Hawley Harvey Crippen

Atrás Nueva búsqueda
Hawley Harvey Crippen
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Envenenador - Parricida
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 31 de enero de 1910
  • Fecha de detención: 31 de julio de 1910
  • Fecha de nacimiento: 11 de septiembre de 1862
  • Perfil de las víctimas: Su segunda esposa Cora Turner (también conocida como Belle Elmore)
  • Método de matar: Veneno (hioscina)
  • Localización: Londres, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Fue ejecutado en la horca en la prisión de Pentonville el 23 de noviembre de 1910
Leer más

El asesino de los buenos modales

Última actualización: 27 de marzo de 2015

El médico londinense que mató por el amor de una mujer.

El discreto Dr. Crippen se enamoró de su secretaria, pero estaba casado con una mujer a la que aborrecía. Resolvió el problema con un asesinato. Su huida, plagada de una serie de errores increíbles, y a pesar de la persecución sufrida a través de dos continentes, estuvo a punto de resultar un éxito.

EL HALLAZGO – Sin dejar rastro

Cora Crippen abandonó su hogar sin previo aviso para marchar a América, donde, según el testimonio de su marido, murió dos meses después. Por lo menos, así lo afirmó él ante la incredulidad de casi todas sus amistades.

El día 31 de marzo de 1910, la señora Louise Smythson se presentó en New Scotland Yard para denunciar la desaparición de su antigua amiga Cora Crippen. Un par de meses antes, había visitado junto con otras conocidas a Cora, o empleando su nombre de artista de Music Hall, a Belle Elmore; la cual, en un gesto desacostumbrado, había marchado a América repentinamente. No advirtió a nadie de su viaje ni comunicó su llegada; y tampoco les había enviado su dirección actual por si necesitaban ponerse en contacto con ella.

La primera noticia que tuvieron de su partida fue la carta dirigida el 2 de febrero de 1910 a la Asociación Femenina de Music Hall, de la cual era tesorera honoraria. En ellas les anunciaba que, a causa de la enfermedad de un familiar, había tenido que marcharse inesperadamente, y que dimitía desde aquel momento de su cargo. Había sido tal la urgencia del viaje que le había encargado a su propio marido el envío de aquella carta.

Exactamente un mes más tarde, el Dr. Crippen les anunciaba que Cora estaba gravemente enferma; y, una semana después, que su estado era crítico a causa de una pleuro-neumonía doble. El 24 de marzo envió un telegrama a una de las más íntimas amigas de su esposa comunicándola que Cora acababa de morir. Dos días después, insertó una nota necrológica en Era, la revista semanal de teatro.

El comportamiento del marido despertó grandes sospechas. Todas las noticias sobre Cora Crippen procedían de él y únicamente de él, quien, antes incluso de conocerse la noticia de la muerte de su esposa, se mostraba poco explícito sobre su lugar de residencia. También había estado evasivo en relación a los detalles del suceso. Los amigos de Cora sabían que sus parientes vivían en los alrededores de Nueva York, pero el marido afirmaba que estaba en California. Las contradicciones de su historia se producían constantemente.

No demostró la menor intención de ir a América para organizar los funerales, asegurando que su esposa deseaba que sus restos volvieran a su patria después de la cremación. Los amigos de Cora, se extrañaron de que deseara ser incinerada. Lo más censurable de todo era que el marido tenía una amante, su secretaria, y que ambos vivían en casa del doctor. Se presentaban juntos en público y ella lucía las joyas de la fallecida, joyas que, se rumoreaba, estaban empeñadas. Según las amistades artísticas de Cora, estos hechos debían ser denunciados. Según el inspector jefe de detectives, Walter Dew, no eran suficientemente significativos como para justificar una investigación.

El policía les explicó que el número de personas desaparecidas en Londres era enorme y que necesitaba más pruebas para poner en marcha dicha investigación. Apuntó que probablemente la Sra. Crippen se había fugado a causa de las dificultades que encontraba para obtener el divorcio. Y en relación con las aparentes contradicciones en el relato del marido, Dew sugirió que podrían deberse a un estado de shock.

Tres meses después se presentó en New Scotland Yard una pareja americana, el señor John Nash y su esposa, denunciando el mismo hecho. Acababan de volver de una gira por los music-hall de América para encontrarse con que, durante su ausencia, Cora Crippen se había marchado precipitadamente y había muerto allí. Cuando hablaron con el marido acerca de ello, encontraron sospechosa su actitud y sus explicaciones poco convincentes. En esta ocasión se encargó a Walter Dew que se ocupara del caso y, con este motivo, el inspector se entrevistó con el Dr. Hawley Harvey Crippen en el 39 de Hilldrop Crescent, Hofloway, North London.

Cuando Dew llamó a la casa del Dr. Crippen, éste estaba trabajando en el centro de Londres. El inspector habló en su lugar con la amiga del doctor, la señorita Ethel Le Neve. Más tarde, la describiría como una joven muy atractiva y elegantemente vestida. Observó también que lucía un broche de brillantes que coincidía exactamente con la descripción del que en otra época había pertenecido a Cora Crippen.

El inspector y su ayudante se trasladaron a Londres para entrevistarse con el doctor en su consulta de New Oxford Street. Crippen se mostró amistoso y dispuesto a contar al detective todo lo que sabía.

La mayor parte de su declaración tuvo lugar entre consultas médicas y extracciones dentales. Crippen hablaba un rato con el policía, volvía a su consulta y regresaba luego para seguir declarando. Admitió que Ethel Le Neve era su amante y que sus relaciones eran muy anteriores a la desaparición de su esposa. También confesó que su matrimonio con Cora había estado muy lejos de resultar un éxito. 

Más aún: Crippen reconoció que la historia de la muerte de su mujer era una invención destinada a ocultar el fracaso de su unión. La verdad era que, efectivamente, Cora se había marchado a América a reunirse con un antiguo amante de su época de music-hall, llamado Bruce Miller y que él había inventado aquella explicación a causa de la vergüenza que le producía la situación, y también para proteger la reputación de su mujer en el entorno de sus amistades.

Los dos policías volvieron con Crippen a Hilldrop Crescent, donde llevaron a cabo un somero registro. Al no encontrar nada sospechoso, Dew insistió en que el médico se pusiera en contacto con su esposa. Este aceptó la idea y redactó un aviso para la prensa americana solicitando noticias de Kunigunde Mackamotzki (nombre de soltera de Cora Crippen). El inspector abandonó la vivienda a las ocho de la noche, después de que éste firmara su declaración.

La entrevista con Crippen tuvo lugar el viernes 8 de julio y había durado aproximadamente ocho horas. Durante todo el fin de semana el inspector Dew estudió detenidamente aquellas declaraciones.

A pesar de que deseaba aclarar algunos puntos oscuros, no albergaba grandes sospechas. Era bien sabido que el matrimonio de Crippen con Cora había sido un error. Era igualmente sabido que ella había coqueteando escandalosamente con una serie de chicos jóvenes durante los diez últimos años. Por lo tanto, resultaba prácticamente imposible que no se hubiera aburrido con aquel marido dócil y obsequioso.

De hecho, Dew había disfrutado con la compañía de Crippen cuando ambos almorzaron juntos en un restaurante italiano. «Crippen comió abundantemente», comentaría después el inspector, «con el placer de quien no tiene la menor preocupación».

El lunes siguiente, volvió a Hilldrop Crescent para charlar con el doctor; le sorprendió encontrar la vivienda vacía. Trató de comunicar con él en su consulta, pero le dijeron que no había aparecido en todo el día.

El inspector ordenó un registro completo de los tres pisos y las nueve habitaciones de la vivienda. No encontraron nada significativo; entonces Dew dirigió su atención hada el jardín. Era pleno verano y estaba espléndido; sin embargo, el policía y sus colegas cavaron los rosales, arrancaron las flores y ahondaron en cada palmo de terreno, sin resultado alguno. Después de dos días de búsqueda, solamente había quedado sin registrar una minúscula carbonera situada al fondo de un pasillo corto y sombrío que comunicaba la cocina con la puerta trasera.

La carbonera era oscura y polvorienta.

En una esquina había un montón de carbón; en la otra, una serie de troncos apilados. Dew, a gatas, palpó las uniones del enlosado. El cemento estaba viejo y deshecho y algunos ladrillos se desprendieron fácilmente descubriendo una capa de arcilla debajo del piso.

Cuando llevaban cavados unos quince centímetros, la carbonera se vio invadida por un olor nauseabundo que les obligó a salir del jardín en busca de aire fresco. Al profundizar un poco más, descubrieron un hueco lleno de una masa de carne humana cubierta de cal. Dew no continuó. Aunque no tenía la certeza de que aquellos restos fueran todo lo que quedaba de Cora, el Dr. Crippen y Ethel Le Neve eran ahora sospechosos de asesinato.

El inspector Dew

El inspector jefe Walter Dew comenzó su carrera encargándose del caso que alcanzó mayor notoriedad en la historia criminal británica. Recibió el nombramiento de detective en 1887 e intervino en el asunto de Jack el Destripador. Fue el único asunto que no consiguió resolver.

Le llamaban “paño azul” porque cuando estaba de servicio usaba su mejor traje. Su característica más sorprendente era la compasión: sentía auténtica compasión hacia los criminales que su profesión le obligaba a perseguir.

Cuando por fin detuvo al Dr. Crippen y a Ethel Le Neve, la pareja agradeció la consideración hacia ambos.

