Pablo Goncálvez Gallarreta

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Pablo Goncálvez

Los crímenes de Carrasco

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Móvil desconocido - Goncálvez siempre ha mantenido su inocencia
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: 1992 - 1993
  • Fecha de detención: 20 de febrero de 1993
  • Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1970
  • Perfil de las víctimas: Ana Luisa Miller Sichero, 26 / Andrea Castro Pena, 15 / Maria Victoria Williams, 22
  • Método de matar: Sofocación - Estrangulación
  • Localización: Carrasco, Montevideo, Uruguay
  • Estado: Condenado a 30 años de prisión el 9 de febrero de 1996. Fue puesto en libertad el 23 de junio de 2016
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Pablo Goncálvez

Wikipedia

Pablo Goncálvez (nacido en Bilbao, España, el 6 de marzo de 1970) es el primer asesino serial de la historia del Uruguay. Fue procesado por tres homicidios, y condenado a treinta años de prisión.

Biografía

Su padre fue el diplomático Hamlet Goncálvez (fallecido el 16 de julio de 1992), quien cumplió funciones representando a Uruguay en España. A los nueve años de edad, Pablo Goncálvez se radicó en Uruguay, en el barrio Carrasco. En dicho país cursó la primaria en el Colegio Stella Maris, y culminó sus estudios secundarios en un liceo público. Miembro de la alta sociedad montevideana, ingresó como estudiante de ciencias económicas, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República.

Sentencia

El primer homicidio fue cometido contra Ana Luisa Miller Sichero, lo que se concretó en las primeras horas de la madrugada del 1 de enero de 1992. La víctima contaba con 26 años, era licenciada en historia y docente en ejercicio, y era hermana de la conocida tenista Patricia Miller. La autopsia determinó que la joven perdió la vida tras ser sofocada y luego arrojada a las 8 horas del 1 de enero de 1992 en la playa de Solymar. Al momento de su deceso, mantenía un noviazgo con el ingeniero Hugo Sapelli, quien fue considerado el inicial sospechoso, pero sometido al polígrafo, sorteó la prueba, y no hubo ninguna evidencia que lo incriminara.

La segunda occisa fue Andrea Castro de 15 años de edad, quien dejó de existir tras ser asfixiada el día 20 de setiembre de 1992 luego de salir del club bailable England. Este crimen se perpetró por sofocación manual, y tuvo la peculiaridad de que, a modo de firma, el criminal, dejó anudada una corbata de su pertenencia en el cuello de la difunta. Al ser encontrada en el domicilio de Goncálvez, una serie de corbatas pertenecientes a un juego idéntico, la fiscalía contó con una de las pruebas más fehacientes para incriminarlo.

La tercera víctima; María Victoria Williams de 22 años de edad, falleció asfixiada dentro del domicilio de Goncálvez. En este caso, el homicida se valió de una treta, pues le alegó a la futura víctima, que era vecina suya, que su anciana abuela con la que él vivía, había sufrido un ataque cardíaco, y que él solo no podía reanimarla. Una vez dentro de la finca, el homicida agredió a la buena samaritana, estrangulándola, y aseguró el óbito colocándole una bolsa de nylon en la cabeza, disfrutando con la agonía de su víctima.

Pablo fue atrapado en Brasil y conducido a la Jefatura de Montevideo. En Sede Judicial lo condenaron a 30 años de prisión por ser el autor material de los homicidios, aunque se declaró inocente de los cargos imputados en su contra.

El 6 de marzo de 1999, fue atacado por dos reclusos con 26 puñaladas, pero el 19 de marzo salió del CTI del Hospital Maciel y fue trasladado a Cárcel Central.

El día 7 de julio de 2005 contrajo matrimonio con Alejandra, realizándose la ceremonia en el recinto de la Cárcel Central, ubicada dentro de la Jefatura de Policía de Montevideo. En el año 2012 la defensa solicitó su libertad anticipada, siendo ésta denegada judicialmente. Hoy en día sigue purgando su pena tras las rejas.

Según las pericias impetradas éste utilizó el mismo modus operandi para terminar con las vidas de las tres mujeres, Ana Luisa Miller, María Victoria Williams y Andrea Castro.

También téngase en cuenta que pese a las abundantes pruebas recogidas en la causa, el penado ha negado enfáticamente su culpabilidad ante varios medios de prensa.


