Mario Iglesias Rodríguez

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Mario Iglesias

El doble crimen de Laredo

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Móvil desconocido
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 17 de agosto de 2014
  • Fecha de detención: Mismo día
  • Fecha de nacimiento: 1962
  • Perfil de las víctimas: Mercedes García, de 42 años, y su padre, Gabino García, de 71
  • Método de matar: Apuñalamiento
  • Localización: Laredo, Cantabria, España
  • Estado: Condenado a 40 años de prisión el 21 de octubre de 2015
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Mario Iglesias – Mueren apuñalados una mujer y su padre en la playa de Laredo

Juan Mari Gastaca – El País

18 de agosto de 2014

Mercedes García, de 42 años, natural de la localidad alavesa de Llodio, y su padre, Gabino García, de 71, murieron en la tarde de ayer en Laredo (Cantabria) tras ser apuñalados en la playa de La Salvé por un hombre que fue detenido poco después del crimen.

El doble homicidio se produjo a las 18.40 en una zona denominada Los Pinos, de uso muy frecuente por los bañistas y próxima a una escuela de surf.

El agresor, que pasó la noche en los calabozos de la Policía Municipal de la localidad cántabra, pasará hoy a disposición judicial. Esta decisión coincidirá con las acciones de repulsa decididas por los alcaldes de Laredo y de Llodio, donde residía Gabino García, ya jubilado de la empresa Vidrala.

Según los testimonios recogidos entre personas que se encontraban en el lugar de los hechos, el agresor había sido visto previamente corriendo por una zona de dunas. Minutos después, decidió esperar a que sus víctimas se aproximaran al acceso a una de las zonas de baño situadas en la mitad de esa concurrida playa.

Cuando se topó con ellas, comenzó a atacar a machetazos a la mujer en zonas vitales como la yugular y el corazón. Las heridas causaron su muerte pocos minutos después. El forense certificó el óbito a las ocho de la noche.

El padre de la víctima salió rápidamente en su defensa y también fue alcanzado, sufriendo heridas de carácter grave. Tras ser atendido de urgencia en la playa por el propio jefe de los socorristas de la Cruz Roja y por un médico y una enfermera que se encontraban en la zona, fue trasladado al Hospital Marqués de Valdecilla de Santander, donde falleció sobre las nueve de la noche, según informó la Delegación del Gobierno en Cantabria.

La esposa y madre de las víctimas, también de 71 años, se había quedado en el domicilio que esta familia posee desde hace años en la localidad cántabra. El matrimonio es natural de Llodio, donde seguía residiendo, aunque su hija ya no estaba empadronada en esta ciudad.

Varios niños que se encontraban en la zona alertaron a sus padres de que «una mujer estaba dando gritos porque la estaban matando» y de que habían visto a «un hombre sangrando».

Fue entonces cuando un policía local de Laredo que se hallaba fuera de servicio en la zona de bañistas persiguió al agresor, a quien capturó en la misma playa. Tras retenerlo en el suelo, varias personas le prestaron ayuda mientras se sucedían las escenas de incredulidad en los tramos del arenal más próximos.

Algunas fuentes indicaban anoche que la detención del supuesto homicida había sido realizada por dos ertzainas, circunstancia que fue negada después por fuentes de la propia policía vasca.

El supuesto autor del doble crimen, quien se hallaba ensangrentado cuando fue capturado, es natural de Bilbao, aunque su identidad no ha sido facilitada por fuentes de la investigación, que corre a cargo de la Guardia Civil. Varios agentes del instituto armado se personaron en el lugar de los hechos tras ser avisados por la Policía Municipal de Laredo.

Fuentes de la Delegación del Gobierno en Cantabria y de la Guardia Civil creen que doble homicidio no está relacionado con la violencia machista. No obstante, otras fuentes policiales señalaron que el agresor había mantenido hace tiempo una relación con Mercedes García.

Dado que el detenido había esperado a las dos víctimas en la zona del crimen, tomó cuerpo la posibilidad de que las conociera. No obstante, a última hora de la noche fuentes próximas a la Policía Local de Laredo apuntaban que el crimen era obra de «un desequilibrado» y que «cualquiera podía haber sido la víctima».

En Llodio, localidad que celebra en la actualidad sus fiestas patronales, no se conocían más detalles sobre el doble homicidio. Vecinos de este municipio que veranean en Laredo tampoco disponían de más información sobre las circunstancias del crimen. Las primeras informaciones llegadas a Llodio habían descartado que se tratara de un caso de violencia machista, aunque fuentes municipales esperaban a disponer de informaciones oficiales «más precisas».

El Ayuntamiento de Laredo celebrará a las 11.45 de hoy un pleno extraordinario en repulsa por este crimen, según anunció anoche su alcalde, Ángel Vega Madrazo, del PP. Tras el pleno, se ha convocado una concentración ante la sede municipal.

El regidor de Llodio, Natxo Urkijo, de Bildu, mantuvo una reunión de urgencia con parte de su equipo para acordar las primeras decisiones. En un principio, trasladarán sus propuestas de repulsa a los portavoces municipales durante una reunión prevista para esta mañana.


La falta de un móvil complica la investigación del crimen de Laredo

Isabel Valdés Aragonés / Juan Mari Gastaca – El País

18 de agosto de 2014

Unas cuantas sábanas blancas ondean en el tercer y cuarto piso del número 54 de la avenida de la Libertad, en Laredo (Cantabria). Dos vecinas no saben decir exactamente cuál de ellos es el apartamento donde, «desde hace años», veranean alguna que otra temporada del año Gabino García y su familia.