Un veneno para locos violentos

El Dr. Crippen empleó un veneno poco habitual para asesinar a su mujer. La hioscina, o bromuro ácido de hioscina, no se había usado hasta entonces, ni se usó después, para cometer un asesinato. Adquirió cinco granos (un cuarto de grano es suficiente para producir la muerte) en Lewis y Borroughs, los drogueros londinenses que habían sido sus proveedores habituales durante muchos años. Le habían proporcionado productos venenosos en otras ocasiones, pero nunca hioscina, y tuvo que firmar en el Libro de Registro de Venenos antes de llevárselo.

El veneno, imposible de distinguir si se mezcla con los alimentos, se presenta en forma de cristales blancos, inodoros, procedentes del beleno, perteneciente a la familia de la belladona. En aquella época la hioscina se empleaba, extemadamente diluida, como un calmante. Cuando a los 21 años Crippen estudiaba medicina, observó que se les administraba como sedante a los enfermos violentos en el Hospital Bethlehem de Londres.

¿De quién es el cuerpo?

Aun después del hallazgo de los restos humanos en la carbonera del 39 de Hilldrop Crescent, los investigadores se enfrentaban con un problema: ¿cómo identificar positivamente aquellos restos cómo pertenecientes a Cora, la desaparecida esposa del Dr. Crippen? Del cuerpo no quedaba más que un torso del que se habían extraído cuidadosamente todos los huesos. El asesino había hecho desaparecer los brazos, las piernas, los órganos genitales y, lo más importante de todo, la cabeza.

Del examen de los restos se deducen cinco pistas:

1. Se encontró un bigudí de metal con un mechón de pelo enrrollado. Los cabellos cambiaban de color desde el castaño oscuro en la raíz al rubio en los bordes. Todo el mundo sabía que Cora Crippen se teñía el pelo con agua oxigenada.

2. En el abdomen aparecía una cicatriz que coincidía con la operación de extirpación de ovarios practicada a Cora Crippen. La autenticidad de esta prueba se demostró durante el juicio cuando la defensa pretendió que aquella marca no era más que un pliegue de la piel.

3. Se detectó la presencia de hioscina en el cuerpo. El Dr. Crippen había adquirido el veneno un par de semanas antes de la desaparición de Cora. Crippen estaba familiarizado con la droga -tan excepcional que sus proveedores tuvieron que encargarla- desde que en 1833 la había visto administrar a los locos furiosos.

4. La extracción de los huesos del torso demostraba una pericia quirúrgica. Aunque Crippén no tenía experiencia como cirujano, no existían dudas sobre sus conocimientos teóricos en ese campo y se le supuso capaz de desempeñar la tarea de desmembrar el cuerpo de su mujer.

5. La chaqueta de pijama que envolvía el torso llevaba una etiqueta de Jones Brothers. Esta prenda sólo pudo ser adquirida después de que los Crippen se mudaran a Hilldrop Crescent.

PRIMEROS PASOS – Un médico bien educado

El Dr. Crippen, un hombre sensible, procedente de un entorno respetable, no tuvo, sin embargo, éxito con las mujeres.

Hawley Harvey Crippen era hijo de una familia honorable de Coldwater, Michigan. El abuelo Philo había fundado un comercio de lencería que fue progresando hasta ser heredado por su hijo Myron. Coldwater creció al mismo tiempo que la familia Crippen. En 1862, cuando nació Hawley, el comercio y su vivienda eran los mayores de la ciudad.

Hawley fue hijo único y, como además pertenecía a una familia adinerada, se crió mimado y engreído. Desde su infancia lo estimularon a imitar a su tío Bradley, médico de Coldwater. Hawley asistía a la escuela local durante la semana y los domingos leía la Biblia.

Los miembros de su familia especialmente el abuelo, eran estrictos, seguidores de un protestantismo rígido. Después del servicio dominical, Philo Crippen sentaba a su nieto en sus rodillas y le leía severamente largos pasajes del Antiguo Testamento, especialmente el Libro de los Proverbios o Isaías

Crippen se graduó en la Universidad de Michigan y obtuvo el título de doctor en el Hospital Homeopático de Cleveland, Ohio. Sin embargo, este título no le permitía ejercer en Inglaterra, a no ser que pasara unas pruebas posteriores. Mientras trabajaba como interno en un hospital de Manhattan, se casó con Charlotte Ben, una estudiante de enfermería.

Parece ser que este matrimonio fracasó. Charlotte, de origen irlandés, había nacido y crecido en un convento. El entusiasmo que sintió Crippen al descubrir los tirones de la carne se desvaneció rápidamente ante la actitud de su mujer, que era más templada.

Se trasladaron a San Diego, en el oeste del país, donde, en 1888, Charlotte dio a luz a un niño, Otto Hawley Crippen. Cuatro años más tarde, tras una excursión a Salt Lake City, Charlotte murió de luna apoplejía en un gélido enero de Utah. Tenía que dar a luz unos días después. Crippen envió a Otto con sus abuelos a San José, California, y volvió a Nueva York; allí abrió una nueva consulta.

En julio de 1892, seis meses después, Crippen encontró en un quirófano de Brooklyn a su segunda esposa, Kunigunde Mackamotzki, una atractiva joven de 19 años procedente de Centroeuropa, conocida entonces como Cora Turner. Para aquel viudo de treinta años, prematuramente calvo, ella era una criatura necesitada de ayuda y protección. Era impetuosa y su rudeza y buen humor le atraían. En curioso contraste, Cora le amaba por su aspecto distinguido, su normalidad y la seguridad que le ofrecía.

Tras un corto noviazgo de seis semanas, se casaron en Nueva Jersey el 1 de septiembre de 1892. Pero las cosas se torcieron casi inmediatamente. Ella tuvo que sufrir una operación en la que le extirparon los ovarios, lo que provocó en ambos una profunda desilusión al saber que nunca podrían tener hijos.

Los años 1890 fueron una etapa de dificultades económicas en América. La homeopatía y la medicina convencional se vieron afectadas por ello. Los honorarios del doctor quedaban impagados. Cora se vio obligada a abandonar las lecciones de ópera que estaba recibiendo desde la infancia y, durante algún tiempo, Crippen tuvo que convivir con la familia de ella.

La perspicaz esposa comprendió rápidamente que el público neoyorquino no tenía dinero para los remedios tradicionales y convenció a su marido para que, renunciando a sus principios, se convirtiera en un curandero.

Crippen comenzó a vender sus productos naturales patentados y pronto se asoció con otro doctor «curandero», el «Profesor» Munyon, instalando las oficinas de sus Remedios Homeopáticos en el número 14 de East Street. Cora trabajaba también allí como cajera y la pareja dormía en una habitación situada encima del despacho.

Al cabo de un año, Crippen, descrito por Munyon como «uno de los hombres más inteligentes que he conocido», fue ascendido a director general de la oficina central en Filadelfia. Inauguró una nueva empresa de Munyon en Toronto. Cuando volvió a Filadelfia, Cora marchó casi inmediatamente a Nueva York, rodeada de un grupo de atractivos muchachos.

En 1987 ofrecieron a Crippen la delegación de Londres con un sueldo anual enorme, 10.000 dólares. Cora se reunió con él cuatro meses más tarde, insinuando que había mantenido varios amoríos en el barco durante la travesía.

Hacía tiempo que Cora había abandonado sus pretensiones de dedicarse a la ópera, orientándose hacia el «vaudeville». Se hizo llamar Belle Elmore y, como los actores norteamericanos estaban de moda, consiguió un contrato de tres fibras semanales libres de gastos.

Sin embargo, su debut en el Old Marylebone Music Hall bajo el nombre artístico de Cora Motzki resultó un fracaso y, al cabo de una semana, rescindieron su contrato. Por otra parte, había ganado bastante peso y se la conocía con el desagradable apodo de «el globo Matzos de Brooklyn». Comenzó entonces a acusar a Crippen de su falta de éxito.

En este punto no era objetiva con su esposo. Él había descuidado los negocios de Munyon para promocionar a su mujer, hasta que le llamaron inesperadamente de Filadelfia: Munyon había visto un cartel en el que Crippen se anunciaba como «representante artístico de la Compañía de “Las Alegres Luces de Vio y Motzki”», e inmediatamente fue despedido.

Lo peor estaba por llegar. El matrimonio Crippen estaba deshecho. Cora se había unido a un antiguo boxeador, Bruce Miller, que por entonces trabajaba en el ambiente del music-hall. Las cosas iban de mal en peor, porque ella se había aficionado a la bebida y mostraba un carácter insoportable.

No puede afirmarse que el doctor fuera un vago. Se asoció a otra compañía de pastillas naturales, que fracasó al primer año; así que intento comercializar su propio producto «Amorette».

Proporcionó a Cora como «pintora de miniaturas» en un piso nuevo y barato de Store Street, cerca del Museo Británico, y en 1901 se asoció con el Instituto Drouet para distribuir ciertos emplastos que se adherían detrás de las orejas como remedio seguro contra la sordera.

La firma empleó la entonces enorme suma de 20.000 a 30.000 fibras anuales para anunciar lo que se describió más tarde como «uno de los mayores y más ambiciosos fraudes relacionados con la sordera que se han realizado en este país». Y aquí, en 1902, Crippen puso sus ojos por primera vez en Ethel Le Neve.

La medicina natural

La medicina «natural» fue una de las mayores estafas de la época de Crippen. Su éxito radicaba en el hecho de que los médicos y los dentistas eran demasiado caros y había que buscar formas alternativas que resultaran más baratas.

