José Luis Rua Barreira

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José Luis Rua
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Parricida - Agente de los Mossos d'Esquadra - Simuló un robo con agresión sexual
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 3 de mayo de 2004
  • Fecha de detención: 7 de mayo de 2004
  • Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1970
  • Perfil de las víctimas: Su esposa, Silvia Codina Álvarez, de 32 años, y su suegra, María Engracia Álvarez Vidal, de 54
  • Método de matar: Apuñalamiento
  • Localización: Lliçà de Vall, Barcelona, España
  • Estado: Condenado a 40 años de prisión el 6 de noviembre de 2006
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José Luis Rua – El arrebato que acabó con la vida perfecta

Rebeca Carranco – El País

7 de agosto de 2015

El escolta José Luis Rua lo tenía todo: amigos, un buen trabajo, una esposa y dos hijas a las que adoraba. Hasta que un día mató a su mujer y a su suegra.

Cuando fue encarcelado, José Luis Rua se dedicaba a algo tan atractivo y novelesco como la contravigilancia del servicio de escolta del consejero de Universidades Carles Solà. Tenía horarios intempestivos y una misión secreta y distinta cada día.

Antes había vivido años más tediosos, vigilando el Palau de la Generalitat. Pero le había ido bien. En ese tiempo, se había casado con Silvia Codina, una antigua novia de adolescencia, y con ella había tenido dos niñas, Nora y Rita, a las que adoraba.

Con 33 años, este joven mosso d’esquadra, deportista, espigado, moreno e inteligente, tenía todo cuanto se podía pedir. Hasta que un día, Rua acuchilló hasta la muerte a Silvia, de 32 años, y a su suegra, de 54.

El 088 recibió el aviso el lunes 3 de mayo de 2004, a las 14.15. «Mi mujer está muerta, mi mujer tiene sangre», repetía Rua, que aseguraba que acababa de llegar a su casa en Lliçà de Vall (Vallès Oriental) y había descubierto a las dos, tiradas en el suelo.

Silvia estaba bocabajo en el comedor, sobre su propia sangre, tras recibir 13 cuchilladas. Tenía los pantalones bajados y la ropa interior rota. Su madre, Maria Engracia Álvarez, estaba en un rellano, bocabajo también, con 17 heridas. Todavía llevaba el bolso puesto, y su contenido estaba por el suelo.

Todo hacía pensar que unos ladrones habían entrado a robar, habían tropezado con Silvia, que trabajaba desde casa como diseñadora gráfica, y la habían matado. Luego habían sido descubiertos por la madre, que regresaba de varios recados, y también la habían acuchillado. En la huida, los ladrones habían perdido varias joyas, que se habían caído por el patio, y se habían dejado olvidado un televisor en el mármol de la cocina.

Pero la policía sospechó… Por la hora del robo, porque no se habían acabado llevando nada, porque habían estado mucho tiempo en el domicilio y porque encontraron debajo del cuerpo de Silvia, aprisionado por su tobillo izquierdo, un reloj Tag Heuer, de Rua.

«Era raro… Siempre decimos que hay pocas casualidades en nuestro trabajo», afirma un investigador que participó en el esclarecimiento del caso. Rua alegó que al reloj le entraba agua y que esa mañana, antes de fregar los platos, se lo quitó, lo dejó en el mármol y ya no se acordó de ponérselo. Que luego se fue a trabajar a una casa que se estaban construyendo, también en Lliçà de Vall, y que cuando regresó se encontró con los cadáveres.

Pero nadie vio el coche de Rua en aquella casa y sí frente a su domicilio, de donde varios testigos dicen que no se movió en toda la mañana. El reloj estaba perfecto, según los peritos, y además Rua tenía una herida en un mano.

Desde el primer momento, el policía se convirtió en el principal sospechoso. «Le citábamos cada día, incluso dos veces, por la mañana y por la tarde. Y en lugar de enfadarse, o molestarse, se mostraba muy colaborador, pensando muy bien sus respuestas», explica uno de los mossos que llevó el caso.

