El enigma de Kaspar Hauser

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Kaspar Hauser

El huérfano de Europa

  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: Kaspar Hauser fue un adolescente famoso por el misterio en torno a su origen y a su muerte. Su carácter era el de un niño salvaje, por lo que se sabe que creció en cautiverio en completo aislamiento. Desde su aparición se especuló sobre su posible pertenencia a una casa real, en particular a la familia gobernante en Baden
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 17 de diciembre de 1833
  • Fecha de nacimiento: 30 de abril de 1812
  • Perfil de las víctimas: Kaspar Hauser, 21
  • Método de matar: Arma blanca
  • Localización: Ansbach, Alemania
  • Estado: Otro de los grandes misterios que rodean el caso es su propia muerte. ¿Suicidio o asesinato?
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Kaspar Hauser

Wikipedia

Kaspar Hauser (¿30 de abril de 1812? – Ansbach, Franconia, Alemania, 17 de diciembre de 1833) fue un adolescente alemán famoso en Europa por el misterio en torno a su origen y a su muerte. Su carácter era el de un niño salvaje, por lo que se sabe que creció en cautiverio Kaspar Hauseren completo aislamiento. Desde su aparición se especuló sobre su posible pertenencia a una casa real, en particular a la familia gobernante en Baden. Ha sido llamado el huérfano de Europa.

Orígenes de la leyenda

El 26 de mayo de 1828 apareció en la ciudad de Núremberg (Baviera/Alemania) un niño extraño de unos 16 años y de aspecto descuidado. Llevado a una comisaría apuntó el nombre de “Kaspar Hauser”. En una carta al militar Friedrich von Wessing que llevaba consigo el chico, se había escrito igualmente este nombre. Además mencionó la fecha de nacimiento como el 30 de abril de 1812.

Descripción de Kaspar Hauser

Su estado mental era tal que levantó el interés de juristas, teólogos y pedagogos que llevaron a cabo multitud de ensayos para enseñarle a hablar, leer y escribir. Su mentor y representante legal Anselm von Feuerbach describió que en un principio la leche y la carne le daban asco a Kaspar y que sólo se alimentaba con pan y agua.

Se descubrió asimismo que había sido mantenido cautivo durante mucho tiempo, aunque nunca se consiguió levantar el secreto de su procedencia.

Hipótesis sobre sus orígenes

Ya durante su vida en Núremberg hubo diferentes rumores sobre sus posibles padres. Anselm von Feuerbach estaba convencido de que se trataba de un príncipe badense alemán, que había sido sustituido por un niño moribundo a causa de intrigas dinásticas.

En 1996 la revista alemana “Der Spiegel” y la ciudad de Ansbach mandaron analizar unas manchas de sangre encontradas en unos calzoncillos que pertenecieron supuestamente a Kaspar Hauser. Según el resultado de este análisis, el sujeto no era miembro de la familia reinante de Baden. En un análisis realizado en 2002 sobre material genético de otra prenda guardada en el Museo de Kaspar Hauser y de la herencia de Anselm von Feuerbach, se llegó a otra conclusión. Según este resultado había una gran concordancia, aunque no del 100%, con la huella genética de Astrid von Medinger (una descendiente de la esposa de Carlos II de Baden). Por tanto, se apuntó una posibilidad bastante plausible. Además se determinó que la mancha de sangre del primer análisis no pertenecía a Kaspar Hauser.

El enigma de su muerte

Otro de los grandes misterios que rodean el caso es su propia muerte. Los médicos que practicaron la autopsia, concluyeron que era muy difícil que él mismo pudiera haberse provocado las heridas que llevaron a su muerte y que el escrito encontrado a su lado no indicaba nada concreto.

