos forenses lo calificaron durante el juicio en 2003 como un «psicópata de libro» para quien la vida humana no tiene ningún significado. Por ello, en todos sus traslados se extreman las medidas de seguridad.

En los últimos meses Pietro Arcan ha sido excarcelado en al menos otras tres ocasiones para ir al médico en el ambulatorio del Carmen, en el centro de Palma, ya que al parecer padece alguna dolencia en el aparato digestivo.

Al tratarse de un delincuente considerado extremadamente peligroso, estas visitas se realizan siempre con grandes medidas de seguridad. Ayer a las nueve de la mañana fue examinado por un facultativo de otra especialidad en el hospital de Son Dureta. Posteriormente, fue conducido de nuevo al centro penitenciario sin que se produjera ningún incidente. Los policías de la UPR fueron los encargados de vigilarle.

El crimen de Pozuelo ocurrió el 20 de junio de 2001 de madrugada cuando Arcan entró en el chalé del abogado Arturo Castillo con la intención de robar. Acto seguido, se dirigió al dormitorio de la pareja y les disparó. Al ver que el letrado agonizaba, el moldavo le golpeó la cabeza con la culata del revólver y con el mango de un machete, que empleó para rematarle con una puñalada en el pecho. Arcan creyó que el matrimonio ya había muerto y fue a las habitaciones de las dos hijas a quienes agredió. Luego, las encerró en un armario. La mujer del abogado, que estaba malherida, alertó a la Policía.


Pietro Arcan «el asesino sin alma»

Crimenycriminologo.com

23 de septiembre de 2012

En esta nueva entrada de CrimenyCriminologo, la licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en criminología superior, Cristina Amanda Tur Bernat, nos envía un fragmento de uno de sus magníficos libros, Siete mentes perversas, en el que analiza la figura del asesino que conmocionó, en la madrugada del 20 de junio de 2001, a los habitantes de Pozuelo de Alarcon (Madrid). Cristina Amanda Tur también destaca por libros como Crímenes de Ibiza y Formentera en el siglo XX, Crónica de Sucesos, Operación Antidroga. Y sus dos novelas policiacas: El Diablo en los detalles, El ángel suicida y La canción del siciliano.

Un buen ejemplo de asesino psicópata es Pietro Arcan Petro, nacido en Mongova, Moldavia, es la bestia. Las tres fotografías de su ficha policial, difundidas tras el asesinato del abogado Arturo Castillo, en junio de 2001, son inolvidables. Arcan, con un chaleco negro y rasgos marcados parece cualquier cosa menos asustado o preocupado. Tiene el pelo claro y corto militar, los ojos separados y las orejas despegadas de su cara afilada. No tiene nada especial, en realidad, pero la mayoría de los lectores que en esos días examinaron su mirada en las portadas de los periódicos honraron la memoria de Lombroso y comentaron que el hombre tenía «pinta de asesino», «ojos de demonio», que los rasgos de su cara del Este mostraban la maldad de su alma. Las teorías de Cesare Lombroso, padre del positivismo, se suponen superadas, pero la sociedad sigue intentando ver el mal en la cara de los hombres. La bestia -humana- mostró su condición la madrugada del 20 de junio de 2001, en Pozuelo de Alarcón.

Son las 3,45 de la madrugada cuando Pietro salta la valla de dos metros que circunda el chalet del abogado Arturo Castillo y su familia. Entra en la casa por la terraza del ático. Sabe de buena tinta que en la casa hay dinero y él está cansado de robar y revender teléfonos móviles a 5.000 pesetas.
Arturo, su esposa y sus dos hijas, de 15 y 17 años, duermen en sus habitaciones. Llega al dormitorio del matrimonio y entra. No enciende la luz y lleva en su mano un revólver Colt King Cobra, un arma de excepción que esta noche nadie puede admirar. Pietro, por supuesto, no tiene licencia. Arturo ha oído un ruido.

El abogado ve a su atacante en la penumbra y levanta la mano izquierda en un inocente ademán de protección. La bala atraviesa la palma, sale por el dorso y penetra en su tórax por un lugar un poco más abajo del corazón hasta quedar alojada en la celda renal derecha. Otra bala está destinada a Ángeles. Los daños que le provoca son terribles y queda semiinconsciente mientras a su marido se le escapa la vida. Pietro se da cuenta de que Arturo vive y se acerca a él con un machete en la mano.

Y en esta primera escena hay ya varios puntos de interés. En primer lugar, no hay que perder de vista que se trata de un robo. Arcan busca dinero, joyas o cualquier cosa de valor, pero no gana nada con la muerte de los inquilinos de la casa. Y absolutamente nada durante todo el desarrollo de la investigación y del proceso apunta a que el moldavo quisiera matar al abogado por venganza o por cualquier otro motivo. Nada. Simplemente lo mata para quitárselo de en medio. El fin, en todo caso, no es la agresión sino el robo.