En su investigación, descubrieron que la vida del escolta y la diseñadora gráfica no era tan perfecta. Silvia explicó a una amiga que desde que Rua había cambiado de destino, la relación se había enfriado, que incluso dudaba de su fidelidad y que no sabía cómo sacar su matrimonio a flote.

Dos noches antes de los asesinatos, Rua salió de noche con unos amigos, hasta las siete de la madrugada, sin avisar a su mujer, que le esperaba para cenar. Silvia estuvo todo el sábado de morros. La noche del domingo al lunes ni siquiera durmieron en la misma cama. Al día siguiente, cuando llevaron a su hija pequeña al colegio, una de las madres declaró que les vio discutir en el coche.

Los agentes sospechan que al volver la pareja se peleó de nuevo y que en un «arrebato», Rua mató a Silvia. Entonces decidió simular un robo con agresión sexual, pero su suegra, que vivía con ellos, regresó antes de que acabase.

Para que no viese a su hija muerta desde la entrada, Rua tuvo que desplazar el cadáver, y lo giró. Con el movimiento, se le abrió la correa del reloj, que tenía mal el cierre, y se le cayó, sin que se diese cuenta. Luego mató a su suegra.

Cuatro días después del doble homicidio, los Mossos detuvieron a Rua. «Tenéis muchos indicios, pero ninguna prueba», le dijo a un investigador. Rua fue condenado a 40 años de prisión por el doble homicidio.

Desde entonces, el escolta mantiene su inocencia «contra viento y marea», explica su abogado, Pablo Acosta. El caso ya fue recurrido y perdido en todas las instancias judiciales españolas. Incluso se llevó al Tribunal de Estrasburgo, que denegó revisar la sentencia.

La familia considera que muchos contraindicios no se tuvieron en cuenta. Ahora quieren presentar una demanda por rotura de la cadena de custodia de una de las pruebas. «Apostaría todo lo que tengo a que fue él, sin ninguna duda», dice una fuente policial, que reconoce la dificultad del caso, porque no había pruebas que le incriminasen de manera directa. «Se le condenó porque los crímenes no los pudo cometer nadie más que él», concluye, categórico, 11 años después, uno de los investigadores del doble crimen.

Ficha técnica del asesino

Datos personales: Josep Lluís Rua Barreira, escolta de los Mossos d’Esquadra. Tenía 33 años cuando cometió los crímenes.

Tipología: Doble crimen, simulando un robo con agresión sexual.

Víctimas: Su esposa, Silvia Codina, de 32 años, y su suegra, Maria Engracia Álvarez, de 54, en la casa familiar.

Perfil: Rua era joven, deportista, inteligente y había ascendido en los mossos d’esquadra hasta ser escolta del consejero de Universidades Carles Solà.

Móvil: Nunca ha sido aclarado.

Su caída: Varios vecinos desmontaron su coartada de que había pasado la mañana en una casa que estaban construyendo.

¿Qué fue de él?: Rua sigue defendiendo su inocencia desde la cárcel.


Las contradicciones del ‘mosso’

Ana Pantaleoni – El País

4 de agosto de 2004

El agente de los Mossos d’Esquadra Josep Lluís Rua Barreira, de 33 años, continuará en prisión acusado del asesinato de su suegra, María Engracia A., y de su esposa, Silvia C., cometido el 3 de mayo en Lliçà de Vall (Vallès Oriental). Horas después del crimen, el mosso lloró desconsoladamente en los funerales de sus familiares.

Poco a poco, se van conociendo nuevos datos sobre el caso: la madre del acusado fue atendida de una crisis de ansiedad en un centro médico de Granollers el 4 de mayo, un día después del asesinato; estaba muy angustiada y repetía una y otra vez que su hijo «había hecho algo muy gordo». El 7 de mayo Rua fue detenido.

El Juzgado de Instrucción número 3 de Granollers ha desestimado la petición de libertad de la defensa, que ha recurrido contra la decisión judicial.

El presunto asesino vivía con su mujer, sus dos hijas y su suegra en la casa donde ocurrió el crimen. La policía autonómica descartó la hipótesis del robo por la gran violencia empleada por el agresor contra Silvia.

