Isabel Padilla Maiquez

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Isabel-Padilla-Maiquez

La envenenadora de La Unión

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Parricidio - Síndrome de Münchhausen
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: 1982 / 1990 / 1991
  • Fecha de detención: Diciembre de 1991
  • Fecha de nacimiento: 26 de febrero de 1948
  • Perfil de las víctimas: Pedro Pérez (su marido) y dos de sus hijos: Pedro Eusebio y Susana Pérez
  • Método de matar: Sobredosis de insulina
  • Localización: La Unión, Murcia, España
  • Estado: Condenada por la Audiencia Provincial de Murcia a 89 años de prisión en 1995. Un año después, el Tribunal Supremo rebajó sustancialmente la pena al apreciar una eximente incompleta de enfermedad mental y dejó la condena en 48 años. Murió a causa de un tumor cerebral en 2008
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Detenida una mujer, acusada de la muerte de su esposo y dos hijos desde 1982

José Rocamora – El País

16 de diciembre de 1991

Un juez de Cartagena (Murcia) ordenó la detención de Isabel Padilla Máiquez, de 46 años y vecina de La Unión, como sospechosa de haber provocado la muerte de su hijo Pedro (en 1982), de su esposo, Pedro (en junio de 1990), y de otra hija, Susana (en abril de este año). La detenida, según fuentes policiales, intentó quitarse la vida después de las dos últimas muertes que se produjeron en su familia.

La familia Pérez Padilla sufre una enfermedad, que los vecinos de la calle del Arco de la Unión, donde residen, no supieron precisar, pero aseguran que es hereditaria. Salvador, uno de los cuatro hijos vivos, declaró al diario La Verdad que la enfermedad es sólo diabetes y que su hermano falleció de un tumor y su hermana de una infección en un proceso posoperatorio. Isabel Padilla, en cambio, reconoció ante la policía ser responsable de las tres muertes mediante la manipulación de la medicación que tomaban sus hijos y esposo para la diabetes.

Pedro, el primer hijo que murió, estuvo 10 años ingresado en el hospital de la Fe, en Valencia. El esposo, Pedro, y su hija Susana recibieron tratamiento en Cartagena y en el hospital de La Paz, en Madrid. También se está investigando la muerte de la madre de la detenida y las enfermedaes [enfermedades] de otros dos hijos.


Muere de un tumor cerebral Isabel Padilla, la parricida de La Unión

Laopiniondemurcia.es

12 de julio de 2008

La mujer que asesinó a dos de sus hijos y a su marido en La Unión hace diecisiete años, Isabel Padilla, murió el pasado jueves y ayer fue enterrada en el cementerio de la localidad murciana. La mujer, conocida como la parricida de La Unión, falleció a causa de un tumor cerebral, según informó Onda Regional.

Padilla fue detenida en el año 1991 y fue condenada por el asesinato de tres miembros de su familia y el envenenamiento de otros dos -dos de sus hijos lograron sobrevivir- cuatro años después, en 1995.

La Audiencia Provincial de Murcia la condenó a 89 años de cárcel, aunque un año después, el Tribunal Supremo ordenó su ingreso en un psiquiátrico al entender que la mujer no era consciente de sus actos. Allí permaneció más de una década, hasta que, hace aproximadamente un año, salió en libertad.

Los forenses dictaminaron que Isabel Padilla sufría el llamado síndrome de Munchausen, por el que la persona que lo padece necesita hacerse imprescindible. Para reforzar esta dependencia de los suyos, la mujer suministraba en las comidas de su familia fármacos para la diabetes, lo que ocasionó la muerte de tres de ellos.


Síndrome de Münchhausen: cuando la madre es el enemigo

Francisco Pérez Abellán – Larazon.es

15 de febrero de 2011

Una mujer de treinta años está siendo investigada como presunta responsable de haber envenenado a su hija de dos años en Melilla con alcohol. Igualmente podría ser imputada por el extraño fallecimiento de su hija mayor, ocurrido unas semanas antes. La mujer podría ser víctima del «síndrome de Münchhausen», por el que las madres hacen que sus hijos enfermen para llamar la atención y así aparentar que son unas cuidadoras abnegadas. Quienes sufren trastornos de «Münchhausen» suelen encontrarse a gusto en los ambientes médicos y hospitalarios, donde desarrollan una relación especial con el personal sanitario. Por eso procuran que los ingresos en urgencias sean frecuentes. Además, aprovechan su dominio de la situación para su actividad clandestina: suministrar fármacos o líquidos letales.