Los curanderos ganaron una fortuna; a finales del siglo XIX los americanos habían gastado 75 millones de dólares en remedios naturales. Esto convenció a Cora Crippen para insistir en que su marido se convirtiera de médico en «curandero».

Las promesas que aparecían en los anuncios eran escandalosas y falsas. Pero en un medio social pobre e ignorante la posibilidad de obtener la curación por aquellos procedimientos no era desdeñable. Algunos remedios contenían narcóticos y opiáceos (como opio y cocaína) y llegaban a crear una adicción que había que alimentar posteriormente.

EL ASESINATO – Matar por amor

La frustración de Crippen, decepcionado por su esposa y enamorado de su secretaria, hervía en su interior. Entonces emprendió una actuación chapucera con la que firmó su propia sentencia de muerte.

Ethel Le Neve iba a cumplir veinte años cuando conoció a Crippen. Vivía en Camden Town con su familia, llamada Neave, nombre que ella misma afrancesó por coquetería, como había hecho Cora al usar el de Belle Elmore. Su hermana mayor, Nina, trabajaba en el Instituto Drouet, un instituto para sordos, en Kingsway, donde Crippen ejercía como médico. Cuando ésta dejó el empleo para contraer matrimonio, Ethel se quedó como secretaria particular del doctor.

A pesar de las posteriores revelaciones según las cuales Crippen la había seducido, que había sido como una arcilla en sus manos, la realidad es que sus relaciones se desarrollaron desde un respeto mutuo inicial que después generalmente se transformó en amor. Hasta que no transcurrieron cinco años desde que se conocieron no empezaron a vivir juntos.

Para Crippen estas relaciones compensaban el rápido desmoronamiento de su propio matrimonio. Las extravagancias y el egoísmo de Cora iban en aumento, hasta el punto de que Bruce Miller, su amante, se volvió a Estados Unidos. A pesar de que había satisfecho prácticamente todos sus caprichos, incluida una colección de joyas que provocó la envidia de sus amigas, Cora no sentía el menor respeto por él. Cuando le explicaba sus dificultades económicas, su primera reacción era la de renovar su vestuario inmediatamente.

Como ya había renunciado a su sueño de convertirse en una estrella del music-hall, Cora compensó su desilusión desplegando una considerable actividad social. Su poderosa personalidad, así como su trabajo en la Asociación Femenina de Music Hall, la pusieron en contacto con los famosos de su tiempo, entre otros con su ídolo Marie Lloyd. Las muchas personas que invitaban a Hilldrop Crescent percibían el contraste entre el sereno y cortés Dr. Crippen y el temperamento de su mujer. No cabía la menor duda sobre quién llevaba la voz cantante en las relaciones de la pareja.

En 1906, Cora aceptó huéspedes de pago en su casa para tener algo en qué ocuparse. Se instalaron cuatro estudiantes alemanes, uno de los cuales, William Ehrlich, se convirtió en el favorito de Cora. Ehrlich advirtió el trato degradante que Crippen padecía por parte de su mujer. «El doctor nunca perdió la serenidad, aunque los reproches de su mujer solían ser injustos», declararía más tarde. «El marido debía ser dueño de un extraordinario control de sí mismo para soportar durante tanto tiempo aquellos ruines sarcasmos.» La degradación culminó un día de noviembre de 1906, cuando Crippen, al volver a casa, se encontró al estudiante favorito en la cama con su mujer.

Crippen tenía la esperanza de que Cora abandonara definitivamente Hilldrop Crescent para irse a vivir con Bruce Miller. Pero ella no lo hizo y, con el paso del tiempo, el silencio hostil invadió la casa. A pesar de que el matrimonio fingían una relación cordial en presencia de extraños, ya en 1908 apenas se dirigían la palabra.

Crippen dedicaba gran parte de su tiempo a trabajar en «The Yale Tooth Specialists», una compañía creada con un socio americano llamado Gilbert Rylance, que tenía el título de dentista. Rylance declaró que el papel de Crippen se reducía al aspecto económico de la empresa y que no ejercía como dentista. Más tarde lo describió como un hombre correcto, un magnífico organizador, muy competente y con ideas muy acertadas para los negocios.

Sin embargo, según el testimonio del padre de Ethel Le Neve, Crippen se había involucrado abiertamente en la consulta. Con la ayuda de ella comenzó a realizar extracciones.

Cora Crippen empezó a sentirse exasperada y celosa ante la idea de que su marido y Ethel Le Neve trabajaran juntos diariamente. Tampoco estaba de acuerdo en que su esposo renunciara a las prácticas de homeopatía, ya que suponía que los ingresos serían menores que los habituales. Estaba también convencida de que la secretaria había influido en la decisión de su marido de crear la «Yale Tooth Speciabst», destinada al fracaso según sus pronósticos.

Hasta aquel momento, Cora había manifestado una despectiva indiferencia por el asunto de su marido con la secretaria. Pero cuando Ethel Le Neve comenzó a tomar decisiones por Crippen, dicha indiferencia se convirtió en violenta inquina.

Mientras tanto, la joven se sentía cada vez más desgraciada con aquella situación. Aunque al principio había aceptado el papel de amante, empezó a persuadir a Crippen para que abandonara a su esposa en 1906 lo más tarde. Para Ethel era muy doloroso pensar que aunque compartía gran parte del día con él, éste volvía todas las noches a Hilldrop Crescent.

Dejó a su familia y se mudó primero a casa de una hermana y después a un piso en Highgate. En 1909 se produjo un hecho que Ethel creyó terminaría por resolver el problema. Se quedó embarazada. Aunque Cora no se marchara con Bruce Miller, ella estaba segura de que Crippen acabaría abandonando a su mujer para casarse con ella.

Ethel abortó en marzo de 1909. Cora Crippen, que estaba enterada de aquellas relaciones desde hacía mucho tiempo, encontró la oportunidad de hurgar en la herida. Se refería a Ethel como a la «pequeña mecanógrafa» y extendió entre sus amigos de la Asociación Femenina de Music-Hall el rumor de que había abortado por despecho. Aseguraba también que era difícil identificar al padre. Crippen estaba acostumbrado a ser el blanco de los punzantes comentarios de su esposa, pero el tema variaba si se dirigían a su joven amante.

El 19 de enero de 1910, el Dr. Crippen fue a William y Borroughs, su droguería habitual en New Oxford Street, y compró cinco gramos de hioscina (un veneno cristalizado). Unas noches más tarde, el 31 de enero, invitó a cenar en Hilldrop Crescent a sus amigos Paul y Clara Martinetti. Se marcharon a la 1.30 de la madrugada y, aparte de Crippen fueron los últimos que vieron a Cora con vida.

Después de aquel día, Ethel Le Neve encontró al llegar al trabajo una nota de Crippen escrita en su máquina: B.E. se ha ido a América… Volveré ahí más tarde para preparar una grata velada.

Entonces comenzó una época que, cuando se estudia con perspectiva, resulta demencial. Al día siguiente de la desaparición de Cora, Ethel pasó su primera noche en Hilldrop Crescent. Sin dudar de la explicación que él le había dado sobre la repentina partida de su mujer a América, el 12 de marzo se trasladó a la residencia del matrimonio haciendo de aquella casa su vivienda permanente.

El 20 de febrero la pareja asistió al Baile del Criterion, codeándose con las amigas del teatro de Cora y luciendo ella su broche del sol naciente. Juntos paseaban por Hofloway Road y se fueron de vacaciones a Dieppe y a Boulogne. Crippen anunció la muerte de su esposa enviando un telegrama desde la Estación victoria, donde Ethel y él iniciaban su viaje a Dieppe.

La visita de la policía hizo comprender a Crippen que ambos tendrían que abandonar Hilldrop Crescent. La razón que expuso a la joven era que los vecinos, especialmente las afinadas a la Asociación Femenina de Music-Hall, comenzaban a cotillear. Dudaba en presentarse ante sus compañeros de trabajo ahora que sabía que la policía había ido a buscarle. Sus vidas serían penosas. Tenían que marcharse y comenzar de nuevo.

El inspector Dew había hablado con Ethel por su cuenta y le había comentado que el doctor admitió que la muerte de Cora en América era una falsedad. Ella se enfadó al saber que Crippen le había mentido por primera vez, pero parecía estar segura de que él desconocía el paradero de Cora.

Mientras permanecían aún en Hilldrop Crescent, ambos decidieron que Ethel viajaría disfrazada de muchacho. Se ha descrito a Crippen como un asesino despiadado y de sangre fría, pero su plan resultó un fracaso en aquella ocasión y fue más patético que calculado. Cortó chapuceramente el cabello de Ethel y envió a uno de sus empleados a comprar un traje de hombre. Era demasiado pequeño y Ethel estalló los pantalones en cuanto se los puso.

No volvieron por Hilldrop Crescent. Dejaron la empresa por separado, se reunieron en la estación de Chancery Lane y se dirigieron después a Liverpool Street para tomar el tren de Harwich.

Embarcaron de noche en dirección a Holanda. En Rotterdam Crippen envió a Ethel a arreglarse el corte de pelo. Mientras tanto, él se afeitó el bigote. Ella había olvidado su sombrero hongo en el barco y tuvieron que comprar uno nuevo de paja.

Se trasladaron a Bruselas y durante diez días se alojaron en el Hotel de las Ardenas.

Inicialmente, Crippen pensaba volver a Inglaterra y embarcar en Hull rumbo a América.

