Jeremy Bamber
  • Clasificación: Asesino en masa
  • Características: Parricida
  • Número de víctimas: 5
  • Periodo de actividad: 7 de agosto de 1985
  • Fecha de detención: 29 de septiembre de 1985
  • Fecha de nacimiento: 1961
  • Perfil de las víctimas: 5 miembros de su familia adoptiva: su padre, Ralph Nevill Bamber, de 61 años; su madre, June, de 61; su hermana, Sheila Caffell, de 28, y sus hijos gemelos Nicholas y Daniel, de 6
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Goldhanger, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Condenado a cadena perpetua el 28 de octubre de 1986
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Los sucesos de la granja White House

Última actualización: 12 de marzo de 2015

Conducía coches rápidos y le gustaban el alcohol, las mujeres y las drogas. Enfurecido por la idea de tener que esperar para disfrutar de la cuantiosa herencia de la pareja que le había adoptado, planeó lo que estuvo a punto de ser el crimen perfecto, valiéndose del silencio de la víctima propiciatoria.

LOS ASESINATOS – La llamada desde la granja

Tras recibir una preocupante llamada telefónica pidiendo ayuda, la policía cogió sus armas y se dirigió a una granja remota, decididos a enfrentarse a una joven histérica que portaba un rifle de caza cargado.

En la madrugada del miércoles 7 de agosto de 1985 el teléfono sonó en la comisaría de policía de Chelmsford, en Essex. Todas las llamadas del exterior al número de emergencia 999 quedaban automáticamente registradas en un ordenador, pero pese a que esta llamada no proviniera de esta línea, el agente de servicio recordaba la hora. Eran las 03:26 de la madrugada. Descolgó el teléfono y oyó la nerviosa voz de un joven bien educado.

Dijo que se llamaba Jeremy Bamber y que vivía en Goldhanger. El agente de servicio conocía el lugar, un pueblo a unos 25 kilómetros de distancia, al norte de Maldon. El comunicante contó que acababa de recibir una llamada desesperada de su padre desde un lugar en los alrededores de Toleshunt D’Arcy. «Por favor ven … », dijo su padre, «tu hermana se ha vuelto loca y tiene un arma…». En ese momento Jeremy oyó un disparo y la línea se cortó. Marcó rápidamente el número de su padre, pero estaba comunicando.

El agente de servicio, escéptico al principio y preocupado después, tomó nota de todos los detalles … Granja White House … el número de teléfono es … la forma más rápida de llegar desde el pueblo es … propietario Nevill Bamber.

El agente le dijo a Bamber que fuera a la granja de su padre y esperara la llegada de la policía. El joven contestó que así lo haría y colgó el teléfono. Un grupo armado de 40 hombres se movilizó inmediatamente. El equipo incluía tiradores de la Unidad Especial Armada, entrenados para enfrentarse a asedios, retenciones de rehenes y a hombres armados que actúan en edificios u otros espacios cerrados.

El convoy especial salió hacia Toleshunt D’Arcy, conduciendo a toda velocidad por las estrechas carreteras que se extienden a lo largo del paisaje del sureste de Essex. Se dirigieron hacia el norte en Maldon y adelantaron a un Citroën que iba en la misma dirección a unos 50 kilómetros por hora.

A esa hora, las carreteras estaban oscuras, y casi desiertas. Los coches de policía llegaron al pueblo y se desviaron por Pages Laine, el largo sendero que iba hacia la casa. Al frente se veían las dependencias utilizadas para albergar el equipamiento y otros útiles de la granja. Cerca de ellas estaba la casa de ladrillo rojo con su porche georgiano.

Todo parecía perfectamente tranquilo. La policía se ocultó en posiciones estratégicas desde las que controlaban cada puerta y cada ventana. En poco tiempo todo el edificio estaba rodeado. Seguía sin producirse ningún movimiento dentro de la casa. Los detectives Bill Miller y Ronald Cook ocuparon sus posiciones enfrente de la fachada principal. Cook estaba al mando de los encargados de tomar huellas dactilares y de los agentes forenses del grupo.

Poco tiempo después, el mismo Citroën que la policía había adelantado en la carretera entró por el sendero. Un hombre de aspecto juvenil, de unos “veintitantos” años, salió del coche. Era Jeremy Bamber. Cuando la policía comenzó a hacerle preguntas se mostró seguro de sí mismo, tranquilo y un poco arrogante. Explicó que el arma a la que se había referido su padre por teléfono era un rifle semi-automático Anchutz del calibre 22 utilizado para cazar conejos. Él mismo lo había dejado en la casa de su padre la tarde anterior. Por lo que respecta a su hermana, no parecía inspirarle mucha simpatía.

Explicó que su nombre era Sheila Caffell, pero todo el mundo la llamaba Bambi. Ambos eran hijos adoptivos, pero Sheila era dos años mayor que él y estaba separada de su marido. Tenía un largo historial de depresiones que culminaron en dos crisis nerviosas. La última la sufrió en marzo de ese mismo año y nada más salir del hospital se fue con sus dos hijos a White House.

«Mi hermana es una chalada», dijo Bamber, «se ha vuelto muy rara», y añadió, «no nos llevamos demasiado bien.»

«Preferiría no entrar en la casa mientras ella estuviera armada. Puede enloquecer en cualquier momento como ya ha ocurrido anteriormente.»

La policía hizo varios llamamientos con un megáfono, pero no hubo respuesta a ninguno. Mientras transcurría el tiempo, Jeremy Bamber proporcionó a los detectives un claro retrato de la vida familiar en el interior de aquel caserón del siglo XVIII. La finca era propiedad de sus padres adoptivos, Nevill y June, y tenía 400 acres. Describió después la distribución de cada planta de la casa. En base a esto, los policías pensaron dónde se escondería alguien que llevara un rifle y elaboraron un plan de ataque. Además de su propia seguridad, tenían que considerar el riesgo que correrían los miembros de la familia que estuvieran retenidos como rehenes.

También cabía la posibilidad de que la inestable hermana de Bamber no estuviera en la casa, sino escondida en el campo.

La policía mantuvo la vigilancia hora tras hora. Finalmente, al salir el sol, se tomó la decisión de entrar en la casa por la fuerza. A las 07:30 de la mañana un grupo de diez hombres recibía las últimas instrucciones y estudiaba un boceto de la casa que el muchacho había dibujado. El grupo se arrastró cautelosamente hasta la puerta de la cocina, temiendo que la hermanastra de Bamber estuviera esperándoles totalmente agotada, medio trastornada y con un rifle cargado.

En el exterior, los tiradores comenzaron a disparar con sus rifles después de asegurarse de que la última advertencia por el megáfono no producía respuesta alguna. A continuación, derribaron la puerta de la cocina y entraron en la casa rápida y sigilosamente cubriéndose unos a otros. Todos esperaban una reacción violenta.

Sin embargo, no encontraron resistencia. No se oyó un solo movimiento, ni siquiera un ruido. Se quedaron sin respiración al contemplar las escenas de carnicería que hallaron en la casa. Desplomado cerca del teléfono estaba el propietario, Nevill Bamber. Le habían disparado seis veces en la cabeza y en el cuello, y tenía dos disparos más en un hombro y en un brazo. La habitación parecía un matadero. Era evidente que había habido una lucha. El padre, un robusto granjero de 61 años, había sido fuertemente golpeado.

Subieron al piso de arriba y encontraron al resto de la familia. Los gemelos, Daniel y Nicholas, yacían muertos donde habían dormido. Daniel, que había recibido cinco disparos, todavía tenía su pulgar en la boca. Nicholas recibió tres disparos. En el dormitorio principal, la mujer de Nevill, June, estaba tumbada en camisón cerca de la puerta. Aquí también había habido lucha. Había manchas de sangre en su camisón y una Biblia tirada en el suelo. La señora Bamber murió bajo una lluvia de balas. Tenía siete heridas, una de ellas entre los ojos.

Por último, Sheila Caffell, hermanastra de Jeremy Bamber, fue encontrada descalza, tumbada de espaldas cerca de la ventana del dormitorio de su madre adoptiva. También estaba en camisón. Tenía una herida de bala en la garganta y un disparo que atravesó la mandíbula y llegó hasta el cerebro. El rifle tenía la culata dañada y el cargador vacío.

Los agentes de policía bajaron para contarle a Jeremy Bamber que su familia había sido masacrada. Este vomitó y un médico de la policía le preparó una pequeña dosis de whisky.

*****

La llamada

Jeremy Bamber dijo al agente de policía de servicio en Chelmsford que acababa de recibir una llamada preocupante de su padre. La línea se había cortado, pero cuando marcó el número de su padre no cesaba de comunicar.

Sin embargo, si su padre hubiera soltado el teléfono cuando fue atacado, la comunicación no se habría cortado. Bamber no podía haber escuchado un tono de comunicación normal hasta que el otro teléfono estuviera colgado; de no ser así, habrían sido automáticamente contados dos pasos. A esas horas de la noche, habría tardado unos diez minutos en recuperar la comunicación. Este hecho por si sólo hubiera determinado el derrumbamiento de la historia de Bamber.

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Buscando pistas

El primer paso a seguir es sellar el lugar del crimen para que sólo tengan acceso los agentes de policía, médicos y otras personas autorizadas. Los primeros agentes en llegar al lugar de los hechos se aseguran de que las pruebas no sean manipuladas y los agentes especialistas, en el escenario del crimen, comienzan su meticulosa inspección lo antes posible.

