Genaro Ramallo Guevara

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Genaro Ramallo

El doble crimen de Almonaster

  • Clasificación: Asesino
  • Características: La Policía sospecha que podría haber practicado con las víctimas algún rito relacionado con las ofrendas a la diosa inca Pachamama
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 22 de agosto de 1993
  • Fecha de detención: 21 de septiembre de 2011 (18 años después)
  • Fecha de nacimiento: 1959
  • Perfil de las víctimas: Su pareja María del Carmen Espejo Gutiérrez, de 26 años, y el hijo de ambos, Antonio Ramallo, de 10
  • Método de matar: Desconocido
  • Localización: Almonaster la Real, Huelva, España
  • Estado: Condenado a 40 años de prisión el 24 de octubre de 2014. El Tribunal Supremo elevó a 60 años la pena de prisión el 29 de julio de 2015
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Genaro Ramallo – La policía encuentra restos de una mujer y un niño en Almonaster

Lucía Vallellano – El País

20 de septiembre de 2011

Los cuerpos llevan enterrados 18 años y el dueño de la finca está desaparecido.

La calma de Almonaster la Real (Huelva), un pueblo de 2.000 habitantes ubicado en el corazón de la Sierra de Aracena, se ha visto alterada desde que la Policía Científica de Sevilla hallara el pasado jueves los restos de una mujer y de un menor enterrados en el interior de un hoyo en una huerta del término municipal.

El descubrimiento está envuelto en misterio. La mujer y el niño llevaban enterrados unos 18 años, según fuentes del caso. El propietario de la finca, un hombre de origen boliviano, hace años que no reside allí. Nadie sabe de su paradero. La finca está abandonada y el paso del tiempo ha hecho que los vecinos no recuerden con claridad si estaba casado y si tenía mujer e hijos.

«Ese señor boliviano es el último propietario de la finca. Conozco a vecinos que trataron con él para la venta de las tierras. Dicen que se enamoró de los alcornocales que posee la huerta», afirmó Eugenio Vázquez, un industrial de 64 años, dueño de una finca colindante.

La parcela está ubicada entre el municipio y la aldea de Calabazares, en el paraje de Vereda, una zona conocida como la Huerta del Cura. «Son tierras que pertenecieron en su día a la Iglesia y que, en la época de la desamortización, se fueron enajenando a particulares», explicó Eugenio Vázquez.

El acceso, conocido como el antiguo Camino Real de Sevilla, es impracticable, cargado de arboleda y pequeños arroyos que lo cruzan. La finca posee cuatro poderosos alcornoques. A los pies de uno de ellos se ubica el pozo de más de metro y medio de longitud donde fueron supuestamente enterrados con capas de piedra y tierra los cuerpos de la mujer y el menor.

Junto al agujero, ahora acordonado por la Policía Científica, había una bicicleta de niño. La finca está abandonada y rodeada de montañas y de vegetación. La casa de aperos está derruida y no hay cultivos recientes.

El dueño del restaurante Casa García, ubicado a la entrada del pueblo, desconocía lo ocurrido. «Hace unos días, un agente de la Policía Científica me dijo que el pueblo se haría notar porque habían hallado algo importante», explicó. Ayer atendía a los periodistas que llegaron al municipio para conocer la enigmática historia. Al parecer, según fuentes del caso, la desaparición de una madre y de su hijo, naturales de Sevilla, fue denunciada hace 18 años.

La Policía Científica lleva investigando unos dos meses el caso. Las pesquisas están ahora en manos del Juzgado de Instrucción número tres de Huelva, que ha decretado el secreto de sumario.

Hace dos meses que los vecinos notaron el trasiego de agentes en el municipio. «Me extrañó ver a gente de la policía por aquí. Ahora ya sabemos el porqué», afirmó un vecino de la aldea de Calabazar que ayer se dirigía a una finca próxima a Huerta del Cura.

«Aquí nos conocemos todos, este pueblo es muy pequeño y, si ese hombre ha hecho lo que dicen que ha cometido, con esa sangre fría, matar y enterrar los cuerpos de una madre y su hijo, debería pagar por lo que ha hecho», sentenció. «Nos ha sobrecogido a todos, no nos esperábamos algo así en un pueblo tan tranquilo», indicó una vecina de Calabazar.

El alcalde de Almonaster la Real, Manuel Ángel Barroso, pidió ayer que se aclararan los hechos. «No tenía ni idea. Cuando los vecinos empezaron a decirme que por el municipio estaban agentes de la Policía Científica, me acerqué al lugar con la Policía Local y pregunté. Una agente me informó de que el caso estaba bajo secreto de sumario. Seguimos sin saber con certeza qué ha ocurrido más allá de que los hechos fueron denunciados hace unos 18 años y que los cadáveres no pertenecen a familias del pueblo», señaló. «Es un caso luctuoso y trágico y esperemos que se aclare cuanto antes», remarcó el alcalde.


Sepultados 18 años en el pozo

Javier Martín-Arroyo / Jesús Duva – El País

25 de septiembre de 2011

El hallazgo de los cadáveres de una joven y su hijo comienza a aclarar su desaparición en 1993.

María del Carmen Espejo y su niño Antonio desaparecieron hace casi 18 años. Una eternidad para su familia. Jamás volvió a saberse nada de ellos. Ni vivos ni muertos. La denuncia cursada ante la Guardia Civil no llegó a ninguna parte.

Ahora, casi 18 años después, la policía los ha encontrado. Mejor dicho, ha localizado sus huesos. Enterrados en un pozo, al pie de un alcornoque de una finca de Almonaster la Real (Huelva). La policía persigue por su supuesta implicación en el caso a Genaro Ramallo Guevara, de 52 años, de origen boliviano, dueño del terreno y de una academia en la capital, que jamás había tenido tropiezos con la justicia.

María del Carmen Espejo Gutiérrez nació en 1967, fruto de las relaciones de una mujer y un empleado de los astilleros de Cádiz y Sevilla. Este era un hombre casado y padre de varios hijos. Por eso, su madre registró a la niña con sus propios apellidos. Siendo una veinteañera, María del Carmen conoció a Genaro Ramallo, que ya entonces era un insaciable donjuán, con el que engendró en torno a 1988 a un bebé al que impusieron el nombre de Antonio.

La pareja adquirió conjuntamente un piso bajo de protección oficial en Los Rosales, en la capital onubense, de unos 70 metros cuadrados. Él se ganaba la vida dirigiendo una academia de clases particulares (en la actualidad regentaba un centro de este tipo en la calle del Doctor Plácido Bañuelos).

No debía irle mal el negocio por cuanto hoy posee varias propiedades inmobiliarias, entre ellas un terreno de 35 áreas en el término de Almonaster la Real. Esa tierra, conocida entre los vecinos como la Huerta del Cura, fue comprada por Genaro en el verano de 1993, poco antes de que desaparecieran María del Carmen y su hijo. Y allí fue donde la policía encontró la semana pasada los esqueletos, junto con restos oxidados de una bicicleta infantil.

Ante la inexplicable desaparición de la muchacha y el niño, una tía suya presentó en enero de 1994 una denuncia ante la Guardia Civil, mientras que el padre de la joven hizo otro tanto ante el Cuerpo Nacional de Policía.

