Louis Marie Joseph Voisin

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Louis Voisin

El Carnicero de la calle Charlotte

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Descuartizamiento
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 31 de octubre de 1917
  • Fecha de nacimiento: 1875
  • Perfil de las víctimas: Su amante, Emilliene Gerard, de 32 años
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: Londres, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Ejecutado en la horca en la prisión de Pentonville el 2 de marzo de 1918
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Louis Voisin

Colin Wilson y Patricia Pitman – Enciclopedia del crimen

Francés corpulento y exuberante, de 42 años, convicto de la muerte de Emilienne Gerard

El 2 de noviembre de 1917 un barrendero descubrió en Regent Square, de Bloomsbury (Londres), un saco que contenía, envueltos en una sábana, los brazos y el torso de una mujer. Las piernas aparecieron pocos metros más arriba dentro de un paquete hecho con papel de periódico. Entre los restos se halló un trozo de papel en el que se habían escrito las siguientes palabras: «Maldita Bélgica».

Gracias a la señal de una tintorería que se encontró en la sábana pudo identificarse a la víctima como Emilienne Gerard, una francesa de 32 años domiciliada en el número 50 de Munster Square, que no había vuelto a ser vista desde el 31 de octubre. En su piso se hallaron un documento demostrativo de una deuda por valor de 50 libras y una fotografía, todo firmado por un tal Louis Voison, que parecía ser el amante de la muerta.

La policía averiguó que se trataba de un carnicero que vivía en el piso bajo del número 101 de Charlotte Street, en el Soho. Al presentarse en su domicilio para interrogarle lo encontraron sentado tranquilamente en su cocina hablando con otra compatriota, Mme. Berthe Roche, y declaró haber visto por última vez a Mme. Gerard el día 31 de octubre, fecha en que esta le había pedido que se encargase de cuidar a su gato durante algún tiempo, pues se proponía hacer un viaje a Francia.

El inspector jefe Wensley, encargado del caso, pidió a Voison que escribiera en un papel. «Maldita Vélgica»; por cinco veces consecutivas este garrapateó trabajosamente «Maldita Vélgica». En el sótano de su establecimiento se encontraron, en el interior de un tonel y cubiertas con alumbre en polvo, las manos y la cabeza de la víctima.

Al oír la acusación se encogió de hombros y negó su culpabilidad, afirmando que el día 1 de noviembre, al entrar en la habitación de madame Gerard había encontrado su cabeza y sus manos sobre una mesa; el piso entero estaba salpicado de sangre; aterrorizado, había intentado hacer desaparecer las manchas. Por su parte, Berthe Roche, que había sido también culpada del crimen, hizo continuas exclamaciones de protesta, pero era evidente que se había instalado en el domicilio de Voison exactamente el día 31 de octubre.

Sin la menor duda, el lugar del crimen había sido la habitación trasera del piso de Voison, que aparecía encharcada de sangre; el hecho de que el carro del carnicero apareciera también ensangrentado reveló que se había servido de él para trasladar los restos hasta Regent Square. (La nota hallada entre estos fue escrita, sin duda, con la intención de despistar a la policía, dando, precisamente, el resultado opuesto al que buscaba su autor.)

El Dr. Bernard Spilsbury afirmó que la víctima había muerto a consecuencia de doce golpes en la cabeza que, a pesar de haber provocado la muerte, no habían fracturado el cráneo; en su opinión, había sido Berthe Roche la autora de la agresión, probablemente llevada por un ataque de celos. El cuerpo presentaba también señales de estrangulamiento y, desde luego, había sido despedazado por algún experto carnicero con ayuda de uno de los cuchillos que utilizaba en su trabajo.

En enero de 1918, Louis Voisin y Berthe Roche aparecieron ante un tribunal. El primero repitió hasta el final haber hallado los restos de madame Gerard en el piso de Munster Square. Durante el proceso, todas las declaraciones le fueron traducidas al francés por un intérprete, pero al terminar, el juez leyó la sentencia en la lengua del acusado. Voison, condenado a muerte, presentó una apelación que fue rechazada. Finalmente, murió ejecutado.

Berthe Roche, declarada cómplice del crimen, fue sentenciada a siete años de prisión, pero a los dos años murió completamente loca.


Louis Voisin

Última actualización: 9 de abril de 2016

A principios de noviembre de 1917 ocurrió uno de los cuatro crímenes cometidos por un individuo francés (en este caso, contra otro individuo francés) en Londres o sus cercanías. En la mañana del viernes 2, un barrendero de las calles encontró, en Regent Square, Bloomsbury, el tronco sin cabeza y los brazos sin manos de Emilienne Gérard, de 32 años, envueltos en una sábana, dentro de un saco de alimentos, en tanto que sus piernas se hallaban cerca, envueltas en cartulina.

La marca de una lavandería, en la sábana, acabó por revelar su identidad y su domicilio, situado a kilómetro y medio de allí, cerca de Regent’s Park. Una fotografía colocada sobre una repisa mostraba a Louis Voisin, de 42 años, corpulento y próspero carnicero, de Charlotte Street, medio kilómetro hacia el sur, en una vecindad que entonces, como veinte años después, ya era una especie de extensión de Soho hacia el norte. También se encontró en el piso de Mlle. Gérard un pagaré por 50 libras, firmado por él. En el sótano de Voisin se descubrieron la cabeza y las manos de Mlle. Gérard: la cabeza había sido brutalmente golpeada pero no había fractura del cráneo; en el cuello había señales de estrangulación. Por todas partes había sangre seca, incluso en el establo de un pony, situado detrás de la casa. Louis Voisin estaba sentado en su cocina, con otra francesa, Berthe Roche.

Interrogado acerca de Emilienne Gérard, Voisin afirmó que la había visto por última vez el viernes, y que ella le había pedido cuidar de su gato, ya que se iría a Francia por unos cuantos días. El cuerpo había sido desmembrado con una maestría que mostraba, en realidad, la mano de un carnicero.

Sin embargo, la clave de la culpabilidad de Voisin, que ha hecho las delicias de generaciones enteras de criminólogos aficionados ingleses fue que, en un pedazo de papel hallado junto a los restos, se hallaban escritas las palabras «blodie Belgium» [«Maldita Bélgica», con errores ortográficos].

Puede suponerse que la intención había sido ocultar la identidad de la víctima, antes que la del asesino, pero el lector puede pensar también en otras posibilidades. Se pidió a Voisin que escribiera «bloody Belgium», y con terca persistencia lo escribió cinco veces de la misma manera. Al señalársele el error ortográfico, cambió su versión, diciendo que el jueves había llamado al piso de Emilienne, que había encontrado en una mesa la cabeza y las manos y había sido presa del pánico.

Como signo de la complicidad -por no decir más- de Berthe Roche estaba el hecho de que el cráneo, aunque bárbaramente golpeado por lo menos una docena de veces, no tenía fractura, lo que sugería una femenina carencia de vigor físico. También estaba el testimonio de los vecinos, de que no sólo había ido a visitar a Voisin, como ella había afirmado, sino que se había quedado en sus habitaciones del sótano durante las noches del miércoles y el jueves.

En enero de 1918, Louis Voisin compareció ante el tribunal de Old Bailey, y fue sentenciado a morir ahorcado.


Louis Voisin

Última actualización: 9 de abril de 2016

«Tengo por seguro que jamás ha existido hombre alguno cuyos escritos causaran la pérdida de su propia reputación»

El primer trozo fue encontrado la madrugada del 2 de noviembre de 1917. Un barrendero estaba desempeñando su oficio en el distrito de Bloomsbury, al oeste de Londres, cuando sintió curiosidad por un paquete dejado junto a la verja del pequeño parque central de Regent Square.

Envueltos en un saco para carne y una sábana manchada de sangre se encontraban el torso y los brazos de una mujer. Junto a los restos había un trozo de papel con el críptico mensaje «Blodie Belgium» garrapateado a lápiz. Aunque pasaría algún tiempo antes de que se encontrara la cabeza, una marca de lavandería semiborrada («II H») en la sábana acabó llevando a Madame Emilienne Gerard, una súbdita francesa que había estado viviendo en el número 50 de Munster Square. Lo más significativo era que Madame Gerard no había sido vista desde la noche del 31 de octubre.

Un examen rutinario del apartamento de Madame Gerard permitió que la policía reuniera algunas piezas con las que recomponer la historia de la desaparecida. Los rollizos rasgos de un tal Louis Voisin contemplaban a los agentes desde el retrato enmarcado que había sobre la chimenea. Los ojos parecían clavados en el pagaré por 50 libras con su firma que había sobre el dintel de la chimenea.

La policía siguió la pista de Voisin -un francés expatriado que ejercía el oficio de carnicero y era amante de Madame Gerard- hasta el sótano del 101 de la calle Charlotte, alojamiento que compartía con otra amiga y compatriota llamada Berthe Roche (también conocida con el apellido de Martin).

Voisin no intentó negar que conocía a Madame Gerard; de hecho, había estado con ella el 31 de octubre, el último día en que fue vista, y se ofreció a ocuparse de su gato mientras estuviera en la Francia asolada por la guerra para visitar a su esposo.

A esas alturas el legendario inspector jefe de detectives de Scotland Yard, Frederick Porter Wensley, había asumido la dirección de las investigaciones. Wensley, tan influido por el disgusto instintivo que sentía hacia los franceses como por el informe del patólogo -según el cual el desmembramiento mostraba la clase de conocimientos anatómicos rutinarios que un carnicero podía poseer-, ordenó que Voisin fuera llevado a la comisaría de policía de la calle Bow para ser interrogado.

Ayudado por el sargento de detectives Read, quien hablaba francés y se encargó de reforzar el no muy fluido inglés de Voisin, Wensley se enteró de que el carnicero conocía a Emilienne Gerard desde hacía dieciocho meses o quizá un poco más, y que la había empleado durante una temporada en calidad de ama de llaves. Voisin no podía arrojar ninguna luz sobre su desaparición, salvo por el hecho de creer que había partido hacia el Continente.

Al día siguiente, el inspector jefe Wensley decidió llevar a cabo el único experimento que podía relacionar de forma concluyente a su sospechoso con los despojos encontrados en Regent Square. Hablando a través de su intérprete para evitar cualquier malentendido, Frederick Wensley le preguntó a Voisin si tenía algún inconveniente en escribir las palabras «Bloody Belgium» («Maldita Bélgica»). Voisin dijo no tenerlo y, moviendo su mano con la lenta y concienzuda decisión de quien apenas conoce el alfabeto, escribió las palabras «Blodie Belgium». El error y la letra coincidían con los de la nota encontrada junto al torso.

Al escribir sus memorias (Detective Days. Cassell, Londres, 1931) Frederick Porter Wensley recordaría la nerviosa expectación que le invadió cuando hizo la siguiente pregunta: «Quizá no se encuentre del todo bien. ¿Quiere volver a intentarlo? Voisin escribió cinco veces las palabras cometiendo el mismo error en cada ocasión, pero las letras variaban de tamaño. El último intento era prácticamente idéntico al original. Entonces supe que resolver los restantes puntos oscuros del caso sólo sería cuestión de tiempo».

Uno de esos «puntos oscuros» era la ineludible necesidad de identificar positivamente los restos encontrados en Regent Square. Cierto, estaban envueltos en una sábana propiedad de Emilienne Gerard, y la dama había desaparecido de su domicilio, pero esa evidencia no era lo bastante sólida para poder acudir a los tribunales.

Poco después del primer descubrimiento, un paquete que contenía las piernas del cadáver desmembrado fue encontrado cerca de Regent Square, pero la clave del enigma -la cabeza-, seguía sin aparecer. Por las pruebas de que disponía la policía los restos podían pertenecer a alguien que no tuviera la más mínima relación con Madame Gerard y su desaparición.

La conexión final fue establecida por el sargento de detectives Alfred Collins. Collins, un policía de gran entusiasmo y larga experiencia, había recibido órdenes de registrar el sótano del 101 de la calle Charlotte. Cuando quitó la tapa de un barril de serrín vio el rostro muerto de Emilienne Gerard devolviéndole la mirada. El barril contenía la cabeza, así como las dos manos con sus delatoras huellas dactilares. La cabeza encajaba con los otros restos; por fin se había conseguido una identificación positiva.

Cuando se le acusó de asesinato, Louis Voisin se limitó a encogerse de hombros y murmuró: «Qué mala suerte». Un par de días en la celda le permitieron comprender hasta qué punto era «infortunada» su situación, e hicieron que se mostrara más dispuesto a cooperar.

Se hallaba en una situación realmente desesperada, y después de exonerar a Berthe Roche de cualquier posible complicidad en la muerte de Madame Gerard -lo que fue un gesto de caballerosidad realmente asombroso teniendo en cuenta las circunstancias-, Voisin hizo una declaración:

«Fui a casa de Madame Gerard el martes pasado sobre las once de la mañana, y cuando llegué la puerta estaba cerrada, pero se abrió al empujarla. El suelo y la alfombra estaban cubiertos de sangre. La cabeza y las manos estaban envueltas en una chaqueta de franela… Estaban sobre la mesa de la cocina… El resto del cuerpo no estaba allí… El estupor me dejó paralizado durante cinco minutos. No sabía qué hacer. Pensé que alguien me había tendido una trampa. Empecé a limpiar la sangre y me manché la ropa. Después volví a casa, almorcé y más tarde volví al apartamento de Madame Gerard, cogí el paquete y me lo llevé a casa. Seguía pensando que todo aquello debía ser una trampa. No tenía ninguna intención de hacerle daño a Madame Gerard. ¿Por qué iba a querer matarla? No quería dinero, y no le debo nada».

