Pedro Nakada

El Apóstol de la Muerte

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: “Sólo trato de purificar la tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”
  • Número de víctimas: 17 - 25
  • Periodo de actividad: 2005 - 2006
  • Fecha de detención: 28 de diciembre de 2006
  • Fecha de nacimiento: 28 de febrero de 1973
  • Perfil de las víctimas: Carlos Edilberto Merino Aguilar / Teresa Cotrina Abad / Walter Sandoval Osorio / Carlos Walter Tarazona Toledo / Gerardo Leonardo Cruz Libia / María Verónica Tolentino Pajuelo / Luis Enrique Morán Cervantes / Pedro Omar Carrera Carrera / Enoch Eliseo Félix Zorrilla / Hugo Vílchez Palomino / Widmar Jesús Muñoz Villanueva / Nell Cajaleón Pajuelo / Nazario Julián Tamariz Pérez / Didier Jesús Zapata Dulanto / Agustín Andrés Maguiña Oropeza / Luis Melgarejo Sáenz / Nicolás Tolentino Purizaca Gamboa
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Huaral, Perú
  • Estado: Condenado a 35 años de prisión el 14 de julio de 2010. Sentencia revocada. Declarado inimputable el 3 de febrero de 2011. Internado en el Pabellón de Psiquiatría del Penal de Lurigancho
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Pedro Nakada – El Apóstol de la Muerte

Asesinos-en-serie.com

23 de octubre de 2013

“Sólo trato de purificar la Tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, dijo Pedro Nakada, el mayor asesino serial del Perú, quien confesó acabar con veinticinco personas por orden de Dios, que le pedía “limpiar el mundo de la escoria”

Pedro Pablo Nakada Ludeña nació de José y María en El Agustino, dentro de la ciudad peruana de Lima, el 28 de febrero de 1973. Mucho después, en el año 2001, Pedro se establecería en Huaral, donde causaría el pánico de los ciudadanos al acabar, según confesó el mismo, con unas 25 personas, todo para “limpiar el mundo de la escoria” y, de ese modo, obedecer a Dios, que según él le ordenaba matar…

Como en el caso de tantos otros asesinos seriales, la infancia de Pedro estuvo marcada por el abuso y la violencia. En la escuela, Pedro sufría bullying; dice al respecto de eso: “No tenía amistad con los demás niños. Sí, era solitario. ¿Por qué? Porque los niños eran malos. Me jalaban el pelo. Me molestaban todo el tiempo….”.

También cuando era niño (aparentemente esto habría empezado a los cinco años), sus hermanas mayores lo vestían de mujer y lo obligaban a salir así a la calle, donde las risas y las burlas de la gente se unían a las de sus propias hermanas. Junto a eso, el padre de Pedro era alcohólico y, cuando estaba borracho, humillaba y maltrataba físicamente a su madre.

Todas estas cosas hacían que el pequeño Pedro, pese a ser un chico sumiso, tímido y callado, desahogase con los animales la agresividad que iba acumulando por los abusos que experimentaba y percibía: así, no solamente torturaba o mataba gatos u otras criaturas que encontrase y de las cuales pudiera abusar, sino que además se untaba la sangre de estos indefensos seres (esto último no está confirmado). Como bien se sabe, matar y torturar animales es una de las tres conductas que caracterizan la infancia de los asesinos seriales, y es psicológicamente la más preocupante, ya que la repetición de actos crueles va mermando la capacidad empática del sujeto.

Respecto a esos abusos que sufría y a la terrible familia que le tocó, Pedro expresó lo siguiente: “Es mala, mi familia es mala. Mis padres siempre peleaban. Se insultaban mucho. Desde que yo era chico. Éramos nueve hermanos. Yo soy el tercero. Me molestaban los laberintos. Mi papá le pegaba mucho a mi mamá. Yo me escapaba de la casa. Pero volvía, escondido, para que mi papá no me pegara con un cable. Volvía por no tener dónde comer. Con mis hermanos nos criamos separados. Con un tío, con una tía…, mi hermana me violó, ella era mayor… Mi hermano me obligó a tener sexo oral, yo tenía seis años ¿Hay gente que no me cree? Yo no olvido lo que viví…”

Pero el peor de todos los traumas de Pedro sucedió cuando tenía cuatro años y sus hermanos lo acusaron de matar a una perra embarazada que era mascota familiar, violándolo a modo de castigo. Dice Pedro al respecto: “Odio a los maricones. Cuando yo era niño, mis hermanos me violaron porque creían que yo había matado a una perra que teníamos y que además estaba preñada. Juro que yo jamás le hice nada al animal”.

