Jeannette Hernández Castro

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Jeannette Hernández

El Crimen de los Hermanos Rojo

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Parricidio - Agredió violentamente a sus hijos motivada por los celos y sospechas de infidelidad de su pareja
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 17 de enero de 2008
  • Fecha de detención: 17 de noviembre de 2008
  • Fecha de nacimiento: 1969
  • Perfil de las víctimas: Su hijo menor Esteban Rojo Hernández, de 7 años
  • Método de matar: Golpes en la cabeza con un martillo
  • Localización: Puente Alto, Santiago, Chile
  • Estado: Condenada a presidio perpetuo, del cual deberá cumplir como mínimo 20 años, el 18 de enero de 2010
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Jeannette Hernández – «El Crimen de los Hermanos Rojo»

Grotesqueandarabesque.blogspot.com

23 de marzo de 2014

Hace un par de años, los noticieros nacionales dieron a conocer un brutal caso de asesinato, más conocido como «El Crimen de los Hermanos Rojo», posiblemente uno de los más impactantes de la crónica negra chilena.

Alguien había entrado a robar a una casa en el sector de Puente Alto, y se habría encontrado con dos menores de edad en su interior, Pablo y Esteban Rojo, de 17 y 7 años de edad respectivamente. Pablo, el mayor, se encontraba recostado en el living de la casa cuando fue golpeado en la cabeza con un objeto contundente en repetidas ocasiones, haciéndole perder masa encefálica.

A pesar de las graves heridas, el joven seguía con vida y logró resistir hasta que fue descubierto por sus padres. Menor suerte tuvo el pequeño Esteban Rojo, quien fue hallado en el segundo piso de la casa, sin signos vitales y con el cráneo completamente destrozado. El arma utilizada parecía haber sido un martillo.

Mucho hemos leído sobre asesinatos seriales y otros casos espeluznantes… pero lo cierto es que Chile, en particular, no se caracteriza por este tipo de crímenes. No es común que un ladrón entre a los hogares y mate a quien se le cruce, como podrían ser los casos de Richard Ramirez (EE.UU.) o Anatoli Onoprienko (Ucrania), quienes se colaban en los hogares y mataban a sus moradores sin más. No… no es común en Chile. Exactamente eso pensé al ver las noticias ese día 17 de enero del 2008. Recuerdo bien la fecha, pues el caso me conmocionó bastante, sobre todo porque había ocurrido a un par de cuadras de mi casa.

Los padres de los chicos, Pablo Rojo Rodríguez y Jeannette Hernández, se habían juntado después del trabajo para irse juntos a casa. Mientras se acercaban a su hogar, cerca de las 20:00 hrs., Pablo Rojo Rodriguez se quedó conversando con un vecino, mientras Jeannette se dirigió hacia su casa.

De pronto, salió evidentemente afectada por algo que había visto y se puso a llorar. Pablo cruzó un par de palabras con su mujer y se introdujo inmediatamente a la casa. El padre encontró a su hijo mayor (Pablo Rojo Hernández) tendido en el sofá y con el cráneo destrozado, aunque aun respiraba. Luego, subió las escaleras en busca de Esteban, el menor, y lo encontró en una de las piezas, aunque ya estaba muerto hace varias horas. Salió gritando de la casa, pidiendo ayuda. Jeannette seguía llorando en la calle, mientras era consolada por sus vecinas. La policía no tardó en llegar ante los atónitos ojos de los curiosos.

El único testigo del ataque era Pablo Rojo (la víctima que había sobrevivido), quien se debatía entre la vida y la muerte. Los vecinos no había visto a ningún sujeto sospechoso cerca del lugar durante el día, por lo que las indagaciones iniciales no dieron muchas pistas, más allá de que el ataque a los hermanos Rojo se había cometido entre las 12:00 y las 14:00 hrs.

La policía comenzó de inmediato su labor para esclarecer el móvil del terrible asesinato e identificar al culpable. Al mismo tiempo, los medios de comunicación demostraron especial interés en tan espantoso hecho. La primera hipótesis que se barajó fue la de un robo fallido, el cual habría terminado en el ataque a ambos jóvenes. Sin embargo, las cerraduras no habían sido forzadas. Quizá algún familiar o conocido había cometido el crimen; pero no habían pruebas.

Meses después, las sospechas recaerían sobre Jeannette Hernández, la madre de Pablo y Esteban Rojo… y las primeras en creer que se trataba de un parricidio, y no un asesinato por robo, fueron sus compañeras de trabajo.