La Corte no cree rehabilitado a Pablo Goncálvez y negó libertad

ElPais.com.uy

16 de agosto de 2012

La Suprema Corte de Justicia negó el pedido de libertad anticipada de Pablo Goncálvez. El dictamen sobrevino luego que el Fiscal de Corte, Jorge Díaz, se pronunció en contra luego de reunirse con las familias de las víctimas del homicida.

“La Suprema Corte de Justicia negó el pedido de libertad a Pablo Goncálvez. Los ministros consideraron que esto resulta imposible porque no existen signos manifiestos de rehabilitación. La decisión fue en base a informes de psiquiatra, juez y Fiscal de Corte, a pesar que Goncálvez ya cumplió dos tercios de su pena”, expresó el breve comunicado del máximo órgano judicial.

El jueves el fiscal de Corte, Jorge Díaz, se reunió con los familiares de las tres víctimas de Goncálvez: María Victoria Williams, Andrea Castro Pena y Ana Luisa Miller. Para entonces el alto magistrado había estudiado los informes del Instituto de Criminología, que tuvo una doble evaluación psiquiátrica y social. Los peritos advirtieron, entre otros aspectos, que debido a los 19 años de reclusión que llevaba Goncálvez carecía de “roce social”. Luego de juzgar todos estos elementos Díaz elevó su dictamen contrario a la libertad anticipada a la Suprema Corte, que anoche dio a conocer su resolución.

“No obstante haber cumplido el penado las dos terceras partes de la pena, atento al contenido adverso del informe siquiátrico del Instituto Nacional de Criminología, del Sr. Juez y del Sr. Fiscal de Corte, resulta imposible sostener que existen signos manifiestos de rehabilitación (art. 328 del Código del Proceso Penal en la redacción dada por la Ley N° 17.897 del 14/09/05), en virtud de ello la Suprema Corte de Justicia. Resuelve: No hacer lugar a la libertad anticipada del penado Pablo Goncálvez Gallarreta”, expresaba la resolución.

El abogado Hugo Granucci que ejerce la defensa de Goncálvez se excusó de hacer declaraciones alegando que el tratamiento que se le está dando al tema en los medios “va en contra de los principios de rehabilitación que rigen”. También se negó a precisar si, tras la negativa de la Corte, comenzará a gestionar un régimen de salidas transitorias.

Cabe recordar que desde el año 2008 Goncálvez viene solicitando salidas transitorias, pero estas le han sido negadas por el juez de la causa.

Por su parte, el ministro de la Suprema Corte Jorge Larrieux dijo a El País que este tipo de solicitudes de libertad anticipada la analizan tres ministros de la corporación judicial, quienes coincidieron en negar la medida pedida por la defensa de Goncálvez.

“Se consideró como otro caso de libertad anticipada más, no se le dio ninguna trascendencia especial, analizaron los informes que venían del Inacri, del juez de ejecución y del fiscal de Corte y en base a esos informes se resolvió negativamente”, afirmó Larrieux.

Tanto el fiscal de Corte, el juez del caso, Gabriel Ohanian, como los informes del Inacri no eran favorables a la libertad.

En caso que el abogado de Goncálvez decida pedir salidas transitorias para su cliente, lo deberá hacer ante el juez que tiene a cargo el expediente.

Días atrás El País consultó a allegados al caso en torno a la voluntad de Goncálvez al pedir su libertad y sus expectativas. “Lo preocupa la sanción social y es consciente de ello. Reconoce que su obrar de hace años puede provocar reacciones sociales, pero también cree que ha pagado sus culpas”, señaló oportunamente el informante.

Goncálvez, hoy de 42 años, cumple una condena por 30 años, la máxima prevista en el Código Penal uruguayo. Hace siete años que está casado y es padre de una niña de 7 años. Se halla recluido en una celda doble en el cuarto piso de Cárcel Central y dispone de algunas comodidades básicas, en razón de su estado de salud.

El condenado trabaja como bibliotecólogo del establecimiento carcelario, y da cursos de inglés y computación a los reclusos. Elementos que en un momento hicieron pensar que podrían pesar en su petición de liberación. (Producción: E. Delgado y R. Rossello)


Historia de asesino serial que ultimó a querida joven salteña

LaPrensa.com.uy

15 de junio de 2012

A comienzos de la década de los años 90, la crónica roja nacional, registró un insolito caso dotado de aristas especiales que conmocionó hondamente a la sociedad uruguaya. Una insolita secuencia de asesinatos cometidos contra jóvenes mujeres, que los medios de prensa, bautizarian como “Los crímenes de Carrasco”, en atención a la zona donde residian y/o se encontraron los cuerpos de sus víctimas.

