Jorge Martínez Arévalo

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Jorge Martínez Arévalo

El Descuartizado de Puente Alto

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Descuartizamiento
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 26 de marzo de 2006
  • Fecha de nacimiento: 1965
  • Perfil de las víctimas: Hans Hernán Pozo Vergara, de 20 años, «El Rucio»
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Santiago, Chile
  • Estado: Se suicida disparándose en la cabeza el 8 de abril de 2006
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Jorge Martínez Arévalo – Hans Pozo «El Descuartizado de Puente Alto»

Grotesqueandarabesque.blogspot.com

19 de junio de 2012

De vez en cuando, uno que otro crimen despierta la atención de la prensa nacional, más acostumbrada a cubrir notas acerca de la farándula criolla o el fútbol. No es que seamos menos morbosos; sino que, en realidad, Chile no se caracteriza por tener altos indices de criminalidad en comparación con otros países como México, Brasil o Estados Unidos.

Obviamente, Chile también tiene casos emblemáticos y tristemente célebres. A principios de 1900, Emil Dubois, un inmigrante francés, tomaría el papel del primer asesino serial en Chile… al menos del que se tenga data. El famoso «Chacal de Nahueltoro», los «Psicópatas de Viña», «El Enano Maldito» y «El Monstruo de Carrascal», pasaron a engrosar la crónica negra chilena, años más tarde.

Otros más contemporáneos como «El Indio Juan», María del Pilar Pérez («La Quintrala» moderna), «El Tila» y Julio Pérez Silva «El Psicópata de Alto Hospicio», han recibido enorme cobertura mediática y han sido portada de diarios en más de una ocasión.

Sin embargo, uno de los más atroces y perturbadores casos del que se tenga memoria (al menos colectiva), es el de Hans Pozo. Los morbosos detalles del crimen y posterior descuartizamiento del joven (incluso la indiscriminada difusión mediática de las fotografías del cadáver), dan cuenta de un crimen tan espeluznante como misterioso, y que llegó a un abrupto final, dejando muchas dudas (al menos desde mi óptica) con respecto a la identidad de el o los asesinos.

27 de marzo del 2006, población Marta Brunet, Puente Alto. Era de noche, y uno de los perros del sector venía con algo extraño en el hocico. Cuando algunos se dieron cuenta de lo que era, no pudieron creerlo. Se trataba de un pie humano en estado de descomposición, y que parecía haber sido amputado con un cuchillo. De inmediato se dio aviso a la policía, mientras los mismos vecinos del sector ya se habían diseminado por basurales y «peladeros» cercanos, para encontrar los restos del supuesto cadáver.

A las pocas horas se corrió la voz, y la prensa empezó a difundir la noticia, mientras comenzaban a aparecer otras partes del cuerpo entre la comuna de Puente Alto y San Bernardo. Cada cierto tiempo, los noticiarios daban más detalles acerca del macabro caso del «Descuartizado de Puente Alto», destacando el enorme revuelo que suscitó el hallazgo entre los habitantes de la población Marta Brunet, y sus alrededores; además de la extensiva búsqueda de carabineros, la PDI y vecinos del lugar, con el fin de encontrar los otros restos del cuerpo.

A los pocos días, se logró dar con gran parte del cadáver, el cual había sido dividido en diez partes. Se pudo descubrir que se trataba de un joven de entre 20 y 25 años, rubio y delgado. Sin embargo, la cabeza se encontraba sumamente lacerada, y era imposible su reconocimiento. Esta mostraba dos heridas de bala en la nuca, las cuales le habrían provocado la muerte. También se le había cortado la nariz y rajado la boca de oreja a oreja.

A las manos se les habían arrancado las huellas digitales, imposibilitando su identificación. También habían otros pedazos de piel arrancados en donde, supuestamente, la víctima habría tenido diversos tatuajes (en el torso, brazos y una de las piernas). Estas pistas llevaron a suponer a la policía que el asesino era cercano o conocía a la víctima, ya que la identificación del cuerpo supondría sospechas inmediatas sobre él.

En un esfuerzo por parte de los investigadores, se logró identificar el cadáver gracias a pequeños trozos de la falange que conservaba algunos trazos de una de las huellas digitales, la cual se logró reconstruir. El cuerpo pertenecía a un joven de 20 años identificado como Hans Hernán Pozo Vergara, un muchacho que solía deambular en busca de droga en el sector de Santa Rosa.

La fotografía de Hans Pozo colmó las portadas y noticiarios nacionales, los cuales no se ahorraban ningún detalle del espeluznante caso policial. La ciudadanía se mantenía informada de cada nueva pista que surgía, y se especulaba sobre un posible «maníaco sexual» como el responsable del crimen.

La vida de Hans Pozo, por otro lado, comenzó a salir a la luz. El infortunado joven tenía fama de drogadicto y vivía en la calle. Nunca conoció a su padre y odiaba a su madre, la cual lo abandonó prematuramente. Consumido por la adicción a la droga, Hans empezó a relacionarse con gente de dudosa reputación y, según los medios, también solía prostituirse con hombres para tener algo de dinero.

