María del Pilar Pérez López

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María del Pilar Pérez

La Quintrala

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Crímenes por encargo
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: Abr. / Nov. 2008
  • Fecha de nacimiento: 1952
  • Perfil de las víctimas: Su exesposo Francisco Zamorano y su pareja Héctor Arévalo / Diego Schmidt-Hebbel Niehaus
  • Método de matar: Arma de fuego - Arma blanca
  • Localización: Providencia, Santiago, Chile
  • Estado: Condenada a presidio perpetuo el 25 de febrero de 2011. No podrá acceder a beneficios carcelarios antes de 40 años de internación efectiva
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María del Pilar Pérez López

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María del Pilar Pérez López, apodada por la prensa como «La Quintrala», es una arquitecta chilena, conocida por planear el asesinato de su exesposo Francisco Zamorano y su pareja Héctor Arévalo, y del joven Diego Schimidt-Hebbel, crímenes perpetrados por el sicario José Ruz en abril y noviembre de 2008, respectivamente.

El caso de Pilar Pérez ha llamado la atención de los medios de comunicación chilenos por la ambiciosa y fría personalidad de la mujer.

María del Pilar Pérez López nació aproximadamente en 1952, siendo la hija mayor del matrimonio entre José Pérez Pérez y Aurelia López, teniendo dos hermanas: Magdalena y Gloria.

Según su hermana Magdalena, María «era una persona confrontacional, llevada de sus ideas y caprichosa», que desde joven fue protagonista de hechos de violencia, siendo uno de ellos cuando intentó ahorcar a Gloria, su hermana menor, cuando ésta tenía un embarazo.

Homicidios – Francisco Zamorano y Héctor Arévalo

María del Pilar Pérez, era exesposa de Francisco Zamorano, con quién se había casado en 1978, teniendo dos hijos: Rocío Zamorano y Juan José Zamorano Pérez. El matrimonio duraría 15 años, separándose en 1991.

El 23 de abril del 2008, fueron hallados los cuerpos sin vida de Zamorano, y su pareja Héctor Arévalo en su casa en Providencia. Los hombres habían sido heridos a balas. Según investigaciones preliminares, se formalizó a el arrendador de la casa en donde vivía la pareja, como autor del doble homicidio.

Sin embargo, el hombre era inocente, pues Pilar Pérez había planeado el crimen, contratando a José Ruz, sicario que asesinó a los dos hombres. Éste confesaría en diciembre de 2008 que la mujer le pagó 3 millones de pesos por realizar los crímenes.

Según la Fiscalía, Pérez habría mandado a cometer el homicidio por celos, ya que su hijo mayor tenía una relación cada vez mejor con su padre.

Diego Schmidt-Hebbel

En la mañana del 4 de noviembre de 2008, Diego Schmidt-Hebbel, se dirigía a la casa de su novia, Belén Molina, sobrina de María del Pilar Pérez, en calle Seminario, comuna de Providencia. El joven fue atacado por un sujeto, quien tras disparar en dos ocasiones, lo apuñaló con un arma blanca. Horas después, moriría en la Posta Central, producto de la gran pérdida de sangre que sufrió.

En un principio, la familia de Schimidt-Hebbel y la PDI señalaron que era probable que el hecho hubiera sido un asalto.

Sin embargo, 3 días después, el caso dio un vuelco.

Personal de la PDI, llegó hasta la casa de María del Pilar Pérez el 7 de noviembre para detenerla por su participación en el crimen, hecho que no se pudo concretar, ya que fue hallada inconsciente por una sobredosis de medicamentos; la mujer había intentado suicidarse.

[El] Tribunal consideró [la] confesión de Ruz como prueba central en condena a Pilar Pérez (Canal2 TV Chile).

Fue hallada culpable de planificar y encargar a José Ruz los asesinatos de su exesposo Francisco Zamorano, Héctor Arévalo y de Diego Schmidt-Hebbel.

«Se condena a María del Pilar Pérez». Sólo bastó escuchar esta frase para que los padres del joven economista Diego Schmidt-Hebbel se abrazaran dentro del tribunal. Entre gestos de alivio presenciaron el momento en el que los autores del asesinato de su hijo fueron declarados culpables. «El dolor no se aminora, el dolor está con nosotros todos los días. Nadie ni nada nos devuelve a nuestro hijo. Sin embargo, valoramos que se haga justicia», dijo, a modo de reflexión, Klaus Schmidt-Hebbel, padre de la víctima, tras el veredicto.

A cuatro meses de iniciado el juicio, en fallo dividido, los magistrados del Tercer Tribunal Oral de Santiago, integrado por los jueces Alejandro Aguilar, Patricia González y Doris Ocampo (el voto disidente), resolvieron ayer condenar a la arquitecta María del Pilar Pérez (59) y al sicario José Mario Ruz (46) como autores de los homicidios de Francisco Zamorano (exesposo de Pérez) y Héctor Arévalo, cometidos el 23 de abril de 2008, y por el robo con homicidio de Diego Schmidt- Hebbel, ocurrido el 4 de noviembre de 2008.

Además, ambos fueron hallados culpables del asesinato frustrado de cuatro familiares de la arquitecta: su madre, Aurelia López; su hermana, Gloria Pérez; su cuñado, Agustín Molina, y su sobrina, Belén Molina. A Pilar Pérez también se le condenó por provocar lesiones graves a la novia de su hijo, en un episodio de violencia que protagonizó en julio de 2007.

En los últimos minutos del veredicto, la profesional se llevó las manos al rostro y lloró. Observó atentamente a los tres jueces mientras secaba las lágrimas con un pañuelo. José Ruz, en tanto, se mantuvo impávido.

Crímenes por encargo

En la lectura de la resolución, que se prolongó por 45 minutos, los jueces acogieron el planteamiento de los fiscales Carlos Gajardo y Rodrigo Lazo, en orden a que José Ruz asesinó a Francisco Zamorano y su pareja, Héctor Arévalo, motivado por un encargo de Pilar Pérez, quien le ofreció $ 2 millones para llevar a cabo el plan criminal.

Según el veredicto, la justificación del doble homicidio fue que «(Pilar Pérez) arrastraba un especial encono en contra del que fue su marido, que éste le temía y que en el tiempo previo al delito, Pérez atravesaba por un período familiar complicado debido al abandono de su hijo, lo que explica la motivación de su actuar».

Respecto del crimen de Diego Schmidt-Hebbel, los jueces también sostuvieron que mediante «promesa remuneratoria», Pilar Pérez instó al sicario José Mario Ruz a dar muerte a sus familiares residentes en Seminario 97 y que también robara las joyas que estaban en el lugar. Le ofreció $ 10 millones por cada muerte. Diego, quien ese día había ido a buscar a su novia, Belén Molina, forcejeó con el asesino, pero recibió un disparo y un corte en el cuello que le provocaron la muerte.

Las principales pruebas que consideró el tribunal fueron: la confesión de Ruz ante los fiscales, los peritajes balísticos y el testimonio de un primo de Pilar Pérez a quien ella le había pedido contratar a un sicario.

Los jueces, además, acogieron la millonaria demanda civil en contra de los acusados, presentada por los familiares de las víctimas. En total, piden el pago de $ 955 millones por daño moral. En este sentido, la arquitecta deberá responder con las propiedades que tiene a su nombre y que están avaluadas en unos $ 500 millones.

El fiscal Carlos Gajardo se mostró satisfecho con el veredicto, pero dijo que aún hay que esperar que se determine el tiempo que deberán cumplir en prisión los acusados, trámite que quedó fijado para el 26 de febrero: «Toda esta historia, todo este caso, es un caso terrible. Hay demasiadas muertes como para que uno pueda estar contento de lo que ha pasado».

De aplicarse la pena mínima por cada delito a que fue condenada, Pilar Pérez podría ser sentenciada a cerca de 40 años de cárcel. La fiscalía pide condenas de 83 años de presidio para Pilar Pérez y de 80 para José Ruz.

Luego de conocer el veredicto que declaró culpable a la pareja por los tres crímenes de Providencia, sus defensores dijeron que, una vez que se conozca el contenido de la sentencia, estudiarán presentar un recurso de nulidad del juicio, basado en el voto de minoría de la magistrada Doris Ocampo.


Las cinco pruebas con que la fiscalía intenta una condena para Pilar Pérez

Sebastián Labrín – Latercera.com

19 de noviembre de 2010

Un total de 101 peritos y testigos ha presentado el Ministerio Público en contra de la arquitecta y su presunto sicario.

Han pasado 40 días desde que se inició el juicio en contra de María del Pilar Pérez (58) y su presunto asesino a sueldo, José Ruz Rodríguez (46), y las principales pruebas que vincularían a la arquitecta con los crímenes de su exesposo, Francisco Zamorano, su pareja, Héctor Arévalo, y el joven economista Diego Schmidt-Hebbel se traducen en cinco elementos calificados como «clave» por la fiscalía, a fin de condenar a la pareja a dos cadenas perpetuas calificadas; es decir, al menos 80 años de prisión sin beneficios.

Para ello, los fiscales Carlos Gajardo y Rodrigo Lazo han revelado un registro con más de 80 llamadas entre los acusados en los días posteriores a los asesinatos; el plano de la casa de Seminario 97 -encontrado en poder de Ruz-, quien, según confirmó el perito documental Jorge Muñoz, hay certeza que Pilar Pérez detalló en él la distribución de la vivienda donde habitaba su familia; el testimonio de Emilio Pérez, primo de la acusada, que narró que en abril de 2008 la mujer le habría encargado conseguir a una persona para «darle un susto» a su cuñado, Agustín Molina.

