Gertrude Baniszewski

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Gertrude Baniszewski

Madre Tortura

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Los médicos forenses describieron el caso como «el caso de abuso físico más terrible del estado de Indiana»
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 26 de octubre de 1965
  • Fecha de detención: 26 de octubre de 1965
  • Fecha de nacimiento: 19 de septiembre de 1929
  • Perfil de las víctimas: Sylvia Marie Likens, 16
  • Método de matar: Hemorragia cerebral, shock y desnutrición
  • Localización: Indianápolis, Estados Unidos (Indiana)
  • Estado: Condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional el 24 de mayo de 1966. Sentencia modificada. Condenada de 18 años en prisión a cadena perpetua. Obtiene la libertad condicional el 4 de diciembre de 1985. Muere el 16 de junio de 1990
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Gertrude Baniszewski

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Gertrude Nadine Baniszewski, (19 de septiembre de 1929 † 16 de junio de 1990), fue una mujer y asesina estadounidense que con ayuda de sus hijos y jóvenes de su vecindario produjeron la tortura prolongada, mutilación y asesinato de Sylvia Likens. El caso fue llamado como «el peor crimen perpetrado contra un solo individuo en la historia de Indiana».

Primeros años

Baniszewski nació como Gertrude Nadine Van Fossan en Indianápolis, Indiana, Estados Unidos, era la tercera de 6 hijos. En 1940 había sido testigo de la muerte de su padre de un repentino ataque al corazón.

Cinco años más tarde, dejó la escuela a la edad de 16 años para casarse con el diputado John Baniszewski a la edad de 18 años, con quien tuvo seis hijos. Ambos estuvieron juntos durante 10 años hasta que debido al temperamento de John tuvieron que divorciarse.

A los 34 años conoció a Dennis Lee Wright, un joven de 23 años con el que se fue a vivir. Él abusaba de Baniszewski y ella tuvo un hijo, Dennis; después de que éste nació, Wright abandonó a Gertrude. Sin embargo, él la visitaba constantemente para solo pedirle dinero.

Sylvia Likens

En julio de 1965, Betty y Lester Likens, dos trabajadores ambulantes de carnaval, conocieron a Baniszewski en la iglesia y le sugirieron que cuidara de sus dos hijas, Sylvia Marie Likens de 16 años y Jenny Faye Likens de 15 años, a cambio de unos muy necesarios 20 dólares por semana. Ella aceptó.

Al principio todo anduvo bien, las hermanas Likens jugaban e iban a la escuela con los hijos de Baniszewski, y la acompañaban a la iglesia. Sin embargo la primera vez que los 20 dólares enviados por los padres de las niñas llegaron con un día de retraso, Baniszewski se enfureció, obligó a la niñas a que bajaran al sótano y se inclinaran sobre una cama y las azotó. Ese sería el comienzo de un patrón regular de maltratos a las menores y el posterior crimen.

Tortura y posterior asesinato de Sylvia

Dos semanas después de haber dejado a las niñas al cuidado de Baniszewski, los Likens volvieron a visitar a sus hijas. No hubo ninguna queja al respecto, así que se marcharon conformes. A partir de ahí, Baniszewski, sus hijos y varios adolescentes del vecindario empezarían la verdadera tortura física y psicológica de Sylvia. Por alguna razón simplemente no podía soportar a las chicas, y sobre todo a Sylvia, con quien más se desquitaba; posiblemente sentía una especie de celos debido a que ella era hermosa, amable y virgen.

Un día le preguntó a Sylvia porqué pasaba tanto tiempo en la tienda donde trabajaba, y Likens le dijo que solía juntar latas de sodas vacías para ganar dinero extra. No le creyó y obligó a la joven a que se introdujera una botella de Coca-Cola en su vagina frente a todos sus hijos y Jenny. Ésta se rompió, y los vidrios desgarraron las paredes vaginales de Sylvia.

