Juan Márquez Fabero

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Juan Márquez Fabero

El parricida de Ubrique

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Parricidio - Desavenencias familiares - Los hijos se negaron a que la amante del padre se instalara en la vivienda familiar
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 7 de octubre de 2014
  • Fecha de detención: Mismo día
  • Fecha de nacimiento: 1961
  • Perfil de las víctimas: Sus hijos, Laura, de 20 años, y Juan Pablo, de 16
  • Método de matar: Arma blanca
  • Localización: Ubrique, Cádiz, España
  • Estado: Condenado a 45 años y 6 meses de prisión el 24 de octubre de 2016
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El parricida de Ubrique declara que sólo quería amedrentar a su hija

Juan Márquez Fabero / Ana Huguet – El País

7 de octubre de 2014

El supuesto parricida acusado de matar a puñaladas a sus dos hijos en Ubrique (Cádiz) ha declarado este martes ante la juez que su intención no era cometer un crimen, sino «amedrentarles» por las «malas relaciones» que había entre ellos, según relató el abogado del presunto agresor, Juan Márquez Fabero, de 53 años. El detenido ratificó los hechos y a continuación la magistrada decretó prisión incondicional sin fianza para él como autor de la muerte de sus hijos, un menor de 16 años y una joven de 20.

Tras el crimen, el supuesto homicida huyó a las montañas para suicidarse y no para ocultarse de la Guardia Civil, según aseguró su letrado, Francisco Barreno. Sin embargo, el agresor no logró quitarse la vida al carecer de fuerza física para ahorcarse, tras haber perdido abundante sangre en el forcejeo protagonizado con las víctimas durante la madrugada.

El letrado intentó suavizar la brutalidad de los hechos con su relato de lo ocurrido: A las cinco de la madrugada del pasado lunes, Juan Márquez dormía en el domicilio familiar cuando se levantó de la cama, cogió un cuchillo que utiliza para las matanzas de los cerdos y se dirigió a la habitación de su hija «no con la intención de matarla, sino de asustarla y amedrentarla» por las malas relaciones que había entre ambos. El padre y la hija, ya puesta en pie, iniciaron un forcejeo que escuchó desde su habitación el hermano menor, que se sumó a la pelea.

El padre, que no soltó el arma en ningún momento, alegó no percatarse de la gravedad de la situación por «la oscuridad» que había en la casa. De hecho, explicó que, en un determinado momento el chico se retiró a su habitación sin que él sospechara el grave estado en el que se encontraba.

Se sentó «a esperar»

El padre se predispuso entonces a abandonar la casa, pero, en el rellano de la escalera inició un segundo forcejeo con la hija, quien acabó tendida en el suelo. Él, aún con el cuchillo en la mano, abandonó la vivienda sin llamar a los servicios de emergencias y se adentró en el monte con la intención de quitarse la vida.

Sufría heridas y hemorragias en ambas piernas, las fuerzas le flaquearon, tiró el arma y se sentó «a esperar» a que fueran a por él. También declaró que incluso se percató de la presencia de la Guardia Civil, pero achacó su silencio a la falta de aliento.

Nueve horas después del crimen, los agentes le localizaron con la ayuda de perros adiestrados y helicópteros. Lo trasladaron al hospital más cercano y de ahí al cuartel, donde confesó la autoría de la muerte de sus hijos.

En su defensa, el acusado añadió ante la juez que tras la muerte de su exmujer, la hija de ambos no había soportado que su nueva pareja, una joven extranjera, se mudara a la casa familiar. Según su versión, hace dos meses el padre dejó de darle dinero a la hija, quien debió abandonar la carrera que estudiaba en Sevilla para empezar a trabajar en un supermercado del pueblo.

La hija ya tramitaba entonces el cobro de parte de la herencia de su madre fallecida, posible móvil del crimen. Este martes fueron enterrados los hermanos tras una concentración de los vecinos ante el Ayuntamiento como repulsa por el crimen.


