James Camb
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Crimen sin cadáver
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 18 de octubre de 1947
  • Fecha de nacimiento: 1916
  • Perfil de las víctimas: La actriz Gay Gibson, de 21 años
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: En un barco en alta mar, Océano Atlántico
  • Estado: Fue condenado a muerte en 1948. La pena fue conmutada y salió de prisión en 1959. En 1967 fue sentenciado a dos años de libertad condicional por haber intentado abusar de una niña de trece años. Posteriormente fue enviado de vuelta a la cárcel para completar su sentencia de cadena perpetua y obtuvo la libertad en 1978. Murió el 7 de julio de 1979
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James Camb

Última actualización: 21 de abril de 2015

Gay Gibson, que durante la guerra había servido en el Cuerpo Auxiliar Femenino del ejército inglés, embarcó en Ciudad del Cabo el 10 de octubre de 1947 a bordo del transatlántico «Durban Castle» con dirección a Londres. Había actuado en un teatro de Johannesburgo representando una comedia basada en la vida de un boxeador, «El muchacho dorado», en la que aparecía también el antiguo campeón de este deporte Eric Boon.

En la mañana del 18 de octubre, cuando el transatlántico se encontraba a 147 millas de distancia de la costa occidental de África, se descubrió que Gay Gibson había desaparecido. El capitán, Arthur Patey, suponiendo que habría caído al mar, ordenó dar marcha atrás con la vana esperanza de poder rescatarla de aquellas aguas infestadas de tiburones.

Un vigilante, Frederick Sterr, informó que alguien había presionado durante varios segundos a las 2.58 de la madrugada del día de la desaparición, los dos timbres que servían para llamar al camarero y a la camarera en la cabina de Gay Gibson, la número 126. Al acudir a responder a la llamada había encontrado a la puerta de dicha cabina a Camb, que había murmurado: «No pasa nada».

El capitán Patey comunicó con las oficinas de la compañía naviera en Londres y recibió el siguiente mensaje: «Cierre con llave y selle la cabina. No toque nada. Varios agentes del Departamento de Investigación Criminal subirán a bordo en Cowes Roads (Southampton)».

Mientras tanto, Camb negó haber estado nunca en el interior del camarote que ocupó Gay Gibson. Todos notaron, sin embargo, que en vez de la camiseta que llevaba normalmente cuando el barco se hallaba cerca del trópico vestía ahora, durante el trabajo, una chaqueta de manga larga.

Pronto se descubrió que intentaba ocultar varios arañazos que recorrían su muñeca derecha y que justificó como «un sarpullido». Interrogado por los detectives que subieron a bordo en Cowes Roads, Camb (que ya tenía cierta reputación de don Juan) admitió haber acudido a las 11 de la noche del día anterior a la desaparición a la cabina de Gay Gibson, pero sólo para preguntarle si quería una limonada.

El sargento Quinlan indicó al camarero que había sido visto a primera hora de la mañana del 18 de octubre en la cabina n.º 126 y que si tenía alguna explicación que dar sobre lo ocurrido a la muchacha sería mejor confesarlo cuanto antes. Camb preguntó ansiosamente: «¿Quiere usted decir que Miss Gibson puede haber muerto de otra cosa que no sea violentamente? ¿Un ataque al corazón, por ejemplo?».

Declaró entonces que Gay Gibson le había invitado a acudir a su camarote la noche del 17 de octubre; en el momento del coito la muchacha sufrió un ataque, arrojó espuma por la boca y expiró: «…Intenté hacerle la respiración artificial.

Mientras lo hacía el vigilante nocturno llamó a la puerta y tuve que abrirle. Cerré después, presa de pánico… tenía miedo de ser descubierto en aquel momento… volví a examinar el cuerpo que no mostraba ningún signo de vida. Conseguí levantarlo, y, todavía vestido con su bata, lo arrojé al agua a través del ojo de buey… No comprendo cómo pudieron sonar los timbres, porque estoy seguro de que no los apreté en ningún momento».