En el caso de la granja de White House una de las reglas básicas fue violada: no tocar nunca las pruebas con la mano desnuda, sino con guantes de plástico. El análisis científico es tan riguroso que se aconseja a todos los agentes que no vistan prendas de fibra para impedir que sus hebras se confundan con las halladas en el escenario del crimen.

El equipo busca pistas como manchas de sangre, huellas de coche, etc., pero deben llevar una cantidad suficiente de bolsas y de recipientes en los que poder meter objetos insospechados de cualquier tamaño y llevarlos al laboratorio.

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PRIMEROS PASOS – El confuso niño mimado

La infancia de Jeremy Bamber motivó su desarraigada inseguridad. Adoptado en la niñez, se crió entre los grandes terratenientes de Essex.

Nevill y June Bamber vivían en la rústica tranquilidad de sus inmensas propiedades en Tolleshunt, cerca de Maldon, en Essex. Pero el hecho de no poder tener hijos les había producido una gran tristeza desde los primeros años de matrimonio.

Él, antiguo piloto de la RAF, recorría palmo a palmo los límites de cada propiedad, paseando por los caminos con una escopeta y un perro labrador negro. Su esposa disfrutaba ofreciendo sus servicios a la comunidad local. Ambos deseaban ardientemente tener hijos para continuar la tradición familiar en aquella región.

En 1957, cuando los Bamber tenían 34 años, adoptaron un bebé gracias a la Sociedad para la Adopción de la Iglesia de Inglaterra. En 1961 completaron la familia adoptando a Jeremy cuando tenía tres meses.

El niño asistió al Maldon Court, un colegio privado de enseñanza primaria en Essex. Allí demostró tener aptitudes de actor, de las que hizo alarde tras los asesinatos. Los años de la escuela secundaria los pasó en el internado de Gresham, en Holt, Norfolk. La cuota, de 1.000 libras por trimestre, refleja la preocupación del matrimonio en prepararle para las responsabilidades de un terrateniente.

Jeremy, sin embargo, estaba profundamente resentido por el hecho de haberle enviado fuera de su hogar. ¿Por qué su madre le enviaba tan lejos después de haberle adoptado?

En Gresham, el expediente académico del muchacho fue mediocre, pero aprendió a disfrutar de las clases de tiro. Ya en el colegio, la inseguridad del niño era preocupante. En una fotografía escolar aparece de pie en la última fila levantando la barbilla, mirando fríamente, reclamando atención con cierta arrogancia. Los que le conocieron en el colegio se dieron cuenta de su necesidad de manifestar su superioridad.

«Era el tipo de chico difícil y susceptible», recuerda el director Bruce Lockhart. «Creo que algunos chicos le encontraban irritante por sus despiadadas bromas.» «Desde pequeño se mostró muy altivo.»

Un antiguo amigo del colegio, John Fielding, le recordaba como una persona «un poco excéntrica».

Bamber tuvo muy poco interés por los estudios, pero, tras una breve temporada en el colegio de Colchester, se las arregló para conseguir siete aprobados en el bachillerato elemental. Sus padres estaban ansiosos por enseñarle todo sobre la economía y entrega necesarias para llevar la granja.

June Bamber estaba también deseando fomentar sus creencias religiosas. Parecía tener muy poco interés por el culto cristiano en el que le estaba educando su madre. Más tarde, él, que no entendió esa enseñanza, llegó a comentar incluso que sus padres eran unos fanáticos religiosos. A pesar de todo esto, la carrera académica de Jeremy y su personalidad parecían mucho menos problemáticas que las de su hermanastra. Sheila había sido expulsada de varios colegios en Norwich y Eastboume, antes de asistir al último curso en Swiss Cottage, en Londres.

Antes de cumplir veinte años, Jeremy Bamber pasó una temporada viajando por Australia y Nueva Zelanda, donde empezó un curso de dirección comercial. Este fue uno de los muchos temas que abandonó nada más empezarlos.

Cuando volvió a casa, en Essex, sus padres intentaron completar la formación de su hijo adoptivo haciéndole capataz de la granja, comprándole una casa en el campo, una furgoneta y un terreno de 48 acres de tierra en el pueblo de Goldhanger. Pero Bamber aún era demasiado joven e irresponsable como para establecerse por su cuenta.

Le gustaba que hubiera un toquecito de ilegalidad en su vida, mujeres atrevidas y cochazos rápidos. Todo esto no podía permitírselo con su renta de 8.750 libras anuales, así que poco a poco fue hablando de sus padres como el mayor obstáculo a sus ambiciones. Sabía que algún día las tierras serían suyas y le enloquecía la idea de no poder disfrutar de toda aquella fortuna mientras fuera joven.

Era amigo íntimo de Julie Mugford, quien más tarde testificaría contra él. Confiaba más en la madre de Julie que en la suya propia, pese que a veces le importunaba preguntándole por qué no se casaba ya con su hija, si casi vivían juntos.

«Jeremy sentía gran aversión por su madre», declaró la señora Mugford. «Solía llamarme mami todo el tiempo. Me ofreció el coche de su madre. Esto fue justo después de los asesinatos. Quería venderlo todo.» Parece que la señora Mugford comprendió a Bamber mejor que nadie. Pronto se dio cuenta de que su arrogancia le ayudaba a creer que tenía el derecho de hacer lo que quisiera.

«Jeremy siempre estuvo convencido de que lo que hizo fue lo correcto», dijo por último.

*****

LA INVESTIGACIÓN – La chica de los ojos extraños

Los vecinos estaban acostumbrados a oír a Sheila Caffell gritando debido a sus visiones religiosas. De repente, todo el país pudo leer en los periódicos que una mujer joven totalmente desequilibrada había disparado contra sus hijos hasta matarlos.

La sirena de la policía, oculta entre los árboles de los alrededores de la granja White, les iluminó cuando bajaron sus armas. Había sido una noche muy larga. Hora tras hora habían estado contemplando la oscuridad, soportando un silencio que helaba la sangre. Ahora, muchos de ellos parecían paralizados por una gran resignación.

Cook guió a su equipo forense al interior de la casa. Poco después se les unió el doctor Craig, médico de la policía. El detective no había conocido a la familia Bamber, pero estaba convencido de que habían sido gente sencilla, estrechamente unidos a sus propiedades. Lo que parecía más raro en todo el asunto era el comportamiento de Sheila, la hermanastra de Bamber.

En el piso inferior había señales de lucha que parecían demostrar que el padre había peleado con alguien antes de ser disparado. En las caóticas habitaciones del piso de arriba podía verse que June Bamber y los gemelos habían sido víctimas impotentes de aquella carnicería. Sheila Caffell dejó este tremendo rastro tras de sí.

El doctor Craig examinó detenidamente a la joven. Tenía dos heridas de bala. Un disparo la había atravesado la yugular, el segundo entró por la mandíbula y llegó hasta el cerebro. Debía haber muerto instantáneamente, cayendo de espaldas y soltando el rifle.

Tenía alguna que otra contusión en la cara, pero, aparte de esto, no había ninguna otra señal. Sus manos y pies estaban limpios y sus largas uñas perfectamente arregladas. Craig meditó sobre lo que había visto y sacó las primeras conclusiones.

Los policías están acostumbrados a percibir el ambiente y sentimientos reinantes en una casa. En la granja White House se respiraba una atmósfera hogareña y familiar. Las puertas y ventanas estaban cerradas y no había ningún indicio de que un ladrón desconocido hubiera forzado la entrada, matado a cinco personas y se hubiera marchado después con o sin botín. Un simple ladrón no hubiera disparado 25 balas, no se hubiera detenido a masacrar a los niños. Aquella matanza parecía ser un acto de violenta locura, un arrebato de pasión.

Cuando el doctor Craig expresó su primera impresión, Cook y Miner pensaron más o menos lo mismo. En su opinión, la joven había asesinado a su familia y después se había suicidado. Cook debía estar más agotado de lo que creía. Llevaba mucho tiempo sin dormir y no era un oficial con la categoría necesaria para resolver un caso como este. Para él, éste era sencillamente un «caso doméstico», un asunto familiar sin más.

Los policías se habían fijado en lo tranquilo que había permanecido Jeremy Bamber durante la angustiosa espera de aquella noche. Pero las pruebas eran arrolladoras y demostraban que este había sido un crimen violento, fruto de alguien desequilibrado como Sheila Caffell.

El estado en que se encontraba la casa también debió de influenciar a la policía. Los Bamber habían estado muy ocupados en la recogida de la cosecha, pero los salones tenían poco del desorden del ajetreo diario. Estaban ordenados meticulosamente. Los detectives no tuvieron que examinar montones de detalles irrelevantes. Aquella carnicería humana y la impresión de que se trataba de un caso familiar resuelto fueron el contraste más destacado.

Cuando llegó el agente encargado de dirigir el caso, el detective Inspector Jefe Tom Jones, la policía, presente ya en la escena del crimen, estaba recogiendo las pruebas necesarias para cerrar el caso según la teoría del «asesinato-suicidio». Jones, conocido por «Taff» entre sus compañeros, escuchó lo que sus subalternos le contaron y estuvo de acuerdo con sus teorías. Visto el lugar de los hechos, no tenía ningún motivo para rechazar esta versión, dejó que sus hombres se encargaran del caso y se marchó.

En vista de que el caso parecía resuelto, los expertos en huellas dactilares del equipo de Cook no fueron tan meticulosos como exigía la investigación de un crimen aparentemente tan complejo como éste. La policía no tomó las huellas de la familia, ni siquiera las de Jeremy Bamber. No se pusieron guantes para recoger el rifle automático. Se reunieron un montón de objetos para analizarlos, pero partes enteras de la casa, y su contenido, fueron registrados por la policía muy descuidadamente.