Como es de costumbre en este tipo de crímenes, la policía destacó que el descuartizamiento parecía haber sido realizado por alguien con «experiencia», y se barajó la hipótesis de que el responsable podría ser un carnicero o incluso un médico. Sin embargo, luego de ciertos análisis al cadáver, surgió una pista bastante más decidora.

Los restos de Hans Pozo habían sido congelados (parcialmente al menos), antes de ser repartidos en distintos potreros de Puente Alto y San Bernardo. Debido al tamaño del torso y las piernas, seguramente el sospechoso debía contar con un congelador bastante más amplio que un simple refrigerador, lo que dio la primera pista para la búsqueda.

Cuando la policía entró en una heladería, ubicada en el paradero 30 de Santa Rosa, la historia estaba a punto de dilucidarse… o al menos eso parecía. Jorge Martínez Arévalo, hombre de 41 años, casado y dirigente de la Confederación de Empleados Municipales, fue interrogado brevemente por personal del OS-9 de carabineros.

Al verse acorralado, Martínez se habría quitado la vida, prácticamente de inmediato, disparándose con un revólver en la cabeza. Los familiares de Jorge, que se encontraban en el interior del domicilio, salieron en su ayuda; pero el hombre ya había muerto. La policía declaró haber encontrado una carta en donde Jorge Martínez se declaraba el culpable del asesinato de Hans Pozo y su posterior descuartizamiento; sin embargo las dudas no tardaron en aparecer.

Los familiares de Jorge Martínez Arévalo, se encontraban en el interior del domicilio justo cuando él se quitó la vida. Estos declararían que acudieron en su ayuda porque el hombre gritó que lo estaban asaltando.

El disparo en la sien derecha de Jorge (que era zurdo), también despertó las sospechas de la familia. Pero lo que más los atormentaba, era el supuesto motivo por el cual Jorge habría asesinado a Hans Pozo Vergara.

Según las investigaciones, Jorge Martínez habría llevado una doble vida. Mientras los vecinos del barrio lo veían como un respetable padre de familia, al mismo tiempo mantuvo una relación homosexual con Hans Pozo, que duró casi un año. Aunque tampoco se trató de una relación propiamente tal, pues el joven Pozo sólo habría estado con él para ganar algo de dinero, prostituyéndose, mientras Martínez pagaba por sexo… y su silencio.

En un momento, Hans habría empezado a chantajear y pedir más dinero a Martínez. Las cosas se habrían salido de control y las amenazas del muchacho, apuntaban a revelar la tendencia homosexual de Martínez, a su familia. Esto no le gustó para nada a Jorge, el cual habría asesinado a Hans Pozo con el fin de mantener en secreto sus preferencias sexuales ante los ojos de la comunidad.

Se pudo demostrar (con lo que llamaron «evidencia biológica») que el cuerpo descuartizado de Hans Pozo estuvo dentro de uno de los congeladores industriales que estaban en aquel local, y el móvil del crimen parecía sólido. El suicidio de Martínez cerraba toda posibilidad de esclarecer la historia, pues si bien todo parecía estar más que claro, habían algunos detalles que no terminaban de cuadrar.

La primera duda era si Martínez actuó realmente solo. También había dudas acerca de su suicidio… se habló incluso de un montaje y de que habría sido asesinado por la policía para silenciar ciertos detalles del crimen; como por ejemplo la participación de terceros.

Algunos rumoreaban acerca de la amistad de Martínez con algunos carabineros, a los cuales les habría pedido el favor de darle una paliza a Hans Pozo «para asustarlo». De esta forma, el joven dejaría de amenazarlo con contar sobre su homosexualidad a su esposa e hijos, y ya no le pediría más dinero.

Sin embargo, a los carabineros amigos de Martínez se les habría pasado la mano (o bien se les habría salido un tiro mientras lo apuntaban), y el joven habría muerto. El posterior descuartizamiento se habría llevado en casa de Martínez y así, lo habrían logrado incriminar con evidencia física, para luego asesinarlo, simular un suicidio y hacer calzar las pistas.

Años después, se realizó una entrevista al hermano de Hans Pozo, el cual siempre se sintió extrañado con la historia del crimen. Aseguró que su hermano era un drogadicto y que vivía en la calle; pero jamás pensó que fuese homosexual.

Nadie pudo explicar el ensañamiento con el cual se descuartizó el cadáver de Hans Pozo (nunca pudieron encontrar los intestinos del joven). Las imágenes que se colaron por Internet dan cuenta de la brutalidad del crimen que mantuvo en vilo a todo un país; pero quedaron varias interrogantes, a pesar de que se dio el caso por cerrado. ¿Fue Martínez el único involucrado en el asesinato de Pozo? Si Martínez era zurdo, ¿Por qué se disparó con la mano derecha? ¿Por qué le quitaron los intestinos a Hans Pozo? ¿Qué sentido tenía?

A varios investigadores y psicólogos tampoco les calzó el perfil de Martínez con el de un frío y desalmado descuartizador o «psicópata». No tenía antecedentes, ni ningún detalle de su vida podía apuntar a que algún día podría llegar a cometer un crimen de semejante crueldad.

