Gary Leon Ridgway

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Gary Ridgway

El Asesino de Río Verde

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Violador - Necrofilia
  • Número de víctimas: 49 - 71
  • Periodo de actividad: 1982 - 1998
  • Fecha de detención: 30 de noviembre de 2001
  • Fecha de nacimiento: 18 de febrero de 1949
  • Perfil de las víctimas: Wendy Lee Coffield (16) / Gisele Ann Lovvorn (19) / Debra Lynn Bonner (23) / Marcia Fay Chapman (31) / Opal Charmaine Mills (16) / Terry Rene Milligan (16) / Mary Bridget Meehan (18) / Debra Lorraine Estes (15) / Linda Jane Rule (16) / Denise Darcel Bush (23) / Shawnda Leea Summers (16) / Shirley Marie Sherrill (18) / Colleen Renee Brockman (15) / Alma Ann Smith (18) / Delores LaVerne Williams (17) / Gail Lynn Mathews (23) / Andrea M. Childers (19) / Sandra Kay Gabbert (17) / Kimi-Kai Pitsor (16) / Marie M. Malvar (18) / Carol Ann Christensen (21) / Martina Theresa Authorlee (18) / Cheryl Lee Wims (18) / Yvonne Shelly Antosh (19) / Carrie A. Rois (15) / Constance Elizabeth Naon (19) / Kelly Marie Ware (22) / Tina Marie Thompson (21) / April Dawn Buttram (16) / Debbie May Abernathy (26) / Tracy Ann Winston (19) / Maureen Sue Feeney (19) / Mary Sue Bello (25) / Pammy Avent (15) / Delise Louise Plager (22) / Kimberly L. Nelson (21) / Lisa Yates (19) / Mary Exzetta West (16) / Cindy Anne Smith (17) / Patricia Michelle Barczak (19) / Roberta Joseph Hayes (21) / Marta Reeves (36) / Patricia Yellowrobe (38) / Rebecca Marrero (20) / Mujer de raza blanca sin identificar (12-17) / Mujer de raza blanca sin identificar (17-19) / Mujer de raza negra sin identificar (18-27) / Mujer de raza blanca sin identificar (14-18)
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: Condado de King, Estados Unidos (Washington)
  • Estado: Condenado a 48 cadenas perpetuas consecutivas el 18 de diciembre de 2003
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Gary Ridgway

Última actualización: 1 de mayo de 2016

Gary Leon Ridgway es conocido como The Green River Killer (El Asesino de Green River). Nació el 18 de febrero de 1949 en Salt Lake City, Utah. Se le encontró culpable de asesinar a 48 mujeres aunque posteriormente confesó haber matado a 71. Es considerado uno de los asesinos en serie más prolíficos en la historia criminal de los Estados Unidos.

Biografía

Ridgway nació en Salt Lake City, capital del estado estadounidense de Utah el 18 de febrero de 1949, hijo de Mary Rita Steinman y de Thomas Newton; fue el segundo hijo, de un total de tres. Fue criado en McMicken Height, Washington. Se sabe que su madre era sumamente estricta y que mantenía bajo dominio férreo a los integrantes de la familia, especialmente a Gary.

Familiares recuerdan que su madre jamás demostró querer a Ridgway y que constantemente le gritaba a su esposo. Después de que Ridgway fuera detenido, varios familiares y amigos fueron interrogados. Lo describieron como una persona amistosa pero extraña. Mientras iba de casa en casa hablando sobre la Iglesia Pentecostal a la que asistía, paralelamente desarrollaba su obsesión por las prostitutas y anomalías en su comportamiento sexual.

Sus primeros dos matrimonios estuvieron plagados de infidelidades. Fue durante su adolescencia donde experimentó sus primeros impulsos violentos cuando estuvo a punto de asesinar a un niño de seis años a puñaladas aunque el menor sobrevivió al ataque. Ridgway confesó después que lo hizo porque en sus propias palabras, «quería saber lo que se siente matar a alguien».

Actitud

Ridgway es un hombre de apariencia humilde cuyo aberrante comportamiento sexual nace por su odio hacia las mujeres. Ese odio fue influido por su madre al ser quién maltrataba a los integrantes de su familia -especialmente a él y su padre. Después de ser arrestado por asesinato habló con seriedad acerca de las mujeres que había matado, hasta que le preguntaron los motivos, los cuales no fue capaz de dar.

Arresto

El 30 de noviembre de 2001 cuando se disponía a abandonar la ciudad de Renton, Washington, fue arrestado por la policía y acusado del asesinato de cuatro mujeres cuyos asesinatos se atribuían al asesino del Green River. Cuatro asesinatos fueron confirmados en su contra gracias a muestras de ADN y otras muertes gracias a la pintura que él usaba en su trabajo.

Ridgway ha contraído matrimonio tres veces y tiene un hijo. Utilizaba la fotografía de su hijo para atraer a las víctimas a quienes llevaba en su Pickup.

El 5 de noviembre de 2003, en un juicio conmovedor donde los familiares de las víctimas pudieron decir lo que pensaban del asesino, Ridgway fue condenado a 49 sentencias consecutivas de cadena perpetua sin derecho a acceder a la Libertad Condicional. Evitó la pena de muerte al confesar todos sus crímenes, incluyendo algunos que la policía no le había atribuido en sus investigaciones.


Un hombre se declara culpable de la muerte de 48 mujeres en EE.UU.

El País

5 de noviembre de 2003

Gary Leon Ridgway, de 54 años, tiene desde hoy el dudoso honor de ser considerado el mayor asesino en serie de la historia de EE.UU. Ridgway, conocido como el asesino de Green River, ha admitido hoy, ante un tribunal de Seattle, ser el autor de la muerte de 48 mujeres entre 1982 y 1998.

A cambio de su confesión, el tribunal lo condenará a cadena perpetua y no pasará al corredor de la muerte, gracias a un acuerdo alcanzado entre los fiscales y sus abogados.

Ridgway, que trabajaba como pintor de camiones, ha declarado ante el juez que «quería matar al mayor número posible de prostitutas», gremio al que pertenecían la mayoría de sus víctimas. De hecho, Ridgway, que ha leído en voz alta su confesión ante el juez y familiares de algunas de sus víctimas, ha declarado: «he matado a tantas mujeres que me resultaba difícil llevar la cuenta».

Los cadáveres de docenas de mujeres fueron encontrados en los barrancos, ríos aeropuertos y autopistas de la zona del Pacífico Norte, en las inmediaciones de Seattle desde 1982, cuando se localizó a la primera mujer en el Río Green, que dio nombre al homicida. Entonces se atribuyeron las muertes, un total de 49 oficialmente, al asesino de Green River. Durante años, los investigadores persiguieron si [sin] éxito al criminal, hasta que en 2001 unas pruebas de ADN condujeron hasta Ridgway, que fue acusado de siete de las muertes.

Pese a que los abogados defendían la inocencia de su cliente y pese al anuncio de que no habría tratos, este verano aparecieron los cuerpos de cuatro mujeres más, después de años sin noticias de ellas, lo que hizo pensar que Ridgway estaba colaborando con la justicia a cambio de un trato.