Pero los vecinos, que estuvieron en el lugar de los hechos cuando los padres encontraron a sus hijos en casa, también tenían algo grabado en la memoria de ese fatídico día y que no les hacía sentido. Habían visto entrar a Jeannette a su casa… pero solo cruzó el jardín y, a penas abrió la puerta principal, salió llorando y diciendo a su esposo que «viera» a Pablo, su hijo mayor, pues estaba sangrando. Cuando su esposo, aun en shock, le preguntó por Esteban, ella le dijo que estaba «muerto, arriba», en el segundo piso. ¿Cómo lo sabía, si solo había abierto la puerta de entrada?

Poco a poco, la oscura verdad que ocultaba la familia Rojo fue saliendo a la luz, y las evidentes incoherencias en la historia que Jeannette contaba a los investigadores, la pusieron en la mira… pero, ¿Era realmente posible que esta mujer fuese la asesina de su propio hijo? ¿Cuál podría ser el motivo de tan desquiciada acción?

Jeannette Hernández tenía 40 años y trabajaba en una peluquería ubicada en el conocido centro comercial «Caracol de Puente Alto», edificación de mediados de 1980. Una característica propia de este llamativo edificio, además de su particular forma, es que alberga (en su gran mayoría) peluquerías atendidas por travestis, y en donde muchos de sus clientes son delincuentes y traficantes, tanto a nivel nacional como internacional. Al menos así lo diría quien fue la jefa de Jeannette Hernández, en una de estas exclusivas peluquerías.

Marcela, un transexual que antes fue José Tomás Marín y que era jefa de Jeannette en la peluquería, declaró que ese día, la sospechosa había solicitado permiso para hacer unos trámites, por lo que no tenía coartada alguna durante las horas que se cometió el ataque en su casa.

Posteriormente, se había presentado a trabajar con otra ropa y sin demostrar nerviosismo ni angustia. Claro, en ese momento nadie sospechaba lo que había ocurrido; pero cuando se presentó a trabajar al día siguiente del asesinato, y sus compañeras de trabajo estaban dispuestas a darle el pésame, se sorprendieron al verla sumamente arreglada y relajada, como si nada hubiese ocurrido.

Según su exjefa, Jeannette Hernández era una mujer que llegó a trabajar a su peluquería con una actitud sumamente sumisa; pero que, con los meses, empezó a mostrar un carácter competitivo. Solía enfadarse cuando algunos clientes pedían que otra peluquera los atendiera. Es más, todas sabían que Jeannette sentía envidia de Marcela y que también quería tener una peluquería propia.

Luego, también empezó a imitar su forma de vestir. Atrás quedaron los vestidos largos, poleras y jeans conservadores, para dar paso a una faceta más osada y juvenil. Usaba pronunciados escotes, minifaldas y pantalones muy ceñidos al cuerpo. Se maquillaba y preocupaba de tinturarse el pelo cada vez que podía. Incluso les contó a sus compañeras de trabajo que uno de los clientes le había coqueteado. Las «chicas» la alentaban a disfrutar su momento de gloria. «Aprovecha, niña» le decían. Después de todo, muchas veces la habían visto llorando en el balcón del centro comercial, debido a problemas con su marido.

A pesar de mostrarse como una mujer sentimental, Jeannette despertó cierto rechazo en su entorno laboral. Sabían que era sumamente ambiciosa… y extremadamente celosa. Cuando el crimen apareció en las portadas de los diarios, muchas de sus compañeras pensaron que Jeannette podría haber sido la autora de tan terrible ataque debido, principalmente, a los celos extremos que esta sentía por su esposo y la amistad de una chica conocida en el medio nacional como «La Rancherita».

La policía seguía presionando a Jeannette Hernández. El «desafortunado» comentario que hizo fuera de su casa (y frente a sus vecinos) el día del crimen, en el que ubicaba el cadáver de su hijo menor en el segundo piso, mientras ella solo se asomó por la puerta de entrada, revelaban que Jeannette estaba ocultando algo.

Su esposo, Pablo Rojo Rodríguez, la defendió ante el acoso de la prensa y la policía, quienes estaban interesados en escuchar qué tenía que decir al respecto. Sin embargo, cada vez que Jeannette hablaba, parecía más sospechosa.