Curiosamente, el compañero de María del Carmen no cursó ninguna denuncia y, cuando se le preguntó, dijo que estaba convencido de que ella le había abandonado. Entonces, las pesquisas para dar con el paradero de las víctimas no alcanzaron ningún puerto. Y pasó lo que pasa tantas veces: que los familiares de los desaparecidos se consumen durante décadas temiendo que estén muertos, sin poder llevarles flores a sus tumbas.

Antes del verano, al cabo de casi cuatro lustros, la Jefatura Superior de Policía de Sevilla decidió revisar este viejo caso pendiente, como ha hecho con otros similares que se han saldado con la localización de 40 personas (vivas o muertas). Al indagar en la vida del boliviano, los encargados de la investigación acumularon pronto sospechas en su contra. Las explicaciones que dio a los agentes, su nerviosismo, algunas incongruencias alargaron aún más la sombra de la duda que ya pendía sobre él.

El Grupo de Homicidios de Sevilla llegó hace tres meses a la plena convicción de que María del Carmen y su hijo estaban muertos y enterrados en el paraje conocido como la Huerta del Cura, a 100 kilómetros de Huelva. Los agentes hicieron varias catas en la parcela, pero no hallaron nada.

Por eso requirieron la ayuda de Luis Avial Bell, propietario de Condor Georadar, una empresa madrileña especializada en rastreos. «Era un terreno muy difícil, lleno de árboles. Las raíces de los árboles se parecen mucho a los huesos. Mi equipo y yo estuvimos dos días tomando imágenes en unos 5.000 metros cuadrados. El georradar nos marcó tres puntos», explica Avial, que hizo el trabajo gratuitamente.

Uno de esos tres puntos señalados por el estudio técnico era donde la semana pasada fueron localizados los esqueletos: a dos metros de profundidad, tapados con plásticos y lonas, y cubiertos por más de media tonelada de piedras como sandías. El asesino (o asesinos) se empleó a fondo para que los cadáveres no fueran descubiertos jamás. Pero fracasó ante la tenacidad de la policía… y la tecnología.

¿Cuándo y cómo fallecieron la mujer y el niño? Por el momento no se sabe, pero todo apunta a que ambos fueron llevados sin vida a la finca de la aldea de Calabazares. El laboratorio de ADN de la Policía deberá ahora realizar análisis genéticos para corroborar que los huesos son de María del Carmen y su hijo. A la vez, la autopsia forense tal vez pueda determinar de qué forma perdieron la vida, aunque la primera impresión es que no fue por disparos de arma de fuego.

La juez de Instrucción número 3 de Huelva, que lleva el caso, ha decretado el secreto del sumario. Los labios de los policías están lacrados. Hasta los vecinos de la sierra de Aracena se muestran remisos a hablar. Por una extraña razón, el silencio es espeso y casi impenetrable.

El hermetismo impuesto por la magistrada impide conocer detalles de la vida de las víctimas. Según algunas fuentes, María del Carmen era funcionaria de la Junta de Andalucía. Otras fuentes de la investigación especifican que la joven trabajaba en la delegación de la Consejería de Turismo en Huelva, ciudad en la que conoció a Genaro, con el que posteriormente acabó emparejada.

¿Se deterioró la convivencia con el paso del tiempo? «Yo no sé si se llevaban bien o mal. Yo no me meto en problemas de matrimonio», ha declarado a El País el padre de la joven, Manuel B. C. Ningún familiar tiene conocimiento de que hubiera disputas en la pareja. El padre mantuvo contacto con su hija hasta poco antes de su misteriosa desaparición.

«Estamos hablando de realidades complejas, de realidades familiares, por lo que tenemos que ser lo más respetuosos posible con el trabajo de la policía», señaló hace unos días el delegado del Gobierno en Andalucía, Luis García Garrido, lo que apuntala la impresión de que el doble homicidio se produjo en el seno de la pareja.

A Ramallo, al que el Grupo de Homicidios intenta localizar, se le conocen varias compañeras sentimentales, entre ellas una empleada en un hospital de Huelva, una peluquera de Punta Umbría, una ciudadana francesa y otra mujer residente en Canarias. Con alguna de ellas ha procreado hijos. Quién sabe si tal promiscuidad fue lo que emponzoñó las relaciones entre él y la joven María del Carmen.

Genaro empezó hace casi un cuarto de siglo dando clases particulares a estudiantes rezagados. Después montó una academia en el corazón de Huelva. Exalumnos y exprofesores del centro coinciden en que era muy bueno en matemáticas, física y química, por lo que su academia llegó a tener una nutrida clientela.

Según fuentes de la investigación, el sospechoso detectó la presencia de los policías en su finca de Calabazares y huyó, sin que desde entonces haya vuelto a ser visto en su domicilio. Su fuga refuerza indirectamente los indicios existentes en su contra.

Tan claros parece tenerlos la juez que lleva el asunto que ya ha dictado una orden de busca y captura. Sin embargo, todo apunta a que se ha marchado de Andalucía en dirección a su país natal. Dos hermanos residentes en España han rehusado comentar para El País nada sobre el tema e, incluso, han argumentado que mantenían escaso trato con él.


Detenido en Francia el hombre sospechoso de haber matado a una mujer y un niño hace 18 años

Jesús Duva – El País

30 de septiembre de 2011

En el pozo de Huelva donde estaban las víctimas decapitadas se hallaron esposas, fustas y jeringuillas.

La policía española, en colaboración con la francesa, ha detenido hace poco más de cuatro horas a Genaro Ramallo Guevara, de 52 años, que estaba siendo buscado por su presunta implicación en la muerte de María del Carmen Espejo y su hijo Antonio, que desaparecieron hace casi 18 años.

Hace dos semanas, la Brigada Judicial de Sevilla localizó sus esqueletos enterrados en un pozo de una finca de Almonaster la Real (Huelva). La policía perseguía por su supuesta implicación en el caso a Genaro Ramallo Guevara, de 52 años, de origen boliviano, dueño del terreno y de una academia en la capital, que jamás había tenido tropiezos con la justicia.

El Grupo de Homicidios de Sevilla llegó hace tres meses a la plena convicción de que María del Carmen y su hijo estaban muertos y enterrados en el paraje conocido como la Huerta del Cura, a 100 kilómetros de Huelva. Los agentes hicieron varias catas en la parcela, pero no hallaron nada.

Por eso requirieron la ayuda de Luis Avial Bell, propietario de Condor Georadar, una empresa madrileña especializada en rastreos. En uno de los puntos señalados por el experto fueron localizados los huesos: a dos metros de profundidad, tapados con plásticos y lonas, y cubiertos por más de media tonelada de piedras. Al extraer los restos, los agentes encontraron decapitadas a las víctimas, junto a las que había enterradas varias esposas, fustas y jeringuillas.

Los forenses no han establecido aún cómo murieron María del Carmen Espejo Gutiérrez, nacida en 1967, funcionaria de Turismo en Huelva, y su hijo Antonio, de cinco años. Se sabe que Genaro ha tenido a lo largo de su vida múltiples relaciones amorosas y fruto de ellas son varios hijos.