Gary Leon Ridgway – «Green River Killer»

Grotesqueandarabesque.blogspot.com

24 de enero de 2012

Cuando a finales de los 70 se detuvo al peligroso, célebre y carismático asesino serial Ted Bundy, se le condenó por 14 asesinatos en la ciudad de Seattle (aunque aseguró que había cometido muchos más). Bundy tuvo muchos seguidores y fans que pedían su liberación, algunos incluso una vez comprobados sus asesinatos.

A pesar de la fama de Bundy, había algo que a él mismo lo alteraba. La aparición de otro asesino en serie que rondaba sus dominios, poco después de ser capturado. Ted se sintió opacado, pues la cantidad de cadáveres que aparecieron en el río Green desconcertó tanto a la opinión pública, que «el buen Ted» dejó de ser primera plana.

En veinte años se habrían cometido la espeluznante suma de 47 asesinatos, todas las víctimas eran prostitutas y habían sido violadas y golpeadas hasta la muerte para, posteriormente, terminar parcialmente descuartizados (años después se sumarían 2 cuerpos más).

Si no hubiese sido porque la policía identificó un «modus operandi» distinto al de Bundy, de seguro se le habrían adjudicado también dichos crímenes… y lo más seguro es que Bundy los habría admitido, para acrecentar su fama como el asesino en serie más prolífico de la historia moderna de los Estados Unidos.

Parecerá extraño, pero un investigador que intentaba resolver el caso de las prostitutas asesinadas, se las ingenió para juntarse con Ted Bundy tras las rejas en varias ocasiones. Quería conocer el punto de vista del criminal más famoso de los Estados Unidos, para seguirle la pista al asesino del Río Green, en un juego similar al que vimos en «El Silencio de los Corderos» con Clarice y Lecter.

Lo único que pudo sacar en claro es que Bundy sentía celos del apodado «Green River Killer», pues lo superaba en la cantidad de cadáveres. Ted murió en la silla eléctrica en 1989 y el caso del «Asesino del Río Verde» quedó flotando en la nebulosa, sin siquiera sospechosos. Pero después de casi 20 años aparecería el culpable de los asesinatos que dejaron en jaque por tanto tiempo a la policía de Seattle.

Gary Leon Ridgway (54 años y sólo 1,55 mt. de estatura) fue arrestado el año 2001, luego de que fuese identificado por muestras de saliva y semen, encontrados en los cuerpos semidesnudos y maltrechos del Río Green 20 años antes. Ridgway había sido interrogado, pero siempre se mostró sereno y nunca perdió los estribos, hasta que fue detenido y culpado de 49 asesinatos.

Del pasado de Ridgway sólo se sabe que fue criado bajo el cristianismo, y que eso lo marcaría de por vida. Asistía a la iglesia todos los domingos y rezaba antes de cada comida o cena, también golpeaba puertas para hablarle a la gente sobre Dios y lloraba cada vez que veía el canal religioso, leía la Biblia o asistía a misa. Pero también era un asiduo bebedor y fanático de las orgías, además de acostarse con cuanta prostituta se le cruzara. De hecho se había contagiado con más de 12 enfermedades venéreas.

Ridgway se acercaba a las prostitutas para tener sexo. Las convencía de que lo acompañaran y cuando se disponían a tener relaciones (o una vez acabadas éstas) se les colgaba del cuello y las desnucaba o asfixiaba con una fuerte llave de brazo. Luego las lanzaba al Río Green o las disponía en los alrededores, dejando piedras y barro dentro de la vagina de sus víctimas. Una forma de «marcar territorio» y «evitar» que alguien más los penetrara, demostrando que eran para su uso exclusivo.

Como buen necrófilo, solía volver a la escena, días después, para volver a abusar de los cuerpos. Le gustaba repartir los cadáveres por sectores, a los cuales él llamaba «racimos», que no eran más que grupos de cadáveres que repartía por distintos lugares, para no ser descubierto y visitarlos de vez en cuando, satisfaciendo su ego al saber que actuaba con impunidad.

La motivación de sus crímenes era tan simple que espantó al jurado por su frialdad «mataba prostitutas porque nadie pregunta por ellas, no tienen familia y es más fácil subirlas al auto» Pero si tenían familia… y en el juicio se hicieron oír. Uno a uno, se les permitió a los familiares de las víctimas, expresar sus sentimientos al hombre que por tanto tiempo había eludido la justicia. La mayoría fueron insultos; pero uno de los hombres le habló de perdón… y de Dios.

Ridgway, quien ni siquiera se había inmutado con los insultos, explotó en llanto en cuanto le mencionaron a Dios. Pidió perdón amargamente a los familiares con pañuelo en mano y lágrimas en los ojos. Las familias se conmovieron, no por las palabras de perdón, sino porque comprendieron que frente a ellas estaba un hombre realmente enfermo.

En posteriores entrevistas, Ridgway se muestra como el monstruo que es, jactándose de sus crímenes, definiéndose como «el mejor asesino en serie de los EE.UU.» y mostrando una frialdad escalofriante al narrar los hechos.

Fue condenado a cadena perpetua, sin embargo algunos de los asesinatos los cometió en Oregon, en donde existe la pena de muerte y por las cuales podría ser condenado a la máxima pena.

Fue inevitable la comparación entre Bundy y Ridgway; pero Bundy salió «mejor parado», ya que sus asesinatos, si bien fueron menos, requerían más astucia. Cualquiera puede hacer subir a una prostituta a un auto, pero no a una universitaria que no se conoce.

Otro de los puntos que «favorece» a Bundy es su carisma. Hasta el juez que lo condenó a muerte lo elogió por su inteligencia y lamentó que terminara su vida de esa forma. Ridgway no simpatizó en ningún sentido; pero es, sin duda alguna, uno de los peores asesinos en serie de la historia, y uno de los más hábiles a la hora de eludir a la policía.


Gary Ridgway – El Asesino de Río Verde

Asesino-en-serie.com

22 de agosto de 2012

Gary Ridgway tenía como plan el asesinar a todas las mujeres posibles que él considerase prostitutas. Durante casi 20 años burló a la Policía y consiguió matar 49 mujeres, hasta que finalmente fue incriminado gracias a una prueba de ADN.

Primeros años

Gary Ridgway nació un 18 de febrero de 1949 en la ciudad de Salt Lake, Utah. Sus padres fueron María Rita Steinman y Thomas Newton Ridgway, mientras que Gregory León y Edward Thomas fueron sus hermanos.

Como muchos asesinos seriales, Gary se orinaba de niño. Esta costumbre la tuvo hasta los trece años y su madre, que solía menospreciarlo y avergonzarlo en público, lo bañaba inmediatamente cada vez que Gary se orinaba. Otra característica típica de los asesinos seriales la vemos en la crueldad hacia los animales, tendencia ésta que de niño llevó a Gary a sofocar a un gato por el puro placer de verlo sufrir.

Sin embargo, en relación a sus tendencias asesinas, el punto que más relevancia tuvo dentro de sus primeros años fue el insano vínculo que Gary tenía con su madre, hacia la cual guardaba sentimientos de ira pero también de atracción sexual.

Fue su madre quien en parte lo acostumbró a la violencia, ya que era una mujer dominante y temperamental que le gritaba a su esposo y que hasta llegó a romperle un plato en la cabeza delante de Gary; y fue, igualmente ella, quien desató problemas sexuales en Gary al tener un comportamiento incoherente que por un lado la hacía ser una mujer religiosa mientras que, por otro, la impulsaba a vestirse de forma muy provocativa, semejante a la de las prostitutas por las que después Gary, al igual que con su madre, experimentaría atracción sexual y a la vez ira y desprecio.