Una salteña entre sus victimas

Las victimas del primer asesino serial del Uruguay, fueron; Ana Luisa Miller, Andrea Castro y la salteña María Victoria Williams. Hija de un conocido productor tambero del medio, funcionario tecnico agropecuario del Banco República, con una hermana menor y dos varones.

Todas ellas fallecieron a consecuencia de enérgicas maniobras de sofocación, en una variante de la clásica muerte provocada por estrangulamiento. El ultimador de estas muchachas constituía, sin la menor vacilación, un homicida en serie, y durante meses mantuvo en jaque a la policía. Cuando se lo detuvo y fue difundida su identidad el temor entonces imperante en la población se trocó en desconcierto y extrañeza al saberse que se trataba de un joven de Carrasco que contaba con solo veintidós años, hijo de un diplomático y vecino de una de las chicas asesinadas (María Victoria Williams). Su identidad completa responde a Pablo José Goncalvez Gallareta.

Este sujeto, se habia nacionalizado uruguayo, tras nacer en España cuando su padre cumplía funciones diplomáticas en ese país. Pese a ello, Goncalvez Gallareta, se crió y educó en Uruguay, y a principios de los años noventa era un destacado miembro de la alta sociedad capitalina, estudiante de ciencias económicas, residente en un hermoso chalet de Carrasco en cuyos fondos tenía instalado un taller de reparaciones de ciclomotores.

Los crimenes

Ana Luisa Miller, fue hallada asesinada el 1° de enero de 1992

La joven de 25 años había ido a festejar el Año Nuevo a un restaurante de Carrasco junto a su novio, Hugo Sapelli. Luego, concurrieron a una fiesta en el Old Christians. Al salir del club, pasaron un rato en la vivienda del joven tras lo cual, Miller se fue a su casa. Fue encontrada semienterrada en la arena, en cercanías a la Prefectura de Lomas de Solymar, a media tarde del primer día del año 1992.

Andrea Castro; fue asesinada el 20 de setiembre de 1992

En un boliche de Carrasco, Andrea de 16 años, se encontró con Goncálvez, un joven al que apenas conocía. Charlaron un rato, hasta que Goncálvez la invitó “a dar una vuelta” en su automóvil. Tres semanas después de este encuentro, la Policía encontró el cuerpo de Castro en la arena de la Playa Mansa de Punta del Este. La autopsia reveló que había muerto por asfixia. Luego se supo que Goncálvez la asfixió con una corbata de su padre.

María Victoria Williams; fue asesinada el 8 de febrero de 1993.

Victoria esperaba el ómnibus en la esquina de su casa, cuando Goncálvez, fingiendo tener un problema, hizo que entrara a su vivienda. Allí, le puso un pañuelo con alcohol y éter en la nariz, para dormirla y matarla. La familia recibió en la tarde una llamada del trabajo de Victoria preguntando por qué no había ido a trabajar.

Fue tan cinico, que hasta participó voluntariamemte, como vecino y “conocido” en su busqueda, organizada por grupos de amigos de la salteña.

Una enfermera, identificada como V.G. había denunciado a Pablo Goncálvez por violación en 1991, pero este había quedado libre en esa instancia.

Pablo Goncálvez fue detenido el 20 de febrero de 1993, en el Chuy. Volvía de Porto Alegre y lo esperaban cuatro policías de la comisaría 14a. de Montevideo.

Había viajado a Porto Alegre, donde vivían sus dos medios hermanos. Su idea era radicarse en Brasil e instalar allí una estación de servicio u otro negocio.

Sus procesamientos

Fue procesado el 1º de setiembre de 1993 por el asesinato de Ana Luisa Miller, 26 años, muerta el 1º de enero de 1992. Fue condenado por la Justicia de Pando por homicidio.

El 9 de febrero de 1996 fue condenado por los homicidios de Andrea Castro Pena y María Victoria Williams. También por ultraje público al pudor, violación y privación de libertad de la enfermera V.G.. Su condena confirmada es por 30 años de prisión.

Apuñalado en Libertad

Pablo Goncálvez fue apuñalado por reclusos del Penal de Libertad en mayo de 1999. Tras estar en grave estado, fue dado de alta y remitido a Cárcel Central.