Desde hace días, la policía había encontrado pistas de que el buscado, originario de Bolivia y dueño de una academia de enseñanza en Huelva, se había trasladado a Francia. Finalmente, fue localizado y arrestado poco antes de la una de la tarde de hoy en los alrededores de Toulouse.


Prisión sin fianza para Ramallo por el doble crimen de Almonaster

Raquel Rendón – Huelvainformacion.es

22 de octubre de 2011

La jueza le imputa dos delitos de asesinato. El profesor de Matemáticas se niega a declarar y recuerda que se entregó voluntariamente a la Justicia en Francia.

La titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Huelva decretó ayer prisión comunicada y sin fianza para Genaro Ramallo Guevara, profesor de Matemáticas de 52 años y origen boliviano al que señala como presunto autor de dos delitos de asesinato por arrebatar -presumiblemente- la vida hace 18 años a la que entonces era su mujer, la sevillana María del Carmen Espejo, y al hijo de ambos, Antonio Ramallo, de diez años, cuyos restos óseos aparecieron decapitados y sepultados en una finca de su propiedad en Calabazares, aldea de Almonaster la Real.

Acaba así el periplo internacional que Ramallo inició a mediados de septiembre, coincidiendo con el momento en el que el Grupo de Homicidios de la Policía Judicial hispalense localizaba a los pies de uno de los alcornoques de su parcela de la Huerta del Cura los cadáveres de madre e hijo.

El docente se convirtió en el principal sospechoso del doble crimen en junio, cuando los investigadores rescataron el caso -a punto de prescribir- del olvido. Nunca denunció la desaparición de María del Carmen Espejo y el pequeño de ambos. Sostuvo siempre que ella le abandonó sin más y que mantenía contactos periódicos con el niño en el madrileño parque del Retiro. Y cuando supo que le pisaban los talones, se esfumó.

Contó a su mujer actual, con la que vivía en Punta Umbría, que tenía que viajar con urgencia a Bolivia por un asunto familiar. Ramallo hizo las maletas y vagó durante días por la geografía nacional. Luego, cruzó los Pirineos y se instaló al sur de Francia. Pero las autoridades españolas ya habían emitido una orden europea de detención contra él.

El 30 de septiembre era capturado en Toulouse por agentes de la entente policial francoespañola establecida para darle caza, justo en el instante en que se dirigía a la delegación local del Consulado español.

Desde el 30 de septiembre ha permanecido recluido en la sede del Tribunal de Apelación de Toulouse, a la espera de su regreso a la península. Una semana más tarde de su arresto, la Justicia francesa se mostró favorable a agilizar los trámites que permitieran su pronta entrega a España.

La extradición -ahora euroorden- se hizo efectiva a mediados de esta semana y Genaro Ramallo fue trasladado a Madrid por la Interpol. Desde allí, la Guardia Civil efectuó por carretera el traslado del sospechoso del doble asesinato. En Morón de la Frontera (Sevilla), cedió la Benemérita el testigo a la Unidad de Conducciones de la Policía Nacional, que lo trajo en un vehículo camuflado hasta el Centro Penitenciario de Huelva, en donde ingresó en torno a las 22:30 del jueves.

Ramallo, de talante tranquilo según los que le conocen, pasó la noche inquieto, preparándose para afrontar el trago amargo de la comparecencia ante el juez. Era la primera vez que el dueño de la academia de clases particulares de la capitalina calle de Plácido Bañuelos pisaba una cárcel. Carecía, incluso, de antecedentes penales.

La mañana de ayer se levantó fría en la Alameda Sundheim, donde los medios de comunicación se apostaban para conseguir la instantánea del detenido. A las 09:30, el furgón de la Policía Nacional que lo trasladaba se detenía ante la puerta de la calle José Oliva.

Un minuto más tarde Genaro Ramallo bajaba del vehículo. Dudó un instante antes de volver a pisar suelo capitalino, el tiempo justo para colocarse bien el jersey de rayas con el que ocultó sus muñecas esposadas. Con la mirada baja, el rostro sombrío y profundos surcos ojerizos que evidenciaban el imsomnio nocturno, caminó con paso firme y rápido hacia la entrada de detenidos.

Se dio la circunstancia de que el Juzgado de Instrucción 3, que gestiona la causa, estaba ayer de guardia. De ahí que no fuera hasta pasadas las tres de la tarde cuando Genaro Ramallo compareció ante la magistrada Margarita Borrero. Le asistió el letrado Álvaro Aznar -con el que contactó ayer este diario-, que declinó pronunciarse acerca del interrogatorio o el estado de su cliente argumentando que el asunto permanece bajo secreto sumarial.

Llegada la hora de la verdad, Ramallo rehusó prestar declaración alguna ante la jueza, aunque sí abrió la boca para recordar a su señoría que fue él mismo el que se entregó voluntariamente a las autoridades francesas, según confirmaron a este rotativo fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La titular del Instrucción 3 de Huelva decretó la prisión incondicional para el único imputado -por el momento- por el crimen de Almonaster, al que atribuye la comisión de dos delitos de asesinato.

La instrucción continúa bajo el secreto específico que pesa sobre las actuaciones, que no permite siquiera a las partes tener acceso a las diligencias de investigación.

Son muchas las preguntas que levitan en el aire. Entre ellas, una de las más importantes, qué pasó realmente con Mari Carmen Espejo y su hijo: cómo, cuándo y dónde les arrancaron la vida -está por ver si fue en la finca donde aparecieron sus restos o si fueron traslados hasta Calabazares para su sepultura- y, sobre todo, por qué.

A las 15:40 de ayer, el acusado abandonaba el Palacio de Justicia para emprender el camino sin retorno (al menos por ahora) hacia la prisión de Huelva.


Un «chivatazo» delató a Genaro

Elperiodicodehuelva.es

23 de octubre de 2011

¿Por qué después de tantos años la Policía da con los cuerpos de dos desaparecidos en una finca que ya fue objeto de investigación hace 18 años?

La respuesta es sencilla: «Fue un chivatazo», según ha podido saber esta redacción.

Todo se acaba sabiendo y especialmente cuando un asesino confía a alguien su gran secreto: dónde ocultó los cuerpos. Al final, el confidente acaba hablando, movido por los remordimientos.

No ha trascendido la identidad de esta persona ni tampoco si se trata de alguien que pudiera haber ayudado a ocultar los cuerpos o si se trata de alguien a quien Genaro Ramallo habría confesado el mayor de sus muchos secretos.

Ramallo, en una carta remitida a esta redacción el pasado 27 de septiembre, tres días antes de ser detenido, negó haber cometido asesinato: «No soy un uxoricida (hombre que mata a su pareja) y mucho menos un infanticida», escribió de su puño y letra.

Negó ser un asesino, pero no haberlos enterrado: «Encontré sus cuerpos sin vida», aseguró en aquella carta, aunque sin citar nada sobre el ocultamiento de los cadáveres, tan solo que «es muy difícil resumir en una carta la complejidad de circunstancias que obligan a un hombre a mentir».

Pero el «chivatazo» ha terminado por desvelar un secreto que podría haber permanecido oculto indefinidamente.

Esto que indican fuentes cercanas al caso coincide con las palabras de uno de los testigos del mismo que indica que «alguien muy certero le dijo a la Policía: está aquí; si no, nunca hubieran dado con los cadáveres».