Por otra parte la vida académica de Gary no fue muy buena, pues su rendimiento siempre fue pobre y tuvo que repetir un año dos veces. Fundamentalmente aquella situación se debía a su dislexia y a su coeficiente intelectual de 82 (lo normal es 100).

En cuanto a su forma de ser en aquel entonces, algunos de sus ex-compañeros de colegio lo describieron como alguien agradable pero fácil de olvidar. Sorprende así que, a sus 16 años, Gary haya cometido algo tan atroz como llevarse a un niño de seis años al bosque para apuñalarlo en las costillas y luego, según contó años más tarde la víctima, alejarse riendo tras decir: «Siempre me he preguntado cómo sería matar a alguien».

Las mujeres en la vida de Gary

Después de graduarse de la escuela secundaria, Gary entró a la Marina y se casó con quien fue su novia de colegio: Claudia Barrows. Fue en ese entonces, durante su periodo de servicio en las Fuerzas Armadas, cuando Gary empezó a pasar mucho tiempo con prostitutas y adquirió gonorrea y verrugas genitales por no usar preservativo en las relaciones.

Como suele darse en las mentes criminales, Gary no se vio a sí mismo como el responsable y creyó que las prostitutas tenían la culpa, incrementando así el desprecio que ya tenía por ellas debido al odio que su padre les tenía y al hecho de que su madre se vestía como una de ellas.

También fue en ese mismo periodo cuando Gary fue enviado a Vietnam y, ante su ausencia, su joven esposa de 19 años no soportó la soledad y empezó a salir con otros hombres, causando con esto que el matrimonio terminara en menos de dos años.

Durante su segundo matrimonio Ridgway, pese a la gonorrea que había contraído antes, siguió frecuentando a las prostitutas. Es en este punto donde sale a relucir el papel clave de las conductas aprendidas pues, incoherentemente al igual que su madre, Ridgway acompañaba una conducta lasciva (frecuentación de prostitutas) con un gran fervor religioso, puesto que en ésta etapa de su vida él se volvió un fanático miembro de la Iglesia Pentecostal: lloraba después de los sermones en la iglesia, insistía constantemente a su esposa Marcía el seguimiento puntual de los preceptos que el pastor pregonaba, leía la Biblia en voz alta en casa y en el trabajo y hasta tocaba las puertas de extraños para convertirlos a la fe.

Cuenta Marcia que la madre de Ridgway era la típica suegra intervencionista, sobreprotectora e idealizadora de su hijo: intentaba controlar los gastos y tomar decisiones de qué comprar y qué no, elegía la ropa para Gary y la acusaba de no cuidar bien al pequeño Mathew, hijo de ella y Gary.

Sexualmente, según reveló Marcia (y las otras esposas que tuvo Gary), Ridgway se mostraba como un ser insaciable que le pedía sexo varias veces (hasta unas seis) al día y que en ciertas ocasiones deseaba tener sexo en lugares públicos (cine, parques, etc.).

Al igual que pasó con Claudia, los celos de Ridgway terminaron poniendo de su parte en el divorcio. Así, tras una cirugía que a fines de los años 70 Marta se hizo por problemas de sobrepeso, ella empezó a ponerse delgada y a transformarse en una mujer atractiva que captaba las miradas de los hombres y, con esto, hacía sentir celos a su inseguro marido, quien cada vez se mostraba más conflictivo hasta el punto de que casi la ahorca en una pelea.

Tras su divorcio, Ridgway comenzó a salir con varias mujeres que conoció gracias a Parents Without Partners. En medio de esas citas fue que encontró a Judith Mawson en 1985. Judith lo vio como un hombre con estabilidad laboral (Gary llevaba 15 años pintando camiones), como alguien amable, responsable y estructurado. Ella encontraría en él la pareja perfecta, él la amaría y ambos estarían juntos hasta que el lado oscuro de Ridgway se hiciese público y sus crímenes lo pusiesen en la prisión.

En efecto, antes de casarse Ridgway se tomó la molestia de remodelar la casa, incluyendo una nueva alfombra. Judith, más tradicionalista que Marcia, no se molestó sino que quedó encantada con la madre de Gary. No la veía como una suegra metiche o como un estorbo sino como una suegra preocupada que quería ayudar y, en algunos casos, aconsejar.

Por todo esto las cosas marcharon bien por años, ya que Gary fue muy hábil a la hora de no levantar sospecha alguna en Judith sobre su sangriento hobby.

El perfil del asesino

En líneas generales, el método de Gary consistía en contratar a una prostituta, subirla al carro, mostrarle la foto de su hijo para que la prostituta crea que estaba ante una persona buena e incapaz de matar, tener sexo con la prostituta y luego matarla con estrangulamiento.

Generalmente mataba a las víctimas en su casa, pero a veces también en el carro o incluso en un lugar apartado como el bosque: si las mataba en casa, tenía sexo con ellas en casa; si las mataba en el carro, tenía sexo con ellas en el carro y, si las mataba en el bosque o en algún otro lugar, era que la chica había aceptado tener sexo en el bosque o el lugar elegido por Gary.

Matando en casa

Gary mató a muchas de sus víctimas en su propia casa. Según dijo, una de sus estratagemas era llevar a la prostituta contratada al cuarto de su hijo Mathew, antes de lo cual ya le había mostrado la imagen de aquel para dar la impresión de ser un hombre tierno y nada peligroso. Entonces, en palabras del propio asesino, al ver el cuarto del hijo la prostituta se diría: «Hey, este chico tiene un hijo. Él no va a lastimar a nadie. Su nombre está escrito en la puerta, el cuarto está vacío y tiene su litera allí, con los juguetes en el suelo».

Según se supo por informantes y por el propio Ridgway, él usualmente negociaba con la chica el llamado «mitad y mitad», cosa que en realidad consistía en sexo oral seguido de penetración. Así mismo Ridgway deseaba que la chica estuviera con tan poca ropa como le fuera posible (que no se deje medias ni nada) y siempre le solicitaba usar el baño antes de iniciar el intercambio sexual pues, en su retorcida mente, sabía por experiencia que las víctimas por estrangulación tienden a manifestar episodios de incontinencia: «Yo no quería que se cagaran en la cama, esa era la principal razón», dijo Gary a un policía.

Previamente al acto sexual, Gary le decía a la chica que él solo podía llegar al orgasmo si la penetraba por detrás (no necesariamente de forma anal), si ella le daba la espalda. Entonces la chica se ponía en la postura del perrito y él se ponía atrás de ella y comenzaba hasta llegar al clímax, tras lo cual la chica levantaba la cabeza y entonces, generalmente en este momento, él procedía a estrangularla.

A veces, y esto no solo lo hizo cuando mató en su casa, Ridgway empleaba una salida ingeniosa ante las chicas que se ponían difíciles en la etapa del forcejeo, etapa que siempre venía cuando él iniciaba el intento por ahorcarlas pues, a diferencia del gigantesco Edmund Kemper, Ridgway no era ningún portento de fuerza física.

A saber, lo que Ridgway hacía era decirle a la chica, en medio del forcejeo, que si ella dejaba de pelear él le perdonaría la vida y la dejaría ir. Muchas ingenuas aceptaron y murieron con más rapidez, pues Ridgway dijo que se volvían más fáciles de matar cuando dejaban de forcejear.