También después de fumar solía apagar su cigarrillo en el cuerpo de la joven, además de golpearla con una paleta. Cuando se cansaba, le otorgaba la tarea varias veces al día a su hija Paula Baniszewski, quien tenía 18 años. Incluso en ocasiones obligaba a la hermana de Sylvia, Jenny, a que la golpeara en la cara.

A la hora de cenar, Gertrude sólo le daba pocas raciones de agua, galletas saladas, y algunas sobras. Una vez mandó a su hija Stephanie Baniszewski y su novio Coy Hubbard (un adolescente del vecindario), a arrojarla por las escaleras del sótano; así, Sylvia recibió un fuerte golpe en la cabeza y permaneció inconsciente durante casi dos días.

Coy Hubbard, quien tenía 15 años y era el novio de Stephanie, era experto en judo y le encantaba lanzar a la joven por los aires hacia un colchón que se suponía que era donde tendría que aterrizar, pero muchas veces calculaba mal y la pobre chica caía al suelo de cemento.

Pocas semanas antes del crimen, Baniszewski obligó a Likens a escribir una carta dirigida a sus padres comentando que ella y su hermana las estaban pasando bien, y luego, con ayuda de sus hijos escribió con una aguja al rojo vivo «I am a prostitute and proud of it» («Soy una prostituta y estoy orgullosa de serlo»), en el estómago y abdomen de Likens; y al sentirse incapaz de terminar, Richard Hobbs terminó ese trabajo.

Al día siguiente formuló la manera de deshacerse de Sylvia, le comentó a su hijo John Jr, que podían ir a tirarla a un basurero cuando ella se encontrase desfalleciendo, para que así muriera. Sylvia oyó la conversación e intentó huir, pero Gertrude la detuvo rápidamente y volvió a tirarla por la escaleras del sótano, encerrándola nuevamente.

En la tarde del martes 26 de octubre, Gertrude le ordenó a Stephanie Baniszewski y a Richard Hobbs que le tirasen un balde con agua fría a Sylvia mientras dormía para que despertara. Ellos así lo hicieron, pero la chica quedó totalmente inmóvil, dándose cuenta entonces de que ya no respiraba. Stephanie se desesperó e intentó reanimarla, pero para entonces ya era tarde, Likens ya estaba muerta. Las causas de la muerte fueron hemorragia cerebral, shock, y desnutrición.

Richard Hobbs fue quien llamó a la policía esperando que ellos la resucitasen. Los oficiales se percataron de las heridas de la chica y de su grado de desnutrición, le preguntaron a los jóvenes qué era lo que había pasado, pero ninguno respondió. Baniszewski trato de explicarle que unos vándalos le habían hecho eso y sus hijos la habían traído a casa. Entonces Jenny Likens estalló en llantos y le dijo a los oficiales «Sáquenme de aquí y les diré todo». Gertrude, sus hijos, y varios jóvenes del vecindario fueron arrestados por la policía.


Sylvia Likens

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Sylvia Marie Likens (n. en Lebanon, Indiana, el 3 de enero de 1949 – † m. Indianápolis, Indiana, el 26 de octubre de 1965, a los 16 años de edad) fue una víctima de asesinato, tortura y violación de Indianápolis, Indiana, en Estados Unidos.

Fue torturada hasta la muerte por Gertrude Baniszewski y sus hijos, así como por varios jóvenes y niños del vecindario, algunos de apenas 10 años de edad. Aunque muchos de los vecinos de la familia admitieron haber oído gritos y lamentos procedentes de la casa de Baniszewski, no se dio aviso a la policía porque se consideraba que era mejor no entrometerse. Cuando se dio a conocer el caso de Sylvia Likens en Estados Unidos, el país entero quedó horrorizado.

Los médicos forenses describieron el caso como «el caso de abuso físico más terrible del estado de Indiana».

En su honor, hay un pequeño monumento con su foto colocado por orden del Departamento de Policía de Indianápolis.