El auto del juzgado de Granollers confirma que las muertes se debieron de producir entre las 12.45 y las 14.14 horas del 3 de mayo. El detenido presentaba heridas en la mano derecha que dijo haberse causado él mismo al perder los nervios al descubrir los cadáveres.

El auto judicial destaca contradicciones en las que incurrió Rua. En una de sus declaraciones, dijo que la ropa con la que se vistió por la mañana era la misma que llevaba cuando acudió la policía a su casa tras denunciar él mismo el doble asesinato. Según el auto, «hay dos testigos que declaran que ese día lo vieron acompañado de su mujer en la guardería y que llevaba ropa de calle y no deportiva» como la que vestía cuando declaró ante los Mossos.

El auto informa también de «la contradicción observada entre lo declarado respecto a si entró o no entró en el cuarto de baño». El texto explica que el lavabo de la primera planta se encontraba «perfectamente limpio y seco, sin rastro de haber sido utilizado en las últimas horas. En (…) el grifo del citado lavabo, y tras una minuciosa inspección, se localiza una pequeña muestra de sangre que resultó ser del imputado».

El abogado de la acusación particular, Manuel González Peeters, tiene su teoría: «Rua, con todos sus conocimientos policiales, pudo tratar de desdibujar la escena del crimen para confundir a los investigadores».

Por su parte, la defensa de Rua dice que las pruebas de ADN descartan la participación de su cliente en los hechos y que no existe base fáctica para que permanezca en prisión.


Los familiares de las víctimas del ‘mosso’ declaran que nunca les dio explicaciones

Pere Ríos – El País

18 de octubre de 2006

La segunda sesión del juicio celebrado ayer en la Audiencia de Barcelona contra el mosso d’esquadra acusado de matar a su esposa y a su suegra poco tuvo que ver con el derecho penal y bastante más con la intimidad del imputado. El padre, la hermana, la cuñada y la amiga íntima de Sílvia Codina, la esposa del mosso, coincidieron en explicar al jurado que la víctima les había comentado en alguna ocasión que su marido quizá le era infiel.

Ese hecho podría haber sido el móvil que llevase a Josep Lluís Rua a cometer los dos crímenes, según sostiene el abogado de la familia, Manuel González Peeters. El abogado cree, además, que la noche previa al crimen la esposa le planteó el divorcio. De ahí que no durmiesen juntos, según afirma González Peeters que revelan las fotografías realizadas en la habitación, en las que aparece la mitad de la cama sin deshacer.

Más allá de eso, los familiares coincidieron en reprochar al acusado que jamás les haya dado explicaciones ni se haya declarado inocente. El más expresivo fue Jaume Codina, esposo y padre de las víctimas, quien declaró. «Nunca, nunca me ha dicho que era inocente. Y lo he estado esperando». En el mismo sentido se expresó su hija Ana: «Nunca ha venido y, mirándome a los ojos, me ha dicho que era inocente».

También declararon los vecinos de la vivienda de la pareja y de la casa que se estaban construyendo en Lliçà de Vall. Dos vecinas explicaron que en el pueblo se comentaba que Rua tenía una relación extramatrimonial con una policía.

Pero las declaraciones que probablemente tengan más trascendencia son las de los vecinos de ambas casas. Unos coincidieron en que los dos vehículos de la pareja estaban aparcados en la puerta del domicilio conyugal, situado en la avenida de Catalunya y donde se produjo el crimen. Los otros explicaron que no vieron el automóvil de Rua en la casa en construcción. Esas declaraciones contradicen la coartada del acusado, quien declaró que se desplazó de una vivienda a otra en coche y que mientras tanto ocurrieron los crímenes.


Los Mossos declaran que hay múltiples indicios contra el acusado del doble crimen

El País Barcelona

19 de octubre de 2006

Los mossos d’esquadra que investigaron el doble crimen de Lliçà de Vall declararon ayer ante el tribunal que juzga el caso que desde un principio tuvieron claro que el robo en la casa de las víctimas era simulado, porque que así lo apuntaban un sinfín de indicios, como el modo de operar y el ensañamiento empleado con ellas.

