Natividad Cantero Sánchez

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Natividad Cantero
  • Clasificación: Asesina
  • Características: Parricida - Celos y desencuentros de un duro trámite de separación
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 15 de junio de 2008
  • Fecha de detención: 29 de julio de 2008
  • Fecha de nacimiento: 1956
  • Perfil de las víctimas: Su marido Andrés Toro Barea, de 59 años
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Bollullos de la Mitación, Sevilla, España
  • Estado: Condenada a 19 años y medio de prisión el 15 de noviembre de 2011
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Natividad Cantero Sánchez – Dos tiros por celos y avaricia

Reyes Rincón – El País

3 de agosto de 2008

La profesión de la víctima y la pulcritud que los investigadores dijeron haber encontrado en el escenario del crimen despertaron el interés y alimentaron numerosas hipótesis sobre la muerte de Andrés Toro, de 59 años, en su chalé de Bollullos de la Mitación, a 15 kilómetros de Sevilla, el pasado 15 de junio.

Toro era el director del centro Especial de Recuperaciones (CER) del BBVA para Andalucía Occidental, el departamento encargado de reclamar los créditos a los clientes particulares morosos, pero los dos tiros en el pecho fueron producto de los recelos y desencuentros de un duro trámite de separación.

Así lo cree la Guardia Civil y el titular del Juzgado número 1 de Sanlúcar la Mayor, Javier Carretero, que dan por resuelto uno de los crímenes más extraños ocurridos en los últimos años en Sevilla.

La exesposa de la víctima, N. R. C. S., ingresó en prisión la noche del jueves como presunta autora del homicidio de su exmarido, con el que tenía dos hijos. Según fuentes de la investigación, la mujer no ha confesado su crimen, pero su tío materno le delató hace unos días ante los agentes de la policía judicial de la Guardia Civil.

El cuerpo de Toro se encontró en el salón de su casa el lunes 16 de junio, cuando su hija y unos compañeros de trabajo acudieron al chalé al sentirse extrañados de que éste no hubiera ido a la oficina. La víctima vivía sola en el chalé, ubicado en La Juliana, una urbanización alejada del pueblo y que cuenta con seguridad privada. Las puertas y ventanas de la casa estaban cerradas y no presentaban indicios de haber sido forzadas.

El juez Carretero decretó el jueves el ingreso en prisión de la mujer después de un largo interrogatorio en el que ésta se desenvolvió con una «frialdad impresionante», según fuentes del caso.

La mujer negó ser la autora de la muerte de su exmarido, aunque sí admitió su culpabilidad en los otros dos cargos que se le imputan: allanamiento de morada y descubrimiento y revelación de secretos. La acusada entró en varias ocasiones en los últimos meses en la casa de su expareja y se llevó papeles y cartas personales en las que quedaba patente su relación con otra mujer.

Chalé en venta

Estas fuentes añaden que entre los detonantes del crimen está también el interés de la mujer por el chalé de la víctima. La mujer nunca vivió allí, pero se oponía a los planes de su exmarido de vender la casa. La ahora detenida aseguró ante los agentes y el juez que ella y su hijo habían sido víctima de malos tratos reiterados por parte de Toro, aunque nunca los denunciaron.

Aunque no hay ni rastro del arma con la que se mató a Toro, los investigadores aseguran que los disparos salieron de una pistola exactamente igual a la que el tío de la mujer le regaló hace unos años para, según él les dijo, se sintiera protegida. Este familiar, coleccionista de armas, la delató al contarle datos del crimen que le había relatado su sobrina y que sólo podía saber alguien que hubiera estado allí.


20 kilos menos y un tiro en el corazón

Chema Rodriguez – Elmundo.es

10 de agosto de 2008

Tras la extraña muerte de su marido, cobrador de morosos del BBVA, se mostró ojerosa y desconsolada. Natividad perdió 20 kilos en mes y medio. En realidad, la consumía haberle disparado al corazón.

Natividad Cantero disparó a su exmarido, Andrés Toro, con una pistola prestada por su tío materno, coleccionista de armas. El pariente fue quien la delató a la guardia civil.

Tras el asesinato de su marido, Natividad Cantero Sánchez empezó a perder peso vertiginosamente. Llegó a adelgazar hasta 20 kilos en mes y medio. Su rostro se tornó demacrado y ojeroso.

Sus vecinos, conmocionados por la violenta pérdida -al esposo, Andrés Toro, lo habían asesinado de dos tiros el 15 de junio en un chalé que la familia se había construido en una lujosa urbanización a las afueras de Sevilla- la compadecían. Era «una familia de toda la vida marcada por la tragedia», cuenta su vecina de enfrente mientras saca brillo con una paño a la puerta de su bajo, ubicado en un complejo bien, en pleno centro sevillano.

Natividad Cantero intentaba llevar una vida de lo más normal: atendía a su madre enferma, cuidaba de su nieta y echaba una mano de cuando en cuando en el bar de desayunos que posee su yerno una calle más arriba de su casa. La procesión, creían sus conocidos, iría por dentro.

En realidad, según las investigaciones de la Guardia Civil, lo que consumía las carnes de esta mujer de 52 años, rubia y «encantadora», era cargar sobre sus hombros con la muerte de su esposo, al que habría asesinado en un intento de poner fin a un tortuoso proceso de separación cuajado de disputas económicas.