De ahí, en el bloque IV de la Residencia Ever, salieron la tarde del pasado domingo Gabino García y María Mercedes García en dirección a la playa. Padre e hija, asesinados a puñaladas en el arenal de La Salvé a las 18.40 de ese día por Mario Iglesias Rodríguez, de 52 años, apenas estaban a 600 metros de su casa, en la primera calle a la derecha, la calle de República de Ecuador. Anduvieron un trecho de unos 400 metros, y atravesaron las dunas que llevan hasta la playa sobre unas tablas de madera con un pasamanos de cuerdas.

En la mañana del martes no hace más de 20 grados en Laredo. Aún así, la zona de Ever está concurrida. Cafeterías, panaderías, pequeñas tiendas de barrio, una escuela de surf, un supermercado, bares… todos tienen a alguien en la puerta, entrando o saliendo. Esperando.

Las ventanas del edificio en el que Gabino disfrutó antes y después de su jubilación, junto a su mujer y sus tres hijos, reflejan las nubes que empiezan a encapotarlo todo hacia el mediodía y solo tres vecinos contestan. Repiten más o menos la misma frase: «No los conocía mucho. Eran una familia normal. No puedo decir otra cosa». Dos de ellos dan un dato más: eran testigos de Jehová.

La investigación sobre lo sucedido sigue abierta para encontrar un móvil contundente. El presunto autor del doble asesinato ha alegado «enajenación mental» ante la Policía local para explicar el crimen Es un enfermero que trabaja en un hospital de Madrid que, según explicaron a Efe fuentes de la investigación, atacó primero a la mujer asestándole 11 puñaladas con un arma blanca.

Fuentes consultadas por este diario apuntan que el supuesto asesino no tenía relación con las víctimas, y aseguran que todo fue una cuestión de mala suerte: «Les tocó a ellos». Tanto el arrestado como los fallecidos coincidían durante el verano en Laredo, donde tenían sendas casas próximas entre sí. La Guardia Civil mantiene abiertas varias hipótesis, aunque desde el principio descartó la violencia de género.

Antes de cometer el doble crimen, el presunto agresor, vecino de Bilbao aunque también tiene otra residencia en Madrid, fue visto por varias calles de Laredo. «Llevaba un aspecto desaliñado», ha admitido una persona que le reconoció tras ser detenido en el lugar de los hechos.

«Vi que era calvo, que llamaba un poco la atención por su aspecto, pero tampoco vas a pensar que va a ir a matar a alguien», ha reconocido un testigo a EL PAÍS. Además, algunos bañistas le habían observado corriendo por una zona de dunas próxima al lugar de los hechos, en los minutos anteriores al crimen.

Según las primeras pesquisas, Mario Iglesias Rodríguez esgrimió su arma blanca sin mediar media palabra con Mercedes y Gabino. Esta circunstancia permite concluir a los investigadores que «no les conocía».

No obstante, hay quien asegura que permaneció un tiempo a la espera en el mismo espacio donde dejó mortalmente heridos a padre e hija. El arrestado, a la espera de comparecer ante el Juzgado de Instancia e Instrucción número 1 de Laredo, pasa las horas en los calabozos de la Guardia Civil.

Todo sucedió un día bañado por el sol en Laredo. «Eso hizo que la playa estuviera bastante concurrida. La gente aprovecha un día así», narra un taxista que circula a menudo por esa zona mientras gira la cabeza en señal de desaprobación.

Él, como otros vecinos de la localidad cántabra, también recuerdan a los niños que alertaron del asesinato, «que tuvieran que ser unos chavalines los que lo que vieran, no hay derecho, a nada. No hay derecho a nada», dice una vecina septuagenaria de la avenida de la Libertad mientras intenta ponerle una cazadora a su nieto.

«Es verano, de junio a septiembre por aquí siempre hay gente», explica una mujer detrás de un mostrador de un bazar, casi en línea recta con la puerta de la casa de Gabino. Asegura que no los conocía, «quizás de vista, pero ahora no les pongo cara», dice mientras empieza a recoger su establecimiento.

En la pequeña tienda del bajo del bloque III, una mujer entrada en los 60, de pelo miel, se posiciona sobre el mostrador con las dos manos apoyadas: «Sí. Viven ahí al lado. ¿Y qué?» Con mirada desconfiada, se gira y atiende a un cliente.

Un conductor de taxi cuenta entretenido que varias personas le han asegurado que los padres del detenido tienen un apartamento en la zona de Los Pinos, al lado del bloque IV, el de la familia García. El dato abre nuevas conjeturas en los corros de la zona más viva de Ever.

Ni las fuentes oficiales ni los vecinos logran dar la respuesta correcta a la pregunta que todos se hacen: ¿Se conocían las víctimas y el presunto asesino?

Txaro Sarasua, concejala del PSE-EE en Llodio, explica que, según lo que ella sabe, eran una familia conocida en la localidad alavesa: «Tanto Mercedes como su hermana melliza hacía años que no vivían en Llodio, y trabajaban en el extranjero. En Suecia, ha dicho esta mañana su tío. Gabino trabajó en la fábrica de vidrio y ahora su hijo también trabaja allí».

Desde la fábrica de vidrio, Vidrala, no van a emitir ningún comunicado ni quieren hablar sobre lo ocurrido: «Es todo muy doloroso y personal, no tenemos nada que decir», dice la jefa de Recursos Humanos de la empresa.

En Laredo, el alcalde Ángel Vega lleva más de 24 horas sin dormir: «No he podido pegar ojo, tengo un nudo en el estómago». Afectado y nervioso espera que las investigaciones lleguen a una conclusión lo antes posible y sigue sorprendiéndose cuando piensa en el detenido: «Yo no lo he visto, pero sé que ha pasado la noche increíblemente tranquilo. No puedo entender cómo puede estar como si nada hubiese pasado». Vega asegura que «como mucho este martes o miércoles declarará ante el juez».

