Juan Carlos Aguilar

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Juan Carlos Aguilar

El falso monje shaolín

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Descuartizamiento - «Disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido»
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: Mayo - Junio 2013
  • Fecha de detención: 2 de junio de 2013
  • Fecha de nacimiento: 1965
  • Perfil de las víctimas: Jenny Sofia Rebollo, de 40 años / Maureen Ada Otuya, 29
  • Método de matar: Estrangulamiento con una cuerda de esparto
  • Localización: Bilbao, España
  • Estado: Declarado «culpable» de «asesinato con alevosía» por un jurado el 23 de abril de 2015. Condenado a 38 años de prisión el 30 de abril de 2015
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Encarcelado el falso maestro shaolín acusado de dos homicidios

Eva Larrauri – Elpais.com

5 de junio de 2013

Después de prestar declaración durante varias horas en dependencias judiciales de Bilbao, la juez ha decretado el ingreso en prisión de Juan Carlos Aguilar, acusado de asesinar a dos mujeres. Las víctimas son la nigeriana Mauren Ada Ortuya, fallecida esta mañana a causa de las lesiones que le ocasionó Aguilar tras encerrarla en un gimnasio de su propiedad, y Jenny Sofía Rebollo, una emigrante colombiana de 40 años, cuyos restos fueron localizados en bolsas de basura en el mismo local. Aguilar permanece todavía en los juzgados a la espera de ser trasladado a la prisión de Basauri (Bizkaia).

La Ertzaintza ha podido identificar a la mujer colombiana porque había sido fichada con anterioridad. Aunque no constan denuncias por su desaparición, miembros de la comunidad colombiana de Bilbao ha declarado que no conocían su paradero desde hace «dos fines de semana». Este dato coincide con la hipótesis de la investigación que establece su muerte en torno al pasado 25 de mayo. Según fuentes de la investigación, Aguilar declaró en dependencias policiales que se sentía confuso y creía que había matado a una mujer el 31 de mayo.

Como Mauren Ada Ortuya, de 29 años, Jenny Sofía Rebollo ejercía la prostitución. Sus allegados han informado de que Rebollo era originaria de la localidad colombiana de Montería, en el noroeste de Colombia, llevaba cerca de 10 años residiendo en España. Tenía dos hijos, uno de los cuales vivía con una de sus hermanas en Colombia, según publica el diario colombiano El Tiempo.


Mentiras, crímenes y misticismo

Luis Gómez – Elpais.com

9 de junio de 2013

La mujer está atada de pies y manos. Yace sin conciencia en el suelo, a los pies del llamado maestro, que mira impasible la llegada de unos ertzainas nerviosos porque acaban de forzar la pequeña puerta de su templo.

El maestro está tranquilo, en pie, su torso desnudo y la mirada perdida. Viste un pantalón de chándal azul oscuro. No puede ocultar el deterioro de los últimos años: su barriga le delata, como la flacidez de sus músculos. Su aspecto es sórdido, tan alejado de la cuidada puesta en escena de sus vídeos promocionales.

Le apartan sin amabilidad, no se resiste, hay nervios y voces a su alrededor, los agentes ponen su atención en la mujer y él asiste ensimismado, ajeno a lo que sucede en el escenario del nuevo crimen que acaba de cometer. Solo habla cuando un agente husmea en una bolsa de basura depositada a unos metros y descubre que en su interior hay huesos con algún trozo de músculo: «Son de una mujer que maté hace una semana».

Hace una semana. Dos muertas en dos semanas. El escenario del crimen del maestro shaolín estaba limpio en apariencia: no había sangre, no había otro rastro de violencia que el cuerpo de Ada Ortuya, una joven nigeriana de 29 años, tendido en el suelo, atado con cuerdas, sin actividad cerebral. Aún está por determinar si murió por asfixia, estrangulada o como consecuencia de un golpe mortal.

Es muy probable que las manos de Juan Carlos Aguilar, de 47 años, hayan sido el arma asesina: un hombre como él conoce los puntos vitales del cuerpo humano. Durante un tiempo lejano se atribuyó las dotes del guerrero y más recientemente las de quien está más cerca de Dios. O de Buda, en su caso.

El maestro no estaba desnudo. No estaba incurso en ningún acto sexual. Tampoco en algún tipo de ceremonia o rito religioso, a pesar de que el escenario estaba presidido por una gran figura blanca de Bodhidharma, el patriarca que extendió el budismo por China. Ada Ortuya iba a morir, moriría de hecho tres días después, como murió Jenni Rebollo, una colombiana de 40 años, pero queda por explicar el porqué.

Aguilar, las pocas veces que rompió su silencio, no dio ninguna razón. Aparentó desmemoria, como si su cuerpo fuera por un lado y su mente por otro. Y en algún momento aludió a un tumor cerebral. No estaba bajo los efectos de ninguna droga o del alcohol, según determinaron las primeras pruebas.

Los investigadores de la Ertzaintza no han dejado de actuar en ningún momento bajo la hipótesis de que Juan Carlos Aguilar, el llamado maestro, sifu o abad, es un asesino en serie. El propio escenario del crimen, la confesión de un primer asesinato, el perfil de sus víctimas (inmigrantes que ejercen la prostitución), la evidencia de que fue capaz de mutilar un cuerpo, separar sus vísceras para arrojarlas a la ría y conservar algunos huesos invitan a ello. Comenzarán a indagar en sus archivos personales y, por supuesto, en su pasado. También en su patrimonio, que no debe ser pequeño porque ha contratado los servicios de Javier Beramendi, uno de los penalistas más prestigiosos de Bilbao.

Lo primero que ha llamado la atención de mucha gente, desde la Ertzaintza hasta quienes le conocieron, es su deterioro físico. No se corresponde con un maestro en artes marciales. Y menos con alguien que ha urdido toda una fantasía a su alrededor, como deportista (falso campeón mundial de kung fu tres veces y ocho de España), como único español admitido en el exclusivo templo Shaolín, como maestro, como antropólogo (así figuraba en su buzón de correos) y, últimamente, como abad del falso monasterio budista de Bilbao, su última denominación conocida.

