Gwendolyn Gail Graham

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Gwendolyn Graham
  • Clasificación: Asesina en serie
  • Características: Auxiliar de enfermería - Mató a sus pacientes para reforzar un «pacto de amor» con su amante
  • Número de víctimas: 5
  • Periodo de actividad: Enero - Abril de 1987
  • Fecha de detención: Diciembre de 1988
  • Fecha de nacimiento: 6 de agosto de 1963
  • Perfil de las víctimas: Pacientes de avanzada edad
  • Método de matar: Asfixia
  • Localización: Walker, Estados Unidos (Michigan)
  • Estado: Condenada a cadena perpetua el 3 de noviembre de 1989
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Amantes asesinas

Biobiochile.cl

1 de octubre de 2016

Gwendolyn Graham y Cathy Wood se conocieron en 1985 cuando Gwen llegó a trabajar al asilo Alpine Manor en Michigan. Las mujeres tenían personalidades muy diferentes, pues mientras Graham intentaba agradar a la gente, Wood gozaba haciendo bromas crueles a sus compañeras.

Cathy, que tras su divorcio había renunciado a los hombres, se enamoró perdidamente de Gwen, cuya preferencia por las mujeres no era un secreto. Su romance incluyó un pacto en el que prometían estar juntas «por siempre y cinco días».

Su relación era muy intensa, pero siempre querían más adrenalina. Por ello comenzaron a maltratar a los ancianos que estaban a su cuidado, pero cuando dejó de ser suficiente, iniciaron los asesinatos.

Según el New York Times, la pareja estuvo implicada en ocho misteriosas muertes de adultos mayores que fallecieron asfixiados. Aunque en un principio fueron considerados como muertes naturales debido a las avanzadas enfermedades de los pacientes, habían cabos sueltos que despertaron sospechas entre los familiares de las víctimas, especialmente porque las muertes ocurrieron bajo la guardia de ambas mujeres.

El primer asesinato ocurrió en 1987 cuando Graham entró a la habitación de una mujer con Alzheimer y la asfixió con su propia toalla, mientras Wood se mantuvo en la puerta vigilando.

El crimen desató en ellas una emoción incontrolable y un vínculo especial. Años después, Cathy confesó que la idea había sido de su amante, quien aseguraba que el homicidio la liberaba de sus tensiones y que el secreto de hacerlo juntas las uniría aún más como pareja e impediría que alguna quisiera huir de la relación.

Los crímenes siguieron, pero Graham decidió elegir a sus víctimas de una manera peculiar. Asesinarían a los pacientes con Alzheimer cuyo nombre comenzara con una de las letras de su palabra favorita Murder (asesinato).

Con el tiempo, Graham se enamoró de otra enfermera del asilo y dejó a Cathy a cargo para mudarse a Texas, donde comenzó a trabajar en un centro de cuidados infantiles

Una herida Wood confesó los asesinatos a su ex marido, quien decidió de inmediato hablar con la policía. Las autoridades comenzaron la investigación en 1988 y le ofrecieron un trato a la mujer.

De esta forma ella confesó todo lo ocurrido, recalcando que Graham había sido la autora intelectual y material de los hechos. Ese mismo año, dos cuerpo fueron exhumados y ellas apresadas.

Durante el juicio, Graham culpó a Cathy de ser la mente maestra tras los asesinatos, sin embargo, el jurado la encontró culpable tras escuchar el testimonio de la nueva pareja de la mujer, quien aseguró que Gwen había confesado los crímenes.

Graham fue sentenciada a cinco cadenas perpetuas, mientras que Wood a dos condenas de 20 años por asesinato en segundo grado y conspiración para un homicidio. En 2020 podrá salir libre.

En 1992 la periodista Lowell Cauffiel escribió un libro contando la historia de las mujeres donde expuso algunas teorías que aumentaron las sospechas contra Wood.