El parricida de Ubrique: «Pegadme un tiro; mis hijos me tenían harto»

Nacho Abad – Larazon.es

19 de octubre de 2014

No es muy comunicativo, pero en los casi quince días que lleva en la prisión Puerto II de Cádiz Juan Márquez ya ha confesado que más allá de los muros le espera su amor: Fatia, una chica de 24 años, treinta más joven que él. Elogia su belleza y confiesa, entre susurros, que ella le ha devuelto a la vida. «Está enamorado como un cachorrillo», comentan fuentes penitenciarias.

Sin embargo, cuando se le menciona a sus hijos la mirada se le oscurece y se encierra en un profundo silencio. Mientras, en Ubrique, son muchos los que todavía no entienden cómo pudo acuchillar hasta la muerte a Laura, de 20 años, y a Juan Pablo, de 16, sangre de su sangre. «Soy amiga suya y para mí él no es agresivo; si prácticamente no habla», apunta desconcertada María Teresa.

La Guardia Civil lo detuvo pocas horas después del doble crimen. El agente que lo localizó lo identificó inmediatamente: «Lo vi sentado, descansando. Tenía una herida en la pierna y se había hecho un torniquete. Di la alarma a mis compañeros y lo detuvimos. Mientras lo hacíamos, no paraba de repetir: “Pegadme un tiro, pegadme un tiro. Mis hijos me tenían harto”».

Una vez que los médicos limpiaron y cosieron las heridas fue interrogado. Cuando le preguntaron qué había ocurrido, comenzó a hablar sin parar, sin complejos, colocándose él como la víctima de la incomprensión de su hija y buscando con su verborrea la complicidad de los agentes que lo escuchaban.

«Tengo una nueva pareja, Fatia. Discutía mucho con mi hija por ella. Laura era insoportable y mi hijo últimamente se estaba volviendo como ella», comienza a relatar Juan ante la Guardia Civil, una declaración a la que ha tenido acceso LA RAZÓN.

«La noche del crimen Laura llegó a casa a las once de la noche. Nos pusimos a discutir en cuanto cerró la puerta. Luego nos fuimos a dormir. Me levanté sobre las cinco de la mañana. No podía conciliar el sueño. Cogí un cuchillo. Lo usaba para la matanza de los cerdos. No aguantaba más la actitud chulesca de mi hija. Fui a su habitación y le clavé el cuchillo. Comenzamos a luchar y forcejeando salimos al pasillo. Mi hijo apareció de repente. Supongo que le alarmó el ruido. Le apuñalé sin querer. Fue un accidente. A él no lo quería matar, no tenía nada contra él. Yo también me lesioné en la pierna».

Odiaba a su hija

A pesar de estar malherida, Laura consiguió abrir la puerta de casa y salir a pedir ayuda. Juan la persiguió. Quería asegurarse de que acababa con su vida. «Salí de la casa y, junto al portón del vecino, le di una última puñalada». Después cerró la puerta de su casa con llave y huyó.

«Crucé el río y fui callejeando hasta los depósitos de agua. Casi no podía andar, iba mareado. Me bajé los pantalones. Sangraba mucho. Me hice un torniquete para evitar desangrarme. Pensé en suicidarme, quería quitarme la vida. Vi a guardias civiles por allí, supuse que me estaban buscando. Intenté llamarlos pero no tenía fuerza para gritar, ya que no me salía la voz». De sus palabras se desprende un infinito odio a su hija. Hasta el punto de reconocer que quiso matarla y lo hizo, porque se oponía a su nueva relación con Fatia.

Con la confesión en la mano, los investigadores trasladaron al detenido ante el juez instructor. No fue fácil. Un centenar de ciudadanos se arremolinaban alterados a las puertas del cuartel de Ubrique y con ganas de tomarse la justicia por su mano. Lo recibieron al grito de «asesino» y alguno incluso golpeó con ira el coche en el que lo trasladaban.

Quizá fue consciente del reproche social o, a lo mejor, se dio cuenta de que su confesión lo iba a tener años alejado de Fatia, lo cierto es que, ante su señoría, Juan se desdijo. «Quiero rectificar. Yo nunca quise matar a mis hijos. Eso no lo reconozco», aseveró con rotundidad.