Desde el pasado lunes se juzga en la Audiencia de Barcelona al agente de la policía autonómica Josep Lluís Rua, acusado de asesinar a puñaladas a su esposa y a su suegra, y para quien la fiscalía y la acusación particular solicitan 50 años de prisión.

Los indicios que, según el jefe de los Mossos que realizó la investigación, respaldan esa hipótesis son el ensañamiento empleado con las víctimas, que no faltaran objetos de valor, la manera de acceder a la vivienda y el hecho de que sólo se encontrara una habitación revuelta, con objetos esparcidos.


Petición de 50 años de cárcel para un ‘mosso’ acusado de un doble crimen

Pere Ríos – El País

20 de octubre de 2005

La acusación particular solicita dos penas de 25 años de cárcel para el mosso d’esquadra Josep Lluís Rua Barreira, acusado de matar a su esposa y a su suegra el 3 de mayo de 2004 en Lliçà de la Selva. La investigación judicial del caso ya está concluida y, una vez que el fiscal y la defensa presenten sus escritos, el caso se remitirá a la Audiencia de Barcelona, donde se celebrará un juicio con jurado.

El abogado de la familia de las víctimas, Manuel González Peeters, considera que el mosso ideó un plan para matar a su esposa porque tenían desavencias [desavenencias] y que le asestó 10 puñaladas mortales cuando se encontraban a solas en su domicilio.

Posteriormente, según la acusación, el agente simuló un robo para confundir a los investigadores y removió toda la casa, rompió un cristal de la cocina y dejó «toda una serie de pistas falsas hábilmente situadas en lugares estratégicos».

Mientras eso sucedía, llegó a la vivienda la madre de la fallecida, entró en la casa y recibió también 16 puñaladas mortales. El policía está en libertad porque la justicia consideró que no había pruebas claras contra él.


El policía juzgado por doble crimen rompe a llorar y reparte crítica

El País Barcelona

26 de octubre de 2006

No pudo aguantar hasta el final. El mosso d’esquadra Josep Lluís Rúa, acusado de asesinar a su esposa y a su suegra en su domicilio de Lliçà de Vall, rompió a llorar ayer ante el tribunal del jurado que le juzga desde hace 10 días en la Audiencia de Barcelona.

El acusado aseguró que la policía autonómica «ha hecho muchas cosas mal» durante la investigación y recriminó a sus superiores que filtrasen a los medios de comunicación un vídeo con una reconstrucción animada de los hechos con el fin de influir en el jurado. La acusación pública y la particular solicitan 50 años de cárcel por dos delitos de asesinato.

El agente recordó que ningún responsable de la investigación realizada contra él sigue actualmente en su puesto porque, «evidentemente, desde arriba saben que no han funcionado bien en su trabajo». En su opinión, lo único que ha hecho bien el grupo de investigación es convencer a la familia de su esposa y de su suegra de que él cometió los crímenes, pese a la «buena relación» que existía entre ellos.

El agente repartió también críticas entre los responsables del gabinete de prensa de la policía autonómica y los periodistas. «Un año después de que ocurrieran los crímenes, continuaban diciendo a los medios de comunicación que las pruebas científicas me inculpaban a mí». Antes de iniciarse el proceso, añadió, ya «sabía que habría un juicio mediático» paralelo «en el que estaría condenado», y «así ha sido por las informaciones que se han ido publicando».

El policía fue más allá de las críticas: «No sé lo que pasará, pero les puedo jurar que yo no tengo nada que ver con estos hechos y que hay dos personas en la calle que hicieron esta barbaridad». Por eso, añadió: «Me pasaré toda la vida esperando a que ocurra otra desgracia».


El jurado declara a un ‘mosso’ culpable del asesinato de su mujer y su suegra

Pere Ríos – El País

28 de octubre de 2006

El jurado declaró ayer culpable del asesinato de su mujer y su esposa al mosso d’esquadra Josep Lluís Rua. El tribunal popular cree que no actuó con ensañamiento (aumentar deliberadamente el dolor de las víctimas), pero sí con alevosía, porque las víctimas no pudieron defenderse y el agresor actuó por sorpresa. El policía estaba en libertad provisional, pero anoche ingresó en la cárcel Modelo.