Primero, señaló como posibles autores del crimen a una pareja de peruanos que se habían ido a vivir cerca de su casa poco tiempo antes, después, a un amigo de su hijo. Luego, habló de un sujeto llamado «Carlos», el cual podía haber atacado a sus hijos y que, además, la había violado años atrás.

También aseguró que el día del hallazgo, entró y salió varias veces de la casa y que vio a sus dos hijos, algo que fue rotundamente desmentido por todos los vecinos que estuvieron con ella ese día. Los investigadores no tardaron en darse cuenta de que Jeannette Hernández era una mitómana.

El caso parecía haber dado un giro. La principal sospechosa del brutal ataque parecía ser la propia madre de los hermanos Rojo. Su esposo estaba completamente cerrado ante la idea de que Jeannette fuese culpable; pero la verdad comenzó a asomar poco a poco, desvelando que Pablo Rojo Rodríguez no era un esposo tan incondicional como parecía.

Si bien se le veía muy afectado por la muerte de su hijo menor y el complicado estado del mayor, lo cierto es que tampoco lo estaba pasando muy bien en su matrimonio. Contando con varios años de casado, parecía exhausto de soportar a su mujer, la cual lo celaba y humillaba constantemente. Habían discutido mucho durante el último tiempo y Pablo había hecho una de sus maletas, pues planeaba abandonar su hogar.

Uno de los grandes problemas era que había trabado amistad (por cuestiones laborales) con Miriam Peña, «La Rancherita», cantante amateur de relativa fama en la farándula chilena. La joven había hecho buenas migas con Pablo, debido a que ambos tenían intereses musicales similares. Sin embargo, Pablo parecía haber intentado seducirla; aunque ella se negó.

Esto había sido un simple «intento de beso» que no fue correspondido por Miriam, quien le recriminaba el hecho de que estaba casado. Este le habría llegado a proponer «jugársela» si ella lo aceptaba; pero todo quedó solo en palabras. Al parecer Jeannette intuía que algo ocurría, y los ataques de celos fueron terribles. Sobre todo cuando, por cuestiones de trabajo, Pablo debió pasar varias horas con la cantante.

Poco duró el montón de mentiras con las que Jeannette planeaba ocultar su atroz crimen. Una a una, sus declaraciones se iban contradiciendo y se volvían más absurdas, además de mostrarse incomprensiblemente fría y pasiva, como si nada le hubiese ocurrido a sus hijos. No habían lágrimas en sus ojos ni le temblaba la voz. Tampoco parecía indignada por las sospechas en su contra. La policía procedió a detenerla pocos días después.

Por otro lado, Pablo Rojo Hernández, el hijo de Pablo y Jeannette, había logrado sobrevivir; sin embargo el pronóstico no era nada bueno, pues había perdido masa encefálica y, si se recuperaba, quedaría con graves daños neurológicos.

Con el pasar de las semanas, y ante la insistencia de Jeannette sobre su inocencia, su esposo no dejó de visitarla. Daba entrevistas en televisión, en donde la defendía. Sin embargo, luego de un tiempo, desistió. Comenzó a comprender lo que realmente había ocurrido. Todo había sido parte de un plan. Jeannette lo castigó y atacó lo que él más amaba: sus hijos.

El juicio a Jeannette Hernández fue seguido de cerca por la prensa nacional. Finalmente, la mujer confesó el crimen y lo atribuyó a un ataque de celos. La estrategia de la defensa se basó en dejarla hablar largo y tendido frente al jurado, ya que las incoherencias y extraña actitud de la imputada podían influir a la hora de determinar su condena.

La idea era que se le declarara mentalmente incompetente o esquizofrénica, con el fin de no terminar en la cárcel. Hernández llegó a asegurar que podía comunicarse con su hijo muerto, y que este estaba «bien, en el cielo». También se dedicó a hablar sobre su capacidad de ver el futuro en sueños. Nadie le creyó. La fiscalía sostenía que Jeannette era mitómana y celosa patológica, y que esto no la hacía, en lo absoluto, inimputable.

En enero del 2010, Jeannette Hernández fue encontrada culpable del cargo de parricidio y parricidio frustrado, y fue condenada a presidio perpetuo, del cual deberá cumplir como mínimo 20 años. La familia de la acusada aseguraba que la PDI y la policía estaba obligada a resolver el crimen y que, por ello, forzó la investigación. Sin embargo, y a pesar de que nadie más fue testigo del crimen, y de que el martillo nunca fue encontrado, todo apuntaba a Hernández como la autora del ataque, aunque solo reconoció su crimen cuando el caso ya estaba prácticamente resuelto.