El alcalde, que habló frente al Ayuntamiento en la mañana del lunes para mostrar «toda su repulsa» en nombre de la localidad cántabra, atiende sin parar a diversos medios de comunicación, siempre cabizbajo. Todos quieren saber. Y todo está por confirmar.

Por su parte, el Ayuntamiento de Llodio ha decidido este lunes mantenerse a la espera y ha pedido el «máximo respeto» y apoyo a la familia. Según ha declarado su alcalde, Natxo Urkijo, están en comunicación con el grupo que lleva la investigación y la última noticia que han recibido es que «prácticamente descartan que sea un caso de violencia de género», pero ha pedido «mucha prudencia» a la hora de extraer conclusiones porque el presunto autor del homicidio podría estar siguiendo esta estrategia para su autodefensa.

Durante la reunión mantenida por la mañana, los representantes de los grupos políticos han coincidido en la ausencia de «datos contrastados» sobre el «alcance exacto» de los hechos ocurridos en Laredo. El Ayuntamiento hará un pronunciamiento más concreto cuando se conozca el móvil del crimen.

*****

Una familia de testigos de Jehová

Juan Mari Gastaca

Gabino García se jubiló hace casi una década en Vidrala, una de las empresas emblemáticas de Llodio, la localidad alavesa de donde era natural, y dedicada a la fabricación de botellas de vidrio para la alimentación.

Quienes trabajaron con él le recuerdan como un operario competente y de buen trato. Uno de ellos todavía derramaba más de una lágrima cuando repasaba este lunes cómo había sido el trágico final de la vida de su compañero a manos de un homicida mientras salía en defensa de una de sus tres hijos en la playa La Salvé de Laredo cuando acababa de disfrutar de una jornada de baño y descanso.

Pero fue mayor la tristeza del hijo y hermano de las víctimas que mantiene su puesto de trabajo en la empresa Aiala Vidrio, dependiente desde hace nueve años de la matriz Vidrala y también ubicada en Llodio.

Durante las primeras horas de la jornada laboral, el doble homicidio de Laredo alteró la rutina de la fábrica. Entre sus compañeros se multiplicaron las especulaciones sobre los motivos de esta brutal agresión bajo el denominador común del «horror», como ha admitido uno de ellos.

Otro de los trabajadores de Aiala Vidrio conoce bien a la familia García. Comparte con ella su condición de testigo de Jehová. En su caso, tampoco disponía de un móvil sobre el doble asesinato y, en particular, el de Mercedes García.

Esta víctima y su hermana gemela, estudiantes durante varios cursos del colegio La Milagrosa -histórico centro a cargo de las Hijas de Caridad de San Vicente de Paúl- eran conocidas en algunos sectores de Llodio por su labor dominical en favor de la propagación de la Biblia y su asistencia al templo que esta religión dispone en una de las arterias principales de la localidad. «Toda la familia es testigo de Jehová», han declarado más de un vecino de esta localidad alavesa.

Sin embargo, en Llodio se pueden recoger pocas referencias sobre la vida reciente de Mercedes. Al igual que su hermana, abandonó este valle ayalés hace varios años, donde no están empadronadas a diferencia de sus padres y de su hermano, para trabajar en Alemania.

De hecho, Mercedes, soltera y de 42 años, había decidido dejar Bruselas para compartir las vacaciones de este verano junto a sus padres en el apartamento que la familia posee en Laredo. Resultó una fatal elección.


Mario: de enfermero en Madrid a asesino en Laredo

José Ahumada – Eldiariomontanes.es

29 de agosto de 2014

Para su vecina de Laredo, era un chico encantador que echaba de comer a los pájaros y a los gatos. En Madrid, donde trabajaba de enfermero, lo recuerdan huraño, violento y conflictivo.

Cuando Gabino García comprendió que los intentos de resucitar a su hija eran inútiles, salió de la playa por la pasarela y se sentó en el murete del paseo marítimo. Los que le vieron dicen que su rostro era la pura imagen del abatimiento. «¡Pero si yo a este no le conozco de nada!», se lamentaba, quizás sin saber que el que había acabado con Mercedes también lo había matado ya a él con el par de cuchilladas que llevaba en el cuerpo.

Mientras, la mala bestia que se había abalanzado sobre ellos yacía mansa sobre la arena, sin revolverse ante el peso del policía que la mantenía inmovilizada con la pierna en los riñones.

Nadie entendía lo que acababa de pasar. Un momento antes, Mario Iglesias, un tipo bajito y calvo, en camiseta y bermudas, que se había tirado un buen rato plantado en las dunas -alguno pensó que era un mirón, porque por esa zona «se ponen más chicas en tetas»-, se fue hacia la pareja que paseaba por la orilla llena de gente y, sin venir a cuento, comenzó a apuñalar a la mujer.

Se la llevó por delante con tres golpes de precisión quirúrgica en el cuello, el pecho y el costado, como a su padre, a quien también pinchó mientras forcejeaba inútilmente con él para defenderla.

Hecho esto, envolvió el cuchillo en una bolsa de plástico, lo metió en su mochila y siguió su camino sin acelerar el paso. Nadie se lo impidió. «La gente puede decir lo que quiera, pero allí no se movía nadie», cuenta Endika Felices, de la cercana escuela de surf Pinos Laredo.