Cuando se retiraron los cadáveres, Bamber empalideció. Dijo a la policía que no pasaría por el doloroso trance de entrar en la casa después de lo que había visto, a menos que se eliminaran todas las señales de tan tremenda tragedia.

Los detectives fueron compasivos. Limpiaron las manchas de sangre que había en una pared, retiraron las ropas de cama y alfombras de dormitorios y salones. También se llevaron otros objetos molestos, como una manta eléctrica y los colchones de los gemelos. Dos días más tarde la policía lo puso todo en una pira y lo quemó.

Un agente de policía fue destinado a localizar a la novia de Bamber, Julie Mugford. Cuando le contaron lo sucedido, ella no dijo nada, pero parecía profundamente afectada. Nada más ver a Bamber se abrazó a él. Un policía que estaba cerca oyó que susurraban algo y después un sonido que pudo haber sido una risita o simplemente tos. El agente no estaba seguro.

La pequeña población de Tolleshunt D’Arcy comenzó a saber de los asesinatos mientras se desarrollaba la investigación policial.

Un granjero dijo de ellos: «Esas personas eran el pilar de la vida del pueblo.» Nevill y June Bamber eran conocidos por su constancia, piedad y constantes servicios a la comunidad. Él había ejercido como magistrado en la cercana población de Witham durante más de 10 años. Ella había sido una incansable colaboradora en la Iglesia de San Nicolás, una pequeña parroquia del siglo XIV, visitando a los enfermos y ancianos.

El reverendo Bemard Robson parecía aceptar la teoría de que los crímenes fueran un asunto de familia: «No tenía ni idea de que algo fuera mal entre ellos.»

Todo lo que la policía oía sobre Bambi confirmaba lo que el hermanastro les había contado sobre ella. Un vecino dijo: «Sus ojos tenían una mirada salvaje. Pensé que o era la mujer más enferma del mundo o estaba metida en “algo”. Sus ojos te seguían a todas partes.»

Otro contó que: «Un día despertó a todos los vecinos gritando «el mundo es maligno… tú eres maligno».

Los detectives estaban convencidos de que Bamber no sólo no había exagerado con respecto a su hermana, sino que, en todo caso, había suavizado su historia. La policía oía constantemente historias de una mujer que tenía visiones delirantes y que iba proclamando por ahí que era Cristo. Algunos amigos de la familia contaron a la prensa que la chica estaba metida en el mundo de las drogas y que lo único que había dado siempre a sus padres eran preocupaciones y dolores de cabeza.

El caso se convirtió en titular sensacionalista en todas las portadas. Los periodistas recorrían el pueblo a todas horas en busca de información sobre Sheila Caffell. Los mismos vecinos estaban sorprendidos de la certeza de las afirmaciones policiales. No sabían que Sheila supiera cómo disparar un arma. Pese a esto, las únicas personas que dudaban de su culpabilidad eran David Boutflour, el primo de Jeremy Bamber, y su hermana, Christine Eaton.

Boutflour apreciaba mucho a sus tíos, el matrimonio Bamber. También quería mucho a Sheila. Años atrás solía llevarla a bañar a Tolleston D’Arcy, donde siempre había sido la reina del baile. «La granja White House era mi segundo hogar», afirmó David. «Ella no era en absoluto como dicen. Era guapa y amable. Tenemos la sensación de que la familia sigue con vida y trata de decimos algo.»

Boutflour no insinuó si sospechaba de alguna persona en particular en ese momento. La mayoría de los hombres de la familia eran excelentes tiradores. El mismo Jeremy era todo un reto para otro de sus primos, Anthony Pargerter, quien había participado en importantes torneos de tiro.

También sabía que hacía tan sólo cinco meses que su padre, Robert, había estado discutiendo con Jeremy sobre la seguridad de la granja en una caravana propiedad de la familia situada en Osea Park, en Essex. Cuando su primo afirmó que era mejor acabar con los intrusos uno mismo, Robert le sugirió que si mataba a alguien su conciencia sufriría siempre.

Bamber contestó: «En absoluto, tío Bobby. Podría matar a cualquiera, podría, incluso, matar a mis padres.»

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Los padres naturales

Cuando sus hijos fueron adultos, Nevill y June Bamber, como la mayoría de los padres adoptivos, les dieron toda clase de facilidades para encontrar a sus padres naturales. En 1982 Sheila encontró a su madre.

Cuando Sheila nació, su madre era la hija soltera del capellán más antiguo de cuantos había al servicio del Arzobispo de Canterbury. En 1957 los padres de Sheila emigraron a Canadá y ella fue dada en adopción. Jeremy Bamber, por otra parte, prefirió no seguir el rastro de sus padres. En 1986 el periódico «The Sun» descubrió que su padre era el interventor de aprovisionamiento del palacio de Buckingham. Jeremy nació en 1961, antes de que la pareja se casara. Fue adoptado tres meses después.

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La ex modelo

De no ser por su inestabilidad mental, Sheila Caffell podría haber hecho carrera como modelo. Trató de ser peluquera, pero su belleza natural la condujo hasta la agencia de modelos de Lucy Clayton. A pesar de que la prensa afirmó que ella era una modelo “top”, su temperamento voluble la impidió seguir ninguna profesión que exigiera determinación y perserverancia.

Pero, bajo la dirección personal de Penny, ella llevó a cabo pequeños y esporádicos trabajos con el apodo de “Bambi”. Su antiguo jefe, Penny Cotton, la describió como “una chica guapa, agradable, silenciosa, un poco introvertida y totalmente entregada al cuidado de su hijos. Algunas veces podía parecer un poco rara”.

Fue este último aspecto de Sheila Caffell por lo que el pueblo de Tolleshunt D’Arcy la recordaría.

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Historia en la prensa

Los asesinatos de la granja White House dieron pie a que los periodistas exageraran especulaciones centradas en Sheila Caffell particularmente. Cuando la historia salió a la luz y la policía hizo pública la presunción de culpabilidad de Sheila, el Daily Mail sacó en su portada el titular: «Modelo asesina a cuatro miembros de su familia», junto a una fotografía de ella que daba fe de todo su encanto. Durante las semanas que siguieron a la masacre, la prensa se permitió hacer descabelladas especulaciones sobre los motivos que pudo tener la joven para actuar como lo hizo.

Corrieron historias sobre su «mirada salvaje» y de que ella siempre estaba metida «en algo». Se rumoreaba que había sido chantajeada por un sindicato internacional de drogas al que debía 40.000 libras y que las propiedades de los Bamber eran utilizadas con regularidad como zona en la que arrojar grandes partidas de droga desde una avioneta que venía «cargada» desde el continente. Cuando el juicio empezó, la defensa de Bamber relató historias aún más peculiares. Se dijo que Sheila Caffell estaba convencida de ser objeto de una conspiración de sus gemelos de 6 años, Daniel y Nicholas. A veces, se decía que creía ser María o una bruja buena.

Esta última teoría fue desarrollada por el abogado de Bamber. Se dijo que ella había estado convencida de que su novio era el demonio, sus hijos misóginos y ella misma una bruja buena con poderes para acabar con la maldad del mundo. Estas historias sólo empezaron a disminuir cuando Bamber fue arrestado y la prensa fijó su atención en la culpabilidad del nuevo acusado.

*****

El luto de un pueblo

Los habitantes de Tolleshunt D’Arey abarrotaron la iglesia de San Nicolás para ofrecer sus últimos respetos a June y Nevill Bamber. Los medios de comunicación también comparecieron para plasmar el dolor del único superviviente de la familia.

Jeremy Bamber se preparó muy bien para el funeral de June, Nevill y Sheila el 16 de agosto de 1986. Llevó puesto un traje de Hugo Bosch para su actuación, cuidadosamente planeada, en la Iglesia de San Nicolás. No asistió al servicio especial que tuvo lugar cinco días antes en memoria de la familia.

Al entrar en la Iglesia, pasó delante de un último recuerdo de su madre adoptiva. En el tablón de anuncios había una lista firmada por June Bamber, la ayudante del párroco.

Durante el oficio y más tarde en el crematorio estuvo llorando como debería de hacerlo un hijo servicial que presentase sus últimos respetos. Pocos oyeron las palabras que murmuró a su novia refiriéndose a sus familiares: «Son como un puñado de hienas esperando ver qué pueden sacar de todo esto.» Después se rió y añadió: «Si piensan que van a conseguir algo deben estar locos.»

David Boutflour, el primo de Jeremy, se dio cuenta de que su primo miraba el reloj durante el funeral y le oyó decir: «Venga, vámonos de aquí, que ya es hora.»

*****

EL ARRESTO – Se cuestionan las pruebas

La policía insistía en que los crímenes habían terminado con el suicidio del asesino. Pero entre bastidores, detectives de la propia familia y técnicos expertos se propusieron probar que estaban equivocados.

El lunes 11 de agosto se efectuó un oficio especial en la Iglesia de San Nicolás, en D’Arcy. La comunidad se reunió en memoria de la familia, y juntos lloraron la pérdida de sus vecinos y amigos.

«Roguemos por que Sheila, que tan triste y penosamente perdió el juicio, alcance la misericordia divina», exclamó el canónigo Eric Turner. A los asistentes se les dijo que Jeremy estaba demasiado afligido como para acudir al oficio. Sin embargo, los allí presentes aún no conocían tres hechos que hubieran demostrado lo poco que la policía había comprendido a la familia Bamber.