La interna de la prisión lo acusaba de “manejar” a los presos, a su conveniencia, hasta que quedó en evidencia y lo hicieron blanco de ajuste de cuentas.

Su gestión de libertad anticipada

El pedido de libertad anticipada ya fue presentado y se aguardan ahora las pericias psiquiátricas, además de los informes pertinentes que deberá realizar el propio juez de la causa, en este caso Gabriel Ohanián.

Según la Ley 17.897, de Humanización del Sistema Carcelario, la sentencia de Goncálvez se redujo cuatro años ya que estando en prisión estudió y trabajó, por lo que quedaría en libertad el 19 de agosto de 2019.

El mecanismo mediante el cual Pablo Goncálvez podría quedar en libertad depende, exclusivamente, de la decisión de la Suprema Corte de Justicia. De acuerdo con la situación procesal de Goncálvez es probable que la defensa recurra a la libertad por gracia, concedida por la Corte.

“Luego se hace necesario un informe de la autoridad carcelaria, que incluye entre otras cosas la realización de pericias psicológicas o psiquiátricas, de tal manera que la autoridad establezca si efectivamente el procesado se rehabilitó. Si no hay indicio de recuperación la Corte no concede la libertad”, precisó el vocero.

“La Corte evalúa muchos aspectos antes de adoptar una resolución. La gravedad del delito, la alarma pública que esto haya ocasionado”, aclaró Oxandabarat.

La rara personalidad de Pablo Goncalvez

Pablo Gonçalvez, niño inofensivo, hijo de familia acomodada, comete homicidio. Profundo misterio. Sin motivos o razones aparentes, sin que lo abandone su ectoplasma indiferente y “coolQ, vuelve a matar. ¿Por qué mata? ¿Qué piensa? ¿Qué siente si siente? . Según estudios psicológicos, es un psicópata compulsivo, con tics, indiferencia, aparente ausencia de culpas o conflictos.

Se dice que Gonçalvez, se llena de psico precisamente en la medida en que se vacía de socius. ( la introversión, la casa grande en la que vivía casi solo, el barrio residencial tranquilo y vacío, lleno de espacio y vacío de gente. Es el mismo sentido en el que las clases sociales altas son cada vez menos sociales).


Historias de asesinos. Pablo Goncalvez

Gabriel Pombo – Henciclopedia.org.uy

En Uruguay el fenómeno del homicidio serial deviene singularmente raro y escaso. Pese a ello, a comienzos de la década de 1990 la crónica policial registró un caso dotado de aristas espectaculares que conmocionó hondamente a la sociedad uruguaya. La prensa motejó a aquella secuencia de asesinatos cometidos contra jóvenes mujeres como “Los crímenes de Carrasco”, en atención al barrio montevideano en donde residían las víctimas.

Las presas humanas cobradas por el matador en cadena las conformaron Ana Luisa Miller, Andrea Castro y María Victoria Williams, todas ellas fallecidas a consecuencia de enérgicas maniobras de sofocación inferidas por su agresor, en una variante de la clásica muerte provocada por estrangulamiento.

El ultimador de estas muchachas constituía, sin la menor vacilación, un homicida en serie, y durante meses mantuvo en jaque a la policía. Cuando finalmente se lo detuvo y fue difundida su identidad el temor entonces imperante en la población se trocó en desconcierto y extrañeza al saberse que se trataba de un joven de Carrasco que contaba con solo veintidós años, hijo de un diplomático y vecino de una de las chicas asesinadas (María Victoria Williams). Sus nombres y apellidos completos: Pablo José Goncalvez Gallareta.

Este hombre, a quien se conceptúa con toda razón el más moderno psicokiller de Uruguay, había adquirido la nacionalidad oriental luego de nacer en España cuando su padre cumplía funciones diplomáticas en la Madre Patria. De todas maneras, se crió y educó en Uruguay, y a principios de los años noventa era un destacado miembro de la alta sociedad capitalina, estudiante de ciencias económicas, residente en un hermoso chalet de Carrasco en cuyos fondos tenía instalado un taller de reparaciones de ciclomotores.

La tétrica retahíla criminal tuvo su víspera el 31 de diciembre de 1991. Ana Luisa Miller Sichero, de 26 años, licenciada en historia y docente en ejercicio, hermana de la renombrada tenista Patricia Miller, mujer soltera que vivía con sus padres en Carrasco, había salido esa noche con su novio Hugo Sapelli, joven de similar condición social y económica. Recibieron el año nuevo cenando en un restaurante de Carrasco y, luego, próximo a la una de la madrugada del entrante 1 de enero de 1992, la pareja concurrió a bailar al muy conocido club Old Christian’s.

