James Huberty

La Masacre del McDonald's de San Ysidro

  • Clasificación: Asesino en masa
  • Características: Venganza
  • Número de víctimas: 21
  • Periodo de actividad: 18 de julio de 1984
  • Fecha de nacimiento: 11 de octubre de 1942
  • Perfil de las víctimas: Elsa Herlinda Borboa-Firro, 19 (empleado de McDonald's) / Neva Denise Caine, 22 (encargado de McDonald's) / Michelle Deanne Carncross, 18 / Colmenero-Silva de María Elena, 19 / David Flores Delgado, 11 / Gloria López González, 23 / Omar Alonso Hernández, 11 / Blythe Regan Herrera, 31 (madre de Matao Herrera) / Matao Herrera, 11 / Paulina Aquino López, 21 (empleado de McDonald's) / Margarita Padilla, 18 (empleado de McDonald's) / Claudia Pérez, 9 / Jose Rubén Lozano Pérez, 19 / Carlos Reyes, 8 meses / Jackie Lynn Wright-Dominguez, 18 (madre de Carlos Reyes) / Vencedor Maxmillian Rivera, 25 / Arisdelsi Vuelvas Vargas, 31 / Hugo Luis Velazquez Vasquez, 45 / Laurence Herman “Gus” Versluis, 62 / Aida Velazquez Victoria, 69 / Miguel Victoria-Ulloa, 74 (marido de Aida Victoria)
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: San Ysidro, Estados Unidos (California)
  • Estado: Muerto el mismo día por un francotirador del equipo SWAT
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James Huberty

Wikipedia

La Masacre del McDonald’s de San Ysidro fue un incidente ocurrido el miércoles 18 de julio de 1984, en un restaurante de la cadena McDonald’s localizado en San Ysidro, San Diego, California, el tiroteo causó 22 muertos (incluyendo al perpetrador James Oliver Huberty) y causó lesiones a otras 19 personas.

Perpetrador

James Oliver Huberty nació en Canton, Ohio el 11 de octubre de 1942. Cuando tenía tres años se enfermó de Poliomielitis y a pesar de que su recuperación fue progresiva, la enfermedad le causó dificultades permanentes para caminar.

En la década de 50’s su padre compró una granja en el Comunidad Holandesa de Pennsylvania, en Pennsylvania. La madre de Huberty se negó a vivir en esta comunidad y pronto abandonó a su familia para predicar dentro de la Convención Bautista del Sur. Su abandono dejó un profundo efecto en el joven James, quien se hizo huraño y retraído.

En 1962, Huberty fue matriculado en la universidad jesuita de la comunidad, donde estudió y obtuvo un grado en sociología. Más tarde recibió una licencia como embalsamador en el Instituto de Ciencias Funerarias de Pittsburgh en Pittsburgh, Pennsylvania.

Durante su estancia en esta escuela conoció a su esposa Etna, con quien se casó en 1965 y tuvo dos hijas – Zelia y Cassandra. La familia Huberty se instaló en Massillon, Ohio, donde James trabajó como director funerario en la Casa Funeraria Don Williams. En 1971, la familia Huberty se vio obligada a trasladarse a Cantón, después de que su casa en Massillon fuera incendiada.

Mientras vivía en Cantón, Huberty encontró trabajo como soldador para el Sindicato Metalúrgico Inc. Huberty y su esposa Etna tenían historial de comportamiento violento. En una fiesta de cumpleaños de la hija de un vecino, Etna instruyó a su hija Zelia a golpear a sus compañeros de clase.

En un altercado relacionado con la madre del niño, Etna amenazó a la mujer con una pistola calibre 9 mm; y a pesar de que fue detenida, la policía de Cantón no pudo confiscar el arma. Un tiempo después James le disparó a su Pastor Alemán en la cabeza cuando un vecino se quejó de que el perro había dañado su automóvil.

Huberty, que era un “sobrevivalista”, vio señales de problemas desarrollándose en Estados Unidos, creyendo que las regulaciones y la intervención del gobierno eran la causa de que los negocios quebraran y del desempleo, incluyendo el suyo.