Primeros años

Sylvia Likens nació siendo la tercera hija de Lester y Bertha «Betty» Likens. Nació entre dos pares de mellizos: Diana y Daniel —dos años mayores que ella—, y Jenny y Benny —un año menores—. Su familia estaba desestabilizada y era muy disfuncional: las peleas entre sus padres eran habituales, la comida escaseaba, tenían que mudarse varias veces por motivos económicos, etc.

Además, Jennifer Likens, su hermana menor, había sido diagnosticada con poliomielitis a los cinco años. En 1965, Sylvia y su hermana pequeña vivían con su madre en Indianápolis. Sus padres se habían separado sentimentalmente, aunque no se habían divorciado.

Comienzo en la casa Baniszewski

En junio de 1965, Jennifer y Sylvia Likens fueron dejadas al cuidado de una ama de casa llamada Gertrude Baniszewski, una señora asmática con seis hijos a quien habían conocido pocos días antes en la iglesia.

Sylvia era una muchacha callada y agradable a la que todos querían, que además ayudaba fregando los platos y planchando. Su hermana Jennifer también era muy callada, y había nacido con una pierna encogida, que había ido avanzando hasta llegar a poliomielitis.

A pesar de su discapacidad, se las arreglaba para bailar y montar en patineta. Sus padres, Betty y Lester Likens, pagaron a Baniszewski unos muy necesitados 20 dólares a la semana por cuidar de las niñas, y quedaron convencidos de que Gertrude cuidaría de Sylvia y Jenny como de sus propias hijas.

Al principio todo iba bien, y las chicas parecían llevarse bien con los chicos Baniszewski. Tal vez el primer aviso del horrible crimen que iba a ocurrir posteriormente fue exactamente después de siete días de su llegada, cuando los 20 dólares llegaron con un día de retraso. Entonces, Baniszewski llevó a Sylvia y a su hermana Jennifer al sótano y les dijo: «Bien, perras, he cuidado de vosotras durante una semana por nada. El cheque de su padre no ha llegado».

Cuando Sylvia intentó explicar que seguramente el dinero se había retrasado, Gertrude ordenó a ambas que se inclinaran sobre una cama, se quitaran la falda y ropa interior y las azotó con una pala en las nalgas. Como Jennifer tenía poliomielitis y era la más pequeña, Sylvia propuso a Gertrude que la castigara a ella en vez de a su hermana pequeña. Baniszewski accedió.

Después de una semana, Betty y Lester Likens vinieron a visitarlas. Nadie se quejó y los Likens se marcharon contentos. A partir de entonces, Baniszewski y sus hijos, así como varios adolescentes del barrio, empezaron a abusar física y psicológicamente de Sylvia. En realidad no podía soportar a las chicas, pero sobre todo a Sylvia, a quien acusaba de ser una sucia y una promiscua.

El abuso empeora

Un día, Gertrude le preguntó a Sylvia por qué pasaba tanto tiempo en la tienda de alimentos donde trabajaba. Likens explicó que había encontrado botellas de soda vacías y que las estaba llevando a la tienda para ganar unos cuantos centavos extra. Baniszewski no le creyó y la obligó a desnudarse completamente e introducirse una botella de Coca-Cola en la vagina delante de todos sus hijos y de Jenny.

Este suceso ocurrió dos veces. La primera vez la botella se rompió estando en el interior de la niña y los cristales rotos le desgarraron las paredes vaginales. Cuando esto sucedió, todos, menos Jennifer, estallaron en risas y aplausos mientras Baniszewski no paraba de fumar.

También le pegaba muy a menudo con una paleta de casi un centímetro de espesor. Cuando ella se cansaba de esa tarea, cedía el derecho a manipular la paleta a su hija mayor, Paula —Paula Baniszewski tenía 18 años y era obesa, de 86 kilogramos—. Paula pegaba a Sylvia varias veces al día.

A la hora de cenar, Sylvia generalmente no comía en absoluto, se limitaba a observar cómo los demás comían. En muchas ocasiones, su hermana Jenny robaba disimuladamente un poco de pan para ella, pero tenía tanto miedo a Gertrude que nunca se atrevió a desafiarla.