Resulta penoso, en medio de este tipo de situaciones, el que algunas víctimas, según contó el asesino, intuían que él las iba a matar y, sintiéndose indefensas, le rogaban para que no las matase a través de frases como: «¡no me mates!», «soy muy joven para morir», «tengo una familia a la cual cuido», «tengo una hija en casa» o «yo no quiero morir», entre otras.

Sin embargo Gary nunca tenía piedad y las estrangulaba, método que elegía siempre debido a que era más «personal» y «gratificante» que disparar o algún otro, además que no valía la pena experimentar pues, en sus propias palabras: «Ahorcar era lo que hacía, y era bastante bueno en eso».

Un asesino precavido

Para empezar, Ridgway casi nunca les pagaba a las chicas antes de que se trepasen a su camión. Además, muchas veces les exigía a las prostitutas que, a modo de garantía, le mostrasen su vagina o sus pechos, cosa ésta que hacía porque estaba convencido de que las policías encubiertas [1] no iban a aceptar tal solicitud. Entonces, y solo cuando se aseguraba de que todo estaba bien, Gary continuaba con las siguientes etapas previas al asesinato.

Una vez cometido el asesinato, Ridgway tomaba el cadáver de su víctima y, generalmente de noche, conducía en su camión hasta llegar a lugares apartados. Allí, rápidamente sacaba el cadáver y lo ponía fuera de la carretera, después se trepaba al camión y lo aparcaba lo suficientemente lejos como para que, si se aproximaba algún policía, el cadáver no fuera descubierto.

Posteriormente miraba que nadie lo estuviese viendo y caminaba a través de los bosques que rodeaban la carretera (y no a través de la carretera) hasta donde previamente había dejado el cadáver. Una vez en ese punto, miraba nuevamente que nadie lo viera, tomaba el cadáver, se metía con el cadáver en el bosque y lo depositaba lejos de la carretera.

Particular importancia tenía la disposición geográfica que los cadáveres debían guardar a fin de disminuir la probabilidad de caer en manos de la Policía; en relación a esto Gary dijo lo siguiente cuando estaba en el juicio: «Otra parte de mi plan fue el lugar donde coloqué los cuerpos. Les quité la ropa y objetos personales para no dejar evidencia de quiénes eran y así resultaría más difícil su identificación. Puse la mayor parte de los cuerpos en grupos, como si fueran “racimos”. Hice esto porque deseé no perder de vista a todas las mujeres que maté. Tuve el gusto de hacer un gran racimo alrededor del condado. Utilicé generalmente una señal para recordar a un “racimo” (grupo de mujeres). Mi intención fue crear racimos nuevos para no volver a los anteriores y ser pillado».

En cuanto al cadáver, Ridgway sabía que a veces podía ser solo un cadáver aparente y que la víctima podía estar todavía viva, por lo cual en muchos casos ataba las piernas de la víctima con ligaduras y vigilaba desde su espejo retrovisor por si se presentaba signo alguno de movimiento en el cuerpo de la víctima.

Si de algo se cuidaba mucho Gary era de dejar evidencias. «Bueno. En cierta forma yo me sentía un tanto orgulloso de no ser descubierto haciendo… cosas como remover las ropas. No dejar nada… ninguna huella digital, usar guantes… No presumir acerca de eso. No hablar de eso», dijo el asesino luego de su detención.

Incluso era tal su prudencia que, cuando la víctima lo había rasguñado en medio del forcejeo, Gary le cortaba las uñas antes de ir a dejar su cuerpo al bosque, de modo que, si la Policía encontraba el cadáver, no pudiese hallar restos de su piel. Otras veces colocaba evidencias falsas como colas de cigarrillos o goma de mascar, siendo que él nunca fumó ni fue adepto a los chicles.

El ejemplo perfecto de estas estrategias encaminadas a sembrar la confusión fue cuando Gary tomó la licencia de conducir de una víctima y la dejo en el Sea-Tac Airport para dar la idea de que la víctima se había ido de la localidad.

Gary el necrófilo

Al comienzo Gary negaba ser necrófilo, aunque posteriormente fue admitiendo su tendencia de forma gradual. Primero confesó que solía eyacular inmediatamente después de acabar con la víctima mediante el estrangulamiento, luego admitió que muchas veces había regresado para tener sexo con el cadáver. Inclusive contó que, en unos pocos casos, los cadáveres con los que fornicó habían empezado a agusanarse.

Tan fuerte era a veces su deseo necrófilo que, cierta vez, Gary estaba con su hijo en el camión cuando, aprovechando que su hijo dormía y que pasaban cerca de donde él había dejado un cuerpo recientemente, Gary estacionó el camión, se adentró en el bosque unos treinta pies y fornicó con el cadáver de la víctima.

Tener sexo con chicas muertas era genial para Gary porque, según le confesó a un psiquiatra, representaba «sexo gratis». Y es que, si bien Gary recuperaba el dinero que pagaba a las prostitutas una vez que las mataba, cuando estaban muertas él podía usarlas cuantas veces quisiera sin que se le intente cobrar un solo dólar.

Era así más fácil volver y hacerlo con una muerta que tener que invertir energía, gas, tiempo y esfuerzo en una nueva víctima. No obstante las muertas, aparte del corto tiempo de utilidad que tenían debido a
la descomposición, presentaban el inconveniente de no ser muy estimulantes, razón por la cual Gary, pese a su apetito sexual insaciable, a veces tenía tantos problemas de desempeño que, viendo que no podía lograr la erección, abandonaba el cadáver y se iba frustrado.

Por último, indagando un poco en lo que ocasionaba esta tendencia necrófila de Gary tenemos que, según se supo, el padre de Gary trabajaba en una funeraria y, siendo Gary un niño, éste le había hablado a Gary sobre los actos sexuales que otro miembro del personal de la funeraria había efectuado con cadáveres.

De ese modo y en una personalidad obsesiva como era la de Gary, la llegada temprana de aquel impactante dato empezó a cobrar fuerza en su mente hasta desembocar en fantasías que, apenas tuvo la oportunidad, Gary convirtió en hechos.

Gary, el exterminador de prostitutas

Lo que sucedía con Gary estaba claro: el odiaba y despreciaba a las prostitutas y a las mujeres en general, por lo cual, junto al hecho de que matar prostitutas resultaba más fácil que matar cualquier otro tipo de mujeres, Gary se propuso exterminar cuantas pudiese sin ser descubierto. Veamos entonces, a través de las palabras del propio Gary Ridgway, estos y otros aspectos relativos a su naturaleza y su proyecto criminal:

Odio a las prostitutas, misoginia y cosificación de la mujer:

«A todas esas mujeres las maté porque quería y eso era odio, yo las odiaba».

«Odio a las prostitutas y no quería pagar por tener sexo con ellas».

«No era nada para mí. La cogía, la mataba y me deshacía de ella».

«Ella es basura, por eso la cubría con basura».

«Para mí las mujeres son algo para tener sexo, matar y tomar de vuelta el dinero».

La elección de las víctimas, el plan y su realización:

«Elegí a las prostitutas porque creí que podría matar cuantas quisiera sin ser atrapado».

«Pocas de ellas se reportarían como desaparecidas».

«El plan era: quería asesinar a tantas mujeres que yo consideraba prostitutas como pudiera».

«He asesinado tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas».