Bien puede verse que aquella experiencia constituyó el detonante de la homofobia que más adelante habría de caracterizar parte de la conducta criminal de Pedro; y, según las palabras del asesino, también esa experiencia fue determinante en sus primeros actos de crueldad, dirigidos a los animales: ‹‹“Tú lo mataste, tú lo mataste”. Yo les decía que no, y ellos no me creían; y como me dijeron eso, entonces yo comencé a matar animales. Mi mayor defecto es ser colérico, la cólera me hacía matar››.

Ahora bien, esa cólera, que era lo que hacía matar animales a Pedro, llegó a plasmarse en episodios extremos de tortura animal, que Pedro empleaba para desahogarse de cosas como la actitud de su madre; cuenta así: “Mi madre era bipolar, cambiaba de carácter, no podía confiar en ella… Cuando era chibolo, mi mamá me golpeó como salvaje y yo de cólera quemé al gato en la sartén hirviendo”.

Haciendo un paréntesis, el factor genético jugó un rol importante en el encaminamiento de Pedro hacia el crimen. Así, entre sus familiares con trastornos psiquiátricos genéticamente heredables, podemos mencionar estos ejemplos: su hermana mayor por parte de madre, que tenía esquizofrenia y fue internada en el Hospital Valdizán; su hermana directa, Ana Cecilia, que era depresiva y acabó suicidándose; una medio-hermana materna de su madre, que fue internada en el Hospital Valdizán.

Volviendo a su vida, Pedro apenas logró concluir el tercer grado de la Primaria, aunque después llegaría a ser un hábil mecánico (sin formación formal). En muchos diarios peruanos se dice que Pedro era “licenciado” o “comando” de la FAP (Fuerza Aérea Peruana), pero lo cierto es que el asesino mintió a la Prensa. La realidad es tal y como la expone el diario La República; a saber:

Pedro nunca sirvió en la FAP, sino que, en 1990 cuando tenía 17 años, ingresó como voluntario al Ejército Peruano: allí, según refirió su amigo y vecino, Víctor Genaro Nakamura Solís, él aspiraba a conseguir algo de autoridad y poder para “exterminar a los enemigos de Dios”. No obstante, los planes de Pedro no salieron bien, y solo permaneció acuartelado dos meses.

Fue expulsado por pedido de psiquiatras militares, que lo examinaron minuciosamente tras escuchar comentarios que afirmaban que Pedro escuchaba la voz de Dios, y que además creía que los pecadores merecían la muerte. En efecto, los análisis mostraron que Nakada tenía una tendencia psicópata y que constituía un peligro social, por lo que formarlo en el manejo de armas equivalía a volverlo aún más peligroso.

Según contó Pedro Pablo (primo hermano de Nakada) sobre el asesino: “Cuando lo echaron del cuartel, quiso matarse. Tardó casi un año en recuperarse”. Quizá en gran parte por el malestar que le sobrevino al ser expulsado, Nakada cometió su primer asesinato (según confesó, pues no hemos podido confirmar que en realidad sea así) a los 17 años: fue en Mala, donde mató a un agricultor después de que éste lo sorprendiera robándole sandías…

Por último, antes de pasar a la serie de asesinatos que le dio fama, cabe responder a lo siguiente: 1) ¿por qué tiene un apellido japonés?, y 2) ¿hay algo de cierto en su participación dentro de la FAP? En el primer caso, la verdadera identidad del asesino es la de Pedro Pablo Mesías Ludeña; pero, a fines del 2003, Pedro cambió su apellido paterno por “Nakada”, haciéndose adoptar por un ciudadano japonés al que pagó unos 800 nuevos soles (el equivalente a 288 dólares, aproximadamente) a cambio de eso, ya que planeaba adquirir la visa a Japón, la cual se le facilitaba a los descendientes de japoneses.

En el segundo caso, se supo que Nakada había estado indocumentado por cierto tiempo, pero aprovechó una amnistía general para tramitar su DNI (Documento Nacional de Identidad) presentando una boleta militar irregular de la FAP. “Me conseguí una boleta de la Aviación y tramité mi DNI en el Estadio Nacional”, dijo Nakada al respecto.

Los crímenes

En el caso de Pedro Nakada, la motivación es un factor muy importante ya que indiscutiblemente es un “asesino misionero”. El dictamen psiquiátrico fue que Pedro padecía “esquizofrenia paranoide”, pero que era capaz de distinguir el bien del mal.