Al despuntar el alba de aquel año ambos jóvenes abandonaron la reunión bailable y, a partir de entonces, los datos referentes a las últimas horas de existencia de la infortunada joven dependen de la versión aportada por su novio. Sapelli le contó a las autoridades que Ana Luisa conducía su automóvil y lo llevó hasta su vivienda a la cual arribaron cerca de las siete menos veinte y, una vez allí, habrían mantenido breves relaciones sexuales.

Después, próximo a la hora ocho de aquella mañana, la muchacha se despidió, y manejando su coche se encaminó rumbo a su propio domicilio. Miller jamás lograría ingresar a su casa. Se hallaría su vehículo estacionado en la calle Eduardo Couture casi Costa Rica en los aledaños del Lawn Tenis del Parque Carrasco.

Había manchas hemáticas en el asiento delantero del acompañante, y uno de los cinturones de seguridad estaba cortado. Horas más tarde, el cuerpo sin vida de la mujer fue encontrado yaciendo entre las dunas de la playa del balneario Solymar, a escasos metros de donde estaba instalada la prefectura de la localidad de Lomas de Solymar.

Los médicos forenses que examinaron su cadáver supusieron que la occisa viajaba en el asiento del acompañante de su vehículo cuando se le propinó un fuerte impacto en su mentón que la habría dejado en estado de indefensión, tras lo cual su victimario se le habría arrojado encima para estrangularla mientras ella sangraba profusamente a causa del golpe.

El novio de la difunta fue considerado el principal sospechoso y resultó indagado en forma intensa hasta el punto de ser sometido –voluntariamente- a la prueba del polígrafo. No obstante, transcurrieron los meses sin registrarse ningún avance de interés en la investigación policial.

Este homicidio recién se aclararía para la justicia uruguaya cuando ya se encontraba en prisión Pablo Goncalvez, detenido y confeso por dos muertes consumadas a través de igual modus operandi. El preso, luego de su inicial confesión (y tras haber cambiado de patrocinio letrado), rectificó su postura y se declaró inocente. Según adujo en su reclamo, las confesiones le fueron arrancadas bajo tortura.

Interpuso su queja ante la Convención Latinoamericana de Derechos Humanos pero no tuvo éxito. Dicho organismo internacional le dio la razón al Estado uruguayo el cual sostuvo, al contestar la demanda, que los procedimientos policiales y judiciales fueron totalmente regulares. Conforme allí se manifestó, las evidencias de la culpabilidad del acusado resultaron tan abrumadoras que su confesión en nada incidió a la hora de pronunciar la sentencia condenatoria en su contra.


Pablo Goncalvez y los crímenes de Carrasco. (Semblanza y breve reseña de los homicidios que se le atribuyen).

Gabriel Pombo – Henciclopedia.org.uy

Pablo José Goncalvez Gallarreta nació en España, en Bilbao (Viscaya) el 6 de marzo de 1970 cuando su padre, el diplomático Hamlet Goncalvez, cumplía funciones representando a nuestra Nación ante la Madre Patria.

Desde los nueve años se afincó en Montevideo, en el barrio Carrasco. No obstante, parte de su niñez y su adolescencia la pasó fuera de Uruguay debido a la labor diplomática de su progenitor, conociendo varios países, a saber: Suecia, Brasil, Paraguay y Perú. En nuestro país cursó la primaria en el colegio Christian Brothers. Culminó sus estudios en el liceo público no. 15 de Carrasco, y posteriormente ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas. Su padre falleció el 16 de julio de 1992, hecho que habría repercutido en la eficacia de sus estudios, mermando su normalmente alto rendimiento curricular.

Hasta mediados de 1991 tuvo novia estable. En su amplia casa sita en la calle Lieja había instalado un taller de reparaciones de motos en sociedad con otro joven.

Su inicial entredicho con la ley lo tuvo al ser denunciado por una empleada de veintiocho años de la desaparecida mutualista Cima España. La denunciante adujo haber sido violada por el joven, tras ser amenazada con un revólver y luego amarrada al asiento del acompañante del vehículo de aquél por medio de un juego de esposas.