En marzo de este año, Jeannette Hernández consiguió permiso para asistir a la graduación de su hijo, Pablo Rojo. El joven, quien quedó con daño cerebral irreversible, ha permanecido con la familia de su madre, quienes cuidan de él. Tiene buena relación con su madre y se mantienen en contacto con ella, probablemente debido a un estado amnésico o de negación sobre lo ocurrido, según decretaron algunos psicólogos.

Pablo Rojo Rodriguez, el padre de los hermanos Rojo, se ha distanciado de su hijo. Principalmente por culpa de la familia de Jeannette, según sus propias declaraciones. Actualmente, se encuentra casado con Miriam Peña, «La Rancherita», con quien tiene dos hijos. Un final un tanto irónico para uno de los crímenes más emblemáticos de la historia policial chilena.


Juicio a detenida por el homicidio: «A mis hijos nunca los golpeé»

Felipe Díaz – Latercera.com

15 de diciembre de 2009

«Estando en la cárcel, me dije: yo no puedo estar acá por algo que no hice. Por eso me decidí a hacer la denuncia de la violación y de la extorsión en mi contra. Fue para proteger a Pablito». Jeannette Hernández (40) asegura ser inocente del crimen de su hijo Esteban (7) y del brutal ataque a su otro hijo, Pablo (17), y se aferra a la versión de que el verdadero homicida es un hombre que la violó hace años y que luego la extorsionó durante meses, a cambio de guardar el secreto y no dañar a su familia.

Así comenzó ayer el juicio por uno de los crímenes más brutales de los últimos años y que tiene en prisión a la madre de las víctimas. La mujer, quien aseguró tener sueños premonitorios, dijo que en diciembre de 2007 decidió no pagarle más a su supuesto victimario, a quien identificó como «Carlos», y que un mes después vino el ataque. «Me dijo “cometiste el peor error”», dijo la mujer, de profesión peluquera, entre lágrimas.

La defensora de la acusada, Ximena Silva, aseguró que la fiscalía cuenta sólo con pruebas indirectas y agregó que, según sus peritajes, sufre de sicosis endógena. Sin embargo, las pericias siquiátricas realizadas por el Servicio Médico Legal revelaron que la mujer tiene rasgos de personalidad narcisista, histriónica, celópata y egocéntrica, pero no enfermedad mental.

Jeannette habló en la audiencia durante seis horas seguidas. «A mis hijos nunca los golpeé. A lo más, al mayor le tiré una vez las patillas cuando hizo la cimarra», se defendió.

Según la peluquera, desde niña ha tenido sueños premonitorios: «Soñé con que el mar se salía y que después había erupciones volcánicas donde no debería haber volcanes. Pasado el tiempo, la gente me decía que esos fenómenos realmente pasaron». De esta forma, aseguró haber anticipado el tsunami del sudeste asiático en 2004 y la erupción del volcán Chaitén.

En el extenso interrogatorio, en el cual los fiscales no pudieron hacerle preguntas, admitió ser celosa: «Siento celos normales por mi esposo, pero más que nada es preocupación».

Respecto de la supuesta relación amorosa de su esposo con la cantante amateur de música tropical y mexicana Myriam Peña, conocida como «La Rancherita», dijo: «No me daba celos ella, sino que me molestaba todo el tiempo que él invertía en cosas de ella». Según la fiscalía, la mujer atacó a sus hijos para «castigar» a su marido por el supuesto romance.


Madre imputada en caso Rojo confiesa: «Agarré para el leseo al psicólogo del SML»

Emol.com

17 de diciembre de 2009

«¿No será que usted entró ese día, pero antes, señora Jeannette? ¿No será que entró antes a romper la chapa? ¿No será que usted dejó a sus hijos, antes, de esa forma?»

El tercer día del juicio oral en contra de la madre de los hermanos Rojo, Jeannette Hernández -principal imputada en el ataque a los menores que dejó a uno muerto y a otro con diversos grados de discapacidad- estuvo marcado por las contradicciones e incoherencias con que la acusada respondió el interrogatorio de los fiscales Pablo Sabaj y Patricio Vergara.

La mujer fue duramente increpada por la Fiscalía, quien la acusó de cambiar las versiones de los hechos, contrastando sus respuestas con las declaraciones que ella misma emitió en los primeros interrogatorios, tras el atentado a los menores en enero de 2008.

