Johann Unterweger

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Jack Unterweger

Jack

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Violador
  • Número de víctimas: 12 +
  • Periodo de actividad: 1976 / 1990 - 1992
  • Fecha de detención: 27 de febrero de 1992
  • Fecha de nacimiento: 16 de agosto de 1951
  • Perfil de las víctimas: Mujeres
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: Varias, Austria, Estados Unidos (California), República Checa
  • Estado: Condenado a cadena perpetua el 29 de junio de 1994. Esa misma noche se suicida ahorcándose en su celda
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Jack Unterweger

Última actualización: 28 de abril de 2015

Jack, hijo de una prostituta austriaca y de un soldado americano, recibió su primera condena a cadena perpetua con 25 años cuando estranguló a una prostituta con su sujetador porque le recordaba a su madre. Admitió el crimen explicando “creí ver a mi madre delante de mi, y la maté”.

Mientras estaba en la cárcel Jack escribió una serie de historias cortas, obras y una autobiografía lo que le convirtieron en el predilecto del café de intelectuales Viennese. Aclamado como un modelo de rehabilitación, Jack consiguió la libertad bajo palabra en 1990.

Como hombre libre, Jack se convirtió en un caballero de brillante armadura de la élite literaria austriaca. A los pocos meses de su puesta en libertad su éxito como escritor le llevó a caras suites, coches de capricho y apariciones regulares en programas de TV locales. Sin embargo, no estaba reformado de verdad, Jack continuaba con su viejo hábito de estrangular a prostitutas por diversión hasta un total de al menos seis muertes.

En 1991 le contrataron para escribir un artículo sobre la prostitución en Los Angeles. Mientras lo hacía tenía que viajar en un coche de patrulla de la policía de Los Angeles. Se las arregló para escapar del asesinato de tres prostitutas antes de volver a Viena.

En Febrero de 1992, la policía de Austria emitió un orden de detención por la muerte de 8 mujeres. Jack consiguió escapar con su novia de 18 años a Suiza, Paris y Nueva York, parando a lo largo del camino para llamar a los periódicos y programas de TV de Austria para proclamar su inocencia. Siguiendo el rastro de una tarjeta de crédito dejado por la pareja fugitiva, fueron arrestados por la Interpol en Miami, Florida. Al detenerlos su amiga explicó que buscaron refugio en Miami porque a ella le “gustaba Don Johnson”.

Fue deportado a Austria donde fue acusado del asesinato de 11 prostitutas, incluidas 3 de Los Angeles. El 28 de Junio de 1994, un jurado de Graz, Austria le encontró culpable de 9 asesinatos y le absolvieron de los otros 2. A la mañana siguiente los carceleros le encontraron muerto en su celda colgando de la barra de una cortina.


Jack Unterweger

Wikipedia

Johann “Jack” Unterweger (16 de agosto de 1951 – 29 de junio de 1994) fue un asesino en serie austríaco que mató 12 prostitutas de diferentes países, y luego de su primera condena por homicidio cobró notoriedad como escritor.

Su primera condena por asesinato llegaría en 1974, aunque sería liberado en 1990 gracias a una campaña de intelectuales y políticos, con lo que se exhibía a Unterwerger como un ejemplo de rehabilitación. Posteriormente en escritor y periodista, aunque a los nueve meses de su introducción a la sociedad, volvería a cometer asesinatos. Unterweger se suicidaría en la prisión después de ser condenado a cadena perpetua.

Primeros años

Hijo de madre soltera de Viena y de un soldado norteamericano, Unterweger creció en la más extrema pobreza junto a su abuelo, que lo describe como un alcohólico compulsivo. El tío de Unterwerger, de todas maneras, negó esta información.

En sus primeros años de juventud, visitó algunas veces la prisión por pequeños crímenes especialmente por asalto a local de prostitutas. En 1974, Unterwerger cometería su primer asesinato, acabando con la vida de la alemana de 18 años Margaret Schäfer por estrangulación con su propio sujetador. Por ello, sería sentenciado a cadena perpetua.

Prisión y primer permiso de libertad

En la prisión, Unterweger escribió pequeños cuentos, poemas, obras de teatro y su autobiografía, Fegefeuer – eine Reise ins Zuchthaus, que sería pasado al cine. A causa de la popularidad de sus cuentos, intelectuales austríacos, incluido el Premio Nobel Elfriede Jelinek realizó peticiones de perdón para Unterweger. Así fue como el 23 de mayo de 1990, después de 15 años de prisión, sería finalmente liberado. A partir de aquí, Unterweger pisaría muchos programas de televisión como símbolo de la rehabilitación de los reos.