El deseo de control y poder:

«La controlaba cuando la mataba y la controlaba hasta que la descubrieran. La controlaba mientras la tenía en mi posesión».

«Ustedes no las pueden controlar, yo sí pude controlarlas».

En el fondo: ¿por qué mataba?

Al igual que en muchos otros asesinos seriales, en Gary Ridgway vemos que el vínculo con los progenitores, y particularmente con la madre, adquiere una preponderancia especial en el nacimiento de su impulso asesino.

Dicen por ello los autores del ensayo académico Metáfora paterna e incidencia del deseo materno en el acto mortífero del asesino serial que: «Lo ocurrido con el asesino serial es un goce inconsciente que este dirige a la destrucción del padre cuando este lo sigue viendo como un rival o a hacia la madre cuando éste sabe que no puede acceder a ella de forma real, pero que lo puede hacer de manera simbólica solo que con la frustración puesta en la destrucción, y esto lo lleva a transferir ese deseo hacia otros objetos que le representan a la madre como tal, es por eso que los asesinos seriales se repiten en el mismo patrón de conducta y de personas en cuanto al acto como tal, es decir, que estos con frecuencia matan mujeres que de una forma u otra le representan a la madre o al vínculo con ella (…)»

Aclarado lo anterior, tenemos en primera instancia al Gary niño que sufre la presencia de una figura materna que:

1.- Se presenta como dominante, temperamental y poco afectuosa, como una madre que lo humilla en público, que lo critica y castiga con constancia y que manifiesta tener una imagen pésima de su hijo. Esto habría de originar problemas de autoestima en Ridgway, un sentimiento de humillación y un acumulamiento de ira y rencor que finalmente se plasmarían en las fantasías homicidas que Ridgway aceptó tener en relación a su madre.

2.- Le ocasionó trastornos sexuales en tanto que se vestía frecuentemente de forma demasiado provocativa e incluso, según algunos especialistas, es muy probable que lo haya «asaltado sexualmente» (tocándolo, sin llegar al incesto). Aquello, unido al fervor religioso que a su vez manifestaba la madre de Gary, habría de causar que por una parte Gary tenga fantasías sexuales con su madre (esto sí lo confesó) y que por otra tenga conflictos internos al ser, al menos durante cierto periodo de su vida, un fanático religioso y a la vez un asiduo cliente de la prostitución.

Expuesto lo anterior cabe señalar que, frecuentemente, Gary manifestó el enojo que tenía hacia su madre llamándola «puta». Y es que, y en este punto es importante el rol paterno, el padre de Gary manifestaba un profundo desprecio por las prostitutas. Así, y en parte como forma simbólica de vengarse de las humillaciones que su madre le infligía y a su vez como válvula de escape a través de la cual plasmar en cierto grado el deseo sexual hacia su madre [2], «puta» se convierte en la expresión de la asociación que, en la mente de Gary, se dio entre la imagen de la prostituta y la imagen de su propia madre que se vestía como una de ellas.

Después, el odio hacia las prostitutas ocasionado por la asociación de éstas con su madre, habría de verse grandemente incrementado cuando, en los inicios de su vida adulta, Gary contrajo gonorrea y verrugas genitales. Entonces y a partir de ese momento, las prostitutas ya no solo le despertarían antipatía por cobrarle sus servicios (él dijo que odiaba pagar por sexo) sino también por haberle (para él ellas tenían la culpa) hecho contraer gonorrea y verrugas genitales.

Por último, se ha planteado la teoría de que Gary tenía una misoginia fundamentalmente originada como plasmación de la rabia inherente a la frustración sexual que tenía guardada como consecuencia de no haber logrado un verdadero vínculo de intimidad sexual-emocional con la mujer antes de la llegada de Judith [3].

De ese modo y debido a que las prostitutas no solo que son mujeres sino que le manifiestan a Gary su impotencia para conseguir sexo fácilmente sin tener que pagar y por tanto representan en cierta forma la impotencia general de Gary frente a la mujer, éstas devienen en blancos ideales sobre los cuales el puede proyectar su misógino enojo.

Por todo lo anterior, Gary conseguía lo siguiente con sus crímenes:

1.- Teniendo sexo con la prostituta antes del asesinato, Gary complacía simbólicamente las fantasías sexuales que tenía con su madre.

2.- Matando a la prostituta, él mataba simbólicamente a la «puta» que para él era su madre y, además, se vengaba directamente de las prostitutas y simbólicamente de las mujeres en general.

3.- Al tener sexo con los cadáveres, no solo satisfacía su deseo necrófilo sino que disminuía su sentimiento de impotencia y frustración, ya que no tenía que pagarle a la chica y lo podía hacer numerosas veces sin pagar, tal y como haría el hombre hábil con las mujeres que Gary nunca fue.

4.- Mediante el sentimiento de control y poder que le ocasionaba matar, enterrar a las muertas y tratar sus cadáveres como objetos que le pertenecían, Gary lograba contrarrestar el sentimiento de humillación que le había causado su madre e invertir la situación la condición de controlado que tenía ante ésta de niño y que, hasta cierto punto, siguió teniendo de adulto (recuérdese que su madre era una suegra muy entrometida). Pero esto solo en primer término o principalmente, pues en segundo término se sentía poderoso ante la mujer en general y, en última instancia, se deleitaba con la sensación generalizada de poder que casi todo asesino siente cuando mata.

Gary Ridgway, ¿un actor nato?

Se ha dicho que Gary era tan implacable que, a pesar de que sus víctimas le rogaron piedad muchas veces, Gary no desistió en el propósito de liquidarlas. Sin embargo poco se conocen estas palabras del asesino: «Yo lloré, sí lo hice, y esa era la parte buena de mí. Yo lloré, pero aún así las maté y no me importaron en absoluto».

Se ve en tales palabras a un asesino que, aunque implacable, no era de hielo y tenía por lo menos un mínimo de empatía, tal y como reflejan confesiones suyas en las que cuenta que una vez vio de frente a una víctima de 16 años, jadeando con tal desesperación que, desde ese día, Gary empezó a ahorcar a sus víctimas por atrás porque «no quería imágenes como esas» en su memoria. «Ella me está mirando y… y… tratando de hacer que me detenga. ¡Por favor, por favor no! Pero yo todavía sigo estrangulándola. Yo no podía dejarla ir», dijo Gary recordando aquel día.

No obstante, en opinión del autor de The Riverman: Ted Bundy and I Hunt for the Green River Killer: «Él asesinó a sus víctimas deliberadamente, metódicamente, sistemáticamente. Él estaba libre de cualquier preocupación moral. En cinco meses de entrevistas con investigadores y psicólogos forenses, él no mostró empatía por sus víctimas ni expresó genuino remordimiento. Él mató porque quería. Él mató porque podía».

Semejante es la opinión de Mark Prothero en su libro Defending Gary: Unraveling the Mind of the Green River Killer, quien agrega a lo anterior la teoría de que Gary tenía una enorme capacidad para sentir cualquier emoción idónea para adaptarse a las exigencias del contexto en que estuviese:

«Pero luego recordé que la fortaleza de Gary ha sido siempre su adaptabilidad, su capacidad para ser lo que sea que la gente espere de él. A pesar de su pobre educación, a pesar de su inteligencia por debajo del promedio, Gary fue, creo yo, el más fino Actor del Método [4] que haya vivido. No era algo consciente tanto como era algo instintivo. Él podía llorar donde sea que quisiera y dejarlo de hacer abruptamente. Si tú querías remordimiento, él podía hacerlo. Si tú lo querías loco, triste, estúpido, inteligente, avergonzado, presuntuoso, pecaminoso o religioso, él podía hacer todo eso, y tú serías convencido. Yo he visto todos esos estados, en otros, durante todos los años desde la noche en que lo vi por primera vez, y especialmente durante nuestro tiempo en el bunker. Él era, como alguna vez observó el Dr. O’Toole, un camaleón, siempre armonizándose, siempre dándote lo que esperabas, siempre listo para complaces [complacer]. Y ese era, de hecho, su rasgo más mortal».

Se ve así que, en la opinión de expertos, Gary era simplemente un actor nato; pero entonces, si solo actuaba: ¿por qué tenía miedo de mirar los ojos de sus víctimas? Parece lo más lógico el suponer que en general Gary era una especie de actor nato -que no fingía las emociones, sino que las creaba para adaptarse a la situación-, sin embargo y al tener en cuenta que no mentía (esto se sabe por ciertos métodos) cuando decía que evitaba mirar los ojos de sus víctimas al estrangularlas, surge la pregunta de hasta qué punto era Gary Ridgway un actor nato.

El Asesino de Río Verde

A mediados de julio de 1982 fue encontrado, flotando en las aguas del Río Verde del condado de King en el estado de Washington, el primer cuerpo de todos los que vendrían. La víctima, Wendy Lee Coffield, era una adolescente de 16 años que había sido estrangulada con sus propias bragas y tirada al río como si de una funda de basura se tratase.

De momento no existían evidencias suficientes para seguir las investigaciones y el misterioso autor del delito fue apodado como el Asesino de Río Verde. Y es que, para aquel entonces, los miembros del Departamento de Policía del condado de King no imaginaban que Wendy Lee Coffield representaría apenas el inicio de una larga pesadilla cuyas víctimas caerían en su mayoría durante 1982 y 1984.

Casi todas las víctimas eran prostitutas y tenían entre 15 y 31 años, la mayoría de ellas aparecían desnudas y a veces tenían las uñas cortadas. Muchos cadáveres tenían signos de abuso sexual y frecuentemente había chicles, mapas de carreteras, restos de comida o colillas de cigarrillos en la escena del crimen.

Fue ante este escenario que la Fuerza de Tareas de Río Verde se formó para investigar los asesinatos y así fue creciendo la lista de posibles sospechosos. No era un caso fácil para la década de los 80, década en que las computadoras sofisticadas y el sistema de rastreo de ADN aún no existían, por lo que había que juntar y asociar pistas a la vieja usanza.

El asesino serial Ted Bundy se ofrece para ayudar

En octubre de 1983 Ted Bundy, que estaba en el corredor de la muerte (sección de la prisión para los condenados a muerte), se ofreció a colaborar con las investigaciones debido a que, igual que el Asesino de Río Verde, él había sido un asesino en serie de mujeres y podía ayudar a los detectives a indagar en la mente del Asesino de Río Verde y a predecir sus movimientos y descifrar posibles estrategias.

Entre otras cosas, Ted dijo que el asesino probablemente conocía a algunas de sus víctimas y que probablemente más víctimas debían de haber sido enterradas en las áreas o cerca de las áreas donde se habían encontrado los cadáveres. Bundy también dio mucha importancia a las diferentes áreas de los cadáveres encontrados; pues, para él, el conjunto de las áreas sugería que cada grupo o lugar se había establecido cerca de la casa del asesino.

Los detectives encontraron la información suministrada por Ted Bundy como interesante, pero sin importancia práctica relevante para dar con el asesino.

Descartando sospechosos

En 1987, la dirección del grupo de trabajo cambió de manos, al igual que la forma en que la investigación se llevaba a cabo. En lugar de seguir intentando probar quién podía ser el asesino, se tomó la lista de sospechosos y se llevó a cabo un proceso a través del cual se eliminaron de la lista aquellos sospechosos que no debían de ser el asesino, poniendo así a los sospechosos que quedaron dentro de lo que se denominó la Lista A.

Gary Ridgway, que finalmente pasaría a la Lista A, había caído en la lista de sospechosos a causa de dos encuentros que tuvo con la Policía en la década de 1980.

El primero fue en el año 1980 cuando se lo acusó de estrangular a una prostituta mientras tenía relaciones sexuales con ella en su auto cerca del aeropuerto de Sea-Tac. Al ser interrogado, Ridgway admitió estrangularla, pero dijo que era en defensa propia porque la prostituta lo había mordido cuando estaba haciéndole sexo oral. El asunto fue entonces dejado de lado por la Policía.

El segundo encuentro fue en 1982, cuando Ridgway fue interrogado después de haber sido atrapado en su camión con una prostituta (la prostitución era ilegal). Tiempo después, la Policía se enteró de que la prostituta ya no existía porque era Keli McGinness, una de las víctimas del Asesino de Río Verde.

La prueba del polígrafo

En 1983 interrogaron nuevamente a Ridgway cuando el novio de una prostituta desaparecida reportó que, el último vehículo en que vio a su novia el día en que ésta desapareció, era un vehículo que tenía las mismas características que el de Ridgway.

Apenas un año después, Ridgway fue arrestado por haber sido sorprendido solicitando servicios sexuales, puesto que la supuesta prostituta en realidad era una mujer policía encubierta que, a diferencia de otras, parece que sí aceptó mostrarle los pechos y la vagina a Ridgway, ya que éste pedía que le muestren eso porque pensaba que una agente encubierta no se atrevería a hacerlo.

Ya en la comisaría, Ridgway fue sometido a la prueba del bolígrafo (y la pasó), en la cual se ve si el sospechoso miente o no a través del pulso y otros aspectos de su caligrafía. Debido a este incidente y a que le iba bien en su relación con Judith Mawson, Ridgway fue disminuyendo su ritmo asesino y cada vez se reportaron menos denuncias de mujeres desaparecidas.

Ridgway y la Lista A

Cuando Ridgway pasó a la Lista A se lo puso bajo vigilancia policial. Los investigadores examinaron su historial de trabajo y determinaron que nunca estuvo en el trabajo durante los días en que muchas de las víctimas habían sido reportadas como desaparecidas. Sumado a eso algunas prostitutas habían reportado que cierto hombre cruzaba a menudo el camino que Ridgway usaba para ir y volver del trabajo: esto, debido a que la descripción que dieron del hombre concordaba con el aspecto de Ridgway, aumentó fuertemente la sospecha de que él podría ser el Asesino de Río Verde.

El 8 de abril de 1987 la Policía registró la casa de Ridgway, la cual estaba llena de objetos que él y su esposa habían recogido de un basurero de buceo que estaba cerca de donde fueron encontradas algunas de las víctimas. En primera instancia el hecho parecía sospechoso, pero algunos testigos dijeron que recolectar ese tipo de objetos era una actividad que la pareja compartía desde hace mucho tiempo.

En todo caso sometieron a Ridgway a una prueba de polígrafo que pasó y, tras eso y con el consentimiento de Ridgway, le tomaron muestras de pelo y un hisopo con su saliva, tras lo cual lo soltaron por falta de evidencias en su contra.