Generalmente, cuando un asesino comete un crimen de esta magnitud, ya ha tenido algunos antecedentes en el pasado (como lo podemos corroborar en este mismo blog, en otros casos) Resulta algo insensato pensar que una persona con la frialdad suficiente como para matar a una persona, descuartizarla y repartir los pedazos por dos comunas distintas, luego escriba una carta de despedida y se suicide frente a la policía.

Hoy por hoy, el caso de Hans Pozo es un clásico dentro de la crónica negra chilena e incluso ha inspirado obras literarias y de teatro, entre otras.


Heladero que asesinó a Hans ocultaba sórdida doble vida

M. Vega / M. Torres / L. Vieyra – Lacuarta.com

12 de abril de 2006

Los supuestos vicios privados y virtudes públicas de Jorge Martínez Arévalo, quien se llevó su mayor secreto a la tumba.

Nadie en su círculo íntimo sospechaba del lado oscuro del «padre ejemplar». «En la muni no lo querían, sólo lo respetaban», comentan sus excompañeros.

Con el paso de las horas afloran nuevos detalles del homicidio de Hans Pozo Vergara, que sitúan el caso como uno de los más macabros expedientes de la crónica roja chilena.

Si bien el joven recibió dos balazos en la cabeza, por el hueso occipital izquierdo salió un solo proyectil, el que seguramente fue recuperado desde el suelo por el asesino. La segunda bala se alojó en el cráneo, pero el criminal la habría extraído para que no quedara como evidencia.

Es por eso que el revólver calibre 38 con el cual se suicidó Jorge Martínez Arévalo, al verse acorralado por la policía en la tarde del sábado, y la pistola 6,35 encontrados en su local, no han servido para realizar pruebas balísticas, informaron ayer a La Cuarta fuentes policiales.

Detalles como éste son los que no calzan con la imagen que de él tenía en vida su círculo íntimo. A ellos les resulta inaceptable concebir que este hombre sea el mismo que la noche anterior a autoeliminarse durmió en la misma cama junto a su mujer y a Danitza (9), su hija regalona, para quien ya había encargado el peluche gigante que pensaba regalarle para su cumpleaños.

Lo recuerdan como un tipo «sobrio, educado, preocupado de su apariencia, esforzado y padre ejemplar. Se sacó la mugre para comprar su local en San Ramón, luego de arrendar por años un kiosquito de confites en la plaza de La Pintana».

Los caminos

Aunque el fiscal Pablo Sabaj desmintió ayer que el caso esté «resuelto», todos los movimientos realizados en las últimas horas por la policía apuntan en dirección a Martínez, el exjefe de la Unidad de Normalización y Fiscalización de la Municipalidad de La Pintana.

La principal «prueba científica» de la que habló Sabaj en la noche del lunes es el rastro de sangre perteneciente a Pozo que los policías hallaron en el automóvil de Rodríguez.

Según fuentes ligadas a la investigación, el suicida se las arregló durante años para llevar una doble vida: la de un ejemplar padre de familia, buen funcionario público y aplicado microempresario por un lado, y la de un sujeto que dedicaba su escaso tiempo libre a participar en supuestas actividades homosexuales con jóvenes y capaz de haber ordenado o perpetrado un bestial homicidio para evitar que su existencia, amenazada por la extorsión, barriera con su intachable prestigio y manchara el honor de su familia.

Pero mientras sus seres queridos siguen negando este supuesto doble estándar, surgieron ayer voces disonantes.

«Más que querido, era respetado por su trabajo. Acá le tenían miedo», recordó uno de sus excompañeros del municipio, que compartió con él desde su llegada a la Dirección de Obras, como dibujante técnico, y durante su paso por Secplac e Inspección.

«Se notaba que era trancado. Jorge no mantenía relaciones sociales con su entorno laboral; sólo con sus familiares, un círculo ligado a carabineros en retiro y en servicio activo», añadió.

«No manifestaba opciones políticas, pero era un funcionario que venía del tiempo de la dictadura», comentó otro.

Si bien Jorge nunca dio señales de comportamiento homosexual en su lugar de trabajo, el hallazgo de fotografías de hombres desnudos posando en actitudes obscenas y testimonios que aseguran que incluso asistía a fiestas íntimas con Hans y otros muchachos lo sindicarían como un gay activo, pero totalmente reprimido.

La fiscalía se ha ido formando esta convicción tras reunir pruebas físicas y testimonios de más de una docena de personas, amigos, conocidos y parientes del suicida.

Según trascendió, la viuda de Jorge, Roxana Godoy, nunca sospechó que Jorge pudiese esconder vicios privados tras innegables virtudes públicas; en definitiva, que fuese una persona en su hogar de La Granja y otra en su local de San Ramón.

A lo anterior se agrega que sus familiares y cercanos niegan de plano que el fallecido haya tenido alguna desviación sexual y vinculaciones de ese tipo con Hans Pozo.


Jorge Martínez Arévalo: «Soy responsable y no lo puedo soportar»

Cooperativa.cl

14 de abril de 2006

El Mercurio publicó algunos extractos de la carta que dejó el principal sospechoso de la muerte del Hans Pozo, conocido como el «descuartizado de Puente Alto».