El primero de estos hechos era que Jeremy Bamber pasó el día del oficio especial bebiendo champagne rosado con unos amigos. El segundo, que Boutflour y Christine Eaton hicieron su propia investigación en la granja White House. Y el tercero, que un forense del Ministerio del Interior informó de que las heridas de la chica indicaban que no pudo dispararse a sí misma.

El forense también se había dado cuenta de que Sheila, que medía 1,69 m., tenía que haber dominado al altísimo Nevill Bamber, que medía 1,92 m., para poder golpearle con la culata del rifle, tan fuerte como para que algunos fragmentos de madera cayeran al suelo. Decidió que el primer disparo «suicida» que tenía en la garganta la habría dejado totalmente incapacitada, si es que no la mató directamente, para disparar una segunda bala. Había además señales, muy técnicas pero claras, de que uno de los disparos que la mató había sido hecho con un silenciador acoplado al rifle.

Sheila adquirió el mote de «Bambi» por sus largas piernas, pero sus brazos eran bastante cortos. Si el rifle hubiera tenido colocado un silenciador de 15 cm., el resultado de la longitud total del arma apuntando a su cara desde el gatillo sería de 91 cm. No pudo dispararse a sí misma. ¿Y, dónde estaba el silenciador? No había ninguna señal de éste en la habitación en la que encontraron a June Bamber y a su hija adoptiva.

Al principio, los detectives del caso rechazaron el informe de este forense. El 14 de agosto, en el departamento de investigación forense de Chelmsford Shire Hall, Jeremy obtuvo el certificado de defunción y la custodia de los cuerpos de June y Nevill Bamber. Se decidió por la incineración de los dos cadáveres y se siguió adelante con todos los preparativos.

Cientos de habitantes del pueblo volvieron a la Iglesia de San Nicolás dos días después. La Iglesia estaba abarrotada y la multitud se agolpaba en la entrada con la esperanza de oír la misa.

«El amor no oculta un historial familiar de errores», comenzó el reverendo Robson. «Sheila no encontró descanso en su locura, pero el descanso eterno será pronto suyo.»

Los ataúdes se llevaron a Colchester para ser incinerados. Allí, Jeremy Bamber se derrumbó sin poder controlarse al contemplar los restos mortales de su familia. Consolado por su novia, Julie Mugford, Jeremy lloró como un niño desamparado.

Pocos habitantes del pueblo y pocos miembros de la familia conocían a Julie Mugford. Tenía 22 años y era profesora de preescolar en Colchester. Durante el funeral se mantuvo junto a su novio, cogiendo su mano cuando se mostraba afligido; sin embargo, ella no demostró sus propios sentimientos.

El marido de Sheila, Colin Caffell, el padre de los gemelos, colocó un ramo de rosas amarillas, las favoritas de ella, en su ataúd. Junto a una nota que decía: «Querida Sheila, siempre te imaginaré junto a nuestros hijos. Con amor: Colin.»

Alguien añadió un ramo de rosas y margaritas con un mensaje de los niños: «Pronto estaremos juntos otra vez, mami. David y Nicholas.»

Los gemelos fueron enterrados en la Iglesia de San Jaime en Hampstead. Su desconsolado padre, que asistía a un segundo funeral en menos de tres días, leyó ante los ataúdes cubiertos de flores el cuento favorito de los gemelos: «El principito». Poco después los enterraron con el cofre de madera que contenía las cenizas de su madre.

David Boutflour y Christine Eaton habían registrado la granja tres días después de los asesinatos. Sabían que para efectuar 25 disparos, recargando dos veces, se necesitaban unos conocimientos de coordinación de los que Sheila carecía.

Volvieron sobre los pasos de la policía y llegaron hasta el estudio donde Nevill Bamber tenía su armero. La policía no había visto nada trascendente en su interior, pero Boutflour vio rápidamente el silenciador. Lo estudió y comprobó que podía encajar perfectamente en un rifle del calibre 22.

Ya familiarizados con cada rincón de la casa, los hermanos continuaron su búsqueda. Mientras ella hacía algunas comprobaciones en la ventana de la cocina, se dio cuenta de que, pese a parecer apresuradamente cerrada desde el interior, podía abrirse fácilmente desde fuera.

Él encontró restos de sangre dentro del silenciador y varios arañazos diminutos en la repisa de la cocina. Todo esto se lo notificó a la policía inmediatamente, pero prestaron tan poco interés, que pasaron dos días antes de que fueran a recoger el silenciador.

Jeremy había estado ganando unas 9.000 libras como administrador de las propiedades de la finca. Además, poseía un tercio de los beneficios que producía un terreno de 48 acres y un 8% de los beneficios de un camping de la familia. Ahora, sólo tenía que esperar para heredar una fortuna de varios cientos de males de libras.

Los habitantes de Tolleshunt D’Arcy, que conocían el estado económico de Bamber, se sorprendieron al oír, el 8 de septiembre, que había sido arrestado por la policía de Essex en un apartamento de Londres. Le acusaron de robo y de la desaparición de 980 libras que había en la caravana en marzo de ese mismo año.

Fue llevado a un juzgado especial en Chelmsford al día siguiente. Extraordinariamente, la fianza por estos «cargos menores» fue rechazada. ¿Podía esto significar que la detención había sido una excusa para interrogarle sobre otros temas? Al parecer no era así, porque el 13 de septiembre obtuvo la libertad incondicional bajo fianza y se fue de vacaciones a la ciudad de Saint Tropez, en el sur de Francia. No se fue con Julie Mugford, sino con un viejo amigo de Nueva Zelanda llamado Brett Collins.

Julie, liberada brevemente de la autoritaria, suplicante y carismática influencia de su amante, tuvo tiempo para pensar. Había algo que la atormentaba profundamente y Bamber se había dado cuenta de que, durante unas semanas, ella había estado ocultando sus sentimientos. Al abandonarla para irse de vacaciones con Collins, estaba jugando sus cartas de forma un tanto temeraria.

A finales de septiembre, Julie fue a ver a la policía de Essex. Les contó que Jeremy había pasado meses planeando asesinar a sus padres. Quería cometer el crimen perfecto. Su primer plan consistía en ponerles droga en la bebida, dispararles y prender fuego a la casa. Decidió no llevarlo a cabo porque la prima del seguro de la casa era mínima y porque un valioso reloj antiguo quedaría también destruido.

Los detectives la escucharon con atención. ¿Estaba la novia de Bamber contándoles algo de lo que ellos no se habían dado cuenta? ¿Estaba mintiendo por alguna razón? La dejaron seguir hablando.

Julie Mugford describió cuánto odiaba Bamber a su madre, a la que llamaba «vieja vaca», y cómo deseaba romper sus lazos con la familia. Cuando ella le preguntaba por qué no se marchaba de allí, Jeremy contestaba que tenía mucho que perder y que es fundamental tener dinero cuando se es joven.

El 6 de agosto, la tarde anterior a la masacre en la granja, Bamber la llamó, había tomado una decisión. «Tiene que ser esta noche o nunca.» Julie le dijo que no fuera estúpido, pero él ya había colgado. Los detectives no se enteraron de que por decisión propia no había telefoneado a la familia para avisarles.

A las 3 de la madrugada el teléfono de Julie volvió a sonar otra vez. Era Jeremy. «Todo va bien», dijo. Ella se estremeció. «No te preocupes. Algo va mal en la granja. Adiós, cariño. Te quiero. Besos.»

Ella contó que, antes de que él se fuera a Saint Tropez, le había avisado de que le resultaba muy doloroso seguir ocultando la verdad. Bamber contestó: «Mi vida está en tus manos.»

Cuando Julie Mugford acabó su declaración, el agente al mando, el superintendente Michael Ainsley, revisó todo el caso.

Cuando Bamber y Collins volvieron a Dover el 30 de septiembre, la policía les estaba esperando. Al día siguiente Jeremy fue acusado de asesinato.

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El silenciador

Los silenciadores o reductores de sonido fueron inventados a principios de 1900 por el fabricante de armas Sir Hiram Maxim y su hijo Hudson. El principio básico consiste en un cilindro largo con unas placas de metal en su interior, colocadas de forma que pueda salir la bala. Estas placas ralentizan y retienen la combustión de los gases, de tal forma que su velocidad no puede perturbar el aire lo suficiente como para producir ruido.

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La herencia

Para Nevill Bamber la herencia de la granja era una gran responsabilidad. Quería, con todo su cariño, que su hijo adoptivo aceptara el duro trabajo y las responsabilidades inherentes a una gran propiedad. Para Jeremy las propiedades sólo eran una ayuda para alimentar sus costosas costumbres.

El administrador de la familia Bamber, Basil Cock, que era el albacea testamentario de la herencia, anunció que a Jeremy le correspondían 229.980 libras que le dejaba June Bamber y otras 206.940 de Nevill, así como la granja y otros bienes y propiedades.

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Necesidad de poder

Se ha reconocido que las influencias en la niñez tienen un efecto importante en el desarrollo de la personalidad. Pero, ¿se nace con una personalidad psicopática o ésta se forma después?

Jeremy Bamber fue educado en los mismos valores que sus padres. Responsabilidad, liderazgo y trabajo. Consideraban que sus inmensas propiedades eran una responsabilidad que Jeremy debería asumir, en lugar de la salida fácil de una herencia regalada.