Aguilar fundaba asociaciones, la mayoría no registradas siquiera: por ejemplo, el Instituto de Filosofías Orientales, con sede en su local de la calle Máximo Aguirre, en pleno corazón de Bilbao, a unos pasos del local de Louis Vuitton en la ciudad, el escenario del crimen.

Era también un hombre de un narcisismo desmesurado, capaz de aplicarse violentamente con sus alumnos o exigir un curioso voto de pobreza a sus seguidores, a los que demandaba dinero. En opinión de sus exalumnos, Aguilar manifestó siempre cierto complejo con su baja estatura (medía escasamente 1,60 metros), que trataba de compensar con un exceso de carácter.

Esta forma de fundar falsas asociaciones y crear titulaciones no es exclusiva de Aguilar, es moneda común en el disperso mundo de las artes marciales. Ahora se sabe que, solo en una ciudad como Bilbao, el número de monitores de tai chi reconocidos oficialmente asciende a 15, una cifra mínima comparada con la extensión de su práctica en gimnasios privados e instalaciones municipales.

El deterioro físico de Aguilar arranca del año 2004. Parece que sus mejores años, a partir de su viaje a China en 1994, han pasado. En el año 2000 le entrevistó Eduard Punset para el programa Redes, se promocionó en vídeos y revistas y aparecía de vez en cuando en televisión como autoridad en la materia.

En una entrevista de 2004 en Telemadrid con el ahora escritor Javier Sierra, manifiesta: «He dejado la parte marcial y la parte física». Su mujer, con la que ha tenido dos hijos, se separa de él («después de vivir con él una vida de pesadilla», manifiesta un exalumno), rompe con mucha gente, entra en una nueva vía de contradictoria espiritualidad, sin dejar de lado seguir ganando dinero. Su carácter es cada vez más insoportable. Dice que es capaz de controlar su energía. Se sitúa en una escala superior. Se sitúa cerca de Buda.

Es a partir de esa deriva mística donde la Ertzaintza tratará de encontrar no solo alguna explicación a los crímenes sino certezas sobre lo que ha podido estar haciendo este hombre en los últimos siete años, agazapado en las entrañas de una ciudad demasiado confiada.

Porque Bilbao es una urbe segura, donde pueden transcurrir seis meses sin un maldito asesinato [14 muertes violentas en todo el País Vasco durante 2012, según estadísticas oficiales, incluidas las de violencia de género]. Así ha sido este año 2013, hasta que sus habitantes se han encontrado de bruces con el dilema de que en el corazón de la ciudad un hombre pueda haber estado matando mujeres durante no se sabe cuánto tiempo y enviando sus restos a la ría. Hacía 16 años que no se registraba un doble crimen en la capital y ahora aparece este mal llamado maestro shaolín rodeado de mentiras, crímenes y misticismo.


El infierno del monje shaolín

Jesús Duva – Elpais.com

24 de agosto de 2014

Dos veces había vivido la misma orgía de sexo y sangre. Y tal vez habría proseguido su enloquecida carrera criminal si la Ertzaintza no hubiera puesto fin a su aterrador descenso a los infiernos. Juan Carlos Aguilar, hijo de Absalón y Severina, nacido en 1965 en Barakaldo (Vizcaya), autodenominado monje shaolín, está hoy a la espera de juicio, acusado de matar a dos mujeres en 2013.

Ya decía en su página web que conocía el sufrimiento desde que era niño y que había vivido un infierno desde que uno de sus hermanos le iniciara en las artes marciales hasta convertirse en monje shaolín en la provincia china de Henan.

Sobre las 3.20 del 25 de mayo de 2013, Aguilar iba en su Mitsubishi por la calle del General Concha, de Bilbao, cuando invitó a subir al coche a la colombiana Yenny Sofía Revollo Tuirán, que a sus 40 años era madre de dos hijos. La mujer pasaba por un mal momento, que ella ahogaba en alcohol. Aquella noche estaba muy borracha.

Llevó a Revollo a su gimnasio de la calle de Máximo Aguirre, número 12, y tras maniatarla, la mató. Después se fotografió en actitud obscena junto al cuerpo desnudo de la víctima. Posteriormente diseccionó el cadáver. Con la precisión de un experimentado carnicero, seccionó las falanges de los dedos índices, extrajo las prótesis mamarias… y parte de los restos los escondió en un falso techo, otros los quemó en el gimnasio, y otros los guardó en su piso del número 5 de la calle de Iturriza. A lo largo de las horas iría arrojándolos a la ría de Bilbao o en la basura doméstica.

En los días posteriores, el autoproclamado fundador del monasterio budista Océano de la Tranquilidad continuó impartiendo clases a sus prosélitos. Como si nada hubiera pasado. Solo una de sus más fervientes discípulas le notó más nervioso e irascible que de costumbre. Y eso que con frecuencia sufría estallidos de ira que sus adeptos atribuían a su afán por enseñarles el manejo de la espada o hacerles alcanzar el nirvana.

En la madrugada del 2 de junio volvió a la calle del General Concha, donde contactó con la nigeriana Maureen Ada Otuya, de 29 años. Ambos se encaminaron al gimnasio. Tras mantener relaciones sexuales, él maniató y amordazó a la mujer, a la vez que comenzaba a estrangularla y a golpearla con saña en la cabeza y el abdomen. Durante 500 minutos interminables, Otuya padeció un tormento espeluznante. Al cabo de nueve horas de martirio, sobre las tres de la tarde, logró zafarse y, aterrorizada, trepó a trompicones los 20 escalones que la separaban de la salida. A través de las rejas de la cancela lanzó desesperados gritos de socorro.

Verónica L., una vecina que pasaba por la acera, alertó a la Ertzaintza. Cuando entraron los agentes, encontraron al guerrero budista fuera de sí, con el torso desnudo y las manos ensangrentadas. Otuya agonizaba: tenía cinco vueltas de cordel enroscado en el cuello, además de una brida de plástico y cinta adhensiva.

En el registro del gimnasio, los ertzainas descubrieron varias bolsas con restos humanos, además de espadas, hachas, sables, palos, cuchillos, una sierra, una pistola, cintas de video, cedés y fotos de mujeres desnudas o vestidas con ropa provocativa y en actitud lasciva. La víctima murió 48 horas después en el hospital.

El presunto homicida tenía un ejército de adeptos y, sobre todo, de adeptas que lo admiraban hasta el paroxismo. Mujeres como Eva, Carolin, Ekaterina, Begoña, María José, María del Mar, Cristina y Ana, que no sólo mantenían relaciones íntimas con «el maestro», sino que sentían por él auténtica veneración. Ana, una aparejadora de Bilbao de poco más de 40 años, era uña y carne con Aguilar. Ella misma, que se definió ante los ertzainas como su novicia, dijo que le estaba agradecida porque era una mujer «antisocial» y él le «había enseñado a comunicarse con un hombre, a saber cómo es la vida».

A Ana no le importaba que su guía le llamara «puta». Ni que quisiera practicar con ella los más abyectos juegos sexuales. Ni que se acostara con Begoña, con Ekaterina o con otras. Ni que la obligara a vestirse de monja o de enfermera. Ni que en más de una ocasión, como ella declaró, se le fuera «la olla» y le apretara el cuello hasta casi dejarla sin aliento. Begoña, sumisa como un cordero, accedía a todos los caprichos del líder, aunque definió a Aguilar como un tipo «soberbio, prepotente, manipulador y egocéntrico» hasta el punto de conformar su gimnasio en una especie de «secta».

José Miguel Fernández López de Uralde, acusador particular en representación del padre y un hermano de Otuya, considera que el falso monje shaolín «disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres indefensas, golpeándolas hasta la muerte, a la vez que recogía dichas prácticas en soporte fotográfico para su posterior disfrute».

Así, la policía vasca descubrió en la memoria de una cámara fotográfica 74 imágenes en las que aparece Aguilar con una mujer viva, desnuda y maniatada y más tarde con esa misma mujer muerta. También localizó dos fotos tomadas 35 horas después en las que se ve en primer plano a una mujer con los ojos vendados —una tal Eva con la que el falso shaolín mantenía relaciones desde hace años— teniendo como telón de fondo el cadáver de la primera.

Nadie sabe qué extraño cortocircuito se produjo en las neuronas del presunto homicida para inducirle a semejante carnicería. Nadie ha logrado entrar en los arcanos de su mente. Se niega a ser sometido a examen psiquiátrico. En marzo de 2010, había acudido a la Clínica Universitaria de Navarra por «problemas de memoria».

Relató que en diciembre de 2008, mientras escalaba a 5.550 metros de altitud, tuvo la sensación de una muerte inminente. «Desde ese día, mi pensamiento va más lento, tengo desconexiones, siento que el cerebro se me para», agregó. Los médicos le descubrieron un «quiste aracnoideo en el temporal izquierdo, de naturaleza congénita». Le prescribieron un fármaco para tratar las alteraciones de la memoria y del comportamiento. Nada más.

En su declaración ante la Ertzaintza, el presunto criminal relató que la primera mujer fallecida empezó a «desvariar» cuando ambos estaban en su gimnasio, lo que hizo que él sufriera «un ataque de ira descontrolado» a causa del «tumor» que padece en la cabeza. «Al darme cuenta de que estaba muerta, intenté deshacerme de ella. Tuve flashes en la percepción. Se mezclaba la realidad con pérdidas de control. Como me pasa desde hace cuatro años».

Jorge García-Gasco Lominchar, el abogado que lleva la acusación en nombre de un hermano y un hijo de Yenny Sofía Revollo, describe a Aguilar como un hombre con tintes mesiánicos. Pero no cree que hiciera lo que se supone que hizo por haber perdido el juicio, ni que el quiste cerebral merme sus facultades.

Tampoco lo cree Tamara Martínez, la letrada que representa a la acusación que ejerce la asociación feminista Clara Campoamor. «Es muy listo, muy calculador y muy manipulador. Tenía cierto enganche social, conectaba bien con la gente y aprovechaba sus apariciones en televisión», dice. Una de estas intervenciones, bajo el nombre de Huang C. Aguilar, fue en el año 2000 en el prestigioso programa Redes de TVE, dirigido por Eduard Punset.

Francisco Javier Beramendi, el prestigioso penalista que defiende al presunto criminal, no revela cuál será su estrategia: «Nunca hablo de los asuntos que llevo y menos aún cuando el caso no ha sido objeto de resolución definitiva». La justicia dirá la última palabra.


Arranca en Bilbao el juicio al falso monje shaolín

J. M. Gastaca – Elpais.com

17 de abril de 2015

El juicio a Juan Carlos Aguilar, conocido como el falso monje shaolín, comienza este viernes en la Audiencia de Bizkaia. Fue detenido el 2 de junio de 2013 como presunto autor de las torturas y las muertes de las dos mujeres y hoy, casi dos años después de este caso que conmocionó al país por la crueldad del presunto asesino y su fachada construida a base de mentiras, se sienta en el banquillo con la incertidumbre sobre si mantendrá ante el tribunal la confesión de dos asesinatos con alevosía, lo que incidirá a su vez en la duración de la vista oral.

A través de un escrito, Aguilar reconoció hace pocas semanas los asesinatos con alevosía de la mujer nigeriana Maureen Ada Otuya y de la colombiana Jenny Sofía Rebollo, aunque rechazó el ensañamiento del que también se le acusa en el caso de la primera, según informó el abogado que representa a la familia de esta víctima.

La mera casualidad en forma de retrasos ha permitido que vengan a coincidir ante un juez dos de las causas más mediáticas de los últimos meses con interés suficiente más allá del País Vasco. La segunda jornada de las declaraciones del denominado caso Cabieces, con evidentes ramificaciones políticas y financieras, se contraprograma con el inicio de la vista contra el falso monje shaolin.

Pero la horrible leyenda de Juan Carlos Aguilar se impondrá con claridad en todas las televisiones ante el morbo que rodea a los siniestros sucesos ocurridos en su gimnasio bilbaíno. Más de cien periodistas disponen de acreditación para seguir en la Audiencia de Bizkaia este juicio, que podría acortar su duración inicialmente estimada de dos semanas en el supuesto de que el asesino confirme los términos de su carta.

A tal punto ha llegado el interés mediático que en el Palacio de Justicia se siente desbordados. Solo hay espacio físico para que un reducido grupo de informadores puedan seguir la vista desde la misma sala donde comienza el juicio a Aguilar. El presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Juan Luis Ibarra, ha convocado, de hecho, a los periodistas acreditados para hacerles partícipes de la situación generada en un gesto de evidente comprensión. En este contacto acudirá junto al decano Aner Uriarte y el predecesor de éste, Alfonso González Guija.

La constitución del jurado popular marcará el punto de partida del juicio al shaolín, que pasa las horas previas en la cárcel alavesa de Zaballa, y en la que permanecerá durante los días que dure la vista por los lógicos motivos de seguridad.

Aguilar empezó a ser defendido por Javier Beramendi. Curiosamente, este abogado defendió este jueves los intereses de Rafael Alcorta, imputado en el caso Cabieces. Pero la relación apenas duró poco más allá de las primeras semanas de asistencia. Beramendi, no obstante, fue elegido por la familia de Aguilar tras su detención y le asistió en su primera declaración ante el juez, negándose a declarar.

Ahora, en un gesto de indudable trascendencia, Aguilar reconoció hace pocas semanas los asesinatos con alevosía de la mujer nigeriana Maureen Ada Otuya y de la colombiana Jenny Sofía Rebollo, aunque rechazó el ensañamiento del que también se le acusa en el caso de la primera, según ha informado a Efe el abogado que representa a la familia de esta víctima.

En el caso de que en su esperada declaración de este viernes mantenga dicho reconocimiento, se celebrará una vista a puerta cerrada para reordenar la práctica de la prueba, que se limitaría a juzgar el ensañamiento, lo que acortaría de forma considerable la vista oral, que está prevista en principio que se desarrolle hasta el próximo 5 de mayo.

El hecho de no reconocer el ensañamiento supone que si no se consigue demostrar la existencia de este agravante, el acusado cumpliría una pena efectiva de 25 años. Si se aprecia su práctica, la condena efectiva ascendería a 30 años, el máximo previsto en la legislación española.

Juan Carlos Aguilar fue detenido el 2 de junio de 2013 y encarcelado días después como presunto autor de las torturas y las muertes de las dos mujeres, así como del despedazamiento de la ciudadana colombiana. Fue arrestado por la Ertzaintza en el gimnasio que regentaba en el centro de Bilbao, denominado Zen 4, después de que un agente de este cuerpo rescatara de su interior a la joven nigeriana Ada Otuya, a quien hallaron maniatada y amordazada, y en estado de extrema gravedad después de haber sufrido una brutal paliza.

La mujer, de 29 años y que ejercía la prostitución, quedó ingresada en coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días después. Tras su arresto, Aguilar confesó también haber matado a otra mujer, la colombiana de 40 años Jenny Sofía Rebollo. Restos de su cadáver descuartizado fueron localizados en el gimnasio.

En el escrito de calificaciones provisionales, la Fiscalía califica estos hechos como dos asesinatos con alevosía, por los que pide 20 años de cárcel por cada uno, además del pago de más de 286.000 euros de indemnización a las familias de las víctimas.

La acusación popular, ejercida por la Asociación Clara Campoamor, y las acusaciones particulares, que representan a los parientes de las dos mujeres, elevan la petición de penas hasta los 45 años, al entender que en el caso de Ada Otuya, el falso monje actuó además con ensañamiento.


«Las asesiné de manera súbita, imprevista e inesperada»

Pedro Gorospe – Juan Mari Gastaca – Elpais.com

17 de abril de 2015

Sí va a declarar y y además va a declararse culpable. Juan Carlos Aguilar, el falso monje shaolín acaba de despejar las dos incógnitas iniciales en la vista oral más mediática de los últimos tiempos en Bizkaia, con 119 medios acreditados para cubrir el caso de los asesinatos de Maureen Ada Otuya, nigeriana de 29 años y Jenny Sofía Rebollo, colombiana de 40. En un escrito de alegaciones leído en la primera jornada del juicio y antes de que preste declaración oral, ha reconocido que asesinó a ambas mujeres «de manera súbita, imprevista e inesperada» después de llevarlas a su gimnasio y de atarlas y maltratarlas. Aunque su abogada ya presentó un escrito en la Audiencia Provincial de Bizkaia, el procesado acaba de reconocerlo ante la sala, eso sí, en un documento leído por la secretaria judicial. Aguilar lo ha escuchado con los ojos cerrados.

El falso shaolín acepta indemnizar a las familias de las víctimas. Acaba de pedir que se liquiden sus cuentas bancarias y se reparta el dinero entre las dos, descontando el equivalente al salario mínimo interprofesional para garantizar su subsistencia. Al rechazar el ensañamiento, y si las acusaciones no demuestran que lo hubo, podría eludir el cumplimiento de una pena máxima de 30 años de prisión y se quedarían en 25.

Está previsto que después de los escritos de las partes, Aguilar preste declaración oral y responda a las preguntas de las acusaciones, fiscal y defensa. El juicio puede prolongarse durante tres semanas. Las acusaciones piden entre 40 y 45 años de prisión e indemnizaciones que se acercan a los 300.000 euros.

Los antecedentes del caso

Juan Carlos Aguilar fue detenido el 2 de junio de 2013 y encarcelado días después como presunto autor de las torturas y las muertes de las dos mujeres, así como del despedazamiento de la ciudadana colombiana. Fue arrestado por la Ertzaintza en el gimnasio que regentaba en el centro de Bilbao, denominado Zen 4, después de que un agente de este cuerpo rescatara de su interior a la joven nigeriana Ada Otuya, a quien hallaron maniatada y amordazada, y en estado de extrema gravedad después de haber sufrido una brutal paliza.

La mujer, de 29 años y que ejercía la prostitución, quedó ingresada en coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días después. Tras su arresto, Aguilar confesó también haber matado a otra mujer, la colombiana de 40 años Jenny Sofía Rebollo. Restos de su cadáver descuartizado fueron localizados en el gimnasio.

En el escrito de calificaciones provisionales, la Fiscalía califica estos hechos como dos asesinatos con alevosía, por los que pide 20 años de cárcel por cada uno, además del pago de más de 286.000 euros de indemnización a las familias de las víctimas.

La acusación popular, ejercida por la Asociación Clara Campoamor, y las acusaciones particulares, que representan a los parientes de las dos mujeres, elevan la petición de penas hasta los 45 años, al entender que en el caso de Ada Otuya, el falso monje actuó además con ensañamiento.


«Lo reconozco todo», dice el falso shaolín, menos el ensañamiento

Pedro Gorospe – Elpais.com

17 de abril de 2015

La abogada de la defensa del falso shaolín, Livia González ha recordado que Juan Carlos Aguilar ha reconocido todos los hechos, salvo el ensañamiento. Poco después Juan Carlos Aguilar ha tomado la palabra. Eran las 13 horas.

Aunque en el escrito presentado a la sala aceptaba los asesinatos, quedaba la duda de su actitud ante las acusaciones y sobre todo de si lo ratificaba en todos sus términos. El falso shaolin, sobre el que penden penas de entre 40 y 45 años de prisión. Lo ha hecho pero solo en preguntas al fiscal. No ha respondido a ninguna de las otras partes. Ni al abogado de Yenni, Jorge García Gasco, ni al de Maureen Ada, José Miguel Fernández, ni a la de la acusación particular, la asociación Clara Campoamor, Maite Iturrate.

Con una frialdad poco común, después de escuchar los relatos de las acusaciones con los ojos cerrados, en una especie de estado de meditación, ha salido al medio de la sala y erguido, con una chaqueta cortavientos por los hombros ha respondido frente al micro que sí, a todas las preguntas del fiscal. «Si, reconozco todo eso», ha dicho sin exhibir ningún tipo de empatía pese a la gravedad de los hechos.

Fiscal: ¿Ató a Yenni los brazos y la agredió hasta matarla?

Aguilar: Si

F: ¿Le dio patadas en el cuerpo?

A: Si, reconozco todo eso…

F: ¿Diseccionó el cuerpo?

A: Si

F: En cuanto a Maureen, ¿la agarró y la llevó hacia dentro y la ató por las muñecas y por el cuello?

A: Si

F: ¿La estranguló con cuerdas y bridas?

A: Si…

Poco después ha renunciado a responder a las preguntas de las acusaciones. Estas han reordenado sus estrategias y han reducido sustancialmente la duración del juicio, al limitar la prueba a intentar demostrar que ha habido ensañamiento en el caso de la segunda víctima, la nigeriana Mauren Ada Otuya.

Aguilar fue detenido por la Ertzaintza el 2 de junio de 2013 en Bilbao tras haber golpeado «salvajemente» en el gimnasio de su propiedad a Maureen Ada Otuya, de nacionalidad nigeriana, que ingresó en estado de coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días más tarde.

Durante el registro del gimnasio y del domicilio en el que residía en la calle Iturriza, la Policía vasca encontró el cadáver descuartizado de otra mujer, Jenny Sofía Rebollo, natural de Colombia.

Las acusaciones sostienen que el acusado «disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido», en referencia a las fotografías que se localizaron en las que aparecían mujeres narcotizadas con las que tenía relaciones. Entre ellas, aparecieron imágenes de Rebollo.

En concreto, el abogado de la familia de Mauren Ada Otuya señala, en su petición de condena, que el procesado «golpeaba» a las víctimas «hasta darles muerte», y recogía «dichas prácticas en soporte fotográfico para su posterior disfrute».

Por ello, cree que «fantaseó, planeó y ejecutó» el crimen de la joven nigeriana, de forma que en la madrugada del 2 de junio, en torno a las 4.15 horas, «con el ánimo premeditado de saciar sus instintos asesinos, salió con su vehículo a buscar una víctima». De esta forma, según apunta el letrado, Juan Carlos Aguilar encontró a Maureen Ada Otuya.

Cuando la encontró la policía, Maureen Ada Otuya se encontraba en el suelo, «semioculta por unos colchones y tapada por una tela», con las prendas de vestir desgarradas. «Estaba ensangrentada e inconsciente, con las manos y pies atados con bridas y dos vueltas de cinta americana apretándole el cuello. Debajo de la cinta tenía un cordel enrollado cinco veces alrededor del cuello y una brida apretándole», destaca el abogado de la víctima.

La joven ingresó en el hospital en estado de coma y falleció el 5 de junio sin haber recuperado la conciencia. El letrado subraya de Juan Carlos Aguilar que «escogió» a la víctima «con cuidado» al ser «una mujer vulnerable, en situación de exclusión social, con escasa red de apoyo social en Bilbao, inmigrante de un estrato socioeconómico muy bajo, que no iba a ser echada de menos por nadie», es decir, «una mujer a la que consideraba una presa fácil».

Los abogados de Jenny Rebollo reclaman 20 años por asesinato con alevosía, pero el de Ada pide además ensañamiento. El fiscal sin embargo no cree que haya habido ensañamiento y pide dos condenas de asesinato con alevosía, 40 años.


Aguilar «se volvió loco» cuando Jenny le preguntó «si era millonario»

Pedro Gorospe – Elpais.com

20 de abril de 2015

Segunda jornada del juicio del falso Shaolín, por el asesinato de dos mujeres, y segunda jornada sin cambio de actitud: recostado en la silla con los ojos cerrados casi todo el tiempo y con las manos unidas.