Ahora bien, en la esquizofrenia paranoide suele presentarse el sentimiento de tener una misión especial en la vida, así como también otros delirios de grandeza. En Pedro esa esquizofrenia paranoide se unía a una tendencia psicópata; y así, la ira que tenía acumulada y ciertos juicios de su conciencia moral, se proyectaron en cierta forma en la alucinación auditiva de la voz de Dios, elección que no era fortuita, pues era ideal para evitarle sentimientos de angustia y culpabilidad.

Naturalmente, la elección de sus víctimas también respondía en parte a esa búsqueda por armonizar su tendencia psicópata con su conciencia moral, y eso se veía aún más facilitado por su homofobia. De ese modo, Pedro se veía en la misión de exterminar a los homosexuales, a las prostitutas, a los drogadictos y a otros tipos de individuos mal vistos desde una moral canónica de raigambre religiosa.

Claro que el asesinato era una medida desmesurada, pero allí entraba el mecanismo de proyección y surgía la voz de Dios: él, Pedro, deseaba desahogar su ira y su homofobia, pero era Dios, desde su infalibilidad, quien le ordenaba matar… En efecto, Pedro no se veía a sí mismo como un monstruo sino como un salvador, como un purificador, y esto se vio en declaraciones como las siguientes: “Yo no soy un criminal, soy un limpiador, he librado a la sociedad de homosexuales y vagabundos”, “Sólo trato de purificar la tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, “¿Qué siento cuando mato –dice–? Siento que ayudo. ¿A qué? A que la gente cambie. A que el mundo cambie. Quiero que haya paz.” o “Maté a 25 personas para limpiar el mundo de la escoria”.

Pero sabemos que Pedro no mató solamente gente “corrompida”, sino seres inocentes como una niña a la cual le disparó para quitarle su bicicleta. En casos así, Pedro admite que estuvo mal, pero se justifica viendo aquellas atrocidades como un mal menor, necesario para continuar con su misión purificadora: “La necesidad me hacía sacrificar a personas buenas, pero lo hacía para poder conseguir dinero y obtener balas para seguir la misión de Dios (…).No tenía intención de ganar dinero, no sé si otros la tenían, con lo que obtenía solo compraba municiones.”

Ya se dijo que el número de víctimas confesadas fue de 25; sin embargo, cuando se intenta dar un número oficial de víctimas, las fuentes varían oscilando entre 15 y 18. No extraña que tal cosa suceda, si se tiene en cuenta lo que dijo el mismo asesino: “Sí los maté, son más personas, los han sacado… Era una lista larga y los han sacado”.

En todo caso, aquí pondremos la lista de 17 víctimas que figura en el juicio dentro del cual le dieron 35 años de condena; son las siguientes: Carlos Edilberto Merino Aguilar, Teresa Cotrina Abad, Walter Sandoval Osorio, Carlos Walter Tarazona Toledo, Gerardo Leonardo Cruz Libia, María Verónica Tolentino Pajuelo, Luis Enrique Morán Cervantes, Pedro Omar Carrera Carrera, Enoch Eliseo Félix Zorrilla, Hugo Vílchez Palomino, Widmar Jesús Muñoz Villanueva, Nell Cajaleón Pajuelo, Nazario Julián Tamariz Pérez, Didier Jesús Zapata Dulanto, Agustín Andrés Maguiña Oropeza, Luis Melgarejo Sáenz y Nicolás Tolentino Purizaca Gamboa.

Basándonos en ese mismo juicio de la Corte Superior de Justicia de Huaura, cuya sentencia es la resolución número 39 y cuya fecha de emisión es el 14 de julio del año 2010, expondremos 13 de los sangrientos casos protagonizados por Pedro Nakada, y no más, ya que no es posible encontrar información en las fuentes de la red sobre otro de los casos protagonizados por el asesino.

Ahora, y antes de exponer los casos, debe aclararse que Pedro mataba a sus víctimas con pistolas de 9mm (se supo de una de marca Bryco, de otra de marca Astra, de una Baikal, y de una Taurus…), dotadas de silenciadores de jebe que él mismo hacía (dijo que aprendió eso en internet…) a partir de zapatillas que compraba específicamente para eso. Aclarado esto, pasemos a los trece casos:

Primer caso

Aproximadamente a las 18:00 horas del 1 de enero del 2005, Carlos Edilberto Merino Aguilar (de 26 años) estaba en la playa Chorrito de Chancay, cuando de pronto recibió un disparo que le atravesó el tórax y el abdomen, acabando con su vida… Según admitiría después Pedro Nakada, él le había disparado a Carlos porque pensaba que éste lo iba a asaltar, aunque lo cierto es que fue Pedro quien tomó dinero de Carlos tras asesinarlo.