«Soy responsable y no lo puedo soportar. Menos todos ustedes. Sepan que los quiero mucho a todos… perdónenme. Gracias. Jorge».

Este es el párrafo final de la carta que Jorge Martínez Arévalo, principal sospechoso de la muerte y descuartizamiento de Hans Pozo Vergara, cuyos miembros cercenados aparecieron en diversos lugares del sector sur de Santiago a partir del 27 de marzo de 2006.

La misiva, de la cual El Mercurio publicó algunos extractos este viernes, fue encontrada por la esposa de Martínez luego de su suicidio, ocurrido el sábado 8 de abril en momentos en que iba a ser interrogado por personal de Carabineros.

«A mi familia, a todos los que me conocieron o quieren, acepten y entiendan mi decisión de irme lejos. Nos volveremos a ver», es otra de las líneas del texto que ha sido minuciosamente examinado por la Fiscalía y peritos especializados para determinar el grado de participación de Martínez en la muerte del joven de 20 años.

El dueño de una distribuidora de helados ubicada en el paradero 30 de Santa Rosa relata, en las 20 carillas que escribió, diversos hechos que la policía intenta dilucidar si fueron o no efectivos.

«En el auto me robó el celular. Entre ch… me dijo que me iba a quemar el local por ser m… ca…. Yo aceleré el vehículo lo que pude y procedí a su bloqueo… yo estaba ante un problema mayor», señala el manuscrito.

Martínez entrega antecedentes de sus acciones en los días previos al asesinato del Hans Pozo: «lunes, martes, miércoles, me levanté temprano y me dirigí al hospital (Padre Hurtado). Me encontré con dos tipos. Uno de ellos con quien había hablado en la noche. El Jans (sic) estaba durmiendo sentado en el hospital… se veía desde afuera, estaba junto a otras personas que también dormían. Estaba enrollado en una frazada».

La carta, que según los expertos que la analizaron, fue escrita entre el 4 y el 6 de abril, comienza con un «hola, necesito que este documento se entregue a mi familia y a la justicia».


Cadáver de Hans Pozo estuvo en la heladería del sospechoso del crimen

Cooperativa.cl

4 de mayo de 2006

Pruebas químicas que realizó Carabineros confirmaron que el cuerpo del joven, quien luego fue descuartizado, fue manipulado al interior del local de Jorge Martínez Arévalo.

Luego de recibir los dos disparos en la cabeza que lo mataron, el cuerpo de Hans Pozo Vergara estuvo en la heladería que tenía en el paradero 30 de Santa Rosa el funcionario municipal Jorge Martínez Arévalo, el principal sospechoso del crimen y quien se suicidó al ser requerido por la policía.

Así lo comprobaron las pericias que hizo el OS-9 de Carabineros, cuyos efectivos recolectaron «evidencia biológica» el miércoles 3 de mayo.

Según los análisis químicos, la mancha de sangre descubierta en la heladería corresponde a Pozo y su forma habla -según las fuentes policiales- de que el cadáver estuvo en el lugar tras ser impactado por las balas.

Esto hace presumir que el asesinato se hizo en el mismo lugar, lo que no está completamente confirmado, al igual que el escenario del descuartizamiento.

Durante este jueves, el fiscal Pablo Sabaj ha interrogado -por separado- a los hermanos del fallecido comerciante, Robinson y Miguel, con quienes ha estado más de cuatro horas.

«Hay muestras de sangre porque nosotros mismos nos hemos cortado. Nos quieren involucrar con este cabro (Hans Pozo), pero él no tiene nada que ver. Hay carabineros involucrados y tengo detalles de eso. Yo no hablo con el fiscal Sabaj, me entiendo con Pedro Orthusteguy (fiscal que pesquisa el suicidio de Martínez)», comentó Robinson Martínez tras dejar la Fiscalía de Puente Alto.

Además, se constató que la sangre de Pozo Vergara se lavó en la heladería, pero sus rastros fueron descubiertos con la técnica del luminol, un componente químico que produce luz al oxidarse en disolución acuosa básica y con la acción de un catalizador, como la hemoglobina que contiene la sangre.

El caso de Hans Pozo

El caso de Hans Pozo se inició el lunes 27 de marzo, con el hallazgo de un pie en las cercanías de la población «Marta Brunet» de Puente Alto.

Poco a poco fueron apareciendo las otras partes del cuerpo de la víctima, hasta encontrarse -el 3 de abril- las manos y el torso del joven. Este hallazgo fue clave para la identificación del cadáver, gracias a los restos de sus huellas dactilares.

Tras la individualización, lograda el 6 de abril, las policías comenzaron a reconstruir los últimos días de Pozo, para determinar cómo y por qué fue asesinado, así como a los autores del crimen y descuartizamiento.

Las pesquisas llevaron a Carabineros hasta Jorge Martínez Arévalo, un comerciante y funcionario municipal de La Pintana que se suicidó antes de enfrentar a la Justicia, y que hasta ahora es el principal sospechoso del crimen.