En segundo lugar, es curioso el hecho de que Arcan utiliza dos armas en una misma secuencia homicida. No es habitual, y sería muy interesante conocer qué mecanismo le impulsó a cambiar el revólver de lujo por un machete, pero la verdad es que sólo puede especularse. Tal vez la explicación es tan simple como que no quería desperdiciar dos balas en una misma víctima; sabía que su reserva era limitada y podían surgir más «problemas», o quería hacer el menor ruido posible. Es lo más sencillo, y la explicación más sencilla suele ser la acertada, según nos recuerda la navaja de Ockham. En cualquier caso, un cambio de un arma que no supone contacto entre agresor y víctima, como es un revólver, a un arma «de contacto’ puede suponer que el homicida, tras iniciar la secuencia, ha querido experimentar la muerte de la víctima con una mayor intensidad y eso se consigue «manchándose de sangre». El homicida sube un escalón en su grado de agresividad y prefiere el cuchillo.

Por otra parte, las heridas que causa con la segunda arma pueden parecer innecesarias si la intención es matar al hombre. Curiosamente, lo golpea con el mango -o con la culata del revólver- en la cabeza, tan fuerte que le hunde el hueso occipital y, finalmente, lo apuñala certeramente y dos veces en el pecho.

Pietro Arcan tiene prisa. Su objetivo es desvalijar la casa, no hay que olvidarlo, así que tiene que «despachar» rápido los obstáculos. En realidad, no le interesa demasiado causar daño, simplemente le da igual. No importa. Así de triste. Actúa en un proceso que los expertos suelen denominar «furia homicida», una secuencia más o menos larga en la que el agresor no duda en matar con ensañamiento, en la que el agresor se ve enardecido por sus acciones y una sigue a la otra.

El diferente tipo de lesiones -que sorprendió a los médicos forenses- y de armas usadas tiene relación con este punto. El abogado tiene heridas por arma blanca, por arma de fuego y contusiones producidas probablemente con la culata del revólver. Una espiral de violencia.

Arcan cree que la mujer también está muerta, aunque sobrevivirá, y se dirige a las habitaciones de las hijas con el machete en la mano. Y, para abreviar, porque aquí no es necesario recrearse en los detalles de la agresión, las dos chicas son golpeadas, una de ellas es agredida sexualmente, y acaban encerradas en un armario. Mientras, la madre consigue comunicar con los servicios de emergencias.

A las cinco menos cuarto de la madrugada, el asesino sale de la casa con 19.000 pesetas, un teléfono móvil y unas cuantas joyas. Un policía ve saltar la verja y le grita aquello de «¡Alto. Policía!», pero, tras una persecución, consigue zafarse. Poco después de las seis de la madrugada, es arrestado cerca de una estación de servicio, donde tienen que recogerlo sus compinches.

Pietro Arcan se convierte esa noche en el monstruo de todas las pesadillas. Pero no es uno de esos casos en los que, de repente, un hombre «normal» se convierte en criminal. El monstruo no nació ayer. Nació en Moldavia el 9 de octubre de 1977. Se crió en orfanatos de Chisnau, la capital, y vivió los enfrentamientos entre la población civil y el Ejército soviético en 1989 y la proclamación de la independencia en el 91. Arcan es carne de cañón, otro chico más abocado a las calles… La independencia lo pilla con 14 años, en un momento en el que muchos de los habitantes de la convulsa Moldavia deciden buscar El Dorado fuera de sus fronteras. Arcan se va a Alemania, pero allí la vida tampoco es fácil y, al final, escoge el destino que en esa década de los 90 prefieren muchos rumanos: España. En 1994, llega a Madrid. Ni siquiera se molesta en buscar los papeles que le conviertan en un ciudadano legal, y cada vez que un policía le pide su nombre da uno distinto y se inventa un domicilio nuevo.

Arcan entró ilegalmente en España seis años atrás para ganarse la vida robando en casas y chalets de Madrid. ¿Para qué iba a necesitar papeles? El 15 de mayo de 1999 es detenido por primera vez, por robar una moto. Ya entonces se abre un expediente de expulsión que parece que se suma a montañas de papeles similares. Su carrera se revela imparable -a fin de cuentas, si lo detienen pasa unos días en los calabozos, le dan de comer gratis, lo sueltan y volver a empezar- y el 22 de septiembre es arrestado en Coslada por un robo con fuerza. Entonces se le atribuye otro robo cometido en la misma localidad dos semanas antes. El 6 de octubre es detenido por robo con fuerza en Guadalajara. El 10 de marzo del año 2000 lo es por otro robo en Coslada y el 10 de mayo por robo con intimidación, también en Coslada.

Algo menos de cuatro meses antes del crimen de Pozuelo es arrestado en Brihuega (Guadalajara) y las autoridades intentan aplicarle la entonces reciente Ley de Extranjería para expulsarlo del país sin más tonterías; con la anterior, la comisión de un delito frenaba tal posibilidad. Pero el juez de Coslada con el que sigue teniendo una causa pendiente se niega a expulsarlo del país sin echar cuentas, así que el del caso de Brihuega lo pone en la calle. Nunca ha sido juzgado y pasea sin papeles y sin trabajo por las calles de Madrid. Y este currículo apuntado es sólo lo que se conoce, probablemente la punta de un iceberg. Da nombres y direcciones falsos, nunca le llegan citaciones, así que jamás va a los tribunales. La Justicia se muestra demasiado a menudo eficaz soltando bombas de relojería a la calle sin saber cómo desactivarlas ni cuando van a accionarse.

Pietro se especializa en entrar en casas que primero vigila y en romper escaparates para llevarse los últimos modelos de teléfonos móviles. En las calles de Moldavia aprendió a abrir las puertas de los coches y emplea su método para buscarse un medio en el que huir. Normalmente encuentra a algún desgraciado que lo acompaña y lo espera en la puerta prácticamente con el motor en marcha.

Sin embargo, los delitos contra la propiedad no son todo. En el mes de abril -dos meses antes del crimen de Pozuelo- Interpol cursó una orden de busca y captura internacional remitida por las autoridades rumanas por asesinato, robo y allanamiento. Un juzgado de Satu Mare (Rumanía. 654 kilómetros al Norte de Bucarest) le busca porque en la noche de Navidad de 2000, Arcan y un cómplice ocasional entraron en la casa de un tal Gheorghe Marius y lo mataron a golpes, unos 30, con una estaca de las que por aquellos lares usan para matar peces grandes. Le abrieron la cabeza -parece que fue Arcan, concretamente- y dejaron malherida a su esposa y apaleados a los padres de ella y a un pequeño caniche. Al doberman, sin embargo, sólo lo narcotizaron. Se llevaron más de 7.000 dólares, 2.000 marcos alemanes y 100.000 forintos. Gheorge Marius tenía un pequeño pero rentable negocio de venta de pasaportes de países de la Unión Europea. Al parecer, los documentos que vendió a otro mafioso llamado Ovidiu eran tan malos que no tardaron en llevarlo a prisión, donde encontró a la persona adecuada, Arcan, para cumplir su venganza.

En la orden de detención internacional para extradición, la Policía rumana apunta a la española la posibilidad de que su sospechoso haya regresado a España. De hecho, Pietro Arcan vive en Coslada con varios rumanos y cuenta por ahí que ha trabajado para la Mafia rusa y que incluso ha matado para ella. Siempre que tiene ocasión pasea traje, joyas y reloj robado… Su historia de la Mafia parecerá así más creíble. Le gustan las armas, y un Colt King Cobra 357 magnum no es cualquier cosa.

Pasado el capítulo de Pozuelo de Alarcón, ingresa en los calabozos y sólo abre la boca para pedir tabaco rubio. Éste es, a grandes pero significativos rasgos, Pietro Arcan Pietro. Durante la investigación se descubre que un amigo polaco de Pietro fue despedido de la casa del abogado y posteriormente contó al moldavo que allí había «pasta», joyas y buenos vinos. Otros tres individuos son arrestados por participar en el robo de la vivienda de Arturo Castillo; dos de ellos llevaron a Arcan a la casa en coche.

El 18 de junio de 2003 es trasladado a la Audiencia Provincial de Madrid para ser juzgado. Niega ser el asesino. Niega haber estado en la casa, pero las pruebas son ineludibles. Para empezar, las víctimas le identifican sin dudarlo. Le reconocieron tras el crimen y durante el juicio, aunque las tres mujeres declararon detrás de un biombo y su abogado pidió que esta parte de la vista oral se celebrara a puerta cerrada y no hubo ninguna objeción.

Respecto a la actitud de los acusados ante las vívidas declaraciones de una mujer que vio morir a su marido y que a punto estuvo ella de seguir su destino, y de otras dos agredidas, encerradas en un armario mientras su padre moría, el abogado asegura que Pietro Arcan no mostró cambio alguno en su expresión fría, al contrario que los otros tres encausados, que no pudieron por menos que sentirse conmovidos e incómodos en mayor o menor medida.

Esa afectividad plana que muestra el procesado frente un relato ante el que el normal de la población al menos bajaría la mirada podrá parecer un tópico, pero es sólo un detalle más que muestra determinada personalidad común a un número demasiado elevado de criminales, aunque no tantos como se podría interpretar de las crónicas de los periódicos. Entre esos criminales impasibles se incluye el grupo de los psicópatas. De hecho, todo lo señalado hasta el momento conduce a pensar que Pietro Arcan Petro lo es.

Llegado a este punto, hay que referirse a los informes psiquiátricos y psicológicos que el fiscal califica de «contundentes». Y deben serlo, porque la sentencia los despacha en folio y medio. El primer informe de un médico forense describe su entrevista con el acusado:

«Algunos rasgos de su personalidad afloran en el discurso pero más que en lo que dice, en cómo lo dice. Así, por ejemplo, toda la entrevista es una demostración de egocentrismo, carencia de aflicción ante unos sucesos que no reconoce y de los que niega toda participación; actos de los cuales refiere tener conocimiento y asume que son bárbaros, pero ese reconocimiento no conlleva connotación emocional alguna, los intelectualiza racionalmente, fríamente. Es decir, el sujeto afirma que se encuentra en prisión por unos hechos de los que niega toda participación, sin embargo resulta llamativa la incongruencia afectiva y el distanciamiento emocional. La entrevista con el procesado impresiona por su frialdad, por su inquebrantable ausencia de connotaciones emocionales (ni siquiera mínimas) del contenido del discurso que desgrana».

Destaca una cuestión; dice lo que se espera que una persona «normal» diga frente a unos hechos deleznables, «asume que son bárbaros», pero eso no quiere decir que los sienta. Imita los sentimientos pero no los tiene.

Arcan, inicialmente receloso, acaba por participar en la entrevista y cuenta al médico que años atrás padeció traumatismos craneales muy severos, fuertes golpes, aunque no hay indicios ni cicatrices de ningún tipo. Explica que no hay antecedentes de enfermedades mentales en su familia -que él sepa, claro- y se define como un gran consumidor de alcohol, preferiblemente ron, desde hace muchos años.

El médico forense lo somete a una prueba básica para conocer sus capacidades -el minimental de Folstein- y su puntuación es normal; no encuentra «el más mínimo indicio de deterioro cognitivo». Podría considerarse una persona normal, con capacidades de entendimiento normales, pero cada uno de los párrafos del informe de cuatro folios define al psicópata: «Por supuesto que conoce las normas y diferencia lo que está bien de lo que está mal, pero su escala jerárquica antepone sus intereses a cualquier otra consideración; es decir, las normas existen, pero no siente que tal afirmación le afecte personalmente».

Lo más interesante del informe es tal vez cómo zanja la cuestión de la responsabilidad del psicópata: «Pietro Arcan reúne los rasgos de personalidad y de conducta descritos por Cleckley para las personalidades psicopáticas, pero ello no debe ser interpretado en ningún caso como un diagnóstico, sino como una manera de ser».

Este es Pietro Arcan Pietro. Los que lo conocen dicen que no tiene alma. Es la forma popular de expresarlo. Es, en verdad, el paradigma del criminal que parece carente de cualquier sentimiento que le permita vivir en sociedad sin representar un peligro para sus congéneres. Pero este caso tiene algo especial, porque muestra que los delincuentes psicópatas no son sólo esos asesinos que cometen los crímenes más absurdos, más gratuitos, más inexplicables, aquellos que atacan sin más a desconocidos por las calles. Los criminales de este tipo pueden ser ladrones, atracadores, homicidas vengativos, asesinos de sus esposas… según cuáles sean sus objetivos. La igualdad básica es que todos se mueven en función de sus propias necesidades y placeres, pero les diferencia aquello que les place. Arcan quería objetos y dinero.

De hecho, las clasificaciones más puristas no admitirían a Pietro Arcan como asesino en serie aunque a los crímenes de Satu Mare y de Pozuelo se añadiera alguno más; se necesitan al menos tres víctimas para ser considerado un serial killer, aunque también podría contabilizarse el intento de asesinato de la esposa del abogado o el de la esposa del falsificador de pasaportes. No lo admitirían, simplemente, porque su móvil es el beneficio económico. En realidad, las motivaciones no son tan importantes en la clasificación. El hecho de que nos cueste más comprender que se mate a una persona por aburrimiento o por placer que por dinero no significa que haya tanta diferencia. Además, el caso de Arcan es complejo en cuanto a las motivaciones, porque no tenía necesidad de cometer el crimen para lograr sus fines, así que no sólo lo hizo por dinero.

Pietro Arcan Petro fue condenado, en julio de 2003, a 75 años de cárcel y a pagar una indemnización de 760.000 euros a la familia del abogado asesinado. Los 75 años son una suma de penas por asesinato, asesinato en grado de tentativa, homicidio en grado de tentativa en concurso ideal con delito de atentado por disparar contra un policía, agresión sexual, lesiones, tenencia ilícita de armas y allanamiento de morada como medio para cometer un robo con violencia e intimidación. Toda una variedad delincuencial en un solo caso.

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