Segundo caso

El 31 de mayo del 2006, a las 2:00 am y en las inmediaciones de la calle Prolongación Morales Bermúdez (en el Asentamiento Humano Tierra Prometida de Huaral), la Policía encontró el cadáver de Teresa Cotrina Abad (de 50 años). Las indagaciones determinaron que Teresa había muerto por traumatismo encéfalo craneano perforante, ocasionado por un proyectil de arma de fuego… Cuando le preguntaron a Pedro por qué le había disparado en la cabeza a Teresa, el asesino se expresó así: ‹‹la encontré fumando droga, pase por su lado y me pregunté: “esta señora por las puras vive”, y le disparé dos balazos en la cabeza››

Tercer caso

El 20 de julio del 2006, a las 19:40 de la noche, Walter Sandoval Osorio de 44 años ingresó con la cabeza sangrando a la Unidad de Emergencia del Hospital Regional de Huaraldicho. Poco tiempo atrás, Pedro Nakada le había dado un tiro en la cabeza; según declaró, lo hizo porque Walter era un criminal, y lo cierto es que, según los registros policiales, Pedro tenía razón… Al parecer, en este caso Pedro cumplió su misión, porque Sandoval murió al poco tiempo de ingresar al hospital…

Cuarto caso

A las 8:30 am del 8 de agosto del 2006, policías de la Comisaría de Huaral encontraron el cadáver de Gerardo Leonardo Cruz Libia (de 30 años), sumergido al fondo de un pozo de agua, en posición cúbito dorsal, y con TEC (Traumatismo Encéfalo Craneal) grave causado por arma de fuego. El pozo estaba ubicado en las inmediaciones de lo que antiguamente fue la hacienda Jesús del Valle, ubicada a 300 metros de la carretera entre Huaral y Lima. Según se supo, Pedro mató a Gerardo para evitar que éste lo delate por un delito anterior de robo y homicidio, ya que anteriormente ambos habían robado coches y, antes del 18 de enero del 2004, habían matado a un conductor para robarle su automóvil; sin embargo, Pedro había querido dejar el deshonesto “negocio”, y como Gerardo lo presionó, acabó con una bala calibre 9 en la cabeza…

Quinto caso

El 18 de agosto del 2006, aproximadamente a las 10:00 de la mañana, policías encontraron el cadáver de Carlos Walter Tarazona Toledo (de 21 años), en posición de cúbito ventral, dentro de una acequia (canal de agua) sin agua, y con TEC grave causado por arma de fuego. La acequia estaba en las inmediaciones de la Lotizadora San Carlos, en Los Naturales (Huaral). Según Pedro, él mató a Carlos porque lo vio fumando drogas; aunque Eugenia Toledo, la madre de Carlos (ex integrante del Ejército Peruano), dijo con voz llorosa a los periodistas: “Mi hijo trabajaba como vigilante del mercado, era un muchacho tranquilo y eso lo pueden decir todos los vecinos de la urbanización Bautista”.

Sexto caso

El 19 de agosto del 2006, a las 20:00 de la noche, policías encontraron el cadáver de la quinceañera María Verónica Tolentino Pajuelo. El lugar del hallazgo fue en las inmediaciones de la carretera de entrada al Centro Poblado Fundo Lucio, en el Distrito de Sayán. Igual que otras víctimas, María Verónica había muerto con una bala de calibre 9 en la cabeza. Sorprendentemente, Pedro había dejado su pistola semi automática Taurus en el lugar de los hechos, junto a la bicicleta de la víctima. Esta vez el asesino no se justificó, y dijo que María Verónica era la única de sus víctimas que no merecía morir, que la mató sin ver que era una menor, en una ocasión en que fue a matar “fumones” a Santa Rosa y, al ver que venía una persona, le disparó dos veces, aunque se sintió terrible cuando se acercó y comprobó que se trataba de una adolescente. Aunque fuere así, Pedro dijo que quería robar la bicicleta, pero no la robó porque tenía una llanta averiada.