En Para siempre y cinco días, la profesional entrevistó a los amigos de la pareja, familia y colegas, quienes crearon una imagen de Wood completamente diferente a la que había mostrado en el juicio. Según ella, Cathy era manipuladora y una mentirosa patológica que le encantaba arruinar la vida de las personas. Además, encontró algunas evidencias no definitivas que podrían haber inculpado a Wood por los asesinatos.


Las enfermeras diabólicas

Elabrazodeloso.foroactivo.com

22 de noviembre de 2009

Los depredadores sexuales representan la encarnación de la definición cultural de los asesinatos en serie. Muchas de esas encarnaciones llevan a inclinaciones como el fetichismo y el sadismo. Esa enfermiza desmesura de una sensación que el individuo no lo considera anormal, como puede ser el fetichismo, ayuda a ampliar a unos actos más sádicos, sin olvidar, que el sadismo nos recuerda que el sexo no está relacionado solamente con la afirmación y creación vital; y que puede llegar a su contrario, es decir, a la aniquilación y la muerte. El ansia vital y el anhelo de la muerte son componentes de nuestra sexualidad. Y cuando se llevan a extremos los vicios o parafilias sexuales se confunde con lo real.

Esta serie de desviaciones en serial killers se suelen dar en hombres solitarios, con algún trauma en la infancia, y una larga serie de estereotipos que suelen mover cualquier perfil de éste tipo de asesino. Lo más inusual, es encontrarlo en casos femeninos -los impulsos que suelen mover a las mujeres son: la venganza o la codicia-, aunque en las excepciones siempre sale a relucir alguna parafilia sexual que las mueve.

En el mes de enero de 1987, surge un hecho que pasa inadvertido a los ojos de todo el mundo, la muerte de una anciana. Nada especial en la Clínica de Ancianos «Alpine Manor» en Grand Rapids (Michigan, USA). Lo lógico y normal es que la muerte de una persona de avanzada edad, más con Alzheimer, fuese a causa de una forma natural.

Todo seguía su normalidad, las muertes de ancianas enfermas terminales se iban sucediendo, pero nadie en la clínica sospechaba nada. Incluso un par de enfermeras se jactaban que ellas eran las culpables de sus muertes. El resto de compañeros no se lo creían, se trataba de una simple broma, y seguían con su día a día de la manera más monótona.

Un día el ex marido de una de estas enfermeras, Cathy Wood, acudió a la policía a contar la historia. El propio Ken Wood hablaba de su ex mujer como: «frívola, cambiante e impredecible». Una vez incluso le llegó a sorprender con una confesión, preguntándose cómo se sentiría al apuñalar a alguien. También hablaba de que no expresaba ningún sentimiento materno hacía su hija. Años después confesó a ver [haber] tenido un embarazo voluntario para poder escapar de casa.

Tras la declaración, los cadáveres de 5 ancianas fueron exhumados, y la cruda realidad, apareció. La historia de ambas enfermeras era cierta: Gwendolyn Graham y Catherine May Wood iban a ser juzgadas por el asesinato de 5 ancianas.

El matrimonio Wood se separa en 1986. Cathy Wood era la supervisora de la clínica de ancianos, tras la separación se enamora de su ayudante, Gwen Graham. Está había llegado de Texas, gran aficionada a las motocicletas, con 22 años; a Graham siempre le gustaba sacar a relucir su lado masculino, mostraba graves cicatrices en los brazos, contando que se las había realizado [en] varias peleas. Nada más lejos de la realidad, tras una infancia donde se sentía abandona [abandonada], y sufrió abusos sexuales por parte de su padre, se auto-mutilaba, un claro síntoma de un trastorno de personalidad.

Ambas, empezaron una relación lésbica. Una de sus preferencias sexuales era la asfixia erótica. Experimentación que llevaron al máximo, y no contentas con eso, hablaron de aumentar sus juegos sexuales hasta jugar con la muerte.

Y ningún sitio mejor que su propio trabajo: «Alpine Manor» contaba con 200 camas, una media de 40 muertes por año; donde la muerte de 6 pacientes no se tendrían en cuenta. Todas sus víctimas esperaban la muerte pero la alcanzaron de una forma que no esperaban.

