José Mármol Andrade

Atrás Nueva búsqueda
José Mármol Andrade
  • Clasificación: Asesino en masa
  • Características: Parricida
  • Número de víctimas: 4
  • Periodo de actividad: 11/21 de mayo de 1984
  • Fecha de detención: 22 de mayo de 1984
  • Perfil de las víctimas: Su esposa, Petronila Lajo Montero, de 29 años, y sus tres hijos, Eva, de 9, Susana, de 5 y José Daniel, de 3
  • Método de matar: Golpes con una piedra / Asfixia con gas butano
  • Localización: Lérida/Granada, España
  • Estado: El 23 de julio de 1986 fue condenado, por la Audiencia Provincial de Granada, a 32 años de cárcel, como autor de cuatro delitos de parricidio con eximente incompleta de enajenación mental
Leer más

José Mármol Andrade

Mariano Sánchez Soler – José Mármol – Los crímenes de la democracia

El suicidio -según los psicoanalistas- es el homicidio simbólico de un intruso que el suicida tiene en su propia personalidad. De este modo, vuelve contra sí mismo el deseo de muerte dirigido originariamente contra otros. Y viceversa. «Quien mata a otro -escribe Philip R. Lehrman- quiere matar algo de sí mismo en el otro.» Para Freud, el gran maestro, «nadie halla la energía de matarse, sin causar con su propia muerte la de un objeto con el que se ha identificado».

El mundo que le martiriza crea en el suicida-parricida una agresividad sin esperanza, frustrada. Como le es imposible acabar con la causa de su mal, dirige su violencia contra sí mismo y la amplía en las personas que ama. Le mueve, en última instancia, un exceso de amor. El terrible viaje del operador nuclear José Mármol Andrade ilustra, en su tragedia, estas consideraciones.

Granada. La Rábita, pueblo costero. Lunes 21 de mayo. En el margen de una fotografía hecha con sus tres hijos en el parque de atracciones Tívoli, de Benalmádena, José Mármol escribió: «No hay futuro. El mundo acabará pronto. Yo mismo me he condenado. No quiero que digáis que estoy loco, sólo que pienso diferente. A todos los que nos quieren, perdón, y si a alguien hemos hecho daño, perdón. Estamos de acuerdo los dos en que esto era lo mejor. Lo he hecho porque los quiero. Perdón para nosotros. El cuerpo de mi mujer está en Albi, en salida autopista. Ella me pidió que lo hiciera y no ha sufrido».

Acostados sobre la misma cama, sus tres hijos yacían tapados hasta la cintura con una manta. A cada uno le había inyectado dos ampollas de Tranxilium 50 mg., una carga letal para aquellos cuerpos infantiles, que emprendieron así su último y definitivo sueño tras once días de vacaciones. José Mármol también se inyectó una dosis y abrió la espita de una bombona de gas butano. Se acostó sobre la otra cama y esperó. El gas se terminó antes de tiempo y el operador nuclear quedó en estado de coma. ¿Cómo había llegado hasta el más oscuro de los túneles?

A sus 33 años, José Mármol Andrade había recorrido mucho mundo. Viendo su biografía podría decirse que vivió intensamente a pesar de su juventud. Seminarista, sargento de la Brigada Paracaidista vinculado a la clandestina Unión Militar Democrática, refugiado Político en media Europa desde 1977, expulsado de la Argentina de Videla, taxista en Madrid, vendedor de electrodomésticos, comerciante sin suerte y, por último operador nuclear de Almaraz (Cáceres).

Sin embargo, Mármol pensaba que nada le salía bien. Se creía fracasado. Tras un accidente en la central del que se recuperó al cabo de un año, su carácter retraído se amargó y pensó en el suicidio. Porque este hombre vivía marcado por el estigma del suicidio de su propio padre y su orfandad posterior.