La hipótesis más reciente añade otra variante a las especulaciones ya existentes. Según esta teoría podría tratarse del hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte con Estefanía de Beauharnais, la esposa de Carlos II de Baden. El matrimonio no era muy feliz y podría haberse producido un encuentro entre Estefanía y su ídolo Napoleón antes de la guerra contra Rusia. Existen varias similitudes físicas entre Kaspar y Napoleón II. La misma distancia entre la nariz y el labio superior, barbillas similares o la misma frente. Hay que tener en cuenta que un hijo extramatrimonial hubiese sido poco deseado tanto por parte de Napoleón como por la dinastía de Baden.

Esta teoría explicaría por qué Kaspar habría pasado sus primeros años de vida en palacios (según sus propios recuerdos) y sólo después, tras la caída de Napoleón, se le escondió. Una primera parte de su cautiverio la hubiese pasado en unas mazmorras cerca de Laufenburg. A esto apunta un mensaje encontrado en una botella y escrito presuntamente por otro encarcelado, diciendo “…mi escondrijo se encuentra bajo tierra y es desconocido incluso a él que le han robado el trono”. Se trataría en este caso del trono de Francia (aunque un hijo ilegítimo no hubiese tenido derecho a ocuparlo como emperador) o del gran ducal de Baden.

La segunda parte de su cautividad la pasó probablemente en el palacio de Pilsach a tan sólo unos 35 km de Nuremberg donde fue encontrado. En este pequeño castillo se descubrió en 1924 por azar una habitación escondida que concuerda con la descripción dada por Kaspar Hauser. Durante unas reformas en 1984 se encontró además un caballo de juguete, que también aparece en las descripciones de Kaspar Hauser, y restos de ropa.

Obras sobre el enigma de Kaspar Hauser

El fenómeno de Kaspar Hauser ha inspirado a numerosos autores, científicos y productores de cine.

Unos ejemplos serían el drama Gaspar Hauser (1838) del escritor francés Adolphe Philippe Dennery, la novela “Caspar Hauser oder die Trägheit des Herzens” (Caspar Hauser o la inercia del corazón) de Jakob Wassermann (1908), además del drama “Kaspar” de Peter Handke.

Kurt Tucholsky utilizó el pseudónimo “Kaspar Hauser” en el género de chanson alemán.

Werner Herzog llevó la historia a la gran pantalla bajo el título Jeder für sich und Gott gegen alle (Cada uno por su parte y Dios contra todos). La misma historia fue utilizada de nuevo por Peter Sehr (1993) con el título “Kaspar Hauser – Verbrechen am Seelenleben eines Menschen” (Kaspar Hauser – crimen contra el espíritu de una persona).

En Ansbach se celebran los festivales Kaspar Hauser en un ritmo bienal. Además se ha levantado una estela en el lugar donde presuntamente Hauser fue apuñalado en 1833, y en el museo de la ciudad hay un apartado dedicado a él.

Paul Auster se inspira en él para crear el personaje de Peter Stilman, en la novela “ciudad de cristal”.

El espectáculo “Kaspariana” del Odin Teatret (1967) parte de un texto de Ole Sarvig sobre el mito de Kaspar Hauser.

El poeta Georg Trakl escribió el poema llamado “Canción de Kaspar Hauser” (“Kaspar Hauser lied”).

Paul Verlaine escribió en 1881 el poema “Garpar Hauser Chante”.

El escritor Karl Gutzkow publicó su novela Los hijos de Pestalozzi en 1870(Die Söhne Pestalozzis), basada en la vida de Kaspar Hauser.

Jakob Wassermann publicó en 1908 su novela más famosa, Caspar Hauser oder Die Trägheit (Gaspar Hauser o la indolencia del corazón).

Su nombre en la ciencia

El nombre de “Kaspar Hauser” se utiliza también en etología. Se refiere a experimentos donde animales jóvenes son criados sin poder aprender de animales adultos. Así se puede distinguir entre comportamiento aprendido y comportamiento instintivo.

También se conoce el síndrome de Kaspar Hauser que se produce si niños crecen durante mucho tiempo sin afecto paternal o incluso contacto con otras personas.