Exhumar los cadáveres

El juez estudia la posibilidad de exhumar el cadáver para los análisis preceptivos. La mujer es de origen marroquí, lo que complica la investigación. Los médicos, según ha trascendido, la descubrieron en el hospital Comarcal de Melilla pinchando en la sonda de la niña alcohol de 90 grados, cuando el que se empleaba en el hospital es de 70. Esto quiere decir que necesariamente lo había introducido de forma premeditada en el centro. La niña presentaba un extraño trastorno por el que se mostraba estable por las mañanas, pero empeoraba por las tardes. Los primeros exámenes indicaron que padecía intoxicación por etanol. Ante la gravedad de su estado fue trasladada al Hospital Materno Infantil de Málaga. El padre, que ya acompaña a la niña en su nueva situación, defiende la inocencia de su esposa. El juez de Melilla encargado del caso investiga si todo pudiera deberse a un trastorno mental. Entre las probables dolencias figura la del «síndrome de Münchhausen por poderes». Este cuadro psiquiátrico toma su nombre del barón Kart Friederich Hieronymus, famoso a finales del siglo XVIII por atribuirse espectaculares aventuras.

En la historia criminal española hay un antecedente que reúne todas las características del caso perfecto. Se trata de Isabel Padilla Maiquez, una mujer nacida en La Unión (Murcia) y condenada en 1995 por la Audiencia provincial, a 98 años de cárcel por tres parricidios consumados: los de dos de sus hijos y su marido, así como dos intentos fallidos contra otros dos de sus hijos.

Padilla, una mujer de escasa preparación, fue capaz de acumular una extensa cultura sobre enfermedades y medicamentos que aplicó sobre sus hijos y su esposo. Así les provocó una serie de síntomas que conformaban una grave enfermedad. La muestra más alarmante de ese mal eran una serie de hipoglucemias que acabaron conduciéndoles al coma y a la muerte. A los pacientes les fue extirpado el páncreas y, pese a todo, presentaban exceso de insulina en sangre. Los extraños episodios de insulinismo empezaron a finales de los años setenta y sólo fueron descubiertos casi veinte años después.

Tras la muerte de su hija pequeña, la mujer fue ingresada a su vez con los síntomas que había provocado en los otros. Los médicos sospecharon esta vez que la enfermedad podía ser inducida y al intervenir su bolso encontraron una caja de un medicamento antidiabético. Eso les llenó de sospechas y dieron parte a la policía. Una vez interrogada, sólo confesó que le había administrado aquellas pastillas a su hija Francisca por error y que cuando se dio cuenta rectificó suministrándole azúcar. Los conocimientos que Isabel Padilla mostraba sobre las enfermedades eran aterradores.

Normalmente, quienes lo sufren acompañan a los enfermos constantemente y fingen que les atienden con abnegación. Sin embargo, una constante es que los pacientes empeoran tras la visita de las madres con síndrome. En el caso de la mujer de Melilla puede haberse desarrollado este mismo trastorno, aunque también se baraja la simple intención de liquidar a sus hijas para ahorrarse estrés.


Isabel Padilla, abnegada madre y esposa que resultó ser la asesina

Ana Lucas – Laopiniondemurcia.es

27 de marzo de 2016

Allá por el verano de 2008 fallecía, víctima de un tumor cerebral, Isabel Padilla. La mujer, que era enterrada en el cementerio de su localidad natal, La Unión, en la más estricta intimidad, había sido protagonista, diecisiete años antes, de un suceso que había helado la sangre no sólo a la Región de Murcia, sino a toda España.

Y es que Isabel acababa de salir de un psiquiátrico, donde había sido confinada tras ser declarada culpable de la muerte de su marido y de dos de sus hijos. Quedó probado que metía en la comida de sus parientes fármacos para la diabetes. Otros dos hijos sobrevivieron.

Detenida en 1991, la Audiencia Provincial de Murcia la condenó a 98 años de cárcel. Un año después, el Supremo ordenó su ingreso en un psiquiátrico, al entender que no era consciente de sus actos. Isabel sufría síndrome de Münchhausen. Salió a la calle para morir.

Cuando sus familiares comenzaron a enfermar, Isabel era la doliente madre. «Padilla, una mujer de escasa preparación, fue capaz de acumular una extensa cultura sobre enfermedades y medicamentos que aplicó sobre sus hijos y su esposo», escribe sobre el caso el veterano periodista, experto en sucesos, Francisco Pérez Abellán. «Así les provocó una serie de síntomas que conformaban una grave enfermedad», remarca.