La vista del juicio de Camb, acusado del asesinato de Miss Gibson, comenzó el 20 de marzo de 1948 en Winchester. Presidía el tribunal el magistrado Mr. Hilbery; Mr. G. D. Roberts se encargó del ministerio fiscal y Mr. J. D. Casswell de la defensa. Camb repitió la declaración anterior de que había acudido al camarote de la muchacha a las dos de la mañana y que ella le había recibido vistiendo solamente una bata amarilla.

El hecho de que faltase también del equipaje de la actriz un pijama negro, despertó ciertas sospechas de que Gay Gibson no hubiera mostrado resistencia a tener trato sexual con Camb, lo cual concordaba con que hubiese apretado los timbres pidiendo ayuda.

El Dr. Teare, testigo del ministerio fiscal, declaró que las manchas de sangre, saliva y orina halladas en las sábanas de la víctima indicaban estrangulamiento, pero el Dr. Hockings y el profesor Webster, llamados a declarar por la defensa, afirmaron que podían deberse igualmente a un ataque.

El Dr. Griffiths, médico de a bordo, dijo haber examinado los rasguños de la muñeca de Camb el día 19 de octubre y que parecían ser arañazos hechos intencionadamente, más propios de una mujer que intenta defenderse que de quien sufre las convulsiones de un ataque.

Camb, por su parte no pudo dar ninguna explicación de por qué no había pedido ayuda al médico del barco para atender a la muchacha. Desde luego era sospechoso que se hubiera librado tan rápidamente de la única prueba que tenía para apoyar su versión de los hechos. Quizás actuara suponiendo, equivocadamente, que no podía llevarse a cabo un proceso si no se había hallado el cadáver de la víctima.

Declarado culpable el 23 de marzo, pudo escapar de la horca debido a que se discutía en aquellos días en el Parlamento inglés la abolición de la pena de muerte. Quedó en libertad en septiembre de 1959.


Asesinato en el camarote 126

Brian Lane – Los carniceros

Camarero de un transatlántico de la compañía «Unión Castle» Convicto del asesinato de la actriz de 21 años Eileen Isabella Ronnie Gibson (conocida en la escena como Gay Gibson), cuyo cuerpo no pudo ser encontrado.

Cuando se vio sorprendida por su inesperada cita con la muerte, Eileen Isabella Ronnie Gibson («Gay» de nombre artístico) tenía 21 años, había logrado alcanzar cierto éxito como actriz radiofónica en Sudáfrica y se disponía a regresar a su Inglaterra natal como pasajera de primera clase a bordo del Durban Castle, un trasatlántico de la compañía Union Line. El barco zarpó de Ciudad del Cabo el 10 de octubre de 1947.

La señorita Gibson se retiró a su camarote cuarenta minutos después de la medianoche del 18 de octubre. Había cenado en el restaurante del barco y había estado bailando con el señor Frank Hopwood y el contramaestre Bray, a los que había conocido durante el viaje.

A las tres de la madrugada el timbre del cuarto de guardia de la cubierta A empezó a sonar, y Frederick Steer, el encargado del tumo de noche, acudió al camarote de Gay Gibson, número 126 de la cubierta B. En cuanto llegó Steer se dio cuenta de que sobre la puerta del camarote había dos luces encendidas, lo cual indicaba que su ocupante había solicitado la presencia tanto del camarero como de la doncella.

El encargado del turno de noche llamó con los nudillos, abrió la puerta del camarote y alguien se la cerró en las narices; pero no antes de que hubiera podido ver la silueta de un hombre al otro lado del umbral, un hombre al que reconoció como James Camb, un camarero de 31 años que prestaba sus servicios en la cubierta de paseo y al que la tripulación apodaba «Valentino».

Steer informó del incidente a su superior James Alfred Murray, supervisor de todos los tumos nocturnos, y Murray informó de lo ocurrido al segundo oficial, pero la cosa no pasó de ahí. Después de todo, lo que los pasajeros hicieran en la intimidad de sus camarotes era asunto suyo.