¿Quién mató a Kaspar Hauser?

Juan Gómez – Elpais.com

20 de diciembre de 2008

El misterio sigue vivo a los 175 años de la muerte de uno de los personajes más enigmáticos del siglo XIX alemán.

Hic occultus occulto occisus est, conmemora un pilar octogonal en los jardines del palacio de Ansbach, en Baviera. “Aquí fue asesinado un desconocido de forma desconocida”. El paseante desprevenido podrá preguntarse en homenaje de qué desconocido y en recuerdo de qué muerte se levanta semejante artefacto de tres metros de piedra caliza y adornos neogóticos. La fecha que sigue, el 14 de diciembre de 1833, es tan exacta como el resto de la extravagante inscripción.

Cuando se cumplen 175 años de que Kaspar Hauser resultara herido de muerte en ese mismo lugar, no se ha resuelto en Alemania el enigma de aquel infeliz que, según creen muchos, fue, desde su mismo nacimiento, víctima de conspiraciones sin cuento que lo mantuvieron en mazmorras durante casi tres lustros y culminaron con aquel asesinato en diciembre.

De ser esto cierto, el joven de 21 años apuñalado en los jardines palaciegos de Ansbach era el desposeído primogénito del gran duque Carlos de Baden, nieto de Napoleón I, sobrino de la zarina de Rusia, primo de emperadores y heredero legítimo del Gran Ducado de Baden. De no serlo, pudo tratarse de un simple farsante o del títere de intereses opuestos a la familia ducal. La cuestión, encarnizada en su tiempo, permanece aún hoy lejos de zanjarse.

El lugar y la fecha en la que aquel hombre sufrió la cuchillada que, tres días más tarde, terminaría con su vida, es una de las pocas certezas que quedan de él. Nadie sabe quién lo mató, ni dónde nació ni quién era. Cinco años antes de su inexplicada muerte, había entrado renqueando en una plaza de Nuremberg un adolescente desastrado, incapaz de articular otra frase que “un jinete tal como mi padre es lo que yo quiero ser”. Era el lunes de Pentecostés de 1828.

Su capacidad intelectual se asemejaba a la de un niño preescolar. Portaba dos cartas que lo identificaban como Kaspar, nacido de una criada en 1812. Aunque fechadas con 16 años de intervalo y firmadas una por su supuesta madre y la otra por su supuesto tutor durante 12 años, ambas fueron probablemente escritas por el mismo puño. Cuando los policías que lo detuvieron le cedieron una pluma, el muchacho escribió el nombre de Kaspar Hauser.

Entre 1738 y 1811, el margrave Carlos-Federico gobernó Baden, que él convertiría en un Gran Ducado, con la mano de hierro del absolutista ilustrado. En esos 73 años reunificó los dominios solariegos de los Zähringer, anexionó territorios austriacos y otras regiones colindantes, decuplicó así la población e incorporó a Baden las universidades de Heidelberg y Friburgo. Pues bien, cuando murió su primera esposa en 1783, el casi sexagenario esperó tres años para casarse con su ahijada Luise Geyer von Geyersberg, una dama de la corte 40 años más joven. Aquella unión morganática dio cinco hijos.

Para cuando el mayor de ellos, Leopoldo, que por nacimiento estaba fuera de la línea sucesoria, ascendió al trono de Baden en 1830, habían muerto en 19 años tres grandes duques y tres príncipes herederos.

Agonizante en su lecho de muerte a los 32 años, Carlos, hijo del longevo Carlos Federico, aseguró que lo habían envenenado a él y a sus dos hijos varones. Le sucedió su tío Luis, que también murió con la certeza de estar siendo asesinado. Luise, la madre de Leopoldo, había obtenido una ejecutoria imperial que le daba a ella el condado de Hochberg y ponía a sus hijos en la línea sucesoria después de los Zähringer nacidos de la primera unión de su marido y de los demás parientes directos. En 1830, todos los que se habían interpuesto entre Leopoldo I y el trono de Karlsruhe estaban muertos.