Tenía cuatro años cuando una mañana encontró a su padre sin vida. El recuerdo de aquella visión le hacía volcarse en el amor a sus tres hijos: Eva, de ocho años, Susana, de cuatro, y José Daniel, de tres; y a la vida hogareña con su esposa, Petra Lajo, de 29 años, una mujer extremadamente delgada.

José Mármol pidió permiso en la central para viajar a Barcelona con la excusa de que su madre estaba muy enferma. El once de mayo él y su esposa Petra Lajos abandonaron Navalmoral de la Mata; dejaron a la pequeña Eva en compañía de sus tíos, y a Susana y José Daniel en casa de los abuelos maternos, en Madrid.

Los parricidios

Al mediodía, José y Petra se marcharon solos a Hospitalet, donde vive la madre del operador nuclear. Pasado Lérida, José destrozó el cráneo a su esposa. En una parada cerca del pueblo de Vinaixa la golpeó en la cabeza con una piedra, la desnudó y, tomando una carretera interior, abandonó el cuerpo de la infortunada Petra en una cuneta, boca abajo, junto a un campo de cebada y oculta bajo un manto de hierba.

El cadáver de Petra Lajo carecía de masa encefálico y le faltaban cuatro dedos de la mano. Su marido le dejó alrededor del cuello una cadena de oro, y su rostro quedó completamente desfigurado. El parricida prosiguió su camino y pasó la noche en un pequeño hotel costero de la provincia de Castellón. Estaba tranquilo y dispuesto a proseguir su viaje.

No se detuvo hasta Navalmoral de la Mata, Cáceres, donde recogió a Eva y volvió a Madrid para llevarse a Susana y José Daniel. «Mi madre se está muriendo en Barcelona y Petra está haciéndole compañía», mintió. El día 13 de mayo telefoneó a la hermana de su difunta esposa para informarle que su madre había muerto. Una nueva mentira para ganar tiempo sin alarmar a nadie.

Mientras tanto, Mármol y sus hijos pasaron dos días en el hotel Alcázar, de Sevilla, desde donde viajaron a Málaga, Marbella y se fotografiaron sonrientes en el parque de atracciones de Benalmádena. El 18 de mayo sufrieron un accidente en el kilómetro 104 de la carretera 334, cerca de Écija. El coche quedó inutilizado, por lo que Mármol alquiló otro Talbot Horizont, similar al suyo, y sus hijos fueron reconocidos por un médico en un hospital.

Al día siguiente tomó un apartamento en La Rábita. El domingo 20 de mayo le vieron por última vez. Veinticuatro horas más tarde, José Mármol Andrade mató a sus tres hijos después de cenar, tras darles una golosina de chocolate.

En julio de 1986 fue condenado, por la Audiencia Provincial de Granada, a 32 años de cárcel, como autor de cuatro delitos de parricidio con eximente incompleta de enajenación mental. Hoy, Mármol se recupera lentamente de su tragedia. «No quiero que digáis que estoy loco, sólo que pienso diferente.»


Hallado en Lérida el cadáver de la esposa del operador nuclear que mató a sus tres hijos

Antonia Mallo

25 de mayo de 1984

José Mármol Andrade continúa en estado muy grave en el hospital Clínico de Granada.

El cadáver de Petronila Lajo, esposa del operador nuclear José Mármol Andrade, que intentó suicidarse el pasado sábado en la localidad granadina de La Rábita tras asfixiar a sus tres hijos, fue encontrado anoche en un campo de cebada a pocos metros de una carretera interior que va de Albi a Vinaixa (Lérida).

El cuerpo desnudo de Petronila Lajo fue encontrado por un agricultor a las nueve de la noche en una cuneta, oculto bajo la hierba y tendido boca abajo. José Mármol Andrade se encuentra en estado de coma profundo en el hospital Clínico de Granada.

En el momento de ser hallada, la esposa de José Marmol sólo llevaba una cadena al cuello, tenía el cráneo destrozado, sin masa encefálica, y le faltaban cuatro dedos de una mano.