«Es verdad que me levanté, cogí un cuchillo y me fui al cuarto de mi hija, pero yo sólo quería hablar con ella, asustarla, porque me tenía amargada la vida. No soy consciente de haber apuñalado a mis hijos. Como el cuarto estaba tan oscuro, pudo ocurrir algo».

Su declaración está trufada de contradicciones e incongruencias. Juan miente pero, de memoria escasa para la fabulación, la verdad se escapa por las rendijas de su torpeza: «Abrí con el pomo y mi hija se despertó. Se levantó de la cama y forcejeando le clavé el cuchillo», acabó reconociendo.

Desatendió a su mujer

Laura y Juan Pablo quedaron huérfanos hace poco más de un año. Mientras su madre estuvo ingresada en el hospital, su marido se desentendió de ella. Así lo explicó José, primo de las víctimas y portavoz de la familia, en «Espejo Público»: «Una persona que no es capaz de estar tres noches con su mujer en el hospital, después de que la hayan operado a vida o muerte de un cáncer de estómago, y que deja a su hijo, menor de edad, durmiendo allí para cuidarla, dice muy poco de su nivel emocional y de su empatía».

No existió el luto. Juan se enamoró pronto de una muchacha de origen marroquí treinta años más joven que él y con antecedes policiales, entre ellos, abandono de familia y malos tratos psíquicos y degradantes. Tan centrado estaba en ella que Juan se olvidó de atender a su hijo.

«Laura, que estaba estudiando en Sevilla, tuvo que dejarlo todo y volver a Ubrique a cuidar de su hermano cuando se enteró de que su padre lo tenía abandonado», explicó el portavoz. Allí se encontró a una desconocida que había tomado posesión de la casa. Antes de preguntarle quién era, Laura recorrió el salón con la mirada y echo en falta las fotos y las cosas de su madre. Cuando la joven, que casi tenía su edad, le explicó con gran desparpajo que era la nueva novia de su padre, Laura la echó de allí.


El parricida de Ubrique dice ahora que sus hijos se mataron entre ellos

E. A. – Diariodecadiz.es

19 de febrero de 2015

El presunto parricida de Ubrique, Juan Márquez, de 53 años, volvió ayer a declarar en los juzgados de esta localidad por el doble asesinato de sus propios hijos, Laura y Juan Pablo Márquez Fabero, de 20 y 16 años.

Procedente del centro penitenciario de Puerto 2, donde está recluido a la espera de juicio, el autor confeso de la muerte a cuchilladas de sus únicos hijos, en octubre de 2014, pisaba sobre las diez y media de la mañana de ayer el Juzgado de Primera Instancia de Ubrique para declarar ante la jueza que instruye el asunto y cambiar radicalmente su versión de los hechos, diciendo ahora que sus dos hijos se mataron mutuamente.

Juan Márquez está acusado del doble asesinato de sus hijos, cuyos cadáveres fueron hallados la madrugada del 7 de octubre de 2014 en su domicilio, tras recibir varias heridas con un puñal de caza de grandes dimensiones después de una fuerte discusión.

El supuesto agresor huyó herido a los pocos minutos hasta un monte, a las afueras del pueblo, donde la Guardia Civil lo atrapó a las pocas horas, realizando éste una primera declaración, en el cuartel de Villamartín, donde se autoinculpó de los hechos.

Pues bien, el supuesto parricida realizó ayer una nueva declaración a petición propia. Según fuentes cercanas a la acusación particular, el parricida cambió radicalmente su versión de los hechos.

Así, el padre dijo a la jueza encargada de la fase de instrucción que la noche de la tragedia «escuchó a sus hijos discutir porque el oro que tenían en la casa había desaparecido y se encontró a los dos hermanos peleándose, y terminaron apuñalándose mutuamente, lo que provocó que saliera él despavorido de la casa con intención de quitarse la vida», según ha contado un portavoz de la familia materna, personada como acusación. «Es rocambolesca, irreal y una barbaridad que no hay por dónde cogerla», lamentaba un tío de los fallecidos.