Séptimo caso

El 18 de noviembre del 2006, a las 18:20 de la tarde, la Policía de Huaral encontró el cadáver de Hugo Vílchez Palomino. El cadáver estaba en las inmediaciones de un lugar llamado “Camino Viejo a la Esperanza Alta”, y presentaba TEC ocasionado por disparo de arma de fuego. Posteriormente se supo que a Hugo le habían robado una pistola marca Baikal, un celular y un discman Sony. Y es que, en esta ocasión, Pedro había efectuado el crimen junto con los hermanos Román Joel y José Luis Ciriaco Durand, siendo que el primero había confesado recibir el celular y el discman como premio a su participación… Según se supo gracias a las confesiones, las cosas habían ocurrido del siguiente modo: Hugo iba en una bicicleta, Pedro y los hermanos Ciriaco estaban en una moto; cuando la moto se alineó con la bicicleta, Pedro pidió que paren la moto, le disparó a Hugo en la cabeza, se acercó, tomó su arma, y le dio el celular y el discman a Román Joel; después, los hermanos Ciriaco tomaron más cosas de la víctima, y entonces los tres se marcharon en la moto, dejando el cadáver de Hugo junto a la bicicleta. En cuanto a sus razones, Pedro dijo que le había disparado a Hugo porque éste quería acostarse con su mujer, aunque lo único que se sabe sobre una posible “mujer” de Pedro es que éste andaba de novio con una enfermera.

Octavo caso

En la tarde del 22 de noviembre del 2006, policías encontraron los cadáveres de Luis Enrique Morán Cervantes de 32 años, Pedro Omar Carrera Carrera de 24 años, y Enoch Eliseo Félix Zorrilla de 22 años. El primero era un taxista, los otros dos eran pasajeros. El lugar donde se encontraron los cuerpos fue la Pampa de la Huaca, y en cuanto al coche, Pedro se lo robó… Cuando le preguntaron sobre la razón del triple homicidio, Pedro dijo que los tres sujetos eran asaltantes, que operaban desde el taxi, que habían protagonizado muchos asaltos, que los estaba buscando, y que él solo acabó con los tres, disparándoles en la cabeza.

Noveno caso

El cosmetólogo de 42 años, Widmar Jesús Muñoz Villanueva, era un homosexual que trabajaba en la peluquería Guisella (ubicada en la calle Las Ánimas 352, en Huaral), donde además de cortar el cabello, se prostituía, contagiando la muerte a sus clientes sexuales, ya que tenía VIH… Sin embargo, el 19 de noviembre del 2006, a eso de las 18:00 de la tarde, entró Pedro Nakada a la peluquería. Pedro había escuchado los rumores de que Widmar era “maricón” y se prostituía, pero no quería matarlo sin estar seguro, así que hizo lo siguiente, según cuenta: “Me había enterado de que el cosmetólogo que trabajaba allí era homosexual, tenía sida y se prostituía. Le pedí que me diera un servicio (sexual). Cuando se bajó el pantalón, le disparé tres veces en la nuca”… Tras matar a Widmar, Pedro se llevó una cantidad de soles equivalente a 541 dólares, y se fue…

Décimo caso

El 10 de diciembre del 2006, a eso de las 21:30 de la noche, Pedro concertó un robo de moto con los hermanos Román Joel y Percy Marcial Ciriaco Durand. La víctima fue Nell Cajaleón Pajuelo, a quien llevaron con engaños hasta las inmediaciones del Centro Poblado de Sacachispa: allí, Pedro le disparó a Nell en la cabeza, y posteriormente, junto con sus cómplices, arrojó el cadáver a unos 200 metros de donde se encontró el cadáver de Hugo Vílchez Palomino.

Décimo primer caso

El 17 de diciembre del 2006, los profesores Nazario Julián Tamariz Pérez (24 años) y Didier Jesús Zapata Dulanto (26 años), caminaban por las inmediaciones de un canal de regadío ubicado en la Urbanización Aparicio (Huaral). Eran aproximadamente las 18:00 de la tarde, y la pareja homosexual disfrutaba de un tranquilo paseo, cuando de pronto apareció Pedro… “Yo maté a los profesores Nazario Tamariz Pérez y Didier Zapata Dulanto, ellos caminaban por el borde de un canal de regadío agarrados de la mano, se hacían cariños como una pareja de enamorados, y como yo soy el ‘purificador de la tierra’, no quedó otra opción que asesinarlos, porque los homosexuales solo hacen daño a la sociedad”, dijo Pedro ante la Prensa, meciéndose con inquietud en una silla. Ahora, y según refirieron fuentes policiales, Pedro fue sumamente cruel; ya que, tras haberle disparado dos veces en la cabeza a uno de los profesores, el otro se arrodilló y le suplicó llorando que no lo matara, pero aquello solo encendió más el enseñamiento de Pedro, y el monstruo le disparó dos veces en la cabeza… Por último y tras matarlos, Pedro les sustrajo el calzado y el dinero a ambos, llevándose una cantidad de soles equivalente a 36 dólares.