El agricultor informó del hallazgo al Ayuntamiento de Albi, desde donde se dio aviso a la Guardia Civil, que anteriormente había rastreado la zona en busca del cadáver. A pesar de que el cuerpo presenta un aspecto irreconocible, fuentes de la Guardia Civil han confirmado que pertenece a Petronila Lajo, ya que coinciden todas las características físicas reveladas por la familia de la fallecida.

A primeras horas de anoche, el forense y el juez se dirigieron a Albi y procedieron al levantamiento del cadáver. El médico forense cree que el cadáver de Petronila Lajo llevaba ocho días en el citado campo y, según todos los indicios, ya llegó muerta a Albi. Según el forense, la mujer fue golpeada con una piedra en la cabeza, lo que le ocasionó la muerte. La autopsia se realizará hoy.

Ex-paracaidista

José Mármol Andrade, de 33 años, ex paracaidista y operador de la central nuclear de Almaraz, intentó suicidarse el pasado sábado tras matar por asfixia a sus tres hijos, Eva, Susana y José Daniel -de nueve, cinco y tres años, respectivamente- con gas butano.

El parricida dejó una nota en la que afirmaba que el cadáver de su mujer se encontraba junto a la salida de Albi en la autopista Barcelona-Zaragoza, aunque en realidad ha sido hallado en una carretera interior.

José Mármol continúa en coma profundo, según informa Eduardo Castro desde Granada. Los médicos que le atienden han calificado su estado de muy grave. El enfermo ha experimentado una ligera mejoría y ha dado síntomas de actividad cerebral, aunque permanece intubado y conectado a un respirador artificial.

Los tres hijos de José Mármol fueron enterrados ayer en el cementerio de Carabanchel, en Madrid.

Por otro lado, en los resultados de los análisis a los que se ha sometido a José Mármol para determinar con exactitud las causas de la intoxicación que padece, además de detectarse con claridad el gas, han aparecido igualmente indicios de barbitúricos sedantes en la sangre.


El extraño viaje de José Mármol

Ismael Fuente Lafuente – El País

27 de mayo de 1984

El operario de la central nuclear de Almaraz que dio muerte presuntamente a su mujer y a sus tres hijos era un ex sargento comprometido con la UMD que desertó a Francia antes de ser detenido en la Argentina de Videla.

José Mármol Andrade, de 33 años, asesinó presuntamente a su mujer, Petra Lajo Montero, de 29 años, el día 11 de mayo pasado en un pueblo de Lérida, adonde la llevó engañada, asegurándole que su madre se encontraba grave. A continuación, mintiendo también a su familia y sin dar ninguna señal de vida, estuvo con sus tres hijos aparentemente de vacaciones por Andalucía durante 10 días.

El 22 de mayo les dio muerte, según propia confesión, en un apartamento de la costa granadina, en La Rábita, y él intentó suicidarse. Un reportero de EL PAÍS ha reconstruido minuciosamente el suceso y la personalidad del supuesto parricida.

Cuando el día 11 de mayo José Mármol salió de su casa de Navalmoral de la Mata (Cáceres) por última vez, antes de emprender el extraño viaje que le condujo, 11 días después, en coma profundo, a la cama número 9 de la UVI del Hospital Clínico de Granada, se llevaba consigo, además de su esposa, un pasado de seminarista, sargento paracaidista, desertor del Ejército, refugiado en Francia, Alemania Oriental e Italia, prisionero en la Argentina del general Jorge Videla, repatriado, taxista y reparador de electrodomésticos en Madrid, pequeño empresario y operador de planta en la central nuclear de Almaraz.