Sin embargo, se hizo evidente que, según iban creciendo, sus dos hijos adoptivos se iban convirtiendo en violentos desequilibrados. Jeremy, bruto y presumido, reprimió la tremenda ira que sentía y se convirtió en un asesino. Su hermanastra, Sheila, dio rienda suelta a su locura y a sus alucinaciones, pero siempre fue una madre tierna y consciente.

El doctor Alan Cooklin, director de un instituto de terapia familiar, opina que el desequilibrio no existe en una persona individual, sino que es una “danza” en la que se ven implicados todos los miembros de la familia. Al restablecerse un miembro, otro sufre una recaída, ya que el trauma debe encontrar una vía de escape.

Ambos, Jeremy y Sheila, reaccionaron drásticamente contra la costumbre materna de pronunciar constantemente frases bíblicas y tener muchas Biblias en su casa. El chico empezó a desdeñar cualquier religión, mientras que la chica desarrolló su propia locura mística. Ella misma hablaba a los vecinos de sus visiones paranoicas. Incluso llegó a creer que sus hijos iban a matarla. Ambos hijos adoptivos quedaron marcados por la moralidad de sus padres, pues sus desequilibrios no les permitieron entenderla.

June Bamber llamó a Sheila “hija del demonio” por demostrar interés por los jóvenes a la edad de 17 años. Jeremy era tratado como un irresponsable por su padre adoptivo, quien además no comprendía en absoluto las ansias de diversión de sus hijos.

En cuanto a su moral, los dos niños escogieron justo lo opuesto a los deseos de sus padres. Sheila posaba como modelo, se quedó embarazada sin estar casada y se separó del padre de los gemelos, Colin Caffell. Jeremy, empujado a convertirse en un duro y silencioso granjero, se transformó, sin embargo, en un joven arrogante y extravagante cuyo estilo de vida hedonista contrastaba seriamente con los valores de sus padres.

Los habitantes de Tolleshunt D’Arcy y los parientes de la familia sabían de la confusión existente en la granja White House. Robert Boutflour había, incluso, oído decir a Bamber con qué facilidad mataría a sus padres. ¿Por qué nadie se percató de que se avecinaba una tragedia? Hubo evidencias en el juicio que explicaron esta tremenda incomprensión.

El doctor Cooklin sugiere que los padres adoptivos pueden llegar a ser demasiado críticos, por temor al desconocimiento del auténtico origen de sus hijos. También opina que es significativo el que una madre adoptiva se pierda el largo periodo de convivencia previa con su hijo, que conllevan el largo embarazo y el nacimiento.

Las crisis nerviosas de Sheila atraían toda la atención, todo el interés. Bamber lo sabía perfectamente, ya que planeó los asesinatos para que coincidieran con una profunda depresión de su hermana. Él solo podía conseguir su independencia rompiendo los lazos económicos de la familia por medio de un empleo, o siguiendo el camino que sus padres habían planificado para él en la granja. Jeremy se negó a seguir el primer camino y no estaba hecho para el segundo. Nunca supo muy bien quién era en realidad.

En su relación con Julie Mugford, era él quien mandaba y, así, la persuadió para que ocultara su culpabilidad durante varias semanas. Sin embargo, con Brett Collins, su amigo íntimo de Nueva Zelanda, era mucho más pasivo. Estaba siempre dispuesto a cumplir sus deseos y a acatar sus órdenes.

Finalmente, Bamber decidió liberar su ira contra aquellos padres que le habían mandado a un internado y le exigían una vida de sacrificios para convertirle en el responsable de su destino.

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Identidad personal

Bamber tenía un carácter impulsivo con las mujeres, pero era emocionalmente inmaduro. Con su novia, Julie Mugford, parecía haber sido persuasivo y dirigente. Pero con otros amigos, incluyendo a Brett Collins, Bamber era sumiso. Estas dos caras de su personalidad hicieron que se sintiera más confuso.

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Un asesino sin conciencia

Alguien que se comporte habitualmente de forma tan distinta a la moral tradicional y a los códigos legales como para parecer «loco» puede ser denominado psicópata. La mayoría de los psicópatas son descritos como individuos que carecen del sentido de responsabilidad tras cometer actos violentos que avergonzarían y harían sentirse culpable a cualquier persona.

Suelen ser gente con gran encanto personal e inteligencia, pero con poca capacidad para amar de verdad y sentir cariño.

Un psicópata puede llevar una vida normal y respetable, pero «desconectar» con la realidad para cometer sus crímenes. Aunque sepan lo que han hecho no sienten remordimientos. La inadaptación y los sentimientos de inferioridad social son muy frecuentes entre estos individuos: sólo pueden sentirse superiores cuando asesinan.

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EL JUICIO – ¿Quién mentía?

Cuando Jeremy Bamber fue llevado a juicio, el caso se convirtió en el principio de una confrontación. Julie Mugford afirmaba que Jeremy le había confesado su culpabilidad. Bamber simplemente declaró que era inocente de los asesinatos.

El juicio por asesinato contra Jeremy Bamber comenzó en el Tribunal de la Corona de Chelmsford un jueves 2 de octubre de 1986, más de un año después de los asesinatos. Presidía la sala el juez Drake. El detenido se había procurado los servicios de uno de los abogados criminalistas más prestigiosos del país, Sir David Napley. Algunos de sus clientes habían sido Jeremy Thorpe, el líder del partido liberal absuelto tras ser acusado de conspiración de asesinato, y la familia del financiero italiano Roberto Calvi, que fue hallado colgando del puente de Blackfriars en 1983.

Mientras estaba en libertad condicional, Bamber decidió despedir a su abogado local, alegando que no tenía ninguna confianza en su inocencia. Se dedicó a buscar ayuda legal, pero los abogados de los juzgados de Maldon fijaron su tarifa en 26 libras la hora.

Durante una vista preliminar el 28 de octubre de 1985, el acusado protestó diciendo que tenía derecho a escoger el abogado que quisiera fuera o no respaldado por otra ayuda legal.

Mr. George Ginn, que presidía la vista, le contestó terminantemente: «No tiene ese derecho. Un abogado de Londres sería un gasto adicional habiendo personas de la localidad que están disponibles».

Hacía poco tiempo que Sir David Napley había cobrado 135 libras la hora por representar al Ayuntamiento de Bristol. Pero, finalmente, se llegó a un acuerdo con él, quien dio instrucciones a Geoffrey Rivlin para que representara a Bamber. Anthony Arfidge representaría a la acusación.

Bamber vestía un traje a rayas oscuro; parecía un colegial cuando subió al estrado suplicando un veredicto de no culpabilidad por las cinco acusaciones de asesinato. De vez en cuando levantaba sus ojos marrones y los abría completamente, dando un aspecto de estudiada inocencia para enternecer al jurado, compuesto por cinco mujeres y siete hombres.

En su discurso inicial, el señor Arlidge describió en términos muy gráficos el brutal ataque del que fue objeto la granja White House. Se hicieron 25 disparos, 15 de ellos a quemarropa. El fiscal puso mucho énfasis en los supuestos motivos de Bamber, aunque en los juzgados británicos no es necesario demostrar los motivos más allá de la duda razonable cuando hay una prueba concluyente de culpabilidad. Bamber había visto un borrador del testamento de sus padres adoptivos. «Sabía que si sus padres, hermana y los gemelos morían él se beneficiaría de la herencia», afirmó Arlidge. En poco tiempo su fortuna ascendería a 436.000 libras.

Incluso en este punto del juicio era evidente que en la tribuna de los testigos se iban a producir «duelos» de preguntas capciosas, respuestas astutas, acusaciones de engaño, traición, violencia y negativas desafiantes. Arlidge, aunque no era muy elocuente, tenía una mente rápida y perspicaz y la capacidad de poner la puntilla a cada episodio.

A pesar de la confusión de las controvertidas pruebas técnicas presentadas: el rifle, el silenciador, las huellas dactilares y la llamada a la comisaría de policía de Chelmsford, Arlidge dejó muy claro que el juicio se centraría sobre todo en el desacuerdo de las declaraciones de dos jóvenes que fueron amigos y amantes: Jeremy Bamber y Julie Mugford.

Los agentes de policía que estuvieron acechando en el exterior de la casa aquella noche fueron declarando uno por uno. El detective-inspector Cook tuvo que reconocer dolorosamente algunas cosas durante su declaración. No cogió con guantes el rifle del 22 de Bamber y no registró completamente el armero en el que fue encontrado el silenciador.

Más grave aún era el hecho de que Cook perdiera, por descuido, un pelo encontrado en el silenciador y no notificara su pérdida. Cook fue severamente reprendido por el juez en su discurso final.

A medida que se describía la investigación realizada por la policía en la granja White House, la trágica reputación de Sheila iba llenando la sala. Jeremy Bamber tenía que probar su inocencia contra la de dos mujeres: o era él el asesino o lo fue Sheila. O era él el mentiroso o era Julie quien mentía.

El quinto día del juicio, David Boutflour subió al estrado para declarar como testigo y el jurado pudo apreciar por primera vez las divisiones internas de la familia Bamber. El primo describió las investigaciones que había hecho con su hermana en la granja y los motivos por los que las llevaron a cabo. Contó cómo encontraron el silenciador, la forma en que se abría y cerraba la ventana de la cocina, los arañazos y virutas que había en la repisa de la cocina y la bicicleta que halló abandonada en un sendero detrás de la cocina.