Más asesinatos

Pero las fechorías continuaron una vez que el asesino estuvo libre. De hecho, la policía encontró indicios de seis asesinatos de Unterweger un año después de su liberación.

En el aspecto profesional, en 1991, Unterweger fue contratado por una revista austríaca para escribir sobre un crimen sucedido en Los Ángeles, y describir las diferencias entre la prostitución en Estados Unidos y Europa. Unterweger conoció a un policía local de la ciudad norteamericana y lo acompañó durante las patrullas por el distrito rojo. Durante esa estancia en Los Angeles, Unterweger mató tres prostitutas (Shannon Exley, Irene Rodríguez y Sherri Ann Long), salvajemente violadas y estranguladas con sus propios sujetadores.

En Austria, Unterweger fue señalado como posible sospechoso de los crímenes. Sin otros posibles culpables, la policía puso en vigilancia. Después de seguirlo por Europa, Canadá, fue finalmente arrestado por la FBI en Miami, el 27 de febrero de 1992. Aún como fugitivo, llamó a una televisión austríaca para convencerlos sobre su inocencia.

Juicio y muerte

Una vez en Austria, Unterweger fue acusado de 11 homicidios, uno de ellos ocurrido en Praga. El jurado lo condenó por las nueve muertes. El 29 de junio de 1994, Unterweger sería sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de redención.

Esa misma noche, se suicidaría colgándose en su celda con una soga hechas por las cordones de sus zapatos y el cinturón. Una forma muy parecida a la que utilizaba para matar a sus víctimas.


Jack Unterweger – Se ha escrito un crimen

Charo F. Cotta – ElMundo.es

7 de mayo de 1994

El escritor Jack Unterweger, acusado de matar a once prostitutas, ha convertido el juicio en un espectáculo teatral dedicado a la audiencia.

Jack Unterweger no es «Jack el Destripador», aunque su nombre bien podría figurar en los anales de la criminalidad junto al del carnicero de Londres. Tiene en su haber el presunto asesinato de once mujeres, casi todas ellas jóvenes prostitutas, además de una novela en la que cuenta su sórdida biografía y varios libros de poemas y obras de teatro.

Ello explica que su personalidad cautive a los austriacos y que el juicio que se celebra en Graz desde hace unas semanas se haya convertido en un espectáculo teatral, seguido de cerca por casi un centenar de medios de comunicación.

Hoy, como cada día desde el comienzo de la vista, Unterweger ha entrado en la sala decidido a ejercer sus mejores dotes de interpretación. Toma notas, modula la voz según quiere dar la impresión de enfado o desconcierto y es capaz de citar una docena de nombres de mujeres, fechas y lugares sin hacerse un lío. Para cada una de las muertes que se le imputan tiene una coartada.

Cuando el fiscal se dirige a él, mira a su alrededor en actitud provocadora y se queda de pie aguardando la pregunta, con una media sonrisa en los labios.

«¿No es cierto que la noche en que fue asesinada Elfriede Schrempf, el 8 de marzo de 1991, le había dicho a su amiga Martina que pasaría la noche en Karintía?», le pregunta el fiscal general, Karl Gasser, uno de los dos acusadores públicos en el caso. «La verdad es que no quería pasar la noche con ella y tampoco podía decirle “ábrete”. Por eso le mentí. En realidad dormí en Viena», responde el acusado. El fiscal dice que Unterweger «se escabulle de las preguntas en zig-zag, como un conejo».

Este hombre de 43 años, pelo cano y ojos metálicos, prefiere definirse a sí mismo como «una rata», y a las mujeres que conquista, como «liebres» a las que no hay que dejar escapar de la madriguera:

«Eso fue lo que me dijo cuando me trajo al garaje su Mustang de tres colores. Me pidió que lo pintara de blanco y que reparara el cinturón de seguridad del copiloto, puntualizando que era «para que no se le escaparan las liebres», explica en este momento el propietario de un taller de reparaciones, uno de las 160 personas llamadas a declarar en el mayor proceso por asesinato que se celebra en Austria desde la Segunda Guerra Mundial.