Cambio de versión

Este periódico ha podido saber que la sangre de la camisa manchada del padre se corresponde a la de los hijos y el puñal de caza con el que supuestamente acuchilló a los jóvenes sólo contiene huellas de él, según las pruebas de cargo que existen. Al parecer, el presunto autor quiso desdecirse ayer, también, de la primera declaración que realizó tras ser apresado y en la que se inculpó, argumentando que realizó la misma bajo presión de la Guardia Civil, a la que supuestamente acusa de haberle pegado.

«Una versión que nada tiene que ver con lo que le contó, en una primera instancia, a un funcionario, al que dijo que se había autolesionado en una pierna. Es más, tras ser apresado fue llevado hasta el hospital de Villamartín y no hay parte médico en el que se recoja este supuesto», añaden las mismas fuentes.

Hay que recordar que la relación del padre con los hijos se había enfriado por cuestiones económicas tras la muerte de la madre. También la disputa del domicilio familiar y una nueva pareja del progenitor, de origen magrebí, habría deteriorado la misma. Este periódico ha podido saber que Márquez relató ayer que esta mujer llevaba viviendo un mes y medio en la casa familiar antes de que se produjera el fatal suceso.

Un extremo que se contradice con la primera versión de ella que, en calidad de testigo, testificó en su día que no había residido en esta vivienda de la calle San Sebastián, donde se produjeron las muertes. Un documento certifica que estaba empadronada en ese domicilio desde el 10 marzo de 2014, con lo que será llamada nuevamente a declarar en abril.


«La nueva versión del padre de Laura y Juan Pablo para exculparse no tiene solidez alguna»

J.M.Reina – Gentedelasierra.com

2 de marzo de 2015

El pasado miércoles 18 los vecinos de Ubrique volvían a revivir una de las páginas más trágicas de su historia reciente, aquella que, en la madrugada del 7 de octubre de 2014, acabó con la vida de Laura (20 años) y de su hermano Juan Pablo (16) a manos, presuntamente, de su padre, Juan Márquez.

Un dramático y espeluznante suceso -la joven presentaba 19 puñaladas- que acabó nueve horas más tarde con la detención del presunto autor de los hechos en el monte y con su posterior confesión ante la Guardia Civil. «¡Pegadme un tiro, pegadme un tiro. Mis hijos me tenían harto!», llegó a rogar a los agentes que lo localizaron según recogieron algunos medios.

No obstante, ahora, seis meses después y cuando la instrucción está a punto de cerrarse, Juan Márquez le ha dado un giro de 180 grados a sus declaraciones, exponiendo y defendiendo en sede judicial (Juzgados de Ubrique) que fue una discusión entre ambos hermanos la que dio pie a un enfrentamiento en el que, fruto de numerosas cuchilladas, Laura y Juan Pablo resultaron muertos.

«Al parecer, ahora dice que su confesión inicial fue producto de la presión de la que fue objeto por parte de los agentes de la Guardia Civil, algo que, obviamente, se cae por su propio peso porque tanto en la revisión que se le practicó en el Hospital de Villamartín como, más tarde, en el recinto penitenciario no se le apreció lesión alguna», señala Estanislao Naranjo, abogado de la acusación.

«Es evidente», añade, «que está en su derecho de decir lo que le dé la gana, pero, a la vista de las pruebas, es obvio que esta versión no se sostiene y que, por tanto, su nivel de credibilidad personal, si cabe, es aún más bajo».

Y es que, entre otras preguntas, Estanislao Naranjo cuestiona: «¿Cómo se iban acuchillar Laura, que presentaba 19 cuchilladas, y su hermano cuando sólo había un cuchillo?»

“Creo que lo que persigue con esta nueva declaración es algo tan complejo y remoto como que se le exculpe». Un objetivo que, insiste, «se antoja difícilmente alcanzable por el hecho, ya apuntado, de que sólo había un cuchillo y porque, según se desprende de las autopsias, todas las pruebas apuntan a un homicidio (parricidio)».