La investigación policial también hubo de acompañarse de prospecciones geotécnicas en la búsqueda de restos óseos.

Las ramas de los árboles no jugaron a favor de los investigadores, que antes de dar con los huesos de María del Carmen y Antonio inspeccionaron dos áreas de la misma finca. En la primera, se abrieron varias zanjas bajo los diferentes árboles que se encuentran en tal área, especialmente en dos puntos muy señalados, bajo una higuera y un olivo. En este último lugar se fue muy concienzudo por parte de los agentes de la Policía, ya que la zanja, de 45 centímetros de profundidad y dos metros de largo deja claro qué buscaban.

Sin duda, unos cadáveres que no aparecieron aquí, en este primer punto, ni en el siguiente, situado en el otro extremo de la finca.

El chivatazo

Tales trabajos se estuvieron desarrollando durante cerca de tres meses, después de que la Policía Judicial de Sevilla abriera el caso a expensas del Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva, que recibió una denuncia sobre el asunto en 2011, 18 años después de la desaparición de la mujer y su hijo, según fuentes judiciales.

La búsqueda in situ fue acompañada de múltiples interrogatorios a todos los que tienen algo que ver con la finca y la zona donde se encuentra la misma: linderos, vecinos de la cercana aldea de Calabazares, vecinos de Almonaster, así como allegados de Genaro Ramallo en Huelva capital: en su domicilio actual de Punta Umbría, en su academia de Huelva y en el piso alquilado de Los Rosales, que adquirió en 1990 con María del Carmen para vivir con esta y el hijo de ambos: las dos víctimas.

Fue uno de estos interrogatorios (el del «chivatazo») el que permitió saber con exactitud que el tercer sitio en el que se buscó era donde hasta el verano de 1993 lucía un pozo a ras de suelo, que en la zona llaman venero. Esto explica por qué en este tercer punto sólo se realizó una única perforación, dejando al descubierto el pozo y dentro de éste, los cadáveres, envueltos en plásticos, con la cabeza de la mujer dentro de una bolsa y la bicicleta del niño junto a los restos óseos.

Los linderos consultados por esta redacción indican que no sabían nada de ningún pozo: esto implica o que mienten, para no verse involucrados en la historia, o que el pozo estaba ya tapado en 1993, desde tiempo inmemorial, y que quien enterrara los cadáveres sí conocía su existencia.

Un mal cálculo

Genaro Ramallo, que ha admitido haber encontrado los cuerpos sin vida de las víctimas, no fue el único que conocía su secreto mejor guardado.

Contárselo a alguien o compartir la autoría del delito con otra persona fue un mal cálculo para un profesor de matemáticas, que habría confiado en que el tiempo terminara por tapar el suceso, como la tierra sobre los cadáveres ocultaban los cuerpos a la vista de todos.

No se sabe quién puede ser la persona que está detrás de esta confesión y que ha permitido conocer la localización exacta de los cuerpos. En este sentido, no ha trascendido si se trata de una persona que habría cooperado con el presunto asesino o con quien ocultó los cuerpos o simplemente alguien a quien se le habría confiado un secreto que no pudo guardar, quizá por remordimientos.

El secreto de sumario impuesto por la jueza del Instrucción número 3 de Huelva no sólo guarda para sí los detalles más escabrosos del asunto, también la identidad de todos los que han tenido relación con el caso: testigos, confidentes, familiares.

Algunas de estas personas han sido entrevistadas por esta redacción, que fue la primera en desvelar la noticia y que ha puesto en pie una historia que permanecía oculta para todos, excepto para el presunto autor del delito (y su posible cómplice).

Esta historia, ha permito [permitido] saber cómo «en la época de los luctuosos hechos», como Genaro llama al tiempo en el que su esposa e hijo fueron asesinados, el acusado «compartía mi vida entre dos casas y dos mujeres», con un hijo con María del Carmen (Antonio, cuyo cuerpo fue hallado en el pozo), y una hija con Juani, la segunda pareja, con la que comenzó una convivencia a los pocos meses de la desaparición en la vivienda de María del Carmen y Antonio (Luisa Ramallo es el nombre de la hija de Genaro, que tiene 23 años).

Además de tener «dos mujeres», el acusado por las muertes también tenía otros amoríos: «Aún no sé por qué extraña a matemática sacaba tiempo para ocasionales deslices», indica en la carta remitida a esta redacción.

Genaro reconoce que «como pareja y marido» fue «pésimo», ya que «la infidelidad me ha perseguido siempre como túnica de hierro por todos mis caminos».

Según Ramallo Guevara su «compleja situación» le llevó a la «clandestinidad», indicando que las circunstancias de los hechos «no son de este lugar» y que se ha visto «obligado» a mentir.


Ramallo se enfrenta a 40 años de cárcel por el doble crimen de Almonaster

Raquel Rendón – Huelvainformacion.es

11 de junio de 2014

Recta final para uno de los casos más truculentos de la historia criminal onubense. La Fiscalía acusa al profesor de Matemáticas Genaro Ramallo de asesinar en 1993 a su entonces pareja, María del Carmen Espejo, y el hijo de ambos, Antonio Ramallo, que entonces sólo tenía diez años.

Por el doble crimen de Almonaster -localidad en la que fueron hallados los cuerpos de madre e hijo en 2011, 18 años después-, el Ministerio Público solicita que se imponga al procesado 40 años de cárcel, 20 por cada una de sus víctimas, observando además que en los dos delitos concurre la agravante de parentesco.

En el escrito de la acusación pública, documento al que ha tenido acceso Huelva Información, se refiere que desde 1980 Ramallo mantenía una relación sentimental con Mari Carmen Espejo. Él tenía 21 años y ella, sólo 13. Se conocieron en Huelva y se fueron a vivir juntos a un piso. Ella se quedó embarazada y dio a luz el 7 de agosto de 1983 -cuando apenas tenía 16 años- a un niño, Antonio.

Es cuanto menos curioso que el crío fuera inscrito inicialmente con los apellidos de su madre. Es más, no fue hasta 1987 (momento en que el pequeño ya había cumplido cuatro años) cuando Genaro Ramallo lo reconoció como hijo propio y le dio sus apellidos.

La pareja y el pequeño siguieron conviviendo hasta 1993, año en que sucedieron los hechos, «aunque al mismo tiempo Genaro mantuvo relaciones sentimentales con otras mujeres con las que, incluso, tuvo otros hijos», lo que provocó desavenencias en el núcleo familiar.

Por razones «no suficientemente acreditadas pero derivadas del deterioro de la relación», el procesado «decidió acabar con las vidas» de Mari Carmen, que tenía entonces 26 años y trabajaba en la Delegación de Turismo de la Junta en Huelva, y del niño de diez años «meses anteriores a agosto de 1993».

Aquel junio adquirió y registró a su nombre el terreno Huerta del Cura, una parcela solitaria y de difícil acceso ubicada en la aldea de Calabazares, perteneciente a Almonaster la Real. Fue en el fin de semana del 21 al 23 de agosto de 1993 cuando «se trasladó con ellos a dicha finca y, sin que conste si allí mismo o en otro lugar, les dio muerte a ambos».

