Leone Bouvier
  • Clasificación: Asesina
  • Características: Despecho
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 27 de febrero de 1953
  • Fecha de detención: 27 de febrero de 1953
  • Fecha de nacimiento: 1930
  • Perfil de las víctimas: Emile Clenet, de 22 años (su amante)
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Nantes, Francia
  • Estado: Condenada a cadena perpetua el 10 de diciembre de 1953
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Leone Bouvier

Última actualización: 4 de enero de 2016

Campesina francesa de 23 años condenada a cadena perpetua por el asesinato de su amante el 10 de diciembre de 1953.

Leone Bouvier y su hermana mayor, Georgette, crecieron en un pueblo del occidente de Francia, Saint-Macaire-en-Mauges, rodeadas de un ambiente sórdido. Vivían en una casa sucia y miserable de dos habitaciones con sus padres, ambos aficionados a la bebida de una sidra de la región llamada gniole, y que sufrían tales ataques de alcoholismo que frecuentemente tenían que atar a su padre a la cama para frenar su violencia.

Las dos hermanas buscaron a su manera, en cuanto tuvieron edad suficiente para hacerlo, un medio para huir de aquella atmósfera opresiva en que vivían. Georgette profesó en un convento y Leone se dedicó a buscar un amor, búsqueda patética puesto que no era nada agraciada; su deseo de cariño benefició solamente a los hombres menos escrupulosos de la comarca.

En 1951 conoció en un baile a un mecánico empleado en un garaje, Emile Clenet, que por alguna razón se sintió atraído por la muchacha y demostró interés en verla de nuevo. Terminaron por verse cada domingo y pasar la tarde en la habitación de un hotel. Emile llegó en aquellos encuentros a pronunciar frases que Leone Bouvier tomaba por promesas de amor eterno y de próximo matrimonio, pero poco tiempo después Clenet comenzó a mostrarse primero indiferente y después francamente molesto ante su presencia.

Al enterarse de que su novia estaba embarazada, la ordenó que buscara algún medio para impedir el nacimiento de su hijo. El aborto se tradujo en una larga enfermedad que la muchacha sufrió sin tener noticia del paradero de Clenet y que dio por resultado el despido de la fábrica en que trabajaba. Al fin pudo enterarse de que su amante trabajaba en un garaje de Nantes y allí se dirigió en bicicleta el 15 de enero de 1952.

Clenet la recibió de mal talante y la recriminó porque había elegido para verle un día entre semana y no un domingo. Leone Bouvier tuvo que dejarle sin haber conseguido fijar una cita para tener con él una entrevista.

Desde aquel momento los escaparates de las armerías la obsesionaron, hasta que el 17 de febrero (habiéndose trasladado a Nantes el sábado anterior, en que cumplió 23 años) gastó todos sus ahorros en la adquisición de una pistola automática del calibre 22. Toda aquella semana vivió de la prostitución y el domingo esperó inútilmente a que su amante acudiera al lugar donde siempre se habían reunido.

Un día encontró por casualidad a Clenet cuando éste salía de un cine y le arrancó la promesa de que la llevaría el día de carnaval a Cholet, un pueblo cercano. Aquel día, 27 de febrero, Clenet mencionó de pasada que se proponía dejar el país y establecerse definitivamente en África; ante los reproches de la desgraciada muchacha, declaró que nunca le había pasado por la imaginación la idea de casarse con ella.

Aquella misma noche y cuando ambos estaban enlazados en un largo abrazo de adiós (que Clenet soportaba con indulgencia), Leone Bouvier disparó su pistola, atravesando la cabeza de su antiguo amante y corrió a refugiarse en el convento de su hermana. Esta, aunque enterada de sus desgracias, no llegó a saber nada del crimen.

La policía comenzó una investigación del suceso que llevó, inevitablemente, al descubrimiento de la culpabilidad de Leone Bouvier. Cuando se la llevaban del convento, la madre superiora murmuró: «¡Pobre criatura!».

La vista del juicio de Leone Bouvier, acusada del asesinato de Emíle Clenet, comenzó el 10 de diciembre de 1953 en el Tribunal de Justicia de Maine-et-Loire, emplazado en Angers. El fiscal, Lecrivaín, pidió la pena de muerte para la acusada. El abogado defensor, Claude Fournier, se refirió al ambiente en que se había desarrollado la niñez de Leone y llamó a declarar a su padre. El estado de este y su imposibilidad de articular las palabras, provocada por el alcoholismo, fueron seguramente más elocuentes que el informe de un psiquiatra.

Leone Bouvier subió también a la tribuna de los testigos y se defendió aludiendo a su otra hija, que había elegido el buen camino. El juez Diousidon, que presidía el tribunal se dirigió a la acusada:

-¿Lo ves ahora? ¿Te das cuenta de que no había necesidad de obrar mal? ¿Por qué lo hiciste? -Y más tarde, refiriéndose al crimen-: Tu conducta fue atroz… le besabas, estabas besando a Emil Clenet y al mismo tiempo sacabas la pistola que llevabas escondida bajo el abrigo. La apoyaste en su cuello y disparaste el gatillo. ¡Qué atrocidad, repito, qué atrocidad!… ¿Por qué le mataste?.

-Le amaba.

El jurado, después de deliberar durante un cuarto de hora, declaró a la acusada culpable de asesinato impremeditado que, en Francia, no puede castigarse con la pena de muerte. Leone Bouvier fue, pues, condenada a cadena perpetua.

 


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