Él creía que los banqueros internacionales manipulaban el Sistema de Reserva Federal y estaban provocando la ruina financiera de la nación. Estaba convencido de que la agresión soviética se encontraba en todas partes, y creía que el fin de la sociedad se encontraba cerca, quizá a través de un colapso económico o una guerra nuclear.

Se comprometió a prepararse para sobrevivir dicho colapso y mientras estaba en Canton, almacenó en su casa miles de dólares de comida no perecedera y seis armas que planeaba usar para defender su hogar del caos que se avecinaba. Cuando se mudó a Ohio, dejó toda la comida pero llevó consigo las armas.

La violencia doméstica era frecuente en el hogar Huberty. Etna alguna vez llegó a presentar un reporte al Departamento de Protección de Niños y Servicios Familiares informando que su marido le había “arruinado” la quijada. Para tranquilizar a James y sus episodios de violencia, Etna creó cartas del tarot y pretendía leer su futuro, lo que le producía una calma temporal.

Como resultado de un accidente en motocicleta, Huberty tenía un espasmo incontrolable en el brazo derecho, una condición que hizo imposible que continuara laborando como soldador. En enero de 1984, la familia Huberty dejó Canton y tuvieron una breve estancia en Tijuana, México antes de establecerse en San Ysidro, una comunidad de San Diego, California. Ahí fue capaz de encontrar un trabajo como guardia de seguridad; sin embargo, fue despedido dos semanas antes del tiroteo. Su departamento se localizaba a tres cuadras del lugar de la masacre.

Antes del tiroteo

El día antes de la masacre, Huberty había llamado a un centro de salud mental. La recepcionista escribió mal su nombre como “Shouberty”, y como él había afirmado que no se trataba de una emergencia, su llamada no fue devuelta. Huberty y su familia fueron al zoológico de San Diego en la mañana del 18 de julio, y comieron en un McDonald’s en el barrio de Clairemont en el norte de San Diego pocas horas antes de la masacre.

Antes de que Huberty se dirigiera a McDonald’s, su esposa Etna le preguntó a dónde se dirigía. Huberty respondió que iría “a cazar humanos.” Ese mismo día él le habría comentado a su esposa que “La sociedad tuvo su oportunidad.” Al ser interrogada por la policía, Etna no dio ninguna explicación de por qué ella no reportó su comportamiento tan extraño. Un testigo llamó a la policía cuando vio a Huberty cuando salía de su apartamento y se dirigía al Boulevard de San Ysidro con dos armas de fuego, pero la operadora le dio a los oficiales la dirección incorrecta.

La Masacre

Huberty utilizó en el restaurante una 9 mm Uzi semi-automática (la principal arma que utilizó en la masacre), una escopeta Winchester de bombeo calibre 12, y una 9 mm Browning HP, matando a 21 personas e hiriendo a otras 19 personas. De sus víctimas la mayoría eran predominantemente mexicanos y méxico-estadounidenses y tenían edades comprendidas entre 8 meses y 74 años.

La matanza comenzó a las 3:40 pm y duró 77 minutos. Huberty había gastado 257 rondas de municiones antes de que él recibiera un disparo letal por un francotirador del equipo SWAT, Chuck Foster, quien se encontraba encaramado en el tejado de la oficina de correos junto al restaurante.

Inicialmente, la policía y los equipos de emergencia se dirigieron a un McDonald’s ubicado cerca de la Frontera Internacional con Tijuana a las 3:15 pm, y 15 minutos más tarde cambiaron de dirección después de enterarse de que el tiroteo era en realidad en el McDonald’s junto a la oficina de correos que se encontraba a aproximadamente 3 Km de distancia.

Aunque Huberty declaró durante la masacre que había asesinado a miles en Vietnam, él nunca sirvió en ninguna rama del ejército. Testigos declararon que Huberty había sido visto en el supermercado Big Bear y más tarde en la oficina postal. Se conjeturó que él pensó que McDonald’s era un mejor objetivo.

Debido al número de víctimas, las casas funerales locales tuvieron que utilizar el Centro Cívico de San Isidro para poder prestar sus servicios. La parroquia local, La Iglesia de Monte Carmelo tuvo que tener misas funerales masivas.