Se presume que Martínez Arévalo llevaba una doble vida, pues por un lado era un ejemplar marido y padre, pero la información que ha recabado el fiscal indica que en privado el presunto asesino era un individuo con tendencias homosexuales, por lo que pagaba a jóvenes para satisfacer sus deseos.

Entre ellos estaba Pozo, quien lo habría extorsionado, según Martínez da a entender en una carta que dejó antes de pegarse un tiro en la sien.


Las contradicciones en el caso Martínez

Héctor Rojas y Patricio Carrera – Paginapolicial.blogspot.com

16 de abril de 2006

Las contradictorias hipótesis de las policías, la doble vida del único sospechoso y el sangriento desenlace de un hecho que conmocionó al país. Caso descuartizado: la historia de mentiras tras un crimen imperfecto. El hallazgo de restos humanos esparcidos por Santiago dio inicio a una intriga policial como pocas en la historia de la investigación criminalística chilena. La fiscalía descubre las verdaderas razones que tuvo el comerciante para sembrar pistas falsas en una carta en la que reconoció implícitamente su autoría en el homicidio.

Una venganza entre narcotraficantes, una brutal lección por traicionar a antiguos cómplices, un crimen pasional cometido por encargo, etc. Toda hipótesis quedó corta frente a lo escabroso de lo que realmente ocurrió en el caso del descuartizado de Puente Alto.

Un hombre aparentemente ejemplar, padre de familia, próspero comerciante y dirigente gremial jugado por los suyos. Al otro lado de la moneda un joven marginal, drogadicto, vagabundo, ladrón, de rasgos finos y pelo rubio. Nada en común entre ambos. Y mucho a la vez.

Jorge Martínez Arévalo, de 41 años, jefe de inspectores de la Municipalidad de La Pintana, es hasta ahora el único sospechoso del crimen de Hans Hernán Pozo Vergara, de 20 años, «El Rucio». Pero Martínez se suicidó antes de llegar a responder ni una pregunta sobre el homicidio.

El fiscal jefe de Puente Alto, Pablo Sabaj, a cargo de la investigación, ha reunido evidencia suficiente como para acreditar que Martínez llevaba una tortuosa doble vida y que se relacionaba con jóvenes que ejercían el comercio sexual gay, entre ellos «El Rucio».

1. Trozos de Hans

Pero Martínez escribió una carta preparando su suicidio. Sintiéndose acorralado y viendo a diario las noticias que hablaban del «caso descuartizado», inventó en la nota que Hans era su hijo y lo estaba extorsionando. Una prueba de ADN derrumbaría esa versión. Era una más de las mentiras de Martínez, quien en la misiva sostiene que pidió ayuda a dos policías para resolver su «problema» con el muchacho.

Pozo fue asesinado de dos tiros en la nuca y su cuerpo fue descuartizado en 10 partes que fueron diseminadas en las comunas de Puente Alto y San Bernardo. Antes, el o los autores del crimen cercenaron las yemas de los dedos y los tatuajes del cuerpo para impedir su identificación.

Los trozos fueron lavados cuidadosamente y luego refrigerados.

Jorge Martínez se quitaría la vida la tarde del sábado 8 de abril pegándose un tiro en el cráneo, mientras personal de Carabineros intentaba interrogarlo por el crimen. Tras de sí dejó una sombría historia de dudas, una carta colmada de falsedad y la sorpresa de una doble vida que recién ahora se comienza a conocer.

El lunes 27 de marzo un perro quiltro llamado «Rocky» es visto en la población Marta Brunet con un pie humano aferrado en su hocico. Nace así el caso del «descuartizado de Puente Alto». La fiscalía local ordena de inmediato a Carabineros efectuar un rastreo minucioso en la zona frente a la posibilidad de hallar más restos humanos. Esa misma noche los efectivos policiales encuentran la cabeza con dos impactos de bala y la nariz arrancada de la cara.

Los vecinos del sector comienzan a hablar de una venganza narco y mencionan una misteriosa camioneta blanca que fue vista arrojando desperdicios por el sector.

El miércoles 29 fueron hallados los dos brazos y las dos piernas. Los tatuajes de las extremidades estaban cercenados. Al día siguiente fue hallado el pie izquierdo. A esas alturas el horror no hacía más que aumentar. El jueves, el fiscal Sabaj ordena al Servicio Médico Legal la confección de un retrato digital del rostro de la víctima, el que es exhibido públicamente ante la posibilidad de que alguien pueda aportar datos sobre el caso o reconocer al descuartizado. Quedaba claro que no se estaba ante un caso vulgar de homicidio.

2. La Identificación

Juan Molina, «El Huaso Molina», es interrogado ese mismo día por su presunta vinculación con el crimen al ser el dueño de la camioneta sospechosa. Efectivos policiales allanan su casa y lo detienen por porte ilegal de armas. Permanece recluido por cinco horas, pero éste niega cualquier vinculación con el crimen.

Cuatro días más tarde son halladas las manos. Las yemas habían sido arrancadas a cuchillo.

El martes 4 de abril, en un camino rural de San Bernardo, Carabineros encuentra el tronco. Las nalgas no estaban y tampoco las vísceras. Se detecta que las partes del cadáver habían sido lavadas y expuestas al frío.

