Paula R. Cooper

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Paula Cooper
  • Clasificación: Homicida
  • Características: Menor de edad (15 años) - Robo
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 14 de mayo de 1985
  • Fecha de nacimiento: 25 de agosto de 1969
  • Perfil de las víctimas: Ruth Pelke, de 78 años
  • Método de matar: Apuñalamiento (33 veces)
  • Localización: Gary, Estados Unidos (Indiana)
  • Estado: Condenada a pena de muerte el 11 de julio de 1986. Conmutada por 60 años de prisión el 18 de agosto de 1989. Sentencia reducida a 27 años de prisión. Puesta en libertad el 17 de junio de 2013. Se suicida disparándose en la cabeza el 26 de mayo de 2015
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Paula Cooper – Sale de prisión tras 27 años una mujer condenada a muerte con 16 en EE.UU.

Carolina García – Elpais.com

17 de junio de 2013

Paula Cooper de Indiana fue sentenciada con la pena capital tras asesinar a una maestra de religión de 78 años.

Su caso provocó manifestaciones a nivel mundial y una solicitud personal del papa Juan Pablo II.

Paula Cooper, que tenía 16 años cuando fue condenada a la silla eléctrica por asesinar a una profesora de religión, Ruth Pelke, de 78 años, hecho que la llevó a convertirse en la persona más joven en recibir esta pena en Estados Unidos, ha sido puesta en libertad este lunes, tras pasar más de 20 años en prisión después de que su sentencia fuera conmutada por una condena de cárcel y posteriormente reducida.

La sentencia de la joven, de raza negra, al corredor de la muerte en 1986 provocó centenares de protestas en todo el mundo e, incluso, una solicitud personal del papa Juan Pablo II.

A sus 43 años, Cooper tiene una segunda oportunidad. La mujer ha abandonado la cárcel en un coche estatal y vistiendo ropa donada, según ha explicado el Departamento de Prisiones de EE UU. La prisión, situada a unos 100 kilómetros al oeste de Indianapolis, le ha facilitado 75 dólares «para ayudarla a empezar».

El 14 de mayo de 1985, con tan solo 15 años, Paula Cooper junto a tres amigas, todas adolescentes, entraron en la casa de Ruth Pelke con la intención de robar. Pelke dejó entrar a Cooper y dos de ellas, porque le dieron la excusa de que querían que les diera clase de religión, mientras otra esperaba fuera para vigilar. Cooper llegó a asestarle 33 puñaladas y, posteriormente, las tres desmantelaron la casa. Las cuatro chicas huyeron con el coche de la maestra y 10 dólares en efectivo.

El crimen horrorizó a los ciudadanos de Indiana. Las tres cómplices de Cooper recibieron condenas que fueron desde los 25 a los 60 años, pero la joven, a pesar de que se declaró culpable de asesinato, fue finalmente condenada a morir en la silla eléctrica. La Fiscalía aseguró que esta condena estaba justificada porque el «delito era indescriptiblemente cruel y fue previamente planificado».

Aunque mucha gente creyó que Paula Cooper merecía morir, organizaciones por los derechos humanos y opositores a la pena de muerte de todo el mundo pusieron el grito en el cielo, incluyendo a aquellos que creían que la sentencia de Cooper era también un tema racista.

En 1987, el papa Juan Pablo II pidió clemencia para la joven. Un año después, un cura procedente del Vaticano entregó más de dos millones de firmas como protesta. La iniciativa provocó que el Tribunal Supremo de Indiana diera marcha atrás en su decisión y cambiara la sentencia de Cooper de pena capital por la de 60 años de cárcel. También provocó el cambio de la ley Estatal sobre el criterio de edad mínima para la pena de muerte, que pasó de los 10 a los 16 años, con un punto que recalcaba «que no se podía condenar a la pena de muerte a las personas que fueran menores de esta edad en el momento de cometer el delito».

Durante este tiempo, el Tribunal Supremo de EE UU ha declarado inconstitucional condenar a la pena capital a todos los encausados menores de 18 años. Fue en 2005, y la medida fue apoyada por cinco de los nueve magistrados que lo conforman.

«La gente se sigue acordando de este caso. Su puesta en libertad va a llamar la atención de muchos», dijo su abogado, Jack Crawford, durante el juicio. «Cooper ha cumplido su condena y ahora le toca contribuir con la sociedad», añadió este letrado, firme opositor de la pena muerte en el caso de Cooper. «Espero que las personas vean a Paula como algo más que una asesina», ha explicado su hermana Rhonda Labroi, informa la misma agencia. «Era tan solo una niña cuando sucedió, ahora es una mujer adulta y se merece darle una segunda oportunidad», ha solicitado Labroi.