Niega haber matado a sus hijos

Por otra parte, Estanislao Naranjo destaca que, «con esta nueva declaración, en la que expone que, en modo alguno, él fue el autor de la muerte de sus hijos, pierde la posibilidad de que se pueda tener en cuenta, vía atenuante o eximente, la posible existencia de un episodio de enajenación mental».

«Él, según dice ahora, no fue el autor de los hechos, por lo tanto», remarca, «no cabe la posibilidad de que se le pueda acreditar enajenación alguna».

«Es un hecho, al menos ese es mi punto de vista, que con esta nueva versión complica, más si cabe, la tarea de su defensa».

En este sentido, el abogado de la acusación destaca que, a día de hoy, la instrucción, su cierre, se encuentra prácticamente pendiente del informe sicológico que, del presunto autor de los homicidios, solicitó el ministerio fiscal.

«Salvo que la nueva defensa -cabe recordar que ahora recae en una nueva letrada- solicite nuevas pruebas, la instrucción podría finalizarse en breve», si bien poco o nada se puede prever de cuando tendrá lugar el juicio.

Un juicio que, lamentablemente, volverá a enfrentar a la familia, amigos y vecinos de Laura y Juan Pablo con un trágico suceso que, pese al tiempo transcurrido, aún sigue muy vivo y para el que nadie encuentra explicación.

Apuntar que, como sucediera aquel trágico 7 de octubre, conocida la presencia de Juan Márquez en los Juzgados de Ubrique no fueron pocos los vecinos que se acercaron al mismo para mostrar su indignación, rabía y rechazo.


Grabaciones en el caso del parricida de Ubrique: «Voy a entrar en un psiquiátrico por tu culpa»

María Almagro – Lavozdigital.es

17 de octubre de 2016

Se dan a conocer unos audios en los que se escucha a Juan Márquez discutiendo con sus hijos a los que presuntamente asesinó a puñaladas.

Tal era la situación, la «desatención» que denunciaron sufrir los hijos del presunto parricida de Ubrique que la niña, Laura, llegó a grabar a su padre. Su desesperación por no encontrar una solución a los problemas económicos que les asfixiaban entre deudas y embargos a los que Juan Márquez no hacía frente, le llevó a acudir a los Servicios Sociales. Pero quería tener pruebas. Así que le pidió el móvil a la hermana de una amiga, puesto que ella ya no tenía por impago, y dejó constancia de lo que ocurría en esa casa.

Más o menos, una semana después, ella y su hermano eran asesinados presuntamente por su padre de 40 puñaladas y perdían la vida en el mismo lugar donde se hizo esta grabación.

En estos audios, aportados como prueba en la causa, Laura le reprocha a su padre que ella hubiera tenido que abandonar los estudios en Sevilla para buscar trabajo porque su hermano estaba «pasando hambre» y tenía «la nevera vacía» mientras él se iba «a la feria» con su nueva pareja. «Con 19 años lo que tienes que hacer es buscarte la vida», se defendía él. «¿Quién manda aquí?, yo». Para el presunto parricida, lo que hacía «falta es una mujer que nos ponga un plato de comida en la mesa».

El reparto de la herencia

En la conversación, que va subiendo de tono por momentos, el padre le deja claro a la niña que no la quiere «por el comportamiento que tiene» y le llega a advertir que le va a dar «un bofetón». «Papá, lo que quiero es que te preocupes por nosotros. El piso nos lo van a embargar ya. Voy a terminar con 19 años ahí abajo. Estoy todos los días estresada, no puedo más y tu solo hablas de ti, de ti, de ti… Voy a acabar en un psiquiátrico por tu culpa», se escucha a Laura. «¿Hay gente que quiere a la gente, ¿sabes? Me seguirán ayudando como lo han hecho estos seis meses». «Voy a hacer justicia. Que a mi hermano no le falte de nada».