Duodécimo caso

Agustín Andrés Maguiña Oropeza (46 años) y Luis Melgarejo Sáenz (54 años), eran dos amigos alcohólicos que solían ir al descampado conocido como la Lotizadora San Carlos. Sin embargo, un 24 de diciembre del 2006 a eso de las 20:00 de la noche, Pedro les reventó las cabezas a balazos… Según se supo, los mató porque habían presenciado un crimen anterior. Al inicio todo estaba oscuro, pero los escuchó hablar, fue a ver de dónde venían las voces, y entonces los encontró y les dio muerte. No obstante, cuando Pedro habló a la Prensa, dio una versión en que se colocaba a sí mismo como salvador, diciendo lo siguiente de este doble asesinato: “Mato a las personas para que no sigan sufriendo. Por ejemplo, a dos alcohólicos los investigué por más de un mes, y cuando me enteré dónde era el lugar en el que se refugiaban, preparé mi arma para que con un sólo disparo descansaran en la paz de Dios”…

Décimo tercer caso

A las 19:30 de la noche del 27 de diciembre del 2006, Nicolás Tolentino Purizaca fue auxiliado por miembros de la Policía de Huaral, que se encargaron de hacerlo trasladar al Hospital Cayetano Heredia, aunque en el camino, con la sangre que manaba de su cabeza perforada por una bala, la vida se le fue… Tres años atrás, Nicolás le había robado dinero y ciertas pertenencias a Pedro Nakada, quien a manera de venganza le había disparado poco antes de que la Policía lo encontrase, mientras caminaba por el descampado de la Lotizadora San Carlos. Según confesó Pedro, Nicolás fumaba droga y era un ladrón que le había robado a él y a otros, y por eso tuvo que limpiar la Tierra de la escoria que éste representaba…

Detención y confesiones

Gracias a una veintena de testigos, la noche del 28 de diciembre del 2006, decenas de efectivos policiales acudieron hasta el taller mecánico en que trabajaba Pedro, ubicado en la Manzana D/Lote1 de la urbanización La Huaquilla. Al comienzo no estaban seguros si realmente se trataba del asesino serial que buscaban; pero, cuando uno de los policías se acercó para indagar por su presencia en el sitio, Pedro lo empujó, sacó su pistola Bryco de calibre9, y empezó a disparar y a correr intentando huir. Cuentan que Pedro dio una feroz resistencia, que hirió a uno de los policías, y que probablemente hubiese escapado si no fuera porque se le acabaron las balas…

Cuando lo llevaron al cuartel para interrogarlo y le mostraron evidencias de ocho asesinatos, Pedro dijo que estaban equivocados, que en realidad había matado a veinticinco personas, que su misión era librar al mundo de la escoria, y otras cosas más que ya se han dicho con respecto al rol mesiánico que Pedro se otorgaba; aunque, para él, era Dios quien le asignaba aquel rol.

Como señalaron algunos diarios, la detención de Pedro sucedió en un momento muy oportuno, casi al borde de lo que probablemente hubiese constituido una enorme desgracia. Y es que Nakada, para Año Nuevo, planeaba lanzar una granada en una discoteca: “Quería meter una granada de guerra a la discoteca esa, para que se mueran todos los corruptos, todos los perdidos, todos los fumones que están ahí”.

Juicio, dictámenes y condena

Durante el juicio al que Pedro fue sometido a inicios del 2007, hubo cierta discusión entre los psiquíatras sobre si estaba loco o no, pero el dictamen final fue que diferenciaba el bien del mal, y que no padecía esquizofrenia sino Trastorno Disocial, definido por el DSM-IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders-IV) como ‹‹un patrón de conducta persistente en el que se transgreden los derechos básicos de los demás y las principales normas sociales propias de la edad››. Debido a eso, se le condenó a 35 años (pena máxima) de prisión por el asesinato de 17 personas (esto consta en la resolución escrita, aunque algunos medios hablan de 16 personas).

Para Pedro, ir a la cárcel representaba un tormento insoportable, al punto de que prefería la muerte, según expresó con estas palabras: “Pido un fusilamiento… algo práctico… así como hice con la gente… les metí un tiro en la cabeza”. Naturalmente no le dieron un tiro en la cabeza; y, en la primera noche que estuvo en la celda, intentó suicidarse dándose cabezazos contra las paredes. Al respecto de lo anterior, Pedro explicó a la Prensa: “Escucho la voz de mis padres y una voz mala que me dice que mate a toda la gente corrupta, como homosexuales, rateros, alcohólicos y maricones. Pero ya no puedo cumplir la misión de Dios ya que me capturaron. Ahora sigo escuchando esa voz que me dice que me mate”.