Su historial de prisiones indica que se ha visto envuelta en unas 23 situaciones problemáticas, aunque menores, desde 1995 cuando fue castigada a confinamiento solitario por agredir a un guardia. En la cárcel se ha licenciado (2001) y ha entrenado a perros guía para los discapacitados, además ha trabajado como consejera de otras reclusas en el Rockville Correctional Facility, la prisión de mujeres más numerosa del Estado de Indiana.

«Todo el mundo tiene la responsabilidad de hacer el bien o el mal, y si haces mal, tiene que ser castigado. La rehabilitación empieza por ti, si no estás listo no podrás recuperarte», explicó la propia Cooper en una entrevista al Indianapolis Star.

Por su parte, el nieto de la mujer asesinada, Bill Pelke, ha asegurado que es suficiente con las tres décadas que Cooper ha pasado en la cárcel y que la perdona por el crimen. «Ahora, lo que me preocupa es que se asiente y encuentre un trabajo», ha dicho Pelke.


Hallan muerta a un ícono de la lucha contra la pena de muerte

Clarin.com

27 de mayo de 015

Paula Cooper, figura símbolo de las campañas contra la pena de muerte en Estados Unidos, fue hallada muerta en Indianápolis y la policía dijo que se trató de un suicidio.

Cooper, de 45 años, se convirtió en 1986 en la mujer más joven detenida en el «corredor de la muerte».

Paula tenía 15 años cuando asesinó a una anciana y 16 cuando un jurado la condenó a la silla eléctrica.

El caso suscitó estupor internacional y puso a la luz la atrocidad de la ley de Indiana: admitía la pena de muerte de niñas mayores de 10 años.

Se determinó que Cooper había torturado y matado a Ruth Pelke, de 78 años, a quien acuchilló 33 veces con un cuchillo de carnicero antes de robarle 10 dólares y su auto.

Después de tres años de «death row» la condena de la adolescente fue conmutada a 60 años de reclusión que se redujeron a 27 por buena conducta. El 17 de junio de 2013 fue liberada de la prisión de Rockville Correctional Facility.

Tras ser condenada, el entonces Papa Juan Pablo II pidió la gracia.

La policía de Indianapolis dijo que Cooper se pegó un tiro afuera de una residencia en el noroeste de la ciudad.


Se suicidó símbolo contra pena de muerte

Alessandra Baldini – ANSA

27 de mayo de 2015

Parecía una historia con un final feliz, pero terminó en un charco de sangre en una calle: cuando, hace dos años, salió de la prisión por buena conducta y con un diploma de enfermera, la exadolescente asesina Paula Cooper parecía lista para una nueva vida, pero terminó disparándose en la cabeza con un revólver. La policía la encontró sin vida fuera de la residencia de Indianápolis donde vivía.

Dentro de pocos meses iba a terminarse su libertad condicional. Paula, que por cometer un crimen fue condenada a la silla eléctrica y por quien en los años 80 se movilizó Europa y el Vaticano, iba a ser una mujer verdaderamente libre. ¿Qué fantasmas del pasado o más recientes le bloquearon el camino y la empujaron al suicidio?

Paula había prometido trabajar con Journey of Hope, la organización anticrimen y contra la pena de muerte del sobrino de su víctima, Bill Pelke. Paula Cooper tenía 15 años cuando asesinó a Ruth Pelke y entonces fue condenada a muerte. En un principio, Bill Pelke estuvo de acuerdo con esa sentencia pero luego cambió de parecer, y perdonó a Paula Cooper. «Quería reparar, quería explicarles a los jóvenes que el crimen no salda, que existe siempre en la vida la posibilidad de hacer la cosa justa», se informó.
Pero algo no funcionó. Paula Cooper tenía miedo de la vida en libertad y se lo había confiado a Pelke poco antes de salir de la cárcel.

«No sé escribir un cheque, pagar una factura», se lamentaba. Pelke le había ofrecido ayuda pero ellos habían tenido encuentros esporádicos en los últimos dos años. «Un final insólito de un caso trágico», comentó el abogado de Indianapolis Jack Crawford, que era el fiscal cuando Paula Cooper fue incriminada. Ella tenía 15 años y un pasado de víctima del incesto cuando, hace 30 años, asesinó a la anciana Ruth Pelke, quien era profesora de religión. La adolescente le dio 33 cuchilladas durante un robo con dos amigas. Su destino habría sido la silla eléctrica si no hubiera habido una movilización internacional a su favor.

En 1987, fue el papa Juan Pablo II el que pidió que no se le quitara a vida a Paula Cooper, cuyo cayo [caso] puso en evidencia las atrocidades que permitía la ley en Indiana, porque admitía la pena de muerte para niños sobre los 10 años. Sólo en 1989, después de una sentencia de la Corte Suprema que había abolido la pena de muerte para los chicos de menos de 16 años, la magistratura conmutó el castigo en 60 años de cárcel, que lograron reducirse a 27 por demostrar buena conducta.

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