Para ello suministró a las víctimas «medicación sedante y analgésica suficiente como para anular sus posibilidades de defensa», afirma la fiscal. Luego, tras presuntamente asegurarse de que Mari Carmen y el niño estaban muertos, «los decapitó».

Se tomó la molestia de envolver sus cuerpos separadamente en bolsas y en un saco de dormir, «arrojándolos junto con los restos de medicamentos, jeringuillas y objetos utilizados» -incluidos la bici del crío, un látigo, esposas y un cuchillo- a un pozo de dos metros de profundidad existente en la parcela. Luego lo cubrió todo con varias toneladas de piedras y tierra y reforzó la superficie con vigas de hierro y hormigón. Siguió con su vida como si nada hubiera pasado.

La fiscal relata cómo el único procesado por el doble crimen continuó dando clases particulares de Matemáticas y «con sus relaciones sentimentales, llegando a contraer matrimonio con posterior divorcio». Siempre aparentó ante familiares y amigos mantener contacto con Mari Carmen y Antonio.

Tanto es así que «contaba que lo veía en vacaciones y fines de semana en Madrid o en Córdoba, en donde decía que vivía, que tenía novia y que trabajaba con su madre en un negocio de joyería». Cuando alguien proponía a Ramallo conocer al chico, se excusaba «con motivos diversos».

Nunca denunció la desaparición de sus víctimas «para dar apariencia de que había sido por voluntad de Mari Carmen». El Ministerio Público señala que «contó desde el inicio» que ella «se había marchado a Madrid con otro hombre» y se había llevado al niño.

La maniobra de distracción no acabó ahí: escasos días después del crimen, llegó a remitir «una carta escrita a máquina y supuestamente firmada por María del Carmen a la Delegación de Turismo, solicitando la baja definitiva de su puesto de trabajo por haber cambiado de residencia». Ella nunca comentó nada semejante en su entorno laboral, «lo que ocasionó tal extrañeza entre sus jefes y compañeros que llegaron a denunciar en la comisaría de la Policía ese hecho».

El padre biológico de Mari Carmen y una tía de ella, con los que mantenía contacto de forma esporádica, también denunciaron la desaparición en una comisaría de Sevilla ante la imposibilidad de localizarla poco tiempo después del asesinato.

Las denuncias y las diligencias judiciales que se incoaron fueron archivadas en abril de 1994 «ante las explicaciones dadas por Genaro acerca de la voluntariedad del cambio de residencia de su pareja y de que seguía viendo a su hijo periódicamente en Madrid».

Pero lo que parecía el crimen perfecto mostró sus aristas 18 años después. En la primavera de 2011, los expertos en desapariciones del Grupo de Homicidios de la Policía Judicial de Sevilla reabrían el caso a dos años de su prescripción. Interrogaron a Ramallo, detectaron su nerviosismo y las sospechas derivaron en una investigación que acabó dando con aquel pozo infame de Huerta del Cura. Corría el mes de septiembre y Genaro puso pies en polvorosa.

A finales de ese mes fue detenido en la localidad francesa de Toulouse y extraditado a España. Ingresó en la cárcel de Huelva el 21 de octubre, adonde permanece desde entonces a la espera de que la Sección Tercera de la Audiencia de Huelva fije la fecha del juicio, aunque será un jurado popular quien lo juzgue.

La Fiscalía considera que Ramallo, como autor de dos delitos de asesinato con agravante de parentesco, debe pagar además de los 40 años de prisión, las costas que genere el juicio e indemnizar al padre de María del Carmen con 139.767,7 euros (más intereses) por la muerte de su hija y 41.412,4 euros (más intereses) por la de su nieto. En total, 181.180 euros en concepto de responsabilidad civil.


Arranca el juicio contra el presunto asesino del doble crimen de Huelva

El País

6 de octubre de 2014

Genaro Ramallo se enfrenta a 40 años por matar a su pareja y al hijo de ambos.

La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelve acoge desde este lunes el juicio contra Genaro Ramallo, de 55 años, acusado de la muerte hace más de dos décadas de su pareja, María del Carmen Espejo, y de su hijo pequeño, cuyos restos fueron hallados en 2011 en una finca ubicada en el municipio de Almonaster la Real (Huelva). El presunto asesino, que será juzgado por un tribunal profesional, se enfrenta a una pena de 40 años de cárcel.

Ramallo fue detenido poco después del hallazgo de los restos, en septiembre de 2011, en Toulouse (Francia). El titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva decretó entonces su prisión incondicional, comunicada y sin fianza.

El largo tiempo transcurrido desde los asesinatos ha imposibilitado la toma de huellas de los esqueletos; aún así, el abogado de la acusación particular, Luis Romero, ha señalado que «hay indicios suficientes y evidentes» para determinar que el acusado es culpable.

El por qué del crimen sigue siendo una incógnita. Ramallo, de origen boliviano, llevaba una vida aparentemente normal junto a su pareja y el hijo de ambos, Antonio, de 10 años. Él dirigía una academia de matemáticas y ella era funcionaria de la Junta de Andalucía.

En 1994, el padre y la tía de María del Carmen denunciaron su desaparición ante la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía. El presunto asesino no cursó denuncia alguna y, cuando se le preguntó, se limitó a decir que estaba seguro de que la mujer le había abandonado.

Casi dos décadas después, la Jefatura Superior de la Policía de Sevilla decidió revistar este caso pendiente, como ya ha hecho con otros similares. Tras indagar en la vida del boliviano, los agentes llegaron a la conclusión de que María del Carmen y su hijo habían sido asesinados, y que sus restos se encontraban en la Huerta del Cura, una finca de 35 áreas propiedad de Ramallo.

Allí, con la ayuda de Condor Georadar, una empresa madrileña especializada en rastreos, fueron localizados los esqueletos: enterrados a dos metros de profundidad, tapados con plásticos y lonas, y cubiertos por más de media tonelada de piedras.


La exmujer de Ramallo dice que él huyó a Bolivia el verano del crimen

Raquel Rendón – Huelvainformación.es

8 de octubre de 2014

La segunda sesión del juicio que se sigue contra Genaro Ramallo por el doble crimen de Almonaster la Real en la Audiencia Provincial de Huelva fue intensa y estuvo plagada de jugosos testimonios. El más llamativo fue el de J.L.D., quien fue pareja del acusado desde 1985 -de forma simultánea a la víctima, Carmen Espejo- y que llegó a estar casada con él entre 2005 y 2008, con una hija en común (L.R.D.) que hoy tiene 26 años.

La mujer conocía la relación que Ramallo mantenía con Carmen Espejo y que tenían un hijo, Antonio, el crío asesinado. Pese a todo, se quedó embarazada de él a finales de los 80. «Cuando le decía que se decidiera por una, él contestaba que Carmen era muy joven (iniciaron las relación cuando la víctima sólo tenía 14 años) y que estaba sola en Huelva, no tenía recursos, así que él tenía que cuidar de ella». Lo que omitió es que Espejo era ya funcionaria y trabajaba para la Delegación de Hacienda.