Si en la primera jornada Aguilar reconoció «todos los hechos», es decir, el asesinato de las dos mujeres, la colombiana, Jenny Sofía Rebollo, de 40 años y a la nigeriana Maureen Ada Otuya, de 29, ayer permaneció en silencio durante la descripción y el relato de la casa de los horrores en la que convirtió su gimnasio en junio de 2013.

Primero asesinó y descuartizó a Jenny y unos días después secuestró en contra de su voluntad a Maureen durante horas, maltratándola, golpeándola e hiriéndola, y después, parece que manteniendo relaciones sexuales mientras lo fotografiaba, hasta dejarla en coma. Murió tres días después.

A preguntas de su defensora, el instructor policial del caso explicó que Aguilar declaró que «se volvió loco» cuando Jenny preguntó «si era millonario». El agente ha declarado que Aguilar le dijo que «empezó al golpearla» y la mató. Una tesis que coincidiría con la que mantiene la defensa de que el falso shaolín asesinó a ambas mujeres de «manera súbita, imprevista e inesperada». El agente dijo a renglón seguido que la investigación posterior no encaja con aquella primera declaración.

Los diversos agentes que han prestado declaración han descrito lo que se encontraron en el gimnasio y en las distintas estancias en torno a la zona del tatami, donde el falso shaolín instruía a sus alumnos y cometió las atrocidades. Un espacio que todos han dibujado como especialmente caluroso, con varias estancias y puertas semiocultas con varios cerrojos y muy oscuro.

Aguilar no ofreció resistencia en el lugar en el que le encontraron y donde había arrastrado el cuerpo malherido de Maureen para esconderlo debajo de un camastro: «La estancia donde la encontramos era un lugar reducido, la puerta quedaba tapada por otra y la abrimos con dificultad cuatro personas. Yo mido 1,84 y tenía que estar de cuclillas. La sangre de la víctima era reciente», ha declarado uno de los agentes.

A partir de ahí comenzó la investigación. Ese mismo día y el siguiente los agentes encontraron los restos de Jenny en bolsas de basura verdes en el gimnasio y en el domicilio de Juan Carlos Aguilar.

En el balcón de su domicilio había una de esas bolsas con otras dos dentro, en las los agentes encontraron unos huesos del brazo de la mujer colombiana y sus dos prótesis mamarias. Los miembros del jurado han formulado las primeras preguntas destinadas a interpretar si hubo ensañamiento. La vista continua.


«Escuché gritos de auxilio y otra persona le arrastraba del pelo»

P. G. – Elpais.com

20 de abril de 2015

«Vi a una persona de color gritando auxilio, era una persona de color, y a otra persona que la arrastró del pelo hacia abajo». La vecina la calle Máximo Aguirre que dio la voz de alerta que posibilitó la detención de Juan Carlos Aguilar, ha descrito que llamó a la policía después de ver a una mujer con cara de angustia golpeando en la cristalera de la puerta del gimnasio y dando gritos que anticipaban que le iba a pasar algo.

Esta mujer que ha permanecido separada por una mampara del acusado, el falso shaolín, ha descrito que los gritos eran evidentes y que ella interpretó que Maureen sabía que le iba a pasar algo.

Poco después llegó la policía vasca y encontraron al shaolín y a Maureen prácticamente en coma. Aunque los servicios sanitarios lograron reanimarla, falleció tres días después. Varios de los asistentes al juicio, en un corrillo poco después de terminada la segunda jornada, se preguntaban cuántas Jenny y Maureen habría en este momento si la mujer que avisó a la policía no se hubiera encontrado con aquella escena.

Aguilar justificó después que cometió esos actos debido a que se encontraba «como en un estado de borrachera permanente», pero no debido al alcohol, sino a «un tumor que padecía» ha declarado el ertzaina instructor de las diligencias.

Los ertzainas que participaron en el operativo descubrieron fotografías de Jenny Rebollo «sentada y atada», aunque todavía con vida y otras posteriores, nueve horas después, ya muerta, desatada y con la cara la cara amoratada. También aparecieron otras imágenes de otra mujer «con la que mantenía relaciones», con los ojos cubiertos, y el cuerpo de Yenny Rebollo al fondo.

Según el ertzaina instructor, existen numerosos vídeos y fotografías de mujeres semiiconscientes, con ropa erótica, que luego fueron localizadas. Alguna de ellas fueron sometidas a «vejaciones y malos tratos» y, a una en concreto, «la miccionó y golpeó», sobre todo «en los pechos». Aguilar se enfrenta a peticiones de entre 40 y 45 años de cárcel.


Maureen fue estrangulada y Jenny descuartizada ‘post mortem’

Iñigo Esteban – Elpais.com

21 de abril de 2015

Tercera jornada del juicio contra el falso monje shaolín, Juan Carlos Aguilar, y tercer día en el que el presunto asesino de Jenny Rebollo y de Maureen Ada Otuya, permanece impasible y en la misma postura reflexiva. Sin cambiar un ápice su postura corporal y sin apenas abrir los ojos, Aguilar, ha escuchado este martes las declaraciones de los médicos forenses que realizaron las autopsias de las mujeres.

Los peritos han confirmado que Maureen Ada Otuya falleció tres días después de ser encontrada en el gimnasio de su presunto agresor por la falta de oxígeno en el cerebro que le había ocasionado el estrangulamiento y las múltiples contusiones. Estrangulamiento que, según han indicado los forenses, se realizó, posiblemente, con una cuerda de esparto que la ertzaintza encontró en el domicilio del falso shaolín.

El equipo de cuatro médicos que llevó a cabo las autopsias de las dos víctimas, apunta que el cuerpo de Jenny Rebollo fue descuartizado una vez la mujer había fallecido. No había signos de pelea y tampoco se encontraron restos de droga u otras sustancias en el cuerpo de la víctima que pudieran indicar los contrario.

También han señalado que por las características de los cortes, tanto los restos encontrados en las 7 bolsas de basura del gimnasio como los hallados en el domicilio particular del acusado, fueron seccionados con tiempo y con cierto conocimiento de la práctica y todo apunta a que los desmembramientos se realizaron con más de un instrumento cortante, de los cuales uno de ellos debía ser pesado, como por ejemplo podría ser «un hacha», han añadido.

Ambas víctimas presentan contusiones que evidencian que fueron maltratadas. Por un lado, Jenny de 40 años, tenía golpes en la cabeza además de una fractura ósea en la zona pélvica, los cuales fueron producidos cuando estaba viva.

A su vez, Maureen, de 29 años, presentaba lesiones faciales en los dos ojos, en una oreja, una contusión en el labio que requirió de 5 puntos de sutura, arañazos en las caderas y rozaduras en cuello, manos y piernas. Además, tras un análisis interno, la nigeriana tenía trombos y hematomas en el hígado, las cervicales y en el cuero cabelludo.

Según los forenses, varios de estos traumatismos pudieron producirse en una pelea entre la víctima y el agresor, ya que hay indicios como los cristales rotos o la sangre que había en el gimnasio, que «hacen ver que hubo una pelea importante».

Dos ertzainas que se encargaron de los archivos de una cámara de fotos que se le descubrió al falso shaolín, también han comparecido en el Palacio de Justicia de Bilbao para declarar que se han encontrado un total de 537 imágenes de las cuales 74 no habían sido borradas y estaban a la vista.

Las 74 fotografías archivadas eran de contenido sexual y en ellas aparecen imágenes del presunto homicida con los cuerpos de las víctimas, los cuales se muestran parcial o totalmente desnudos con contusiones y hematomas a la vista, maniatados y, en varias de ellas, con el falso shaolín encima suyo. El resto de las fotografías «eran menos significativas» ha comentado uno de los ertzaintzas.


El falso shaolín, culpable de «asesinato con alevosía» pero sin ensañamiento

Iñigo Esteban – Elpais.com

24 de abril de 2015

El jurado popular ha declarado «culpable» de «asesinato con alevosía» pero «sin ensañamiento» al falso shaolín, Juan Carlos Aguilar, autor de la muerte en su gimnasio de Bilbao de Maureen Ada Otuya, de nacionalidad nigeriana, y de haber descuartizado a Jenny Sofía Rebollo, natural de Colombia, en junio de 2013.

El jurado popular ha declarado culpable a Aguilar de ambos asesinatos con alevosía por unanimidad y, por el contrario, siete de los nueve miembros del jurado no creen que incurriese en ensañamiento en el caso de Maureen.

Los miembros del jurado en su totalidad han sentenciado que el falso shaolín, de acuerdo con el artículo 78 del código penal, sea privado de los beneficios penales, como exigieron las acusaciones anteriormente. La resolución, conocida después de menos de 48 horas de deliberaciones tras las cinco sesiones de vista oral, rodeado de una fuerte expectación mediática, en la Audiencia de Bizkaia, ha sido criticada por las acusaciones particulares.

Los abogados de las acusaciones se han mostrado contrarios al veredicto, pero han añadido que deben esperar a la sentencia para decidir si recurren o no. «Nos queda esperar que pongan la pena máxima» ha comentado Jorge García, abogado de Jenny. Por su parte, José Miguel Fernández, abogado de Maureen, se ha mostrado disconforme, ya que «creemos que está probado el ensañamiento» y en la misma línea, la abogada de la asociación Clara Campoamor ha lamentado que «no han conseguido ver las pruebas de ensañamiento».

Después del reconocimiento de los hechos por parte del único acusado, quedaba por dilucidar si Aguilar actuó con ensañamiento en sus dos actos delictivos. Para el jurado popular no lo hizo. En esta línea argumental ya se mostró el fiscal del caso durante la tercera jornada del caso, al igual que los forenses que practicaron las autopsias a las víctimas.

Tras estas aportaciones de los especialistas, las acusaciones particulares fueron insistiendo en sus posteriores intervenciones en que el ensañamiento también fue «psicológico» para que pudiera ser tenido en cuenta por el jurado popular. No obstante, el veredicto ahora conocido acaba con la principal incógnita que quedaba por resolver después de asumir Aguilar su responsabilidad en unos hechos que han provocado escenas impactantes de fuerte rechazo cuando han sido expuestas las fotografías del estado de las víctimas.

Hasta la lectura del veredicto por parte del magistrado Manuel Ayo, presidente del tribunal, el falso shaolín ha permanecido en los calabozos de la Audiencia, desde donde será trasladado a la cárcel de Zaballa (Álava) antes de su destino a la prisión de Dueñas (Palencia), en la que se encuentra recluido tras los primeros días posteriores a su detención.

Aguilar ha permanecido impasible y con gesto ausente durante todo el juicio una vez que en la apertura de la vista oral reconoció la autoría de los hechos. Con una frialdad poco común, después de escuchar los relatos de las acusaciones con los ojos cerrados, en una especie de estado de meditación, salió el pasado lunes al medio de la sala y erguido, con una chaqueta cortavientos por los hombros respondió afirmativamente a todas las preguntas del fiscal. «Si, reconozco todo eso», ha dicho sin exhibir ningún tipo de empatía pese a la gravedad de los hechos.

Precisamente esta actitud fue advertida por el presidente del tribunal a los miembros del jurado popular. «No ha mostrado en modo alguno arrepentimiento», les recordó dentro de las pautas jurídicas que deberían tener en cuenta en sus deliberaciones. En su declaración, el falso shaolín se negó a contestar al resto de representantes judiciales ni al abogado de Yenni, Jorge García Gasco, ni al de Maureen Ada, José Miguel Fernández, ni a la de la acusación particular, la asociación Clara Campoamor, Maite Iturrate.

Aguilar fue detenido por la Ertzaintza el 2 de junio de 2013 en Bilbao tras haber golpeado «salvajemente» en el gimnasio de su propiedad a Maureen Ada Otuya, de nacionalidad nigeriana, que ingresó en estado de coma en el Hospital de Basurto, donde falleció tres días más tarde. Durante el registro del gimnasio y del domicilio en el que residía en la calle Iturriza, la Policía vasca encontró el cadáver descuartizado de otra mujer, Jenny Sofía Rebollo, natural de Colombia.