Frío como una hoja de afeitar, nada en su conducta de los días y semanas anteriores, a juzgar por los testimonios de sus amigos y vecinos, hizo presagiar la tragedia, a pesar de que un año antes un sacerdote le disuadió de su idea de suicidarse y de que amigos y vecinos observaron en él algunas reacciones extrañas. La vida de José Mármol había sido hasta entonces una sucesión de ciclos, casi todos terminados en fracasos, desde que a los cuatro años se encontró una mañana con el cadáver de su padre, que había determinado suicidarse.

José Mármol era una persona retraída, independiente y volcada exclusivamente hacia su trabajo y su familia. Nunca se le vio participar de la vida alegre del pequeño Baden Baden en que la prosperidad económica que rodeó la construcción de la nuclear de Almaraz convirtió a una de las zonas tradicionalmente más castas del país. Rara vez en seis años fue visto, solo o junto con amigos o compañeros, en alguno de los muchos bares, hoteles o discotecas para una población como la de Navalmoral, de 13.215 habitantes.

Probablemente, en un hombre su sensibilidad, el estigma de la falta de padre en que se desarrolló su infancia había provocado en la conducta hacia sus hijos un exceso de amor, especialmente hacia la mayor, Eva, de ocho años, cuyo nombre puso a la tienda de ropa que abrió en Almaraz hace dos años y que tuvo que cerrar hace uno por la ruina económica que le produjo y de la que ya no llegó a levantar cabeza. El día en que decidió acabar con todo tenía un descubierto bancario de 316.727 pesetas, esto es: 239.484 en el Banco Hispano Americano de Navalmoral, 13.849 en el Banco de Vizcaya y 63.394 en el Banco Español de Crédito.

Cuando José Mármol decidió suspender sus estudios como seminarista, ingresó voluntario en el servicio militar, en la Brigada Paracaidista, para evitar gravar la economía familiar -madre y un hermano-. Había conocido en Madrid a Petra, y, para casarse, optó por reengancharse en la milicia, ante la falta de otras opciones. Estaba destinado en Tenerife y había alcanzado el grado de sargento cuando sus contactos con la Unión Militar Democrática le llevaron a desertar en 1977, para evitar ser detenido, y, con dinero prestado por un familiar, huyó a Francia con su mujer e hija, entonces de un año, donde solicitó y no obtuvo la carta de refugiado político.

Taxista y reparador de electrodomésticos

De Francia pasó a Italia, donde obtuvo un contrato con una importante empresa automovilística para trabajar en Buenos Aires, pero a poco de llegar a la capital argentina fueron detenidos durante unos días y devueltos a Italia. Desde Roma fueron repatriados a España, y, una vez hubo renunciado a su condición de militar, se empleó como taxista y como reparador de electrodomésticos. Fue una época difícil, pero duró poco tiempo, porque en junio de 1978 consiguió entrar en la plantilla de la central nuclear gracias a su concuñado Juan Adrada -directivo de la misma-, marido de la hermana de su mujer, Petra.

Consiguieron un piso, gratuito, en el poblado para trabajadores de la empresa, al otro lado de la carretera general Madrid-Cáceres, donde se ubica la central. El sueldo suficiente y la condición de clase social pudiente en Navalmoral estabilizaron nuevamente la vida de la familia, y durante cuatro años los únicos problemas que tuvieron se relacionaron con la salud de los dos hijos que nacieron en ese tiempo: Susana y José Daniel, de cuatro y tres años. Susana nació con dificultades respiratorias que obligaron a los padres a frecuentes viajes a Talavera y Madrid. El niño estuvo a punto de morir al nacer y la vida de la madre corrió también peligro.

Nuevamente parecían superadas las dificultades, pero hace algo más de dos años, José Mármol sufrió un accidente cuando se encontraba trabajando en la central. Fue un caso de mala suerte: tropezó en unos escalones y se propinó un fuerte golpe en la cabeza que le ocasionó la parálisis parcial de la espalda y las piernas. Más de un año duró su recuperación en la clínica Los Nardos, de Madrid.

Sin embargo, además de una cojera desigual, le quedó una importante secuela: frecuentemente sufría desmayos repentinos, especialmente al principio, lo que no impidió que se le diera el alta médica y volviese a trabajar en la central Inicialmente fue destinado a oficinas y tan sólo hace unos meses retornó al trabajo de operador, esta vez en el departamento de producción, donde consiguió, pese a todo, ascender una categoría.

Si José Mármol había sido retraído, independiente y poco sociable, se convirtió, según el sacerdote Vicente Hernández, párroco y biógrafo oficial de Almaraz, en un ser completamente amargado. «Yo le quité la idea del suicidio en una ocasión. No sobrellevaba la idea de ser casi un inválido, la de saber con seguridad que no podría volver a ser el mismo», afirma el cura, con quien mantenía una estrecha relación a pesar de que nunca pisaba la iglesia.

Para entonces ya había fracasado con la tienda de ropa infantil y mercería que había instalado en Almaraz y se había encerrado en sus hijos y en los libros y en las colecciones de fascículos técnicos que encargaba en el quiosco de Almaraz. Los últimos que coleccionó fueron una enciclopedia del automóvil y otra de decoración, además de la obra Conocer España.

Su propia amargura empezó a ser proyectada en su familia. La relación con su mujer comenzó a ser, en cierto modo, de explotación de su estado físico. Petra, según una amiga de ésta, pasó a ser el ejemplo viviente del sufrimiento. «Su marido tenía reacciones extrañas, como, por ejemplo, cojear cuando estaba ante su mujer y sus hijos y andar relativamente bien cuando creía que no le veía nadie», comenta una de las mejores amigas de Petra.

Permiso para visitar a su madre, enferma

Nada hacía presagiar la desgracia cuando el jueves día 10 de mayo José Mármol pidió permiso oficial a su jefe inmediato para trasladarse a Barcelona con el fin de visitar a su madre, que, según dijo, estaba gravemente enferma.

No obstante, nada le comunicó a su esposa, pues Petra llevó a las niñas al colegio, como hacía cada mañana, en su Talbot Horizon matrícula de Cáceres 1681-E, y, en cambio, José acudió a recogerlas una hora después, con la explicación de que iban a emprender un viaje a Barcelona. Debió de ser en el curso de esa mañana cuando ambos esposos se pusieron de acuerdo para visitar a la madre del operador y dejar a Eva con sus tíos en Navalmoral y a los dos pequeños en casa de los padres de Petra en Madrid.

Antes de iniciar el viaje, José Mármol obtuvo 25.000 pesetas en el Banco Hispano Americano de Navalmoral, gracias al talón de caja número 9.655, y a pesar de que tenía números rojos por valor de 188.964 y de que le había sido cargado en su cuenta, número 1.570/7, el talón de compensación 3.892, por valor de 54.400 pesetas (que sería anulado el día 15), y un recibo de la tarjeta de crédito Visa de 25.520 pesetas, lo que arrojaba en conjunto un saldo deudor de 289.884 pesetas.

José, Petra y los dos pequeños almorzaron en la casa de los Lajo -en el barrio de Retiro-, y los dos primeros prosiguieron viaje hacia Hospitalet. A partir de ese momento comienza el extraño viaje por más de media España, que terminaría en el pueblo costero granadino de La Rábita, sin que puedan determinarse los motivos que llevaron a Mármol a actuar de una manera tan desequilibrada.

De cualquier modo, se da por descontado que, según confesión propia, asesinó a su mujer esa misma tarde, ya que por la noche pernoctó solo en un pequeño hotel de la provincia de Castellón, en la costa, y que al día siguiente viajó directamente a Navalmoral de la Mata, pasando por Tembleque, ya que en esta ciudad obtuvo dinero con una tarjeta de crédito.

