Marc Cécillon

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Marc Cécillon
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Parricida
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 7 de agosto de 2004
  • Fecha de detención: 7 de agosto de 2004
  • Fecha de nacimiento: 30 de julio de 1959
  • Perfil de las víctimas: Su mujer, Chantal, de 44 años
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Saint Savin, Francia
  • Estado: Condenado a 20 años de prisión el 10 de noviembre de 2006
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Marc Cécillon. La jugada asesina del capitán

Rubén Amon – El Mundo

14 de noviembre de 2006

El exlíder de la selección francesa de rugby es condenado a 20 años de prisión por matar a su mujer, a pesar de ser perdonado por sus hijas

Los 120 kilos de Marc Cécillon se desmoronaron como un castillo de naipes al escucharse la sentencia de los jueces: le habían condenado a 20 años de prisión con el agravante de premeditación y con todos los reproches morales que implican un homicidio pasional a bocajarro.

Sucedió el 7 de agosto de 2004. Exactamente cuando el excapitán de la selección francesa de rugby irrumpió en una fiesta familiar provisto de un imponente Mágnum 357. Estaba borracho, fuera de sí, desquiciado, aunque los excesos del alcohol y de la ira no le impidieron atinar cinco veces con la diana.

Era la manera de castigar ritualmente las presuntas infidelidades de su mujer. Presuntas, porque Marc Cécillon era un celoso enfermizo y un desmemoriado. Suyas fueron, en realidad, las aventuras extraconyugales, los amoríos y los adulterios antes de resignarse al anonimato.

Ahora parece un personaje marginal de Norman Mailer, un boxeador con la nariz rota y con los músculos tensos que se ha vestido impolutamente de blanco como si fuera la primera comunión. Lleva puestas unas gafas minúsculas, mira al suelo obsesivamente y se atraganta de manera compulsiva cuando recuerda la escena de aquella velada entre amigos.

«No sé lo que hice. No quería hacerlo», señalaba Marc Cécillon en el juicio. «Perdí la cabeza y la razón. Lo perdí todo. Pido disculpas. No puedo reparar el daño que hice. Estoy dispuesto a pagar por ello. Decidan ustedes», dijo al tribunal.

No le gustó el veredicto a Marc Cécillon ni tampoco a sus dos hijas. Se habían constituido como parte civil en contra del rugbyman, pero las declaraciones de la primera vista -«nunca te perdonaremos»- se fueron amortiguando a medida que las lágrimas ahogaban al gigantón en el banquillo del tribunal.

La mayor, Angeline, tomó la palabra antes de escucharse el veredicto en la sesión del pasado viernes. Pidió a los jueces una reacción generosa e indulgente en nombre del derecho familiar: «Creo que mi padre ya ha pagado mucho por lo que ha hecho. No pienso que quisiera asesinar a nuestra madre. Todos sufriremos más si le castigan duramente».

Se equivocaban Angeline y quienes predecían una rebaja de la sentencia en honor de las glorias deportivas de antaño. Mucho más cuando el juez llamado a pronunciarse en el aula de Grenoble, Pavan-Dubois, sabía que el interés mediático del proceso requería un mensaje inequívoco a los agentes de la opinión pública.

Aquí no se juzga al epígono francés de O. J. Simpson. Se juzga a un personaje desalmado que recurrió al testimonio de 60 personas para vaciar el cargador de su mágnum. «El derecho penal», dijo mirando a las hijas de Marc Cécillon, «ha sido concebido para defender el orden social. No para servir los intereses particulares», añadió el magistrado de manera imperturbable, como final a un proceso extraordinariamente atípico.

Excluidas las pericias y las evidencias policiales, parecía que unos y otros testigos estaban en el funeral de Marc Cécillon o en un homenaje póstumo. Incluida la madre de la víctima, la señora Chapuis, cuyas lágrimas pretendieron redimir el honor del jugador de rugby: «Yo sé que Marc amaba a Chantal. Era un hombre bueno del que nos sentíamos orgullosos, pero…». Los puntos suspensivos aluden implícitamente a la transformación personal de Cécillon cuando tuvo que retirarse.

Lo hizo tardíamente, a los 40 años, aunque fue incapaz de reciclarse a la vida civil. De nada le servían sus hematomas ni sus cicatrices: «Yo había nacido para jugar al rugby. Nunca he sabido hacer otra cosa. Yo era un hombre noble». El capitán encontró refugio en el alcohol y convirtió a su mujer en el argumento recurrente de sus delirios.

Se habían conocido a los 16 años, aunque el desenlace de la relación contradice el apodo que Marc Cécillon hizo famoso entre los cronistas deportivos: «El hombre tranquilo del rugby francés». Era el título de una hagiografía que se publicó devocionariamente en Francia antes de producirse el homicidio. O sea, cuando Marc el gigante era un deportista modelo que presumía de no haber sido nunca expulsado de un estadio con la camiseta del equipo nacional. Nadie se acuerda.

Lo dicho y lo hecho

  • 1959: Nace en Bourgoin-Jallieu (Francia).
  • 1975: Conoce a Chantal, su futura mujer, y destaca prematuramente en el equipo de Bourgoin, donde será la máxima estrella.
  • 1993: Alcanza los honores de capitán en la selección francesa de rugby.
  • 1999: Se retira del deporte profesional.
  • 2004: El 7 de agosto comete el homicidio de su esposa delante de 60 personas.
  • 2006: El 10 de noviembre es condenado a 20 años de prisión.

 


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