Revitalización de la Fuerza de Tareas

En el año 2001 la Fuerza de Tareas de Río Verde tenía dentro de ella a muchos jóvenes detectives que habían sido adolescentes cuando la matanza comenzó. El grupo tenía ahora equipos tecnológicos que ayudaban a crear perfiles en base a evidencias esporádicas. También contaba con la ventaja de la investigación en base al ADN, método éste que se había desarrollado de forma considerable en los últimos 15 años.

Las pruebas de ADN que habían sido cuidadosamente tomado y conservado por el grupo de trabajo anterior de las víctimas y Ridgway fue muy valiosa para conseguir la evidencia de que por fin se necesitaba para capturar y condenar al asesino de Green River.

Arresto y juicio

El 30 de noviembre del 2001 Gary Ridgway fue arrestado por los siguientes asesinatos: Marcia Chapman, Opal Mills, Cynthia Hinds, y Carol Ann Christensen. En todas ellas estaba el mismo ADN que Ridgway había dejado en la esponja que chupó cuando le tomaron muestras de saliva e inclusive tres de las chicas tenían restos de semen de Ridgway.

Ridgway sabía que iba a ser ejecutado pero no quería morir, por lo que aceptó un acuerdo con el fiscal y accedió a cooperar plenamente con la investigación de los asesinatos. Durante meses los detectives entrevistaron a Ridgway metódicamente, consiguiendo los detalles de cada uno de los asesinatos que cometió. Ridgway también los llevó a los lugares donde había dejado a varios de los cadáveres, explicando cómo mató a cada uno de ellos y cómo dejó evidencias falsas para despistar a la Policía.

El número exacto de víctimas es algo que no se llegó a saber con certeza pues en una de las cintas grabadas dijo haber matado a 61 mujeres y en otra cinta a 71, sin embargo al final de ambas entrevistas se ve que sólo recuerda 48 asesinatos, todos dentro del condado de King, en el estado de Washington.

Así, el 2 de noviembre de 2003 Ridgway fue declarado culpable de 48 cargos -en febrero del 2011, con Gary en prisión, se agregaría una víctima más a la lista- de homicidio en primer grado y el 18 de diciembre de 2003 fue condenado a 480 años sin posibilidad de libertad condicional.

En cuanto a su actitud en la corte, no solo que Gary Ridgway aceptó las acusaciones sino que además dijo cuál era su plan criminal y otras cosas y, además y para sorpresa de los presentes, derramó lágrimas que parecían bastante sinceras cuando el padre de una de las víctimas, en lugar de increparle como hicieron los familiares de otras víctimas, le dijo que lo perdonaba.

Actualmente Gary Ridgway se encuentra en la Penitenciaría del Estado de Washington, donde ha recibido pedidos de entrevistas por parte de distintos tipos de personas interesadas en el caso: psiquiatras forenses, terapistas, estudiantes de Psicología en busca de un doctorado, periodistas, reporteros, creadores de documentales e investigadores particulares del tema de los asesinos seriales.

Gary siempre se ha mostrado deseoso de ser entrevistado, pero sin embargo no siempre se lo han permitido pues la política de la prisión ha sido la de generalmente negar visitas que no sean de familiares, de abogados, o que no apunten al afianzamiento de la ley.

*****

[1] La Policía a veces tenía agentes encubiertos que hacían el papel de prostitutas. Y es que, y cabe recalcarlo, la prostitución es ilegal en todos los estados de USA excepto en Nevada. Por otra parte, es lógico suponer que los agentes encubiertos debían ser policías mujeres pues ningún hombre, por más femenino que pueda lucir, podría imitar la voz de una mujer, siendo aquel el único aspecto que en ciertos casos permite diferenciar a transexuales de verdaderas mujeres.

[2] Este deseo sexual también se veía en un detalle poco conocido: Gary, a muchas víctimas, les taponaba la vagina con piedritas una vez muertas. Según los especialistas, aquello constituía una expresión simbólica de que era así (taponada, sellada) como Gary hubiese querido ver la vagina de su madre.

[3] Lo que no quiere decir que esa frustración haya desaparecido con Judith, puesto que de todas formas el pasado seguía allí y además, con la venida de Judith, si bien por primera vez conseguía un verdadero y completo vínculo con una mujer, no por ello dejaba de ser un «looser» (palabra que él mismo usó) con las mujeres a nivel sobre todo sexual. Cabe así mismo citar a Helfgott para que se entienda mejor el hecho de que en realidad Gary en parte asesinaba para desahogar el enojo de la frustración con las mujeres: «Gary Ridgway, el asesino de Green River, comenzó su carrera como delincuente sexual y homicida después de su primer divorcio, y su conducta delictiva aumentó durante períodos problemáticos en sus relaciones con las mujeres (por ejemplo, entre sus primeros matrimonios, segundo y tercero)».

[4] El Método o «Method Acting» era una técnica actoral a través de la cual el actor creaba (no fingía: CREABA) dentro de sí mismo las emociones y los pensamientos de su personaje, de manera que el personaje aparecía como si en verdad estuviese vivo.


Gary Ridgway: «El Asesino de Green River»

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«He asesinado a tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas».

Declaración de Gary Ridgway durante su interrogatorio

Gary Leon Ridgway nació el 18 de febrero de 1949 en Salt Lake City, Utah (Estados Unidos). Fue el segundo hijo de Mary Rita Steinman y de Thomas Newton, de un total de tres. Tuvo dos hermanos: Gregory y Edward Thomas. Creció en McMicken Height, Washington. Se sabe que su madre era sumamente estricta y que mantenía bajo dominio férreo a los integrantes de la familia, especialmente a Gary.

Desde niño, Ridgway padecía enuresis (se orinaba en la cama). Su madre solía ser quien descubría los accidentes y lo bañaba de inmediato. Ella lo menospreciaban [menospreciaba] y lo avergonzaba delante de su familia. Desde muy joven, Ridgway desarrolló sentimientos contradictorios hacia ella, de atracción sexual e ira.

Su madre jamás demostró querer a Ridgway y constantemente le gritaba a su esposo. Gary era una persona amistosa pero extraña, involucrada por completo en las actividades religiosas. Mientras iba de casa en casa hablando sobre la Iglesia Pentecostal a la que asistía, paralelamente desarrollaba su obsesión por las prostitutas.

Ridgway tenía dislexia y un bajo coeficiente intelectual de 82 puntos. Su rendimiento académico en la escuela era tan pobre que en la escuela secundaria tuvo que repetir un año escolar dos veces, con la finalidad de lograr notas suficientes para aprobar. Sus compañeros de clase en la Escuela Secundaria Tyee lo describirían como agradable, pero olvidable.

Su padre trabajaba en una funeraria y, siendo Gary un niño, le había hablado sobre los actos sexuales que otro miembro del personal de la funeraria había efectuado con cadáveres. El conocimiento de aquel impactante dato comenzó a cobrar fuerza en su mente hasta desembocar en extrañas fantasías necrófilas. Cuando tenía dieciséis años de edad, sufrió un ataque de ira y apuñaló a un niño de seis años, quien sobrevivió al ataque. De acuerdo con la víctima, Ridgway se alejó riendo y diciendo: «Siempre me pregunté cómo sería como matar a alguien».

Mientras cursaba la escuela secundaria, Ridgway se unió a la Marina. Después de su graduación, fue enviado a Vietnam, donde sirvió a bordo de un barco de suministro e inclusive entró en combate. En ese entonces se casó con quien fuera su novia del colegio: Claudia Barrows.