La mañana del 9 de octubre el fiscal llamó a declarar a su testigo principal, Julie Mugford. Lloraba con frecuencia cuando recordaba los meses durante los cuales la idea de Bamber de asesinar a su familia se iba transformando en una horrible conspiración criminal. Contó al jurado que Jeremy le había dicho que había matado ratas con sus propias manos, después se ajustó correctamente a la historia narrada a la policía

Julie Mugford recordó su encuentro como Bamber después de que cometiera los asesinatos. Se dieron un abrazo y él susurró: «Debería haber sido actor».

Unas semanas después la pareja habló acaloradamente del tema mientras cenaban en un restaurante.

«Le dije que me sentía culpable por los dos y que debería saber lo que él sentía». Contestó que «estaba haciéndole un favor a todo el mundo y que no había nada por lo que sentirse culpable».

«Cuando le comenté que no sabía lo que iba a hacer o decir, me respondió que no hiciera ninguna estupidez».

Arlidge la preguntó por qué no le contó todo a la policía mucho antes. Esta fue una de las preguntas más acusadoras de todo el juicio. Según admitió ella misma, pudo haber llamado a la granja White House para avisarles de lo que iba a ocurrir, pero no lo hizo. Añadió: «Al principio no quería creer lo que sabía. Me daba miedo hacerlo. Jeremy me convenció de que si le ocurría algo a él, también me pasaría a mí. Dijo que podía estar implicada en el crimen porque lo sabía todo previamente».

Julie Mugford era una joven con un carácter duro y apasionado, pero contestó a las preguntas sin rodeos, en un lenguaje sencillo que sonaba verdadero. No la cogieron en ningún fallo comprometedor; sin embargo, sus últimas declaraciones en el estrado molestaron a algunos miembros del jurado. Se oyeron exclamaciones de asombro cuando ella explicó por qué accedió a identificar los cadáveres de las víctimas en el depósito de Chelmsford. Esperaba que al ver los cadáveres de Sheila Caffell y June Bamber pudiera establecer contacto espiritual con sus almas y recibir algún consejo de ellas.

El 11 de octubre, una carta redactada por June Bamber con una nota adjunta que decía: “No abrir hasta mi muerte” fue leída a toda la sala:

“Queridos hijos. Por si me sucediera algo y tuviera que dejaros, he escrito esto para que sepáis cuánto os quiero y cuanto os agradezco todo el amor que me habéis dado. Todo lo que le pido a Dios es que os ame y proteja durante los años venideros, y que permita que algún día nos podamos volver a encontrar. Con todo mi amor. Mamá”.

En el banquillo de los acusados, Jeremy Bamber se derrumbó y se puso a llorar desconsoladamente.

El 16 de octubre Geoffrey Rivlin inició la defensa de Bamber. Al igual que Arlidge, el representante de la acusación, era capaz de captar la atención del jurado con determinadas pautas y explicaciones gráficas.

“La defensa se basará simplemente en que Jeremy Bamber no cometió esos asesinatos”, dijo dirigiéndose al jurado. “La acusación tendrá que demostrar más allá de toda duda razonable si este joven es un asesino”.

Rivlin pasó después a la inevitable demostración de que la madre de los gemelos, Sheila, estaba carcomida por la locura, y la idea de que sus hijos estaban dominados por fuerzas demoníacas y ella misma poseída por el demonio.

«Empezó a mezclar confusas ideas sobre los niños, como la de mantener relaciones sexuales con ellos, hacerles daño o sufrir junto a ellos». Como experto abogado que era, Rivlin sabía perfectamente que manchando la reputación de Sheila no salvaría a su cliente. Quería describirla como una persona digna de compasión pero tan inestable como para cometer los asesinatos.

El abogado fue incapaz de desacreditar a Malcolm Fletcher, un especialista en balística del Ministerio del Interior, que afirmaba que el silenciador utilizado en aquel rifle del 22 era demasiado largo como para que Bambi pudiera suicidarse.

Tampoco tuvo mucho éxito con el forense Peter Vanezis, que declaró que los cuatro disparos efectuados en la cabeza de Nevill Bamber fueron realizados después de haber sido inmovilizado.

El impacto en el jurado fue notable. Quien hubiera asesinado a este anciano tan querido había tenido que golpearle hasta dejarle inconsciente y poder disparar varias veces contra su cabeza. Pese a las preguntas de Rivlin, el doctor continuó afirmando que Sheila Caffell no tenía marcas o magulladuras que demostraran que hubiera tomado parte en alguna lucha, bien como víctima o como atacante.

El 16 de octubre, el undécimo día del juicio, el acusado comenzó su declaración. Su abogado fue nombrando uno por uno a las cinco víctimas de la granja y a continuación le preguntó: “¿Las ha matado, Bamber?”

“No”, respondía suavemente a cada pregunta. Bebía agua frecuentemente y hablaba tan bajito que al principio de su declaración tuvieron que repetirle que alzara la voz.

Continuó diciendo que había tenido una “tierna relación” con sus padres y que el motivo por el que marcó el 999 cuando llamó a la comisaría de Chelmsford la noche de los asesinatos fue, simplemente, porque no se le ocurrió.

Después le preguntaron acerca de las declaraciones de su tío, Robert Boutflour, y de su exnovia Julie Mugford. Bamber les atacó directamente diciendo que ambos estaban cometiendo perjurio.

«Creo que sólo son dos mentirosos», dijo, «Julie es quien más historias se está inventando y mi tío piensa que no se equivoca nunca».

La arrogancia del acusado se puso de manifiesto cuando Arlidge, el fiscal, le dijo simplemente: «Usted no esta diciendo la verdad». «Eso es lo que tiene usted que demostrar», le contestó Bamber como para recordarle al jurado que aún tenía el beneficio de la duda.

Arlidge continuó con preguntas del mismo estilo. «¿No es verdad que disparó a las cuatro primeras personas con el silenciador?»

«No, no es verdad», respondió el acusado.

«Disparó a Sheila con el silenciador puesto, ¿verdad?».

«Eso es mentira».

«¿Cuando intentó falsear el suicidio se dio cuenta de que era imposible que ella se disparara con el silenciador puesto?»

«Eso es falso».

«Ese fue el momento en que cambió sus planes y se llevó el silenciador abajo».

«Eso es mentira».

«Usted asesinó a todos. ¿No es verdad?»

«No, no lo hice».

Al describir a su fallecida hermanastra, volvió sobre el manido tema de sus depresiones y visiones místicas.

«Quería estar con el Señor», dijo a la sala. «Quería ir al cielo, quería llevarse a la gente con ella y salvar al mundo».

Añadió que su hermanastra era bastante más dura con sus hijos de lo que se había dicho, «pero los miembros de la familia no se lo dijimos nunca a nadie». Así terminó la dura prueba de Bamber. Su abogado se levantó para dirigirse al jurado por última vez.

«Todas las pruebas revelan que Sheila estaba predestinada, se encontraba ya en un estado de esquizofrenia total», dijo Rivlin.

«Lo que realmente sería una coincidencia es que ella tuviera un desequilibrio la misma noche que el acusado decidiera matarlos a todos…, sería en verdad una coincidencia increíble que dos miembros de una misma familia enloquecieran totalmente la misma noche».

La prueba de la sangre en el silenciador era “bastante insatisfactoria”, continuó Rivlin, evitando mencionar el hecho de que Jeremy Bamber fue quien dejó el rifle en la casa la tarde anterior.

«Si mi cliente hubiera asesinado a esas cinco personas aquella noche, ¿creen que se hubiera atrevido a decirle a la policía que fuera a la casa, pudiendo encontrar a Sheila? Simplemente, no tiene sentido».

En el discurso final de la acusación, Arlidge dijo que la excusa que Bamber había puesto para no llamar a la policía por el número de emergencia 999 «no se tenía en pie…. sabía perfectamente que la policía iría a su encuentro, así probaría que él no estaba en la casa».

El fiscal añadió que era «esencial para Bamber que cualquiera que entrara en la casa tuviera en la cabeza que Sheila estaba completamente loca». Pero la llamada a la policía fue un error fatal para él.

En el resumen final, el juez Drake le rogó al jurado que se atuviera a tres puntos. ¿Creían en la historia de Bamber o en la de Julie Mugford?; ¿tenían la certeza de que Sheila no había asesinado a la familia? y, por último, ¿era cierto que Nevill Bamber llamó a Jeremy la noche de la masacre?

«Si están convencidos de que Julie Mugford les ha contado la verdad, quiere decir que el acusado ha mentido». «Y, dijo a continuación, lo mismo ocurre si están convencidos de que Sheila no cometió los asesinatos. Deben estar seguros de que los cometió el acusado».

El jurado se retiró a deliberar la tarde del 27 de octubre. Cinco horas después aún no habían llegado a un veredicto unánime. Les trasladaron a un hotel para que pasaran la noche incomunicados. A la mañana siguiente hubo fuertes desacuerdos con respecto a las pruebas principales. Finalmente, el juez dijo que aceptaría un veredicto mayoritario. Nueve horas y 24 minutos más tarde el jurado tenía su veredicto.

Bamber les contemplaba impasible mientras le declaraban culpable de los cinco asesinatos por 10 votos a 2 en cada caso.

«Su conducta al planear y llevar a cabo los asesinatos de cinco miembros de su familia es increíblemente maligna», le dijo el juez, «y es evidente que usted, aun siendo tan joven, tiene una mente malvada, insensible y pervertida oculta tras una apariencia respetable y unos modales civilizados».