Es un chavalote curtido, que ha visto a compañeros sacar del agua el cuerpo reventado de algún suicida que se había tirado por el acantilado de La Atalaya. «Pero esto hay que estar ahí para verlo. Era una poza de sangre y todos nos quedamos paralizados». Solo un ertzaina de vacaciones que andaba por allí de casualidad le dio el alto a voces. Mario se volvió, tiró la mochila, levantó los brazos y se dejó detener.

Más de una semana después, nadie ha sido capaz de encontrar una explicación a la carnicería más allá del rapto de locura. La única vinculación entre Mario y sus víctimas es la relativa proximidad de sus residencias de veraneo en Laredo, y resulta improbable que se conociesen.

Es cierto que él pasaba sus vacaciones allí desde los 14 -ahora tiene 52-, pero desde que dejó a su familia en Bilbao para ir a trabajar de enfermero a Madrid, y de eso hacía mucho tiempo, no se quedaba más de una semana al año en el pareado de sus padres.

Por eso le había llamado la atención a Petri, su vecina, que en esta ocasión llevase tantos días allí. Por lo visto, los padres de Mario se habían quedado en casa esperando que les acabasen una obra en el baño y después se reunieron con él.

Mientras estuvo solo, hizo vida tranquila. Por la mañana salía a leer a la sombra del pequeño porche de la entrada, se volvía a meter y al rato se iba a dar un paseo por la playa. Le gustaba andar por el agua. Luego regresaba para comer.

En esta ocasión se dio el capricho de apuntarse a un curso de iniciación de hípica, una semana que pasó montando a caballo en compañía de niños y sin llamar la atención. Cada mañana acudía al picadero con su mochila -cuya sola mención pone hoy los pelos de punta-, hacía lo que le decían y no cruzaba más palabras de las necesarias. «Un poco raro sí era», se limitan a comentar.

Es verdad que Mario no era un tipo simpático con quienes no conocía: también lo dicen en una cafetería que está al lado de su casa donde siempre desayunaba un café y un pincho de tortilla. «Se ponía a leer mientras se lo tomaba y no abría la boca».

Con Petri, en cambio, era atento y educado. Como su padre, Santi, un hombre «de lo mejorcito», que siempre andaba limpiando o haciendo algo y que ahora está hundido. Este señor que trabajó de practicante en Altos Hornos y llevó una consulta de podología hasta que se jubiló, disfrutaba siempre que podía de esa segunda residencia.

«Te miraba como los toros»

De los cinco hijos, Mario es el único que se fue de Bilbao. Por eso su cara no le suena a nadie en Txurdinaga, el barrio de gente trabajadora en el que viven sus padres. Los vecinos que les conocen no hablan por respeto. En el bar Auzoa le recuerdan vagamente. «Tenía pinta de no estar muy bien. Te miraba siempre con la cabeza agachada, como los toros. Venía solo, pedía algo y no daba conversación».

«¿Que miraba raro? Todos miramos raro», dice Petri. A diferencia de otros que se cruzaron con él, ella no siente esa especie de miedo retrospectivo, y eso que estuvieron hablando tres cuartos de hora antes de que se fuese a matar.

Estaba leyendo el periódico en una mesa que tiene por la parte de atrás. «No tengo ni una queja de él. Al poco de venir, mi marido fue a su casa a ponerle los canales de la tele. Le dije que pensábamos que se había marchado porque no hacía nada de ruido. Siempre estaba leyendo y estudiando: por lo visto tenía varias carreras. Les echaba pan a los pájaros y ahí tiene una tacita que les ponía a los gatos de por aquí para que comieran».

Es más, reconoce con cierto apuro que cuando el lunes pasado le contaron que su vecino había matado a dos, pensó en otro.

El Mario que describen en Madrid parece otra persona: un tipo huraño y conflictivo con unos cuantos encontronazos con la Policía Nacional y un historial en el que, según se ha publicado, constan amenazas, lesiones y atentado contra la autoridad.

Nunca se le conoció pareja -se cuenta que ahora convivía con una muchacha ecuatoriana-, y se sabe que dejó mal recuerdo a su paso por un bloque del Paseo de las Delicias. «Vivía ahí con otro amigo, no se hablaba con los vecinos y dejó a deber a la comunidad. Era muy conflictivo y causó muchos problemas», explican en su portal.

Menos pistas aportan en su lugar de trabajo. Los sindicatos del hospital Gregorio Marañón no cuentan nada, y remiten a la dirección del centro. Alguien del Satse apunta que no tenía amigos y que había sido expedientado en alguna ocasión por su comportamiento.

En la tercera planta, donde hacía turno de noche, sus compañeros no quieren hablar. Llevaba tiempo sin trabajar, pero no queda claro si se trataba de una baja o estaba sancionado.

Hay quien comenta que menos mal que le dio la ventolera en Laredo y no allí, porque todo el mundo se acuerda del caso de Noelia de Mingo, la médico que se sentaba a escribir ante el ordenador apagado y que en 2003 mató a tres personas e hirió a siete con un cuchillo en un recorrido letal por los pasillos de la clínica de la Concepción.

A ella le diagnosticaron esquizofrenia paranoide y fue condenada a 25 años de internamiento psiquiátrico. En 2007 se le concedió su primer permiso de un mes; en la actualidad disfruta de frecuentes ‘salidas terapéuticas’ condicionadas a que su familia se haga responsable de que tome su medicación.

Los parientes de las víctimas de Mario no quieren pensar en que pueda pasar algo semejante y lo vean por la calle en cuatro días, pero están en guardia desde que contó a la Policía que había estado en tratamiento por esquizofrenia hasta el pasado mes de marzo.