El chalé donde Andrés Toro amaneció cadáver, en la urbanización La Juliana, en Bollullos de la Mitación, a unos 15 kilómetros de Sevilla, fue el detonante. Natividad había logrado quedarse con las propiedades de la capital pero sólo con la mitad de esa casa. La ansiaba para ella y sus dos hijos y, según su círculo familiar, le escocía pensar que podía caer en manos de la mujer con la que Andrés Toro mantenía una incipiente relación.

Llevaba tiempo presionando inútilmente al esposo con llamadas y visitas a escondidas en las que robaba documentos personales y profesionales de Andrés, un alto ejecutivo del BBVA encargado del cobro a morosos en Andalucía y Extremadura. Natividad tenía acceso permanente al chalé, poseía un juego de llaves y lo usaba cuando quería.

«No me va a matar»

Los hermanos de Andrés le habían rogado que cambiase las cerraduras, pero él se negó. «Matarme no me va a matar», cuenta un pariente cercano que decía dando poca credibilidad a las amenazas que Natividad había verbalizado en más de una ocasión y en el marco de alguna de sus broncas: «Si te vas, te mato».

Pese a los habituales exabruptos de Natividad, cuando el pasado 29 de julio la Guardia Civil la detuvo en su casa de la calle Pascual de Gayangos, en Sevilla, la sorpresa fue mayúscula. Su propio tío la había delatado.

Natividad tenía una pistola de calibre corto, como la que había empleado el asesino de Andrés Toro, contó el pariente a los agentes. Él mismo la había oído confesar el crimen. La mujer, emulando a la abogada Dolores Martín Pozo -en prisión acusada de contratar al sicario que asesinó a su exmarido, Miguel Angel Salgado, en marzo de 2007- había entrado por la puerta grande en la lista de viudas negras.

Era el inesperado final de una relación iniciada cuatro décadas atrás cuando Andrés, un adolescente llegado a Sevilla de un pequeño pueblo de Cádiz, Puerto Serrano, quedó prendado de ella. Siete años después iniciaron un matrimonio en el que el dinero siempre fue un motivo de continuas discusiones.

Andrés Toro, 59 años, había alcanzado un nivel de vida envidiable fruto de una larga carrera que inició casi siendo un niño. Tras trabajar en un laboratorio del entonces Ministerio de Obras Públicas, aprobó unas oposiciones del Banco Occidental que acabó siendo engullido por el BBVA.

Fue uno de los momentos más importantes de su vida y el fin de una etapa de apuros económicos que le llevó, incluso, a cuidar de las vacas de la familia en la casa solariega de Puerto Serrano donde su padre ejerció de caminero. Andrés no pisó un colegio hasta los 13 años.

Natividad tampoco había conocido el lujo en su infancia, aunque la posición económica de su familia era bastante desahogada puesto que su padre era empleado del Banco Exterior de España.

Carrera comprometedora

Ya casados, Andrés se dedicó a desarrollar una prometedora carrera profesional hasta ganarse el puesto de director del Centro Especial de Recuperaciones del BBVA en Andalucía y Extremadura. Ella se volcó en los dos hijos que tuvo el matrimonio: Natividad, de 31 años, economista, casada y madre de una niña de dos años, y Andrés David, estudiante de 18 años recién cumplidos que su padre no llegó a celebrar.

Cuentan sus parientes que las peleas en la pareja eran el pan de cada día hasta que, poco a poco, Andrés optó por no plantar batalla y se rindió al carácter de su mujer. Incluso pidió a sus hermanos -Manuel y María- que aceptasen a Natividad tal y como era «porque la quería». Aún así las cosas no mejoraron y comenzó a masticar la idea de la separación.

Hace dos años dio el paso. Empezó por dejar de frecuentar la residencia familiar de la calle Pascual de Gayangos y acabó trasladándose al chalé de Bollullos de la Mitación. Una lujosa casa, recién construida, en la que la pareja había proyectado mudarse, años atrás, en busca de tranquilidad.

A la par, Andrés pidió a su empresa la prejubilación. Planeaba vender su parte del chalé y alejarse todo lo posible de Natividad, que no le dejaba hacer su vida.

La Natividad con la que él tenía que lidiar era muy diferente de la mujer de modales exquisitos, siempre pendiente de los suyos que se mostraba ante el vecindario. Y discreta, muy discreta. Tanto, que ni los vecinos con los que mantenía relación desde hace décadas sabían que se había separado.

Incluso durante el duelo hizo gala de su carácter reservado. Cuenta su vecina de enfrente que intentó dar el pésame tras el fallecimiento de Andrés y que la hija no se lo permitió. «Me dijo que era mejor que no entrara, que estaba muy mal y que no paraba de llorar», relata.

Interpretaba bien el papel de viuda desconsolada. Ni siquiera se amilanó cuando fue detenida o cuando tuvo que prestar declaración ante el juez que le envió a prisión incondicional acusada de un presunto delito de homicidio, tenencia ilícita de armas, allanamiento de morada y revelación de secretos. Siempre proclamó.