De hecho, y según el pagaré que había firmado, le debía 50 libras. Voisin concluyó con una historia no demasiado coherente según la cual Madame Gerard «había vuelto esa noche al piso acompañada por alguien». La declaración no se tenía en pie, pero fue lo mejor que se le ocurrió dado el apuro en que se hallaba.

Louis Voisin y Berthe Roche comparecieron ante el juez Darling en el tribunal de Old Bailey en el mes de enero de 1918, y fueron acusados de haber asesinado a Emilienne Gerard.

El examen de Sir Bemard Spilsbury había indicado que varios de los golpes recibidos en la cabeza de Madame Gerard habían sido asestados por una mano mucho más débil que la de Louis Voisin, y el aspecto de las heridas parecía indicar que habían sido infligidas por los dos acusados. Aun así, el juez absolvió a Berthe Roche de la acusación de asesinato durante el segundo día del proceso, con lo que Voisin se quedó solo para enfrentarse a la temida sentencia de muerte que Lord Darling leyó en francés.

El Carnicero de la calle Charlotte fue ejecutado el 2 de marzo de 1918.

Berthe Roche fue sentenciada a siete años de cárcel por su participación en el crimen, y enloqueció durante ese período. Murió en una institución mental cuando sólo había cumplido algo más de un año de condena.

Postdata

El inspector jefe Wensley siempre tuvo sus reservas sobre los aspectos legales del experimento «Blodie Belgium» llevado a cabo con Voisin, y sus temores se vieron justificados en parte durante el proceso cuando el defensor del acusado usó el argumento de que las circunstancias en que su cliente escribió las palabras que le incriminaban hacían que la prueba fuese inadmisible.

Pero el juez decidió que la policía había actuado correctamente y que, dada la naturaleza del caso, debía intentar establecer la identidad de quien había escrito la nota, y también observó que si la letra de Voisin no se hubiera parecido a la de la nota, eso habría ayudado considerablemente a su defensa. En opinión de Lord Darling, el hecho de que no existiera ni la más mínima sugerencia de que el acusado había sido coaccionado para llevar a cabo el experimento permitía que la prueba fuese presentada ante el tribunal.

Aun así, cuando hubo que comparecer ante el Tribunal de Apelación el experimento «Blodie Belgium» volvió a servir de columna vertebral a la apelación que el abogado de Voisin presentó contra el veredicto y la sentencia.

Finalmente el juez A. T. Lawrence dio por cerrado el asunto resumiendo las observaciones de Su Señoría:

«El problema de si el prisionero fue debidamente advertido antes de escribir la nota era una de las circunstancias que debían ser tomadas en consideración y una de aquellas sobre las que el Juez debe ejercer su poder discrecional. La ley no permite afirmar que la falta de advertencia preliminar haga inadmisible la prueba. Podría tender a demostrar que la persona no era consciente de la importancia de lo que estaba diciendo o de su relevancia respecto a alguna acusación de la que aún no había sido informado.

»Voisin escribió las palabras de forma totalmente voluntaria. El mero hecho de que hubiera agentes de policía presentes, o de que las palabras fueran escritas a petición suya, o de que Voisin estuviera detenido en la comisaría de la calle Bow no hacen que la prueba resulte inadmisible. No hubo nada que entrara en la categoría de la “trampa” o la “creación” de pruebas. La identidad de la muerta no había sido establecida, y aunque la policía mantenía retenido al apelante para interrogarlo, todavía no había tomado la decisión de acusarle del crimen.

»Los intereses de la comunidad hacen deseable que las investigaciones criminales no se vean obstaculizadas, y el Tribunal opina que se verían obstaculizadas de una forma muy grave si se admitiera que una nota escrita voluntariamente en las circunstancias demostradas en este caso fuera inadmisible como prueba. El simple hecho de que se hiciera una declaración respondiendo a una pregunta formulada por un agente de policía no es, en sí mismo, suficiente para hacerla inadmisible ante la ley.

»Podría ser, y a menudo lo es, un motivo para que un juez excluyera la prueba del proceso, pero sólo debería hacerlo si creyera que la declaración no fue voluntaria en el sentido que yo [el juez Lawrence] he mencionado, o se tratara de una respuesta emitida en circunstancias que la hacían indigna de confianza, o que convirtieran en injusta su admisión en contra del prisionero.»

Que el mensaje «Blodie Belgium» concebido por Voisin para despistar a la policía acabara haciéndole bailar en la horca fue la ironía suprema de este caso.

 


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