Más gente se une al maltrato

Una vez, Sylvia tuvo que quitarle a Paula su traje de educación física, ya que sin él no podía dar la correspondiente clase de gimnasia. Cuando Gertrude se enteró, mandó a su hija Stephanie, una prostituta, y a su novio, Coy Hubbard, a arrojarla por las escaleras del sótano. Sylvia recibió un fuerte golpe en la cabeza y permaneció inconsciente durante casi dos días.

Coy Hubbard, quien tenía 15 años y era el novio de una de las hijas de Gertrude, pesaba 85 kilos y medía casi dos metros. Se convirtió en uno de los peores tormentos de Sylvia. Era una especie de experto en judo y le encantaba lanzar a la chica por el aire. En el sótano de los Baniszewski había un viejo colchón, que se suponía que le proveería a Sylvia un suave aterrizaje. Coy generalmente calculaba mal y Sylvia aterrizaba con un crujido en el suelo de cemento. Todo el mundo se reía. Nadie —incluyendo a Jenny— hizo algo al respecto. De hecho todos, menos Paula, parecían deleitarse con su comportamiento.

El 28 de julio de 1965, el reverendo Roy Julian pasó a saludar. Se retiró bastante preocupado por la señora Baniszewski, pues en su condición era difícil soportar tal contingente de niños. La señora Saunder —enfermera de salud pública— hizo una llamada. Gertrude explicó que una de las niñas a su cuidado, Sylvia Likens, era una prostituta y estaba corrompiendo a sus hijos. La señora Saunders se compadeció, pero nunca volvió a llamar.

Una vez, Sylvia orinó en su cama sin darse cuenta. Esto fue porque la niña recibía de castigo patadas entre las piernas y por el daño perdió el control de su vejiga. Gertrude, enfadada, volvió a introducirle la botella de Coca-Cola en la vagina, aunque esto era algo ya habitual para Sylvia. Entonces, Baniszewski decidió que Sylvia no estaba a la altura para dormir arriba con el resto de la familia. Creía que sótano y el colchón serían lo suficientemente buenos para ella.

A partir de entonces, Sylvia sólo se alimentó de una pequeña porción de agua y galletas saladas a la semana. También fue torturada y obligada a comer sus propio excremento. La muchacha se desnutrió y deshidrató.

De vez en cuando, los chicos Baniszewski la sumergían en baños excesivamente calientes. Cuando salía, su piel estaba irritada y roja por el calor. Una vez se desmayó en la bañera y fue sacada por el pelo. En un momento dado —muy complicado de determinar para los médicos forenses—, Sylvia dejó de resistirse a sus castigos. Entonces la señora Baniszewski le arrancó la blusa y los pantalones cortos, que es el estado en el que se quedaría Sylvia durante el tiempo de vida que le quedaba allí.

A John Baniszewski Jr., a pesar de tener sólo trece años, le gustaba escuchar los dolorosos gritos de Sylvia cuando le pegaba patadas o apagaba los cigarrillos de su madre en los brazos, piernas o estómago. También gozaba al darle puñetazos en el rostro, golpearle el vientre o patearle y pisarle la cara mientras estaba en el suelo.

A Ricky Hobbs, un muchacho del barrio de Indianápolis, le había gustado Sylvia desde el momento en el que llegó, pero ella le rechazó y empezó a salir con otros chicos, lo que le produjo un gran odio hacia ella.

En varias ocasiones, él y Coy Hubbard ataban a Sylvia Likens a una viga de madera que había en el sótano, después de una gran cantidad de golpes que le propinaban ambos. En una ocasión, Richard Hobbs acogotó a Sylvia durante tanto tiempo que todo el mundo pensó que se había muerto.

Durante ese largo período, la señora Baniszewski contó por todo el vecindario que Sylvia era una prostituta, lo que causó que los vecinos no la miraran con buenos ojos. Luego obligó a la niña a escribir varias cartas donde detallaba escabrosos asuntos sexuales y confesaba que era una prostituta.