De acuerdo con la reconstrucción de los hechos realizada por la brigada de Policía Judicial de la Benemérita y respaldada por el juez instructor Javier Carretero, Natividad Cantero visitó a Andrés Toro el domingo 15 de junio, a plena luz del día, probablemente después de concertar por teléfono una cita con su todavía marido. Quería volver a hablar con él de la dichosa casa.

La presunta homicida llegó a la urbanización La Juliana en su coche. El vigilante de la entrada la dejó. Como la conocía no anotó su nombre ni la matrícula del coche. Andrés le abrió la puerta del número 4 de la calle Retama. Estaba solo, como de costumbre. Ambos se dirigieron al salón de la vivienda, donde estuvieron conversando durante algún tiempo, sentados en dos sillas que la Guardia Civil encontró enfrentadas y fuera de su ubicación normal.

En algún momento, la charla derivó en una discusión y Natividad sacó el arma que había conseguido de un tío suyo, coleccionista. Apretó el gatillo. Dos veces. Como para asegurarse de que cuando saliese de la casa lo haría como viuda. El cuerpo sin vida de Andrés quedó tirado en el suelo del salón, junto al sofá.

Pasaron más de 24 horas hasta que una compañera de trabajo, precisamente la nueva pareja de Andrés, se alarmó al ver que éste no acudía al trabajo ni contestaba al teléfono. Le envió un mensaje de texto preguntándole si estaba bien. Sorprendentemente, recibió un sms en blanco. Su presunta asesina se había quedado con su teléfono móvil para inspeccionar sus llamadas.

Natividad Cantero ocupa ahora una celda del Centro Penitenciario de Sevilla. Recluida en el módulo mixto de presos preventivos a la espera de que concluya la instrucción y de que un tribunal decida su suerte, comparte celda con una presa común y en su mismo módulo se encuentra Isabel García, la esposa del más odiado pederasta de este país, Santiago del Valle, trágicamente famoso por ser el autor del secuestro, violación y muerte de la pequeña Mari Luz Cortés.

Riesgo de suicidio

Los funcionarios que tratan con Natividad afirman que está relativamente tranquila, que no parece excesivamente afectada por su situación y que respeta el régimen de vida de la cárcel sin protestar. Pese a ello, la dirección de la prisión ha ordenado que se la someta a una vigilancia intensiva y ha activado el protocolo con el que cuenta la cárcel ante el riesgo de que un interno pueda intentar suicidarse.

Natividad espera aún la primera visita, aunque podría acabar teniendo, incluso, como compañero en prisión a algún miembro de su familia. Su hija, Natividad Toro, podría ser juzgada por obstrucción a la Justicia, después de presionar al testigo principal del caso, su tío abuelo, para que modificase su testimonio y exculpase a su madre.

El juez instructor ha solicitado también a la Fiscalía de Menores que investigue la posible implicación de su hijo -acaba de cumplir 18 años pero era menor de edad cuando se produjeron los hechos- en el asesinato. La familia, o al menos una parte, permanece unida.


Asesinato en familia

Lidia Jimenez – El País

17 de agosto de 2008

Andrés Toro Barea, cobrador de morosos del BBVA, fue hallado muerto en el salón de su casa el pasado 15 de junio. Tenía dos tiros en el pecho. Su asesinato en una urbanización de lujo a las afueras de Sevilla apunta a un móvil pasional y a intereses económicos. Pero estos últimos no tienen que ver con su empleo, como creyó en un principio la Policía.

Su exesposa, Natividad Cantero, está en prisión incondicional desde hace un mes, acusada del asesinato. Toro y ella llevaban un año separados y estaban en trámites de divorcio. Los dos hijos del matrimonio también han sido imputados: la mayor, de 31 años, por obstrucción a la justicia y el menor, que acaba de cumplir 18, por cooperación.

El juez que instruye el caso, Javier Carretero, del juzgado de Sanlúcar la Mayor, ha levantado «parcialmente» el secreto de sumario. Entre los datos revelados consta que el hijo del matrimonio, Andrés David Toro, pudo colaborar en el homicidio. Así figura en el informe que ha remitido a la Fiscalía de Menores.

Natividad declaró ante este juez que ella y su hijo habían sido víctimas de sucesivos maltratos. No se declaró culpable, pero reconoció que había entrado en la casa de su expareja y se había apoderado de papeles y cartas personales en las que, según fuentes del caso, se evidenciaba la relación de su ex con otra mujer.

El chalé donde se produjo el crimen se encuentra en la urbanización La Juliana, a 20 kilómetros de Sevilla. Tiene 400 metros cuadrados, jardín y piscina. «Podría costar más de un millón de euros», cifra un vecino. «Dicen que, además, Toro tenía empresas millonarias a nombre de su familia», aporta otro. Y continúan las hipótesis: «Ni los hijos ni la mujer querían compartir la fortuna con la nueva mujer».

A esta exclusiva urbanización de 200 propietarios ubicada en Bollullos de la Mitación (Sevilla) llegó a las 9.10 del lunes 16 de junio una mujer de unos 40 años, muy nerviosa. Insistía a gritos, frente a la garita de seguridad, en que a su compañero del BBVA, Andrés Toro, le había pasado algo. «No ha venido a trabajar y no contesta a mis llamadas», gritaba la mujer.

