Lucien Carr
  • Clasificación: Homicida
  • Características: Figura clave en la llamada Generación Beat – Homosexualidad
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 14 de agosto de 1944
  • Fecha de detención: 15 de agosto de 1944
  • Fecha de nacimiento: 1 de marzo de 1925
  • Perfil de las víctimas: David Kammerer, de 33 años
  • Método de matar: Arma blanca
  • Localización: Nueva York, Estados Unidos (Nueva York)
  • Estado: Condenado de 2 a 20 años de prisión el 9 de octubre de 1944. Puesto en libertad en 1946. Murió el 28 de enero de 2005
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Lucien Carr, amigo e inspirador de los escritores de la Generación Beat

Myrna Oliver – El País

3 de febrero de 2005

Lucien Carr, amigo e inspirador de los novelistas Jack Kerouac y William S. Burroughs y del poeta Allen Ginsberg, los tres escritores que formaron el núcleo literario de la Generación Beat, falleció en un hospital de Washington el 28 de enero, a los 79 años, a causa de un cáncer óseo.

Nacido en el seno de una familia acomodada de San Luis, se matriculó en la Universidad de Columbia y conoció a Ginsberg cuando ambos vivían en la misma planta de la residencia estudiantil. Fue él quien reunió y puso en contacto a Ginsberg, Kerouac y a Burroughs, que formaron con Neal Cassady el núcleo beat.

Mantuvo la amistad con Kerouac, Burroughs y Ginsberg hasta que murieron, aunque había atraído hacia ellos y hacia Columbia una cierta controversia al matar el 13 de agosto de 1944, cuando solo tenía 17 años [19 años], a David Kammerer, un amigo de 35 años [33 años]. Joven, atractivo y rubio, Carr llevaba varios años perseguido por Kammerer, un fornido profesor de educación física que había sido su monitor cuando era boy scout en San Luis, y al que había incluido en el círculo de sus amigos beat. Aquella madrugada, Kammerer, sentado junto a Carr en el Riverside Park cercano a la universidad, intentó propasarse. El adolescente sacó su navaja de explorador y le asestó dos puñaladas. Le entró pánico y, tras atar de manos y pies a la víctima, le metió piedras en los bolsillos y lo tiró al río Hudson.

Después se fue a ver a Burroughs, que le aconsejó hablar con su familia, contratar un abogado y alegar defensa propia; más tarde se fue de copas con Kerouac, que le dijo que tirara el cuchillo por una rejilla del metro. Carr se entregó por consejo de ambos, se declaró culpable de homicidio y pasó dos años en una cárcel para menores al norte del Estado de Nueva York. Burroughs y Kerouac fueron detenidos, y el segundo estuvo brevemente encarcelado por complicidad. La noche de la puñalada mortal se convirtió en el punto de partida del docudrama Beat realizado en 2000 por Gary Walkow y protagonizado por Kiefer Sutherland y Burroughs.

Aunque el grupo aceptó la petición de Carr de que no lo utilizaran como personaje en sus obras ni le dedicaran libros, Kerouac aludió al asesinato en su primera novela, La ciudad y el campo, y en la última, La vanidad de los Duluoz.

Más mediador que creador, Carr rebatía la ética rebelde de la cultura y animaba a sus amigos a labrarse una profesión como la suya en la agencia United Press International (UPI). Modelo para los escritores beat dispuestos a hacer de todo, era un intelectual bebedor y pendenciero al que le gustaba animar fiestas aburridas en la Universidad de Columbia, se comía su vaso de cerveza, arrancaba páginas de una Biblia o metía a Kerouac en un barril y lo lanzaba Broadway abajo.

También tenía una vena práctica. Acampado a la entrada del ático de Carr en Nueva York en 1951, Kerouac experimentaba con una nueva técnica de escritura que él denominaba «prosa espontánea». Pero, siendo un velocista de la mecanografía, se sentía obstaculizado al escribir por la obligación de detenerse a cambiar las hojas. Así que Carr le proporcionó un rollo de papel de teletipo, usado en las salas de redacción de la agencia, Kerouac metió un extremo del rollo en su máquina de escribir y 20 días después había escrito su principal novela, En el camino, publicada en 1957. El manuscrito -de 36 metros de largo y estropeado por los perros de Carr- fue subastado por Christie’s en 2001 por 2,43 millones de dólares.