Gertrude dijo además que Sylvia no había hecho más que causar problemas desde que llegó a su casa y que era una muchacha inmanejable, y que justamente por eso la había enviado al Reformatorio de Indiana. Los vecinos y vecinas que vivían a lado de la casa de la señora Baniszewski oían gritos, lamentos, gemidos y golpes, pero no hicieron nada al respecto porque pensaron que era mejor no meterse en problemas.

Todos los chicos del vecindario se unen, nadie habla

El hogar de los Baniszewski era el punto de encuentro de muchos chicos y chicas del barrio. Cuando varios jóvenes observaron que Sylvia soportaba el abuso al que era sometida, ellos también comenzaron a mofarse de ella y a aplicarle castigos físicos. Los chicos la mordían, besaban, acosaban, intimidaban y abusaban de ella sexualmente. También traían a sus respectivas novias y a varios amigos, que también se reían de ella. Nunca pensaron que todo iba a llegar tan lejos.

Frecuentemente, estos otros invitados también decidían participar en los tormentos a la niña. Alguien hizo un dibujo de la niña poniéndole cuerpo de mujer y una posición sexualmente explícita. Este dibujo circula hoy día por Internet.

Pocas semanas antes de su muerte, Gertrude, con una aguja al rojo vivo, escribió en el abdomen y estómago de Sylvia: «Soy una prostituta y estoy orgullosa de serlo». A mitad del trabajo se cansó, pero Ricky Hobbs continuó el trabajo por ella mientras John Baniszewski Jr. le sujetaba los brazos a Sylvia Marie. A la mitad de penúltima palabra, la aguja dejó de quemarle la piel, por lo que Hobbs empezó a hacerle cortes en vez de rozar la aguja en la piel para escribir.

«¿Qué harás ahora, Sylvia? —musitó Gertrude con la mirada fría— ¿Qué harás? Ahora ya no podrás mostrarte desnuda ante ningún hombre sin que te vea la marca. Ahora ya nunca podrás casarte. ¿Qué vas a hacer?».

El mayor castigo para aquella mujer, más allá de las torturas, de las palizas, de las humillaciones, parecía ser el no permitir a la muchacha que se casase, el dejar que viviera sola —al igual que Gertrude— para siempre. Esa tarde, Coy Hubbard pasó por la casa. Golpeó a Sylvia en la cabeza con un palo de escoba, dejándola inconsciente.

El asesinato

Pocos días antes de la muerte de la muchacha, ella intentó escaparse. La descubrieron y fue duramente castigada. Su hermana Jennifer Likens fue obligada a abofetearle la cara hasta que estuviera completamente roja.

El día anterior a la muerte de Sylvia Likens, Paula Baniszewski le dio a Sylvia su tratamiento especial: le pasó sal por todas sus heridas.

A la mañana siguiente, Sylvia estaba casi inconsciente. Tenía moretones, cortes y heridas de todo tipo por todo el cuerpo; hedía a causa de la falta de aseo, las cicatrices de quemaduras resaltaban por todas partes de su piel y hablaba sobre irse con sus padres y alcanzarlos en la feria donde se encontraban.

Gertrude decidió que debía mojarla con la manguera. Una manguera de jardín fue llevada hasta el sótano. Todo el mundo se rió mientras el agua salpicaba sobre el demacrado cuerpo de Sylvia Likens. Ella no se movió. No pudo hacerlo. Estaba descansando en el cielo.

Richard Hobbs fue quien llamó a la policía con la esperanza de que le practicaran primeros auxilios y ella resucitaría milagrosamente, quedando ellos como héroes, y que todo estaría bien. Al ver el cuerpo, los oficiales y médicos declararon que el de Sylvia Likens era el peor caso de abuso físico que habían investigado en la historia del estado de Indiana. Sylvia Likens murió por hemorragia cerebral, shock y desnutrición.