Qué hizo cuando vio los cuerpos

Durante los tres días, desde el inicio del juicio, Hernández relató que cuando llegó a su casa, encendió la luz, vio a Pablo -el hijo mayor que quedó con discapacidad-, le llamó la atención que había algo rojo (sangre), lo ayudó, le tomó la mano y salió.

Luego, mientras ella estaba afuera, ingresó su marido, quien después también salió a pedir ayuda. Según su versión, en ese instante vuelve a ingresar a la casa, sube al segundo piso, ve que no está Esteban y baja. Minutos después, vuelve a subir a revisar el baño y el dormitorio del niño. En ese minuto lo encuentra, pero no lo ayuda porque no tolera la sangre.

Ayer, en la audiencia, ese hecho tuvo tres versiones confusas.

«Yo vi al Pablo, quedé en shock, salgo y entra mi esposo. Cuando yo estaba apoyada en el auto ingresó mi esposo, en eso mi esposo empieza a gritar y sale para afuera a gritar. Pedía ayuda. En eso yo entro, de nuevo y me acerqué al Pablito de nuevo y ahí salí para afuera a ver a mi esposo (…)», dijo en un comienzo.

Treinta segundos después, el relato es otro: «Cuando yo abro la puerta, le grito a mi esposo porque no podía hablar bien. Él entra y yo me quedó ahí (afuera), me quedo y él entra y sale y yo estaba afuera en la reja y yo me puse a gritar también y en eso mi esposo sale gritando también (…). Yo me devolví y entré porque quería ver al Pablo, me acerqué a mi hijo. De ahí volví a salir para afuera y ahí veo que mi esposo venía de arriba, del mismo pasaje. Él gritó algo del Esteban y ahí entré yo sola y me acordé del niño», respondió a las contrapreguntas.

«Vi al Esteban primero, porque yo entré a la casa primero. Después ingresó mi esposo, salió. Salió para arriba (por la calle), gritó Esteban, ahí subí y bajé dos veces y ahí gritaba afuerita por el Esteban (…). La vecina dijo que no había visto al Esteban (durante el día) yo ingresé y ahí grité acá está, acá está. No volví a entrar», dijo finalmente.

Horas de llegada y salida

La fiscalía constató que en reiteradas ocasiones, la imputada cambió la hora de salida de su casa, ya que en interrogatorios anteriores aseguró que el día del ataque abandonó su hogar a las 12.50, pero ayer dijo que fue cerca de las 14.00 horas.

«Yo no sabía que era importante (decir la hora exacta) (…). Yo sé la hora que salí, pero cuando me preguntaban decía 12, 12.30, 13 hrs. La verdad, no es por nada, pero agarré para el chacoteo, para el leseo al psicólogo del SML porque me molestó que me dijera que él único consejo era acusarme. A mí me cayó bomba y para mí no era una persona profesional», respondió Hernández al percatarse del cambio en las versiones.

La Parvularia

Primero, la mujer aseguró que el día de los hechos, llegó tarde al trabajo porque se encontró con una parvularia que había peinado el día de su matrimonio, sin embargo, un día después de declarar eso, dudó de la cita, y el fiscal Sabaj la increpó por olvidarse de dicha prueba, pero no, de que esa tarde se tomó un jugo de mote con huesillos.

«Yo estoy segura que fue ese día, pero fueron como dos minutos (…). Yo nombré a la parvularia porque ellos me preguntaron tantas veces, pero no eran excusas (…). Me preguntaron de todo lo que había hecho y yo sí dije que me había encontrado con una parvularia, pero por eso le digo, yo sé que me encontré con esa parvularia, pero no estoy segura si fue ese día (el del ataque)», comentó ayer Hernández.

El pijama de Esteban

Durante el juicio, la imputada precisó que cuando encontró el cuerpo de su hijo Esteban -el menor que resultó asesinado- «estaba con un pantalón de buzo azul, en la mañana. No lo usaba para dormir, el niño no duerme con eso. Estaba con un pantalón de buzo (…) Cuando salí no estaba con la ropa con que durmió. Cuando se pasó conmigo, se puso ese pijama».

No obstante, la fiscalía expuso que el día del ataque ella declaró que el niño tenía un pantalón de buzo «que usaba como pijama». Ante la contradicción, Hernández dijo: «La verdad, es que sí, es que los días anteriores, cuando le daba frío se ponía ese, era un buzo, pero a él le gustaba usarlo como pijama».