La jornada de hoy está dedicada a estudiar la compleja actitud del acusado hacia el sexo opuesto y, salvo el mecánico, todos los testigos son mujeres. Una de ellas, con la que mantuvo una relación ocasional, explica que terminó con él cuando comprobó que vivía otra chica en su casa:

«Me había dicho que Bianca era su criada, no su novia. ¿No es verdad, Jack?», grita de pronto la testigo increpando a Unterweger.

El acusado mueve la cabeza.

Hijo de madre soltera, abandonado con poco más de un año a los cuidados de un abuelo y luego llevado a un orfanato, Jack Unterweger no tiene casi nada agradable que contar del pasado. Muchos piensan que la lectura de su autobiografía, titulada «El fuego Eterno» o «Viaje al interior de la cárcel», debería haber bastado para advertir de sus instintos asesinos. Así describe, por ejemplo, sus sentimientos hacia su abuelo: «Soñaba que cortaba su cuerpo con garfios de hierro candente».

Se hizo escritor en prisión, mientras cumplía condena por el asesinato de su primera víctima, la joven estudiante alemana Margret Schäfer, en 1974. Consiguió que su obra alcanzara cierto eco en determinados círculos literarios, escribió a políticos e intelectuales pidiendo clemencia y fue puesto en libertad como ejemplo de «resocialización», en mayo de 1990.

Engañó a todos. Su segunda víctima, la joven prostituta Blanca Bockova, apareció estrangulada en Praga cinco meses después de su salida de la cárcel. Luego, y siempre según el auto de procesamiento, el ex presidiario sembró con un reguero de cadáveres las ciudades a las que viajaba como escritor y dramaturgo. Graz, Viena, Bregenz y Los Angeles son algunas de ellas.

Ahora lucha con uñas y dientes por demostrar su inocencia y aprovecha la notoriedad que le ha dado el juicio para intentar sacar tajada. Ha publicado un nuevo libro coincidiendo con el comienzo de la vista y firmado los derechos de una película sobre su vida. La pena es que, si se cumplen las previsiones del juez Kurt Haas, Unterweger va a tener pocas oportunidades de disfrutar de estos beneficios: va a quedarse entre rejas hasta el final de sus días.


Paseo por el amor y la muerte

Charo F. Cotta – ElMundo.es

3 de julio de 1994

El austriaco Jack Unterweger, ensalzado como escritor y vilipendiado como vulgar asesino, culminó con el suicidio una vida marcada por las mujeres, la violencia y la literatura. Se ahorcó el miércoles después de conocer la sentencia que le condenaba a cadena perpetua.

Jack Unterweger murió como la mayor parte de sus víctimas: estrangulado. Se ahorcó en la madrugada del miércoles en su celda de la prisión de Graz, al sur de Austria, después de que un jurado le condenara a cadena perpetua por el asesinato de nueve prostitutas.

Culminaba así trágicamente el mayor proceso judicial por asesinato que se ha desarrollado en la república alpina desde la Segunda Guerra Mundial. Un proceso que durante más de dos meses adentró a los austriacos en una extraña y cruenta biografía marcada por los crímenes, las pasiones y la literatura.

La historia de Unterweger conmovió a los intelectuales, cautivó a las amas de casa y convocó a más de un centenar de medios de comunicación en el Palacio de Justicia de Graz donde, desde finales del pasado mes de abril, se celebraba el juicio.

Los detalles más íntimos de su pasado fueron puestos al descubierto, en un intento de determinar si había cometido los once asesinatos que se le imputaban o si, tal como el inculpado reclamó hasta el final, se estaba juzgando a un inocente. El propio Unterweger lo expresó así el día antes de su muerte: «He sido sometido a un lavado a máquina de mi vida».

Rehabilitación

Fue un hombre de muchos rostros, capaz de transformarse de macarra de discoteca en poeta, y de presidiario arrepentido en dramaturgo. Pero su lado más oscuro le llevó a asesinar sistemáticamente a las mujeres que se cruzaban en su camino, sobre todo si éstas eran prostitutas. Así al menos lo consideró el jurado de ocho personas que, a mediados de esta semana, ordenó su reclusión perpetua en una cárcel especial para perturbados mentales.

Unterweger ya sabía lo que era una celda, porque cuando mató por primera vez, en 1974, a una joven alemana de 19 años, fue enviado a la cárcel de por vida. Pero su extraordinario comportamiento y su prometedora carrera como escritor convencieron a los jueces de que se había rehabilitado.