El jurado considera probado que el 3 de mayo de 2004 Rua agredió con un arma blanca a su esposa, Sílvia Codina, y a su suegra, María Engracia Álvarez, y les causó 13 y 17 heridas, respectivamente, que les provocaron la muerte instantánea.


40 años de cárcel para el ‘mosso’ que asesinó a su esposa y su suegra

Pere Ríos – El País

7 de noviembre de 2006

La Audiencia de Barcelona ha condenado a 40 años de cárcel al mosso d’esquadra Josep Lluís Rua por dos delitos de asesinato cometidos contra su esposa y su suegra en su domicilio familiar de Lliçà de Vall. La sentencia admite que no aparecieron pruebas directas que implicasen al agente, pero precisa que los jurados apreciaron múltiples indicios contra él y que, aplicando la lógica, dictaron un veredicto de culpabilidad.

Según la coartada del agente, el 3 de mayo de 2004, cuando se produjo el doble crimen, había ido a visitar las obras de la vivienda que se estaba construyendo la pareja en Lliçà de Vall. Fue al regresar al domicilio familiar, según su relato, cuando descubrió los cadáveres. Los autores del doble crimen fueron dos personas, una diestra y otra zurda, que entraron en la casa con la intención de robar. Por eso una habitación apareció revuelta y se encontraron joyas en el jardín, explicó.

Admite en la sentencia el magistrado presidente, Fernando Valle, que el único debate del juicio era la autoría del crimen y que no existían pruebas directas. Pero el jurado ha evaluado los numerosos indicios que aparecieron en el juicio, que, según advirtió el juez, servían para dictar un veredicto de culpabilidad. Sin anular, claro está, los principios básicos de la presunción de inocencia del acusado y del in dubio pro reo (la duda beneficia al reo).

Entre esos indicios a los que alude la sentencia figura el hecho de que el reloj del acusado fuese encontrado debajo del cadáver de su esposa, Silvia Codina Álvarez, de 32 años. También tuvo en cuenta el jurado que parte de las heridas del acusado tenían el aspecto de haberlas producido el filo de un arma blanca, la misma que se utilizó para cometer los dos crímenes.

Al jurado tampoco le pasó por alto que cuando Rua fue detenido les dijo a sus compañeros: «Tenéis muchos indicios, pero prueba no tenéis ninguna».

Impertérrito

Otro indicio incriminatorio es la actitud impertérrita del acusado al explicar en el juicio cómo descubrió los cadáveres. Esa reacción «no es la normal delante de una escena violenta y agresiva como la acaecida», dice el juez, por lo que entiende que la opinión del jurado es «un razonamiento impregnado de racionalidad, de razonabilidad, de sentido común, de lógica, tal y como pueden entenderse por el conjunto de los seres humanos».

En el caso de la suegra, María Engracia Álvarez Vidal, de 54 años, el policía explicó que al descubrir el cuerpo pensó que «se había desvanecido». Como los dos cadáveres se encontraron en medio de un reguero y un charco de sangre, el jurado también lo consideró hecho incriminatorio.

Además, el jurado llegó a la convicción de que, tras cometer los crímenes, Rua decidió simular un robo como parte de su coartada. El tribunal llega a esa conclusión porque el vidrio de la puerta de la cocina que da a la terraza de la vivienda se quebró con un cenicero que estaba en el interior de la casa, algo difícil de explicar si los ladrones lo rompieron para entrar en la casa. Además, no se llevaron nada y sólo revolvieron dos cajones de una habitación.

Pero es que, además, el vehículo que supuestamente empleó Rua para desplazarse no se movió del domicilio familiar la mañana de los hechos, según un testigo. Y se halló su ADN en un paquete de tabaco y una lata de refresco encontrados junto a los cadáveres. Demasiados indicios. Eso, sin tener en cuenta que se trata de un policía y que, como tal, «está llamado precisamente a velar y garantizar los derechos y las libertades de todos, lo que hace mucho más reprochable su conducta», se dice en la sentencia.

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