En su relación hubo un punto de inflexión. Aunque le costó concretar fechas durante la declaración de ayer, acabó acotando temporalmente uno de los episodios más reveladores de los narrados hasta ahora en sede judicial: una «tarde-noche» del verano de 1993 (los asesinatos acontecieron casi con toda probabilidad en el fin de semana del 20 y 21 de agosto de ese año) «él llegó a mi casa llorando y muy mal porque Carmen se había marchado con un hombre de dinero y se había llevado a su hijo».

A J.L.D. le llamó la atención la «desesperación» que mostraba, «con un sentimiento de pérdida que yo no entendí entonces pero sí ahora», teniendo en cuenta que «era lógico que ella se hubiera ido porque él estaba conmigo y que al niño lo podría ver cuando quisiera».

Sólo unos días después de que Ramallo se viniera abajo, aseguró su exmujer, él empezó a «arreglar cosas». Se deshizo de un local que tenía en la Plaza de Las Monjas y donde pensaba instalar su academia de Matemáticas y habilitó el piso donde convivía con Carmen -en la calle Sancho Panza de la barriada capitalina de Los Rosales- para que J.L.D. pudiera dar allí clases particulares.

Con todo atado, hizo las maletas y se marchó a Bolivia. No regresó a Huelva «hasta como mínimo seis meses después; recuerdo que fui a recogerlo con nuestra hija al aeropuerto de Faro, que en esos meses yo había perdido 30 kilos y que era invierno, después de Navidad, porque mi niña llevaba un juguete que le habían traído los Reyes Magos». La pareja se instaló en la casa de Carmen Espejo. Corría 1994.

Cada vez que J.L.D. le instaba a «arreglar lo de la hipoteca del piso, él siempre me decía que no había problema, que estaba todo hablado y que el piso era para Antoñito», el niño asesinado, al que Ramallo mantuvo vivo para todos hasta que se descubrió su cadáver en septiembre de 2011. «Yo estaba convencida de que iba a ver a su hijo a Madrid o a Córdoba, incluso nos traía regalos de su parte».

Calculó que en los años 1995 y 1996 la familia visitó en una decena de ocasiones la finca Huerta del Cura de Calabazares (Almonaster), donde se hallaron los cadáveres. «Mi hija era pequeña y hemos ido con amigos, con la hermana de Genaro, con mi prima… algunas veces nos quedamos en tiendas de campaña», explicó. No obstante, «dejamos de ir pronto porque era incómodo».

Había que aparcar a unos diez minutos y acceder a la parcela a pie a través de un camino lleno de pedruscos. «Recuerdo que había alcornoques, era un sitio muy bonito, con una construcción casi derruida que en la Sierra se llama monte, una alberca y el pozo». Aquí se detuvo la mujer con la respiración contenida para detallar que ya en aquellos años «estaba tapado con tierra y piedras», así como que Genaro colocó «una piedra grande encima y alrededor puso vigas para sentarnos y allí se encendía el fuego».

Este diario ha podido saber que en el sumario del caso consta incluso una foto de la familia comiendo tortilla alrededor del pozo, circunstancia que mantiene en tratamiento psiquiátrico a J.L.D. desde que en 2011 supo que allí mismo estaban sepultados los cuerpos.

La exmujer de Ramallo indicó que el procesado ni bebe ni fuma y que «sí era machista». El letrado de la acusación particular, Luis Romero, trató de dilucidar a través de su testimonio si Genaro podría haber asesinado presuntamente a las víctimas en una suerte de ofrenda a la diosa andina Pachamama, por aquello de la decapitación y desmembramiento de los cadáveres, a lo que J.L.D. contestó que «él es agnóstico, ateo, descreído» y que «nunca ha creído en las tradiciones bolivianas», las de su país.

La última pareja formal de Ramallo, C.M., quien también tiene un hijo con él (de once años) precisó que «llevaríamos juntos en 2011 unos 20 años». Así, manifestó que un mes antes de que la Policía retomara el caso «tuve una pelea monumental con él porque lo pillé hablando con una chica canaria», desmintiendo que fuera ésa la causa inmediata de su marcha de España, tal y como el acusado mantuvo el lunes en su declaración.

En el momento en que decidió dejar España a sabiendas de que los investigadores le pisaban los talones, Ramallo «vino y me dijo que se quería despedir del niño». Ella también conoció la finca de Almonaster, «pero sólo estuvimos dos meses con amigos y no nos quedamos a dormir; no era habitable».

Lo más trascendente de su aserción estuvo en el instante en que explicó que «a veces, sobre todo en navidades, me decía que iba a ver a su hijo Antonio; pero luego me di cuenta de que era una excusa para quedarse en Navidad conmigo y en Nochevieja con J.L.D.» Su buena relación con la exmujer y la hija de Genaro la llevaron a esta conclusión. Para más inri, acabó descubriendo que «el bolígrafo que le regaló a su hija diciéndole que era un regalo de su hermano Antonio lo había comprado yo».


Un crimen casi perfecto

María Carmona – Elmundo.es

12 de octubre de 2014

Cuando María del Carmen Espejo (Sevilla, 1967) y su hijo Antonio (Huelva, 1983) desaparecieron en agosto de 1993, no hubo nadie que los echase demasiado en falta. Sin relaciones familiares o de amistad especialmente estrechas, nadie acudió a las televisiones con sus fotografías ni hizo un llamamiento a los medios de comunicación sobre la necesidad de encontrarlos.

La aparente tranquilidad con la que los familiares de madre e hijo asumieron su desaparición se entiende en el seno de una familia desestructurada, pues María del Carmen era fruto de la relación extramatrimonial de un hombre casado y su madre, ya fallecida. Además, su entorno más cercano nunca había aceptado de buen grado su relación con Genaro, por lo que la comunicación era escasa.

A ello hay que sumarle la mente fría de quien, a ojos de todos, se encargó de mantenerla viva: Genaro Ramallo (Bolivia, 1959) su pareja y padre de su hijo. Un reputado profesor particular de Matemáticas con academia propia.

Hoy tiene 54 años y se encuentra en el banquillo de los acusados por, presuntamente, haber acabado con sus vidas.

Fue él, que enamoró a María del Carmen cuando ésta apenas tenía 14 años -él ya superaba la veintena-, quien se encargó de comunicar a todos la noticia: su mujer lo había abandonado y se había marchado con otro hombre, llevándose con ella a su hijo.

Ésa fue la versión que mantuvo durante casi veinte años, en los que incluso mandó cartas en nombre de su mujer, y llegó a inventarse comunicaciones con el niño, visitas ficticias en distintos puntos de España que luego relataba a sus conocidos, explicando que había pasado el día de Navidad con el pequeño Antonio, «que ya no estaba tan pequeño»; o ya de adolescente, que éste estaba en Córdoba trabajando, viviendo con una novieta a la que había dejado embarazada.

Mientras él inventaba estas historias, madre e hijo yacían muertos, metidos en bolsas de plástico, decapitados y sepultados bajo media tonelada de piedras en el pozo de una finca propiedad de Ramallo, en una aldea próxima a Almonaster la Real, en una zona inhóspita conocida como la Huerta del Cura.

Hallazgo 18 años después

Fue en este lugar, en un pozo de difícil acceso donde encontró sus restos la Policía 18 años después de su desaparición, ésa que Genaro Ramallo nunca llegó a denunciar. Sí lo hicieron, pasado el tiempo, el padre y la tía materna de María del Carmen al detectar lagunas en las explicaciones de Ramallo y asistir con extrañeza a la ruptura total de las comunicaciones con su sobrina.

Llamadas sin respuesta y cartas sin contestar hicieron que la tía primero, el padre después, denunciaran a la Policía la desaparición de madre e hijo. Pero los interrogatorios no dieron frutos y Ramallo siempre mantuvo su versión. Sin pruebas y sin cuerpos, el caso cayó en el olvido.

Picnics junto al pozo

El profesor de Matemáticas siguió con su vida. En la época de la desaparición de María del Carmen ya mantenía también una relación con otra mujer -Juani, que durante el juicio ha reconocido, horrorizada, que habían llegado a hacer picnics en familia junto al pozo en el que se encontraban los cadáveres- con la que tenía otra hija. Con ellas se fue a vivir tras asegurar que María del Carmen lo había dejado; o, más bien, a ellas invitó a instalarse en su casa -registrada también a nombre de María del Carmen- de la plaza Sancho Panza, en el barrio de Los Rosales, en Huelva capital.

El presunto asesino, para el que Fiscalía y acusación particular solicitan 40 años de prisión, mantuvo la mentira durante años, cada vez que su hija le preguntaba por su hermano, al que estaba muy interesada en conocer. Ramallo siempre encontraba una excusa, acudía solo a las supuestas visitas, y llegó incluso a traer regalos para la familia de parte de Antonio. La hermana, cuando creció, llegó a buscar al chico -cinco años mayor que ella- en las redes sociales. Ni rastro.

Llegaron nuevas mujeres, nuevos hijos y nuevos alumnos. El negocio de Genaro prosperaba, abrió una nueva academia en pleno centro de Huelva, y la suerte parecía sonreírle, con la historia de María del Carmen olvidada en el fondo de un cajón. Pero un día la Policía volvió a contactar con él.

La reapertura del caso

Corría el año 2011 cuando la Jefatura Superior de Policía de Sevilla decidía reabrir el caso, tras recibir órdenes desde Madrid para retomar casos relacionados con personas desaparecidas. Las investigaciones se centraron, desde un primer momento, en la finca de Almonaster, que según ha mantenido la Policía esta semana durante el juicio, habría sido adquirida por Ramallo con el único fin de tener un lugar en el que enterrar los cadáveres, al tratarse de un terreno de difícil acceso, sin interés comercial o lúdico. Ramallo cada vez se delataba más nervioso en los interrogatorios, la sangre fría demostrada hasta el momento parecía haber desaparecido, hasta el punto de que el profesor opta por huir.

Pero para entonces a la finca había llegado ya la empresa Condor Georadar -al frente de la cual se encuentra Luis Avial, que también posibilitó años después el hallazgo de los restos de Ruth y José-, que rastreó durante dos días el terreno y señaló hasta tres puntos posibles. En uno de ellos, concretamente en el pozo, ocultos bajo matorrales, plásticos y lonas, y sepultados por media tonelada de piedras, apareció lo que quedaba de María del Carmen y su hijo.

En el interior del pozo apareció la bicicleta del pequeño Antonio; en otra bolsa, jeringuillas y otros indicios de la utilización de tranquilizantes y somníferos; y por partes, los cuerpos decapitados y parcialmente descuartizados de madre e hijo. Separados en distintas bolsas -la cabeza de ella completa en una de ellas-, la Policía sospecha que el asesino primero los drogó con tranquilizantes y somníferos, y después podría haber practicado con ellos algún rito relacionado con las ofrendas a la diosa inca Pachamama.

18 años después, los análisis de estos restos demostraron que Antonio no había seguido montando en bici. María del Carmen no había dejado su trabajo de funcionaria en la Junta de Andalucía por aburrimiento, ni se había marchado a Madrid con otro hombre. Ambos habían fallecido largo tiempo atrás, esperaban en el fondo de un pozo a que el mundo lo descubriese.

Genaro Ramallo fue detenido el 30 de septiembre de 2011 en Toulouse, Francia, acusado del asesinato de la que fuese su pareja y de su propio hijo. Extraditado a España, se encuentra en prisión desde entonces, aunque mantiene su inocencia: él no los mató. Eso es lo que dijo tras ser detenido y lo que ha repetido en el banquillo de los acusados, desde donde sin embargo no ha explicado -tan sólo consintió responder a las preguntas de su defensa- por qué entonces se encargó de mantenerlos vivos para los demás.

Ramallo, modélico profesor

Fueron pocos los que en un inicio cuestionaron la versión de Genaro Ramallo -ésa según la cual su mujer lo había dejado llevándose a su hijo-, tal vez, por la visión que de él tenían todos los que lo conocían. A la largo de sus cerca de 30 años como profesor de Matemáticas y otras asignaturas de Ciencias, Ramallo ha acumulado alumnos que sólo tienen buenas palabras para con él -de hecho, su abogado defensor es antiguo alumno suyo-.

Son muchos los jóvenes -esos que rondan la misma edad que hoy por hoy tendría su hijo Antonio- que lo recuerdan como un profesor «excelente y, además divertido», capaz de conseguir que sus alumnos arrasasen en los exámenes. «Sé que es lo que siempre se dice, pero era un hombre absolutamente normal. En la vida te podías pensar que hubiese hecho una cosa así», relata una de las alumnas que asistió a sus clases antes de su detención.

«Te contaba sus historias con las mujeres, presumía de mujeriego, y era el típico profesor que te hace muchas bromas y con el que acabas cogiendo confianza. Pero ahora me da miedo pensar que a veces hasta me acercó a casa en coche», confiesa.


La Audiencia condena a Ramallo a 40 años de cárcel por doble asesinato

Raquel Rendón – Huelvainformacion.es

25 de octubre de 2014

La Sección Tercera le aplica la pena máxima y evidencia la agravante de parentesco. No podrá solicitar el tercer grado hasta 2031. Los registros, el ADN y los pinchazos telefónicos son válidos.

Que Genaro Ramallo no hubiera sido puesto en libertad a lo largo de esta semana, tras haber sido juzgado por el doble crimen de Almonaster, ya hacía barruntar que el fallo del tribunal sería condenatorio. En la mañana se ayer se confirmaron las sospechas: la Sección Tercera de la Audiencia de Huelva considera al profesor particular de Matemáticas autor de las muertes violentas de su pareja, Carmen Espejo, y el hijo de ambos, Antonio Ramallo, hace 21 años.

Fue el presidente del tribunal, José María Méndez Burguillo, el encargado de leer el acta de comunicación pública de la deliberación y el fallo, una suerte de avance de una sentencia que no estará disponible hasta el mes que viene. La Sala ha decidido por unanimidad, dijo, «que Genaro Ramallo es criminalmente responsable de dos delitos, hubo intención de matar y alevosía de asesinato», por lo que le impone una condena de 40 años de cárcel -20 por cada una de las víctimas-, la máxima legalmente prevista en el Código Penal de la época, más beneficioso para el reo que el actual.