Las acusaciones sostienen que el acusado «disfrutaba manteniendo prácticas sexuales de dominación con mujeres sometidas a él e indefensas, incluso desmayadas o privadas del sentido», en referencia a las fotografías que se localizaron en las que aparecían mujeres narcotizadas con las que tenía relaciones.


El «falso shaolín», condenado a 38 años de cárcel por doble asesinato con alevosía

P. Pazos – ABC.es

30 de abril de 2015

Ya hay sentencia para el «falso shaolín». Juan Carlos Aguilar ha sido condenado a 38 años de cárcel por asesinar con alevosía a Jenny Sofía Rebollo, colombiana de 40 años, y a Maureen Ada Otuya, nigeriana de 29 años de edad, el 25 de mayo y el 2 de junio de 2013, respectivamente, tras recogerlas en su vehículo en la calle General Concha de Bilbao y llevarlas a su gimnasio.

Además, condena al acusado a unas indemnizaciones que suman 397.000 euros: para la familia Revollo, la indemnización es de 120.000 euros a Aimar Martínez Revollo -hijo de Jenny-, la misma cantidad a Santiago Revollo Turian -el padre- y 12.000 euros a Benicia Revollo, la madre. En el caso de Ada Otuya, deberá indemnizar con 120.000 euros a Godspower Otuya -el padre de la víctima- y con 25.000 euros a Frank-Onkeya Otuya -hermano-.

La condena rebaja en dos años la petición del fiscal, que solicitaba 40 años de prisión, ya que el magistrado-presidente Manuel Ayo ha tenido en cuenta el reconocimiento que hizo Aguilar de su culpabilidad en la primera jornada de la vista oral, así como la ausencia de antecedentes penales. La acusación soclitaba 45 años, por entender que se debía tener en cuenta el agravante del ensañamiento. El máximo de pena que puede cumplir Aguilar son 25 años de cárcel, de acuerdo con la legislación vigente.

Al tiempo, el juez destaca que «no hay ninguna señal de arrepentimiento» en el acusado y además los hechos son de «extraordinaria gravedad al causar la muerte a dos mujeres que no han tenido posibilidad de defenderse y se ha empleado una violencia inusual en la primera víctima, a la que ha llegado a descuartizar, y también en la segunda, a la que estranguló con un cordel».

El pasado 24 de abril el jurado popular, compuesto por cinco y hombres y cuatro mujeres, dio lectura al veredicto, en el que por unanimidad consideraban probado que Aguilar había asesinado con alevosía a sus dos víctimas. Sin embargo, determinaron, con siete votos a favor y dos en contra, que no se había acreditado el ensañamiento. Es decir, que hubiera infligido a Ada Otuya -el shaolín desmembró el cuerpo de Rebollo, por lo que era imposible determinarlo- un sufrimiento excesivo e inhumano.

Posible recurso

La duda, ahora, es si la acusación recurrirá la sentencia del juez. Tras conocerse el veredicto, los abogados, pese a mostrar su respeto a la decisión del jurado, no ocultaron la decepción que les había ocasionado el que no se apreciara el ensañamiento en el caso del asesinato de Maureen Ada Otuya.

«Estamos muy decepcionados, creemos que se ha probado el ensañamiento», manifestaba a la salida del Palacio de Justicia el abogado de la familia de Ada Otuya, José Miguel Fernández. Con gestio serio, precisaba: «Desde el respeto, no lo compartimos. Vamos a esperar a la sentencia para estudiar las posibilidades de recurso». Palabras casi idénticas a las de Maite Iturrate, abogada de la asociación Clara Campoamor. «Estamos un poco apenados pero mostramos todo nuestro respeto».

Añadía que agradecía la labor del jurado, especialmente porque «han estado bastante tiempo deliberando. Considero que han estado buscando esas pruebas». Por su parte, Jorge García Gasco, en representación de la familia de Rebollo, admitía que el veredicto del jurado era «un escenario harto posible». «No sé si ha sido una cuestión nuestra de no haberlo sabido explicar», lamentaba.

Juicio rápido

El juicio al «falso shaolín» fue más rápido de lo previsto inicialmente y duró tan solo una semana. Un factor resultó determinante: que Aguilar reconociera el primer día, el 17 de abril, en la primera jornada de la vista oral, que había asesinado a Rebollo y a Ada Otuya. Esto redujo sensiblemente la fase de aportación de pruebas. La clave, a partir de ese instante, consistió en acreditar el punto que el acusado y su defensa se insistían en rebatir: que se había ensañado con la mujer nigeriana. El fiscal también sostuvo que no se había dado esta circunstancia.

A lo largo de las cuatro jornadas de la vista oral, por la Audiencia Provincial de Vizcaya pasaron los ertzainas que detuvieron a Aguilar, la testigo que alertó de que una mujer -Ada Otuya- solicitaba ayuda, los médicos forenses que examinaron a las víctimas y peritos que recogieron fotografías y vídeos del acusado. Sus testimonios no lograron convencer al jurado, así como tampoco los alegatos de la acusación, que definieron al «shaolín» como un «depredador» y potencial asesino en serie que volvería a asesinar si tenía ocasión.

A lo largo de todo el juicio llamó la atención la actitud del acusado. Hierático, impasible, ajeno a lo que ocurría a su alrededor. A menudo, con los ojos cerrados, y frecuentemente con los dedos de las manos entrelazados como único gesto. Solo habló en la primera jornada, cuando a preguntas del fiscal respondió con monosílabos y una escueta frase: «Lo reconozco todo». Y rechazó, tras elevarse a definitivas las conclusiones, ejercer su derecho a la última palabra. En ningún momento, como subrayó el propio juez, mostró el menor atisbo de arrepentimiento.

Por delante, a la espera del posible recurso que intente ampliar la condena, una larga temporada en prisión.

 


VÍDEO: ENTREVISTA A JUAN CARLOS AGUILAR (PARTE 1)

VÍDEO: ENTREVISTA A JUAN CARLOS AGUILAR (PARTE 2)


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