Petra Lajo recibió un fuerte golpe en el cráneo -que le causó la muerte y le dejó desfigurado el rostro- y no menos de siete puñaladas en distintas partes del cuerpo. Supuestamente, Mármol desnudó el cadáver por completo, con la excepción de una cadena de oro. Era el primer síntoma de que quería ganar tiempo, con el fin de que, en caso de que alguien encontrase su cadáver -que dejó escondido en un campo de cebada junto al pueblo leridano de l’Albi-, tardase algún tiempo en ser identificado y le diera tiempo a actuar.

Una vez en el pueblo, comunicó a su cuñada María del Carmen que se llevaría a Eva a Barcelona, ya que el último deseo de su madre, de la que dijo estaba siendo cuidada por Petra, era ver a sus nietos. A la señora Adrada le extrañó que José rechazase una maleta con ropa para la niña. La misma justificación dio en casa de sus suegros cuando fue a recoger a los otros dos niños.

El segundo indicio de ganar tiempo fue una llamada telefónica que recibió María del Carmen Lajo, supuestamente desde l’Hospitalet, en la que Mármol le comunicaba escuetamente que su madre había muerto. Era el día 13. El comportamiento de su cuñado y la falta de noticias de Petra extrañaron a aquélla lo suficiente como para telefonear a casa de la señora Andrade, con tal suerte que fue la supuesta difunta la que respondió a la llamada.

Mientras tanto, la pista del padre y de los tres niños se volvió a encontrar en el hotel Alcázar de Sevilla, de tres estrellas, donde pernoctaron las noches de los días 13 y 14. En dicho hotel no recuerdan nada extraño. Los cuatro durmieron en una misma habitación, y la Guardia Civil, que sigue el caso, no ha podido reconstruir otros detalles de su estancia en la ciudad del Guadalquivir.

El día 15 viajó con los niños a Málaga, según se desprende de la fotografía que les fue tomada en el parque de atracciones Tívoli, de Benalmádena, donde el presunto asesino dejó escrito, a dos colores, su testamento. Se desplazaron también a Marbella ese día, como si José Mármol hubiera querido ofrecer unas vacaciones a sus hijos antes de quitarles la vida, siempre según su confesión.

Un macabro testamento

Nuevamente los investigadores perdieron el rastro de la familia hasta que el día 18 sufrieron un accidente de cierta consideración en el kilómetro 104 de la carretera 334, cerca de Écija. Sin embargo, cuando la Guardia Civil acudió encontraron solamente al padre, ya que los tres pequeños habían sido trasladados a un centro sanitario cercano, donde fueron asistidos de contusiones sin importancia. Mármol alquiló un Talbot Horizon similar al suyo, matrícula de Sevilla 8425-AC, y prosiguió viaje. El día 19 alquiló igualmente el apartamento de La Rábita.

El domingo día 20 fueron vistos por última vez. Ese día Mármol hizo algo que le hubiera extrañado mucho a la quiosquera de Almaraz (donde durante seis años compró los fascículos citados y, únicamente cada sábado, el diario EL PAÍS, pues le interesaba el magazine en color, que se distribuye ese día de la semana en Cáceres): compró El Caso, un semanario especializado en sucesos, probablemente con la esperanza de leer algo sobre la muerte de su esposa. El lunes ya no salió de su apartamento.

Esa noche fue cuando Mármol dio muerte, a sus hijos, después de cenar, a la vista de que se hallaron restos de comida, entre ellos de un batido de chocalate, en los estómagos de los pequeños. El presunto parricida inyectó dos ampollas de Tranxilium 50 a cada niño, dosis mortales de necesidad, a la vista de que se encontró en el apartamento una caja del citado rnedicamento con seis ampollas vacías y de que en el cuerpo de José Mármol no se apreció ningún pinchazo cuando fue ingresado en el hospital de Granada.

Con una frialdad espeluznante, esperó a comprobar la muerte de sus hijos. Durante los 11 días de vacaciones, probablemente Mármol recordó su infancia de niño sin padre, y después de sopesarlo mucho tuvo un exceso de amor paterno: mejor no dejarlos solos en el mundo.