Juicio

En el juicio, los adolescentes y niños del barrio aceptaron su culpabilidad y detallaron los castigos a los que habían sometido a Sylvia. Gertrude Baniszewski intentó librarse de la cárcel cargando toda la culpa en sus hijos y los adolescentes del barrio, aludiendo que ella no sabía nada de lo que ocurría en el sótano, pero todos los niños declararon lo mismo sobre Baniszewski: ella alentaba la tortura y participaba en ella. Jennifer Likens declaró lo mismo.

La mayoría de las personas que fueron invitadas a ver cómo torturaban a Sylvia terminaban maltratándola también, la humillaron y violaron, y ellos parecían deleitarse con todos esos gritos de dolor y querían también maltratarla. En un momento del juicio, el fiscal les preguntó el por qué de su actitud, por qué maltrataban también a Likens, por qué no hicieron nada para ayudarla. Todos contestaron lo mismo: «No lo sé, señor». Ninguno de ellos supo justificar su propia actitud.

Condenas

Tras el juicio, fueron impuestas las siguientes condenas:

Gertrude Baniszewski. Fue hallada culpable de asesinato en primer grado y sentenciada a cadena perpetua. Se le recluyó en la Prisión de Mujeres de Indiana. Obtuvo su libertad condicional el 4 de diciembre de 1985, después de estar veinte años en prisión. Poco antes de morir en 1990, Gertrude Baniszewski aceptó finalmente su culpabilidad, responsabilizando sus actos criminales a sus problemas personales y a una serie de medicamentos que ingería.

Paula Baniszewski. Fue hallada culpable de asesinato en segundo grado y sentenciada a cadena perpetua. Obtuvo su libertad condicional el 23 de febrero de 1973, después de estar siete años en prisión. Tuvo una hija en ese mismo año y la llamó Gertrude.

Coy Hubbard. Fue hallado culpable por homicidio impremeditado y sentenciado a 21 años de prisión. Se convirtió en un delincuente y volvió a la cárcel con frecuencia.

Richard Hobbs. Fue hallado culpable por homicidio involuntario y sentenciado a 21 años de prisión. Murió a los 20 años de cáncer pulmonar.

John Baniszewski Jr. Pese a tener trece años de edad fue sentenciado a cumplir 21 años de cárcel; fue el preso más joven del reformatorio de la historia de ese estado. Tras cumplir su condena, se convirtió en pastor laico, para contar su historia.

Stephanie Baniszewski. Fue hallada culpable por cómplice y fue sentenciada a cumplir 12 años en prisión. Ella, junto con Coy Hubbard, arrojaron a Sylvia por las escaleras del sótano, lo que le produjo una hemorragia cerebral. Eso produjo una de las causas de su muerte.

Películas y libros basados en su historia

La película An American Crime, está basada en el caso de Sylvia Likens, personaje protagonizado por Ellen Page. El personaje de Gertrude Baniszewski está reencarnado en la actriz Catherine Keener. A pesar de que está basada en los hechos reales que sucedieron, algunas partes de la película no encajan con lo que sucedió realmente.

El caso de Sylvia Marie Likens inspiró al autor Jack Ketchum para escribir su libro The Girl Next Door, que salió a la venta en 1989. El caso del libro es muy parecido al de Sylvia Likens excepto por los nombres de los personajes y por la sinopsis, ya que en el libro los padres de las hermanas protagonistas mueren y ellas quedan —por ley— a cargo de su tía Ruth, que tiene dos hijos y está al borde de la locura, a pesar de aparentar ser una persona completamente normal.

El libro inspirado en el caso de Sylvia Likens, The Girl Next Door, escrito por Jack Ketchum, inspiró a su vez una película titulada The Girl Next Door —en español La Chica de Al Lado—, un filme de terror y drama, basado en los hechos escalofriantes que le sucedieron a dicha joven, que no debe confundirse con la comedia del mismo nombre protagonizada por Elisha Cuthbert.

 


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