«La muestra más alarmante de ese mal eran una serie de hipoglucemias que acabaron conduciéndoles al coma y a la muerte. A los pacientes les fue extirpado el páncreas y, pese a todo, presentaban exceso de insulina en sangre», cuenta el periodista.

Añade que, en el caso de Isabel, «los extraños episodios de insulinismo empezaron a finales de los años setenta y sólo fueron descubiertos casi veinte años después».

Ella misma enfermó

«Tras la muerte de su hija pequeña, la mujer fue ingresada a su vez con los síntomas que había provocado en los otros. Los médicos sospecharon esta vez que la enfermedad podía ser inducida y al intervenir su bolso encontraron una caja de un medicamento antidiabético. Eso les llenó de sospechas y dieron parte a la Policía. Una vez interrogada, sólo confesó que le había administrado aquellas pastillas a su hija Francisca por error y que cuando se dio cuenta rectificó suministrándole azúcar», recuerda Pérez Abellán.

Los médicos se percateron entonces de que «los conocimientos que Isabel Padilla mostraba sobre las enfermedades eran aterradores», apunta el periodista. «Normalmente, quienes lo sufren acompañan a los enfermos constantemente y fingen que les atienden con abnegación. Sin embargo, una constante es que los pacientes empeoran tras la visita de las madres con síndrome», manifiesta.

La insulina, un potente reductor de los niveles de glucosa, puede ser mortal si se inyecta en personas sanas y en dosis excesivas.


Isabel Padilla

Marisol Donis

Esta mujer, vecina de La Unión (Murcia), casada y madre de familia numerosa, estaba considerada como una ama de casa ejemplar que se desvivía siempre por los miembros de su familia, a los que prodigaba toda clase de cuidados. Tan atenta era, que incluso se la tildaba de «pesada», sobre todo en materia de enfermedades. Al menor síntoma ya estaba ella en el médico en compañía del afectado, y no paraba hasta conseguir el internamiento en el hospital del presunto enfermo. Sus idas y venidas a urgencias eran tema de conversación con sus vecinos a los que mantenía puntualmente informados de la evolución del enfermo de turno. Con Pedro, su marido, fue un peregrinar continuo durante seis años. El pobre hombre no levantaba cabeza y los médicos no daban con el mal que le aquejaba. Isabel, mientras tanto, le colmaba de atenciones, no separándose de la cabecera de su cama, ni en el hospital, ni en casa. Sus desvelos llamaban la atención de propios y extraños. Paseaba por las calles de La Unión con una imagen siempre resignada, doliente.

Después de tantos sufrimientos, el marido falleció, y un hijo […] también, de la misma forma, sin que en los hospitales dieran con la causa de esas muertes. […] No iban a ser los únicos, nuevas desgracias ocurrirían en esa familia. La siguiente fue la más pequeña de sus hijos, Susana, quien comenzó con fiebre, vómitos, debilidad muscular. Internada en la Residencia Sanitaria La Paz, al poco tiempo presenta los síntomas típicos de una gran hipoglucemia. Los mismos síntomas que su padre y, al igual que a él, tuvieron que extirparle el páncreas. Su salud se fue debilitando hasta el punto de que se estaba quedando ciega. Poco después, en mayo de 1991, fallecía.

Isabel intenta suicidarse con antidiabéticos, siendo internada en el mismo hospital en donde había sido tratada su hija Susana. Allí un enfermero empieza a sospechar de su actitud y lo pone en conocimiento de la doctora que trató el caso de la niña fallecida. A pesar de las sospechas, no se puede probar nada.

No había pasado un mes cuando otra hija, Francisca, de veintiún años, comienza a sentirse mal con síntomas claros de un cuadro de apendicitis. Es internada urgentemente para someterse a una operación y, como siempre, su madre no se separa de ella. En una analítica que se realiza a la enferma se aprecian restos de insulina. Nadie del equipo médico había administrado ese medicamento; por tanto, alguien tenía que haberlo hecho. Como medida preventiva llevan a Francisca a la UVI y prohíben las visitas de su madre. Eso le salva la vida.

Se consigue una orden judicial para estudiar los historiales médicos de los tres familiares fallecidos. En el caso de Pedro, después de extirparle el páncreas, los análisis dieron un aumento de insulina. Inexplicable teniendo en cuenta que el páncreas es el único órgano productor de insulina y que la hipoglucemia padecida resulta de la producción excesiva de insulina por el páncreas, o la administración de la misma desde el exterior.