Graham entró en la habitación de una de las ancianas […] empezó a taparle la nariz y la boca con una toalla, y pese a su resistencia, aumentaba la excitación de Graham, y asfixió a la enferma hasta la muerte. Tras cada uno de esta especie de rituales, ambas enfermeras se iban a habitaciones desocupadas para practicar sexo, disfrutando de la emoción del momento.

Practicaban un juego del más macabro, elegían a sus víctimas según las iniciales de su apellido hasta forma la palabra «murder». Graham guardaba trofeos de sus víctimas: como joyas, prótesis dentales o calcetines; tal era la irrevelancia que daban a sus fechorías, que aparte de jactarse de sus crímenes, la propia Graham, guardaba los trofeos en su taquilla de la clínica.

Graham dejaba como tarjeta de visita, la toalla con que las había asfixiado. Tras intentar asesinar a un anciano y fracasar en el intento, se concentraron en las féminas. Según algunas confesiones, su intención era el llegar a las 20 víctimas.

En 1987, la relación termina. Cathy se siente triste y desolada, acude a su ex marido, a contarle toda la historia, y es cuando Ken, 14 meses después, acude a la policía.

La policía llama a la puerta de Graham en Tyler (Texas). Testificó que se trataba de una broma macabra para asustar a sus compañeras. Pero las pruebas eran irrefutables.

En el transcurso del juicio, Wood, se defendió inculpando totalmente a Graham, acusándola de ser la que planeaba y ejecutaba los crímenes, y ella se ocupada de distraer a los celadores. Y Graham seguía defendiendo que era una simple broma y que Wood mantenía la teoría de los asesinatos por ser una amante despechada.

El 3 de noviembre de 1989, después de un juicio dónde los enfrentamientos dialécticos se turnaban entre ambas acusadas. Se dictó la sentencia, condenando a 5 cadena perpetuas a Graham, sin posibilidad de libertad condicional; y de 20 a 40 años de prisión para Wood, con la primera oportunidad de salir en libertad en el año 2005.


Un «lazo de amor» las llevó a asesinar a 6 ancianos

Eltelegrafo.com.ec

8 de enero de 2016

En la década del 80, en Walker, Michigan, Estados Unidos, se desató una investigación por la misteriosa muerte de 6 ancianas en la casa de reposo Alpine Manor. Gwendolyn Graham y Catherine May Wood, dos enfermeras, que después de ser amigas se convirtieron en amantes, formaron un «lazo de amor» que implicaba la eliminación de las pacientes, con lo que obtenían placer.

Las ancianas padecían alzhéimer y llegaban a la casa de reposo a esperar la muerte, por ese motivo, en un principio no era raro ni sospechoso, que ellas mueran inesperadamente.

Ambas enfermeras bromeaban con una verdad, la muerte de las ancianas, al manifestar a sus compañeros de trabajo que ellas las eliminaron. Pero nadie tomó asunto a esas palabras.

La familia Wood trajo al mundo a Catherine el 6 de agosto de 1963 en Michigan, Estados Unidos; un año antes, el 7 de marzo, se registró el nacimiento de Graham, quien durante su infancia sufrió abusos sexuales de su padre, se automutilaba, mostrando un claro síntoma de trastorno de personalidad.

En 1986 Wood se divorció de su pareja y continuó trabajando como supervisora en la clínica de ancianos, hasta donde llegó Graham, proveniente de Texas con 22 años de edad. A ella siempre le gustaba exhibir su lado masculino y mostraba las graves cicatrices en sus brazos.

En ese mismo año ambas mujeres iniciaron una peligrosa relación mantenida como un «lazo amor», en el que la muerte siempre se mencionó. Ellas empezaron con juegos sexuales, principalmente la asfixia, llegando al orgasmo con eso, después el sadismo y la crueldad comenzaron a subir de tono, al grado de pensar en aplicarlos a otras personas, además de jugar «scrabble» (un juego de construcción de palabras) y poner un reto, de matar personas cuyas iniciales formaran la palabra «murder».