A la mañana siguiente Gay Gibson no se presentó a desayunar, y una inspección del barco no logró dar con ella. El capitán del Durban Castle ordenó invertir el rumbo -más por cumplir con las formalidades exigidas en un caso semejante que porque tuviese alguna esperanza de que ello sirviera de algo-, y la operación de búsqueda se saldó sin encontrar ningún «cuerpo en el agua».

El incidente producido en el camarote 126 a primera hora de la madrugada había cobrado una importancia mucho más siniestra, y Frederick Steer informó al capitán Patey de la visita nocturna que había sido vista en el camarote de la pasajera desaparecida.

Camb negó haber estado allí, aunque las señales de unos arañazos que parecían haber sido hechos por uñas encontradas en sus muñecas y su cuello aumentaron las sospechas que ya recaían sobre él. Un cuidadoso examen del camarote ocupado por la señorita Gibson reveló manchas de saliva mezclada con sangre en las sábanas.

El Durban Castle llegó a puerto la noche del 24 de octubre y James Camb fue entregado a la policía de Southampton. Cuando se le dijo que sería acusado de asesinato, Camb replicó con estas palabras: «No creo que la cosa vaya a ser tan seria.»

James Camb era consciente de que el haber sido identificado sin lugar a dudas por Steer le colocaba en el escenario de la desaparición de Gay Gibson, por lo que se inventó una defensa basada en la poco original combinación de una muerte natural y el pánico.

Sí, le dijo al jurado del Tribunal de Winchester en marzo de 1948, había acudido al camarote…, porque le habían invitado. Cuando pasaron el uno junto al otro en la cubierta aquella noche fatídica, Camb -bromeando, según afirmó después-, le dijo a la señorita Gibson: «Estoy pensando en ir a su camarote para tomar una copa». En cuanto a si la contestación de la señorita Gibson fue «Oh, venga si quiere», sólo tenemos la palabra de Camb.

Aparentemente Camb decidió que quería tomarse esa copa, y hacia las dos de la madrugada estaba sentado en la litera del camarote número 126 con Gay Gibson junto a él. La pareja estuvo charlando durante diez o quince minutos, la posición de sentados pasó a la posición horizontal y después, según el acusado, «hubo ciertos jugueteos amorosos preliminares y acabamos manteniendo una relación sexual.»

– Cuando esa relación sexual tuvo lugar, ¿cuáles eran sus posiciones respectivas?

– Yo estaba encima de la señorita Gibson. Ella estaba de bruces en la litera.

– ¿Qué ocurrió al final?

– Sentí que empezaba a jadear como si le faltara el aliento.

– ¿Qué le ocurrió a su cuerpo?

– Se envaró durante una fracción de segundo y después se relajó hasta quedar totalmente fláccido.

– ¿Qué hizo usted cuando su cuerpo mostró esos síntomas?

– Me levanté inmediatamente de la litera. Tenía todos los músculos totalmente relajados, como si se hubiera desmayado. Uno de sus ojos estaba un poco entreabierto. También tenía la boca entreabierta. Vi un leve rastro de burbujitas que supuse serían saliva en las comisuras de sus labios. La saliva tenía un color como fangoso, y parecía estar mezclada con sangre. Durante unos momentos no supe qué hacer. Después intenté encontrarle el pulso. No lo conseguí, y le di masaje sobre el estómago, hacia el corazón, con la esperanza de hacer que la sangre volviera a circular.

Después de unos veinticinco minutos de masajes que no produjeron ningún resultado, el camarero Camb comprendió lo horrible de la situación en que se encontraba. Se dio cuenta de que la chica estaba muerta y pensó que quizá «pudiera arreglarlo todo para que diera la impresión de haberse caído por la borda. Decidí que negaría haber estado en ese camarote, con la esperanza de que las investigaciones posteriores del capitán no fuesen demasiado severas. La cogí en brazos y la eché por el ojo de buey.»