Sin embargo, al ver el anuncio de una travesía desde Amberes a Quebec, tomó dos pasajes en camarote de segunda clase para embarcar el 31 de julio de 1910; cuando leyó en la prensa belga que la policía los buscaba a consecuencia del hallazgo de los restos de Cora, cambió los billetes para el 20 de julio. Viajaban bajo los nombres supuestos de John Philo Robinson y John Robinson.

Trataban de pasar lo más inadvertidas posible, pero tenían que mezclarse inevitablemente con los demás pasajeros y con la tripulación y cenar con el capitán del Montrose, Henry Kendall. Nunca imaginó Crippen que al disfrazar a Ethel de muchacho estaba cometiendo un error fatal en su intento de huida.

¿Dónde está Crippen?

Como consecuencia de la publicación en el Daily Chronicle del crimen de Crippen, una riada de denuncias inundó la mesa de despacho del inspector Dew. La fiebre Crippen alcanzó a la Cámara de los Comunes, donde el diputado laborista por West Ham interpeló al Secretario de Estado Winston Churchill sobre la actuación de la policía en el asunto.

Las denuncias proceden de:

Essex: Se había visto a Crippen en Waltham Abbey portando un gran maletín marrón.

Liverpool: Un barbero reconoció a Crippen cuando éste le encargó que le afeitara el bigote.

Willesden: Crippen y una joven habían sido vistos buscando alojamiento. La policía tuvo que rescatar al hombre cuando varios cientos de personas pretendían lincharle.

Expreso Díeppe-París: Crippen y Le Neve habían sido reconocidos por un empleado del tren.

Los Pirineos: Crippen reconocido de nuevo por otros empleados del tren.

Manhttfen: Crippen había sido detenido disfrazado de vicario.

Mientras tanto, Madame Ginnett, una antigua amiga de Cora, mantenía en Nueva York un servicio de vigilancia continua sobre los pasajeros que desembarcaban procedentes de los grandes transatlánticos. Según el padre de Ethel Le Neve era muy posible que la pareja se hubiera refugiado en Francia y que Crippen, con su aspecto amanerado, se hubiera disfrazado de mujer.

En el nº 39 de Hilldrop Crescent

Después de los sucesos de 1910, un actor escocés llamado Sandy McNab alquiló la vivienda con el proyecto de transformarla en una serie de apartamentos para gentes del teatro. Este proyecto fracasó y la casa permaneció vacía, deteriorándose gradualmente. McNab trató de convertirla en el Museo Crippen, pero abandonó la idea ante las protestas de los vecinos. El edificio quedó destruido durante la II Guerra Mundial a consecuencia de un bombardeo. En el solar se ha construido un bloque de pisos llamado Margaret Bonfield House en honor de la primera mujer británica miembro del Consejo de Ministros.

Bruce Miller

Las relaciones de Cora con Bruce Miller marcaron el inicio de la desintegración del matrimonio Crippen. Miller era un hombre absolutamente diferente del doctor: un exboxeador atractivo, vivaz y divertido que actuaba en los escenarios de music-hall como hombre-orquesta, tocando simultáneamente la armónica, el banjo y la batería. El hecho de que fuera variable e independiente no fue un obstáculo para Cora. Fue muy sincera con su marido en lo concerniente a sus relaciones con Miller. Cuando en abril de 1904 éste volvió a América definitivamente, ella intentó reunirse con él por todos los medios.

Los Music-Halls

Una estrella del music-hall a principios de siglo tenía la categoría de una moderna celebridad cinematográfica. Cuando el Dr. Crippen y su esposa llegaron a Inglaterra, estos espectáculos estaban en la cumbre de su popularidad y se representaban por todo el país; los artistas americanos eran los más prestigiados. Cada ciudad tenía su music-hall y en algunas había hasta tres. La categoría dependía de la calidad. En el nivel superior, que incluía los music-hall de Holborn, Leeds, Glasgow y Liverpool, figuraban grandes estrellas como George Formby Senior, George Robey y Marie Lloyd. Cora Crippen tomó como modelo a esta última, usando el nombre artístico de Bella Delmore. Aunque ocupaba los últimos lugares en las listas de popularidad, figuró en una ocasión junto a George Formby Senior. Su debut en Londres resultó un fracaso y la misma Marie Lloyd criticó su trabajo.

Los actores recorrían el país durante años representando la misma obra sin que la audiencia manifestara el menor cansancio. Después de la I Guerra Mundial se inició su gradual declive cuando los melodramas sustituyeron a las tradicionales variedades. Tras la II Guerra Mundial, alrededor de los 50, volvieron a ponerse de actualidad con la aparición de cantantes populares como Lonnie Donegan para ser sustituidos por la televisión al comienzo de los 60.

PUNTO DE MIRA – Persecución por mar

Crippen y su amante luchaban por conseguir la libertad a bordo del Montrose sin saber que la prensa inglesa informaba de cada etapa de su viaje.

El caso Crippen alcanzó su punto culminante a los once días de iniciar el viaje.

20 de julio: Crippen y Le Neve embarcan en el puerto de Amberes rumbo a Quebec a bordo del Montrose.
22 de julio: El capitán Kendall envía por radio un mensaje a los armadores con objeto de que éstos informen a Scotland Yard de la presencia de los fugitivos en el barco.
23 de julio: El inspector Dew comienza la persecución por mar a bordo del Laurentic. Los periódicos ingleses informan de que el barco de Dew se aproxima al Montrose a una velocidad de tres nudos y medio.
25 de julio: Un mensaje por radio que un periódico inglés envía al Montrose confirma que Scotland Yard ha recibido la denuncia del capitán.
27 de julio: El Laurentic alcanza al Montrose.
31 de julio: Crippen y Le Neve son detenidos en Father Point en aguas canadienses. Ingresan ambos en la cárcel en espera de la orden de extradición

LA DETENCIÓN – La caza del hombre a través del océano

Una vez a bordo del Montrose, el Dr. Crippen y Ethel Le neve estaban seguros de que al cabo de once días habrían alcanzado la libertad. Ignoraban que lo que estaban haciendo era navegar hacia su detención.

El capitán Harry Kendall no tuvo ocasión de conocer al pasajero John Philo Robinson y a su hijo John hasta que el barco no estuvo en alta mar. El rostro del muchacho era extraño, las caderas anchas, los pies pequeños, las manos blancas y finas. Kendall observó también que, aunque el padre no llevaba gafas, tenía marcados el puente y los lados de la nariz con las señales propias de quien las usa habitualmente.

Les invitó a almorzar en su mesa y, durante la comida, encontró un pretexto para introducirse en su camarote y registrarlo. Observó que por equipaje llevaban solamente una maleta y que el muchacho no tenía abrigo para el viaje

A la mañana siguiente, el capitán confió sus temores al Oficial Jefe. Cuando se encontraban a 130 millas al oeste de Lizard, Kendall envió al radiotelegrafista el mensaje que iba a dar lugar a la persecución más célebre de todos los tiempos.

El telegrama, transmitido directamente por los armadores, cayó en manos del inspector Walter Dew. Era la prueba que éste necesitaba desesperadamente. Habían pasado diez días desde el hallazgo del cuerpo de Cora y el inspector iba adquiriendo la creciente convicción de que Crippen y Ethel Le Neve habían conseguido huir.

Existía la posibilidad de llegar a Quebec antes que Crippen embarcando en el Laurentic de las líneas White Star, que zarpaba de Liverpool, al día siguiente. Aunque el Montrose llevaba tres días de navegación, la travesía del Laurentic duraba cuatro menos. Dew convenció a su superior, el ayudante del comisionado, Sir Melville MacNaghten, de que el telegrama del capitán Kendall era decisivo y, con una autorización por escrito, salió de Londres en dirección a Liverpool. Embarcó en el Laurentic viajando con el nombre supuesto de Dewhurst.

Inicialmente, se plantearon algunas dudas sobre las sospechas del capitán Kendall. El inspector Dew corría el riesgo de encontrarse en un compromiso si se hacía público que había detenido en Canadá a una pareja inocente. En clave policíaca su viaje se denominó «Operación Esposas» y se calificó como de ultrasecreto. Ni siquiera la mujer del inspector sabía el destino del viaje que emprendió su marido.

El policía se afirmó en la convicción de que había tomado la decisión adecuada cuando el agente de viajes que les había vendido los pasajes en Amberes identificó a Ethel Le Neve y a Crippen por medio de sus fotografías.

Mientras tanto, el capitán Kendall empleaba generosamente la telegrafía sin hilos, enviando una serie de reportajes sobre la pareja al Daily Mail y a otros periódicos. El público se enteraba por medio de Kendall de que Crippen se estaba dejando crecer la barba y de que «cada día tenía más aspecto de granjero»; y de que el comportamiento de Ethel demostraba obviamente que era una mujer.

El capitán se ocupaba también de asegurarse de que ni Crippen ni Ethel sospecharan que habían sido reconocidos. «Se les mantuvo estrechamente vigilados durante todo el viaje, ya que, en caso de que olfatearan el peligro, él podría tomar una decisión inmediata», según manifestó Kendall a la prensa. Recorrió el barco retirando todos los periódicos que mencionaran cualquier noticia relacionada con el crimen.

Al mismo tiempo, Kendall intentaba obtener cualquier indicio que probara la identidad real de la pareja. Los llamaba por sus nombres falsos cuando paseaban por el puente para comprobar la lentitud de sus reacciones. En varias ocasiones, ella fue la única que contestó a las llamadas del capitán, excusando a Crippen porque el frío perjudicaba a su sordera. Kendall había leído en los periódicos que había vivido en San Francisco, Detroit y Toronto. Llevando la conversación por aquellos cauces, se afirmó en su convicción de que John Philo Robinson conocía aquellos lugares.