La Audiencia no valora en este caso ninguna circunstancia eximente ni atenuante porque «no se han alegado ni hemos practicado ninguna prueba al respecto». Sí tiene en cuenta la agravante de parentesco, «pues no hay duda de que Carmen era su pareja y Antoñito, el hijo».

Durante los cuatro días que ha durado la deliberación los magistrados han evaluado las pruebas testificales, periciales y documentales que corroboran el contenido del sumario, pero también «la declaración del procesado y sus silencios», ya que Ramallo se limitó a responder a las preguntas de su abogado en el plenario, la única vez que se le ha escuchado la voz en más de tres años de procedimiento judicial.

El asesino de Carmen y Antonio habrá rendido cuentas con la Justicia en 2036, cuando complete el máximo de 25 años de reclusión que prevé la ley. El tribunal le canjea, además, el trienio que ya lleva privado de libertad como recluso preventivo.

Los magistrados han fijado un «periodo de seguridad» o límite mínimo en que los beneficios penitenciarios no podrán servirle para obtener el tercer grado: 20 años tendrá que permanecer entre rejas para optar al régimen de semilibertad. Eso no ocurrirá hasta 2031, cuando tenga 72 años.

En cuanto a la responsabilidad civil, el acusado tendrá que indemnizar al padre y abuelo de las víctimas, Manuel Bárcena, con más de 170.000 euros, al incrementar la Sala en un 40% el límite del baremo vigente en 2014 para los delitos imprudentes, «teniendo en cuenta que estamos ante delitos dolosos y con alevosías, viéndose aumentado y continuado en el tiempo el sufrimiento de los familiares de Carmen y su hijo durante los 18 años que tardaron en hallarse los cadáveres».

Genaro Ramallo deberá asumir, además, las costas procesales, incluidas las de la acusación particular, que ejerce el letrado Luis Romero. El propio jurista se mostró ayer «muy satisfecho» con el fallo judicial, especialmente con la indemnización que percibirá su cliente, unos 30.000 euros superior a la solicitada por la propia Fiscalía.


El Supremo eleva la pena de cárcel de Ramallo a 60 años pero sólo cumplirá 20

Huelvainformacion.es

30 de julio de 2015

Estima el recurso para que se le aplique el Código Penal vigente cuando asesinó a su pareja y su hijo, «más favorable para el reo».

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo elevó de 40 a 60 años la pena de prisión para Genaro Ramallo por el asesinato de su pareja María del Carmen Espejo y del hijo de ambos, Antonio Ramallo, de 10 años, en agosto de 1993 en una finca de Almonaster.

En la sentencia, el Tribunal estima el recurso de casación interpuesto por la defensa de Ramallo y casa y anula la de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva que lo condenaba a 40 años. Ramallo en su recurso reclama la aplicación de la normativa vigente en el momento en que sucedieron los hechos por ser más favorable que la aplicada en la sentencia de la Audiencia onubense.

Y es que la condena impuesta en instancia, que se acogía a lo dispuesto en el Código Penal vigente desde 1995, dos penas de prisión de 20 años, supondría el límite de 25 años como cumplimiento máximo de condena y, además, fijaba «período de seguridad o límite mínimo sin beneficios penitenciarios de salida de la cárcel», de modo que no podrá ser clasificado en tercer grado hasta la mitad de la pena impuesta.

Entiende el Supremo que la fecha en que sucedieron los hechos impide por mor del principio de legalidad aplicar el Código Penal de 1995 y entiende «más favorable para el reo» la aplicación del Código Penal en vigor en 1993, pues a pesar de que se le imponen dos penas de reclusión que sumadas llegan a los 60 años, el máximo de cumplimiento efectivo será de treinta años susceptible de ser reducido mediante la institución de la redención de penas por el trabajo, por lo que esa pena quedaría concretada, casi con toda seguridad, en un cumplimiento efectivo de 20 años.

De ahí que el Supremo anule la sentencia de la Audiencia y dicte una nueva en la que, conforme al Código Penal vigente en el momento de los hechos, se consideran los constitutivos de dos delitos de asesinato con concurrencia de alevosía y agravante de parentesco que justifica la imposición de la pena máxima de 30 años de reclusión mayor por cada uno de los dos delitos.

Ramallo fue detenido el 21 de septiembre del 2011 en los alrededores de Toulouse (Francia) y un mes más tarde el Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva decretó prisión incondicional, comunicada y sin fianza por el doble homicidio. El juicio se celebró a partir del 6 de octubre de 2014 y 20 días después se conocía una sentencia que coincidía con los argumentos de las acusaciones.

La defensa de Ramallo en su recurso de casación al Supremo también alegó otras cuestiones contra la sentencia como la vulneración del principio de la presunción de inocencia o al de la intimidad, que fueron desestimados por el alto tribunal.


TS desestima [el] incidente [de] nulidad sobre [la] sentencia [del] doble crimen [de] Huelva en 1993

Diariosur.es

17 de noviembre de 2015

El Tribunal Supremo ha desestimado el incidente de nulidad presentado por la defensa de Genaro Ramallo condenado por el asesinato de su pareja y del hijo de ambos, de 10 años, en agosto de 1993 en una finca de Almonaster (Huelva), contra la sentencia dictada por este tribunal en julio.

El Supremo, en un auto al que ha tenido acceso Efe, entiende que ninguna de las quejas expresadas en el incidente de nulidad «incorpora petición autónoma o novedosa alguna», sino que «son reiteración de las esgrimidas en casación, aunque revestidas de nuevas líneas argumentales o reforzamiento de las razones antes aducidas a la vista de la respuesta ofrecida por la sentencia».

En dicha sentencia, el Tribunal Supremo estimaba el recurso de casación interpuesto por esta parte y casaba y anulaba la de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva que lo condenaba a 40 años.

El alto tribunal elevaba la condena a 60 años al aplicarle la normativa vigente en el momento en que sucedieron los hechos, es decir el Código Penal en vigor en 1993, por ser «más favorable» que la aplicada en la sentencia de la Audiencia onubense.

A pesar de que se le imponen dos penas de reclusión que sumadas llegan a los 60 años, el máximo de cumplimiento efectivo será de treinta años susceptible de ser reducido mediante la institución de la redención de penas por el trabajo, por lo que esa pena quedaría concretada, casi con toda seguridad, en un cumplimiento efectivo de 20 años.

A pesar de haber accedido a su pretensión, entendía que la sentencia del Supremo vulneraba derechos fundamentales de su cliente al haberse desestimado otras cuestiones alegadas como la vulneración del principio de la presunción de inocencia o al de la intimidad, de ahí que se haya presentado incidente de nulidad.

El Supremo considera que las cuestiones planteadas en el incidente «se contestaron como se contestaron y no es ésta otra ocasión para abundar o introducir nuevos argumentos, o para dar réplica y desbaratar las argumentaciones del recurrente que deberá hacerlas valer a través de un amparo constitucional», de ahí que entienda que no hay lugar al mismo.

Ramallo fue detenido el 21 de septiembre del 2011 en los alrededores de Toulouse (Francia) y un mes más tarde el Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva decretó prisión incondicional, comunicada y sin fianza por el doble homicidio.

El juicio se celebró a partir del 6 de octubre de 2014 y apenas 20 días después se conocía una sentencia que coincidía con los argumentos de las acusaciones.

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