Jacques Fesch
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Robo - Fuga
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 24 de febrero de 1954
  • Fecha de detención: 24 de febrero de 1954
  • Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1930
  • Perfil de las víctimas: Jean Vergne, de 35 años (oficial de policía)
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: París, Francia
  • Estado: Ejecutado en la guillotina en la prisión de La Santé, París, el 1 de octubre de 1957
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Canonizar a un asesino

Borja Hermoso – El Mundo

9 de enero de 1994

Jacques Fesch inició su ascenso a los cielos cuando la hoja de la guillotina cercenó su bonita cabeza. Era una madrugada de invierno de 1957. El agraciado, vago y acaudalado hijo de papá, presentaba así sus credenciales de candidato a santo y, como él mismo había escrito la víspera de morir, empezaba «a vivir de verdad, porque hasta ahora he sido un muerto viviente».

Los tres años que purgó en la prisión parisina de La Santé antes de ser ajusticiado por el asesinato del gendarme André Vergne le sirvieron para descubrir la fe y zambullirse en el estudio de la Biblia. Ahora, el cardenal Lustiger, arzobispo de París, está decidido a arrancar de Roma la beatificación de Jacques Fesch. Aunque sea enfrentándose a la protesta de los sindicatos franceses de policía.

¿Criminal o santo? Las dos cosas, según Monseñor Lustiger, para quien el proceso de beatificación de Jacques Fesch quiere decir que «nadie está nunca perdido ante los ojos de Dios». Lustiger guarda en su carpeta de jurisprudencia beatificadora un significativo precedente: ni más ni menos que el de san Pablo, quien antes de ser san Pablo participó en el apedreamiento de san Esteban. En el transcurso de una reunión de cardenales celebrada el verano pasado en Denver (Estados Unidos), Monseñor Lustiger llegó a decir a sus colegas que «una vez, en la prisión de La Santé, se vio aparecer a Cristo en el rostro de un pobre hombre».

A sus 24 años, casado y con una hija y más tarde separado, Jacques Fesch era efectivamente un «pobre hombre» fracasado en todos los terrenos. Hijo de un multimillonario banquero belga profundamente antisemita, su única afición auténtica eran los veleros. Un día, cayó rendido ante uno de ellos. El problema era el precio: dos millones de francos. Su padre, por vez primera, dijo «no» al capricho. Fue entonces cuando en compañía de un amigo asaltó a un cambista en la calle Vivienne de París, hiriéndole gravemente.

Durante la persecución policial, Jacques Fesch mató de un disparo en el corazón a un gendarme, y fue condenado a muerte. Mientras los psiquiatras le definían como «un vividor perezoso convertido en criminal ocasional», él se convirtió al catolicismo y escribió cosas como «que la voluntad de Dios sea hecha, dentro de cinco horas veré a Jesús». Sus escritos de prisión se convirtieron en un libro titulado Luz sobre el patíbulo [editado en español como Dentro de cinco horas veré a Jesús], todo un alegato contra la pena de muerte.

El total arrepentimiento de Jacques Fesch, su petición de perdón a los familiares de la víctima durante el proceso y su humilde predisposición a afrontar una guillotina «que he merecido y ante la que sabré mostrarme valiente» son los argumentos principales en los que la jerarquía católica de París basa su apoyo a la demanda de beatificación ante la Santa Sede.

El caso no es nuevo, ya que esta demanda se remonta a 1987, pero su reciente evocación por parte del propio monseñor Lustiger en las columnas del diario Le Figaro ha puesto de actualidad este asunto olvidado, y se ha sabido que el Arzobispado de París ya ha enviado a Roma a un postulante en favor de la beatificación del criminal arrepentido, si bien «este caso podría llevar años, incluso siglos», según esta misma institución. Varios sindicatos policiales han reaccionado ya con acritud contra lo que consideran «una injusticia».

Así Daniel Lavaux, secretario general de la Federación Autónoma de Sindicatos de Policía, se preguntaba anteayer «Si ahora nos ponemos a beatificar criminales, ¿a dónde vamos a parar?», añadiendo que la Iglesia «podría haber elegido a muchos otros antes que Jacques Fesch». Otros sindicatos policiales se han expresado en parecidos términos.

 


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