Entonces, con sus tres hijos acostados en la misma cama, muertos, tapados hasta media cintura con una manta, empezó a escribir su macabro testamento, probablemente para aparentar una especie de crimen ritual, justamente en los márgenes de la fotografía que se habían hecho en Benalmádena: «No hay futuro. El mundo acabará pronto. Yo mismo me he condenado. No quiero que digáis que estoy loco; sólo que pienso diferente. A todos los que nos quieren, perdón. Y si a alguien hemos hecho daño, perdón. Estamos de acuerdo los dos en que esto era lo mejor. Lo he hecho porque los quiero. Perdón para nosotros. El cuerpo de mi mujer está en Albi, en salida autopista. Ella me pidió que lo hiciera, y no ha sufrido…».

El breve texto apuntaba también el teléfono de sus familiares en Navalmoral de la Mata y la persona (no identificada) a la que dejaba sus escasos bienes. Pasó aún algunas horas a solas con los cadáveres de sus hijos. Después acudió a la cocina, apartó la bombona de gas butano, la llevó a la misma habitación, se acostó en una segunda cama, se aplicó la goma a la boca y abrió la espita. La bombona no estaba llena y no fue capaz de desplazar todo el oxígeno de la habitación. Fue trasladado urgentemente al Hospital Clínico, donde los médicos le apreciaron edema cerebral (agua en el cerebro), insuficiencia respiratoria grave y un fuerte shock. La cautela y parquedad de los médicos que le atienden impiden un pronóstico.

Cuando Carmen Andrade, madre de José Mármol, acudió al hospital para interesarse por su hijo señaló que hubiese sido mejor su muerte, pues de otro modo volverá a intentar el suicidio en cuanto tenga conciencia. Mármol no supo que el cuerpo de su mujer, extraordinariamente delgada -42 kilos, 1,60 metros de estatura-, fue encontrado por el agricultor Valentín Cornet el mismo día en que sus tres hijos eran enterrados en el cementerio de Carabanchel, en Madrid.

El pequeño José Daniel, en una cajita blanca.


José Mármol, el presunto asesino de su mujer y sus hijos, está ya consciente y fuera de todo peligro

Eduardo Castro – El País

5 de junio de 1984

José Mármol Andrade, el presunto parricida que el pasado día 21 de mayo asfixió con gas butano a sus tres hijos pequeños en un apartamento de la localidad granadina de La Rábita, después de haber dado muerte 10 días antes a su esposa en la provincia de Lérida, se encuentra en la actualidad plenamente consciente y fuera de todo peligro, según supo EL PAÍS ayer de fuentes próximas al equipo médico que le cuida.

El presunto parricida ha salido del estado de coma en que se hallaba tras su intento de suicidio. A pesar de la mejoría, el ex sargento de paracaidistas y operador de la central nuclear de Almaraz (Cáceres) permanece internado en la UVI del hospital clínico de Granada, cuya puerta es custodiada desde hace una semana por miembros de la Policía Nacional.

«Dejadme tranquila, ya no tengo nada que añadir», manifestó la madre de Mármol, Carmen Andrade, que regresó a Granada hace unos días y permanece largas horas en los pasillos del hospital y la sala de familiares próxima a la UVI, en espera de las noticias que periódicamente le suministran los médicos sobre la evolución de su hijo. «Ya he sufrido bastante con toda esta historia y no quiero que me sigáis molestando», añadió la mujer, con muestras de nerviosismo y cansancio.

Está ‘ido’

Preguntada sobre qué le había dicho su hijo cuando lo visitó por primera vez, el pasado fin de semana, Carmen Andrade dijo que no pudo entender nada de lo que hablaba, si bien se mostró segura de haber sido perfectamente reconocida por el enfermo. «No pude averiguar lo que quería decirme, parece como si estuviera ido todo el tiempo y sólo dice cosas incoherentes», afirmó la madre, que no quiso confirmar el rumor recogido por algunos periodistas en el sentido de que su hijo no cesa, de repetir que «el mundo está muy mal» y que «todo se acaba», frases que ya dejara escritas en una tarjeta de Navidad antes de intentar suicidarse en el apartamento de La Rábita.