La ocasión se les presentó en su mismo lugar de trabajo, donde se contaba con 200 camas y la muerte de 5 pacientes no se tendría en cuenta. Todas sus víctimas esperaban la muerte, pero la alcanzaron de una forma que no esperaban.

Primera paciente asesinada

Las dos mujeres iniciaron su juego macabro. El apellido de su primera víctima empezaba con M. Graham entró en la habitación de la anciana, le tapó la nariz y la boca con una toalla, y pese a su resistencia, aumentaba su excitación, asfixiándola hasta la muerte. No se le practicó la autopsia a la víctima.

En los próximos meses, 5 ancianas más murieron de igual manera. La mayoría de sus víctimas sufrían de alzhéimer. Tras cada ritual, ambas enfermeras se iban a habitaciones desocupadas para practicar sexo y disfrutar de la emoción del momento.

Graham guardaba en su casillero como trofeos de sus víctimas: joyas, prótesis dentales o calcetines. Además, dejaba como tarjeta de visita las toallas con que las había asfixiado.

Pero esta relación no duró mucho tiempo y terminó en 1987, porque Graham se involucró sexualmente con otra mujer y estuvo a punto de irse a trabajar a un hospital en Texas, a cuidar niños. Wood se sintió triste y desolada, que acudió a su exmarido Ken a contarle toda la historia de los crímenes que cometieron.

Un año después el exesposo de Wood le contó la historia a la policía, por lo que algunos de los cuerpos de las supuestas víctimas fueron exhumados. Los agentes tenían en la mira a 8 personas como sospechosas, y se efectuó la investigación más a fondo. Había suficiente evidencia como para arrestar a Wood y Graham.

Detención y juicio de enfermeras

En diciembre de 1989 Graham fue arrestada en su casa en Tyler, Texas; sin embargo, ella manifestó que mencionar las muertes de los ancianos solo se trató de una broma con el afán de asustar a sus compañeras de trabajo.

Durante las indagaciones, las enfermeras confesaron que tras intentar asesinar a un anciano y fracasar, se concentraron en las féminas. Y que su intención era llegar a las 20 víctimas.

Durante el juicio, Wood suplicó que se le reduzca la sentencia ya que había sido Graham la que había planeado y realizado los homicidios, mientras que ella solo se encargó de distraer a sus supervisores. Graham mantuvo su inocencia, testificando que los presuntos asesinatos eran parte de un elaborado «juego mental» por Cathy.

Sentencia

A pesar de la falta de evidencia física, el jurado finalmente se dejó influir por el testimonio de la nueva novia de Graham, quien reveló que en Texas ella había confesado que junto con Wood había matado a cinco personas. Wood también confesó cómo habían sido perpetrados los crímenes, negociando así la cantidad de años que la recluirían.

El 3 de noviembre de 1989, el tribunal penal dictó la sentencia en contra de Wood, quien fue acusada de un cargo de asesinato en segundo grado y otro de conspiración para cometer asesinato en segundo grado. Fue condenada a 20 años por cada cargo y desde el 2 de marzo de 2005 viene tramitando su libertad condicional. Ella cumple la pena en el centro de seguridad Federal Correctional Institution, Tallahassee, en Florida. Para el 6 de junio de 2021 se espera que logre su libertad condicionada.

En el caso de Graham, el tribunal la condenó a cinco cadenas perpetuas. Su pena la cumple en la cárcel de Huron Valley Correctional, en Michigan.

Perfiles psicológicos

En el libro Siempre y cinco días, de la autoría de Lowell Cauffiel, se retrata a Wood como una psicópata con cerebro criminal que manipuló al fiscal y al jurado para castigar a Graham. También las pruebas psicológicas revelaron que Graham podría ser fácilmente manipulable, sufría de un trastorno límite de la personalidad y carecía de la sofisticación para planear la serie de asesinatos, y mucho menos adecuadamente defenderse en el juicio.

Varias de las familias de los ancianos demandaron a los propietarios de Alpine Manor por la contratación de «empleados peligrosos y desequilibrados». La clínica quebró y al momento funciona el asilo de ancianos Santuario de Santa María.

 


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