A eso se suman las confesiones que el presunto sicario hizo en el 2008 y 2009 a la PDI, donde reconoció, aunque sin la presencia de su abogado, su participación en tres crímenes y que, dijo, Pilar Pérez le habría pagado. Junto con ello, una carta entregada el 4 de marzo de 2009 a su yerno, Rodrigo Arroyo, en la que la arquitecta le habría pedido pagar a José Ruz para que cambiara de declaración, en que la sindicaba como autora intelectual del doble asesinato del 23 de abril y el robo con homicidio del 4 de noviembre del 2008.

La hija

A lo largo del juicio han declarado 37 peritos y 64 testigos, entre los que se encuentra la madre de la acusada, María Aurelia López (83); su sobrina Belén Molina (27), sus hermanas Magdalena (56) y Gloria Pérez (53). Para hoy se espera el testimonio de Rocío Zamorano (32), quien declarará en contra de su madre.

Los antecedentes que ha expuesto el Ministerio Público son «insuficientes», a juicio de las defensas.

Según el abogado de María del Pilar Pérez, Mario Palma, desde que partió el juicio, aún «no hay antecedente alguno que sea categórico para acreditar los supuestos encargos». A su juicio, las pruebas que presentarán ante el estrado demostrarán la «desprolija» investigación de casi dos años.


¿Culpable o inocente? Las pruebas en contra y a favor de María del Pilar Pérez

Leslie Ayala – Emol.com

19 de enero de 2011

A sólo horas que se conozca el veredicto de uno de los juicios más importantes del sistema judicial reformado desmenuzamos los argumentos que pueden definir el futuro de la mujer apodada como La Quintrala.

Sólo 10 minutos demorarán los jueces del Tercer Tribunal Oral de Santiago en dar a conocer su decisión respecto a la culpabilidad o inocencia de la arquitecta María del Pilar Pérez y el presunto sicario José Ruz en una serie de crímenes perpetrados en la comuna de Providencia en 2008.

Durante 74 jornadas de juicio oral, tanto la Fiscalía Oriente como la Defensoría Penal Pública, expusieron ante los magistrados los argumentos que incriminan y los que exculpan a la mujer apodada como «La Quintrala» de los asesinados de Diego Schmidt-Hebbel, Francisco Zamorano y su pareja gay Héctor Arévalo.

Los que la incriminarían

Uno de los hechos en los que más se puso énfasis durante el juicio por parte del Ministerio Público es que no es necesario estar en la escena del crimen para ser autor e inducir un delito.

Esto es lo que se le imputa a Pilar Pérez: haber planificado y asegurar la ejecución de su exmarido y su familia. Intenciones que habrían sido frustradas por el joven Diego Schmidt-Hebbel, quien habría complicado las cosas para el presunto sicario Ruz.

Para sostener la teoría del autor «mediato» la fiscalía alude a un mapa en el que la arquitecta dio las «claves» a Ruz de dónde había dinero y en qué piezas se encontraba cada uno de los integrantes de su familia, que residían en la vivienda de Seminario 97.

Existe además la evidencia del tráfico telefónico entre ambos imputados, llamadas que intensifican su frecuencia «coincidentemente» al momento de los asesinatos de la pareja gay y tras el crimen de Schmidt-Hebbel.

Respecto a esta última evidencia, la Corte de Apelaciones de Santiago excluyó una prueba complementaria que dice relación con los movimientos bancarios de las tarjetas de crédito de Pilar Pérez en el que se establecía que la mujer le compró con su dinero un celular a Ruz.

Durante el juicio los co-acusados no han cruzado palabra alguna. Una diligencia que pesa en contra de «La Quintrala» son justamente declaraciones que durante el proceso entregó el supuesto asesino a sueldo.

En ella no sólo confiesa que Pilar Pérez le pagó para que matara a su sobrina, hermana, cuñado y hasta su propia madre; sino que además le dirá a los fiscales que también asesinó al exesposo de la arquitecta y la pareja de éste siete meses antes de la muerte de Diego Schmidt-Hebbel.

La declaración de un amigo de José Ruz, quien asegura que éste le mostró una foto de Zamorano comentándole si se atrevía a matarlo por $500 mil a lo que se suma la versión de un primo de la acusada quien sostiene que ella acudió en su auxilio para conseguir a un sicario.

Un intento de suicidio justo antes de ser detenida en noviembre de 2008 y una carta escrita en la cárcel en que le pide a su hija que le ofrezca dinero a Ruz a cambio de que modifique su versión de los hechos e incrimine a su cuñado Agustín Molina son las cartas más fuertes de la fiscalía.

Los que sembrarían «la duda razonable»

El Código Penal chileno le impide a un juez de la República condenar a una persona si existe «una duda razonable», ya que aboga para que ningún error judicial permita que un inocente vaya a parar a la cárcel.

Esta fue la estrategia de la defensa de Pilar Pérez, encabezada por el defensor Mario Palma, quien en todo momento intentó sembrar esa duda respecto a si pudo haber líneas investigativas dejadas de lado por la fiscalía luego que José Ruz confesara los crímenes de los cuales después se retractaría.

El abogado de la arquitecta asegura que el mapa con el que cuenta la fiscalía fue obtenido de forma ilegal, sin orden judicial y quitado a la fuerza a la esposa de Ruz. Esta además testificó que su pareja presionado por la fiscalía se autoinculpó pues deslizó que de no hacerlo el Ministerio Público la involucraría en el caso.

Los fiscales han sustentado la teoría del autor inductor basándose en un emblemático juicio por violaciones a los derechos humanos, señalando que pese a que Manuel Contreras nunca estuvo en Washington, donde explotó la bomba que terminó con la vida de Orlando Letelier, igualmente fue condenado por este crimen.

Sin embargo, este argumento pierde sustento cuando se compara este caso con la autoría mediata de la DINA que era una agrupación de inteligencia con lógicas jerárquicas de obediencia. ¿Acaso José Ruz le rendía pleitesía u obediencia a Pilar Pérez o por sí mismo decidió cometer los crímenes que se le imputan?

«Ambición desmedida»

Otro de los argumentos presentado por Mario Palma es que tras estos delitos no hay un móvil, una justificación para cometerlos.

Según él, la teoría de la «ambición desmedida» de la acusada se desploma toda vez que para la época del crimen de Schmidt-Hebbel la herencia ya estaba finiquitada favoreciendo a su representada con el máximo de todos los beneficios.

En el juicio además no se pudo incluir el interrogatorio de Carlos Felip, una expareja de la mujer, quien aseguró que la mujer también contrató un sicario para matarlo, pero que éste se arrepintió antes de concretar el asesinato.

Tampoco se presentaron a declarar dos miembros de la Policía de Investigaciones (PDI) que participaron de la declaración en la que supuestamente Claudio Soza (primo de Francisco Zamorano) confesó el crimen de la pareja gay.

Esto fue leído por la defensa como una forma de ocultar un error grave de la fiscalía que quizás también podría estar cometiendo ahora con una mujer que durante los más de tres meses que duró el juicio sólo habló para decirle al tribunal que ella era inocente de todos los cargos que se le imputan. ¿Culpable o inocente? En un par de horas se sabrá.


Tribunal declaró culpable a Pilar Pérez de los tres crímenes de Providencia

Emol.com

19 de enero de 2011

La mujer también fue hallada culpable del delito de lesiones graves en contra de su nuera, Monserrat Hernando, y de robo frustrado de la familia Molina Pérez y de su madre.

Luego de casi cuatro meses de juicio, el Tercer Tribunal Oral de Santiago declaró a María del Pilar Pérez culpable del crimen de su esposo, Francisco Zamorano, de la pareja de éste, Héctor Arévalo, y del economista Diego Schmidt-Hebbel, para lo que contrató al sicario José Ruz.

Por decisión de mayoría, la mujer fue considerada autora inductora del robo con homicidio del joven economista Diego Schmidt-Hebbel Niehaus, ocurrido el 4 de noviembre de 2008, cuando éste iba a buscar a su novia, Belén Molina.

En este caso, José Ruz fue declarado por unanimidad como autor material del delito de robo con homicidio del joven. También se le halló culpable de robo con intimidación frustrado en contra de la familia Molina Pérez el mismo día.

En este hecho, dos de los jueces estuvieron por decretar la culpabilidad de Pilar Pérez en el robo frustrado en contra de su madre, Aurelia López, su hermana, Gloria Pérez, su cuñado, Agustín Molina, y de su sobrina, Belén Molina.

Mientras el juez presidente del tribunal, Alejandro Aguilar, iba dando a conocer el veredicto que condenaba a María del Pilar Pérez, ésta reaccionaba con gestos de sorpresa.

Crimen de su esposo y de su pareja

El tribunal también consideró, por mayoría, que la mujer era la autora instigadora del delito de parricidio de su esposo, Francisco Zamorano, y del homicidio calificado de la pareja de éste, Héctor Arévalo, ocurrido el 23 de abril de 2008.

La misma suerte corrió José Ruz, quien fue considerado como la persona que ejecutó el homicidio de la pareja, en un asesinato que fue calificado por el tribunal como «muy violento».

Por último, en el tercer cargo que se le imputaba a Pilar Pérez, la golpiza que le propinó a su nuera, Monsterrat Hernando, el 7 de julio de 2007, los magistrados en forma unánime recalificaron el delito y condenaron a la arquitecta como autora material de lesiones graves en contra de la joven.


Presidio perpetuo calificado para María del Pilar Pérez y su sicario José Ruz

Emol.com

26 de febrero de 2011

La magistrada del Tercer Tribunal en Lo Penal Doris Ocampo entregó las condenas por los crímenes de Francisco Zamorano, Héctor Arévalo y Diego Schmidt-Hebbel.

La pena de presidio perpetuo calificado recibió María del Pilar Pérez por los asesinatos de Francisco Zamorano (exesposo de la condenada), de la pareja de este último, Héctor Arévalo, y del joven economista Diego Schmidt-Hebbel Niehaus.

Un mes después de que ambos fuesen declarados culpables (19 de enero) de los tres crímenes, Doris Ocampo, jueza del Tercer Tribunal Oral en Lo Penal dio a conocer las sentencias del extenso juicio.

El fallo concluyó que la llamada «Quintrala» fuese condenada a la pena máxima por «los delitos de lesiones graves en contra de Montserrat Hernando Berríos (nuera); de parricidio contra Francisco Zamorano (exmarido) y homicidio calificado contra Héctor Arévalo (novio de éste)».

A ello se suma presidio perpetuo por «robo con homicidio consumado en la persona de Diego Schmidt-Hebbel, y frustrados en contra de María Belén Molina Pérez, María Aurelia López Castaño, Gloria Pérez López y Agustín Molina Mirabel».

En el caso de José Ruz Rodríguez, contratado como sicario por la imputada, recibió las mismas condenas, tanto por los delitos anteriores, como por el crimen de Francisco Zamorano y Héctor Arévalo.

Pese a que la sentencia establece que ninguno de los imputados podrá acceder a beneficios carcelarios antes de 40 años de internación efectiva, la jueza Ocampo aclaró que el tiempo que han estado privados de libertad «servirá de abono» a Pilar Pérez (recluida desde el 6 noviembre de 2008) y al asesino a sueldo (en prisión desde el 4 de noviembre del mismo año).

Indemnizaciones

El Tercer Tribunal Oral en Lo Penal acogió además las demandas civiles en contra de ambos condenados, quien tendrán que resarcir en forma solidaria con $50 millones a los hijos de la «Quintrala», María Rocío Zamorano Pérez y Juan José Zamorano Pérez, por daño moral.

En el caso de la novia de Diego Schmidt-Hebbel, María Belén Molina, recibirá un pago de 15 millones de pesos, tres veces más de lo que corresponderá a María Aurelia López Castaño, Gloria Pérez López y Agustín Molina.

Por último, la familia del joven economista, Klaus Schmidt-Hebbel y Greta Niehaus, será reparada por Pilar Pérez y Ruz Rodríguez con $150 millones.

Se determinó un plazo de 10 días para que la defensa de los condenados recurran a la nulidad del dictamen.


La historia íntima de la conflictiva familia de Pilar Pérez

Pedro Ramírez – Ciperchile.cl

4 de enero de 2011

En el hogar fundado por el español José Pérez se conformó un núcleo profundamente disfuncional, cruzado por disputas por dinero cuyas huellas pueden rastrearse hasta los años 50. Un padre menoscabado por una madre dominante, tíos paternos humillados, cuestionamientos a herencias que se extienden por décadas y un cuñado que la desplazó del control de los negocios, son parte del cóctel que explica el rencor de Pilar Pérez hacía su familia.

Acusada de instigar el crimen del joven Diego Schmidt-Hebbel y de pagar por la ejecución de su exesposo y su nueva pareja gay, está a punto de concluir el juicio oral de la mujer que se transformó en la pesadilla de sus parientes. No obstante, la historia de los Pérez López indica que ella no fue la única fuente de los conflictos.

Humberto Díaz Cabello escuchó a la empleada que acusaba a su patrón de propasarse con ella y se indignó. Era 1974. Díaz tenía 26 años y recién se instalaba como fiscalizador en la Dirección del Trabajo. Había simpatizado con el Frente de Estudiantes Revolucionarios y fue dirigente del Pedagógico hasta el golpe de 1973. Y, aunque mantenía bajo reserva su tendencia en el nuevo empleo, sus ideas lo hacían encarar con entusiasmo la defensa de los derechos laborales. Por eso, más se enojó cuando sus colegas le dijeron que no era [la] primera vez que oían esa queja de las empleadas de «ese español que se las traía».

Ese español era el dueño de una conocida panadería de Providencia, en la esquina de Seminario con Rancagua: José Pérez Pérez, natural de Chaguasozo, provincia de Ourense, Galicia.

-Partí a hacer una conciliación. Él pagó todo lo que correspondía y me pareció una persona afable. Ya tenía 62 años y me pregunté por qué tenía esa conducta con sus empleadas -cuenta Díaz.

Poco después, Pérez pasó a la oficina de Díaz a formular algunas consultas. «Se hizo un asiduo», recuerda. Con el tiempo, se dio cuenta de que el empresario era un hombre «increíblemente solo» y que buscaba excusas para entablar conversación con él, aunque los separaban 36 años. De a poco fueron construyendo una férrea amistad que se extendió por un cuarto de siglo, hasta la muerte del panadero, en 1999.

Intrigado por las conductas de las que lo acusaban sus empleadas, Díaz le preguntó directamente por qué se comportaba así. José Pérez le confidenció que desde hacía muchos años su mujer, Aurelia López Castaño, lo rechazaba. Tenían una diferencia de casi 20 años y ella, en esa época, recién rondaba los 40. Era una mujer, al decir de sus vecinos y de miembros de la colonia española, «distinguida y atractiva». También de carácter.

Díaz recuerda que José Pérez le contaba que su esposa lo controlaba hasta en los más mínimos detalles, que le impedía visitar a su hermano Emilio -también afincado en Chile- y que le quitó todo poder sobre el negocio al instalar a su yerno, Agustín Molina, como administrador.

También refiere el duro trato que tanto la suegra del panadero como su esposa le dispensaban a la hermana de José Pérez, María, quien había viajado desde España para ayudarlo y terminó convertida en «nana» de la casa.

La versión de Díaz sintoniza con las declaraciones que ha hecho la arquitecto María del Pilar Pérez López (58), la hija mayor de José Pérez, conocida como «La Quintrala» después de que en 2008 fuera imputada por el asesinato del joven Diego Schmidt-Hebbel y por el homicidio de su exesposo Francisco Zamorano, ajusticiado junto a su nueva pareja, Héctor Arévalo.

Desde la muerte de Schmidt-Hebbel se han conocido impactantes testimonios de la violencia y el odio con que Pilar Pérez se relacionaba con el resto de su familia, al punto que hasta su madre y sus hijos declararon en su contra en el juicio.

Se ha consolidado la imagen de una mujer que atormentó a sus familiares para apoderarse de todos los bienes que dejó su padre, al punto de planificar la ejecución de sus parientes. CIPER rastreó el origen y los conflictos de la familia y descubrió una historia que no exculpa a Pilar Pérez de los crímenes que se le imputan, pero que apunta a que la hija mayor del empresario no fue la única fuente de los conflictos familiares y que los Pérez López eran un núcleo profundamente disociado por disputas, casi siempre atizadas por la codicia, cuyas huellas datan desde los años 50.

El relato que hizo Pilar Pérez al siquiatra del Servicio Médico Legal, Rodrigo Dresdner, sobre el origen de su rencor hacia sus familiares, va en esa dirección. Así lo testificó ese perito en el juicio:

-Describe un cuadro familiar altamente disfuncional. Describe dos bandos dentro de la familia. Retrata a una madre dominante, autoritaria, en confrontación con el padre, a quien maltrataba sicológicamente. Describe a un padre de bajo perfil, periférico, disminuido, frente a un bloque constituido por su madre, su abuela materna y sus hermanas Gloria y Magdalena. Cuenta de un padre que se pasaba la mayor parte del tiempo en la panadería trabajando, aislado del resto de la familia.

Carretones con neumáticos

A fines de los años 20 y antes del inicio de la Guerra Civil española, decenas de jóvenes gallegos se embarcaron en dirección a América para evitar el servicio militar. Los reclutas eran enviados a defender las posesiones de España en el norte de África:

-Los mandaban a pelear con los moros y de ahí no volvía ninguno -corrobora Alfredo Sierra (75), propietario de una panadería en el paradero 18 de Santa Rosa, quien conoció a la familia Pérez en Chaguazoso.

Humberto Díaz dice que José le contaba que dejó España cuando aún no cumplía los 18 años -nació el 29 de noviembre de 1912- y que su familia vendió propiedades para pagar su pasaje en barco. Sus dos hermanos mayores, Emilio y Ceferino, ya estaban en Santiago.

Emilio trabajaba en el molino La Estampa, cuyo dueño, el español Manuel González Diéguez, no mezquinaba empleo a sus paisanos. José le contó a Díaz que partió en el mismo molino, a cargo de las caballerizas de los carretones repartidores de harina. Emilio y José escalaron hasta que les encargaron la administración de panaderías. Ceferino, en cambio, siempre fue un repartidor de pan que vivió en la pobreza.

Francisco González Olave, nieto del fundador de La Estampa, confirma el paso de José Pérez por la empresa:

-En la familia siempre conversamos sobre miembros de la colonia que empezaron en el molino y que después les fue muy bien. Don José administró una panadería en Malloco. Era muy trabajador, muy serio.

Según el relato de Díaz Cabello, Manuel González le confió inicialmente el local de Malloco a Emilio, quien ahorró y terminó abriendo su propia panadería en Talagante, donde se casó con una chilena y no tuvo hijos. Cuando dejó Malloco, la posta la tomó José.

-Don José contaba que en Malloco hizo una innovación que le permitió al molino ganar mucho dinero. Cambió las ruedas de las carretas repartidoras, que eran de aro metálico, por neumáticos. Los caballos estaban más descansados y abarcaban un área más amplia.

La esquina de Seminario

José Pérez le relató a Humberto Díaz que después lo pusieron a cargo de una panadería en calle Herrera, en el barrio de San Pablo y Matucana. El dueño del molino le dijo que los antiguos propietarios le debían 10 millones de pesos de la época y le propuso que trabajara hasta sanear el negocio, para venderlo después. Lo que consiguiera en la venta por sobre los 10 millones, se repartiría en partes iguales entre el molino y Pérez.

-Se hizo grandes ilusiones y trabajó mucho. Al cabo de unos años tuvo una oferta para vender la panadería por 18 millones. Cuando fue a cobrar sus cuatro millones, el hijo de Manuel González se los negó. Lo sintió como una humillación y renunció -recuerda Díaz.

El siguiente paso de José Pérez lo instalaría en Seminario con Rancagua, la esquina donde pasó casi dos tercios de su vida. Aunque los antiguos vecinos del barrio dicen que la panadería la abrieron los suegros de don José y que él llegó como un simple repartidor de pan que conquistó a la hija de los dueños, la versión de Díaz es otra.

-Él decía que contaba con el dinero que no le pagaron en el molino para asociarse con su futuro suegro. Se iba a casar con Aurelia López Castaño. Ella era una adolescente y don José ya iba para los 40. Los López Castaño venían de Argentina, pero eran conocidos de don José desde España y casi de una misma edad con él. El matrimonio se arregló y se comprometieron a hacer una sociedad 50 y 50 entre el suegro y don José para instalar una panadería.

El matrimonio civil se efectuó en la comuna de Independencia, al mediodía del 25 de octubre de 1947. De acuerdo con el certificado del enlace, ella tenía 17 años y él casi 36. La ceremonia religiosa se realizó en la iglesia de los carmelitas descalzos, en Borgoño con Independencia. El padrino fue Manuel Domínguez Diéguez, quien recuerda que cumplió ese rol a petición de su madre, emparentada con los Castaño, y que pasó un par de episodios incómodos porque a la salida de la iglesia lo confundieron con el novio, pues tenía 24 años y cuadraba mejor como pareja de la joven Aurelia.

Al final, dice Humberto Díaz, José Pérez no contó con todo el dinero que comprometió ante su suegro: «Su ingreso a la familia fue desfavorable para él. La sociedad se hizo 70 y 30 y él se convirtió en una especie de empleado con obligaciones y sin derecho a sueldo». Al poco tiempo de instalado en Chile el suegro falleció. El timón de la sociedad quedó en manos de la suegra, María Castaño.

-Era una mujer de carácter -recuerda el panadero español Alfredo Sierra, quien en su juventud visitó la casa de los Pérez López.

Los vecinos con más años en el barrio Seminario -que prefieren la reserva de sus nombres-, aseguran que la suegra era la que llevaba las riendas y que impartía órdenes o desautorizaba a su yerno como si éste hubiese sido un empleado más.

La panadería se instaló en la esquina norponiente de Seminario con Rancagua, en un edificio de tres pisos con subterráneo, signado con el 97 al 99 de Seminario, que arrendaron a una familia italiana. Abajo se dispuso la amasandería y los hornos. En la primera planta, la sala de ventas. En el segundo piso, las oficinas. Y en el nivel superior, la casa familiar, a la que se accedía por la puerta y escalera de Seminario 97, la misma a cuyos pies se desangraría el economista Diego Schmidt-Hebbel seis décadas después.

Matriarcado

José Pérez relataba a Humberto Díaz que a la muerte de su suegro se instaló un matriarcado.

-No se movía una hoja sin que la suegra lo supiera. Ella decidía cuándo y dónde se tomaban vacaciones, en qué momento la familia viajaba a España. Normalmente iba con su hija y sus nietas, y él se quedaba trabajando. Desde las 06:00 hasta las 10 de la noche vivía en la panadería. En el segundo piso tenía un living donde descansaba, ahí estaba su oficina. Lo llamaban a almorzar al tercer piso cuando ya habían comido todos y almorzaba solo -cuenta Díaz, quien compartió varias de esas jornadas con su amigo.

Con los años, el mando del núcleo familiar recaería en Aurelia. «Era una mujer interesante, con un tono argentino, autoritario. Don José le tenía mucho respeto», cuenta un viejo comerciante del sector. Un miembro de la colonia española que fue proveedor de la panadería recuerda a José Pérez como un hombre muy trabajador, pero que «no se ponía los pantalones en la casa. A veces su mujer lo desautorizaba en medio de las negociaciones, en público, en el mesón, y él agachaba el moño».

Su sobrino Guillermo Pérez, hijo de su hermano Ceferino, dice que éste varias veces visitó a José, pero que su esposa jamás lo dejó pasar a la casa: «Lo atendían en el mesón». Él considera que su tío era buena persona, pero que su mujer no aceptaba a sus familiares y él temía contrariarla:

-Una vez a mi papá lo asaltaron y golpearon. Mi tío vino a verlo hasta que se recuperó. Le traía leche y galletas, cosas de la panadería. Ahí vio la miseria en que vivíamos en el zanjón de la Aguada, detrás de un criadero de chanchos. En otra ocasión, un hermano mío pasó por la panadería y quiso conocer al tío. Se alegró mucho, lo abrazó. Su esposa estaba en la caja y él le dijo: «Mira, ha venido mi sobrino a conocernos». Pero ella ni lo miró.

Humberto Díaz relata que suegra y esposa le tenían prohibido a José Pérez visitar a su otro hermano, Emilio. Pero un día se «escapó» a verlo, a Talagante, y le pidió a Díaz que le cubriera las espaldas:

-A don Emilio lo conocí por 1985. Salimos a escondidas a visitarlo con la excusa de que íbamos al estadio a ver a la Unión Española. Lo estaba esperando con un cabrito al horno, porque a don José le gustaba la buena mesa pero se la tenían prohibida. Escuchamos el partido por radio, por si nos preguntaban el resultado. A mí me gusta la «U», pero para que lo acompañara al estadio me hizo socio de Unión. Fuimos a ver partidos hasta a Rancagua, Viña y Melipilla.

No sería ese el único secreto que compartirían. María, la hermana que oficiaba de «nana», terminó en una casa de reposo. José Pérez le contó a Díaz que no podía visitarla para no contrariar a su esposa y le pidió que fuera en su nombre a verla:

-Estaba bien atendida, pero sicológicamente destruida. Se movilizaba en silla de ruedas, pero su cabeza funcionaba bien y compartía con personas con alzheimer, seniles. Un día, llorando, me dice: «Lo único que quiero es morirme porque no soporto estar con mi cabeza buena con todo lo que tengo que ver acá, donde estoy de limosna y mi hermano no me puede venir a ver».

La herencia de Chaguazoso

José Pérez quería comprar el inmueble de la panadería, pero no le querían vender. Para presionar a los propietarios adquirió la esquina nororiente de Seminario con Rancagua, justo al frente del negocio, compra registrada en el Conservador de Bienes con fecha 16 de diciembre de 1950. Y anunció que se instalaría ahí si no le vendían. Bajo esa amenaza, logró adquirir la panadería el 9 de febrero de 1952.

En la nueva propiedad comenzó a construir un edificio de cuatro pisos con locales en la planta baja, departamentos en los pisos superiores y dos entradas: Seminario 96 y Seminario 98. En total, nueve locales y 15 departamentos. «A algunos locatarios les arrendaba por un porcentaje de las ventas, lo que los obligaba a trabajar más. Fue la primera vez que yo supe de ese sistema», cuenta un vecino.

Ceferino sospechaba que el edificio se había construido con dineros provenientes de la herencia de los Pérez en España. Creía que su hermano y su esposa habían liquidado parte de las propiedades que su familia tenía en Chaguazoso a espaldas de él, de Emilio y de María.

Por lo menos en tres ocasiones, recuerda Guillermo Pérez, su papá fue a hablar con su tío José por la herencia:

-La primera vez, se comprometió a buscar un arreglo para repartir la herencia entre todos los hermanos y quedó de avisarle, pero no pasó nada. Lo mismo ocurrió la segunda vez. A la tercera, estaban conversando en el mesón de la panadería y salió la mujer de mi tío y echó a mi papá a la calle. Ahí mi padre la empapeló a garabatos.

Ceferino murió pensando que fue engañado por su hermano y su cuñada. «Cuando mi papá estaba agonizando, le avisamos a mi tío que si quería verlo por última vez tenía que venir urgente. Pero no vino. Y al funeral mandó un empleado con flores», cuenta Guillermo.

Alfredo Sierra corrobora que los Pérez tenían varias propiedades en Chaguazoso: una casa «muy cómoda» en el pueblo, algunos prados para criar ganado y tierras para cultivo. No sabe qué pasó con la herencia ni si parte del patrimonio fue vendido por José y su esposa. Pero asegura que la última vez que viajó, en 1985, constató que había propiedades que seguían en manos del único hijo de Josefa, otra hermana de José, Emilio, Ceferino y María.

-Doña Josefa era la mejor cocinera del pueblo y preparaba las comidas para las fiestas. Ella murió y también su hijo, que fue mi amigo -cuenta Sierra, que confirma que la familia Pérez se extinguió en Chaguazoso, pero que aún quedan propiedades allá.

Temor a la UP

En 1968 José Pérez y Aurelia López adquirieron la casa de Seminario 95, contigua a la panadería. Dos años después iniciaron una espiral de ventas. Durante el periodo de la Unidad Popular el negocio marchó mal y José Pérez tuvo miedo de las expropiaciones, según le contó a Díaz. De acuerdo con los registros del Conservador de Bienes, entre 1970 y 1973 la familia vendió seis de los nueve departamentos de Seminario 98, dos de los seis departamentos de Seminario 96 y dos locales.

En febrero de 1972, José Pérez y Aurelia López liquidaron su sociedad conyugal y separaron bienes. Ella quedó en poder del inmueble de la panadería y la casa familiar, tres departamentos y dos locales. Su marido se quedó con la casa de Seminario 95, tres departamentos y tres locales. Al mes siguiente, inscribieron la sociedad comercial Panadería Seminario Limitada, en la que cada uno aportaba el 50% del capital.

A pesar de su aversión a la Unidad Popular, una vez instalado el gobierno militar José Pérez colaboró con el Comité Pro Paz, que daría origen a la Vicaría de la Solidaridad. Lo hizo a petición de su amigo Díaz: «Don José admiraba a Franco, pero cuando le solicité algunos canastos de pan sobrante, lo hizo de buen agrado. Me incluía piezas de cecinas y pasteles del día anterior, para distribuirlos a niños que perdieron a sus padres».

Pilar versus Agustín

La predilección de José por su hija Pilar era evidente. Él mismo se lo reconoció en distintas ocasiones a Humberto Díaz, argumentando que desde la adolescencia y a diferencia de sus hermanas, se rebelaba frente a su abuela y su madre:

-Pilar no aceptaba el trato de la abuela y la enfrentaba, cosa a la que don José no se atrevía. Ella era como la intérprete de don José para hacerle ver a su suegra su disconformidad. Él me comentó su preferencia por Pilar en términos de que era como el hijo varón que no tuvo. Y también cifró esperanzas en el esposo de ella, Francisco Zamorano, pensando que iba a ser su sucesor en la panadería y que con Pilar tomarían el mando. Pero se vio frustrado cuando supo que Zamorano era gay y su hija se separó.

En 1980 se sumó a la familia Agustín Molina, quien se casó con la hija menor, Gloria. El yerno se transformó en un dolor de cabeza para Pilar Pérez, que ante sus vecinos lo acusaba de aprovecharse de la pequeña fortuna acumulada por el panadero durante toda su vida. Rápidamente se instaló como el hombre fuerte del bando contrario -su suegra, su esposa y su cuñada Magdalena-, liderando desde entonces las peleas por el manejo de las platas.

Molina había sido recepcionista en un hotel de Madrid en el que se alojó la familia durante un viaje. Pololeó con Gloria Pérez por carta y luego él viajó a concretar el enlace. Los vecinos dicen que el mismo José lo entusiasmó para quedarse, porque no quería que su hija se radicara en España.

-Después que Agustín se casó con Gloria, su suegra decidió ponerlo por sobre don José. Desde entonces, la labor de don José no tuvo que ver con los dineros. Agustín bajaba todos los días a retirar lo que había en caja y se iba al banco -señala Díaz.

Antes de la llegada de Molina, Pilar Pérez ayudaba a su padre con el manejo administrativo y lo convenció de modernizar el negocio de los arriendos, por lo que en 1985 crearon una inmobiliaria. En esa sociedad, crucial para definir posteriormente el reparto de la herencia, José Pérez quedó con cerca de un 47%, su esposa con idéntico porcentaje y las tres hijas con aproximadamente 2% cada una. Pilar, la mayor, estaba tomando el timón del negocio, cuenta Díaz, y resintió el rol que comenzó a jugar Molina.

Ella misma se lo relató al siquiatra Rodrigo Dresdner, quien lo describió así al tribunal:

-Frente a este cuadro, ella se acerca al padre, lo acompaña y lo apoya. Pasaba periodos en la panadería ayudándolo (…). Descalifica a sus hermanas por llevarle el amén a la madre y señala que ella es la única que se atreve a enfrentarla, a cuestionarla (…). Se va generando una dinámica confrontacional cada vez más aguda. Esto se habría visto agravado con la llegada de su cuñado Agustín Molina. Al respecto, señala que entre su madre y Agustín «se apropiaron de las platas».

En un reportaje de revista Ya, Molina señaló que él ordenó las cuentas: «(Pilar) empezó a estar más controlada en el flujo de caja y ese era su punto débil. Además, lo que nunca consiguió conmigo fue que sus pataletas vencieran». El control llegaba hasta sus gastos personales, para fiscalizar que no usara fondos de la panadería. Un comerciante vecino relata que en una ocasión vendió unos productos a Pilar y que Molina se presentó en su local para cerciorarse de cuánto y en qué había gastado su cuñada.

-Don José se refería a Agustín como «el ministro». Decía «ya va a bajar a buscar la plata el ministro» o «tiene que ir al banco el ministro» -relata Díaz.

Desayunos sin boleta

Suegra y yerno sospechaban que José Pérez le pasaba plata del negocio a Pilar. Y no estaban equivocados. Díaz fue testigo de aquello en varias ocasiones en que el español lo invitó a tomar desayuno con él en la panadería:

-Entre las seis y las siete de la mañana vendía a la gente que trabajaba en los alrededores, que compraban pan y cecinas para el desayuno. Ese dinero no lo boleteaba y se lo entregaba a Pilar todas las mañanas en un sobre. Ella es arquitecta y ejercía su profesión libremente, pero se quejaba de que no tenía muchos ingresos.

Pilar recompró a su nombre tres departamentos de Seminario 96 que su familia había vendido durante la UP. Dos en 1996 (uno por $25 millones y otro por $17 millones), y uno en 1999 ($25,7 millones), tres meses antes de la muerte de su papá. El resto de la familia intuía que el dinero, o parte de él, se lo había facilitado su padre y que ella se estaba aprovechando de los trastornos seniles que éste comenzó a evidenciar en la segunda mitad de los años 90.

En el juicio, el hijo de Pilar Pérez, Juan José Zamorano, contó que su madre además compró otros dos departamentos nuevos, por un valor que supera las 6.500 UF cada uno (unos $300 millones en total).

El quiebre familiar se agudizó cuando a la muerte de Emilio Pérez, el hermano de José, se supo que le había dejado su propiedad en Talagante a Pilar. Díaz conoció esa historia de primera mano:

-En uno de los viajes que hicimos a Talagante con don José, don Emilio le dijo «oye, yo no tengo heredero y creo que esto debería dejártelo a ti». Y don José le respondió: «Mira, creo que es mejor que se lo dejemos a Pilar, porque es la más indefensa. Los demás tienen a la madre que los protege». Yo presencié ese diálogo.

El testamento

A fines de los 90, José Pérez comenzó a evidenciar síntomas de Alzheimer y dejó de atender la panadería. Los negocios quedaron en manos de Molina y su suegro pasó sus últimos días en el segundo piso, donde lo atendía una enfermera. Pilar Pérez se queja de que a ella no la dejaban visitar a su padre.

El siquiatra Dresdner aportó en el juicio la versión que Pilar Pérez le dio: «Acusa a su familia de, en un momento, prácticamente secuestrar al padre. Se queja de que lo internaron en una clínica siquiátrica sin consultarle y que posteriormente lo relegaron a un piso en la casa donde vivía su hermana Gloria. Afirma que ahí lo mantenían en malas condiciones, aislado, y que debía alimentarse solo en su habitación, mientras el resto se congregaba en el comedor».

Humberto Díaz visitó varias veces a José Pérez en su lecho de enfermo: «Pilar me llamaba para saber si yo había visto a su padre y en qué estado lo había encontrado. A ella no la dejaban subir».

En el reportaje de Ya, Gloría Pérez narró que su hermana Pilar se peleó con su madre porque a su juicio no cuidaban bien a su papá:

-Mi mamá un día le dijo: «Si no estás de acuerdo en cómo lo cuido, llévatelo a tu casa». Y ella le respondió «no es espectáculo para tenerlo en mi casa», porque mi papá además de Alzheimer tenía psicosis aguda.

José Pérez falleció en diciembre de 1999, a los 87 años. Su familia no sabía que había dejado un testamento. Así lo relató Molina en el juicio: «La madre de Pilar llamó al contador y dijo que quería dejar la parte del papá a sus tres hijas y que quería hablar con su abogado. A la semana Pilar anunció que había un testamento en que la mayoría de las cosas se las dejaba a ella».

José Pérez dejó a su hija mayor todo lo que podía disponer libremente y redujo al mínimo legal las partes para su cónyuge y sus otras dos hijas. Su «masa hereditaria», que correspondía a cerca de un 47% de su participación en la sociedad inmobiliaria creada en 1985, se dividió de la siguiente forma: 60% para Pilar, 20% para la madre y 10% para cada hermana.

El siguiente paso era liquidar la sociedad inmobiliaria, para entregarle a cada uno los departamentos y locales que les correspondieran en proporción a su porcentaje. Lo que debía ser un mero trámite tomó casi ocho años. Pilar Pérez declaró a La Tercera que en tres ocasiones sus familiares intentaron impugnar el testamento, pero que no lo lograron porque fue hecho antes de que su padre enfermara.

Uno de los comerciantes que alquila locales a la familia cuenta que quiso comprar la propiedad, pero Agustín Molina le respondió que no se la podía vender: «Me dijo que tenían un lío con la herencia, porque don José le había dejado casi todo a Pilar y que su suegra y Gloria querían aceptar, porque era la voluntad del papá, pero que él las había convencido de que tenían que pelear las propiedades».

Pero una persona que conoció de cerca las extensas negociaciones asegura que fue Pilar la que retrasó el acuerdo, ya que en varias oportunidades estaban a punto de firmar y ella «pateaba el tablero». Pilar reclamaba que entre 1999 y 2006 Molina no le había pagado las rentas por las utilidades de la inmobiliaria y exigía que esa deuda se la cancelaran con un departamento más. No obstante, las auditorías que pidió demostraron que en esos años las ganancias de la inmobiliaria costearon pérdidas de la panadería.

-Pilar era socia de la panadería, por lo que también tenía que aportar a esos pagos, así que sus rentas impagas de la inmobiliaria se anulaban. Ella reclamaba que no tenía por qué pagar por la mala gestión de Agustín, pero la auditoría indicó que la panadería venía mal de cuando la administraba don José. Cuando la tomó Agustín tendría que haberla cerrado, pero la señora Aurelia se empecinó en mantenerla. La cerraron en 2003 -dice la misma fuente.

Molina volvió a pagarle a Pilar Pérez sus ingresos por los alquileres de la inmobiliaria y en 2007 esos arriendos reportaban casi $ 3 millones, que se repartían de acuerdo a la participación de cada una de las mujeres en la sociedad: 56,9% para Aurelia López, 30,1% para Pilar Pérez y 6,4% para cada una de las otras hermanas. La división de los bienes de la herencia debía seguir la misma proporción y en eso había acuerdo, pero el problema era que Pilar insistía en que quería recibir su parte sólo en departamentos y no en locales comerciales.

El acuerdo definitivo dividió el patrimonio familiar de la siguiente forma: Aurelia López quedó con el inmueble de Seminario 97 al 99 y tres locales de calle Rancagua; Pilar Pérez obtuvo la casa de Seminario 95 y tres departamentos (que se suman a los tres que adquirió entre 1996 y 1999); Gloria López los locales de Seminario 98A y 98B y Magdalena López los locales de Seminario 96A y 96B.

La inmobiliaria se disolvió mediante una escritura firmada el 24 de octubre de 2008. Diez días después fue asesinado Diego Schmidt-Hebbel. La inscripción de las propiedades en el Conservador de Bienes bajo el dominio de sus nuevas dueñas quedó registrada el 1 de diciembre de 2008, cuando Pilar Pérez cumplía un mes detenida. Ya en la cárcel, la arquitecta traspasó cuatro departamentos a su hija Rocío antes de que fueran embargados, pero fue descubierta y finalmente la joven rescindió el contrato.

Un año después de la muerte del joven economista, el 23 de noviembre de 2009, Aurelia López Castaño vendió el edificio que albergó la panadería y su hogar durante más de 60 años. La venta quedó inscrita en el conservador bajo el número 98429 e indica que Inversiones Concepción S.A. le pagó $ 310 millones a la viuda de José Pérez Pérez.

Las acusaciones contra Pilar Pérez

El juicio contra Pilar Pérez se inició el 23 de septiembre pasado. El Ministerio Público la acusa de haber contratado a un sicario -José Ruz- para ejecutar a su exmarido, Francisco Zamorano, y a la nueva pareja de éste, Héctor Arévalo, crimen cometido el 23 de abril de 2008.

La fiscalía también apunta a que la disputa familiar por los bienes que dejó su padre la llevaron a pagar al mismo sicario para que asaltara la casa de su madre y ejecutara a su cuñado. Agustín Molina. Pero Molina cree que Ruz pretendía liquidar a toda la familia, incluyendo a su esposa y la hija de ambos, Belén, además de su suegra.

La acusación indica que el 4 de noviembre de 2008, Ruz intentó ejecutar el plan y se encontró con la oposición del novio de Belén, Diego Schmidt-Hebbel, a quien baleó antes de escapar.

En el juicio, declararon en contra de Pilar Pérez hasta su madre y sus dos hijos, Juan José y Rocío, quienes se refirieron a ella como «la señora». Todos la describen como una mujer fría, violenta y calculadora, que transformó la vida familiar en una pesadilla.

Entre los episodios más impactantes escuchados en el tribunal está el relatado por su nuera, Montserrat Hernando, quien acusa a su suegra de haberla empujado por la escalera:

-Cuando me doy vuelta ella está con un mortero en la mano y me empezó a pegar con una cara… de tanto odio, una mirada vacía de amor. Me pegaba y me pegaba. Yo le preguntaba qué le pasaba y seguía, con tanta rabia.


Crecer con la Quintrala

Francisco Torrealba – Elmercurio.cl

Nadie vivió con más dramatismo el comportamiento de Pilar Pérez que Rocío y Juan José, sus hijos.

«Nosotros éramos aparentemente una familia normal… Mi hermana mayor siempre fue voluntariosa, confrontacional (…) le gustaba conseguir a cualquier precio sus caprichos». Magdalena Pérez, hermana de Pilar Pérez

«Pilar siempre demostró tener un carácter dominante. A veces bajaba al negocio, a los cinco o seis años, y agarraba a puntapiés a las empleadas. Después, de más edad, un empleado que teníamos de mucho tiempo no hizo algo que ella le pidió, y lo abofeteó frente a todo el mundo». María Aurelia López, madre de Pilar Pérez

«Un día mi papá, harto de ella -que era chica-, quiso pegarle una cachetada para que se callara y mi abuelita la defendió. Y él le dijo: “No la defienda tanto, que un día le va a pegar”». Magdalena Pérez, hermana de Pilar Pérez

«Recuerdo que yo estaba en España, y a mi regreso me contó que un día estaban almorzando y Pilar se fue a los puños con su padre». María Aurelia López

«Hubo un día en que mis hijas iban a ir a una fiesta, yo les iba a comprar un vestido a cada una, y ella dijo que no quería ir pero me exigió el dinero del vestido». María Aurelia López

«Cuando uno de sus primeros pololos la dejó, ella prometió que lo denunciaría a Impuestos Internos hasta que reventara. Había una sensación de venganza. De “tú me dejas, yo te hago esto”». Magdalena Pérez

«Nunca fue una familia normal»

«Al principio no se notaba una relación extraña entre ellos, pero a medida que el tiempo transcurría se iban haciendo presentes algunas características raras. Pancho (Zamorano) era cariñoso, acogedor, cálido (…) era un gozador de la vida. Ella no, mantenía la compostura, más rígida, más estructurada, no compartían las mismas cosas, eran demasiado distintos». Magdalena Pérez

«Éramos familia porque vivíamos juntos, pero vida de familia, no recuerdo alegría, ni muestras de afecto entre la señora Pérez y mi padre. No era un hogar (…) Siempre usaba palabras despectivas, el huevón, el muerto de hambre, el que se mandó a cambiar, el que te dejó botado». Juan José Zamorano, hijo de Pilar Pérez

«Pancho quería a Pilar, pero estaba un poco subyugado, era una relación como de jefa a empleado. Francisco decía que Pilar le daba el dinero justo para la colación del día, si se le perdía, mala suerte. Un detalle tonto: en Estados Unidos un día estaba comiendo hot dog, una gaviota se lo comió, y ella le dijo: por huevón te quedas sin comer». Agustín Molina

«Todo comenzaba por el tema de la plata. La señora Pilar siempre ha sido una persona muy materialista, muy clasista, muy miradora en menos y el hecho de que durante toda mi infancia viviéramos en casa de mis abuelos era el tema de que esta señora siempre le sacaba en cara a mi padre». Rocío Zamorano Pérez, hija de Pilar Pérez

«Las navidades se hacían en mi casa (…) Ella no quería ir porque estaba peleada con su esposo, o con mi mamá, o con algún hijo, y no podíamos tener ni siquiera la cena familiar en paz. Ella era el punto de inflexión de que no pudiéramos sentarnos a comer tranquilos en la mesa». Belén Molina Pérez, sobrina de Pilar Pérez

«Me hizo la vida imposible»

«Mi relación con Rocío fue entrañable desde el comienzo. (…) Dos años después nació Juan José. Pero mi relación con él fue totalmente distinta. Rocío siempre estaba como lista, la tenía como preparada para que uno se la llevara. Tanto es así que en el barrio pensaban que era mi hija, siempre me vieron con ella. En cambio con Juanjo nunca salí sola, de la mano con mi sobrino. Ella lo protegía, lo amparaba, fue menos libre diría yo». Magdalena Pérez

«Tengo recuerdos tristísimos de algunos episodios de Pilar con su hija. Rocío apenas caminaba, era chiquitita, y le hizo una encerrona en el baño y le dejó el pelo cortito, como de un centímetro». Magdalena Pérez

«Cuando yo tenía unos 5 años de edad, esta señora toda las mañanas antes de irme al colegio me peinaba de manera muy tirante. Yo tenía el pelo bien largo, entonces cada mañana era un suplicio. La mayoría terminaba llorando por el dolor que me hacía sentir. Un día parece que mis llantos fueron más de lo habitual y me empujó contra el canto del azulejo con el espejo». Rocío Zamorano

«Todavía ella tiene la cicatriz en la frente. Le pusieron ocho puntos». Magdalena Pérez