Ante las palabras de súplica de cariño de Laura, que refrenda su hermano Juan Pablo también presente, el padre insiste en hablar del reparto de la herencia. Se refieren a dos terrenos y al piso familiar pero la hija le advierte que esas propiedades son de su madre fallecida y que por tanto les pertenecen a ellos y a él en usufructo.

Sin embargo, el procesado incide en hacer una repartición y llegar a un acuerdo porque «pasa una mala racha». Sin embargo por entonces tenía empleo estable, sueldo fijo y pagaba el alquiler a su entonces pareja, circunstancia que le reprochaban los hijos.

La grabación continúa y el tono se enciende también hasta que presuntamente el acusado amenaza a la chica a lo que ella responde que va a acudir a la Policía. «A ver si me amenazas delante de ellos».


Juan Márquez: «Yo no apuñalé a mis hijos, se mataron entre ellos»

María Almagro – Lavozdigital.es

18 de octubre de 2016

El supuesto parricida de Ubrique da una nueva versión entre sollozos incorporando a su relato un nuevo elemento, un cuchillo de cocina que nunca apareció.

Juan Márquez, el padre acusado de haber matado a puñaladas a sus dos hijos en Ubrique, lloraba este lunes ante el jurado. Ha explicado que él «nunca» podría haberles hecho «algo así» a sus hijos. Se refería a Laura, de 19 años, y a Juan Pablo, de 17, los dos chicos que aparecieron la madrugada del 6 de octubre de 2014 muertos, de cuarenta puñaladas, envueltos en sangre. Casi de manera ininteligible, entre sollozos, el supuesto filicida exclamaba al jurado: «¡No los apuñalé, se mataron entre ellos!».

Durante más de tres horas el procesado ha estado dando su versión y ha recuperado para esta ocasión la misma, aunque con matices, que había dado a la juez de instrucción meses después de arrepentirse de haber confesado ante la Guardia Civil. Entonces aseguró que sus hijos se habían matado entre ellos con un mismo cuchillo, el mismo que usaba él para «destrozar animales» en las matanzas.

Pero ante la ilógica de que dos personas puedan asesinarse con un mismo arma y luego tirarla fuera del escenario del crimen, Juan Márquez añadía un nuevo elemento: otro cuchillo, uno de cocina «normal, más pequeño» que supuestamente habría utilizado Juan Pablo para defenderse de su hermana. Según explicó no había hablado de esto antes porque no quería que su hijo quedara «como un asesino». «Pero ya no puedo más… Lo siento, hijo, pero tengo que contarlo. No voy a comerme ya este marrón…», ha declarado.

«Solo quería ahorcarme»

Sobre la noche en cuestión. Juan Márquez ha asegurado que en torno a las cuatro de la mañana escuchó a sus hijos discutir. Se vistió y fue a ver qué estaba pasando. El niño le gritó que su hermana lo quería «matar» porque había descubierto que había «vendido todo el oro». Juan acudió entonces a comprobar al cajón si era cierto y al regresar vio, según siempre su versión, como los chicos «estaban matándose llenos de sangre».

«Les quité los cuchillos y salí para la calle con Laura en lo alto a pedir ayuda a los vecinos, pero mi hija se murió en mis brazos. No lo aguanté, sólo quería morirme y salí corriendo para ahorcarme en el campo». Eso sí. Antes de salir corriendo para presuntamente suicidarse, alguien, según dijo «el niño que estaba dentro», cerró la casa con llave. Ya en el camino, sangrando abundantemente por una pierna «y con dos heridas más», tiró los dos cuchillos al campo y unos guantes de látex que, como aseguró, había usado su hija. «Laura lo que quería era matarme a mí», llegó a decir. «Mi hija nunca quiso que yo tuviera novia. Quería que me muriera solo».

Sobre por qué no avisó a las emergencias para socorrer a los niños, Juan Márquez declaró que no pudo porque estaba «en shock, avergonzado» por lo que habían hecho sus hijos y sólo pensaba en «matarse». «Si no llega a venir por mí la Guardia Civil hoy no estamos aquí».