Lista de Víctimas

  • Elsa Herlinda Borboa-Firro, 19 (empleado de McDonald’s)
  • Neva Denise Caine, 22 (encargado de McDonald’s)
  • Michelle Deanne Carncross, 18
  • Colmenero-Silva de María Elena, 19
  • David Flores Delgado, 11
  • Gloria López González, 23
  • Omar Alonso Hernández, 11
  • Blythe Regan Herrera, 31 (madre de Matao Herrera)
  • Matao Herrera, 11
  • Paulina Aquino López, 21 (empleado de McDonald’s)
  • Margarita Padilla, 18 (empleado de McDonald’s)
  • Claudia Pérez, 9
  • Jose Rubén Lozano Pérez, 19
  • Carlos Reyes, 8 meses
  • Jackie Lynn Wright-Dominguez, 18 (madre de Carlos Reyes)
  • Vencedor Maxmillian Rivera, 25
  • Arisdelsi Vuelvas Vargas, 31
  • Hugo Luis Velazquez Vasquez, 45
  • Laurence Herman “Gus” Versluis, 62
  • Aida Velazquez Victoria, 69
  • Miguel Victoria-Ulloa, 74 (marido de Aida Victoria)

Consecuencias

Después de demoler el sitio, McDonald’s construyó otro restaurante cerca y entregó la otra propiedad a la ciudad, que estableció un Centro de Educación en el sitio como parte de Colegio Comunitario Southwestern. Este lugar fue construido en 1988 como una ampliación de su campus.

En frente de la escuela se encuentra un monumento a las víctimas de la masacre, que consiste de 21 pilares hexagonales de mármol blanco que varían en altura de un a seis pies y que cada uno lleva el nombre de cada una de las víctimas, diseñado por Roberto Valdés. Cada aniversario, el monumento se decora con flores y en el Día de Muertos (festividad mexicana) se ponen velas y ofrendas para las víctimas.

La ubicación del monumento y se encuentra en el 484 del Boulevard de San Isidro en San Ysidro, CA. El diseñador Valdés, un ex estudiante del Colegio del Suroeste, dijo acerca de la escultura “Los 21 hexágonos representan a cada persona que murió, y cada una tiene diferente alturas. representando la variedad de edades y razas de las personas involucradas en la masacre. Están unidas esperando que la comunidad, en una tragedia como esta, permanecerá unida, como ellos lo hicieron”.

En respuesta al incidente, la ciudad de San Diego aumentó la capacitación de unidades especiales y compró armas de fuego más poderosas para contrarrestar situaciones futuras. El incidente de San Ysidro provocó que los departamentos policiales en todo Estados Unidos proporcionaran a sus agentes armas de fuego de mayor potencia y entrenamiento especial para detener criminales violentos y mantener seguras a las personas que los rodean.

Las familias de las víctimas fallecidas, junto con las víctimas sobrevivientes, demandaron a la corporación McDonald’s y su franquicia local en la Corte Superior de San Diego. Los casos fueron consolidados y, finalmente rechazados antes del juicio por la petición de la defensa por un juicio rápido. Los demandantes apelaron.

El 25 de julio de 1987, el Tribunal de Apelación de California (Cuarto Distrito, Primera División) afirmó juicio sumario a los acusados porque no tenían obligación de proteger a los clientes de un asalto imprevisible por un asesino con problemas mentales; y los demandantes no pudieron probar la relación de causalidad, porque las medidas estándar de seguridad normalmente utilizadas por los restaurantes para disuadir a los delincuentes, tales como guardias y cámaras de televisión de circuito cerrado, no podrían haber disuadido a un loco que no se preocupa por su propia supervivencia.

En 1986, Etna Huberty, la viuda de James, demandó a McDonald’s y Babcock y Wilcox, su antiguo empleador sin éxito alguno, en un tribunal estatal de Ohio por $5 millones, alegando que la masacre fue provocada por la mezcla combinada de comer demasiados nuggets de pollo de McDonald’s y por trabajar en torno a metales altamente tóxicos.