Ese día era feriado y no había locomoción pública, por lo cual ella aceptó la invitación del conductor, quien se ofreciera a acercarla hasta su trabajo. Como prueba la mujer presentó la cédula de identidad del acusado, pero el muchacho logró salir indemne al declarar que la relación sexual fue consentida, y que ella le había hurtado la billetera. Fue cuestión de palabra contra palabra. No quedó registrado antecedente penal, pero la policía tomó conocimiento del hecho, y esa instancia enfocaría las sospechas hacia la persona de Pablo Goncalvez cuando, más adelante, comenzaron las pesquisas emprendidas a raíz de una retahíla de homicidios.

A pesar de que terminó constituyendo el último de los crímenes en resolverse, el primero de ellos en orden cronológico lo representó el cometido contra Ana Luisa Miller Sichero. Ésta era una muchacha de veintiséis años, hermana de la renombrada tenista Patricia Miller, licenciada en historia y docente en ejercicio. Residía en Carrasco junto a sus padres y dos de sus hermanas. Estaba de novia con Hugo Sapelli, ingeniero de veintinueve años.

Su cadáver apareció denotando signos de haber padecido una muerte mediante sofocación, con hematomas en el rostro y arrojado sobre las dunas de la playa de Solymar a escasos metros de la prefectura naval, próximo a la hora 8 del 1 de enero de 1992. La habían conducido hasta ese lugar trasladándola en el propio coche de la víctima, el cual horas más tarde resultó abandonado a una cuadra de donde se asentaba el domicilio de Pablo Goncalvez.

La segunda víctima la conformó Andrea Gabriela Castro Pena, de quince años. Vivía con sus padres en Malvín, y cursaba cuarto año de secundaria en el liceo no. 20. La asesinaron el domingo 20 de septiembre de 1992 luego de salir del club bailable England. También devino victimada en el interior de un coche, y falleció a consecuencia de la asfixia provocada por un agresor que practicó en torno a su garganta enérgicas maniobras de sofocación. A manera de ritual, su matador le enroscó alrededor del cuello una corbata a franjas blancas y verdes. (Cabe mencionar que en una fotografía de niño el luego imputado lucía una prenda semejante a aquella, y en el allanamiento de su morada localizaron juegos de corbatas de la misma marca y estilo.)

El cuerpo sin vida de Andrea Gabriela se descubrió parcialmente sepultado bajo la arena de una playa en el balneario de Punta del Este, yaciendo dentro de una precaria tumba que el ejecutor cavó con sus propias manos.

La última presa humana fue María Victoria Williams, de veintidós años. Era oriunda del Departamento de Salto, y por entonces residía a dos cuadras de la casa del luego imputado Goncalvez. Desapareció el 8 de febrero de 1993. Estaba aguardando el ómnibus para ir a su trabajo. Según la versión que en un primer momento proporcionó Goncalvez a la policía y al juez de esa causa -Dr. Rolando Vomero-, la vio desde la ventana de su finca y, cediendo ante un abrupto impulso, salió a la calle a abordarla. La excusa: la abuela del victimario estaba “enferma”, había sufrido un repentino “ataque”, se encontraba desmayada y no reaccionaba. El nieto necesitaba ayuda urgente, y la solidaria chica aceptó acompañarlo presurosa.

Una vez dentro de la casa, su vecino le habría pedido que tomara el teléfono a fin de llamar a la emergencia, mientras él subía al segundo piso para “reanimar” a la anciana. Cuando la joven intentó realizar la llamada resultó agredida por la espalda y, al cabo de un desesperado forcejeo, terminó siendo reducida a través de una férrea maniobra de sofocación manual que le hizo perder la consciencia. Acto seguido, su ofensor le colocó una bolsa de nylon en la cabeza y la ató a su cuello, asegurando de esa forma el óbito.

Las pruebas incriminatorias

Una vez enterada la opinión pública que este joven era considerado el asesino de las chicas Andrea Castro y María Victoria Williams, se propaló el rumor de que el tercer homicidio que le fuera atribuido (el de Ana Luisa Miller) no le pertenecía, sino que se lo habían endilgado a fin de resolver de hecho un misterio que venía, desde largo tiempo, manteniendo en jaque a los investigadores. Aún al presente estos recelos persisten. Basta leer los blogs de Internet que tratan sobre el caso para comprobar que muchos comentarios de usuarios (generalmente anónimos) sostienen la inocencia de Pablo Goncalvez con respecto a este asesinato en particular.

