Margarita Sánchez Gutiérrez

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Margarita Sánchez Gutiérrez

La viuda negra de L'Hospitalet

  • Clasificación: Asesina en serie
  • Características: Envenenadora - Robos
  • Número de víctimas: 4
  • Periodo de actividad: 1992 - 1993
  • Fecha de detención: 19 de junio de 1996
  • Fecha de nacimiento: 26 de diciembre de 1953
  • Perfil de las víctimas: Rosalía Marco Castro, 70 / Luis Navarro Nuez (su esposo) / Manuel Diaz Rojas, 57 / José Aracil, 50
  • Método de matar: Envenenamiento
  • Localización: L'Hospitalet, Barcelona, España
  • Estado: Nunca fue condenada por asesinato. Condenada a 34 años de prisión por tres delitos de lesiones, tres delitos de robo con violencia y un delito de falsedad
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Margarita Sánchez Gutiérrez

Wikipedia

Margarita Sánchez Gutierrez (Málaga, 26 de diciembre de 1953), alias “La viuda negra de Barcelona”, y “La viuda negra de l’Hospitalet”, fue una asesina en serie que recibió este nombre por el método que utilizaba para asesinar, de la misma forma que la famosa araña mataba a sus víctimas mediante un veneno, aunque con la diferencia de que ella lo ponía en comidas y bebidas que ofrecía a sus víctimas. Consiguió asesinar a cuatro personas y otras tres fueron intoxicadas pero lograron sobrevivir. Todas ellas eran personas próximas a ella entre las que se encontraban familiares y vecinos.

Biografía

Cuando se trasladó a Cataluña vivió primero en L’hospitalet, en la calle Riera Blanca, donde era conocida como “la bizca”. Este era un barrio modesto, de obreros, donde estaba considerada como una mujer conflictiva, aunque no tenía antecedentes penales. Según los vecinos era propensa a los insultos y peleas callejeras, y tenía deudas en algunos comercios de la zona; se mostraba avara y parece ser que no era analfabeta, según lo que ella misma declaró a la Policía.

En el año 1991 Margarita se trasladó con su marido, Luis Navarro, y sus hijos Sonia y Javi al piso de sus suegros, en parte porque los habían desahuacido pero también para cuidar al padre de su marido. Margarita y Carmen Nuez, su suegra, no se llevaban bien pues al parecer esta última era una mujer de autoriad y gran carácter.

En el año 1992 muere su suegro y Carmen Nuez es ingresada cinco veces en el Hospital Clínico donde proclama que su nuera la está envenenando. Sin embargo, los análisis que le realizan dan un resultado negativo.

Condena

Margarita Sánchez Gutierrez fue condenada a 34 años de prisión por tres delitos de lesiones, otros tantos de robo con violencia y un delito de falsedad. La absolvieron de los asesinatos al no detectarse casos de muerte por cianamida y porque la intención de Margarita era drogar a sus familiares y vecinos para robarles, no para matarlos según determino la justicia.


Historia del Crimen: La viuda negra de Barcelona

Edda Pujadas – Diariolavoz.net

13 de enero de 2013

Según los vecinos de Margarita Sánchez Gutiérrez, esta mujer era propensa a los insultos y peleas callejeras. También tenía deudas en algunos comercios de la zona.

Margarita Sánchez Gutiérrez, mejor conocida como “La viuda negra de Barcelona” fue una asesina en serie que recibió este nombre por el método que utilizaba para asesinar, de la misma forma que la famosa araña mataba a sus víctimas mediante un veneno, aunque con la diferencia de que ella lo ponía en comidas y bebidas que ofrecía a sus víctimas.

Consiguió asesinar a cuatro personas y otras tres fueron intoxicadas pero lograron sobrevivir, todas ellas era familiares o vecinos suyos. Margarita Sánchez Gutiérrez hizo diversas confesiones cuando se le detuvo en 1996 y en algunas de ellas admitía el asesinato mediante veneno, pero en otras lo negaba y únicamente reconocía el delito de robo. Tenía 43 años cuando fue descubierta.

Su historia

Margarita Sánchez Gutiérrez nació en Málaga, España, el 26 de diciembre de 1953. Sus complejos se iniciaron desde pequeña pues tenía un exagerado estrabismo en el ojo que hizo que los niños que compartieron su infancia la apodaran “La Tuerta”, por lo que creció buscando la soledad.

Ya de jovencita, se traslada a Barcelona donde conoció a un hombre que quiso casarse con ella: Luis Navarro Nuez, un conductor de metro con el que tendría sus dos hijos: Sonia y Javi que tenían 16 y 12 años, respectivamente, cuando esta mujer fue descubierta. Al parecer, la familia tenía escasos recursos pues mantenía deudas con los comerciantes de la zona.