«Me decía que el pelo crespo era de roto, ya que mi padre lo tenía así. Una noche me encerró en el baño poniendo la lavadora contra la puerta, contrató una peluquera, y la llevó a la casa en la noche para que me cortara el pelo». Rocío Zamorano

«(Pilar) mandó al padre a buscarla y ella notó a su papá raro. Pancho le dijo “es que tu mamá me dio unas pastillas para dormir”». Magdalena Pérez

«Comenzamos a avanzar y aproximadamente a una cuadra y media mi papá chocó con un bandejón central. Y así fue como tomé yo el volante y manejé hasta mi casa de vuelta por el único camino que me sabía». Rocío Zamorano

«Él (Juan José) vivía en una burbuja al lado, tenía todo lo que quería, los últimos adelantos electrónicos, ropa, tenía su auto. No le faltaba nada. Lo mimaba (…) Eso fue desde que nació, se notaba que tenía predilección por su hijo varón y no por la niña. Eso se manifestaba en que a Rocío por nada la retaba, la hacía llorar. Cuando veía a su madre, tenía la mirada de niño ante alguien que la va a castigar». Agustín Molina, cuñado de Pilar Pérez

«Mi hermano para mí es un desconocido, ya que esta señora se encargó siempre de mantenernos en bandos opuestos dentro de la casa». Rocío Zamorano

«Tres años antes de que yo naciera, esta señora se hizo un aborto de mi hermano mayor hombre, de más de seis meses de gestación. Por eso yo me explico que al nacer yo, no pudo redimirse en su conciencia, lo que sí logró con mi hermano menor». Roció Zamorano

«Pancho nunca se recuperó de esa pena, lo llevó como un dolor tremendo hasta el día de su muerte. Siempre decía: “Yo tuve tres hijos”». Magdalena Pérez

«Estaba feliz con la separación»

«Lo trataba con muchos garabatos a Pancho. Como si tener otra opción sexual en la vida fuera un delito». Magdalena Pérez

«A Pancho le tiraban arriba de la cama las monedas para el metro antes de irse a trabajar». Magdalena Pérez

«La primera vez que mi padre se va de la casa, yo tenía unos seis o siete años. Se fue un par de semanas esa vez». Rocío Zamorano

«La separación definitiva ocurrió en septiembre de 1995, cuando yo tenía 16 años. Esa separación debió ser mucho tiempo antes. Esa mañana, la señora (Pilar Pérez) vio un video de un paseo a la nieve que se había hecho el día anterior en el cual aparecía el pololo que tuve en el colegio, que no cumplía con los estándares que la señora quería y no le gustaba. Esa fue la razón puntual que gatilló la discusión. Yo estaba en mi pieza hablando por teléfono, acaban los gritos y mi padre me va a decir que se va de la casa. Mi respuesta fue “al fin, qué bueno”». Rocío Zamorano

«Me fue a avisar, estaba en mi pieza y me dijo que se iba de la casa. Yo no entendí muy bien por qué fue, pero lo terminé viendo como la solución al asunto, porque la convivencia en esa casa era insostenible». Juan José Zamorano

«Rocío estaba feliz cuando el papá le dijo que se iba. Le dijo “bacán, yo te ayudo viejo, yo te ayudo a empacar”. Lo único que quería era que su papá viviera algún tiempo feliz después de tantos años de infierno». Magdalena Pérez

«Pancho salió de su casa con lo puesto. No lo dejaron sacar ni sus tableros de arquitecto, quedó en la calle. No tenía trabajo y fue muy duro para él (…). Mientras vivía como un mendigo, ella se había comprado un Honda último modelo que vi en la puerta del colegio porque coincidíamos cuando íbamos a buscar a nuestros hijos». Magdalena Pérez

«Tuve todo lo que quise, y ella se encargaba de sacarme todo en cara, y de nuevo en contra de mi padre, diciendo que ella era la que siempre me daba todo». Juan José Zamorano.

«Tuve a Pancho en mi casa muchas madrugadas después que se separó. Iba a llorar, a contarme cosas que yo ni siquiera sabía. La que más me impresiona, (…) es un aborto provocado con un feto viable de 30 semanas de sexo masculino. Yo, estudiando la carrera que estudiaba (matrona) nunca supe que ella estaba embarazada (antes de casarse), y ella vivía en la casa (nuestra) y hasta eso ocultó». Magdalena Pérez

«Lo echaron por maricón»

«No me pude ir con mi papá y me quedé viviendo con la señora (Pilar) y mi hermano. Me hubiera gustado irme con él, esa casa era un infierno. No alcancé a durar un año más en esa casa. En septiembre del año 96, por mi colegio, tuve una gira a Sudáfrica y desde allá, por teléfono, le pedí a mi abuela materna que me acogiera en uno de los departamentos que ella tenía. Tenía 17 años». Rocío Zamorano

«Toca el timbre de mi casa, mi mamá baja, Rocío aparece con sus maletas y le dice “tía, me fui de mi casa, me peleé con mi mamá, no la quiero ver nunca más, no tengo dónde vivir”». Belén Molina

«Iba y venía. Parecía una gitana la pobrecita». Magdalena Pérez

«Mi abuela hacía dos bolsas de colación exactamente iguales. Rocío salió de mi casa vestida para la fiesta de graduación, para su titulación. Dio la prueba, entró a la universidad, mi papá la iba a dejar al preuniversitario. Era como mi hermana grande». Belén Molina

«Yo ya estaba en la universidad. Un día a esta señora me la topo en la calle y me dice que si no vuelvo a la casa no me iba a seguir pagando los estudios. Fue así como tuve que volver a la casa. En ese mismo instante, a mi padre le roban su camioneta de trabajo. Él le dice (a Pilar Pérez) que si fue ella la que la robó, que se la devolviera o me regalara a mí un auto. A la semana siguiente, yo tenía un auto 0 kilómetros en la puerta de la casa, lo que me sirvió para poder venderlo e irme nuevamente de la casa. No volví nunca más». Rocío Zamorano

«Yo les pagué a los niños desde el jardín infantil hasta cuarto medio, en el colegio Grange. Más la universidad de Rocío, le pagué casi todo. Le pagaba porque eran mis nietos, y como ella siempre lloraba miseria, para tenerla contenta. Siempre la he ayudado en todo». María Aurelia López.

«Juan José se quedó viviendo con su mamá y por ese motivo lo perdimos. Lo dejé de ver cuando era un niño y lo vine a ver de nuevo convertido en profesional. Juanjo era como intocable, ella lo tenía en una burbuja, no dejaba que se relacionara con nosotros». Magdalena Pérez

«Ella (Rocío) había asumido su homosexualidad, y que tenía sida. Lo ayudaba, iba a un lugar donde ayudan a la gente con sida, ella pasaba como médico una vez a la semana. Desde chiquitita, siempre lo amó más a él que a la madre». Agustín Molina

«Nosotros lo supimos prácticamente desde siempre (la homosexualidad de Zamorano). Porque se comentaba en la familia. La familia de Pancho lo comentaba». Magdalena Pérez

«El primer indicio lo tuve cuando tenía unos 9 o 10 años. En esa época, mi padre trabajaba en la Municipalidad de Santiago. Y una noche, estando dormida, la señora se mete a mi cama y me dice “echaron a tu papá por maricón de la municipalidad”. En ese momento no me hizo mucho sentido la palabra. De ahí en adelante, en reiteradas ocasiones, la señora se encargaba de repetirla, sobre todo cuando peleaban, cuando discutían. Luego, al ser más grande, me fui dando cuenta». Rocío Zamorano

«Rodrigo (Arévalo, pareja de Zamorano) me trataba como si yo fuera su hija (…) El tiempo que mi padre estuvo con él fue el más feliz de su vida». Rocío Zamorano

Reencuentro de Juanjo y su padre

«Juan José se da cuenta que tiene una familia, un papá, abuela, primas que lo quieren mucho, y empieza a acercarse. Llega un día pidiendo perdón. “Perdón, los perdí, los quiero mucho” (…) Comienza a acercarse a su papá, con quien había perdido relación, no lo veía». Belén Molina

«Pancho estaba muy feliz, había recuperado a su hijo». Magdalena Pérez

«Comenzó a acercarse mucho a Pancho, su padre, y eso fue la gota que rebasó el vaso del odio rematado que tenía ella hacia Pancho». Agustín Molina

«No conozco a mi hermano, pero a mi papá, sí. Y puedo decir que su relación era casi nula. Pero desde que pasó lo de Monserrat hubo un acercamiento, nos juntamos los tres a almorzar para el Día del Padre, estuvimos comiendo en la casa de mi papá, fue el único período en que tuvieron contacto». Rocío Zamorano

«Ella le decía a Juan José muy enojada ¿cómo celebras el Día del Padre si él nunca ha sido tu padre, nunca ha estado presente, nunca te ha dado un peso?» Montserrat Hernando, nuera de Pilar Pérez.