Dos años antes, en 1828, los vecinos de Nuremberg acudían a ver al extraño y a alimentarlo como se hace con los monos del zoo. Kaspar sólo ingería pan y agua. Un doctor lo reconoció sin encontrarle más discapacidades que las causadas por los años de encierro. Lo describió como “semisalvaje”. La sola palabra excitaba la imaginación de la época.

Pronto, las fuerzas vivas de la región consideraron que se había descubierto al buen salvaje de Jean-Jacques Rousseau en medio de Alemania, a un ser que encarnaba “la más alta inocencia de la Naturaleza”, según divulgó el alcalde en un escrito oficial. La noticia llegó hasta Anselm von Feuerbach, jurista y magistrado, uno de los padres del derecho penal alemán. Lo liberó Feuerbach y lo entregó a la custodia del esotérico Georg Friedrich Daumer.

El suceso se había convertido en una verdadera sensación. Era la comidilla en las cortes alemanas, desde donde se extendió unos meses más tarde la sospecha de que Hauser, el dócil muchacho ajeno a las costumbres y al habla humanas que estaba siendo educado por el profesor Daumer, era en realidad el primer hijo que había dado a luz en 1812 Stéphanie de Beauharnais, la hija adoptiva de Napoleón Bonaparte y la esposa del monarca de la vecina Baden. El último vástago, por tanto, de la milenaria dinastía Zähringer y el heredero del Gran Ducado en la Selva Negra. Alguien a quien su joven abuelastra hizo que cambiaran en la cuna por un niño moribundo para allanar el camino al trono de su propio hijo.

El primer atentado contra Hauser fue un golpe en la cabeza que recibió en 1829 en el sótano de Daumer. El rey de Baviera Luis I ofreció entonces 500 florines a quien resolviera el caso. En Berlín apareció el tratado policial Kaspar Hauser, probablemente un estafador.

Mientras, en París se ponían de moda unos albornoces tipo Gaspard Hauser y Anselm von Feuerbach escribía a la corte de Karlsruhe sobre su convicción de que Hauser era uno de los suyos. Además, apareció en la vida de Hauser el conde de Stanhope, un noble inglés sobre cuya relación con el joven circularon rumores amorosos. Stanhope desapareció como había llegado. A la muerte de Hauser, algunos forenses consideraron posible que se hubiera autolesionado. Luis I tasó en 10.000 florines la recompensa de quien diera con el asesino.

En 1996, el semanario Der Spiegel encargó un estudio genético de la sangre que mancha las ropas de Hauser depositadas en el museo de Ansbach. La conclusión fue determinante: no se corresponde con el ADN de los descendientes de Stéphanie de Beauharnais. Pero ni siquiera una portada a todo color acaba con un mito de 175 años.

Los defensores de la hipótesis principesca obtuvieron su satisfacción genética con otro análisis, esta vez de pelo, encargado por el canal de televisión pública ZDF en 2002. Según el forense de Münster Bernd Brinkmann, “no se puede descartar de ningún modo” que Hauser sea descendiente de Beauharnais. La semana pasada, el Frankfurter Allgemeine Zeitung recordaba que es plausible que Hauser fuera de verdad un Zähringer. Si bien no quedan ya cuestiones dinásticas que resolver, los príncipes de Baden se niegan hoy a abrir el panteón donde descansan los despojos del supuesto heredero sin nombre.


Kaspar Hauser

Última actualización: 10 de abril de 2015

Se le conoció como “el muchacho venido de ninguna parte”, y unos cuantos años antes de su enigmática muerte en 1833, su extraordinaria historia fue comentario obligado en toda Europa.