Perito: «Lazo en la escala es la firma de la señora Jeannette en la escena del crimen»

Lacuarta.com

18 de diciembre de 2009

Durante este viernes continúa el juicio contra la madre de los hermanos que fueron brutalmente atacados en enero de 2008. El perito señaló que Jeannette Hernández era muy celosa, pero su marido nunca le dio motivos y está ultra enamorado.

En la quinta jornada del juicio que se lleva contra Jeannette Hernández en el denominado «Caso Rojo», el perito de la Policía de Investigaciones, Erwin Rojas, sindicó directamente a Jeannette Hernández como la presunta autora del ataque contra sus hijos.

El experto entregó hoy más detalles que involucran directamente a la mujer como la presunta autora del crimen, para lo cual, junto con la Fiscalía, mostró imágenes tomadas en la escena del crimen un día después del hecho y otra del mismo 17 de enero de 2008.

En la primera de ellas, se pudo observar un lazo que colgaba desde la escalera, cuerda que el día del ataque no estaba.

Sobre esta base, el perito -que cuenta con 15 años de experiencia en investigaciones de homicidios-, manifestó que la presencia del cordel constituye la firma de la señora Jeannette en la escena el crimen.

Rojas explicó, basado en su experiencia, que en la mayoría de los parricidios el autor del crimen siempre trata de acabar con su vida.

El perito agregó que durante la investigación se encontraron con que Hernández, días antes de los sucesos, ya había manifestado su intención de suicidarse a su marido y a su hijo mayor.

En la audiencia de hoy, el investigador volvió a echar por tierra las declaraciones entregadas por la mamá de los niños Rojo.

En este contexto, mostró una infografía que muestra qué hicieron los Rojo momentos antes de llegar a casa, construida en base al empadronamiento de los vecinos y el relato entregado en dicha diligencia.

El documento muestra que Jeannette Hernández caminó junto a su marido en dirección a la casa, cuando Pablo Rojo se detuvo a conversar con un vecino.

Su mujer, entretanto, siguió su camino a casa y es aquí donde comienzan las discrepancias.

Mientras Hernández dijo que ingresó a la vivienda, y tras dejar unas cosas en un sillón se percató que su hijo Pablo estaba ensangrentado cerca de una pared, el perito desmintió el hecho, indicado que, avalado por la declaración de testigos, la mujer no habría alcanzado a entrar completamente a su casa.

Otro dato relevante, es que la imputada entregó en su declaración datos muy detallados de cómo estaban distribuidas las cosas al interior de su vivienda, además de la posición de su hijo Esteban, quien se encontraba en el segundo piso.

Para Rojas, lo anterior es sospechoso ya que, según la declaración de su marido y de vecinos, Jeannette nunca accedió al segundo piso de la casa, ni mucho menos vio la escena del crimen.

El perito de la PDI, concluyó que para que Jeannette supiera exactamente como estaban las cosas al interior de la casa, la mujer tendría que haber estado en el lugar horas antes de su arribo junto a su marido al domicilio.

La «Rancherita»

La historia cronológica narrada por horas antes por el perito, señala que la relación se deterioró a tal punto con su marido, que Pablo Rojo comenzó a sentir algo por la cantante, de nombre Myriam y conocida como «Rancherita», con quien estaba trabajando como su representante.

Jeannette Hernández le empezó a sacar en cara esta situación y comenzó a interrogar a sus hijos para que le contaran la rutina de su padre, en especial los fines de semana.

Los niños eran quienes informaron a la imputada que su padre Pablo Rojo, los fines de semana se perdía durante todo el día y el perito señaló que los pasaba con la «Rancherita».

El investigador señala que todas estas situaciones pasan días antes del jueves 17 de enero, fecha en que ocurrió el ataque a los hijos.

Las mentiras de Hernández

Rojas además comentó que los celos de la mujer hacia su esposo cada vez se hicieron más insoportables lo que cambió la relación entre ambos. Esto se intensificó cuando Pablo Rojo conoció a la cantante conocida como «La Rancherita» y empezó a desarrollar labores de «representante».

A esto se suma que Pablo Rojo descubrió varias mentiras de su mujer. Una de ellas fue que la mujer se gastó un dinero, $1.800.000 que su marido tenía guardado en su casa. Otra fue que Hernández en lugar de pagar el dividendo de la casa, se lo gastó para cancelar el arriendo de la peluquería que ella tenía.

La mujer comenzó a perder la atención de su marido y empezó a inventar historias para recuperar a su esposo. Es así como inventó primero que tenía un amante y luego que la habían violado y extorsionado.

Un punto relevante de la investigación es que en la historia del «violador», el supuesto atacante la amenazó con matar a sus hijos. El investigador recalca este punto porque se habla de eso 4 meses antes del crimen.

Inconsistencias

En la Fiscalía de Puente Alto se desarrolla el cuarto día de juicio oral en contra de Jeannette Rojo, acusada por la Fiscalía de atacar a sus dos hijos Esteban (7) y Pablo (17) con un martillo el 17 de enero de 2008.

El perito Erwin Rojas Cortés de la Policía de Investigaciones, señala que hicieron una investigación desde el momento en que se conocieron Jeannette Hernández y Pablo Rojo, esto para establecer que la mujer sufre de celos.

El investigador también señala que Pablo Rojo nunca le dio motivos para que la mujer lo celara ni desconfiara de él. «Permiso su señoría, pero él (Pablo) está huevón por su señora, así de enamorado», verseó el perito.

Durante la mañana, el perito Erwin Rojas mostró una infografía conformada por el relato de gente que circulaba en el momento en que Jeannette Hernández y su esposo Pablo Rojo regresaban a casa el día del crimen.

Señala el perito que Jeannette en un momento entra y sale gritando «mataron a mis hijos». Según testigos, la mujer ingresó y salió en muy breves instantes, por lo que se pone en duda el tiempo en que ella permaneció al interior del inmueble. El perito concluyó que la mujer nunca ingresó completamente al interior del domicilio.

El investigador indica que les llamó la atención los detalles que entregó en su declaración la acusada. Ya que nadie más, de los que ingresaron al domicilio, advirtieron por ejemplo el daño de la chapa de una puerta, el desorden que había en un [el] domicilio y la posición en al que se encontraba su hijo Esteban.

El investigador concluyó que Jeannette Hernández ingresó al sitio del suceso, pero no a las 21:00 horas como indicó en el relato, sino que fue mucho antes.


Caso Rojo: Condenan a presidio perpetuo simple a Jeannette Hernández

Latercera.com

19 de enero de 2010

La madre de los hermanos Rojo deberá cumplir 20 años de cárcel efectiva. Con posterioridad podrá pedir algún beneficio carcelario que le pueda conceder su libertad.

A presidio perpetuo simple y no calificado como pedía la fiscalía fue condenada esta tarde Jeannette Hernández, tras ser declarada culpable del parricidio de Esteban Rojo (7), el menor de sus hijos, a quien atacó brutalmente al interior de su casa en Puente Alto, el 17 de enero de 2008, y el parricidio frustrado en contra de Pablo, el mayor de los hermanos Rojo, a quien dejó con graves secuelas neurológicas.

El dictamen implica que Hernández deberá cumplir 20 años de cárcel efectiva y con posterioridad podrá pedir algún beneficio carcelario que le pueda conceder su libertad.

Tras un juicio que se extendió por dos semanas y donde la Fiscalía Metropolitana Sur presentó pruebas y testigos, entre ellos la declaración del marido de la mujer, se estableció que Hernández había utilizado un elemento contundente para matar a su hijo menor Esteban Rojo Hernández (7) y provocar lesiones graves a Pablo (15), el mayor de sus hijos.

Antecedentes contenidos en la carpeta investigativa de la fiscalía, indican que la mujer agredió violentamente a sus hijos motivada por los celos y sospechas de infidelidad de su pareja.

Conocida la resolución, la abuela de los pequeños manifestó su tranquilidad con el dictamen y dijo que «estamos conformes, se hizo justicia (…) ella siempre va a negar, lo ha negado todo este tiempo. Ella no es inocente», precisó la mujer quien al ser consultada por el estado del mayor de sus nietos precisó que «Pablito esta bien, está tranquilo siempre ha dicho que se haga justicia porque fue su mamá».

El Ministerio Público había pedido condenar a la mujer a presidio perpetuo calificado por el parricidio de Esteban y 20 años por el ataque al mayor de los niños, sin embargo el tribunal determinó que se trataba de un hecho por lo que estableció una sola pena para los casos presentados por la fiscalía.

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