Bueno, la historia no era totalmente inverosímil; después de todo, han ocurrido cosas todavía más extrañas. ¿Y quién de nosotros sabe cuál habría sido su comportamiento si hubiera tenido que enfrentarse a la situación tan gráficamente descrita por el acusado en el estrado de los testigos?

Pero en todo juicio siempre hay dos facetas que considerar, y la hipótesis presentada por la Corona en este caso era que Camb se hallaba muy lejos de ser un visitante cuya presencia en el camarote de primera clase número 126 fuera bienvenida.

La Corona afirmaba que Camb se había presentado en el camarote de la señorita Gibson sin que ella le invitara, que trató de forzarla y que cuando ella opuso resistencia la estranguló. La señorita Gibson intentó desesperadamente librarse de las manos que le atenazaban la garganta, y su debatirse produjo los arañazos encontrados en las muñecas del intruso.

En algún momento de aquel desigual combate por su vida Gay Gibson debió arreglárselas para pulsar los timbres que harían acudir al camarero y la doncella. Si no lo hubiera hecho Frederick Steer no habría respondido a su llamada, y si James Camb no hubiera sido visto quizá habría conseguido salir bien librado de todo el asunto.

El cuerpo de Gay Gibson jamás fue recobrado del Atlántico y el juicio de James Camb fue uno de los pocos procesos criminales celebrados sin la innegable evidencia de un cadáver. Eso hacía que el testimonio médico fuera de vital importancia.

El doctor Donald Teare compareció por la acusación y afirmó enfáticamente que la sangre mezclada con saliva encontrada en las sábanas, y el hecho de que su vejiga se hubiera relajado justo antes de la muerte manchando la litera con orina, encajaba con la estrangulación manual.

La defensa llamó a testigos no menos eminentes. El doctor Frederick Hocking afirmó que las evidencias descritas por el doctor Teare también podían darse en una muerte producida por causas naturales.

El jurado decidió creer al primero, y el 23 de marzo de 1948 -después de haber pasado sólo tres cuartos de hora deliberando-, James Camb fue considerado culpable del asesinato de Gay Simpson y sentenciado a muerte.

Pero James Camb tuvo suerte. Cuando llegó el momento de su ejecución, el Parlamento seguía debatiendo la cláusula de abolición que la Cámara de los Comunes había añadido a la nueva Ley de Justicia Criminal, cláusula que posteriormente había sido eliminada por la Cámara de los Lores. Como consecuencia, el secretario del Home Office creyó que lo más justo era suspender las ejecuciones hasta que se tomara una decisión definitiva. Camb fue especialmente afortunado, pues la cláusula acabó siendo eliminada del texto legal y los ahorcamientos se reanudaron.

Posdata

Debe añadirse que, aunque el tema jamás fue abordado en el tribunal, Camb ya se había ganado una reputación por importunar a las pasajeras; de ahí el sobrenombre de «Valentino» con el que le conocía la tripulación.

Había entrado en dos ocasiones en camarotes con intención de molestar a sus ocupantes, y éstas sólo habían podido librarse de él resistiéndose con todas sus fuerzas. En una tercera ocasión intentó estrangular a una pasajera en un mirador de cubierta sin conseguirlo. Por desgracia para Gay Gibson, ninguna de sus víctimas informó de aquellos incidentes.

James Camb salió de la cárcel en libertad condicional en el mes de septiembre de 1959, y encontró empleo como jefe de camareros después de haber cambiado su apellido por el de «Clarke». En 1967 fue sentenciado a dos años de sentencia suspendida por haber intentado abusar de una niña de trece años.

«Clarke» volvió a ser encontrado culpable de molestar a menores cuando aún no había cumplido su sentencia: el magistrado revocó su libertad condicional y el hombre que había asesinado a Gay Gibson volvió a la cárcel para acabar de cumplir la sentencia de cadena perpetua que le había sido impuesta por ese crimen.

 


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