Sin embargo: ¿con qué pruebas contó el magistrado de esa causa penal para imputarle también la consumación de este óbito? Una evidencia convictiva muy sólida se verificó cuando se llevó a cabo la reconstrucción del crimen de Ana Luisa Miller. Al escenario fatal acudió el sospechoso, junto con la policía, el juez, el fiscal y los abogados de su defensa.

El cadáver había sido descubierto yaciendo sobre las dunas de la playa de Solymar, a escasos metros de la prefectura naval. El asesino no intentó ocultar a la víctima y, menos aún, sepultarla. El exánime cuerpo quedó en una postura arrollada debido a que fue lanzado por un pequeño terraplén, cayendo luego de ser empujado desde la abierta puerta del acompañante del vehículo en que lo transportaron.

Aquel coche (propiedad de la muchacha) quedó estacionado de determinada manera, y fotografías forenses tomadas a las huellas producidas por sus neumáticos así lo denotaban. Vale decir, que el rodado no podía quedar detenido de cualquier manera para coincidir con la forma en que se encontró el cadáver, y desde dónde el mismo fuera arrojado.

Al iniciarse la reconstrucción forense el indagado solicitó al juez que lo autorizara a conducir el automóvil policial que lo había trasladado hasta allí y, después de maniobrar con él, lo posicionó con precisión en el lugar, y de la forma, en que se efectuó en el acto de desembarazarse del cuerpo del delito, según los registros del expediente penal.

Esta acción la realizó por iniciativa propia el encausado, ante testigos y con las garantías legales. No parecería válido aducir que se estuviera frente a una prueba “plantada”, u obtenida mediante apremios. Se trataba, a su vez, de una evidencia de aquellas que “sólo el culpable podía conocer”.

En el dorso de las manos y sobre los puños de esta joven, la autopsia, a cargo del Dr. Guido Berro, constató marcas coincidentes con las huellas que imprimieron en su piel las ataduras que le fueron practicadas previo a trasladarla inconsciente hasta la playa de Solymar donde se la ultimara. Pablo Goncalvez declaró haberla amarrado con los cordones de sus zapatos náuticos. Tales cordones consisten en unas delgadas tirillas de cuero, aptas para dejar trazas semejantes a las detectadas sobre los puños y el dorso de las manos de la desafortunada mujer.

En los otros dos casos las pruebas se mostrarían también concluyentes.

El sepultado cuerpo de la adolescente Andrea Castro lucía una corbata a franjas blancas y verdes anudada en su cuello. No resultó estrangulada por medio de dicha prenda, sino que fue sofocada manualmente hasta serle quitada la vida. La colocación de la corbata entrañaba una ritualidad inherente a un crimen ejecutado por un homicida secuencial. Implicaba una suerte de “marca personal” o “sello” impreso por el victimario sobre su presa humana.

Pues bien, durante el allanamiento de la vivienda del sospechoso, legitimado por orden judicial y con garantías procesales, se incautó una fotografía de niño de Pablo Goncalvez portando una corbata análoga. Más aún, se ubicaron otras prendas de igual corte y similares colores.

Todas componían una colección expedida por una fábrica inglesa cerrada treinta años atrás y pertenecían al diplomático Hamlet Goncalvez, padre del indagado. Estas prendas se vendían en conjuntos de tres, y faltaba una de ellas dentro del juego. Este dato apunta, con un grado de probabilidad casi absoluta, a que la corbata restante no podría ser otra sino la encontrada en torno al cuello de la infortunada víctima.

En cuanto al crimen a María Victoria Williams fue determinante la proximidad entre la finca del indagado y la casa donde residía la chica. La joven desapareció en el corto tramo que discurría de su domicilio a la parada del ómnibus, cuando esa lluviosa mañana del 8 de febrero de 1993 se dirigía a su trabajo.

No se detectaron signos de lucha ni se la vio subir al automóvil de algún extraño, lo cual hubiera sido contrario a los recatados hábitos de esta muchacha. María Victoria no se iría con un extraño, pero sí (en gesto samaritano acorde a su noble personalidad) aceptaría ingresar a la casa de su vecino, quien le urgiera a ayudarlo pretextando que su anciana abuela había sufrido un ataque.

Asimismo, en declaraciones formuladas a la policía el indagado expresó haber arrojado pertenencias de sus víctimas en un baldío sito en el barrio de Maroñas, a saber: una libreta de notas de Andrea Castro, así como una agenda parcialmente quemada y un monedero de María Victoria Williams. En presencia del juez Dr. Rolando Vomero y de integrantes de la Policía Técnica, tales recaudos se recogieron del lugar previamente indicado.

Por último, cabe recordar que el luego condenado confesó la comisión de los asesinatos en sede policial y luego ratificó, aportando profusos detalles, sus relatos frente al juez, el fiscal y el actuario del juzgado; y en presencia de sus dos iniciales abogadas defensoras. Posteriormente se desdijo, tras cambiar de patrocinio legal, y mantiene su inocencia hasta el presente.


Volver a empezar

Montevideo.com.uy

23 de junio de 2016

Pablo Goncálvez recupera su libertad este jueves tras pasar 23 años, 4 meses y 3 días en prisión, tiempo en el que estudió, dio clases, se casó, se divorció y tuvo una hija. Mientras las autoridades buscan asegurar que su salida pase «desapercibida», su defensa desmintió que se radique en Salto.

El múltiple homicida Pablo Goncálvez recuperará la libertad este jueves 23 de junio, tras pasar 23 años, 4 meses y 3 días en prisión. La salida se dará en el medio de rumores sobre que el convicto salió en realidad este miércoles de la cárcel de Campanero o que fue trasladado a otro establecimiento antes de su liberación.

A la salida de una presentación en ADM, el ministro Eduardo Bonomi fue enfático en evitar dar datos sobre la salida de Goncálvez. A comienzos de semana ya había advertido que para la cartera la liberación del ahora ex convicto debía hacerse de la forma «más desapercibida posible».

En el Ministerio del Interior cumplieron con el criterio de Bonomi. Ante las consultas de Montevideo Portal, tanto desde la cartera como del Instituto Nacional de Rehabilitación evitaron dar detalles de la hora o el operativo de liberación.

Ante la incertidumbre, varios medios se apostaron desde el miércoles en la entrada de Campanero, una cárcel de mediana seguridad ubicada a pocos kilómetros de Minas. Goncálvez había sido trasladado a Campanero en 2013, cuando el Ministerio del Interior decidió cerrar la Cárcel Central para reformarla.

La estadía de Goncálvez en Cárcel Central había empezado en 1999, luego de que en el Penal de Libertad fuera atacado por dos reclusos que le propinaron 26 puñaladas. Goncálvez sobrevivió y fue derivado al establecimiento en el que en 2005 contraería matrimonio. Más tarde tendría una hija con esa mujer para luego divorciarse.

La defensa de Goncálvez ya había solicitado la libertad de su defendido en 2012, cuando entendía que su buen comportamiento -el condenado estudió y trabajó durante sus años en prisión- ameritaba la salida anticipada. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia rechazó esa posibilidad al entender que no existían «signos de rehabilitación» y en base a informes negativos del Instituto Nacional de Criminología y del fiscal de Corte Jorge Díaz.

Precisamente, Díaz fue consultado este miércoles sobre su postura actual: «De lo que hablamos ahora es de que la pena está cumplida, por lo que la discusión es filosófica y no jurídica. Yo no puedo contestar porque no tengo el “peligrosómetro” y en una sociedad civilizada cuando una persona que cometió delitos gravísimos tiene la condena cumplida lo que corresponde es que quede en libertad».

En efecto, Goncálvez no saldrá por una libertad anticipada sino por haber cumplido la totalidad de su pena, tal como aclaró la Suprema Corte de Justicia en un comunicado emitido el lunes. La salida se dará 6 años, siete meses y 27 días antes de los 30 años previstos en la condena original por los tres homicidios.

La salida anticipada obedece a la posibilidad de redimir penas por trabajo y estudio prevista en el artículo 13 de la ley 17.897. Es que durante sus 23 años de reclusión estudió informática, Derecho y Economía y dio clases de inglés a otros reclusos.

Desmienten que se radique en Salto

Uno de los rumores que trascendió en los últimos días es que Goncálvez se radicaría en una zona rural de Salto luego de obtener la libertad. Sin embargo, sus abogados desmintieron esa posibilidad al diario El Pueblo de Salto.

Los abogados de Goncálvez también se mantuvieron en la reserva que caracterizó a todos los allegados al caso.

 


VÍDEO: PETICIÓN DE LIBERTAD EN AGOSTO DE 2012

VÍDEO: DENEGACIÓN DE LIBERTAD EN AGOSTO DE 2012


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