La pareja no era consciente de que su viaje transoceánico era el centro de atracción de la prensa mundial. Ethel estaba convencida de que su identidad permanecía oculta. «Nunca imaginé», escribiría más tarde, «que los oficiales del barco hubieran descubierto mi disfraz». Para hacerlo más verosimil, entabló amistad con un joven que viajaba a bordo del Montrose.

Durante la mayor parte del viaje, Crippen se mantuvo relajado y aparentemente confiado en el futuro. Únicamente se despertaron sus sospechas en una ocasión, cuando oyó casualmente al radiotelegrafista transmitir un despacho. Cuando preguntó la razón de aquel mensaje, el operador contestó rápidamente que solicitaba información del patrón de un barco cercano sobre la aparición de hielo en su ruta.

Dos días antes de llegar a Father Point, el optimismo de Crippen desapareció. Entregó a Ethel todo el dinero advirtiéndola que, al llegar a Canadá, tendría que abandonarla. Le sugirió que se dirigiese a Toronto y buscase trabajo como secretaria. Ella supuso que Crippen quería adelantarse para buscar algún lugar donde vivir. Sin embargo, sus intenciones parecían ser otras. Después de la detención encontraron una carta en el reverso de una tarjeta de visita que había mandado imprimir en Bruselas con el nombre de John Robinson.

«Ya no puedo soportar más el horror que me invade a todas horas, no veo salida y el dinero se está acabando. Estoy pensando en tirarme por la borda esta noche. Sé que he destrozado tu vida, pero espero que algún día llegarás a olvidarme. Con mis últimas palabras de amor. Tu H. ».

En su confesión, Crippen negó que intentara suicidarse, hecho que era un delito en sí mismo. Manifestó que un capitán amigo suyo estaba dispuesto a ocultarlo cuando el barco llegara a Montreal y que la nota estaba destinada a confundir a Dew.

En el momento en que el Montrose llegó a Father Point, el acoso había terminado. Dew se había anticipado y, vistiendo la chaqueta con botones dorados y gorra de visera de un práctico, esperaba para subir a bordo. Mientras los periodistas permanecían en el bote del práctico a escasa distancia, el inspector acompañado por varios policías canadienses, se acercó a Crippen.

«Buenos días, Dr. Crippen», fue todo lo que tuvo que decir. El rostro de éste expresó la duda y el desconcierto al reconocer al oficial que le había entrevistado en su casa de Londres hacía solamente tres semanas. Preguntó por los motivos de su detención y luego arrebató el mandamiento judicial de las manos de uno de los policías canadienses. «¡Dios robo! ¡Asesinato y mutilación!», exclamó antes de ser esposado.

Después de pasar 19 días en la cárcel de Montreal, Dew condujo a Crippen y a Ethel Le Neve de vuelta a Londres en el Megantic. Los mantuvieron separados durante todo el viaje, excepto unos breves momentos en los que el policía les permitió reunirse. El 28 de agosto de 1910 llegaron a Liverpool.

Los disparates

El Dr. Crippen cometió una serie de errores disparatados entre los meses de enero y junio de 1910. Si los hubiera evitado, posiblemente habría conseguido escapar a Canadá.

  • La compra de la hioscina y el hecho de firmar en el Libro Registro de Venenos el 19 de enero. En los restos de Cora Crippen se detectaron muestras de hioscina,
  • No deshacerse de todo el cuerpo de Cora. El torso hallado en la carbonera bastaba para acusar a Crippen.
  • Confundir la cal con la cal viva. Si empleando la segunda los restos se habrían destruido rápidamente, la primera ayudó a su conservación.
  • Declarar que conocía el lugar de residencia de Cora. Esto le obligó a una serie de cada vez más complicadas y sospechosas mentiras. Si hubiera admitido su ignorancia en relación con el paradero de su mujer habría quedado libre de sospechas.
  • Hacer que Ethel Le Neve se trasladara inmediatamente a Hilldrop Crescent. Este hecho añadió a las sospechas la hostilidad de los amigos de Cora.
  • Asistir con Ethel al Baile del Criterion, donde coincidieron con muchas de las amigas de Cora pertenecientes a la Asociación Femenina de Music-Hall. Además Crippen consintió en que ella luciera el broche Sol Naciente de Cora.
  • Atemorizarse ante la visita del inspector Dew y abandonar el país. Este carecía en aquel momento de pistas y el caso habría terminado sobreseído.
  • Disfrazar a Ethel de muchacho. El capitán Kendall aseguró que, si la joven no hubiera ido disfrazada, él no habría llegado a reconocer a la pareja.

DEBATE ABIERTO – Asesinatos en familia

El caso Crippen fue un ejemplo clásico de crimen doméstico. Los asesinatos múltiples captan la atención del público, pero los asesinatos en el hogar suman un gran número de muertes.

Estadísticamente, la probabilidad de ser asesinado en Gran Bretaña es de uno por 400.000. Lo más probable es que la muerte se produzca a manos de un conocido de la víctima. Lo más preocupante es que seguramente el criminal es un miembro de la familia.

El móvil es, por descontado, el más significativo de los tres componentes esenciales de un crimen, los otros dos son el método y la oportunidad. En su estudio «El crimen y sus motivos», el criminólogo F. Tennyson Jesse ha conseguido clasificar los asesinatos en seis tipos según el móvil: supresión, provecho, venganza, celos, codicia y culpabilidad. Cualquiera de ellos, si encuentra su camino a través del ámbito sofocante del círculo familiar, puede transformar a un ser querido en un asesino.

Este fenómeno se hizo más patente cuando aumentó la incomodidad de Crippen en el ambiente familiar. Formaba parte de la asfixiante obsesión victoriana por la respetabilidad aparente, una preocupación que no conducía a aquellos matrimonios que eran desgraciados a poner solución a esas situaciones de difícil convivencia, hasta que los resentimientos contenidos explotaban por fin.

Muchos de los crímenes pasionales de finales del siglo XIX y principios del XX podrían haberse evitado con una mayor formación en torno al sentido del matrimonio. En dicha enseñanza habría que incluir las soluciones que, ya sean temporales o definitivas, resuelven esas crisis matrimoniales, Aún así no está nunca justificado un crimen ni el del Dr. Crippen, ni ningún otro, por irremediable que fuese la compañía de su mujer.

En el entorno familiar, el siguiente motivo más verosímil es el del beneficio económico. El caso del Dr. George Lampson es un ejemplo clásico. En 1881 eliminó a su cuñado, un obstáculo para la herencia, por el sencillo procedimiento del trozo de bizcocho envenenado.

Aunque el matricidio aparece con escasa frecuencia en los anales de las disensiones domésticas, la tentación resultó ser demasiado fuerte para Sidney Harry Fox. Su madre murió en el incendio que destruyó la habitación que ocupaba en el Hotel de Margate la noche del 23 de octubre de 1929. Las sospechas fueron absolutamente comprensibles cuando se supo que el hecho se produjo cuarenta minutos antes de que caducara la póliza de seguro de vida de la señora Fox, contratada por 3.000 libras esterlinas.

Pero todos estos parientes asesinos resultaron aficionados ante el récord de Mary Ann Cotton en 1870. Mary Ann ha sido calificada como la asesina con mayor número de víctimas. Sin embargo, existe la teoría de que los quince crímenes que se le atribuyen pueden ser únicamente la punta del iceberg. Se sucedieron por lo menos 21 muertes a su alrededor. Muchos de sus crímenes incluían el asesinato de maridos que habían perdido su utilidad y el de niños que podían suponer un estorbo para futuros matrimonios. Una vez más los seguros de vida formaban una parte importante de sus proyectos.

Es sabido que, generalmente, de cada tres asesinos uno termina en suicidio o en el intento de suicidio y que la mitad de los crímenes cometidos por mujeres terminan así.

Cuando las relaciones familiares conducen a una persona a una situación insostenible, él o ella llegan a convencerse de que la muerte parece ser la única respuesta a ese problema insoluble. Con frecuencia se sienten «salvador» también, además de evitar los perjuicios que sufren sus seres queridos.

No siempre existen tan benévolos motivos tras ese síndrome. En 1985, por ejemplo, John Allan, enloquecido por los celos que le producían las infidelidades de su esposa, empezó por arrojarla por la ventana de su hogar en Great Yarmouth después de dispararle cuatro tiros, luego mató a sus dos hijos pequeños y, por último se suicidó.

Falsa compasión

En abril de 1987, Michael Coles, un viajante comercio de Lincolnshire se convenció de que había contraído el SIDA y, temiendo contagiar a su mujer, la mató de un tiro. Hirió gravemente a su hijo y finalmente se suicidó con otro disparo. Los médicos certificaron que Coles sufría solamente un ataque de gripe.

Estaba seguro de haber contraído el virus tres meses atrás y, a través de una nota hallada después de su muerte, se descubrió que tenía proyectada la matanza de antemano.

EL JUICIO – La hora de la verdad

Para la mayoría del público, el juicio de Crippen fue un acontecimiento apasionante. Hasta para su abogado resultó un medio de ganar dinero rápidamente y hacerse célebre.

Durante todo el viaje de vuelta a Inglaterra, el Dr. Crippen parecía preocupado únicamente por el bienestar de Ethel Le Neve y por demostrar su inocencia. Al llegar a los muelles de Liverpool el 28 de agosto de 1910, les esperaba una gran multitud.

Cuando el inspector Dew bajaba la escalerilla con Crippen, un joven se abalanzó hacia éste enarbolando un bastón y tuvo que ser retirado por la policía. Les seguía Ethel Le Neve, cubierta con un velo azul. Tomaron el tren hacia Londres a las 2,20 de la tarde; en la estación de Euston les esperaba una muchedumbre burlona y amenazadora. Desde allí fueron conducidos a la comisaría de Bow Street.

Al día siguiente, Travers Humphreys, en su actuación como fiscal, solicitó que la pareja permaneciera detenida durante una semana. Crippen ya tenía un abogado, Arthur Newton, que se había prestado voluntariamente a ocuparse del caso mientras aquél esperaba la extradición en Montreal. El doctor, desconociendo las auténticas intenciones que se ocultaban tras la oferta de Newton, aceptó agradecido. Este consideraba el crimen como un «asesinato profesional», que le solucionaría el pago de sus deudas contraídas en las carreras. En el juicio de Crippen vio la oportunidad de acrecentar su propia reputación y también de ganar dinero.

Newton tenía fama de ser un abogado deshonesto. Cinco años antes le habían encerrado durante seis semanas por intentar convencer a un testigo clave para que abandonara el país. Tuvo una gran responsabilidad en la desventura de Crippen. Una defensa adecuada podría haberle salvado de la horca. Pero con aquella actuación del abogado y con su propia testarudez no tenía salvación.

Desgraciadamente para Crippen, el más competente abogado de su generación, Edward Marshall Hall, estaba de vacaciones. Newton se puso en contacto con su pasante pero no llegaron a un acuerdo en el modo de percibir los honorarios. Dada la notoriedad del caso, era muy probable que, de haberse encontrado en Londres, Marshall Hall lo hubiera aceptado. Sin embargo, Newton salió directamente de su despacho y, diez minutos más tarde, había contratado a otro defensor, Alfred Tobin. Desgraciadamente para Crippen, Tobin carecía de la habilidad y la experiencia del reputado Marshall Hall.

A Tobin se le planteaba además otro problema. El Dr. Crippen parecía desear la muerte. Maltratado por la prensa y convencido de que todo el mundo le creía culpable, no se esforzaba por defenderse. Todo lo que tenía que hacer era admitir los hechos, excepto el crimen, haciendo hincapié en la infidelidad de Cora, su mal carácter y su afición a la bebida. Con una defensa adecuada, se habría podido conseguir un veredicto de homicidio involuntario o quizás una defensa basada en un hecho accidental. Sin embargo, él insistía en que el cuerpo aparecido en la carbonera de Hilldrop Crescent no era el de su esposa.

Por otra parte, el proceso planteaba ciertos problemas. El inspector Dew demostraba una cierta apatía y había que insistir para que presentara las pruebas. El fiscal trataba de demostrar que la chaqueta de pijama que envolvía el cuerpo de Cora había sido adquirida después de que los Crippen se mudaran a Hilldrop Crescent en 1905. Dew declaró que no podía haberse comprado antes de 1906, pero no pudo demostrarlo.

Hubo 4.000 solicitudes para ocupar un asiento en el juicio y se concedieron 700. El proceso se inició en Old Bailey el martes 18 de octubre de 1910. Ya estaba decidido que Ethel tuviera un defensor diferente para su juicio, que se celebraría inmediatamente después del de Crippen.

La prueba médica fue tajante. Bernard Spisbury, que llegó a ser el más celébre especialista en patología de su época, se encontraba en el comienzo de su carrera. Llegó a demostrar que la cicatriz que aparecía en un fragmento de los restos encontrados en la carbonera correspondía a la operación en la que se había extirpado a Cora uno de los ovarios.

Crippen se comportó en sus declaraciones tal y como se esperaba de él. Soportó firmemente los implacables interrogatorios. Pero no fue capaz de explicar dónde estaba su mujer ni cómo aquel cuerpo, cuya muerte se había producido antes de su partida, se hallaba en la carbonera. Los periodistas estaban entusiasmados con el proceso. «Una maravillosa demostración de autodominio», decía el Daily Mail; pero era en realidad de desesperación. Al cuarto día el jurado se retiró y, después de 27 minutos de deliberaciones, encontró a Crippen culpable de asesinato premeditado.

El honorable juez Lord Alverstone decidió no insistir en «el aspecto morboso y horrible de aquel crimen». Después de que el alguacil le colocase el birrete negro, Lord Alverstone dispuso que Hawley Havery Crippen «ingresara en prisión y desde allí fuera conducido al lugar de ejecución, donde sería colgado por el cuello hasta que muriese».

El acusado no manifestó ninguna emoción. Cuando le preguntaron si tenía algo que decir, contestó: «Insisto en que soy inocente».

El juicio de Ethel Le Neve fue muy distinto. Estuvo defendida por el prestigioso F. E. Smith, más tarde Lord Birkenhead.

En contraste con el afanoso Tobin, la defensa de Smith fue un espectáculo. No pretendió ocultar el hecho de que ella hubiera sido la amante de Crippen. La acusación insistía en que, la depresión que Ethel había sufrido en la época de la muerte de Cora estaba motivada por su complicidad en el asesinato. Cuando Smith interrogó a la señora Jackson, la primera casera de Ethel, quedó patente que la joven había estado deprimida antes de la muerte de Cora y que luego se había recuperado. ¿No era compresible que hubiera ocurrido así, al enterarse de que la mujer de su amante le había abandonado?

Ethel Le Neve fue absuelta y el Honorable Juez Lord Alberstone, que había presidido también el juicio de Crippen, felicitó a Smith. Sin embargo, el abogado no recibió nunca una palabra de gratitud por parte de Ethel.

Fotografías del juicio

Antes de 1925 era habitual la práctica de obtener fotografías de los defensores, los testigos y el jurado durante el juicio. Existe una muy célebre, del juez Supremo Lord Bucknill dictando una sentencia de muerte contra un envenenador en marzo de 1912. También eran habituales los reportajes fotográficos de los procesos renombrados de divorcio. La Ley de Enjuiciamiento Criminal entró en vigor en 1925 y terminó con lo que se había convertido en una prensa circense, con los fotógrafos ocupando las mejores posiciones en la tribuna de asistentes.

MENTE ASESINA – Amor y odio

Totalmente dominado por su esposa, el Dr. Crippen se vio abocado a una situación en la que únicamente el asesinato podía proporcionarle la libertad para continuar sus relaciones con su nuevo amor Ethel Le Neve.

La defensa del Dr. Crippen durante todo el proceso se basó en su negativa absoluta a admitir que el cuerpo hallado en la carbonera del 39 de Hilldrop Crescent fuese el de su mujer. La razón de esta actitud estribaba en la seguridad de que así protegía a toda costa a Ethel del riesgo de que la juzgaran y condenaran por complicidad. Por lo tanto, nunca se aclararon las razones que habían impulsado a Crippen a asesinar a su mujer en una noche determinada.

Por otra parte, estas razones pueden deducirse con relativa certeza. Lo más patente de todo el asunto era el estado de deterioro que el matrimonio había alcanzado a principios de 1910. Cora Crippen se había convertido en una esposa alcohólica, gruñona, dominante, obesa e infiel. Ridiculizaba a su marido en público y se mofaba de él como cónyuge. En sí mismo, este retrato de Cora afirmó la opinión del inspector Dew sobre el motivo primordial de la acción de Crippen: un odio invencible.

Crippen estaba habituado a representar el papel de la parte débil en su matrimonio. Psicológicamente era el arquetipo del marido dominado. De voluntad débil, sufrido, estaba dispuesto a llegar a cualquier extremo de generosidad con tal de conservar a su esposa. Había algo masoquista en su comportamiento.

Como había consentido en desempeñar aquel papel durante muchos años de matrimonio, tuvo que producirse un hecho inaudito capaz de hacerle experimentar aquel invencible aborrecimiento que le llevó a matar a su esposa. Este hecho fue el amor que sintió por Ethel y su afán de protegerla. Cuando Cora comenzó a emplear sobre la persona de la amante los mismos sarcasmos que dirigía a su marido, el equilibrio emocional del doctor se hundió.

Crippen llevaba algún tiempo enamorado de Ethel Le Neve. Aunque se habían planteado con frecuencia el tema del divorcio, el estigma social que llevaba consigo el hecho les hacía vacilar. Después de todo, el Dr. Crippen había alcanzado cierto prestigio social en Holloway y corría el riesgo de perder su trabajo. Se deduce, pues, que más que sus propios sentimientos lo que le condujo al crimen fue la presión social.

Al no poder franquear el obstáculo del divorcio, la situación se iba haciendo intolerable. Cuando Cora Crippen comenzó a insultar a Ethel, llegó el momento en que buscar una solución se hizo imprescindible.

El Dr. Crippen se encontraba abrumado por dos sentimientos simultáneos: el amor por Ethel y el odio hacia su esposa. Ya que el divorcio era un tema delicado, y también perjudicial desde el punto de vista económico, él se inclinó por esa otra opción la del asesinato, que, si resultaba afortunada, resolvería de inmediato todos sus problemas.

Otro motivo, especialmente esgrimido por la acusación en el juicio, que afectó a Crippen de manera directa fue el interés que demostró por el dinero de su mujer. El fundamento de la acusación era que Crippen había empeñado las joyas de Cora cuando se mudó a vivir con Ethel Le Neve y que en su trabajo surgían ciertos problemas. Este argumento era poco consistente, puesto que únicamente recibió 175 libras por las joyas y su remuneración alcanzaba la importante suma de 2.500 al año.