Isabel fue detenida el 11 de diciembre de 1991 como sospechosa de causar las muertes de su marido y de dos de sus hijos. Ella niega su implicación en los hechos, su abogado se agarra como a un clavo ardiendo, defendiendo la hipótesis de alguna anomalía genética, pero el informe de los peritos, tanto en el sumario como en el juicio oral, indica que la procesada sufre un trastorno grave de la personalidad; un trastorno crónico conocido como «síndrome de Münchausen» caracterizado porque la persona que sufre dicho síndrome necesita buscar atención médica, innecesaria, para sí misma o para otra persona. Se caracterizan por poseer un largo historial médico con numerosos ingresos, ser impostores, mentirosos y confabuladores. Cuando se les enfrenta con la naturaleza fingida, se van hacia otro centro asistencial.

La prueba pericial nos habla de que Isabel no tiene afectadas sus capacidades de juicio y raciocinio; de que no hay indicios de alteraciones psicóticas, pero no dice lo mismo respecto a sus capacidades volitivas.

Isabel tiene un fuerte deseo de permanecer en los hospitales y de que sus familiares sean tratados por los médicos, y a eso subordina todo lo demás, incluso la salud y la vida de los suyos.

En este caso, es un «síndrome Münchausen por poderes», una hipocondría en la que necesita que se sienta enfermo otro; una perturbación que suele darse en abuelas que asfixian a sus nietos, madres que envenenan a sus hijos o mujeres con dedicación plena al marido, a quien administran medicamentos en dosis que progresivamente van siendo letales y así consiguen tenerlos sometidos a ellas. Se da en mujeres deseosas de complacer, con pobre autoestima y, en ocasiones, con necesidad de llamar la atención, a las que les gusta aparecer como víctimas. En madres que, mediante simulación de una sintomatología falsa, logran que a sus hijos les realicen estudios en hospitales.

En estos casos los signos o síntomas no se evidencian en ausencia de la madre, y las manifestaciones clínicas no coinciden con la historia del paciente. Causan daño deliberadamente a sus hijos y luego mienten sobre el origen de las dolencias. Para algunos autores no es una enfermedad, es una forma de ser, que las hace mucho más peligrosas. Para otros, es una enfermedad mental responsable de la muerte de muchos niños.

Isabel Padilla fue condenada por la Audiencia Provincial de Murcia como autora de cinco delitos de parricidio, tres de ellos consumados, y dos en grado de frustración. Los hechos que se declararon probados la acusaban de suministrar fármacos generadores de crisis hipoglucémicas. Según la sentencia de la Audiencia Provincial: «La procesada sabía que los productos farmacéuticos utilizados eran susceptibles de causar la muerte, por lo que pudo representarse fácilmente, además del peligro concreto de su acción, su final resultado, con aprobación o aceptación previa de éste, aun cuando no fuese querido efectivamente, pero conformándose con el mismo.»

La administración de insulina a una persona normal puede causarle una hipoglucemia e incluso la muerte por choque insulínico. […] En épocas pasadas era un buen método que parecía perfecto para matar a una persona y hacer que esa muerte pareciera ocurrida por causas naturales, hasta que en el año 1957 se detectó por primera vez en una autopsia a raíz del famoso caso Barlow, que se deshizo de su mujer por ese procedimiento, encontrándose una concentración de ochenta y cuatro unidades de insulina en la nalga cerca del punto de inyección. El plan le salió mal.

De esa forma intentó eliminar a su esposa Klaus von Bülow, caso que levantó gran expectación por la identidad de la víctima: «Sunny» von Bülow, multimillonaria estadounidense que suponía un obstáculo en la relación del marido con su amante. No logró su objetivo del todo, pues «Sunny» no murió pero quedó en coma.

En el caso de Isabel Padilla se apreció que la insulina, causante directa o indirecta de las muertes, tuvo una procedencia exógena y ella la suministró para conseguir que su marido e hijos fueran hospitalizados, que era la finalidad buscada, una de las notas características del «síndrome de Münchausen».

Isabel Padilla fue condenada en una primera sentencia a ochenta y nueve años de reclusión, como autora de cinco delitos de parricidio, tres de ellos consumados y dos frustrados a la pena de veintiún años de reclusión mayor por cada uno de los consumados y tres años de reclusión menor por cada uno de los frustrados. Sentencia que fue recurrida porque la Audiencia no apreció atenuación alguna en su responsabilidad criminal. El Tribunal Supremo dictó segunda sentencia en la que se la condenó, con la eximente incompleta de enfermedad mental, a cuarenta y ocho años de prisión mayor, acordando su internamiento en establecimiento psiquiátrico.

En la cárcel de Picasent, donde trabaja en la enfermería, seguía proclamando su inocencia. El resto de sus hijos también la creían libre de culpa y siempre le brindaron su apoyo.

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