El juez afirmó que la codicia y la arrogancia son la causa de muchos asesinatos. Le sentenció a cinco condenas de cadena perpetua con la recomendación de que un hombre capaz de matar a dos niños mientras dormían en su cama no debería salir en libertad condicional hasta pasados, por lo menos, 25 años. Bamber, imperturbable, abrió la portezuela del banquillo de los acusados y fue sacado de allí.

Ya fuera, lloró desesperanzado por primera vez, gimiendo: «No, no, no…»

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No fue un suicidio

El arma que mató a Sheila Caffell era un rifle Anschutz del calibre 22, semiautomático y de fabricación alemana. Aunque se trata de un arma de pequeño calibre, su alta velocidad puede ser tremendamente dañina. En un caso anterior se encontró una bala en el tobillo de un hombre que había sido disparado desde arriba en un muslo.

Pero en el juicio de Jeremy Bamber era más importante su longitud que su poder. Con el silenciador puesto este arma hubiera medido 1,24 m. Para alcanzar el gatillo y dispararse a sí misma atravesándose la mandíbula, Sheila hubiera necesitado tener unos brazos de 91 cm de largo. Para demostrar que esto era totalmente imposible, un experto del Ministerio del Interior, Glynis Howard, se tumbó en el suelo y colocó en su rodillas el rifle con el silenciador puesto. Era imposible alcanzar el gatillo.

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Ningún contrato

Uno de los episodios más extraños del juicio se centró en un hombre de Colchester llamado Matthew Macdonald. Julie Mugford testificó que Bamber le había contado que había pagado 2.000 libras a este individuo para que cometiera los cinco asesinatos. Macdonald declaró que era un simple fontanero, pero tras su viaje a Malasia empezaron a correr rumores de que era un mercenario dispuesto a alquilarse por contratos de asesinato. Macdonald negó las acusaciones y añadió que la noche de los asesinatos estuvo con su novia. Salió del juzgado sin una mancha en su reputación.

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El veredicto mayoritario

El fracaso del jurado para llegar a un acuerdo sobre el caso Bamber en sus dos primeras reuniones convenció al juez Drake para aceptar un veredicto mayoritario.

Los primeros intentos serios de introducir veredictos mayoritarios en el código penal inglés comenzaron en 1953. El máximo representante de la justicia entonces, Lord Goddard, sugirió que su introducción prevendría el alto coste de las apelaciones. Pero mucha gente pensaba que tratándose de una sentencia por asesinato, la unanimidad era una garantía para salvaguardar la libertad civil. El debate continuó hasta 1968, fecha en que se hizo posible que un juez aceptara veredictos mayoritarios de 11-1, o, como en el caso de Bamber, de 10-2.

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El largo asedio

Hacer frente a asedios y retención de rehenes es una parte esencial en las misiones policiales de hoy.

En los incontables cercos policiales en todo el mundo, la policía ha comprobado que el juego de la espera es la táctica que más a menudo evita el derramamiento de sangre. El arma más poderosa de todo su arsenal es el transcurrir del tiempo, como medio para ganarse la confianza de los individuos armados.

La policía que rodeó la granja White House tuvo razones de peso para decidir, después de tres horas, la entrada en el edificio. Pero si hubieran tenido la certeza de que había alguien vivo y armado en el interior, el cerco hubiera podido durar varios días.

En pleno centro de Londres, en 1975, se pusieron a prueba los métodos modernos para terminar con este tipo de asedios con gran éxito, durante el sitio de seis días al que se vieron sometidos cuatro miembros armados del IRA. Fue llamado «el asedio de Balcombe Street». Aunque había dos ancianos retenidos como rehenes, la policía llevó el asunto con mucha calma. La casa fue cubierta por tiradores expertos y se llamó a un psicólogo para pedirle asesoramiento. Les aconsejó que levantaran unas pantallas blancas para hacer que los miembros del IRA se sintieran rodeados. Si las pantallas fueran negras el efecto sería muy negativo, se desesperarían y estarían dispuestos a comenzar un tiroteo.

El que el asedio esté motivado por asuntos políticos o por un simple robo es indiferente a la hora de dar el primer paso: controlar los edificios adyacentes. Se hace una lista de los amigos, vecinos y visitantes recientes que van aportando información de la distribución de la casa, entre otras cosas. Esta información permite que la policía tenga alguna pista sobre escondites ocultos, habitaciones en las que puedan estar encerrados los rehenes o puertas que deban ser forzadas para poder entrar. Los francotiradores de la policía se sitúan, en la medida de lo posible, fuera de la vista para prevenir que se calienten los ánimos.

Por las mismas razones, se suele mantener abierta la línea telefónica del edificio sitiado. El mismo teléfono o un megáfono son los métodos con los que la policía se mantiene en comunicación con el interior de la casa. Instalados en lugar seguro y con toda la zona bajo control, la policía comienza a establecer una relación de confianza con los secuestradores. Se permite realizar cualquier tipo de trato, excepto el que implique el uso de violencia contra el rehén.

Normalmente, cuanto menos agentes se encarguen de llevar las negociaciones, mejor. Mucho antes de hacer cualquier oferta de rendición o aceptar una lista de demandas, el agente que lleva las conversaciones intentará averiguar si son necesarios equipos médicos y si los niños o heridos, en caso de haberlos, pueden quedar en libertad.

La relación entre el negociador de la policía y los secuestradores es siempre crítica. Un buen negociador será la conexión entre la casa sitiada y el mundo exterior, dando la impresión, en todo momento, de que está luchando por la justicia. Conseguirá que los que estén en el interior se den cuenta, lentamente, de que toda lucha o resistencia es inútil.

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LA ÚLTIMA PALABRA – La vida en la cárcel

Tras la publicidad del juicio, Bamber tenia que enfrentarse a la cruda realidad de una sentencia de cadena perpetua tras los muros de una prisión. La vista de apelación fue rechazada y tuvo que encarar el desprecio y la aversión especial que sentían sus compañeros de prisión por los asesinos de niños.

Unas horas después de ser sentenciado, las inmensas puertas de la prisión de Wormwood Scrubs, al oeste de Londres, se cerraron detrás de Jeremy Bamber. Durante los más de 12 meses que estuvo en prisión preventiva antes del juicio sobrevivió gracias al montón de cartas de amor, más de 100, que escribió a la chica de la que se hizo íntimo tras la masacre.

Su nombre era Anji Greaves y era una maquilladora de 30 años de Londres. A petición de él, se arreglaba especialmente cuando, como solía, iba a verle a la prisión de Brixton, al sur de Londres. El 11 de agosto de 1985 Bamber la escribió una nota que decía: «Cariño, te escribo esta nota para que sepas lo increíblemente atractiva que estabas el jueves. Me sentí realmente orgulloso cuando me senté en la sala de visitas.»

Al acercarse el juicio parecía muy seguro de que él y Anji estarían juntos otra vez. Una vez firmó una nota con las iniciales: E.D.L.A.C., que significaban: «Estoy Deseando Llevarte A Casa».

En otra carta incluyó una rima:

«Tres semanas más para poder salir.
Tres semanas más he de sufrir.
Tres semanas en este viejo agujero,
y estaré en casa mucho antes de enero.»

Sin embargo, su pasión no sobrevivió al duro golpe de las sentencias a las que fue condenado Bamber: «No sé si podré seguir visitándole a partir de ahora», dijo Anji. «Sería como una cadena perpetua para ambos». El gran atractivo que Bamber tenía para las mujeres no se había extinguido aún. A pesar del tremendo «shock» de verse encarcelado para el resto de sus días, se vio visitado regularmente por una jovencita desconocida. Se trataba de Sabina Butt, de 24 años, que le había escrito algunas cartas. Se rumoreaba que, durante el juicio, el acusado recibía cartas de jóvenes que le pedían una cita para cuando fuera absuelto. Sabina Butt se describió a sí misma como la heredera de un imperio de manufacturación multimillonario.

Prometió que la fortuna de su familia se utilizaría para conseguir una apelación para Bamber, pero nunca cumplió su promesa. Poco después se descubrió que estaba alojada en una vivienda de protección oficial.

Al parecer Jeremy la convenció de su inocencia cuando dijo: «Yo no lo hice, tú lo sabes», durante su primera visita a Wormwood Scrubs.

Sabina dijo: «No puedo creer que sea el monstruo demoníaco que dicen que es. Él dice que es inocente y yo le creo».

Esta mujer no fue la primera persona que creyó, de alguna forma, que Bamber no era responsable de los asesinatos. Tal vez sí fue la única persona que dijo que no fue realmente él quien apretó el gatillo del rifle del 22 la madrugada del 7 de agosto de 1985. Pero muchas personas, hombres y mujeres, se impresionaron con la ingenuidad de colegial que poseía y no lograron asociarle con un asesinato a sangre fría.

Los detectives que acudieron al lugar de los hechos, aquella terrible noche, no sospecharon de él a pesar de su calma durante el cerco policial. Colin Caffell, que le conocía bastante bien, le abrazó en un gesto de consuelo cuando lloró durante los funerales. Las innumerables chicas que le conocieron vieron en él a alguien que necesitaba protección por los violentos desequilibrios de su familia, en lugar de verle como a un hombre merecedor de castigo por aquellos crímenes.

Cuando Bamber le dijo a su tío Robert que podía matar a cualquiera, incluso a sus padres, Boutflour no vio nada siniestro ni preocupante en aquel comentario y se limitó a decirle con cierta seriedad a su sobrino que no fuera estúpido.

Según se comprobó, durante los meses que siguieron al juicio, mucha gente pensaba que era mentalmente más joven de lo que debería ser para su edad.