Insistía en que Toro, de 59 años, padecía del corazón, por lo que temía «lo peor». El vigilante se niega a entrar en la vivienda sin permiso, tal y como le pedía la mujer. Llama a la hija de Toro, que tarda casi una hora en llegar. Ésta abre la puerta: la casa está ordenada, los adornos de la mesa sin tocar y la televisión encendida. En el suelo, tras el sofá, yace Andrés Toro. Llevaba 17 horas muerto.

El relato de los hechos es de Jesús Martín, el vigilante que encontró el cadáver. «No había restos de sangre», recuerda. «Sólo me llamó la atención la herida que tenía en la clavícula». Por ahí entró una de las balas, que salió por la espalda. El otro disparo, a bocajarro, se localizó más abajo, a la altura del pecho.

Cuando Natividad, ama de casa de 52 años, ingresó en prisión nadie en La Juliana se lo podía creer. «¿Cómo alguien va a pensar algo así?», coincidía la mayoría. La esposa no acudió al chalé cuando se encontró el cuerpo tiroteado de su exmarido, ni tampoco al Instituto Anatómico Forense. Ni al entierro en Sevilla.

Fuentes del caso consideraron la declaración de la mujer ante el juez de «una frialdad impresionante». El vigilante de seguridad tampoco recuerda que el hijo, Andrés David, apareciera en la residencia el día de la muerte del padre. La hija fue la única que se acercó. Se la escuchó gritar: «¡Lo sabía! ¡Lo sabía!»

Andrés Toro nació en una familia humilde de Puerto Serrano (Cádiz). De pequeño «tuvo que cuidar vacas para ganar algo de dinero», recuerda desde el pueblo su tío Francisco Toro Luna, que dice que no ha «levantado cabeza» desde el asesinato.

A los 14 años, la familia de Andrés se trasladó a Sevilla porque al padre, que era peón caminero, le «salió trabajo en la capital». Allí aprendió a leer, «estudió Administración y se colocó en un banco, porque era muy listo», explica otro tío, Manuel, que reside en Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Al poco tiempo se enamoró de Natividad.

Toro llevaba cuatro años como director del Centro Especial de Recobros (CER) del BBVA en Andalucía oriental. Gestionaba el cobro a morosos y la recuperación de créditos. Por aquí comenzaron las indagaciones de la Guardia Civil buscando un posible «ajuste de cuentas».

Pero muy pronto descubrieron que la puerta de la vivienda no había sido forzada, no había ventanas rotas ni señales de forcejeo. Parecía claro que la víctima conocía bien a la persona que entró en el domicilio aquel domingo.

En el club social de La Juliana, cuya cuota de entrada son 3.000 euros, recuerdan cómo dejaron pasar a algunos compañeros de Toro «muy trajeados» el día del descubrimiento del cadáver. «Hablaban muy bajo sobre la posible venganza de algún moroso», explica una testigo. También la hija del directivo se desplazó hasta el recinto. «Pidió una tila. Estaba pálida y no hablaba nada», detalla una camarera.

Entre los conocidos de la pareja comenzaron los rumores sobre los posibles celos de la exesposa. Los pocos vecinos que acceden a hablar, son escuetos: «Aquí nadie se mete en la vida de nadie», afirma un vecino de la calle paralela a la de Toro mientras cuida el jardín.

Alguno asegura que Natividad era una mujer «muy normal y muy correcta» a la que veían algunas veces por la casa. Otros dicen que era «muy seria, como él».

Los hay que sospechan del crimen pasional porque Toro estaba viéndose con una chica joven: «Dicen que la novia tiene 22 años y no es española, más bien morenita», se atreve a decir un conocido que acto seguido se arrepintió de haber hablado.

El domingo, último día en que se vio al empresario con vida, éste salió a podar las palmeras de su cuidado jardín. Cuando acabó, metió los sacos llenos de ramas en el maletero de su mercedes C-220 negro. Regresó a casa y recibió la visita de alguien, que acabó matándole. Uno de los detalles confusos del caso no es confirmado ni desmentido por la policía: el teléfono móvil del fallecido no aparece.

La autopsia mostró que Andrés Toro había fallecido sobre las 17.00 del domingo. Seis horas después, alguien envió un mensaje de texto desde su móvil. Iba dirigido a la mujer que llegó apurada a buscar al empresario el lunes. Fue lo primero que le dijo a la policía, según testigos presenciales. Era un mensaje en blanco.

Tampoco ha aparecido, y esto sí se ha confirmado, la pistola de nueve milímetros de la que salieron las dos balas mortales. El arma coincide con la que un tío abuelo de Natividad declaró haber regalado hacía 15 años. De hecho, éste fue el testigo que llevó a la policía a detener a la exesposa.

El juez Carretero da «casi por zanjado» el caso, a la espera de una posible apelación. Y ya ha pasado un mes desde el crimen. Tras la verja del chalé de La Juliana, el pasado viernes, aún se veían las tijeras de podar que el empresario usó antes de morir. Y los sacos con ramas secas apoyados contra la verja. Muy cerca está aparcado el Mercedes, cubierto de polvo.


Un crimen de andar por casa

El Correo

15 de septiembre de 2009

Dos tiros derribaron a Andrés Toro Barea, que cayó junto a la silla que había ocupado poco antes junto a su asesino. La casa estaba en perfecto orden, ninguna ventana ni la puerta habían sido forzadas. Es lo primero que llevó a la Policía a pensar que el directivo de banca, de 55 años, conocía a la persona que le disparó, a corta distancia, con una pistola de nueve milímetros en el hombro y el tórax.

Las sospechas apuntaron en un primer momento a alguien relacionado con el trabajo de Andrés, que ocupaba un alto cargo en el Centro Especial de Recuperaciones del BBVA de Andalucía occidental, encargado del cobro a morosos y la recuperación de créditos.

Pero el 31 de julio, el juez que instruye el caso ordenó prisión preventiva para la esposa de Andrés, Natividad Cantero, de 52 años, a la que se acusa de homicidio, tenencia ilícita de armas, allanamiento de morada y revelación de secreto. El matrimonio llevaba un año separado y Andrés había iniciado los trámites del divorcio.

Las pruebas parecen ponerse en contra de la imputada. El vigilante de la urbanización declaró haberla visto junto a su hijo en la escena del crimen en la hora previa al asesinato. El teléfono móvil del fallecido podría haber aparecido en su poder. Además, un tío de la detenida acudió a la Policía y confesó haberle regalado años atrás una pistola del mismo calibre que la empleada en el homicidio.

El arma aún no ha aparecido -se baraja que fuese arrojada al Guadalquivir- pero las piezas comienzan a encajar. Tras tomar declaración a Natividad, el juez, Javier Carretero, del juzgado de instrucción número 1 de Sanlúcar la Mayor abrió diligencias contra la hija del matrimonio, Natividad Toro, de 31 años, por obstrucción a la justicia después de que varias personas presenciasen cómo trataba de convencer a su tío para que cambiase su declaración.

Otro informe devastador fue remitido a la Fiscalía de Menores. Andrés David Toro Cantero, que cumplió 18 años dos semanas después de la muerte de su padre, fue imputado como colaborador necesario en el asesinato. Actualmente está recluido en un centro de menores de Carmona.

Andrés murió un domingo, el pasado 15 de junio, sobre las cinco de la tarde. Horas antes, había estado «cortando una palmera de su casa» y se acercó a la garita de seguridad a tirar los restos, según relata Diego Jiménez, el vigilante de la urbanización La Juliana, a las afueras de Bollullos de la Mitación.

Desde que se separó de Natividad, Andrés vivía solo en un chalé de La Juliana. Su familia acudía «esporádicamente» a verle, recuerda el vigilante.

Diego estaba de guardia aquel día en la garita de entrada de la urbanización. «Fui la última persona en verle con vida, me comentó que a ver si le daba tiempo a terminar de arreglar el jardín porque esperaba visita», relata.

Entre las 16.00 y 16.15 horas, llegó la visita que esperaba Andrés. Eran su exmujer y su hijo. Entraron en la urbanización y se marcharon del lugar sobre las 17.00 horas, según cuenta Diego. «No apunté la matrícula del coche en el parte porque les conocemos», declaró el vigilante a la Policía.

De momento, nadie sabe lo que pasó en la casa durante el encuentro ni si alguien más acudió una vez que madre e hijo se marcharon. Tampoco nadie escuchó los dos disparos, probablemente, porque el chalé está ubicado entre dos solares y frente a otras casas en construcción.

La mañana del lunes 16 de junio, sobre las 9.30 horas, una compañera de trabajo contactó alarmada con la urbanización La Juliana. Pedía que comprobaran si Andrés había dejado algún número de teléfono para casos de emergencia. Según la mujer, el directivo no había acudido a su trabajo y temía que le hubiese ocurrido algo porque padecía problemas cardiacos.

El vigilante contactó con el presidente de la urbanización y comprobaron que el coche de Andrés estaba aparcado junto a la casa. Llamaron a la hija del fallecido, quien acudió con su marido. «Pensábamos que habría sufrido un infarto, por lo que ella se quedó fuera de la casa y entró su marido. Andrés Toro estaba tirado junto a la silla y sólo cuando el juez ordenó el levantamiento del cadáver se comprobó que había muerto a causa de las balas y no de un ataque al corazón», explicó el vigilante.

Apenas había sangre debido a que los disparos fueron realizados a bocajarro y las balas, de pequeño calibre, quedaron alojadas en el cuerpo. Según el relato del vigilante, la reacción de la hija «no fue la esperada en esas circunstancias, ni se alteró hasta un rato después».

Dentro de la vivienda todo aparecía en su lugar, excepto un cajón que estaba revuelto. Según fuentes del caso, el asesino se llevó los papeles del chalé y unos documentos del BBVA. Tampoco se encontró el móvil del fallecido y faltaba un teléfono inalámbrico.

Varias horas después de que Andrés Toro fuera asesinado, alguien envió a una mujer, supuestamente la nueva pareja de Andrés, un mensaje en blanco desde el teléfono móvil del fallecido. Un mensaje al que, según fuentes del caso, dio cobertura el repetidor de telefonía que da servicio al Edificio Goles, un bloque de pisos en el centro de Sevilla donde vivía la exmujer de Andrés.