Por aquellos años, Margarita trabajaba cuidando ancianos para traer dinero a casa, la economía familiar estaba fatal y su ejercicio de cuidadora suponía un ingreso necesario. También es cierto que al trabajar con ancianos su conocimiento de la medicación se hizo más amplio, lo cual logró introducirla al mundo de los fármacos.

En el año 1991 Margarita se trasladó con su marido, Luis Navarro y sus hijos al apartamento de sus suegros, por dos razones: atravesaban serios problemas monetarios y también para cuidar al padre de su esposo que estaba sumamente enfermo.

Cronológicamente, se sabe que la primera persona relacionada con este caso ingresada en un hospital fue una de las mujeres que Margarita consideraba su amiga, una anciana de 70 años llamada Rosalía Marco Castro que además era vecina en el barrio de Sants de Barcelona. Llegó inconsciente y falleció pocos días después. Tras la investigación, se descubre que de su cuenta bancaria de 20 millones había desaparecido un millón de pesetas y de su casa faltaban ciertos documentos.

Luego, fallece su marido a los 44 años de edad y curiosamente, del mismo mal que anteriormente le había hecho pasar un par de meses ingresado en un hospital: intoxicación. Margarita dijo que su marido tenía problemas con el alcohol. Su suegra, Carmen Nuez (con la nunca se llevó bien), cae enferma poco después y aunque ingresa cinco veces seguidas en el hospital, supera con éxito las cinco intoxicaciones.

Margarita se cambia del barrio Sants de Barcelona, a otro llamado Hospitalet, para vivir con su familia en casa de su cuñado, un hombre de 50 años que también vivía solo. Semanas después el hombre enferma y fallece dejando, inexplicablemente, la cuenta bancaria vacía.

Ahora, Margarita tenía nuevos vecinos, entre ellos un señor de 57 años que vivía sólo en un ático Un tiempo después, este hombre fue encontrado en coma y falleció unos días después. Días más tarde, un amigo y vecino de Margarita de 69 años edad sufre una intoxicación. Margarita le cocinó una paella, el hombre terminó hospitalizado y durante ese tiempo al señor le desaparece medio millón de pesetas. Sobrevivió al envenenamiento gracias a su estancia hospitalaria.

Margarita consiguió meterse en la casa de Pilar Hinojo, una vecina de 67 años. Un día apareció la hija de Pilar al ser alertada por la propia Margarita para que visitara a su madre porque no sabía nada de ella. La hija encuentra a Pilar inconsciente, así llevaba tres días tumbada en el sofá de su casa. Durante los 23 días que pasó Pilar hospitalizada, Margarita se había hecho con un considerable botín de dinero y joyas. Finalmente, Pilar logró sobrevivir.

Una de sus víctimas recuperadas llevó sus sospechas hasta la policía que concluyó que Margarita falsificaba recetas de cierto medicamento que en dosis altas se convertía en veneno. Un veneno que se metabolizaba rápidamente y que si no mataba con esa dosis que ofrecía tan sutilmente Margarita, sí servía para que, con el tiempo, terminase por actuar sobre la salud del que lo había ingerido, provocando un paro respiratorio. El asesinato se convertía, entonces, en muerte natural.

La policía encontró documentos de las víctimas en casa de Margarita y se dice que había aprendido a falsificar firmas y cuentas de ahorro. Su hija también fue detenida en calidad de cómplice, pero era menor de edad.

La mujer se admite culpable de robo, pero no de intento de asesinato. Margarita Sánchez Gutiérrez fue condenada a 34 años de prisión por tres delitos de lesiones, otros tantos de robo con violencia y un delito de falsedad. La absolvieron de los asesinatos al no detectarse casos de muerte por cianamida y porque la intención de Margarita era drogar a sus familiares y vecinos para robarles, no para matarlos según determino la justicia.

Margarita Sánchez Gutiérrez tenía dos hijos. Sonia Navarro Sánchez tenía 16 años y terminó acusada de los mismos cargos que su madre (lesiones, robo con violencia y falsedad), pero por ser menor de edad fue ingresada en el Centro de Menores de la Generalidad de Cataluña. El hijo menor, Javi Navarro Sánchez, de 12 años, tuvo su propia condena ya fue enviado a vivir con otra familia, pues a su corta edad no podía entender la importancia de los crímenes cometidos por su madre.


Un buzón como un nicho abierto

Andreu Martin – ElPais.com

1 de agosto de 1996

El policía Modesto recuerda algo cuando lee la declaración del portugués José Antonio Cerqueira, atendido en un hospital por una extraña intoxicación tras comer una paella y al que, durante el ingreso, alguien ha sustraído dinero de su cuenta bancaria. Modesto recuerda que Piedad Hinojosa había denunciado hechos similares. Los hilos conducen a Margarita Sánchez, la viuda negra de L’ Hospitalet.

No se sabe quién le puso a Margarita Sánchez Gutiérrez el apodo de viuda negra. El inspector Modesto (sigámosle llamando así) y su equipo de la comisaría de L’Hospitalet, cuando tuvieron que poner título a la carpeta hoy rebosante, escribieron “Margarita: un cóctel explosivo “. En comisaría, se dan nombres clave a los casos para preservar, al menos en las portadas, los nombres de las personas. Esa carpeta se fue llenando con el producto de una investigación minuciosa que duró ocho meses, desde octubre del 95 hasta junio del 96.

Margarita Sánchez Gutiérrez (Málaga, 1953, sin antecedentes penales) había estado viviendo en la calle Riera Blanca, que es frontera inapreciable entre las populosas ciudades de L’Hospitalet y Barcelona. Es un barrio modesto, de obreros y parados, un poco deprimido, pero a simple vista no se observa el deterioro de la delincuencia invasora. En 1991, Margarita se trasladó con su marido, Luis Navarro, y sus hijos Sonia y Javi a vivir con sus suegros, a la calle Caballero del barrio de Sants. Lo hicieron para ir a cuidar del padre de Luis, que acababa de ser operado del cuello, y porque los habían desahuciado del piso que ocupaban.

Margarita y su suegra no se llevaban bien. La suegra, Carmen Nuez, era mujer de mucha autoridad y carácter, y exigía a su hijo la mitad del sueldo para sufragar gastos de estancia. Margarita, procedente de una familia de estructura matriarcal, no podía consentirlo. Se sentía intrusa y humillada.

En 1992, después de la muerte de su marido, doña Carmen Nuez, de 74 años, ingresó cinco veces en el hospital Clínico aquejada de unos extraños ataques cuyos síntomas incluían la taquicardia y la dificultad respiratoria. Carmen Nuez proclamaba que su nuera la estaba envenenando, de manera que el departamento de Toxicología del hospital la sometió a una batería de tests. Todos dieron resultado negativo.

En julio de ese mismo año, una anciana (70 años) que vivía en la calle Comtes de Belloch, muy próxima al domicilio de Margarita Sánchez, fue hallada inconsciente en su piso. Era una pobre mujer que recogía cartones por las calles, vivía entre basuras y vestía de forma muy descuidada. Pero tenía una cuenta corriente bien nutrida y alguien sacó de ella más de un millón de pesetas mientras la propietaria estaba ingresada y en coma. La pobre doña Rosalía murió el 3 de agosto y una congregación religiosa recibió su herencia, de 23 millones de pesetas.

Ese mismo mes de agosto, el marido de Margarita Sánchez Gutiérrez, Luis Navarro, conductor de metro, cayó fulminado en plena Travessera de les Corts. Murió dos meses después en la clínica Provença. Los médicos atribuyen su muerte a “paro cardiorrespiratorio y encefalopatía posanoxia cerebral”. Su esposa demandó a la policía municipal por haberse retrasado en enviar una ambulancia y pidió una indeminización millonaria, que ya ha sido desestimada.

Tras la muerte de Luis Navarro, una sobrina llego a casa de doña Carmen Nuez para hacerse cargo de ella y puso a Margarita Sánchez y a sus hijos en la calle. A partir de ese día, la salud de doña Carmen Nuez mejoró notablemente.

Margarita Sánchez se fue a vivir con su hermana Josefa y su cuñado, José Aracil, de 50 años. Esto era en la Riera Blanca, 96, justo enfrente del número 95, donde habían vivido tiempo atrás.

En mayo de 1993, murió Manuel Diaz Rojas, de 57 años, que vivía en el ático del mencionado número 95. Parece ser que Margarita lo visitaba con frecuencia.

En julio del mismo año, el cuñado de Margarita, José Aracil, ingresó dos veces en el hospital. Y el 14 de agosto murió. El 26 de ese mes fue cuando Margarita Sánchez le sirvió a José Antonio Cerqueira la paella y el calimocho después de los cuales tuvo que ser ingresado en el hospital durante 40 días. Y un mes después, el 23 de septiembre, fue cuando Piedad Hinojo cayó fulminada y se pasó 23 días en coma profundo.

Por esas fechas, llegaron a algunos periódicos barceloneses las protestas de gente que habla sido timada en el metro “por una viuda acompañada de una niña y un niño”. Mostrando la documentación de Luis Navarro Nuez, su marido, empleado del metro, Margarita Sánchez hablaba de una fábrica de electrodomésticos que había quebrado y que liquidaba sus existencias muy baratas, y vendía frigoríficos fantasmales a cambio de una paga y señal por la que no firmaba recibo alguno.

Con la nómina de José Aracil o de su marido, Margarita pidió en diferentes bancos y establecimientos créditos cuyas mensualidades nunca pagó. En una de las tiendas, después de fírmar las letras que no pensaba pagar, se llevó 1.000 duros del dueño como paga y señal de un aparato que ella prometió que sacaría muy barato de una empresa que había quebrado.

El escritor metido a reportero avanza atónito en medio de esta realidad inesperada. Todo es tan normal que parece inofensivo. Nada que ver con las atmóferas ominosas y poéticas de la ficción. Cuando hable con Piedad Hinojo descubriré que es como mi tía Julia, y que su casa está decorada como la de los tíos de mi esposa, y en el bar Riera Blanca están más interesados por la derrota de Induráin en el Tour que por las monstruosidades que se respiran en el ambiente.

Sólo ese buzón del 2º 2ª, perteneciente a Margarita Sánchez Gutiérrez, ese buzón al que han arrancado la tapa y que es como un nicho abierto. Sólo esa puerta del 2º 2ª, que destaca de las de a lado porque está pintada de negro y porque algún impaciente ha grabado en ella muescas con una navaja. Sólo esos efectos de tramoya barata dan a entender que estamos buscando una verdad muy seria, trascendente y terrible.

Y, sin embargo, aunque casi no se note, la sospecha del asesinato planea sobre el barrio aburrido y anodino.

Exclama Damián Aracil, hermano del cuñado de Margarita:

-Aquí todos se lo huelen, ¿pero como voy a poner una denuncia si el médico dice que mi hermano murió de muerte natural?

Cuando la sobrina de doña Carmen Nuez estaba haciendo limpieza en la casa de la calle de Caballero, encontró detrás de un armario la libreta de ahorros y otra documentación perteneciente a la anciana Rosalia, aquella pordiosera que donó 23 millones al Cottolengo. Y lo comunicó a la policía, naturalmente.

El seguimiento de Margarita Sánchez Gutiérrez es muy fácil. Al principio, los inspectores que la seguían tuvieron la sensación de que se temía que la vigilaran. Se daba la vuelta cuando menos lo esperabas, cambiaba la dirección de pronto… “Me ha mordido”, se decía el agente en su jerga. Pero no. Era su manera de andar, tal vez relacionada con su acentuado estrabismo. No efectuaba itinerarios complicados, ni tomaba medidas de seguridad para evitar que la siguieran. Iba confiada. Y así la policía fue comprobando que dejaba de pagar en todas las tiendas y que en muchas de ellas se negaban a venderle.

Antes de que el juzgado les pidiera, de oficio, que investigaran si las enfermedades de las víctimas eran accidentales o no, ellos ya se hablan planteado la posibilidad de que aquella mujer tuerta y bizca hubiera tomado parte en las hospitalizaciones.

Pero es analfabeta, de forma que no había que pensar en compuestos químicos ni complicadas mezclas preparadas en casa. Por eso, pusieron mucha atención en sus visitas a farmacias y droguerías del barrio y detectaron en seguida que compraba un solo producto farmacéutico con asiduidad. Y no tenia ningún motivo aparente para comprar ese fármaco. Ni ella ni ningún familiar próximo.

Se ha convenido en no dar el nombre de ese fármaco a la luz pública para evitar una oleada descontrolada de intoxicaciones de parientes odiosos, pero todo el mundo afirma que se precisaría una cantidad increíble para causar la muerte con él.

Una voz autorizada del departamento de Toxicologia del hospital Clínico asegura que no se conoce ningún caso de muerte por consumición de este medicamento… a menos que (siempre hay una salvedad) lo consuma alguien que sufra del corazón, o que tenga problemas respiratorios, o diabetes…

En febrero de 1996, el inspector Modesto pidió ayuda a los 10 inspectores que componen el Grupo de Homicidios de Jefatura.

El 17 de abril se efectuó un registro en el domicilio de Josefa Sánchez, donde vivía Margarita con sus hijos. La policía encontró allí joyas y documentación propiedad de Piedad Hinojo y la cartera y la tarjeta de crédito de José Antonio Cerqueira.

El miércoles 19 de junio de 1996, Margarita Sánchez Gutiérrez, de 43 años, y su hija Sonia Navarro Sánchez, de 17, fueron detenidas por efectivos del Grupo de Homicidios de la Jefatura Central de Policía de Barcelona.

 


VÍDEO: FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN: LA VIUDA NEGRA DE L’HOSPITALET


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