Duerme como un bendito

«Esto huele a trastorno psicótico», opina el psiquiatra forense José Cabrera, matizando que es una impresión sujeta a todas las reservas y cautelas. «Es un crimen inmotivado, agresivo y violento y no existe un nexo conocido con las víctimas. Es de una brutalidad desusada, porque no busca el robo ni nada, y parece que se trata de un individuo con antecedentes psiquiátricos».

El propio crimen, la actitud que mantuvo durante su detención y su comportamiento en la celda alimentan esta posibilidad. Desde el primer momento, Mario ha negado que haya sucedido nada.

En su primera declaración dijo que lo único que recuerda es que fue a la playa para darse un baño; después, que se lo llevaban detenido, y entre ambas cosas, un espacio en blanco.

Claro que suena a recochineo cómo justificó lo de llevar un cuchillo -«porque todos los días me como un melón»-, pero también parece imposible que alguien en sus cabales se muestre tan tranquilo como él: antes, en el calabozo en Laredo, y ahora, en la prisión de El Dueso, come con buen apetito lo que le ponen en el plato y duerme como un bendito.

«Esto es pequeño, y si hay un loco, todos sabemos quién es», afirman desde detrás de la barra de un restaurante situado junto a la casa de Mario, como dando a entender que no estaba en esa ‘lista’.

El dueño del negocio no puede dejar de intervenir para zanjar una conversación que no lleva a nada. «Hay sesenta como ese por ahí, lo que pasa es que les dan la pastilla y se quedan atontados. Todo lo que diga la gente ahora son mentiras: hablan mucho, pero eso dentro de nada está olvidado. ¿Y sabes quiénes son los únicos a los que va a importar? A los que se quedaron ahí, a los que han muerto».

Las víctimas

Gabino García, 70 años. Nacido en Antoñana del Valle (León), emigró con su mujer a Llodio (Álava) en los 60 y se empleó en una fábrica de botellas de vidrio, donde trabajó hasta su jubilación. Tenía tres hijos: César y las gemelas Anabel y Mercedes. Veraneaba en Laredo desde hacía décadas. Era testigo de Jehová.

Mercedes García, 42 años. Heredó de sus padres la fe y la inquietud por hallar un lugar mejor donde trabajar. Era administrativa y llevaba diez años residiendo en Suecia, después de haber recorrido toda Europa y de vivir una temporada en Inglaterra. Había vuelto a España para pasar las vacaciones con los suyos en Laredo.


«Estaba muy tranquilo mientras los apuñalaba»

Eldiariomontanes.es

30 de septiembre de 2015

Una mujer que estaba en la playa de Laredo el día del doble crimen, cuando un hombre acuchilló a una mujer y a su padre, ha contado que éste último le pidió que llamaran a su familia tras el ataque, y le dijo que no conocían de nada al agresor y que era «un loco» que había saltado sobre ellos.

«Yo le pregunté si le conocían o si era su yerno y me dijo: es un loco que ha saltado sobre nosotros. No le conozco de nada», ha declarado esta mujer en la segunda sesión del juicio que celebra esta semana la Audiencia de Cantabria contra el hombre acusado de este doble crimen, que tuvo lugar en agosto de 2014.

Según esta testigo, el padre, que falleció dos horas después del suceso en el Hospital de Valdecilla, le dio el teléfono de sus familiares, le pidió que los avisaran, dijo que no conocían al agresor «y poco más».

El acusado se enfrenta a una petición de pena de 35 años de cárcel del Ministerio Fiscal, que le imputa haber cometido un asesinato y un homicidio, y de 40 años por dos asesinatos en el caso de la acusación particular, que representa a la familia de los fallecidos, naturales de Llodio (Álava).

En la sesión de hoy del juicio han declarado familiares del acusado y de las víctimas, gente que ese día estaba en la playa y que vio lo ocurrido, y agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil que intervinieron en el suceso.

Los testigos han coincidido en que el acusado estaba «muy tranquilo», en que no notaron en él nada extraño y en que todo sucedió rápido.

Han añadido que, cuando terminó el ataque, bajó por la pasarela que va a la playa «como si no hubiera pasado nada». «Iba tranquilamente, con los brazos caídos», ha comentado uno de los testigos.

Entre las personas que estaban ese día en la playa de Laredo y vieron lo ocurrido estaba un ertzaina fuera de servicio que fue quien dio el alto al agresor y lo inmovilizó hasta que llegó la Policía Local y se lo llevó.

Este ertzaina ha contado que ya salía de la playa con su esposa cuando les dijeron que estaban apuñalando a alguien, y vieron que había una mujer en el suelo y al acusado «acuchillándola».

También observaron que el padre recibió una cuchillada en el cuello mientras intentaba proteger a su hija. «El padre intentaba tirar de su brazo, para que no la siguiera apuñalando», ha añadido.

Su mujer ha subrayado que el padre estaba intentando parar el ataque a su hija «denodadamente» y «zafarla» del acusado pero, según ha agregado, éste le dio dos puñaladas y siguió acuchillándola.

El relato que han hecho quienes presenciaron lo sucedido ha sido muy similar a lo que han contado el ertzaina y su esposa: vieron a dos personas que estaban forcejeando o como peleándose y a una tercera a la que una de ellas apuñaló, para a continuación seguir agrediendo a la otra.

Ensañamiento

Según la Fiscalía y los letrados de la defensa y de la acusación particular iban preguntando estos testigos iban afinando su relato, y han contado que el final se dieron cuenta de que el agresor era un hombre (el acusado), que atacó a una mujer y a su padre cuando iba a protegerla.

Algunos han hecho hincapié en el «ensañamiento» con el que, a su juicio, el acusado agredió a la mujer.

Uno de los testigos, que salía de la playa con su hija de trece meses, ha declarado que primero oyó una especie de impacto y cuando miró en esa dirección vio al acusado que propinaba un golpe a la mujer y que tenía «una cosa negra» en la mano. Después ya se dio cuenta de que llevaba un cuchillo y se lo comunicó a los socorristas para que dieran aviso.

El acusado estaba «tranquilo»

Algunas de las personas que han declarado han reconocido que en un primer momento, cuando distinguieron que el agresor era un hombre y la agredida una mujer pensaron que podrían ser pareja.

Alguno vio también cómo el acusado guardaba el cuchillo con el que cometió las agresiones en una especie de bolsa.

Después el ertzaina que estaba ese día pasando el día en la playa le gritó «alto» y que se tirara al suelo. El agresor le obedeció y quedó inmovilizado porque le puso la rodilla encima.

Las únicas palabras que intercambiaron fue porque el acusado le dijo que «le faltaba un poco de aire», ya que tenía su rodilla encima, pero no hubo más conversación.

Los testigos han subrayado que no percibieron nada raro en el agresor, la misma impresión que se llevó el ertzaina, que cree que estaba «tranquilo». «No tenía gestos descontrolados de ningún tipo», ha apuntado, antes de agregar que tampoco notó olor a cannabis, como si hubiera estado fumando antes.

Los agentes que lo trasladaron a dependencias policiales han contado que el acusado no les dijo nada de que hubiera sufrido alucinaciones, como señaló ayer en su interrogatorio, pero sí les manifestó que no recordaba nada.


Los peritos: «El acusado del doble crimen tiene rasgos psicopáticos pero no está enfermo»

Eldiariomontanes.es

30 de septiembre de 2015

Los peritos psiquiátricos han determinado que el acusado por el doble crimen en la playa Salvé de Laredo, en agosto de 2014, tiene «rasgos psicopáticos» pero no tiene ninguna enfermo edad mental y, por tanto, era consciente de la realidad del hecho que estaba cometiendo.

Asimismo, estos especialistas han considerado que si el acusado, Mario Iglesias hubiese consumido drogas aquel día -como dijo en el juicio aunque no en sus declaraciones anteriores- y eso le hubiese causado alucinaciones, éstas habrían «tenido un efecto mayor, no de unos segundos o minutos».

Varios peritos han declarado este miércoles en la tercera sesión del juicio con jurado que celebra la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria, en la que también se han visto las autopsias de las víctimas, padre e hija, Gabino y Mercedes, y las conclusiones de las partes.

En ellas, la Fiscalía ha mantenido su petición de pena de 35 años por un asesinato y un homicidio y la acusación particular también se ha ratificado en su calificación de los hechos como dos asesinatos por los que pide 40 años -así como 300.000 y 500.000 euros de indemnización, respectivamente-, mientras que la defensa ha asumido las muertes pero pidiendo que ambas sean calificadas de homicidio y no de asesinato.

Además, y en contra de lo que han determinado los peritos, la defensa de Mario Iglesias ha solicitado que, a la pena final, se le apliquen los atenuantes de trastorno mental y toxicomanía aunque sea parcialmente.

En esta última sesión antes del veredicto, el acusado ha hecho uso de su derecho a la última palabra y ha reiterado que no se siente «moralmente responsable» porque no es «consciente» de haber causado esas muertes, por las que si bien ha pedido «perdón» a la familia.

También ha asegurado que, cuando salió de casa aquel 17 de agosto de 2014, «no tenía intención de hacer eso, ni por asomó salía pensando en hacer algo así». Ha indicado que sabe que es el autor de ese crimen por las pruebas que se han expuesto en el juicio pero que no se acuerda de aquel momento.

Los especialistas, sorprendidos

Los peritos que examinaron al acusado tras cometer el doble crimen han detallado que, tras conocer sus antecedentes por trastornos mentales derivados del abuso de las drogas y por los que había estado ingresado en varios centros, se entrevistaron con él y le ingresaron en Valdecilla para realizarle toda una «batería de pruebas».

En las entrevistas, no refirió haber padecido «ni episodios delirantes ni alucinaciones» y las especialistas les «sorprendió» el «juicio crítico casi nulo» que el acusado manifestaba cuando le hablaban del crimen.

«Nos llamó la atención su frialdad emocional y su tranquilidad, se mostraba colaborador pero con falta de expresión”, ha relatado una de las psiquiatras. En base a los resultados de las pruebas, han definido a Mario Iglesias como una persona con «una inteligencia media-alta y que distingue el bien y el mal y cuyo problema es que es una persona impulsiva y que no quiere hacerse responsable de sus actos».

Por esto último, las especialistas creen que «manipula las explicaciones de sus actos diciendo que no se acuerda o llega a idear alucinaciones» para no responsabilizarse de lo que ha hecho. «Tiene un trastorno de personalidad pero en ningún caso una enfermedad. Se encuentra bien», han señalado, al tiempo que si bien han destacado sus rasgos psicopáticos, de los que «no se va a curar nunca», a los que se suma su toxicomanía y sus antecedentes de psicosis, trastornos depresivos y de personalidad y rasgos «esquizoides y narcisistas».

Otro psiquiatra, que le examinó en Urgencias al día siguiente de los hechos, ha indicado que no apreció ningún síntoma psicótico y que el propio acusado negó haberlo padecido, al igual que aseguró haber tomado drogas.

Sí que le refirió el tratamiento de antipsicóticos y otros medicamentos para los trastornos de personalidad y el alcoholismo que tomaba, prescrito por un centro de Barcelona en el que estuvo ingresado hasta marzo de 2014, pero que había dejado.