Mientras que el entorno de Natividad prefiere no hacer comentarios, el retrato que ofrece el círculo próximo a Andrés de ella es el de una mujer cuya única preocupación era «la avaricia». Según los testimonios, la exmujer podría haber temido perderlo todo ante el divorcio.

Además, aseguran que era celosa y trataba de confirmar si su exmarido mantenía una relación con otra mujer. «Por eso envió un mensaje desde el móvil de Andrés a esa mujer, para ver si sus sospechas eran ciertas, y se llevó el teléfono de la casa para saber con quién hablaba», dice un hombre cercano a Andrés.

La desavenencia entre la pareja era conocida por todos. «Ella le maltrataba psicológicamente, el matrimonio nunca funcionó y en los últimos dos años la situación se tornó insostenible». Fuentes familiares aseguran que habían recomendado a Andrés cambiar las cerraduras de la casa. Él se negaba porque quería que sus hijos siempre pudiesen entrar. De su mujer decía: «Puede que entre, pero no me va a matar».

En cuanto a la posible implicación del hijo, personas próximas al círculo familiar le describen como «infantil e inmaduro». Según esta versión, Natividad le enfrentaba a su padre. «La madre utilizaba al hijo para que pidiera a su padre dinero y si no se lo daba le decía: ¿Ves como tu padre es malo? No te quiere». A todos les pareció extraño que el joven no acudiese a la casa ni al tanatorio tras el suceso y sólo fuese al entierro.

«La sospecha es que él tuvo que estar presente en el asesinato porque la madre le utilizaba como ariete para ver a Andrés. Si él no hubiera estado Andrés no habría abierto la puerta», cuentan y aseguran que el miedo del fallecido era perder a sus hijos. De hecho, su hijo habría evitado hablar con él durante un par de meses, «hasta que accedió a darle 3.400 euros para un curso de tatuador y el carné de conducir», dice un familiar.


«No he matado a mi marido, ojalá me hubiera muerto yo»

Noelia Márquez – Diariodesevilla.es

27 de septiembre de 2011

La acusada por el crimen de La Juliana, Natividad Cantero, niega su participación en la muerte de su marido así como la supuesta disputa por el chalé que tenían en común.

«No he matado a mi marido. Ojalá me hubiera muerto yo. Llevo más de tres años en la cárcel». Natividad Cantero, la mujer acusada por matar a su pareja, el ejecutivo del BBVA Andrés Toro, negó ayer con esta rotundidad su participación en el crimen.

Esta mujer, que lleva más de tres años en la cárcel, se enfrenta a un total de 25 años y medio de prisión por la muerte de su marido, que falleció desangrado el 15 de junio de 2008 tras recibir dos disparos en un chalé en la urbanización La Juliana (Bollullos de la Mitación).

Durante su declaración en la primera jornada de este juicio en la Audiencia Provincial, Natividad Cantero relató que pasó todo el día 15 de junio de 2008, fecha del crimen, junto a su hijo hasta que acudió al Hospital Virgen del Rocío, por la tarde, a visitar a su madre ingresada por problemas de corazón.

Tras media hora de interrogatorio y ante el jurado, la acusada se derrumbó y no pudo impedir las lágrimas. A preguntas de la fiscal sobre la muerte de Andrés Toro, Natividad volvió a insistir: «No he disparado a mi marido. No iba a hacer ese daño a mis hijos. No he matado a nadie. Estoy en la cárcel».

Natividad, que se consideró víctima de este proceso y afirmó tener la conciencia «muy tranquila», también negó en varias ocasiones las supuestas amenazas de muerte a su marido meses antes de su muerte: «Jamás he espiado a mi marido». «Nunca lo he amenazado».

Sobre el móvil económico que mantiene la acusación, concretamente por el chalé de La Juliana, donde se cometió el crimen, la acusada también negó que pidiera a la víctima que lo pusiera a nombre de sus dos hijos. «Esa operación cuesta mucho dinero, es absurdo», argumentó. «Yo quería vender el chalé y repartir el dinero», añadió.

En el escrito de la acusación de la Fiscalía consta, no obstante, que la «las disputas entre la pareja eran frecuentes sobre todo motivadas por los celos de la acusada y la liquidación del régimen de gananciales, fundamentalmente porque la acusada quería que el chalé sito en calle Retama número 4 de la urbanización La Juliana en Bollullos de la Mitación, lugar de residencia de Andrés Toro y del que cada uno tenía el 50% de la propiedad, lo pusiera a nombre de sus hijos».

En cuanto a la pistola que supuestamente se utilizó en el crimen y que, según la acusación, se la proporcionó a Natividad Cantero un tío suyo, la acusada también lo negó tajantemente: «Nunca he tenido una pistola». Y sobre los cartuchos hallados en su dormitorio, la acusada dijo que no tenía ni idea que estuvieran junto a objetos personales suyos y aludió a que su marido era aficionado al tiro olímpico.


El jurado declara culpable a la acusada del crimen de La Juliana

F. Pérez Ávila – Diariodesevilla.es

6 de octubre de 2011

El jurado declaró ayer culpable a Natividad Cantero Sánchez del asesinato de su marido, el ejecutivo del BBVA Andrés Toro Barea, que falleció desangrado el 15 de junio de 2008 tras recibir dos disparos en el pecho en su chalé de la urbanización La Juliana, en Bollullos de la Mitación.