Un mes después de la condena, Bamber dijo que apelaría su sentencia. Su asesor jurídico le dijo que el resumen final del juez influenció al jurado al dejar clara su opinión de que Sheila no pudo haber atacado a Nevill Bamber, estuviera loca o no.

Durante el largo proceso judicial que precedió a su condena, el acusado fue sacado en secreto de la prisión, en enero de 1988, para presentar su caso ante el tribunal territorial de apelaciones. Dejó de estar en prisión preventiva para pasar a ser el recluso P 12373. Todos sus intentos por asegurarse el control de sus propiedades fracasaron. Más tarde, Bamber escribió a un periódico local de Essex diciendo: «Si hubierais estado allí, sabríais que cometieron una injusticia conmigo».

Su condena por asesinato significaba que Jeremy nunca podría reclamar la herencia de White House, ni siquiera en el supuesto de que fuera puesto en libertad.

En febrero de 1989 el poeta Ken Smith publicó un relato de sus dos años de residencia en Wormwood Scrubs. En el libro, «Inside Time», se cuenta que Bamber estaba «bajo estricta supervisión constantemente… no era muy popular en la galería». Era bien sabido que los asesinos de niños eran tratados con violencia por sus compañeros de presidio. Además, su arrogancia de colegial haría las cosas más difíciles. Smith recordó que Bamber estaba siempre vigilando a su alrededor y se encontraba muy nervioso. El escritor pudo ver, durante un breve encuentro con él, como otros prisioneros le hacían gestos amenazadores.

Bamber seguía insistiendo en que era totalmente inocente. Smith contó que Bamber creía lo que decía. «No era tan buen actor», dijo. «No pudo resistirlo».

Los intentos del asesino de conseguir un juicio de apelación fueron atendidos por el máximo representante de la justicia británica, Lord Lane, el 14 de marzo de 1989. Sus abogados no llegaron a ninguna parte. Lord Lane y sus colegas rechazaron tajantemente cualquier petición que les hicieron.

No estaban de acuerdo con las reclamaciones del abogado de Bamber, basadas en su opinión de que el juez Drake se equivocó al proponer al jurado la simple opción de que si creían que Sheila no pudo haber cometido los asesinatos, entonces el acusado era culpable de todos los cargos.

Por aquella época la granja White House estaba siendo dirigida por un granjero local. Peter Eaton. Su esposa, Christine, había ayudado a David Boutflour a registrar la casa y a encontrar el silenciador y otras pruebas que fueron importantes a la hora de condenar a Bamber. Pocas cosas habían cambiado en el interior de la casa. Un año después de los asesinatos aún había en la cocina una tarjeta de cumpleaños para Nevill Bamber por su 61 aniversario.

En septiembre de 1989 Bamber renunció a su demanda de herencia de la granja en que masacró a su familia. Los sentimientos de la familia quedaron resumidos en las declaraciones del tío de Jeremy, Robert Boutflour: «No me corresponde a mí hacer comentarios sobre mi sobrino. Esa es una misión del juez y del jurado.» Cuando le preguntaron por la sentencia dijo: «Nadie gana. Todo el mundo pierde. Esto no nos devolverá a la familia».

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El perdón

En una entrevista de televisión realizada cuatro años después de la muerte de su esposa y sus dos hijos, Colin Caffell dijo que había perdonado a Bamber. Contó que le había enviado una carta explicándole sus sentimientos sobre tan tremenda tragedia.

Mientras Bamber permanecía encerrado por su propia seguridad y la de los demás Caffell afirmó que no lo odiaba. Dijo que June Bamber, la madre adoptiva de Sheila, tenía un largo historial de desequilibrios y que la propia Sheila había sufrido varias crisis nerviosas. Aunque no estaban ligados por lazos de sangre, los Bamber y sus hijos habían formado una familia inestable. Caffell añadió que los desórdenes mentales de Bamber surgían de forma muy destructiva, pero que Jeremy era tan víctima de sus propias acciones como el resto de la familia.

En el salón de Colin Caffell hay una escultura que muestra a Sheila abrazando a sus hijos. Colin dijo que durante su embarazo, Sheila estuvo aterrada con la idea de perder a los gemelos. Después de haber dedicado tanto amor y cuidado a sus hijos, nunca hubiera podido apuntarles con un arma, dijera lo que dijera durante sus desvaríos.

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La granja

El asesinato de cinco miembros de la familia Bamber no fue la primera tragedia ocurrida en la granja White House. El anterior propietario, un granjero llamado Frank Page, fue hallado muerto en circunstancias extrañas en un abrevadero de caballos. El predecesor de Page también murió de forma violenta. Se ahorcó en el interior de la granja.

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Conclusiones

El caso Bamber puso de relieve una cantidad tal de errores cometidos por la policía de Essex, que el Ministro de Interior, Douglas Hurd, fue llamado para investigación externa.

Por otra parte, una investigación interna realizada por la jefatura de policía de Essex motivó el que Robert Bunyard, jefe de policía por entonces, se excusara con los familiares de las víctimas, en particular con los de Sheila Caffell.

El informe del Ministerio del Interior fue preparado por el inspector jefe Sir Richard Barratt. Recomendó, severamente, métodos bajo los que debían guiarse las investigaciones policiales más estrictamente. Apuntó la necesidad de nombrar un oficial superior que comprobara el trabajo, punto por punto, de los hombres que encabezaban la investigación y que interrogara a todos los detectives del caso.

Las propuestas específicas reflejaron los errores cometidos en la investigación de la granja White House. Los cuerpos de las víctimas no deberían haberse enterrado o incinerado hasta que el juez de instrucción hubiera visto el informe del forense. Los detectives deberían haber reflejado por escrito sus dudas y opiniones sobre la gente que interrogaron y, además, el equipo de investigación debería haber recorrido la escena del crimen con alguien familiarizado con el entorno para prevenir la pérdida de pequeños detalles de gran importancia.

«Es evidente que se cometieron errores en los primeros momentos de la investigación policial en contra de las diligencias habituales”, declaró el Ministro del Interior.

«Las recomendaciones recogidas en el informe no acusan la necesidad de cambios radicales en los procedimientos policiales. En su lugar evidencian y confirman la existencia de un método que se sigue estrictamente.

El juez del caso Bamber, Drake, criticó la investigación tachándola de «superficial» y el Ministro del Interior, Hurd, opinó que fue «inadecuada». Pero la persona que definió los acontecimientos más claramente fue un vecino de los Bamber, en Tolleshunt D’Arcy: «Era como una lámina de dibujo con números prefijados. Jeremy le dio la lámina a la policía y ellos la colorearon».

La policía de Essex fue también duramente criticada por colegas de otros cuerpos. En noviembre de 1986, justo después de la condena de Bamber, el periódico oficial de la Federación Policial comentaba: «La policía es un cuerpo disciplinado, y los agentes subordinados que cometen serios errores pueden esperar ser reprendidos con todo el rigor del procedimiento disciplinario. Lo que es más importante todavía, aquellos que imponen esos mismos principios a sus agentes serán también considerados responsables cuando los errores sean cometidos en las altas esferas».

Muchos detectives de Essex salieron perjudicados por su trabajo en el caso. El oficial que estaba al mando aquella noche, el inspector jefe de detectives, Tom “Taff” Jones, nunca se recobró de su pésima interpretación de lo sucedido. Tres días después del comienzo del caso cumplió con un compromiso de un torneo de golf, pero al poco tiempo se convirtió en un paria. En mayo de 1986, cinco meses después del juicio, murió como consecuencia de una caída desde una escalera de su casa.

Fechas clave

  • 07/08/85

– 3.26 a.m. Bamber telefonea a la policía.

– 4.00 a.m. Sale el convoy policial.

– 4.30 a.m. La policía llega a la granja.

– 5-6 a.m. Declaraciones de Bamber en la finca.

– 7.30 a.m. Advertencias con el megáfono. La policía abre fuego.

– 7.32 a.m. Descubrimiento de los cadáveres.

  • 10/08/85 – Boutflour encuentra el silenciador.
  • 14/08/85 – La policía se reafirma en la teoría del suicidio después de realizar la investigación.
  • 16/08/85 – Incineración de Nevill y June Bamber junto con Sheila Caffell.
  • 19/08/85 – Funeral de los gemelos.
  • 08/09/85 – Bamber es acusado del robo en la caravana.
  • 13/09/85 – Bamber se va de vacaciones al sur de Francia.
  • 30/09/85 – La policía arresta a Bamber en Dover.
  • 01/10/85 – Bamber es acusado de los cinco asesinatos.
  • 02/10/86 – Se inicia el juicio.
  • 06/10/86 – Butflour describe cómo encontró el silenciador.
  • 09/10/86 – Mugford cuenta al jurado los planes de Bamber para matar a su familia.
  • 16/10/86 – Bamber testifica diciendo que Mugford miente.
  • 26/10/86 – Conclusión final del juez.
  • 27/10/86 – El jurado se retira a deliberar.
  • 28/10/86 – El juez dice que aceptará un veredicto mayoritario.
  • 28/10/86 – Bamber es hallado culpable de cinco asesinatos por una mayoría de 10 a 2.
  • 28/10/86 – Bamber es sentenciado a cadena perpetua.
  • 11/86 – Bamber declara que apelará la condena.
  • 01/88 – El tribunal de apelaciones territoriales rechaza la demanda de Bamber sobre la granja White House.
  • 14/03/89 – El máximo representante de la justicia británica rehúsa garantizar a Bamber una vista de apelación total.

 


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