Un muchacho de unos 16 ó 17 años, abandonado, llegó a la ciudad de Nüremberg, Alemania, el 26 de mayo de 1828 (un lunes de pentecostés). Tenía los pies ensangrentados y aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida. Su ropa con restos de seda, que había sido buena el alguna ocasión, se encontraba ahora tan andrajosa como la de un espantapájaros. Sus piernas estaban casi paralizadas por unas botas mucho más pequeñas que las de su tamaño, reforzadas con herraduras y clavos. De ellas asomaban unos dedos ensangrentados.

Entregó al primer transeúnte que lo vio unas cartas dirigidas “al capitán del 4º escuadrón, regimiento 6º de caballería”, Friedrich von Wessenig. Allí fue llevado.

Mientras esperaba la llegada del capitán, exhibió la primera de las extrañas reacciones que habrían de convencer a muchísimas personas de que el forastero había permanecido la mayor parte de su vida aislado del mundo: interesado en la llama de una vela, trató de agarrarla, profiriendo un agudo grito al quemarse. El olor de lo que se cocinaba le causó náuseas, y casi se desmaya frente al jamón y la cerveza que le ofrecieron. Era capaz de pasar horas sentado e inmóvil y prefería la oscuridad. Le gustaba jugar con un caballo de cartón (llamaba “caballo” a todos los animales, así como “chico” a todas las personas). Comió vorazmente pan y agua, y experimentó terror frente a un reloj de péndulo, quizá considerándolo un ser vivo.

Frente al capitán balbuceó: “quiero ser soldado como mi padre…”. En las cartas se repetía casi como una súplica la necesidad de transformar a su portador en un soldado de caballería. Y ambas concluían con el siguiente texto: “si no quiere conservarlo, debe matarlo con la espada o colgarlo”. El capitán se desentendió del asunto y entregó al muchacho a la policía local.

Al proporcionarle un lápiz y pedirle que escribiera su nombre, puso decididamente “KASPAR HAUSER”. Fuera de eso replicó “no sé” a todas las preguntas que se le formularon.

Dos días después del interrogatorio, el médico oficial del Tribunal civil de Nüremberg, el doctor Preu, hizo un examen exhaustivo al niño y presentó un informe del que se pueden extraer los siguientes fragmentos: “Este joven no es ni un loco ni un imbécil, pero es manifiesto que se le ha separado por la fuerza y con mayor crueldad de todo contacto con los hombres. Desde su más tierna infancia permaneció alejado de la sociedad y educado a escondidas de los demás, en un lugar en el que no podía penetrar la luz del día. Y así permaneció hasta el momento en que, de repente, apareció entre nosotros”. Esto fue avalado por los resultados de su autopsia: lesiones en el cerebro y el hígado atribuibles a una mala alimentación, largo cautiverio y falta de movilidad.

Después de un tiempo, el muchacho se transformó en una atracción pública y la gente concurría a verlo comer pan en la celda. Más tarde sobrevino un aprendizaje sorprendentemente rápido. A las seis semanas hablaba con fluidez y podía leer y escribir, y al cabo de un tiempo pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Según su relato, siempre estuvo prisionero en un calabozo, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimento que alguien le llevaba mientras dormía. De vez en cuando su agua tenía un gusto amargo. Esto lo hacía dormirse, y cuando despertaba, se encontraba aseado y cambiado. Tiempo antes de su partida, un hombre se introducía en la celda y le enseñaba a escribir su nombre y las frases que diría al capitán.

En suma, fue encerrado en una mazmorra cuando tenía tres años. Una mazmorra oscura en la que no podía ponerse de pie. Por todo alimento recibía pan negro y agua. Y así permaneció entre 12 y 13 años, hasta que lo soltaron, no sin antes enseñarle a escribir su nombre. ¿Por qué?

Luego de este relato, Kaspar Hauser se trasformó en una celebridad. Las dudas sobre su origen apuntaban a la nobleza que, por algún motivo, quiso mantenerlo oculto durante todo ese tiempo. Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias.