En 1982, con ocho años de prisión a sus espaldas, el joven presidiario publicó su primera historia en una revista de Graz: La promesa de un hombre culpable. A partir de ahí se convirtió en un escritor polifacético e imparable: numerosas historias para niños, poemas y obras de teatro precedieron a su autobiografía novelada, titulada El Fuego Eterno o viaje al interior de una cárcel, que se convirtió en un verdadero éxito de ventas.

Cuando, en mayo de 1990, los jueces decretaron su libertad anticipada, Unterwerger, de infancia difícil, hijo de madre soltera y criado por un abuelo que lo maltrataba, es ya un escritor conocido. Pronuncia conferencias, asiste a cócteles y participa en numerosos programas de televisión. Cuando viaja, sin embargo, deja un rastro sembrado de cadáveres.

En septiembre de 1990 aparece estrangulada en Praga su segunda víctima, Blanca Bockova, de 30 años. Sólo llevaba puestas las medias de nailon. Su misma suerte corrieron más tarde las austriacas Brunhilde Masser, Haidemarie Hammerer y Sabine Moitzi, y las norteamericanas Shanon Exley e Irene Rodríguez, por citar sólo los nombres de algunas de las mujeres asesinadas en un periodo de tan sólo nueve meses.

En aquel entonces, Unterweger viajaba por encargo de la revista «Basta» para escribir una serie sobre la vida en las «zonas rojas» de las ciudades centroeuropeas. La policía comenzó a estrechar su cerco sobre él cuando comprobó que todos sus desplazamientos coincidían con alguno de los crímenes cometidos recientemente.

A comienzos del verano de 1991, el sospechoso viaja a Los Angeles, en cuyos alrededores se cometen sucesivamente tres nuevos asesinatos. Unterweger es detenido en Miami y posteriormente extraditado a Austria para ser juzgado allí.

Nunca existieron pruebas contundentes en su contra, porque casi todos los cadáveres se hallaban en avanzado estado de descomposición cuando fueron encontrados. Así, el auto de procesamiento elaborado por el fiscal general de Austria y el de la región de Graz, Karl Gasser y Martin Wenzl, en más de dos años de trabajo, tuvo que basarse en evidencias circunstanciales. Entre ellas, el hecho de que todas las mujeres fueron asesinadas con el mismo método: el estrangulamiento.

Durante los dos últimos meses, decenas de forenses, psiquiatras, expertos en ADN e investigadores del FBI han desfilado por el Palacio de Justicia de Graz para intentar probar que todos los crímenes juzgados fueron cometidos por la misma persona y que dicha persona no era sino Jack Unterweger.

Intento de suicidio

El acusado negó su culpabilidad hasta el día de su muerte, convirtiendo el estrado del tribunal de Graz en un verdadero escenario teatral. Sus encendidos alegatos de inocencia contaron con el apoyo de algunos intelectuales seguidores de su obra y despertaron además las simpatías de cientos de admiradoras que diariamente acudían al lugar del juicio para poder ver de cerca al controvertido personaje.

Su desaparición deja abiertas numerosas interrogantes, empezando por las surgidas en torno a las circunstancias de su muerte. El convicto, que había intentado suicidarse ya en otras tres ocasiones, utilizó el cordón de un pantalón deportivo para colgarse de la barra de la cortina de la ducha instalada en su celda. Pese a que el Ministerio del Interior austriaco asegura que se hizo todo lo posible para evitar lo ocurrido, algunas voces se han alzado ya denunciando la negligencia de los funcionarios de la prisión.

Por qué y en qué circunstancias mató a sus víctimas es un secreto que el escritor se ha llevado a la tumba. Un informe elaborado en 1970 por un psiquiatra de Linz afirmaba que Unterweger «jamás mostró arrepentimiento ni ningún tipo de sentimiento hacia la persona que asesinó». Sin embargo, la psiquiatra que lo examinó años más tarde, cuando se estudiaba su liberación, no encontró motivos que aconsejaran mantenerlo bajo custodia.

Incluso los expertos que seguían de cerca el juicio de Graz se dejaron cautivar por la capacidad oratoria y las cualidades comunicativas del acusado, tras las que probablemente se ocultaba la parte enfermiza de su personalidad. «Para mí fue sorprendente que un hombre con tales dotes sociales tuviera esa historia de crímenes a sus espaldas», explica el doctor Wolfkan Werner, responsable de la unidad psiquiátrica de la cárcel de Viena.

La respuesta podría estar en la afirmación que hizo durante el proceso un funcionario del Ministerio de Justicia: «Unterweger es un genio en el piano de las emociones».

 


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