La relación

Buena parte de las preguntas de las partes se refirieron a la relación que tenía Juan Márquez con sus hijos y qué pudo desencadenar tal fatal desenlace. En primer lugar, el idilio que meses después del fallecimiento de la madre de los niños, Juan Márquez comenzó con una chica marroquí 30 años más joven que él. Según contó, este noviazgo nunca fue bien visto por los chicos. Admitió que les había ocultado que la empadronó en la casa familiar en marzo de 2014 y también que no contó con su permiso para que se fuera a vivir con ellos. «Mi hija nunca quiso que yo tuviera novia. Quería que me muriera solo». «Laura había echado muy mala leche», llegó a decir.

Sin embargo, según la acusación y los testigos que dieron este lunes también su versión, los problemas de Laura y Juan Pablo se debían al «abandono» que sufrían por parte de su padre que hizo que la joven tuviera que dejar sus estudios de Contabilidad y Finanzas en Sevilla para «hacerse cargo de su hermano» que estaba «totalmente desatendido», y sufría de anemia porque «no había nada en la nevera».

A pesar de ello el padre llegó a alquilar un piso para él y su novia y solicitar un crédito de 4.500 euros para pagarle a su pareja una operación de pechos. Estos dos extremos fueron confirmados en sala con tranquilidad por el acusado.

La situación llegó a tal punto que, según el presunto asesino, dejó de pasarles dinero «porque quería hacer las paces». Como explicó, su intención era que su hija volviera a casa para «hablar». Sin embargo, Laura volvió y tuvo que hacer frente a embargos, deudas, un hermano «sin atender ni comer», por lo que acudió a los Servicios Sociales a pedir ayuda.

Sobre la necesidad que pasaba su hijo Juan Pablo, el presunto parricida admitió que estaba delgado pero «porque siempre ha sido muy delicado para la comida». Contó que sí que estaban atendidos por una hermana que les traía alimento a diario. Esta familiar declaró al igual que la madre del procesado y reconocieron este hecho pero refieriéndose a un periodo concreto, unos meses.

La contradicción de Fathia

También dio su versión la novia de Juan Márquez, Fathia. Contó que había roto con él a los meses de que éste entrara en prisión. Explicó que sí que habían sido pareja de hecho pero que nunca había vivido en la casa familiar, una versión contraria a la dada por su expareja, que no dejaba de mirarla atentamente a un escaso metro, quien aseguró que justamente fue su estancia en el piso familiar lo que empeoró la relación con Laura y Juan Pablo.

Sí aseguró que le pagaba el alquiler y los gastos, pero que nunca hablaban «del tema de sus hijos» y admitió que también la operación de pecho se la había costeado él. Sin embargo aseguró que nunca se había peleado con Laura y que ella no había presionado a Juan Márquez para que dejara de pasarle la manutención a los niños.

El jucio continuará este martes con la declaración de nuevos testigos. Cabe recordar que la Fiscalía pide 42 años de cárcel para el acusado por un delito de abandono familiar y dos de asesinato, mientras que las acusaciones particular y popular reclaman 52 años de prisión.

Su mejor amiga: «Me dijo que estaba pensando poner un pestillo en la puerta»

«Laura no estaba en contra de que su padre rehiciera su vida. Estaba en contra de cómo lo estaba haciendo. No entendía que tuviera dinero para la novia que ni conocían y no para ellos». Son palabras de Patricia, la mejor amiga de Laura.

Llorando emocionada, la joven ha relatado al jurado cómo fueron los últimos meses de vida de su «hermana». «Tenía muchos problemas económicos. En Sevilla su expareja le ayudaba pero no podía seguir así. Tuvo que dejar de estudiar y cuando se enteró que su hermano estaba desatendido volvió a Ubrique para hacerse cargo de él», aseguró.

Según relató, a su regreso Laura se encontró «con una mujer que ni conocía en su casa que había quitado todas las fotos de su madre, fallecida meses antes. Ella sólo pedía un mínimo de respeto».