La creencia popular sostenía que Kaspar era hijo ilegítimo de la casa real de Baden, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Un famoso abogado, Anselm von Feuerbach, estudió su caso y defendió la teoría del heredero suplantado. Pero Feuerbach murió en 1833, y poco después Kaspar apareció en casa de su maestro sangrando por múltiples heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado, y afirmando que un extraño lo había atacado en el parque, el que antes de herirlo, le había entregado una nota en la que escribió: “soy de la orilla del río… mi nombre es MLO”. Para aumentar el misterio, la frase estaba escrita de manera especular, es decir, sólo podía ser leída con ayuda de un espejo. Los escépticos pretendieron hacerle admitir que se había apuñalado a sí mismo para reavivar el interés del público por su caso, pero tres días más tarde Kaspar moría, no sin antes decir: “No lo hice yo”.

Ésa no fue la primera vez que atentaban contra su vida: cuatro años antes ya había sucedido algo similar: en octubre de 1929 lo encontraron inconsciente con una herida en la frente. Cuando recobró el habla contó algo sobre un atacante enmascarado.

¿De dónde salió Kaspar Hauser?, ¿quién o quiénes se tomaron el trabajo de mantenerlo oculto tantos años, para luego liberarlo sin ningún motivo aparente? ¿ Por qué murió? … Todas estas interrogantes forman parte de uno de los grandes misterios de la historia.


Kaspar Hauser

Última actualización: 10 de abril de 2015

Kaspar (Gaspar) Hauser nació en torno a 1812 en algún lugar de Baviera. Apareció el lunes de Pentecostés del 26 de mayo de 1828 en la Puerta Nueva de Nuremberg. Por su historia fue conocido como “el muchacho venido de ninguna parte”.

Cuando apareció, al parecer, llevaba dos cartas en las que explicaba su posible origen. Además mencionó la fecha de su posible nacimiento como el 30 de abril de 1812. La primera iba dirigida al Capitán de Caballería del 4º escuadrón, 6º regimiento de caballería ligera, Friedrich von Wessenig. La segunda carta parecía ser de su madre, ya que incorporaba datos que relacionaban al niño con un soldado de dicho regimiento y que, según la carta, era su padre. En las cartas se que convirtieran al niño en un soldado de caballería, como su padre. Ambas cartas decían que si no querían educar al niño como soldado, que lo matasen. Además, en la segunda carta, el hombre que lo liberó explicaba que ya no podía mantenerlo.

Tras leer las cartas, fueron a llamar al capitán. Durante la espera se comprobó la falta de adaptación a la sociedad de Kaspar: intentó coger la llama de una vela, desconocía la comida preparada y cocinada, era capaz de pasar horas sentado e inmóvil y prefería la oscuridad. Además tuvo otros comportamientos que mostraban el aislamiento que había sufrido. Cuando llegó el capitán, Kaspar pronunció una frase de memoria: “quiero ser soldado como mi padre”. Pero, el capitán se desentendió del asunto y entregó al muchacho a la policía local.

Su educación corrió a cargo del pueblo de Nuremberg que se sintió obligado ante la lástima que les producía el niño. Fue difícil porque cuando apareció en Nuremberg no sabía apenas hablar, salvo las pocas frases que sabía de memoria y el nombre de algunas cosas básicas, y era receloso del contacto.

La leyenda se siguió alimentando ya que cuenta que en este estado de total desconocimiento social, fue objeto de interrogatorios y pruebas para intentar averiguar su origen. Cuando le ofrecieron una pluma, la cogió y escribió el nombre de Kaspar Hauser. Al parecer, un tal Daumer fue el encargado de adiestrarle. Cuando aprendió a comunicarse contó su triste historia. Contaba cómo había vivido en un zulo y se había alimentado de pan y agua y que apenas había visto la luz.

Según contaba el propio Kaspar, fue encerrado en una mazmorra cuando tenía tres años. Un lugar oscuro en el que no podía ponerse de pie y en el que sólo se alimentó de pan negro y agua. El hombre que lo cuidaba actuaba como una mano invisible en la leyenda, le proveía de alimentos y de todo aquello que permitía su subsistencia, aunque le mantenía aislado de la sociedad siendo totalmente un niño salvaje. Tras varios años de cuidados mínimos, este hombre no pudo con su conciencia y terminó por liberar a Kaspar, no sin antes haberle enseñado a escribir su nombre.

El médico oficial del Tribunal civil de Nüremberg, el doctor Preu, hizo un reconocimiento a Kaspar en el que concluyó que las afirmaciones del niño parecían ciertas y que realmente estuvo aislado de la sociedad en un lugar al que no llegaba la luz del día.

Tras su leyenda parece residir alguna trama en las altas esferas bávaras sobre herencias y derechos de sucesión que hacían de Hauser una persona poco deseable, pero a su vez, mostraron una dudosa compasión al permitirle vivir privado de su identidad y aislándole de la sociedad. Esta posible conspiración que le persiguió desde su nacimiento puso ser la causa de dos intentos de asesinato que sufrió a lo largo de su corta vida. Por fin murió asesinado en Ansbach el 17 de diciembre de 1833.

Se especuló con que su origen fuese noble, probablemente hijo de Estefanía Beauharnais y del Gran Duque Carlos de Baden. Según continúa la leyenda, Kaspar Hauser, fue abandonado por algún hombre de confianza del Duque en el bosque.

En noviembre de 1996, la revista de noticias “Der Spiegel”, a petición del ayuntamiento de la ciudad de Ansbach, analizaron unas muestras de sangre encontradas en la ropa de Kaspar Hauser. Según el resultado del análisis, Kaspar no era miembro de la familia reinante de Baden.

En un segundo análisis, realizado en 2002 sobre material genético encontrado en otra ropa, sí que se mostraba una posible relación con Astrid von Medinger, descendiente de Estefanía Beauharnais. Ese segundo análisis además dudaba de que el análisis de 1996 se hubiese hecho sobre sangre del propio Kaspar Hauser.

La hipótesis más reciente sobre el posible origen de Kaspar Hauser sostiene que podría ser un hijo ilegítimo de Napoleón y de Estafanía de Beuharnais. Al parecer, tras la derrota de Napoleón, un hijo ilegítimo suyo sería inconveniente tanto para él como para la familia Baden.

Los interesados en la vida de Kaspar Hauser han investigado dónde pudo pasar su cautiverio. Al parecer estuvo encerrado en en unas mazmoras cerca de Laufenburg, pero pronto fue trasladado al el palacio de Pilsach, cerca de Nuremberg. Esta hipótesis se basa en el hallazgo en 1924 de una habitación escondida en dicho palacio que se asemejaba mucho a la descripción dada por el propio Kaspar Hauser.

Su leyenda recuerda a muchos cuentos como el de Blancanieves o algunas leyendas germanas de abandono de niños en medio del bosque que se convierten en hombres bestia que crecen en un estado salvaje. También están en esta esferas las leyendas de los herederos suplantados y los reyes perdidos sin trono a la que podría ceñirse la historia de Kaspar Hauser.

La literatura estudió este hecho real y la leyenda que hubo detrás. El principal autor que estudió a Kaspar Hauser fue Anselm von Feuerbach. Feuerbach, experto en leyes, trató de explicar la situación de Kaspar Hauser como un delito contra su alma, además de los delitos de detención ilegal y de abandono. Feuerbach exponía que al haberle privado del contacto con otros hombres, le privó de las necesidades básicas espirituales, las que alimentan el alma y el espíritu y que permiten al hombre ser libre.

 


VÍDEO: EL INSÓLITO CASO DE GASPAR HAUSER


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