«Se le tiene que haber venido el mundo encima, sabiendo que se reencontró con su papá. Eso gatilló sentimientos muy oscuros en su mente. Ella odiaba a Pancho, imagino que el que su hijo favorito estuviera en contacto con su papá la tiene que haber desarmado». Magdalena Pérez

Muerte de Zamorano

«Me subí al auto con Rocío y Rodrigo (Arroyo), les pregunté: ¿No les llama la atención que haya sido así esto? ¿Que no falte nada? ¿Que no hayan forzado nada? ¿No se les pasa por la cabeza que la señora Pilar Pérez esté involucrada en esto? Su respuesta fue: ¿Cómo va a ser tan mala? Y les dije “sí, puede ser así de mala”». Juan José Zamorano

«Él estaba convencido de que su mamá estaba detrás de esto». Magdalena Pérez

«Quería obtener información de parte de ella y aclarar mis dudas. Quería que todos los cabos se ataran, pero la sospecha siempre estuvo». Rocío Zamorano

«Con eso (la muerte de su papá) esta señora terminó de destruir mi vida». Rocío Zamorano

«Juan José le hizo una carta a su padre. Fue bien triste. Durante ese período la gente le hablaba tan bien de él y él toda su vida había recibido tanta mala cosa respecto a su padre. Y me dijo “qué pena haberme reencontrado con mi papá tan poco tiempo, y toda mi vida me dijeron que no era nada”. En el funeral estaba arrepentido y triste de no haberlo conocido más». Montserrat Hernando

«Lo trató de narcotraficante»

«En junio de 2004 conocí a Rodrigo Arroyo. Yo estaba trabajando en una empresa de atención médica domiciliaria y él era de uno de los móviles que transportaba a los médicos. Yo trabajaba bastante en esa época y había días enteros que pasaba sentada al lado de él en el auto. Esta amistad fue creciendo… A la señora le pareció pésimo, porque mi marido nació en la comuna de La Pintana. Era todo lo que la señora no quería para mí». Rocío Zamorano

«La señora Pilar Pérez siempre se refería en malos términos hacia él, decía que tuviera cuidado y que ella de alguna forma iba a hacer que ese matrimonio no funcionara». Juan José Zamorano

«Me decía que yo tenía enferma a Rocío. Yo le dije “Señora, usted la tiene enferma”. Me insultó, que yo era un muerto de hambre. Yo soy nacido y criado en La Pintana, y me gritaba esas cosas». Rodrigo Arroyo, yerno de Pilar Pérez

«En esa época yo no podía seguir arrendando el departamento cerca de la casa de mi papá, y estaba viviendo en uno de Seminario 96, de propiedad de la señora Pilar. Cuando se enteró de mi relación, de que nos íbamos a casar, me echó inmediatamente, y gritándole (a Rodrigo) de una vereda a otra (…) Lo amenazó diciéndole que anduviera con cuidado porque algo le podía pasar». Rocío Zamorano

«Lograron casarse cambiando a última hora el lugar donde contrajeron matrimonio porque estaba segura de que su mamá iba a ir a hacer un escándalo». Magdalena Pérez

«Dos días antes de que me casara, mi marido recibió una sospechosa llamada por teléfono para confirmar nuestro matrimonio. Cuando me dijo eso altiro le dije “es la señora que va a ir a impedirlo”, por lo que pedimos hora a otro Registro Civil, en Curacaví, donde nos casamos escondidos. Ella misma nos confirmó después que había acudido al civil de Peñalolén a impedir nuestro matrimonio». Rocío Zamorano

«Me decía que estaba triste porque Rocío estaba casada con un roto, con un taxista. Ella, con mucho rencor, decía que Rocío había estudiado en los mejores colegios, que merecía mucho más». Montserrat Hernando

«Estuvimos distanciados como año, año y medio. A mí no me cuadraba que Rocío no hablara con su mamá para fechas como el Día de la Madre. Siempre le decía “llama a tu madre, salúdala”. Cuando nos casamos se fue dando un acercamiento, se empezaron a juntar, salían los sábados, los domingos iban de compras y así se empezaron a dar las relaciones de a poco. Ahí empezamos a conversar y conocernos». Rodrigo Arroyo

«Fueron las palabras de mi marido, y el consejo que siempre me dijo mi papá de que a esta señora es mejor tenerla de amiga que de enemiga, que decidí entablar una relación, que yo califico como cordial, con ella». Rocío Zamorano

«Con Pilar nos veíamos dos veces a la semana, todos los días sábado iba para la casa, almorzábamos juntos. A veces pasaba yo a tomar un café a su casa». Rodrigo Arroyo

«Pilar quería comprar unos departamentos en calle Balmoral, uno para nosotros, uno para ella y uno para Juan José. Esa era la idea inicial. Juan José no aceptó el departamento, pero nosotros sí. Teníamos que darle una cantidad mensual». Rodrigo Arroyo

«No era la princesita para su hijo»

«La señora Pilar nunca aceptó a mi otra polola, porque la encontraba rota y ordinaria. Irónicamente, éramos compañeros de curso. En el colegio que la señora Pilar Pérez había elegido porque era de élite, The Grange School. Hubo harto maltrato sicológicamente. Pololeamos cinco años. Y por ejemplo, ella decidió no saludarla más, cuando iba a mi casa. La ignoraba. La criticaba, decía que era poco para mí». Juan José Zamorano

«Cuenta Juan José que su madre se había ido a la playa. Entonces invitó a su polola a quedarse esa noche en la casa, pero Pilar llegó temprano y encontró a la polola en la casa. Le hizo un escándalo tan grande que se escuchó hasta en la casa del lado». Agustín Molina

«Ella me quería bastante, yo también. La relación de ella con Juan José era buena, le daba todo lo que quería, pero también tenían peleas». Montserrat Hernando, nuera de Pilar Pérez

«Ella misma me acompañó a principios del año 2006 a escoger un anillo de compromiso». Juan José Zamorano

«El 23 de septiembre de 2006 estábamos en la casa de unos amigos, Montserrat me llamó diciéndome que Juan José le había regalado un anillo. Nos alegramos muchísimo y yo programé un almuerzo para el día siguiente. Pilar llegó muy triste, estaba muy afectada por esta noticia. Me dijo que perdía a su compañero con este matrimonio.» Clara Berríos, suegra de Juan José Zamorano

«Después de que lo entregué (el anillo) empezó a criticar mi decisión diciendo que era muy joven todavía para poder casarme, que estaba estudiando, cosa que no era tan cierta porque ya era médico y estaba estudiando una especialidad. Y criticaba también que Montserrat era muy joven y que con nuestros sueldos no íbamos a ser capaces de mantener una casa. Menos ella iba a ser capaz de mantenerme a mí con los cuidados a los que estaba acostumbrado y que ella sí me podía dar». Juan José Zamorano

«No era la princesita para su hijo regalón». Magdalena Pérez

«Ahí empezaron a haber más peleas con Juan José, de que no estaba mucho tiempo con ella, de que no se preocupaba de ella. Me ponía al medio y me preguntaba “¿no es cierto que debería estar más preocupado de su mamá?”». Monserrat Hernando

«Conversó que quería comprar un departamento para Juanjo, frente al de ella (…) Insistía en que quería seguir preocupándose de su hijo, de que si se enfermaba, de los desayunos, sus delantales albos para cuando iba a trabajar». Clara Berríos

«Yo le contestaba que me tuviera un poco de fe, de que yo iba a poder compatibilizar mi trabajo con la vida de señora». Monserrat Hernando

«Ella nunca entendió que no se iba a quedar sola, que me estaba casando, no yendo a otro planeta». Juan José Zamorano

Una mirada de odio

«Ella se imaginó que el noviazgo de Juan José iba a durar un tiempo, pero cuando vio que las cosas se venían encima, los partes, la iglesia y su hijo estaba pronto a abandonar la casa, ocurre este episodio tan lamentable con Monserrat». Magdalena Pérez

«Esta señora tenía una muy buena relación con mi cuñada, se encargaban juntas de los preparativos del matrimonio. Hasta que esta señora discute con Montserrat, la empuja por la escalera y la golpea en la cabeza». Rocío Zamorano

«Cuando me doy vuelta ella está con un mortero en la mano y me empezó a pegar con una cara… de tanto odio, una mirada vacía de amor. Me pegaba y me pegaba. Yo le preguntaba qué le pasaba y seguía, con tanta rabia. Y dije “tengo que salir de acá como sea”». Montserrat Hernando

«Alrededor de las 9 de la noche me volvió a llamar desesperada, diciendo que la señora Pilar Pérez la había tratado de matar». Juan José Zamorano

«La miré a los ojos y le dije “por favor dígame si quiere matarme”. Y ella me decía entra, entra. (…) La puerta quedó abierta y la veía cómo limpiaba la sangre como si nada». Montserrat Hernando

«Considerábamos que no podíamos hacer demanda en contra de mi consuegra porque el matrimonio ya venía, suponíamos que era un caso puntual, yo no tenía idea de nada de nada de la vida anterior de Pilar». Clara Berríos

«Y Juan José decide irse de su casa. Y cuando quiere volver a buscar sus cosas, su mamá no lo deja entrar. Le dice que no puede sacar nada, porque lo que está ahí lo compró ella». Belén Molina

«A partir de ese momento, Juan José siguió viviendo en mi casa hasta que se casaron. Al matrimonio no fue nadie de su familia, ni su hermana tampoco. La hermana (Rocío) le dijo que no podía asistir porque la mamá le había regalado un departamento y no quería estar en contra de su madre». Clara Berríos

«Nos casamos el 8 de septiembre de 2007 por el civil y el 20 de octubre por la Iglesia. Ella no fue a ninguno. (…) Ella trató de impedir el matrimonio hablando con el padre de la iglesia donde nos casábamos. Fue a hablar con el párroco de los Santos Ángeles Custodios. El día que nos casamos, vi a una persona que filmó todo el matrimonio, persona a quien no conocíamos». Montserrat Hernando

«Quedarse sola es una de las grandes obsesiones de Pilar Pérez junto con el dinero. Se rodea de gente, ojalá que pueda manipular, y siempre ha estado obsesionada con el dinero». Juan José Zamorano

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