Pese al estilo desordenado de su vida, Carr era conocido en la UPI por su forma organizada de recoger información y comunicarla con claridad. Se jubiló en 1993 de su cargo de editor jefe para noticias nacionales tras 47 años de trabajo en la agencia. Un ex director de la UPI, Jon Frandsen, comentó el viernes a AP que Carr «creía realmente que los periodistas se ocupaban de descubrir en lo posible la verdad».

Pensaba que los novelistas podían escribir más libremente. Caleb Carr, uno de sus tres hijos y autor de El alienista -gran éxito de ventas en 1994-, comentó a la revista Salon que su padre, tras leer su novela, le había comentado: «Vaya, cuánto has tenido que trabajar para escribir este libro. Has investigado muchísimo. Todos los escritores que he conocido se sentaban y escribían sin más».


La muerte que marcó a la Generación Beat

Joseba Elola – El País

4 de mayo de 2008

El crimen escrito de Kerouac y Burroughs

El asesinato cometido por su amigo Lucien Carr inspiró una novela inédita redactada al alimón por los dos autores.

Tres amigos, una víctima y un cuchillo de boy scout. Esta es una historia real protagonizada por dos iconos de la Generación Beat, William Burroughs y Jack Kerouac, y un homicida, su amigo Lucien Carr, que mató a David Kammerer, un monitor de boy scouts homosexual que estaba obsesionado con él.

El trágico suceso, que dinamitó aquel grupo de jóvenes alocados llamado a revolucionar el panorama literario norteamericano, fue la base sobre la que Burroughs y Kerouac escribieron una novela de ficción. De eso hace ya 63 años. Se edita el próximo 6 de noviembre, ahora que ya han pasado a mejor vida los protagonistas de la historia, y una vez desbloqueadas las trifulcas en torno al legado de Kerouac.

El asesinato de Kammerer supuso un brusco despertar al mundo real de un grupo de veinteañeros aficionados a las juergas y al alcohol, entre los que también se encontraba el tercer miembro de la santísima trinidad beat, Allen Ginsberg, con el que Carr compartía piso. La espontaneidad, actuar sin pensar demasiado, vivir el momento, sí, todo eso estaba en el espíritu del grupo. Pero aquella fatídica noche de agosto de 1944, las cosas se les fueron de las manos y Carr, Kerouac y Burroughs acabaron dando con sus huesos en chirona. Aunque por poco tiempo.

Carr era un chico muy guapo. «Lleno de energía, parlanchín, entusiasta», cuenta por teléfono desde Nueva York Regina Weinreich, experta en la Generación Beat. Carr era un polo de atracción para todos, incluido el propio Kerouac. Más que fascinado estaba también Kammerer, que entonces tenía 35 años [33 años]. Dejó su San Luis natal para estar cerca de aquel chaval tan guapo de 17 años [19 años] y se adosó al grupo de aquellos jóvenes inquietos y hedonistas a los que les gustaba salir por Times Square para mezclarse con los personajes del underground neoyorquino. Pero se convirtió en una presencia incómoda.

Aquella fatídica noche neoyorquina de agosto de 1944, sentado en un banco de Riverside Park, Kammerer se aproximó más que nunca a Carr: «Si no puedes quererme, mátame». Es la frase que en los círculos de la Universidad de Columbia se atribuyó a Kammerer en su desesperado intento por conquistar al guapo adolescente.

Lo cuenta Joyce Johnson, de 75 años, expareja de Kerouac, que está preparando una biografía (que se publicará en 2010) sobre el mítico autor de En el camino. «Ese incidente dinamitó el grupo», dice Johnson por teléfono desde Nueva York. «Fue una catástrofe, cada uno se fue por su lado a raíz del episodio Kammerer».

En la novela basada en aquel hecho, ninguno de los protagonistas del incidente aparece con su nombre real. Es una ficción escrita a dos manos en 1945, de 18 capítulos. Nueve están firmados por un tipo que en aquel entonces firmó como William Lee; otros nueve, por otro que estampó la firma de John -en vez de Jack- Kerouac.

Por aquel entonces ninguno de los dos había escrito nada relevante y ninguna editorial se la compró. Penguin Classics, que la publicará en inglés en el Reino Unido, tampoco quiere revelar demasiados detalles. Se sabe el título: And the hippos were boiled in their tanks (Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques), en alusión a una noticia que ambos autores escucharon en la radio sobre un incendio en un zoo de San Luis.

Adam Freudenheim, responsable de Penguin Classics, reconoce que, probablemente, es la primera persona que ha leído la novela en el Reino Unido. Fue hace apenas tres meses y está deseando que llegue el momento de su publicación: «Lo más interesante es el aspecto autobiográfico, comprobar cómo escribieron sobre aquel crimen», cuenta por teléfono desde Londres.

Aquella trágica noche, tras asesinar a Kammerer con su cuchillo de boy scout, Carr llenó de piedras los bolsillos del cadáver y lo hundió en el río Hudson. Desorientado, acudió a ver a sus dos amigos para buscar consejo, involucrándoles sin darse cuenta en el homicidio. Burroughs le sugirió que se entregase a la policía, aunque no informó a las autoridades. Kerouac pasó todo el día siguiente con Carr. «Incluso se fueron juntos al MOMA» (Museo de Arte de Moderno de Nueva York), cuenta Joyce Johnson. Se deshicieron del cuchillo, lo tiraron por una alcantarilla. Ya por la tarde, acudieron juntos para que Lucien se entregara. Los encerraron en chirona a los dos. A Kerouac, por encubridor.

En la novela, Burroughs escribe los capítulos impares, en los que el narrador es Will Dennison, un camarero sumido en el submundo criminal de Nueva York. Kerouac firma los pares, narrando como Mike Ryko, un marino mercante bebedor.

Freudenheim envía, a petición de El País, las primeras líneas de esta novela: «Los bares cierran a las tres de la madrugada los sábados por la noche, así que llegué a casa sobre las 3,45 después de desayunar en el Riker’s, en la esquina de Christopher Street con la Séptima Avenida. Dejé el News y el Mirror sobre el sofá y me despojé de mi chaqueta mil rayas y la tiré encima. Me iba directo a la cama» [reproducido por cortesía de los herederos de Burroughs y Kerouac].

Fuentes de Anagrama, principal editorial de la obra de Kerouac en España, confiesan que están en negociaciones con el agente Andrew Wylie para publicar la novela en español. Desde las oficinas londinenses de Wylie confirman la existencia de esas negociaciones, pero no revelan si hay más candidatos en liza.

«La publicación de la novela devalúa la obra de Kerouac en su conjunto.» Lo dice desde su casa en Corte Madera, California, Gerald Nicosia, autor de una de las más importantes biografías de Kerouac, Memory Babe. «¿Descubriremos que era un gran autor a los 22 años? Lo dudo. Esa novela debería ser depositada en una biblioteca». Nicosia, que aún no ha podido leerla, tomó parte en la batalla que durante más de una década enfrentó a Jan Kerouac (hija del segundo matrimonio de Kerouac) y a John Sampas (depositario de los derechos y hermano de Stella Sampas, tercera y última mujer del autor).

El propio Burroughs, célebre autor de El almuerzo desnudo, declaró en el documental Burroughs, realizado en 1983 por Howard Brookner, que And the hipppos… no es una obra muy distinguida. Opinión que no rebate el editor de Penguin Classics: «Nadie dirá que es la gran novela inédita de estos autores. Sin embargo, tiene gran interés».

Freudenheim explica que el proceso vivido por esta novela es el de tantas obras póstumas. Al principio, los herederos respetan los deseos de los autores y se niegan a publicarlas: «Con el tiempo, van alcanzando un punto de vista distinto y comprueban que los lectores están muy interesados en conocer esas primeras obras». Nicosia sostiene que el objetivo de los herederos, más allá de preservar un legado, es hacer dinero.

Kerouac le prometió a su amigo Lucien Carr que nunca escribiría sobre aquel trágico episodio. Se saltó su promesa tres veces -ya lo mencionaba en su primera novela, La ciudad y el campo, y en la última, La vanidad de los Duluoz-. Carr, con quien mantuvo la amistad durante toda su vida, necesitaba olvidar, zafarse del fantasma de Kammerer. Cometió el asesinato siendo menor de edad y sus profesores de la Universidad de Columbia testificaron a su favor. Era muy buen alumno, con lo cual, entre unas cosas y otras, acabó cumpliendo solo dos años de condena. «Pero el episodio descarriló su vida», dice Johnson. «Se dejó bigote para no estar tan guapo. No quería atraer a ningún otro hombre gay. Era un hombre muy volátil. Podía ser encantador y, de repente, transformarse en alguien malo. Además, bebía mucho, con lo cual se ponía peor.» Su última mujer, Kathleen Silvassy, no quiso hacer declaraciones a este periódico.

Johnson, que fue pareja de Kerouac años después del homicidio, recuerda perfectamente la última vez que vio a Kerouac y Carr juntos. Fue en el apartamento de este último, en Nueva York, en 1962. «Jack me llamó para que nos viéramos y yo le dije que estaba con mi marido, a lo que me respondió: “Pues trae a tu pequeño marido contigo”. Cuando llegamos estaban borrachos y Jack tenía un aspecto muy deteriorado. Se había convertido en un borracho cabreado. Estaban quemándose el uno al otro con cigarrillos, fue muy desagradable, nos fuimos enseguida».

El episodio Kammerer reforzó la relación de Kerouac con Carr, dice Johnson. Se veían a menudo y tuvo con él una amistad mucho más intensa que con Burroughs, con el que mantuvo relación básicamente por carta. «Burroughs era mayor, más sofisticado y, además, no estaba en Nueva York. Pero de todas formas, había algo homoerótico en esas intensas relaciones entre hombres.» Burroughs era bisexual.

Siete años después del asesinato de Kammerer, en 1951, Burroughs, gran amante de las armas, mató accidentalmente a su mujer. Emulando a Guillermo Tell, ella colocó un vaso sobre su cabeza y su marido erró el tiro. La superación de ese episodio, decía, fue lo que le llevó a escribir. En 1957, Kerouac encontró la gloria con la publicación de En el camino, obra cumbre de la literatura beat. Murió de cirrosis a los 47 años.

Carr, gran inspirador de los beatniks, desarrolló una carrera periodística en la agencia United Press Internacional, donde llegó a ser editor jefe de noticias nacionales. Mantuvo relación con sus amigos escritores y murió en 2005, a los 79 años. Sobre su papel en aquel grupo, Ginsberg llegó a decir de él: «Lou was the glue» («Lou era el aglutinante»).

Finanzas, novela negra, jazz y rock

Lucien Carr cumplió dos años de condena por el asesinato de David Kammerer, un monitor de boy scouts homosexual que se encaprichó de él. Sus dos encubridores, William Burroughs y Jack Kerouac, tuvieron que pagar fianza para salir de la cárcel. A Burroughs, autor de El almuerzo desnudo, se la pagó su padre, según The Sunday Telegraph. A Kerouac, no. Su progenitor, franco-canadiense de pro, lo repudió, avergonzado de que un hijo suyo estuviera tras los barrotes de una prisión del Bronx, cuenta Regina Weinreich, profesora de la Escuela de Artes Visuales de Nueva York y autora del documental Generación Beat: un sueño americano.

Para salir de prisión, a Kerouac no le quedó otra que casarse con su novia, Edie Parker, titular de unos fondos de los que ésta sólo podía disponer el día de su matrimonio. Así es como Kerouac y Parker acabaron casándose entre rejas. El matrimonio duró apenas un año. La muerte de Kammerer daba claramente para una novela negra. Y así es la obra inspirada en ese suceso, And the hippos were boiled in their tanks (Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques), colaboración entre dos iconos de la Generación Beat que la editorial Penguin la emparenta con el estilo del maestro Dashiell Hammett.

 


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