La teoría de Marshall Hall

Se esgrimió una teoría alternativa en relación con la actuación del Dr. Crippen en la noche del 31 de enero que mantenía que el médico no intentó asesinar a su esposa de ningún modo. Esta fue la teoría que Edward Marshall Hall defendió a posteriori sobre el proceso de Crippen.

Se basaba en que Crippen acostumbraba a suministrar a Cora ciertas dosis de hioscina como antiafrodisíaco. Sobre esto hay algo que añadir. Se acercaba a la cincuentena, estaba perdidamente enamorado de Ethel y odiaba a su esposa. El compartir el lecho debía resultarle repugnante. ¿Acaso le administraba el veneno en pequeñas dosis para evitar relacionarse con ella y, justamente aquella noche se pasó en la cantidad?

Este argumento resulta increíble: como médico, Crippen tenía que saber muy bien lo que estaba haciendo.

Es posible que le diera el veneno y por la mañana creyera que estaba dormida cuando, como comprobó a su regreso, había muerto. Esto explicaría su serenidad durante todo el día. A pesar de todo, en los siguientes días continuó manteniéndose frío y controlado.

Hay aun otra posibilidad: la de que Crippen estuviera sedando a Cora para así poder introducir a Ethel en casa mientras ella dormía en su lecho. Esto se contradice con la administración incidental de una sobredosis. Si Ethel había pasado la velada oculta en la habitación de Crippen éste no tenía por qué saber al día siguiente que su esposa había muerto durante la noche.

LA EJECUCIÓN – La fría justicia

Mientras esperaba custodiado el momento de su ejecución, Crippen se atormentaba ante la idea de la definitiva separación de Ethel Le Neve.

Después de la sentencia, el Dr. Crippen fue encerrado en la prisión de Pentonville en espera del verdugo. Únicamente existía una posibilidad de revocarla por medio de la apelación del viernes 4 de noviembre. En un principio el acusado se sentía relativamente optimista; pero cuando el Tribunal de Apelaciones confirmó la sentencia, perdió toda esperanza.

En Pentonville pasaba la mayor parte del tiempo pensando en Ethel. Durante el mes transcurrido entre la sentencia y la ejecución le escribió una docena de cartas. En muchas de ellas le aconsejaba sobre temas prácticos tales como el modo de mantenerse o el de cambiar su apellido por el de Crippen para conservar su recuerdo. Ella le contestó, pero sus cartas fueron destruidas por orden del reo. Después de la ejecución, el 23 de noviembre, las quemaron junto con su fotografía.

El mismo día en que se presentó el recurso de apelación, Ethel posaba a cambio de dinero para una fotografía en el Lloyds Weekly News. Consintió en vestir el mismo traje de hombre que usó durante la travesía en el Montrose. Según algunas personas, aquella actitud probaba su insensibilidad y su despreocupación por la suerte de su amante. Sin embargo, ella ya había vendido sus memorias a la misma revista con el permiso de Crippen: «Tú eres capaz, mujercita mía, de hacer resaltar los hechos que influyan en las mentes imparciales», le escribió.

Tras la inicial hostilidad hacia Crippen, el público comenzó a manifestar cada vez mayor simpatía hacia él, sobre todo a medida que se iba acercando el momento de su ejecución. En el Ministerio del Interior se recibieron aproximadamente 15.000 firmas solicitando el indulto. Arthur Newton manifestó que llegaban a diario cientos de cartas.

El 18 de noviembre Myron, el anciano padre de Crippen, murió en Los Angeles a los 88 años. Durante varios meses, desde que su hijo había dejado de enviarle su asignación mensual, había vivido en la miseria. La dueña de la pensión había alojado gratis a Myron y un restaurante de la localidad le regalaba las comidas. El periódico Coldwater Chronicle informaba de que el dolor por el crimen de su hijo le había causado la muerte.

El 19 de noviembre, Winston Churchill, secretario de Ministerio del Interior, que había asistido como espectador al juicio de Crippen-Le Neve, devolvió la petición de indulto al reo. El propio gobernador de la prisión de Pentoville, el Mayor H. E. Mytton-Davies, informó de ello a Crippen en su celda.

Lo mismo que anteriormente el inspector Dew, Mytton-Davies experimentó por Crippen una simpatía que estaba próxima a la amistad. Envió personalmente el último telegrama del reo a Ethel Le Neve el martes 22 de noviembre; en la última entrevista que mantuvieron, el reo rogó al Mayor que aceptara su colección de rosarios y una sortija como prueba de la gratitud que sentía por la consideración que había manifestado hacia su persona.

Durante los últimos días Crippen demostró una violenta tensión. Mientras esperaba la respuesta a su petición de indulto, comió con extraordinario apetito; pero ahora aparecía claramente deprimido. Dos días antes de la ejecución, elaboró un plan para suicidarse. Sin embargo, uno de los guardianes advirtió que faltaba parte de la montura de las gafas y ordenó un registro en su ropa.

Mientras estaba en los aseos, Crippen había ido rompiendo la montura de acero y ocultándola después en la costura de sus pantalones. Tenía la intención de clavársela en una arteria y morir desangrado la víspera de la ejecución.

Crippen se entrevistó por última vez con Ethel Le Neve el 22 de noviembre. El miércoles 23 de noviembre de 1910 murió en la horca a manos del verdugo Jefe James Ellis y su ayudante William Willis. No tañeron las campanas porque otros tres prisioneros aguardaban el mismo castigo.

La ejecución se anunció por medio de un comunicado a la muchedumbre congregada en las puertas de la prisión poco después de las 9 de la mañana.

Mientras ahorcaban a Crippen, Ethel Le Neve, bajo el nombre de señorita Allen, embarcaba en el Majestic rumbo a Nueva York.

La carta de despedida

Crippen escribió esta carta cuatro días antes de la ejecución. En ella insistía en su propia inocencia, aún después de haber recibido la denegación del indulto.

«Esta es mi última carta en el mundo. Después de esperar ansiosamente que se probara mi inocencia, veo que finalmente mi suerte está sellada y que ya no cabe esperanza para mí en esta vida.

Sobre mis desdichadas relaciones con Belle Elmore… Nuestra comprensión era nula: ella tenía sus propias amistades y diversiones y yo me sentía muy solo y bastante desgraciado. Entonces encontré el cariño y la comprensión de la señorita Ethel Le Neve.

Confieso que ante las leyes morales de la Iglesia y del Estado éramos culpables, y no defiendo nuestra actitud a ese respecto. Pero insisto en que este amor no era degradante ni degenerado.

Fue un gran amor. Ella me consolaba en mi triste situación. Su alma me parecia hermosa. Su lealtad, valor y abnegación eran de gran categoría. Por otra parte, había pecado: rompimos con la ley; pero fue mi pecado, no el suyo.

… el amor de Ethel Le Neve ha sido lo mejor de mi vida, mi única felicidad, y en respuesta a este gran regalo yo he sentido una mayor benevolencia hacia los que me rodean y un gran deseo de ser mejor. Éramos un hombre y una mujer unidos en una absoluta comunicación de espíritus. Quizás Dios nos perdonará porque fuimos como dos niños que, en medio de un mundo hostil, se aferran uno a otro para darse valor.

Por mi parte, he luchado por ser fuerte, aunque en algunas ocasiones sus visitas me han supuesto una agonía por el intenso deseo que me invadía y toda mi calma clamaba por tocar su mano y decirle esas cosas intimas que se dicen un hombre y una mujer cuando se aman.

¡Qué dolor! Nos ha separado el férreo reglamento de la prisión y los guardianes han sido testigos de nuestro dolor.

Estas son mis últimas palabras.

Ya no pertenezco a este mundo.

En medio del silencio de mi celda pido a Dios de todo corazón que tenga piedad de todos los corazones débiles, de todos sus hijos desdichados y de este su pobre servidor”.

Las “confesiones” de Crippen

Con objeto de conseguir el dinero necesario para su apelación, Crippen consiguió que su procurador Arthur Newton vendiera la exclusiva de los derechos de una publicación ulterior que él podría escribir en prisión. Estaban de acuerdo en que, si lo dejaban en libertad, pronunciaría una serie de conferencias en Estados Unidos para sufragar los gastos de la defensa.

Desgraciadamente para Newton, Crippen nunca confesó ser el asesino de Cora. Estaba decidido a obtener de su cliente el dinero necesario para pagar sus deudas en las carreras, que ascendían a varios cientos de libras. Dos días antes de la ejecución escribió una falsa confesión de Crippen. La vendió por 500 libras al London Evening Times, cuya tirada aumentó de 100.000 ejemplares a cerca de un millón en un solo día.

El gobernador de la prisión descubrió el fraude al manifestar que Crippen no había confesado. La ya escasa reputación de Newton cayó en el más profundo desprestigio. Se convirtió en detective privado y, ya en su declive, se dedicó a intermediario en agencias matrimoniales. El incidente provocó el desastre del Evening Times. A los pocos meses, el periódico desapareció de la circulación.

Para Crippen aquello constituyó una nueva desgracia. “Es bochornoso que nos acosen en nuestros últimos momentos”, escribió a Ethel Le Neve, “esos periodistas que continúan publicando falsedades”.