La historia fue a más. «Descubrió que su hermano no tenía nada en la nevera. Se desvivía por él. Me dijo que no lo iba a consentir. Cuando volvió tuvo que recogerlo del colegio enfermo porque había tomado comida caducada». Según contó, el padre «un hombre frío pero aparentemente normal» sí la tenía atemorizada. «Le decía que lo que tenía que hacer es quedarse en casa y cuidar de ellos pero en realidad lo que quería era que volviera al piso para quedarse con la herencia que les había dejado a los niños su madre».

Patricia contó afectada que, «al contrario que dice la gente», sí se esperaba lo que al final pasó. «Su problema se convirtió en mi problema. Estuvo viviendo conmigo justo antes de volver a Ubrique, mis padres también le ayudaron pero era una persona que le costaba admitir favores». Por eso, juntas, decidieron que fuera a Servicios Sociales y juntas también le buscaron un trabajo en un supermercado. «Me dijo que sí tenía miedo, que temía que su padre la envenenara y que estaba pensando poner un pestillo a la puerta de su habitación».


Condenado a 45 años de cárcel el parricida de Ubrique

Agencia EFE

24 de octubre de 2016

El jurado considera que Juan Márquez Fabero mató a cuchilladas a sus dos hijos en octubre de 2014.

La sección octava de la Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado este martes a 45 años y seis meses de cárcel a Juan Márquez Fabero, conocido como el parricida de Ubrique, por apuñalar hasta la muerte a sus dos hijos, de 19 y 16 años, en el domicilio familiar de la localidad gaditana. Les dio 40 cuchilladas. Los crímenes se cometieron la madrugada del 6 de octubre de 2014.

Tras seis horas de deliberación, el jurado ha declarado por unanimidad culpable a Juan Márquez Fabero de todos los delitos que se le imputan: dos delitos de asesinato con alevosía —el de su hija mayor, Laura, con ensañamiento— y un delito de abandono familiar. El jurado ha pedido al tribunal que se reconozca que la que entonces era su novia mintió durante el juicio.

Algunos miembros del jurado y de la familia de las víctimas no han podido evitar romper a llorar tras la lectura del veredicto, mientras el acusado ha permanecido impasible durante todo el proceso. Márquez ha insistido en su último turno de palabra en que fueron sus hijos los que «se mataron entre ellos».

Tanto el fiscal como la acusación particular y la popular han solicitado este lunes que el acusado fuese condenado a 25 años por el asesinato de su hija Laura, a 20 años por el asesinato de su hijo Juan Pablo y a seis meses de prisión por el abandono de este último, menor de edad.

Nueva relación sentimental

Los hechos se produjeron unos diez meses después de que muriera de cáncer la esposa del parricida y madre de las víctimas. Tras el fallecimiento de la mujer, Juan Márquez comenzó una relación sentimental con una joven marroquí vecina de Ubrique.

La negativa de los hijos a que esta mujer se instalara en la vivienda familiar desató el enfado del parricida, que, según han relatado las acusaciones, desatendió por completo las necesidades más básicas de los hijos, mientras a su novia le alquilaba un piso y le pagaba una cirugía estética en las mamas. La desatención de sus hijos fue tal, que Laura, de 19 años, tuvo que dejar sus estudios universitarios en Sevilla para regresar a Ubrique y ocuparse de su hermano, de 16 años.

El crimen se produjo días después de que Juan Márquez recibiera una carta en la que los servicios sociales del Ayuntamiento de Ubrique le citaban para intentar una conciliación familiar. El proceso lo inició su hija Laura en un intento de conseguir ayuda ante su desesperación por la imposibilidad de hacer entrar en razón a su padre.

El parricida cogió el cuchillo con el que despedazaba cerdos en las matanzas y atacó a sus hijos reiteradamente, cerró la puerta de la casa con llave y huyó al monte, a unos seis kilómetros del pueblo, después de arrojar el cuchillo.

Allí fue capturado horas después de cometer el crimen por agentes de la Guardia Civil, a los que confesó que había matado a sus hijos porque le tenían «harto». Juan Márquez Fabero ha cambiado después esta confesión por una nueva versión que las acusaciones han tachado de «delirante», y el fiscal, de «vil cobardía».

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