Al parecer, en estos momentos al enfermo le ha sido ya completamente retirado el respirador artificial, y se le permite a veces abandonar la cama para sentarse momentáneamente en un sillón. Aunque los médicos continúan sin querer hacer declaraciones oficiales sobre el estado de salud física y mental del ex paracaidista, este periódico ha podido averiguar que Mármol come ya casi con normalidad y está ya fuera de todo peligro.

Asimismo parece ser que el enfermo ha molestado en varias ocasiones con insinuaciones obscenas a las enfermeras que lo cuidan, a las que lo primero que hizo al recuperar la conciencia fue preguntar por su esposa y asegurar que él no la había matado.

Por otro lado, en los resultados de los análisis a los que fue sometido tras su ingreso en el hospital, para determinar con exactitud las causas de la intoxicación que padecía, además de detectarse con claridad el gas butano que había inhalado, aparecieron igualmente indicios de barbitúricos sedantes en la sangre, al parecer en grandes dosis.

Esto explicaría la presencia de un frasco usado de Tranxilium inyectable de 50 miligramos, que había sobre la mesita de noche de la habitación donde Mármol fue hallado inconsciente, junto a los cadáveres de sus hijos Eva, Susana y José Daniel, de 9, 5 y 3 años de edad, respectivamente.


Un hombre, condenado a 32 años por matar a su esposa y sus tres hijos

Alejandro V. García – El País

24 de julio de 1986

José Mármol Andrade, de 35 años, ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Granada a 32 años de cárcel como autor de cuatro delitos de parricidio cometidos contra su esposa y sus tres hijos. La sentencia declara probado que José Mármol Andrade, antiguo empleado de la central nuclear de Almaraz, apuñaló a su esposa en Lérida en mayo de 1984, y poco después, el 20 del mismo mes, viajó con sus hijos a La Rábita (Granada), causándoles la muerte por emanaciones de gas doméstico.

José Mármol fue encontrado en grave estado junto a los cadáveres de sus hijos en un apartamento que había alquilado. El contenido de la botella de gas fue insuficiente para provocarle la muerte, como era su objetivo. El parricida sufría depresiones frecuentes y había anunciado a su familia su intención de suicidarse.

José Mármol emprendió junto a su esposa, Petra Lajo, un viaje por Cataluña el 15 de mayo de 1984. Al llegar a Albi, en la provincia de Lérida, José Mármol la golpeó y después la apuñaló hasta causarle la muerte, escondiendo el cadáver en una tierra de labor de las cercanías.

Intentó suicidarse

Posteriormente marchó a Valencia, donde ideó acabar con sus hijos, de edades comprendidas entre nueve y tres años, y después suicidarse. Los niños se encontraban en casa de unos familiares en Navalmoral de la Mata (Toledo).

Con ellos inició un viaje hacia Andalucía. Al llegar a la localidad granadina de La Rábita, José Mármol arrendó un apartamento. Durante la noche del 20 de mayo de 1984, y tras ingerir unas pastillas sedantes, el parricida aproximó la botella de gas al dormitorio y dejó abierta la espita.

A la mañana siguiente, la dueña del apartamento descubrió los cuerpos sin vida de los pequeños junto a su padre, que se hallaba en grave estado. Según la sentencia, dada a conocer en la prensa local, se aprecian cuatro delitos de parricidio con la eximente incompleta de enajenación mental, por lo que se condena a José Mármol a 32 años de prisión.

El ministerio fiscal había solicitado al tribunal una condena de 60 años de cárcel para el parricida.

Uso de cookies.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR