Peter Drinkwater

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Peter Drinkwater
  • Clasificación: Homicida
  • Características: Los patólogos determinaron que la víctima había muerto como consecuencia de drogas. Una «postura asfixiante» pudo haber contribuido al fallo respiratorio
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 2 de julio de 1972
  • Fecha de nacimiento: Desconocida
  • Perfil de las víctimas: Carole Califano, de 28 años (su amante)
  • Método de matar: Envenenamiento - Asfixia
  • Localización: Norfolk, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Fue condenado a 12 años de prisión tras ser considerado culpable de homicidio no premeditado
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La amante del médico

Norman Lucas – Los asesinos sexuales

La mañana del 2 de julio de 1972, el doctor John King fue llamado a una casa al lado del mar en Vine Close, Hemsby, Norfolk y ahí, sobre una cama, se encontró con una bella chica muerta. El hombre que le había telefoneado vagaba de un cuarto a otro oyendo el disco de Jim Reeves llamado “Mi último amor”. La misma música era tocada cuando el alguacil de la villa llegó al sitio después de ser informado por el doctor King.

El hombre dijo que había seleccionado el disco por razones sentimentales. A él le gustaba y “a ella le gustaba”. Y ahora se había suicidado.

La mujer, Carole Califano, era una rubia bien formada, de 28 años, que había estado trabajando como recepcionista para un grupo de cirujanos de los que el doctor King era uno de los socios. El hombre de la casa era otro miembro del mismo equipo, el doctor Peter Drinkwater. Este médico había estado viviendo con la señora Califano desde que ella había dejado a su esposo y a su hijo, unos meses antes. Carole Califano era inglesa de nacimiento y estaba casada con un peinador italiano.

El cuerpo de la chica fue recogido para los exámenes postmortem. Al mismo tiempo, el detective inspector Roy Hipperson fue a la casa y desde ahí llamó a San Remo para hablar con el doctor Drinkwater.

– Discutimos acerca de mi esposa, y Carole sintió miedo de que yo la dejara – dijo el médico de 37 años -. Pensó que la vida era inaguantable y que no tenía por qué vivir. Yo traté de calmarla.

Agregó que la señora Califano también estaba afligida por estar separada de su hija y por sus propios problemas matrimoniales. Como empleada de los cirujanos tenía acceso a drogas y evidentemente tomó las que le eran necesarias para terminar con su vida.

Los patólogos determinaron que la señora Califano había muerto como consecuencia de drogas. Había sido inyectada con cinco substancias, cuatro de ellas en una combinación que formaba “un cóctel mortal”. Una “postura asfixiante” pudo haber contribuido a la falla respiratoria.

El doctor Drinkwater fue posteriormente interrogado por el detective superintendente en jefe Reginald Lester. En una segunda declaración dijo que después de haber discutido, él llenó una jeringa con una dosis más que mortal de drogas y le dijo a Carole: “Si quieres irte, utilízala”. Fue entonces interrogado con mayor detenimiento.

-Sí – dijo. Ella quería acabar con todo. Yo proporcioné los medios. Me siento terriblemente culpable ahora que ha sucedido esta desgracia.

En principio parecía ser un caso bastante claro de suicidio: la chica estaba preocupada por las circunstancias de su vida y estaba en posición de acabar con ella. Sin embargo, al hacerse un registro de la casa aparecieron evidencias que comenzaron a arrojar luces más siniestras al asunto.

Envueltas en dos camisas que habían sido escondidas debajo de la cama los policías encontraron cinco fotografías polaroid en blanco y negro y una más en color. En el maletín del médico había siete fotografías más en color. Todas ellas mostraban a Carole Califano en posiciones que más tarde fueron descritas en la corte como “obscenas y grotescas”. En algunas, el doctor Drinkwater estaba cometiendo actos obscenos con su amante y en otras ella aparecía desnuda con botellas de vino y un pepino.

Después del descubrimiento de las fotos el médico fue interrogado nuevamente por el superintendente Lester. En una tercera declaración admitió que él había inyectado las drogas. Dijo que lo había hecho a solicitud de la señora Califano “para satisfacer sus deseos sexuales”. Le había pedido que la pusiera inconsciente antes de tomarle las fotografías.

– A ella le gustaban ese tipo de cosas – dijo -. A mí me desagradaba todo eso un poco. Sé que yo estaba muy confundido y que actuaba de manera ilógica. Parecíamos haber caído tan bajo. Pensé que Carole se sentiría mejor después de un sueño prolongado.

El doctor Drinkwater dio una versión más completa de su historia en la St Albans Crown Court, en diciembre de 1972, después de declararse no culpable del asesinato de la señora Califano. Dijo que hasta mayo de ese año sus relaciones sexuales habían sido bastante normales, muy completas y mutuamente satisfactorias. Pensaban casarse tan pronto fuera legalmente posible. Él le había comprado un anillo matrimonial de oro de dieciocho quilates que la tenía “absolutamente fascinada”.

Carole, sin embargo, se sentía angustiada y deprimida debido a sus problemas matrimoniales y a que quería obtener la custodia de su hija de ocho años, Bridgetta, quien había sido mandada con un familiar de su esposo a Italia. Como no dormía bien y con frecuencia tenía pesadillas, él le daba calmantes orales suaves para ayudarla a que se relajara.

Ella comenzó entonces a preocuparse por la relación del médico con su ex esposa. En una ocasión se puso histérica por una llamada de él para preguntar por su hijo de nueve años y por su hija de cinco años.

– Ella pensó que no la quería y que prefería a mi antigua esposa. Me amenazó con irse.

Dado su interés en la fotografía, Drinkwater compró el 14 de junio una cámara polaroid. En la noche del 30 de junio la señora Califano le pidió que tomara algunas fotos eróticas. Le puso una inyección de pentatol para dormirla e intentó tomar algunas fotografías. Sin embargo, debido a que había tomado varias dosis de anfetaminas durante el día, no pudo accionar el flash de la cámara. Al día siguiente le dijo a la señora Califano que las fotografías no habían salido y ella quedó más bien trastornada.

Durante el día en el que vio a treinta o cuarenta pacientes tomó algunas tabletas más. En la tarde fue a una taberna en la que tomó dos gin tonics grandes que, combinados con las anfetaminas, lo hicieron sentirse “un tanto eufórico, despreocupado y contento”. Regresó a la casa con una botella de vino tinto y tanto él como Carole bebieron bastante. Ella tomó pernod además del vino.

– Me senté a escribirle una carta final a mi ex esposa – continuó -. Carole se acercó y le dije lo que hacía. Esto la contrarió. Me pidió que volviéramos a las actividades de la noche anterior.

– ¿Puede usted decirnos qué palabras usó? – le preguntó el juez Thesiger.

– Ella dijo que le gustaría que yo tomara fotografías eróticas en las que yo participara. Pensó que esto nos uniría. Quería fotografías eróticas con objetos fálicos.

– ¿Utilizó las palabras eróticas o fálicos?

– Sí.

El doctor Drinkwater fue interrogado por su abogado defensor, el señor William Howard, en cuanto a su reacción ante esta solicitud.

– Básicamente yo no quería hacerlo. Dije que no creía que fuera el tipo de cosas normales y decentes que hace la gente. Ella quería que yo hiciera estas cosas y que tomara fotografías para que ella pudiera verlas con propósitos eróticos. Ella persistió en su actitud y yo cedí porque las drogas y el alcohol habían relajado mis inhibiciones y disminuido mis patrones morales normales. Tenía miedo de que si no accedía yo a sus deseos ella iba a pensar que yo no la quería.

El médico dijo que la señora Califano le sugirió que utilizara pentatol como la noche anterior. Ella quería que comenzara tomándole fotografías en las que ella estuviera parcialmente vestida y luego otras en las que estaría desnuda y él estaría participando. Ella se quitó algunas de sus ropas y él la inyectó mientras estaba acostada en el sofá de la estancia. Le tomó algunas fotos que pensó que le gustarían a ella y luego le quitó el resto de la ropa y la llevó al dormitorio. Ahí la inyectó nuevamente porque quería que permaneciera dormida.

Continuando su historia al juez y al jurado, el doctor Drinkwater dijo que al despertarse la mañana siguiente Carole estaba acostada a su lado boca abajo. Estaba tapada con las mantas y parecía dormir. No pensó que hubiera algo mal, de manera que volvió a dormirse. Un poco más tarde fue a la cocina a preparar una taza de té.

– En el fregadero vi la jeringa y dos paquetes abiertos de la droga pentatol – dijo -. Recordé entonces los sucesos de la noche anterior. Me llené de pánico pensando cómo estaría Carole. Corrí al dormitorio y tiré de las mantas. Estaba acostada sobre el lado izquierdo de su cara y me di cuenta de que su cara estaba irritada y de que había una marca en su labio superior. No quise creer o no pude creer que pudiera estar muerta. Le toqué el pulso y esperé, pero no encontré nada. Oí su corazón y no encontré ninguna respuesta. Le di entonces estimulaci6n extracardiaca por unos momentos. No hubo respuesta.

El doctor Drinkwater dijo que llenó una jeringa con una droga respiratoria y que trató de inyectar a la señora Califano en una vena. Cuando esto falló le inyectó la droga directamente al corazón.

– Todo el tiempo estuve diciendo: “Oh, Dios mío, no, por favor. Que no esté muerta. Te quiero, mi vida” y cosas de este tipo. Cuanto todo fue inútil y me di cuenta de que estaba muerta me senté en la cama y me puse a llorar. Sollocé. La quería mucho. Había perdido a la única mujer que había amado.

Fue enfático al afirmar que cuando inyectó a Carole como punto preliminar para las sesiones fotográficas no tenía intenciones de poner en peligro la vida de ella.

– No pensé que le causaría ningún daño – declaró -. La quería mucho. Nunca dejé de quererla y todavía la quiero.

Había estado en un estado de pánico y confusión cuando decidió contar la historia del suicidio de la señora Califano. Había arreglado la casa y puesto a la chica en posición conveniente antes de telefonear al doctor King.

– Pensé que debía haberse sofocado – dijo -. Quise mantener los actos sexuales pervertidos que habíamos hecho la noche anterior, como un secreto.

Durante el juicio se llevó a la corte un maniquí de aproximadamente las medidas de la señora Califano para demostrar las posiciones en las que había sido fotografiado. Cada una de estas trece fotografías fue mostrada a los once hombres y a la mujer que formaban el jurado después de que el señor Rodney Bax, el fiscal, había hablado sobre ellas.

– Las circunstancias de la muerte de esta mujer son demasiado extrañas – dijo -.

El fiscal sugirió que las posiciones, “requeridas para satisfacer los pervertidos instintos del médico”, habían producido una gran presión sobre la tráquea de la señora Califano. La mezcla de drogas estaría de esta manera calculada para matar por asfixia.

– Ella estaba totalmente inconsciente cuando las fotografías fueron tomadas – dijo el señor Bax -. De no haberle inyectado esta mezcla letal de drogas, ella no hubiera consentido en adoptar esas posiciones… Las cosas entre el médico y su amante no andaban del todo bien y bien podría ser que ella estuviera pensando en dejarlo… Si estas fotografías obscenas no hubieran aparecido este caso hubiera sido considerado como un suicidio y el curso de la justicia hubiera sido obstruido.

Más adelante, durante el juicio, el señor Bax volvió a referirse al doctor Drinkwater.

– Es un hombre que ustedes pueden estar seguros habrá de mentir y luego modificará sus mentiras y luego volverá a mentir para conseguir sus propósitos en cualquier momento.

El jurado podía dar por hecho, continuó, que este hombre, de acuerdo a su actitud frente a las drogas, en cuanto a él mismo o en cuanto a la mujer que decía amar, era completamente irresponsable y muy peligroso.

El señor Howard pidió al jurado un “entendimiento inteligente” y sugirió que el caso fuera considerado sin prejuicios.

– Es posible que algunos de los aspectos que se les han presentado les sean repulsivos, desagradables o que los hayan desconcertado. En esta corte, sin embargo, no hay lugar para tales emociones. Hay quienes en ocasiones hacen cosas que a los demás parecen raras. El punto a determinar en este caso es el estado mental del doctor Drinkwater en el momento de poner las inyecciones y realizar los actos que indudablemente realizó. Se trata de determinar el estado mental de un hombre que sin duda sufría de los efectos de copas o drogas o de una combinación de ambas cosas.

El señor Roward mostró al jurado las fotografías en color que mostraban al doctor Drinkwater y a la señora Califano juntos.

– Estas fotografías son explícitas y muestran a una pareja feliz – dijo -. ¿Creen ustedes posible que él haya estado tramando su muerte? Si un médico planea matar a una mujer tiene muchos medios de llevar a cabo su objetivo y no lo hace en el estado en el que estaba el doctor Drinkwater. El delito no ha de ser excusado por el hecho de haber bebido e ingerido drogas. Pero el veredicto adecuado debe ser el de homicidio no premeditado.

El juez Thesiger dio su resumen final.

– De acuerdo al fiscal – dijo – se trata de un asesinato cuando la persona que causa la muerte intenta acabarla en el momento de actuar o aun si prevé que ha de causarle daños corporales serios.

También habló al jurado del veredicto alternativo de homicidio no premeditado.

– Si un hombre realiza una serie de actos que comienzan con poner inconsciente a una mujer y comportarse de una manera erótica con el cuerpo, es culpable de asesinato aun si la muerte sobreviene de una manera no prevista durante la transacción.

El jurado deliberó por más de cinco horas y media antes de determinar que Peter Drinkwater no era culpable de asesinato sino de homicidio no premeditado por una mayoría de diez a dos. El juez sentenció al acusado a doce años de prisión.

– No creo ni por un momento que esta mujer haya sugerido estas prácticas, que le haya pedido que la pusiera en esa condición para llevarlas a cabo – dijo -.

Luego se dirigió a Drinkwater.

– Creo que usted es un hombre peligroso y que su conducta fue horrible, negligente e imprudente… Es imposible imaginar una conducta más imprudente en un hombre que había recibido ya dos advertencias serias en cuanto al consumo de drogas.

El juez Thesiger se refería a una advertencia que Drinkwater recibió del director de Servicios Médicos durante un periodo de servicio en el ejército y a otra de la Sección de Drogas del Departamento del Interior cuando ejercía la práctica privada. Después de ser aceptado en el Hospital St Bartholomew, de Londres, en 1959, Drinkwater se alistó en el ejército en donde permaneció cinco años. Como capitán del Cuerpo Médico del Ejército Real fue mandado primero a Alemania y luego a la Guyana Británica. Al mismo tiempo comenzó a beber en exceso y a tomar drinamyl y anfetaminas. Fue reprendido y mandado a casa después de un incidente en el que se puso una pistola en la cabeza y amenazó con matarse si no era escuchado. Se informó de su conducta al Departamento del Interior y recibió una advertencia oficial en cuanto a su comportamiento futuro.

Estas advertencias parecen no haber tenido efectividad. Un informe médico de la prisión Norwich, en donde el doctor Drinkwater estuvo detenido antes del juicio, informaba que en los últimos dos años había bebido en exceso y tomado tanto drinamyl como anfetaminas.

Drinkwater había comenzado su carrera de manera brillante. El joven Peter era hijo de un médico que ejercía cerca de Yarmouth, Norfolk. Fue a Gresham, una escuela pública de Norfolk, y luego a la facultad de Magdalene, en Cambridge. Aquí destacó en el equipo de hockey inglés. Parecía estar destinado al éxito hasta que comenzó a experimentar con mezclas de bebidas y drogas.

Al salir del ejército, Drinkwater se asoció a un consultorio en Reading, Berkshire, en donde conoció a Carole Califano. Pronto se vio en problemas con la policía: fue multado primero por conducir descuidadamente y luego por conducir peligrosamente. Más adelante le fue suspendida su licencia por tres años después de ser condenado debido a que causó una muerte por manejar de manera peligrosa. Rebasó una línea de autos y atropelló a un ciclista viejo. Arrastró a la víctima 40 metros antes de detener el auto. Se acercó al hombre y después de tomarle el pulso dijo a los testigos: “Está muerto”. Siguió su camino y no llamó a la policía sino treinta minutos después. Un oficial se comunicó a casa de Drinkwater.

– Yo sabía que había muerto – dijo el médico -. Y yo estoy interesado únicamente en los vivos, no en los muertos.

En mayo de 1971, Peter Drinkwater se divorció de su esposa Christine quien lo había abandonado después de doce años de matrimonio, llevándose los dos niños con ella. La decisión fue tomada sobre la base de crueldad.

– Cada vez tomaba más y cuando llegaba a la casa venía con un humor horrendo – dijo la esposa en una entrevista después de que Drinkwater fue encontrado culpable del homicidio no premeditado de la señora Califano. Peleábamos y él se desquitaba conmigo. Me golpeaba hasta que finalmente lo dejé. Entiendo que debe haberse sentido bajo grandes presiones, pero nunca quiso compartirlas conmigo.

Christina Drinkwater quedó sorprendida por la evidencia que fue presentada en el juicio de su ex esposo.

– Era como oír de un completo extraño – dijo -. Peter no era así en los años en que estuvimos casados. Teníamos una vida sexual muy normal. Él es un hombre bien parecido y yo sé que muchas de sus pacientes deben haber fantaseado con él, pero Peter no tenía necesidad de caer en sus tentaciones… Quedé completamente sorprendida por la evidencia relativa a las fotografías. No parecía posible que se tratara del mismo hombre con quien yo estuve casada.

Carole Califano había sido una de las pacientes de Drinkwater desde 1965, pero no fue sino hasta 1970, al terminar el matrimonio de él, cuando comenzaron a acercarse. En aquel entonces, ella vivía feliz con su marido Gerard en su casa, en St Peter’s Road, Reading. Ella le ayudaba en la administración de sus salones de peinado, tres de los cuales se llamaban “Gerard of Rome” y el otro “Peinadores modernos de damas”.

El doctor Drinkwater fue llamado a la casa de los Califano para atender a su hija Bridgetta, quien sufría de amigdalitis, y se convirtió en amigo del esposo y la esposa.

– Pensé que era un caballero inglés – dijo el señor Califano después del juicio -, y, como todos los médicos que he conocido, un hombre íntegro y honorable. Después del accidente se le había prohibido manejar y estaba buscando otro empleo porque el consultorio de Reading no podía continuar empleándolo sin licencia de manejo… Su matrimonio había fracasado… estaba totalmente sumido. Se notaba en su semblante un deprimente estado anímico. Yo le ayudé como un tonto.

Los Califano ayudaron al médico llevándolo en coche mientras visitaba a sus pacientes, hasta que el peinador comenzó a notar cambios en su mujer.

– Carole comenzó a parecer remota y a tener un carácter inestable – dijo -. Empezó a adelgazar y dijo que el doctor Drinkwater le estaba dando drogas para perder peso. Dijo que también le estaba dando pastillas para las jaquecas. Antes de que se fuera con el doctor Drinkwater, en agosto de 1971, ya era como una mujer en un sueño. Yo simplemente no podía llegar hasta ella. Nadie podía, excepto el doctor. Estaba totalmente bajo su control y lo obedecía como una esclava.

Gerald Califano estaba tan preocupado que dijo a la policía que el doctor Drinkwater estaba dominando a su mujer a base de drogas. Le dijeron que no podían intervenir entre médico y paciente.

La madre de Carole y su padrastro, Edna y Colin Pearce, de Stoke Row Road, Peppard, Oxfordshire, también estaban sumamente preocupados por la relación de su hija con el médico.

– Hace un año le pedí a la policía que investigara las actividades de este hombre – dijo el señor Pearce -. Sabíamos lo que estaba pasando, pero éramos incapaces de detenerlo. Le estaba dando drogas a Carole y ella se fue rápidamente para abajo.

La señora Pearce dijo que en ocasiones el médico telefoneaba a su hija a altas horas de la noche. Con frecuencia se emborrachaba en la casa de los Califano y Gerald lo llevaba a su propia casa o a su consultorio.

– La primera cosa que me decía era: “Cantinero, abra el bar” – informó -. Tomaba una botella de ginebra y bebía de la botella. Estaba tan mal que no podía esperar a que le dieran un vaso.

La señora Pearce, una mujer de Yorkshire, agregó que sus sospechas en cuanto a la asociación entre su hija y el doctor Drinkwater fueron confirmadas cuando Gerard y Bridgetta fueron de visita a Italia. Descubrió que durante su ausencia Carole y el médico se habían quedado en un hotel de Londres como marido y mujer. Un poco después Drinkwater se fue a practicar a Norfolk y Carole dejó a su esposo para irse con su amante.

– Comí con ella después de que había dejado a Gerald y apenas la reconocí – dijo la señora Pearce -. Parecía una autómata, tomando bastante ginebra y fumando constantemente. Le previne que si continuaba con el doctor Drinkwater iba a terminar en una plancha mortuoria.

Tanto Gerald Califano como Edna Pearce afirmaron de manera enfática que Carole era una chica normal y feliz hasta que se enredó con el médico.

– No sólo me robó el doctor Drinkwater una magnífica esposa sino que trató de salvar su piel calificando a Carole como el peor tipo de depravada sexual – dijo -. Yo la recuerdo como realmente era: una mujer adorable sin el menor pensamiento maligno dentro de ella.

Para la señora Pearce se trataba de una “magnífica hija”.

– Su nombre ha sido arruinado, pero ella no fue el tipo de chica que la gente piensa ahora que era – dijo con tristeza.

Drinkwater escribió algunas cartas a su ex esposa Christine, mientras estaba en la cárcel en espera del juicio. En ellas trató de dar una explicación a la tensión que lo había llevado al licor y a las drogas;

“Dar una causa específica del desarrollo inicial de mi angustia sería difícil y largo de escribir. Tal vez algún día te cuente sobre ello. Básicamente tiene que ver con mi niñez, con mi adolescencia y con mi éxito en la universidad en todos los campos y en todo momento. Se esperaba que yo tuviera éxito. Fracasar o aun pensar que yo no pudiera hacer todo perfecto o cometer un error en medicina era inadmisible”.

En una carta posterior escribió: “Si hubiera pedido consejo hace mucho tiempo, todo habría sido tan fácil y tú no habrías sufrido”.

Dijo que no era un asesino: “¡Cómo odio esa palabra! Lo sucedido fue un accidente trágico, aunque debo aceptar mi responsabilidad en el suceso. Lo sé, estoy preparado para ello”.

La señora Drinkwater dijo que su ex esposo era un perfeccionista y que trabajaba mucho. No lo culpaba por haberse sentido atraído por Carole.

– Yo lo había dejado. Él estaba solo y ella era una rubia muy atractiva de piernas largas. Cuando tomé a los niños y lo dejé, él nos extrañó. Los días festivos dejaba que los niños se fueran con él y con Carole. Yo estoy convencida de que él la quería.

Desde un punto de vista psiquiátrico, Drinkwater era un narcisista, más bien de tipo nazi. Era extremadamente perverso: una parte de él no podía alejarse de las mujeres y otra parte las odiaba y hacía todo lo posible para rebajarlas. Esto explica el que fotografiara a Carole en posiciones obscenas y que le pusiera en los genitales cosas anormales tales como botellas y pepinos.

El consumo de drogas por parte de Drinkwater seguramente permitió que poco a poco su “parte mortuoria” se hiciera más dominante hasta llegar a un punto en que la señora Califano y él danzaban un baile de muerte. Algún vestigio de autopreservación hizo al doctor Drinkwater ponerle la inyección a la señora Califano y permanecer él vivo. Muchos adictos a las drogas conocidos han cometido actos de violencia similares, pasando por los mismos preliminares por los que pasó el doctor Drinkwater. Sin embargo, muchos pueden detenerse antes de la muerte en el último minuto. Tal vez el insensible asesinato del borracho de la bicicleta y el hecho de alejarse de ahí antes de hablar con la policía lo hayan hecho intentar otra situación homicida. En esta ocasión el resultado fue una muerte.

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