Vestida completamente de negro y en todo momento cabizbaja, la acusada asistió pasado el mediodía de ayer a la lectura del veredicto, que se demoró dos días al no haber unanimidad en el tribunal.

Natividad Cantero no hizo ningún gesto mientras oía, impasible, de boca de la portavoz del jurado que siete de los nueve miembros del mismo la consideraban autora material del asesinato de su marido, del que llevaba separada ya más de un año.

Tampoco dijo nada en público al terminar la sesión y se limitó a intercambiar unas palabras con su abogado, Manuel Castaño, que anunció que recurrirá la sentencia una vez que ésta se conozca.

El tribunal también halla culpable a la acusada de un delito de tenencia ilícita de armas, puesto que no tenía licencia para disponer del arma de fuego con la que, según el jurado, mató a su marido. Esta pistola se la había entregado un tío de la acusada, cuya declaración ha supuesto una de las pruebas fundamentales para el veredicto de culpabilidad.

De hecho, la portavoz del jurado recalcó que el tío de la acusada conocía incluso que los proyectiles del calibre 9 milímetros que disparaba el arma -que nunca se encontró- eran de color plateado, idénticos a los hallados en el chalé de La Juliana.

Otras pruebas importantes han sido los informes de los forenses, que dejaron claro que Andrés Toro Barea había muerto sin ocasión de defenderse puesto que no tenía heridas de lucha o pelea. Esos disparos fueron efectuados a menos de un metro y medio de distancia, como haría un tirador sin experiencia, y el segundo de ellos se hizo cuando la víctima ya estaba herida y caída en el suelo.

El tribunal también tuvo en cuenta las declaraciones de los familiares de la víctima, que destacaron a lo largo del juicio la «animadversión» de la acusada hacia su marido y las «múltiples amenazas» que éste había recibido. Los testigos aseguraron haber oído decir a Natividad Cantero que «lo mataría si encontrara alguien a quien contratar» y «que tenía que pegarle dos tiros».

Otro testimonio al que el jurado ha dado valor es el del guarda de La Juliana, que sostuvo que la acusada llegó a las tres de la tarde del día 15 de agosto y se marchó una hora después, pese a que no registró la visita.

A estas pruebas se le añade el tráfico de llamadas perdidas del móvil del ejecutivo, que Natividad se llevó consigo y que dio a la Guardia Civil pistas sobre el recorrido de la víctima gracias a las antenas de telefonía, primero en su casa del centro de Sevilla y después en las inmediaciones del Hospital Virgen del Rocío, donde visitó a su madre, que se encontraba ingresada.

Sin embargo, el jurado sí absolvió a la acusada del otro delito que se imputaba, el de allanamiento de morada. El tribunal considera probado que Natividad Cantero conservaba un juego de llaves del chalé en el que vivía su marido y que éste consentía su entrada en la vivienda. Incluso sabía que la acusada había estado en un par de ocasiones en la casa de La Juliana aprovechando alguna ausencia suya.

El Ministerio Público, que estuvo representado por la fiscal jefe de Sevilla, María José Segarra, ha mantenido su petición de 20 años de cárcel por asesinato y de un año y medio por la tenencia de armas, eliminando los delitos de allanamiento y revelación de secreto -este último ya fue retirado del objeto del veredicto-.

Igualmente, la fiscal jefe pidió que se le prorrogue la prisión preventiva hasta el límite de la mitad de la pena impuesta para evitar que la acusada pueda salir en libertad en el caso de que pasaran cuatro años desde la detención y no hubiera todavía una sentencia firme. Además, el Ministerio Público solicitó una indemnización para cada uno de los dos hijos de la pareja de 120.000 y 80.000 euros.

La acusación particular, ejercida por la abogada Esperanza Lozano, mantuvo la petición por asesinato y elevó hasta dos años la pena por la tenencia de armas. Por su parte, el letrado de la defensa, Manuel Castaño, aseguró que respeta el veredicto pero que no está de acuerdo con él, por lo que recurrirá al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) una vez que la sentencia sea firme.

El jurado también se mostró desfavorable a cualquier petición de indulto hacia la acusada o de suspensión de la pena.


Natividad Cantero es condenada a 19 años por matar a tiros a su marido

Jorge Muñoz – Diariodesevilla.es

16 de noviembre de 2011

La Audiencia de Sevilla ha condenado a 19 años y medio de prisión a Natividad Cantero por el asesinato de su marido, el ejecutivo del BBVA Andrés Toro Barea, al que realizó dos disparos a corta distancia el 15 de junio de 2008 en su chalé de La Juliana, en Bollullos de la Mitación.

La sentencia de la Audiencia se produce después de que el jurado popular que enjuició el caso la hallara culpable de los delitos de asesinato y tenencia ilícita de armas, y ahora la juez Esperanza Jiménez le ha impuesto una pena de 18 años por el primer delito, y año y medio por segundo. Natividad Cantero, encarcelada desde que fue detenida, también deberá indemnizar con 40.000 y 120.000 euros a sus dos hijos.

El fallo recoge como hechos probados que en la tarde del 15 de junio de 2008, Andrés Toro falleció tras recibir dos disparos realizados a menos de dos metros de distancia, el segundo de ellos cuando ya se encontraba herido y caído en el suelo. Ambos disparos fueron realizados por Natividad Cantero, de la que estaba separado de hecho, y que se desplazó desde su domicilio en Sevilla hasta el chalé de La Juliana.

El arma empleada era una pistola del calibre nueve milímetros que le había proporcionado unos años antes un tío político suyo, que luego fue incapacitado pero cuyo testimonio prestado en la fase de instrucción fue valorado por los miembros del jurado.

La sentencia considera también probado que la mujer accedió al chalé valiéndose de un juego de llaves del inmueble que poseía a pesar de la separación conyugal, lo que le permitió acceder a la parcela y luego, «de forma sorpresiva», llegar hasta el salón de la vivienda donde se encontraba su marido, al que disparó sin que éste tuviera ocasión de defenderse.

La magistrada asegura que la escasa distancia a la que se efectuaron los disparos, ambos dirigidos al pecho y uno cuando la víctima ya estaba tendida en el suelo, revelan «a la par que un evidente ánimo de acabar con la vida de Andrés Toro, una merma de las posibilidades de defensa», lo que justifica que en su muerte concurra la circunstancia agravante de alevosía y, por tanto, la condena por el delito de asesinato. Avala este extremo el hecho de que los disparos fueron realizados «de forma sorpresiva e inesperada», cuando la víctima se hallaba descansando en el salón tras haber almorzado y viendo la tele.

La juez destaca la «prolija, lógica y bien fundada argumentación que los miembros del tribunal del jurado» dieron a las cuestiones que se le plantearon en el juicio, extrayendo las opiniones que vertieron en el veredicto de las declaraciones que se expusieron en el juicio.

Así, destaca la sentencia que el jurado valoró la declaración del vigilante de La Juliana que aseguró que aquella tarde del 15 de junio de 2008 vio pasar a la acusada sobre las tres de la tarde -la data del crimen se fijó entre las dos y las cuatro-, el testimonio del tío político, que afirmó que la acusada confesó que había matado a su marido, o las declaraciones de otros testigos que aseguraron que la acusada había amenazado de muerte a Andrés Toro.

El jurado también valoró el informe sobre el registro de llamadas del móvil del fallecido, que van describiendo los movimientos de la acusada tras el crimen.

La abogada Esperanza Lozano, que ejerció la acusación particular, sostuvo en el juicio que el móvil económico fue el detonante del crimen, dado que la acusada quería quedarse con la finca de La Juliana, así como con el plan de pensiones de la víctima, su seguro de vida e incluso la pensión de viudedad.


El Supremo sentencia que Natividad Cantero asesinó a su marido en La Juliana

Jorge Muñoz – Diariodesevilla.es

29 de noviembre de 2012

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 19 años y medio de cárcel que la Audiencia de Sevilla y el TSJA impusieron a Natividad Cantero por el asesinato de su marido, el ejecutivo del BBVA Andrés Toro Barea, al que efectuó dos disparos a corta distancia el 15 de julio de 2008 en su chalé de la urbanización La Juliana.

La sentencia del Tribunal Supremo ha desestimado los cinco motivos que planteó en su recurso la defensa de Natividad Cantero, entre ellos que no había pruebas directas que la acusada fue la autora del crimen.

Los magistrados del Alto Tribunal coinciden con el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) en que la condena está apoyada en «prueba indiciaria suficiente», algo que argumenta en la declaración del vigilante de la urbanización de Bollullos de la Mitación, que vio a la acusada en el tiempo en el que se produjo el asesinato, y en la posición del teléfono móvil del fallecido que recogieron las antenas repetidoras y que coincide con los movimientos de la acusada.

Entre los indicios, el Supremo recuerda que Natividad Cantero poseía una pistola que le había proporcionado un tío político suyo -que fue incapacitado pero cuyo testimonio en la fase de instrucción fue valorado por el jurado- y también la «tensión» que existía entre la víctima y su mujer, y que fue corroborada por una «abundante prueba testifical».

La sentencia también considera acreditado que la conducta de la procesada constituyó un delito de asesinato con alevosía, por cuanto su ataque sobre Andrés Toro fue «sorpresivo y sin posibilidad de defensa», y para ello se basa en la declaración del tío político, que relató cómo Natividad Cantero confesó que mató a su marido -una declaración de la que después se retractó- y por los datos objetivos extraídos de la pericial de balística y médica respecto a que el fallecido estaba desarmado, no había ninguna lesión de defensa, produciéndose los disparos desde muy cerca y el segundo cuando ya estaba caído y en el suelo.

La defensa alegó, para tratar de «debilitar la solidez de los indicios incriminatorios» -relata la sentencia-, que se había silenciado que la compañera sentimental de Andrés Toro dio positivo en la prueba de pólvora en sus manos y que fue la primera persona que acudió al domicilio del fallecido.

Los magistrados recuerdan que no sólo en esta mujer, sino también [en] un compañero de trabajo y en el conserje de la urbanización, aparecieron residuos de pólvora, por lo que «la explicación de que pudieron entrar en contacto con el cadáver y pudieran quedar impregnados de pólvora es toda razonabilidad, y sobre todo este dato carece de toda capacidad de debilitar la evidencia incriminatoria contra la recurrente».

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