Después del referido intento de suicidio, Pedro fue constantemente vigilado para que no se mate, aunque en el 2009 la Justicia se inclinó a su favor, ya que el dictamen psiquiátrico anterior fue cuestionado y, en virtud de las más recientes evidencias e investigaciones, se concluyó que tenía esquizofrenia paranoide, por lo que se declaró inimputable la sentencia de 35 años, y Pedro fue conducido al Pabellón de Psiquiatría del Penal de Lurigancho. Lógicamente, la sociedad peruana prefiere que Pedro se quede allí el mayor tiempo posible, ya que admitió públicamente que, de estar libre, seguiría cumpliendo su sanguinaria misión “purificadora”. Y es que nadie en su sano juicio pensará que Pedro tenía el derecho de asesinar a otros seres humanos a causa de ciertas faltas morales; pero, al menos en parte, no se puede negar que tenía algo de razón cuando en cierta ocasión, con tono airado, lloroso y chillón, dijo ante periodistas y policías que le rodeaban: “¡Esto es una porquería, por eso es que soy así, maldita sea!”


¡Indignación en Huaral! Justicia declara loco al asesino en serie Pedro Nakada

Huaral.pe

4 de febrero de 2011

El mayor asesino en serie en el Perú, Pedro Pablo Nakada Ludeña es declarado inimputable por los delitos cometidos en la provincia de Huaral.

La sentencia de 35 años de condena fue revocada por la Sala Penal Permanente que despacha el Dr. Jhomy Lopez declarando inimputable de los 35 años de pena de la libertad para tales efectos.

En entrevista con el abogado defensor Carlos Yabar Palomino, sostiene que debido a la enfermedad mental que padece su patrocinado es que habiéndose formulado una serie de diligencias y exámenes “los peritos determinaron que padece de Ezquizofrenia Paranoide”.

Luego de 4 años de proceso legal, la Sala Penal creyó por conveniente internarlo en una Clínica de salud Psiquiatra en la capítal.

Nakada no siente remordimiento

Siquiatras de la Sanidad Policial que evaluaron al detenido indicaron que se trata de un criminal solitario y que sus actos son consecuencia de constantes frustraciones. Tiene alteraciones cerebrales y actúa en contra de las normas, porque no tiene la misma escala de valores que tienen las personas normales.

Mataba tranquilamente porque no percibía el daño que estaba haciendo a su prójimo, por tanto, tampoco siente remordimiento.

Los expertos explicaron que Nakada Ludeña posee una infancia traumática que le quedó marcada por algún acontecimiento relevante durante su niñez.

Para los investigadores, es probable que este sujeto esté ocultando toda la verdad y sea él quien mató a 13 personas en Huaral.

Entre las otras posibles víctimas de este asesino en serie estarían el delincuente Walter Sandoval Osorio, Gerardo Cruz Livia, así como de Juan Culla Sulca y los esposos Nancy Huaranga y Alcedo Romero. También han sido asesinados los suboficiales Gino Navarro y Jules Ponciano.

«Maté a 25 personas para limpiar el mundo de la escoria»

Cada vez que asesinaba a una persona, Pedro Pablo Nakada Ludeña, ex licenciado de la Fuerza Aérea, cerraba los ojos y recordaba cómo sus hermanos abusaron de él cuando apenas tenía cuatro años de edad. Sería precisamente este odio el que lo habría convertido en un asesino en serie, teniendo entre sus víctimas al menos 25 personas, según su propia confesión.

Ayer, Nakada, quien dijo llamarse “El Apóstol”, fue detenido a balazos por la Policía en Huaral. Sin muestras de arrepentimiento contó pasajes escalofriantes de algunos de sus crímenes y dijo que había actuado por órdenes de Dios.

“Sólo trato de purificar la tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, expresó al empezar su confesión.

Al principio, los agentes de la División de Investigación de Homicidios de la Dirincri le mostraron los expedientes de ocho asesinatos. Sin embargo, la respuesta del homicida fue más que sorprendente: “Ustedes están equivocados. Yo maté a 25 personas porque no merecían vivir. A todos les disparé un balazo en la cabeza”.

Sus víctimas

El sicópata dijo que entre sus víctimas figuran los profesores Nazario Tamariz Pérez (24) y Didier Zapata Dulanto (26), a quienes baleó en Huaral porque supuestamente eran homosexuales.

También mató al cosmetólogo Wilmer Muñoz Villanueva (43), a los comerciantes Agustín Maguiña Oropeza (52) y Juan Melgarejo (47), así como a Nicanor Gamboa Purizaga (45).

En la localidad de Huaral también asesinó a balazos a Teresa Cotrina Abad (50), Walter Sandoval Osorio (38), Carlos Tarazona Toledo (21), a la menor María Tolentino Pajuelo (15), Eliseo Félix Zorrilla (22), Pedro Carrera Carrera (24) y Luis Morán Cervantes (32).