Conclusiones

Ethel Le Neve viajó a Nueva York y desde allí a Toronto, donde encontró trabajo como mecanógrafa. En 1911 se la reconoció como heredera de los bienes de Crippen, valorados en 268 libras. En 1916 volvió a Inglaterra bajo el nombre supuesto de Ethel Nelson para atender a Nina, su hermana moribunda. Se casó con Stanley Smith, un contable, con el que tuvo un hijo y una hija. Stanley murió en 1943 ignorando la relación de su esposa con Crippen. No desveló su verdadera identidad hasta que en 1943 la escritora Ursula Bloorn publicó su novela La muchacha que amó a Crippen. Sidney, el hermano de Ethel, disfrutó de la suma de 30 libras por revelar su identidad.

Ethel murió en Dulwich en 1967 a la edad de 84 años. Parece ser que Stanley, su marido, guardaba cierto parecido con Crippen. Se dice que Ethel pidió ser incinerada con un guardapelo que contenía una borrosa fotografía de su amante.

El inspector Walter Dew presentó su dimisión el día que se denegó la apelación de Crippen. Se enriqueció ligeramente con las indemnizaciones que percibió por las calumnias que publicaron los periódicos acusándole de cierta negligencia que favoreció la huida de Crippen. Solamente un periódico le pagó 400 libras por daños y perjuicios. Fundó una agencia privada en Camberwell y murió en 1947.

Henry Kendall, capitán del Montrose, recibió 250 libras como recompensa por su participación en la captura de Crippen. Iba al mando del Empress of Ireland cuando se hundió el 29 de mayo de 1914, con pérdida de 1.062 vidas, exactamente en el mismo lugar en que Crippen había sido detenido cuatro años antes. El Montrose se utilizó como navío de bloqueo a comienzos de la I Guerra Mundial. Rompió amarras en diciembre de 1914 y acabó en las célebres Goodwin Sands cerca de Dover.

Ethel Le Neve vendió sus memorias a la revista semanal Lloyd’s Weekly News; el primer capítulo apareció el 6 de noviembre de 1910. Más tarde se publicaron en un libro.

Ocho años después del crimen, se exhiben en la Cámara de los Horrores del Museo de Figuras de Cera de Mme. Tussaud las del Dr. Crippen y Ethel Le Neve en la comisaría de policía de Bow Street escuchando los cargos que se les imputan.

Fechas clave

  • 19/1/10 – Crippen compra la hioscina.
  • 1/2/10 – Asesinato de Cora.
  • 9/2/10 – Empeñadas las joyas de Cora Crippen.
  • 20/2/10 – Crippen y Ethel asisten a un baile benéfico.
  • 12/3/10 – Ethel Le Neve se instala en Hilldrop Crescent.
  • 26/3/10 – Aparece en la revista Era la nota necrológica comunicando la muerte de Cora Crippen.
  • 28/6/10 – Primeras sospechas de los señores Nash.
  • 30/6/10 – Los señores Nash se presentan en Scotland Yard.
  • 8/7/10 – El inspector Dew visita a Crippen en Hilldrop Crescent.
  • 9/7/10 – Crippen y Ethel Le Neve abandonan Londres.
  • 11/7/10 – Se distribuyen las descripciones de Ethel Le Neve y de Crippen.
  • 13/7/10 – Aparecen restos humanos en una carbonera de Hilldrop Crescent.
  • 16/7/10 – Orden de detención de Crippen y Ethel Le Neve.
  • 20/7/10 – Crippen y Ethel Le Neve embarcan hacia Quebec en el Montrose.
  • 22/7/10 – El capitán Kendall envía un mensaje telegráfico.
  • 23/7/10 – El inspector Dew embarca en Liverpool rumbo a Quebec a bordo del Laurentic.
  • 27/7/10 – El Laurentic adelanta al Montrose.
  • 31/7/10 – Detención del Dr. Crippen y de Ethel Le Neve.
  • 28/8/10 – Llegada a Liverpool.
  • 29/8/10 – Traslado a la comisaría de Bow Street.
  • 10/10/10 – Entierro de los restos de Cora Crippen.
  • 18/10/10 – Comienza el juicio de Crippen.
  • 21/10/10 – Crippen es declarado culpable y sentenciado a muerte.
  • 27/10/10 – Ethel Le Neve, inocente.
  • 4/11/10 – Denegada la petición de indulto de Crippen.
  • 11/11/10 – Muere el padre de Crippen.
  • 21/11/10 – Crippen proyecta suicidarse usando la montura de acero de sus gafas.
  • 22/11/10 – Recibe la última visita de Ethel Le Neve. Carta de despedida.
  • 23/11/10 – Ejecución de Crippen en la cárcel de Pentonville.

Dr. Hawley Harvey Crippen

Brian Lane – Los carniceros

¿El gusano que se rebeló?

Resulta inquietante observar la forma en que el paso de los años ha hecho que algunos de los asesinos más famosos del país cambiaran el oscuro manto del canalla por la túnica purpúrea del héroe popular. Richard Turpin, un asesino carente del más mínimo escrúpulo, fue uno de los primeros beneficiarios de esta operación de blanqueo, y el tema de la elevación se ha repetido con regularidad hasta nuestra época; por ejemplo, en el caso de los hermanos Kray, cuyo imperio de terror se desmoronó con su arresto, juicio y encarcelamiento por doble asesinato en 1969. Ahora Ronnie y Reggie Kray tienen lo más parecido a un club de fans que se pueda imaginar en la Campaña Liberad a Reggie Kray.

Entre Turpin y los Kray, cronológicamente hablando, se alza la en principio poco impresionante figura del doctor Hawley Harvey Crippen, un hombre que, lejos de ser vilipendiado como un cruel asesino, ha sido convertido por la sensiblería en «el gusano que se rebeló», el hombrecillo que se hartó de aguantar y decidió devolver golpe por golpe.

Nadie puede negar que la historia del doctor Crippen desafía a todo escritor, por mucha que sea su capacidad de inventiva, y el mito que ha emergido de ella sirve como epítome de la teatralidad del crimen mejor que ningún otro: Crippen asesina a una esposa intratable y dominante, una insignificante artista de music-hall que trabajaba bajo el nombre escénico de Belle Elmore, impulsado por el desesperado amor que profesa a la joven Ethel Le Neve; corta el cuerpo en pedazos y se libra de él…. sólo el cielo sabe cómo y dónde. Crippen y Ethel se disfrazan (Ethel se viste de chico) y adquieren pasaje en un vapor con destino a Norteamérica y el Nuevo Mundo. Por desgracia, el capitán es una especie de detective aficionado, y alerta a Scotland Yard mediante el recién inventado sistema de telégrafo sin hilos, comunicando a la policía las sospechas que alberga sobre dos de sus pasajeros. Mientras tanto la policía ha encontrado unos cuantos fragmentos del cuerpo de la señora Cora Crippen enterrados en el sótano. Hay una persecución subsiguiente a través del Atlántico protagonizada por el inspector jefe Walter Dew (también disfrazado) que logra alcanzar a los fugitivos y los arresta a bordo del barco. Después viene el ritual del juicio en el Old Bailey -la sala de lo criminal más famosa de todo el mundo-, donde Crippen, literalmente, lucha por su vida bajo la sombra del cadalso. Pierde la batalla y, manteniendo la aureola melodramática hasta el último acto, Crippen es ahorcado y, según sus últimos deseos, se le entierra con una foto de su amada Ethel y rodeado por sus cartas de amor. Ethel es absuelta y logra construirse una nueva existencia. No falta ninguno de los ingredientes necesarios para una historia soberbia, y es demasiado bien conocida para ser repetida aquí.

Pero piensen en esto: Crippen no mató en un momento de pasión ciega con la paciencia agotada por la gota de agua que finalmente hace rebosar el vaso, tal y como podría sugerir su mitología; su crimen fue un acto frío y calculado planeado a lo largo de meses enteros y que, desde luego, nunca estuvo ausente de su cerebro desde que compró cinco granos de hioscina en el establecimiento de los señores Lewis y Burrows el 7 de enero de 1910, hasta que administró esa dosis fatal a la infortunada Cora tres semanas después.

Después de haberla asesinado, el doctorcito dio comienzo a la horrible labor de cortar el cuerpo de su esposa en pedazos. Cuando el inspector Dew levantó los ladrillos que cubrían el suelo del sótano de Hilldrop Crescent encontró los restos de la obra de Crippen.

La tarea de describir aquella masa putrefacto recubierto por una costra de cal que había tenido el infortunio de examinar recayó sobre el entonces joven doctor Bernard Spilsbury, para quien fue su primer gran caso criminal: órganos médicos del abdomen y el pecho eliminados en una sola masa. Cuatro trozos de piel y músculo bastante grandes, uno de la parte inferior del abdomen con una vieja cicatriz de una operación, once centímetros de longitud, más ancha en el extremo inferior. Imposible identificar el sexo. Se han encontrado 2’7 granos de hioscina. Cabello en un rizador Hind, (una marca patentada de la época), raíces presentes. Longitud de los cabellos, 15 centímetros.

Eso era todo. No había cabeza, ni miembros, ni huesos. No había huesos… ¡Crippen había deshuesado a su mujer! Lo que hizo con las partes que faltaban sigue estando abierto a la conjetura. Nunca fueron encontradas.

¿Fue el amor inmortal e indudable que Crippen profesaba a Ethel Le Neve, mezclado con el amor igualmente inmortal e indudable que el público profesa al romanticismo y el drama, lo que transformó a este carnicero en un héroe?

Podemos estar casi seguros de ello.

 


MÁS INFORMACIÓN EN INGLÉS


Uso de cookies.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR