Jean-Pierre Vaquier

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Jean-Pierre Vaquier
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Envenenador
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 29 de marzo de 1924
  • Fecha de nacimiento: 14 de julio de 1879
  • Perfil de las víctimas: Alfred Jones (el marido de su amante)
  • Método de matar: Veneno (estricnina)
  • Localización: Surrey, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Ejecutado en la horca en Wandsworth el 12 de agosto de 1924
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Jean-Pierre Vaquier

Colin Wilson y Patricia Pitman – Enciclopedia del crimen

Inventor francés de 45 años, pequeño, hablador y acicalado, condenado a la última pena en Guilford, en julio de 1924, por la muerte de Alfred Jones, propietario del Hotel del Ancla Azul de Byflett (Surrey).

El año anterior, la señora Jones había pasado unas vacaciones en Biarritz (para distraer su mente de la bancarrota que la amenazaba), conociendo en el hotel donde se hospedaba a Jean-Pierre Vaquier, el encargado de manejar la última novedad del establecimiento: un aparato de radio. Entre ellos, a pesar de que ninguno hablaba el idioma del otro, surgió un amor apasionado.

Al volver Mrs. Jones a Inglaterra, Jean-Pierre Vaquier la siguió (provisto de un diccionario francés-inglés), esperando vender allí la patente de una máquina de su invención destinada a la fabricación de salchichas. Subvencionado por su amante, pasó una temporada de seis semanas en el Hotel del Ancla Azul.

Una mañana, Alfred Jones, que había estado bebiendo abundantemente, expiró después de ingerir un vaso de sales que resultaron contener estricnina.

Los amantes fueron sometidos a interrogatorio y varios periodistas fotografiaron a Jean-Pierre Vaquier, que disfrutaba posando para ellos. Al leer el periódico a la mañana siguiente un farmacéutico, reconoció al francés como el hombre que había adquirido en su establecimiento algunas semanas antes cierta cantidad de estricnina. Jean-Pierre Vaquier fue arrestado y acusado del crimen.

Los alaridos y gesticulaciones con que quería hacerse entender prescindiendo del intérprete convirtieron las sesiones del proceso en un espectáculo verdaderamente divertido, pero las pruebas presentadas contra él fueron decisivas, siendo condenado a muerte.

Murió ejecutado en la prisión de Wandsworth el 12 de agosto de 1924.


Jean-Pierre Vaquier

Última actualización: 3 de abril de 2016

En el Ancla Azul, en Byffleet, Surrey, que entonces no era tan claramente como hoy un suburbio de Londres, los nuevos encargados, los Jones, estaban alojando a un francés, menesteroso, de cabello y barba rizados, con un gran bigote y, sobre un ojo, una berruga. Se llamaba Jean-Pierre Vaquier, de 45 años.

En enero de 1924, Mabel Jones lo había conocido en Biarritz, donde había ido por razones de salud. En Biarritz, ella había sido complaciente con él, y también en París, mientras venía de regreso a casa y, es de temerse, asimismo en el Russell Hotel, en Londres, cuando él la siguió a Inglaterra.

No ocurrió así en el Ancla Azul, donde él se había presentado, donde permanecía sin haber pagado aún nada y donde estaba constituyéndose en un problema. Jones era uno de esos mesoneros que se beben las ganancias, y a la hora de cerrar realmente cierran, pero se quedan dentro con sus amigos.

Al levantarse en la mañana del 29 de marzo, sintiendo aún los efectos de la noche anterior, se sirvió una dosis de sales de bromo que guardaba en el bar. Las sales no hicieron efervescencia, y su sabor era amargo. Pocas horas después, Jones había muerto, envenenado con estricnina.

Vaquier no fue detenido inmediatamente. En realidad, quince días después aún estaba en libertad. Su proceso se celebró en julio en el ayuntamiento de Guildford

En su relato del caso, sir Patrick Hastings nos dice:

«Jean-Pierre Vaquier fue el único hombre a quien yo haya acusado de asesinato, y el caso me disgustó intensamente. Yo era procurador general al someterse el crimen y, como un funcionario de la ley invariablemente conduce la acusación en un caso de muerte por envenenamiento, la tarea recayó en mí. Yo no sentía ninguna simpatía por el extraño hombrecillo sentado en el banco de los acusados, pero el proceso me preocupó mucho, en parte porque no me convencía el móvil del asesinato y, en parte, porque la experiencia de interrogar a un hombre cuando le va en juego la vida es algo que no deseo repetir nunca.

A diferencia del proceso de madame Fahmy, el de Jean-Pierre Vaquier se efectuó a la impecable manera inglesa; fue antes una exhibición de fair play que de algún deseo de seguir las prácticas continentales. Sir Patrick («ansioso de que el reo, como extranjero, pudiera contar con todas las ventajas posibles en su juicio») renunció al derecho del que disfrutan aquellos pocos signatarios que un momento dado son funcionarios de la ley de hablar el último, aun cuando la defensa no haya llamado a ningún testigo, o a nadie más que al acusado. El efecto fue extraño.

La característica más curiosa del juicio fue la actitud del propio prisionero. Su abrumadora vanidad era evidente pero su conocimiento de los procedimientos penales procedía enteramente de los tribunales franceses. Había esperado que lo desafiaran, no solo los acusadores, sino el propio juez. Había esperado que le gritaran y lo llamaran asesino.

La estudiada cortesía e imparcialidad con que fue tratado no solo le sorprendieron, sino que causaron en él un concepto completamente erróneo del curso que iba siguiendo su proceso. Como nadie le gritaba, pensó que había caído en gracia. Como nadie le llamaba asesino, pareció pensar que nadie lo consideraba como tal. Desde el principio se convenció de que el proceso avanzaba en un ambiente de benevolencia que sólo podía terminar en su triunfal absolución.

Fue trágico, indudablemente, pero también fue cómico, cuando descubrió su error: el jurado volvió con su veredicto y el juez Avory se puso su gorra negra y pronunció las palabras fatales.

Gritó que era inocente, que su juicio había sido parcial y hubo de ser llevado del banquillo de los acusados por la fuerza, gritando y protestando.

Fue conducido a Wandsworth y allí, gritando: «Vive la France!», fue colgado el 24 de agosto.

 


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