El jurado: Homicidio o asesinato

El jurado deliberará este jueves, 1 de octubre, sobre estos hechos y deberá determinar si Mercedes y su padre Gabino fueron víctimas de homicidio o asesinato. Y es que el fiscal les ha instado a declarar a Mario Iglesias culpable del asesinato de Mercedes y el homicidio de Gabino, mientras que la acusación particular defiende que los dos son asesinatos y la defensa, por su parte, dice que homicidios.

El fiscal ha destacado que «nadie discute» que es culpable de las muertes de estas dos personas, que les atacó de forma «sorpresiva» con un cuchillo y que, cuando lo hizo, «tenía plenas facultades, conocimiento y voluntad».

Aunque ambas resultaron fallecidas, ha defendido que a la mujer la asesinó porque se aseguró de matarla y de él no resultar herido, mientras que el padre «pudo huir» y no lo hizo para intentar salvar a su hija. No está loco y menos a efectos penales de cumplir su responsabilidad», ha enfatizado el fiscal.

Estas mismas críticas ha lanzado también el abogado de la familia de las víctimas, quien ha acusado a Iglesias de tratar de «desvirtuar» los hechos. «No consumió drogas, no sufrió ni alucinaciones ni amnesia, era plenamente consciente de lo que hacía». Ha pedido que se le condene por dos asesinatos porque, ha apuntado, que «ni Gabino ni Mercedes tuvieron la posibilidad de defenderse» de este hombre que les atacó «con ferocidad» con «una emboscada entre las dunas».

Por el contrario, la defensa ha considerado que los hechos deben ser considerados un doble homicidio, por el acusado cometió el delito en un lugar «lleno de gente» en el que las víctimas pudieron ser auxiliadas, aunque finalmente fallecieron. «Mario no aseguró su vida, lo hizo a plena luz del día y en un lugar abarrotado de gente».


El jurado declara culpable al acusado de matar a un padre y a su hija en una playa de Laredo

Elcorreo.com

1 de octubre de 2015

Tras escuchar el veredicto, que destaca que las víctimas, residentes en Llodio, «no tuvieron posibilidad de defenderse», el Ministerio Fiscal ha solicitado dos penas de 20 años por cada uno de los asesinatos.

El Jurado popular ha declarado hoy por unanimidad culpable de dos asesinatos a Mario Iglesias, el enfermero de Bilbao acusado de matar con un cuchillo el pasado verano a dos personas vecinas de Llodio, padre e hija, cuando ambos salían de la playa Salvé de Laredo.

Los nueve miembros del Jurado popular, que desde el pasado lunes han participado en el juicio celebrada en la sección tercera de la Audiencia de Cantabria, han considerado probado que el acusado apuñaló a estas dos personas sin que tuvieran «ninguna posibilidad de defenderse».

Tras el veredicto, el Ministerio Fiscal ha solicitado dos penas de 20 años por cada uno de los asesinatos e indemnizaciones para la familia por importe de 315.000 euros, mientras que la acusación particular pide las mismas penas de cárcel, pero eleva la indemnización a 500.000 euros.

La defensa ha solicitado dos penas de 15 años, la mínima para un caso de asesinato, y que se indemnice solo a la madre y esposa de las víctimas con 200.000 euros, pero no a los hermanos.

El acusado ha asegurado este lunes en el juicio que no se siente responsable de los hechos porque no recuerda haberlos cometido y, por ello, cree que no lo hizo con «voluntad». «No soy consciente de haber cometido los hechos, ni yo mismo doy crédito. Por ello, pido perdón a la familia y a las victimas, que eran inocentes. Lo siento mucho, lo siento en el alma, porque ese día salí de casa, pero ni por asomo para hacer eso», ha dicho.

Los hechos que se le imputan, y por los que la Fiscalía le pide 35 años por un asesinato y un homicidio y la acusación particular 40 por dos asesinatos, ocurrieron sobre las 18.30 horas del 17 de agosto de 2014 cuando Mario Iglesias se encontraba en una duna de la playa junto a una de las torres de vigilancia y las dos víctimas, padre e hija, Gabino y Mercedes, abandonaban el arenal.

Allí, según el relato del fiscal, el acusado «con intención de acabar con su vida y sin mediar palabra y de forma totalmente sorpresiva», se acercó a la mujer y «comenzó a acuchillarla, sin que tuviese posibilidad alguna de evitar el ataque».

Cuando el padre de la chica «intentó zafar a su hija del agresor, éste, presidido por idéntico ánimo, lo apuñaló en el cuello, para continuar acuchillando a la mujer, que se encontraba en el suelo».

Como consecuencia de esta agresión, la mujer sufrió múltiples heridas y un shock hemorrágico e hipovolémico que ocasionó su fallecimiento minutos después, mientras que el padre fue trasladado al Hospital, donde murió hora y media más tarde por un shock hipovolémico provocado por las heridas.

El acusado, en prisión provisional desde que ocurrieron los hechos, ha afirmado que aquel día consumió cannabis y cocaína -en las pruebas solo dio positivo en lo primero- tras comer en casa de sus padres, pero estaba «bien, solo colocadillo», y acudió a la playa con un cuchillo para hacer una talla de madera con un palo.

«Un oso blanco en la playa»

Ha relatado que, una vez en el arenal, lo que recuerda es que le dio «un subidón, un pelotazo», y empezó a ver «cosas raras» como a la gente «deformada y distorsionada», «flores flotando por el agua» y «un oso blanco corriendo por la playa», al cual ha dicho que siguió hasta las dunas, unas alucinaciones que el fiscal ha revelado que Mario Iglesias no refirió en ninguna de sus declaraciones anteriores al juicio porque le «pareció irrelevante», ha justificado el acusado.