Simultáneamente, el Laboratorio de Criminalística de Investigaciones logra reconstruir con éxito las impresiones dactilares de la víctima. Tras cotejar esa información en los archivos carcelarios, el miércoles 6 Gendarmería determina que los restos corresponden al joven expresidiario Hans Pozo Vergara.

La idea del fiscal Pablo Sabaj era mantener durante 10 horas en secreto la identidad de Pozo para avanzar en las pesquisas. Pero una descoordinación con Investigaciones deriva en que el nombre se haga público, dificultando las diligencias, según reconocería más tarde el propio fiscal.

Esa noche en la Villa La Cultura, quienes conocen a Hans Pozo señalan que el joven era adicto a la pasta base y que se dedicaba a la prostitución como una manera de costear su dependencia. Lo definen como una persona tranquila que deambulaba por el sector.

3. Hipótesis Contradictorias

Ajenos al trajín policial, los vecinos ya tienen su propio sospechoso: un comerciante de helados del sector. Varios jóvenes señalaban que esta persona buscaba a Pozo para requerir sus servicios sexuales.

Efectivos de la BH y Carabineros reúnen testimonios sobre la vida de «El Rucio» y se comienzan a esbozar las primeras líneas de investigación.

La policía civil apuesta por un ajuste de cuentas entre narcotraficantes vinculados al crimen organizado. Incluso piden dos órdenes de detención al fiscal Sabaj: una para un ciudadano mexicano y otra para el dueño de una camioneta Volkswagen Saveiro supuestamente ligado a Hans Pozo. El fiscal niega la solicitud. Mientras, Carabineros indaga un presunto crimen pasional de carácter homosexual.

Paralelamente, la fiscalía detecta que una de las direcciones dadas por Hans Pozo en investigaciones penales era nada menos que la del… heladero. La BH no habría compartido esa línea investigativa insistiendo en su tesis del crimen organizado, por lo que las pesquisas son encomendadas por Sabaj al OS-9 de Carabineros.

4. El Suicidio

Querían hablar con él, pero todo salió mal. Cerca de las 15.00 del sábado 8 de abril unos 10 efectivos de Carabineros llegaron hasta la distribuidora de helados de Jorge Martínez, en Venancia Leiva con Santa Rosa. Su intención era interrogarlo sobre el caso. Desde el exterior del local se escuchó un tiro. Martínez había escapado hasta una pieza interior, donde se disparó en la sien.

El frontis del local se colmó de policías de ambas instituciones y, según versiones que se manejan al interior de Carabineros, algunos detectives esparcieron el rumor de que los policías uniformados habían matado al comerciante, quien, además, no tenía nada que ver en el crimen de Hans Pozo.

Róbinson Martínez, hermano del microempresario, fue el primero en atenderlo y en medio de gritos y su mano derecha manchada con la sangre de Jorge acusó a los policías de darle muerte.

Peritajes ordenados en el lugar y una autopsia practicada en el SML han desvirtuado esta tesis, al establecer que se trató de un suicidio.

5. La Carta

Ese mismo día en la noche se descubre que el comerciante había dejado una carta de 20 páginas escritas a mano. En ella hizo un implícito reconocimiento en la autoría del crimen, al asegurar que Pozo lo extorsionaba por el tema de la paternidad.

El lunes 10 peritos del Labocar encuentran abundantes rastros de sangre en el furgón de Jorge Martínez. El análisis no dejó dudas: era la sangre de «El Rucio».

Hasta el momento se ha establecido que gran parte de lo escrito era mentira y que la angustia de que la doble vida que llevaba se hiciera pública lo habría llevado a matar al joven y esparcir sus restos. Ello, sin siquiera imaginar lo que vendría.

Las pistas falsas que se han descartado

Desde distintos frentes, numerosas pistas falsas han contaminado la investigación del homicidio y descuartizamiento de Hans Pozo Vergara.

Las primeras se refieren a las tesis policiales preliminares manejadas por la Brigada de Homicidios en relación con que el homicidio estaba relacionado con el crimen organizado. Los policías incluso pidieron al fiscal dos órdenes de detención de personas que, según ha quedado comprobado, nada tenían que ver en el asesinato.

Las otras versiones falsas se refieren a la carta dejada por Martínez, en la que asegura que Hans era su hijo y que pidió ayuda a dos policías para eliminarlo.


El asesinato de Hans Pozo

Última actualización: 4 de febrero de 2016

El asesinato de Hans Pozo fue un caso policial chileno que se dio a conocer el 27 de marzo de 2006, cuando un niño de la comuna de Puente Alto, en la zona sur de Santiago, notó que un perro callejero portaba un pie humano que había encontrado, aparentemente, en un basural cercano.

Hallazgo

Un día después del descubrimiento del pie, la Policía de Investigaciones encontró en el mismo sector la cabeza de la víctima que presentaba dos impactos de bala de 9 mm, cortes en las mejillas y la nariz removida. El 29 de marzo, se encontraron sus brazos, a los que les habían cortado las manos y arrancado cuatro tatuajes. Al día siguiente se descubrió su pie izquierdo.

El 2 de abril, dos mujeres recolectoras de plástico denunciaron a la policía el hallazgo de dos manos con las huellas digitales arrancadas dentro de una bolsa al final de la avenida Santa Rosa, en Puente Alto. Al día siguiente, en la comuna de San Bernardo, una mujer encontró el torso de la víctima con sus vísceras y glúteos removidos dentro de un contenedor de basura.

Investigación

A todas las partes encontradas se les realizaron pruebas de ADN, las cuales confirmaron que correspondían a la misma persona, pero aún la policía no sabía con certeza su identidad. Para dar con su nombre, los peritos forenses reconstruyeron sus diez huellas digitales a partir de los bordes que quedaron en sus yemas y de pequeños colgajos de piel que el asesino no arrancó en tres de sus dedos.

Durante este proceso, también se utilizó el tatuaje de un Cupido que el homicida no quitó de un brazo de su víctima, el cual fue fotografiado para ser mostrado en diversas cárceles del país con la esperanza de que algún presidiario lo reconociera. Esta táctica dio resultados, pues uno de los reos aseguró haber confeccionado ese tatuaje a uno de sus excompañeros, confirmándose así que la víctima estaba registrada en los archivos de Gendarmería.

Una vez obtenidos los dibujos de sus huellas digitales, se cotejaron con tres registros: los del Registro Civil, los de la Policía Civil y los de Gendarmería. A esas alturas, el nombre de Hans Pozo ya había sido divulgado por la prensa como posible identidad del hasta entonces llamado «Descuartizado de Puente Alto» debido a que el expediente se filtró por Internet.

Su retrato robot, confeccionado por el Servicio Médico Legal, también era de público conocimiento por orden de la Fiscalía Metropolitana Sur. A pesar de que a trece presuntos parientes se les realizaron pruebas de ADN, ninguno dio positivo, pues la verdadera familia de Pozo, hasta ese momento, no había reclamado el cuerpo ni presentado una denuncia por presunta desgracia.

Identificación

El 6 de abril de 2006, diez días después del hallazgo de la primera pista, la Policía de Investigaciones confirmó que el nombre de la víctima era Hans Hernán Pozo Vergara, nacido en la comuna de Independencia el 2 de julio de 1985.

Conocido en su entorno como «El Rucio» o «El Julipi», su último domicilio registrado se ubicaba en la comuna de San Ramón. Después de la identificación, su familia se comunicó con la policía. A partir de entonces la prensa informó, entre otras cosas, que Pozo tenía una hija de tres años, presentaba antecedentes policiales por hurto y robo, era drogadicto, trabajaba esporádicamente como obrero de la construcción y manifestaba conductas homosexuales.

Según un reporte del diario La Cuarta basado en declaraciones de trabajadores sexuales gay que conocían a Pozo, este habría ejercido la prostitución cerca de la Plaza de Armas de Santiago en el año 2006. En el mismo artículo, el presidente de Sidacción confirmó que Pozo acudió a esa organización en el 2004 para informarse sobre la prevención del VIH,16 aunque nunca se practicó el test de ELISA.

Pozo había sido abandonado por su madre a los cuatro años por ser hijo de una relación anterior. En el 2005, Hans acudió a Carabineros de Chile para conseguir la dirección de su progenitora, pero al ir a conocerla fue ahuyentado con un cuchillo por su hermanastro Miguel.

Desde niño pasó por varios hogares de acogida, hasta que uno de sus tíos, Francisco Pozo, se hizo cargo de él, no obstante, a cumplir dieciséis años, Pozo conoció las drogas y terminó en la calle cuando su familia no soportó más los continuos robos que cometía para financiar su adicción a la pasta base.

El principal sospechoso

Días antes de ser asesinado, Hans Pozo pernoctó junto a cuatro hombres en una garita del Paradero 30 de avenida Santa Rosa. Cuando la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones los entrevistó por separado, todos mencionaron el apellido «Martínez».

Las autoridades concluyeron que el homicida había refrigerado los restos de Pozo antes de abandonarlos en diferentes sectores de la ciudad gracias al trabajo de entomología forense realizado por el Laboratorio de Criminalística de Carabineros.

De acuerdo a los especialistas, las larvas de las moscas necrófagas presentes en los restos de Pozo tenían el mismo nivel de desarrollo. Además, por el tamaño del cuerpo de la víctima, se dedujo que no pudo ser conservado en un refrigerador doméstico, sino en uno industrial.

Fue así como los investigadores dieron con Jorge Iván Martínez Arévalo, de cuarenta y un años, funcionario de la Municipalidad de La Pintana y dueño de una heladería ubicada junto a su domicilio, también en el Paradero 30 de Santa Rosa. Cuando las autoridades acudieron a Martínez para interrogarlo, este no se encontraba, por lo que quedó citado para declarar. Al mismo tiempo, el fiscal a cargo del caso, Pablo Sabaj, dio la orden de investigar al grupo O.S. 9 de Carabineros.

La tarde del 8 de abril de 2006, el grupo O.S. 9 se presentó en la heladería de Martínez para realizarle una entrevista rutinaria. Según Carabineros, al escucharlos ingresar, el sospechoso corrió hacia su dormitorio, gritó un par segundos y se suicidó de un disparo en la cabeza. Esta versión fue refutada por los familiares de Martínez, en especial por su hermano y colega, Robinson, quien aseguró que fueron los funcionarios de Carabineros quienes ingresaron a la casa y le dispararon dos veces a Jorge.

Tras la muerte de Martínez, su esposa encontró en su domicilio una carta de veinte páginas en la que él explicaba el tipo de relación que tenía con Hans Pozo. En la nota, Martínez aseguraba que Pozo lo estaba extorsionando porque era su hijo biológico y constantemente lo amenazaba con revelar este secreto a su familia.

Según Martínez, para evitarlo, contactó a dos funcionarios de la policía -que nunca fueron identificados-, quienes, a cambio de dinero, amedrentarían a Hans enviándolo a prisión por un tiempo. Sin embargo, cuando vio las noticias del «Descuartizado de Puente Alto» supo que se trataba de Pozo, viéndose involucrado en un problema mayor. Reconoció, además, su cobardía y sus intenciones de «desaparecer». Lo que gatilló la redacción de la carta fue la extorsión de la que comenzó a ser víctima por parte de los sicarios, quienes le estaban exigiendo más dinero por su trabajo.

Martínez le daba dinero constantemente a Pozo ante sus amenazas. Creía que era su hijo porque en 1984 había tenido una breve relación con una mujer rubia, sin embargo, después de su suicidio se le practicaron pruebas de ADN que descartaron lazos sanguíneos entre ambos.

El 3 de mayo de 2006, el grupo O.S. 9 de Carabineros recolectó muestras biológicas en la heladería de Martínez. Allí, con la técnica del luminol, se detectó una mancha de sangre que había sido lavada. Esta correspondía a Pozo y por su forma se dedujo que el cadáver había estado en ese lugar después de recibir los impactos de bala.

Más tarde, los hermanos de Martínez, tras ser interrogados por el fiscal Sabaj, aseguraron a la prensa que ellos mismos se habían herido una vez y que esa sangre era de ellos. También denunciaron que Carabineros estaban intentando involucrarlos con la muerte de Pozo, algo que negaron tajantemente. Otras muestras de sangre se hallaron en el furgón de Martínez, específicamente en el asiento del copiloto y en el asiento trasero, las cuales también pertenecían a Pozo.

Funeral

El viernes 14 de abril de 2006, el Servicio Médico Legal entregó los restos de Hans Pozo a su familia adoptiva, la cual le organizó un velorio en la sede social «La Casona» de La Pintana. Al día siguiente, unas trescientas personas lo acompañaron en su funeral, que concluyó en el cementerio Jardín Sacramental de San Bernardo.

El 5 de mayo de 2006, la expareja y madre de la hija de Pozo presentó una querella en el Juzgado de Garantía de Puente Alto contra quienes resultaran responsables de la filtración del expediente del caso, incluyendo doce imágenes del cuerpo descuartizado de Pozo que circularon por Internet en cadenas de correos electrónicos.

Desenlace

En 2007, la Fiscalía Sur concluyó que Jorge Martínez Arévalo era el culpable del homicidio y descuartizamiento de Hans Pozo. Su familia, amparada por el psicólogo forense Cristián Araos, insistió con la tesis de que Martínez no se suicidó, sino que fue abatido por Carabineros, logrando llevar el caso a la justicia militar. En marzo del mismo año, la expareja de Pozo, Linda Baeza, interpuso una querella contra Miguel Martínez Arévalo, hermano de Jorge, por considerar que también estuvo involucrado en el crimen.

El 18 de abril de 2013, el fiscal a cargo del caso, Pablo Sabaj, solicitó el sobreseimiento de la causa, lo que fue decretado por el Juzgado de Garantía de Puente Alto. Esta decisión se tomó porque durante los siete años de investigación nunca se pudo comprobar que Jorge Martínez Arévalo actuó con la ayuda de terceras personas.

Legado

La historia de Hans Pozo inspiró algunas obras literarias, como El pecado de El Rucio: Las claves del crimen de Hans Pozo (2007) y Pozo (2007). También se produjo una obra teatral basada en el caso, H.P. Hans Pozo, la cual recibió el premio de la Municipalidad de Santiago y el Consejo Nacional del Libro y la Lectura como «Mejor obra literaria del 2007» en el área de teatro.

En el 2009, el artista visual Felipe Santander presentó en el Centro Cultural Recoleta su obra Greatest Hits, que incluyó una serie de bastidores confeccionados con cuero sintético y otros materiales que representaban diferentes escenas de la vida de Hans Pozo.

En la comuna de Puente Alto, cerca de la población Marta Brunet, lugar donde se encontraron algunos de los restos de Hans Pozo, personas conmovidas por su historia erigieron una animita para venerarlo. Con el tiempo, algunos seguidores de Hans Pozo comenzaron a atribuirle milagros, por lo que en su animita se concentran diversos obsequios y ofrendas en agradecimiento.

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