A todos ellos los acusaba de drogadictos, asaltantes e incluso señaló que algunos estaban con sida, por lo que “no merecían vivir”.

Más datos

Durante el registro en el cuarto que ocupaba el asesino, la Policía halló sandalias con perforaciones, cuyo jebe era utilizado como silenciador.

Antes de instalarse en Huaral, el asesino estuvo en la selva y luego en Mala donde también mató a varias personas.

Durante la captura resultó herido el mayor PNP Víctor Revoredo, quien fue alcanzado por las esquirlas.

Cada vez que asesinaba a una persona, Pedro Pablo Nakada Ludeña, ex licenciado de la Fuerza Aérea, cerraba los ojos y recordaba cómo sus hermanos abusaron de él cuando apenas tenía cuatro años de edad. Sería precisamente este odio el que lo habría convertido en un asesino en serie, teniendo entre sus víctimas al menos 25 personas, según su propia confesión.

Ayer, Nakada, quien dijo llamarse “El Apóstol”, fue detenido a balazos por la Policía en Huaral. Sin muestras de arrepentimiento contó pasajes escalofriantes de algunos de sus crímenes y dijo que había actuado por órdenes de Dios.

“Sólo trato de purificar la tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, expresó al empezar su confesión.

Al principio, los agentes de la División de Investigación de Homicidios de la Dirincri le mostraron los expedientes de ocho asesinatos. Sin embargo, la respuesta del homicida fue más que sorprendente: “Ustedes están equivocados. Yo maté a 25 personas porque no merecían vivir. A todos les disparé un balazo en la cabeza”.

Pastor reconoció que utilizo jebe en su arma.

«Los maté con silenciador»

Con rudeza, seguridad y, sobre todo, con mucha frialdad, “el pastor asesino” narró ayer cómo mató a cada una de sus víctimas, que según él sólo eran “escorias de la sociedad”. Pedro Pablo Nakada Ludeña (33) contó a la policía que antes de perpetrar la matanza, colocaba un silenciador de jebe en la punta del arma para que nadie oyera el disparo, pero si alguna infortunada persona escuchaba o presenciaba por casualidad sus execrables crímenes, no le quedaba otra opción que asesinar también a sus testigos.

“Yo maté a los profesores porque ellos caminaban agarrados de la mano, se hacían cariños como una pareja de enamorados y como yo soy el ‘purificador de la tierra’ no quedó otra opción que asesinarlos porque los homosexuales solo hacen daño a la sociedad”, dijo el asesino en serie mientras se columpiaba sentado sobre la silla.

“Mato a las personas para que no sigan sufriendo. Por ejemplo, a los alcohólicos (Agustin Andres Maguiña Oropeza, 55, y Luis Melgarejo Saenz, 35) los investigué por mas de un mes y cuando me enteré donde era el lugar en el que se refugiaban prepare mi arma para que con un sólo disparo descansaran en la paz de Dios”, respondió cuando le preguntaron por dichos crímenes.

Cuando llegó el momento de que relatara como ultimó al homosexual Wilmer Muñoz Villanueva (42), el sujeto soltó en llanto. “Odio a los maricones. Cuando yo era niño, mis hermanos me violaron porque creían que yo había matado a una perra que teníamos y que además estaba preñada. Juro que yo jamás le hice nada al animal”, dijo muy nervioso Pedro Nakada.

Asimismo, contó entre lágrimas, que nunca logró superar la muerte de su padre biológico, quien siempre lo defendía de las burlas de sus hermanas y amigos, porque él era un niño sumiso que no hablaba con nadie. Para la policía es aún un misterio el porqué lleva un apellido de descendencia japonesa, pues él asegura que su verdadero nombre es Pedro Pablo Mesías Ludeña. “Cuando yo fui adoptado me cambiaron el apellido” señaló el inculpado, pero luego manifestó que un amigo le fabricó documentos falsificados para que obtenga la visa del país nipón.

Los familiares de las victimas del asesino sólo exigen que no lo dejen en libertad. La madre de Carlos Walter Tarazona Toledo (20), ex integrante del Ejercito Peruano, dijo entre llantos que Nakada debería ser asesinado. “Mi hijo trabajaba como vigilante del mercado, era un muchacho tranquilo y eso lo pueden decir todos los vecinos de la urbanización Bautista”, dijo Eugenia Toledo, madre del occiso.

Mientras tanto, la última de sus victimas fue identificada ayer como Nicolás Purizaca Gamboa (36) y Nakada Ludeña dijo haberlo asesinado porque era un drogadicto.

 


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