Tras seguir al «oso hasta las dunas», ha indicado que lo siguiente de lo que es «consciente» es «estar tumbado en el suelo, en la arena, y levantarse lleno de sangre» pero «sin saber lo que había pasado». «Estaba aturdido y recuerdo como si me llevasen en volandas», ha añadido.

Iglesias también ha señalado que en ese momento se sintió como «en una nube» y que sí recuerda que había una persona encima de él, un policía que se encontraba de libranza y que se hallaba en la playa Salvé ese día, que fue quien le retuvo en el lugar hasta que llegaron efectivos de la Policía Local y de la Guardia Civil.

«No me siento culpable»

Al no recordar lo sucedido, el acusado ha insistido en que no se siente «responsable ni culpable» de haber causado la muerte a esas dos personas, aunque sí ha reconocido como suya la ropa ensangrentada que llevaba ese día y que un funcionario ha mostrado al jurado.

«No me siento culpable porque no me explico por qué ni cómo he hecho eso ni a santo de qué», ha insistido Iglesias, que ha reiterado en varias ocasiones que no lo hizo de «forma voluntaria» y que, cuando salió de casa, «por supuesto que no era con intención de hacer eso».


Condena de 40 años de cárcel para el autor del doble asesinato de la playa Salvé de Laredo

Eldiariomontanes.es

22 de octubre de 2015

La sentencia concluye que Mario Iglesias tenía sus facultades «plenamente conservadas» cuando mató a cuchilladas a Gabino García y a su hija Mercedes.

Gabino y Mercedes tuvieron la mala fortuna de toparse con Mario hace algo más de un año. Padre e hija salían de la playa Salvé, muy concurrida a media tarde en agosto. Ese hombre, vasco y veraneante en Laredo igual que ellos -casualmente en el mismo barrio aunque no se conocieran-, se abalanzó sobre la mujer y la cosió a cuchilladas sin decirle nada. Gabino intentó apartarlo de su hija, y también lo apuñaló a él. Era enfermero y sabía dónde clavar el cuchillo. Nadie pudo evitar la tragedia.

Mario Iglesias Rodríguez mató a estos dos vecinos de Llodio (Álava) con plena conciencia. Sus facultades cognitivas y volitivas no estaban ni mermadas ni disminuidas, sino «plenamente conservadas». La Audiencia de Cantabria ha dictado sentencia: 40 años de cárcel por el doble asesinato, después de que un jurado popular declarara culpable a este hombre.

Además de los 40 años de prisión -20 por cada asesinato-, la Audiencia de Cantabria impone en su sentencia (que se puede recurrir) la prohibición de acudir a Laredo y de acercarse a los familiares de las víctimas o comunicarse con ellos.

En concepto de responsabilidad civil, deberá pagar 215.116 euros a la madre y esposa de los fallecidos, y 50.615 euros a cada uno de los dos hermanos e hijos, y también deberá resarcir al Servicio Cántabro de Salud por los gastos médicos y hacerse cargo de las costas de la acusación particular.

Hechos probados

La sentencia recoge en sus hechos probados que el procesado atacó a esta mujer y a su padre sin que tuvieran posibilidad de defensa, y que no se ha acreditado que cuando cometió los hechos este hombre tuviera mermadas o disminuidas sus facultades cognitivas o volitivas.

De hecho, en el apartado de hechos probados se indica que se ha acreditado que cuando cometió los hechos esta persona tenía sus facultades «plenamente conservadas», y mantenía la capacidad de controlar sus impulsos.

La sentencia recuerda que el acusado comenzó a agredir primero a la mujer de forma reiterada, con «al menos» 18 cuchilladas y «privándola de toda posibilidad de defenderse». Después, cuando el padre intentó proteger a su hija, también le propinó varias cuchilladas, según la sentencia asegurando en su ataque «el resultado mortal sin riesgo para su persona».

La sentencia señala que el Jurado lo determinó así tras analizar y valorar la declaración de todos los testigos en el juicio oral, además de los informes médicos forenses y el testimonio del acusado, enfermero de profesión.

Y recalca que todas las pruebas «amparan claramente» la conclusión «de signo incriminatorio» que obtuvo el tribunal del Jurado, y permiten afirmar que el acusado «no solo quiso matar y mató a sus dos víctimas, sino que además lo hizo alevosamente».

La magistrada señala que el ataque se produjo de forma «súbita», con un cuchillo de gran tamaño y con «gran capacidad lesiva», y dirigiendo las acometidas a zonas vitales de las dos víctimas -la mujer y su padre-. E indica que es «especialmente relevante» que, al ser enfermero, el acusado era «perfecto conocedor» de que las cuchilladas asestadas «tenían aptitud para acabar con la vida» de estas personas.

Ni eximentes ni atenuantes

Ninguna de las partes personada en el proceso, incluida la defensa, ha cuestionado que en agosto del pasado año el acusado mató a la mujer y a su padre.

La discusión en el juicio con Jurado Popular que se celebró en la Audiencia cántabra a finales de septiembre se centró en las circunstancias del suceso y en si el acusado había cometido delitos de asesinato u homicidio.

Otra de las cuestiones de debate fue si al procesado se le podía aplicar alguna circunstancia atenuante o eximente.

La defensa solicitó que se apreciara una circunstancia eximente o atenuante en su defecto, y alegó que en el momento de los hechos el acusado padecía un trastorno mental y drogadicción que mermaban sus capacidades intelectivas y volitivas.

El Jurado entendió sin embargo que cuando cometió los hechos este hombre tenía «plenamente conservadas» sus capacidades, un argumento que respalda la magistrada.

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