Ella alegó que el glutamato monosódico en los alimentos, combinada con los altos niveles de plomo y cadmio en el cuerpo de Huberty fueron las causantes de delirios y de furia incontrolable.

Una autopsia reveló que su cuerpo contenía altos niveles de dichos metales, probablemente por acumulación por la inhalación de vapores durante 14 años de ser soldador. Los resultados de la autopsia también revelaron que no había drogas ni alcohol en su sistema en el momento de los asesinatos. Etna Huberty murió en el año 2003.


James Huberty – «La Masacre de McDonalds» (Estados Unidos)

Asesinosenseriebios.blogspot.com

James Oliver Huberty provenía de un hogar roto. Su único amigo durante su solitaria infancia había sido su perro. Su madre, que lo había abandonado a él y a su hermana cuando eran pequeños, se limitó a decir: “Yo necesitaba ayuda”.

Huberty se casó y tuvo dos hijas. En 1965 recibió una licencia especial del Pittsburg Institute of Mortuary Science para poder practicar embalsamamientos. Después se licenció en Sociología por una pequeña universidad cuáquera de Ohio y se compró una casa; pese a su pasado de abandono, era un hombre de familia estable. Sin embargo, perdió su trabajo de soldador al cerrar la empresa y nunca llegó a practicar ningún embalsamamiento.

Según testimonios, muchos de sus amigos creyeron que era comunista tras oírlo despotricar contra el sistema capitalista después del cierre de su empresa. Sin embargo, su esposa Etna dijo: “Si hay que ponerle alguna etiqueta a James, es más bien la de nazi”. Eran varias las escenas de violencia doméstica vividas entre ellos; Etna era una mujer muy violenta y agredía a Huberty constantemente, sobre todo cuando estaba ebria.

Huberty decidió trasladarse al oeste del país e iniciar una nueva vida, pero perdió mucho dinero con la venta de su casa. Inexplicablemente, se trasladó a la población fronteriza mexicana de Tijuana donde, incapaz de hablar español y sintiéndose (según su esposa) “desvalido, perdido y rechazado”, empezó a desarrollar un odio intenso hacia los hispanoamericanos.

El único empleo que consiguió fue el de guardia de seguridad, pero fue despedido a las pocas semanas. En lo que al parecer fue un último intento por salvar lo que quedaba de su vida, Huberty solicitó un puesto en una clínica de salud mental, pero no lo consiguió, pese a tratarse de una institución con falta de plantilla. Luego volvió a trasladarse a Estados Unidos y se instaló en una casa de San Ysidro, desde la que se veía un local de la cadena de hamburgueserías McDonald’s, muy frecuentado precisamente por jóvenes hispanos.

El 17 de julio de 1984, Huberty llamó a una clínica mental y pidió ayuda. La recepcionista apuntó su apellido como “Shouberty”; como no se trataba de ninguna emergencia, nadie le devolvió la llamada. Huberty se fue a un McDonald’s en el barrio de Clairemont (al norte de San Diego) y estuvo allí varias horas. El 18 de julio estuvo en el zoológico de San Diego con su familia. Empezó con la visita a los animales enjaulados; allí hizo varios comentarios donde reflejaba su amargura y resentimiento social al compararse con ellos. Se sentía atrapado por las circunstancias.

Llevó luego a su familia a casa y le anunció a su esposa: “¡La sociedad ha tenido su oportunidad! Voy a cazar… ¡a cazar humanos!”. Tomó sus armas y partió en su destartalado automóvil Mercury. Un testigo que lo vio salir armado a la calle llamó a la policía, pero les dio la dirección equivocada.

Huberty fue primero al supermercado Big Bear. Rondó por allí un rato y después se marchó. Se dirigió a la oficina postal, pero tampoco hizo nada. Finalmente, regresó al rumbo de su casa, llegó a la hamburguesería McDonald’s, entró y pidió una hamburguesa y unos McNuggets de pollo. Cuando vio el tamaño de su hamburguesa, le reclamó al empleado señalando la fotografía publicitaria sobre el mostrador, la cual mostraba una hamburguesa enorme y jugosa. El empleado, un hispano, lo trató mal; Huberty, enojado, resentido y silencioso, salió del restaurante.

Regresó con sus armas en la mano y empezó a disparar indiscriminadamente; eran las 15:40 horas y había cruzado la línea. Llevaba una ametralladora Uzi, una escopeta de doble cañón y una pistola. La policía fue alertada, pero se equivocaron nuevamente y se dirigieron a un McDonald’s ubicado cerca de la frontera con Tijuana; al ver que no sucedía nada, pensaron que se había tratado de una broma. Se marcharon y eso permitió que Huberty se diera gusto matando personas durante casi una hora y media.

En el transcurso de un asedio que duró ochenta y dos minutos, descerrajó doscientos cincuenta y siete tiros contra los clientes aterrorizados, matando a veintiuno e hiriendo a diecinueve más. Asesinó a clientes y empleados, principalmente a hispanos. Muchos de ellos eran niños.

Mientras disparaba, gritaba que había matado a cientos de personas en Vietnam; pero era mentira, pues Huberty nunca estuvo en el ejército. La policía llegó al McDonald’s, rodeó el lugar y se inició una tensa espera. Huberty no iba a negociar la vida de los rehenes: lo que deseaba era asesinarlos.

Finalmente, un policía llamado Chuck Foster le disparó en el pecho y lo mató. Debido al número tan elevado de muertos, las funerarias locales no se dieron abasto y los cuerpos tuvieron que ser colocados en el Centro Cívico de San Ysidro; tampoco la Iglesia Monte Carmelo, que tenía cadáveres esperando turno para las exequias.

La reacción oficial a la masacre fue casi tan trágica y catastrófica como el propio suceso. Si la cobertura televisiva puede servir de ilustración, el Estado y sus distintos organismos sólo intervinieron para expresar su estupefacción ante los móviles del asesino y ofrecer los servicios de terapeutas para que ayudaran a las víctimas (presentes y futuras) a “ajustarse” al shock.

A los pocos días de la matanza, se envió a un grupo de científicos para que encontraran respuestas al caso Huberty. Pero, curiosamente, se les instruyó para que investigaran en una falsa dirección: se les dijo que diseccionaran su cerebro en busca de alguna misteriosa lesión, pero en ningún caso que analizaran el significado social de sus actos.

La oficina forense ordenó practicarle al cadáver de Huberty todos los exámenes posibles, entre ellos análisis toxicológicos. Se le encontró una cantidad inusual de cadmio: “la suficiente para matar a dos personas”, dijeron los forenses. El cadmio es un metal pesado que cuando ingresa al organismo destruye los riñones y daña el sistema nervioso.

Los expertos no se explicaban cómo es que Huberty no había muerto semanas atrás. Investigaron cómo fue que Huberty se contaminó y encontraron que, antes de migrar a California, trabajó como soldador. La exposición a los gases tóxicos, sin protección alguna, le enfermaron y provocaron trastornos mentales. Un antiguo compañero de trabajo declaró que Huberty continuamente decía que los humos de la soldadura lo estaban volviendo loco.

William Walsh, quien estudió el caso desde el principio, hizo un descubrimiento sorprendente: en el organismo de Huberty (y en el de otros que han ejecutado masacres y actos de extrema violencia) se encontró la presencia y acumulación de contaminantes de propiedades neurotóxicas. La relación entre la presencia de ciertos contaminantes que afectan la conducta humana y el crimen violento interesó, desde los noventa, a numerosos investigadores de los campos de la neurotoxicología, la criminología y la salud ambiental.

El 26 de septiembre de 1984, semanas después de la masacre, la cadena McDonald’s derribó el restaurante y donó el terreno a la ciudad. En el lugar de la masacre se levantó un monumento en memoria de las víctimas: 21 pilares hexagonales de granito. Desde entonces, cada 2 de noviembre, Día de los Muertos en México, el lugar se llena de flores, veladoras y adornos de papel picado.

De inmediato se bautizó a Huberty como “McMurder”. Asombrosamente, la esposa de Huberty demandó a McDonald’s por cinco millones de dólares, alegando que la comida de la cadena era lo que había enloquecido a su marido; perdió la demanda.

 


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