Fue durante su periodo de servicio en las Fuerzas Armadas, cuando Ridgway contrajo gonorrea. Para él, las prostitutas eran las culpables. En su ausencia, su joven esposa de 19 años no soportó la soledad y comenzó a salir con otros hombres, causando que el matrimonio terminara en menos de dos años.

Durante su segundo matrimonio con Marcia Winslow, Ridgway siguió frecuentando prostitutas. Marcia narraría años después que la madre de Ridgway era la típica suegra controladora y sobreprotectora de su hijo: intentaba controlar los gastos y tomar decisiones sobre qué comprar y qué no, elegía la ropa para y la acusaba de no cuidar bien al pequeño Mathew, hijo de ella y Gary. Tras una cirugía que Marcia se realizó a finales de los setenta por problemas de sobrepeso, comenzó a atraer a muchos hombres. Ridgway no soportó esta situación y se divorciaron poco después.

Tras su divorcio, Ridgway comenzó a salir con varias mujeres que conoció gracias a Parents Without Partners. En medio de esas citas fue que encontró a Judith Mawson en 1985. Ella lo vio como un hombre con estabilidad laboral (llevaba quince años pintando camiones), amable y responsable.

Judith encontró en él la pareja perfecta. Él le propuso matrimonio, remodeló su casa, colocó una alfombra nueva. Judith quedó encantada con la madre de Ridgway. Ella se convirtió en su tercera esposa. Las cosas marcharon bien por años.

Ridgway tenía un apetito sexual inusual. Sus tres ex esposas y varias novias declararían que era sexualmente insaciable, exigiendo sexo varias veces al día. Muchas veces, quería tener sexo en un lugar público o en el bosque, incluso en las zonas donde algunos de los cuerpos habían sido descubiertos.

También era conocido por haber estado obsesionado con las prostitutas, una fijación que rayaba en una relación de amor y odio. Los vecinos lo conocían por quejarse constantemente de las prostitutas de su barrio, pero al mismo tiempo con frecuencia las contrataba. Otra de sus facetas era la de fanático religioso. Con frecuencia lloraba después de los sermones y de la lectura de la Biblia.

El primer cadáver de una mujer asesinada en las cercanías de Green River (Río Verde) fue el de Deborah Lynn Bonner. Su cuerpo desnudo fue encontrado desplomado sobre un tronco. Había sido estrangulada.

Poco después, una joven identificada como Wendy Lee Coffield, fue hallada estrangulada y flotando en el río.

A lo largo de los años que duró su baño de sangre, el método criminal de Gary Ridgway consistía en contratar a una prostituta, subirla a su camioneta, tener sexo con ella y luego matarla por estrangulamiento en el vehículo o incluso en un lugar apartado, como el bosque. Casi todos sus crímenes lo cometió en las inmediaciones del Río Verde (Green River).

A algunas las mató en su casa, en ausencia de su esposa. Una de sus estratagemas era llevar a la prostituta contratada al cuarto de su hijo Mathew, antes de lo cual ya le había mostrado la imagen de aquel para dar la impresión de ser un hombre de familia. Siempre solicitaba que las chicas fueran al baño antes de tener sexo, pues sabía por experiencia que las víctimas de estrangulamiento relajan los esfínteres: «Yo no quería que se cagaran, esa era la principal razón», declararía.

Una vez cometido el asesinato, Ridgway tomaba el cadáver de su víctima y, generalmente de noche, conducía en su camioneta hasta llegar a lugares apartados. Ridgway sabía que la víctima podía estar todavía viva, por lo cual en muchos casos ataba las piernas con ligaduras y vigilaba desde su espejo retrovisor por si se presentaba signo alguno de movimiento en el cuerpo. Una vez alejado de la ciudad, sacaba el cadáver y lo ponía fuera de la carretera, después subía al vehículo y lo estacionaba lo suficientemente lejos como para que, si se aproximaba algún policía, el cadáver no fuera descubierto.

Supervisaba que nadie lo estuviese viendo y caminaba a través de los bosques que rodeaban la carretera hasta donde previamente había dejado el cuerpo. Luego se metía con el cadáver en el bosque y lo depositaba lejos de la carretera. Muchas veces regresaba para tener sexo con los cadáveres. Según afirmaría, en algunos casos los cadáveres ya presentaban signos de putrefacción, lo cual lo excitaba más.

En su juicio declararía: «Parte de mi plan era el lugar donde coloqué los cuerpos. Les quité la ropa y objetos personales para no dejar evidencia de quiénes eran y que así resultaría más difícil su identificación. Puse la mayor parte de los cuerpos en grupos, como si fueran racimos. Hice esto porque deseé no perder de vista a todas las mujeres que maté. Tuve el gusto de hacer un gran racimo alrededor del condado. Utilicé generalmente una señal para recordar a un racimo. Mi intención era crear racimos nuevos para no volver a los anteriores y ser atrapado».

Era tal su prudencia que, cuando la víctima lo había rasguñado en medio del forcejeo, le cortaba las uñas antes de ir a dejar su cuerpo al bosque, de modo que si la policía encontraba el cadáver, no pudiese hallar restos de su piel. Otras veces colocaba evidencias falsas como colillas de cigarrillos o goma de mascar, siendo que él nunca fumó.

Un ejemplo memorable de estas estrategias encaminadas a sembrar confusión, fue cuando tomó la licencia de conducir de una víctima y la dejó en el Aeropuerto Sea-Tac para dar la impresión de que la víctima se había ido de la localidad.

El 15 de agosto de 1982, Robert Ainsworth, de 41 años, subió en su balsa de goma y comenzó su descenso hacia el sur por el río, hacia el borde exterior de los límites de la ciudad de Seattle. Era un viaje que ya había realizado en muchas ocasiones, pero esta vez sería diferente. Conforma [conforme] avanzaba a la deriva lentamente río abajo, vio a un hombre calvo de mediana edad cerca de la orilla del río y a un segundo hombre, más joven, sentado en una camioneta.

Ainsworth supuso que los hombres estaban pescando. Le preguntó al primero si había pescado algo. El hombre le respondió que no. Poco después, el segundo se fue en la camioneta pick-up y Ainsworth siguió flotando en el río. Momentos después se encontró rodeado por la muerte.

Mientras miraba en las aguas claras, su mirada se encontró con unos ojos desorbitados. La cara de una joven negra estaba debajo de la superficie del agua, su cuerpo balanceándose con la corriente. Creyendo que podría ser un maniquí, Ainsworth intentó enganchar la figura con un palo. Accidentalmente, la balsa volcó al tratar de desatorar a la figura de una roca y Ainsworth cayó al río. Para su horror, se dio cuenta de que la chica no era un maniquí, sino una mujer muerta. Segundos después vio otro cadáver flotando, otra mujer negra semidesnuda, parcialmente sumergida en el agua.

Rápidamente, Ainsworth nadó hacia la orilla del río, donde había estado estacionada la camioneta. En estado de shock, se sentó y esperó la llegada de auxilio. A la media hora se dio cuenta de que se aproximaba un hombre con dos niños en bicicleta. Los detuvo, les informó de su macabro hallazgo y les pidió que llamaran a la policía. Al poco tiempo, un agente llegó al lugar y cuestionó a Ainsworth sobre su hallazgo. El oficial estaba incrédulo, así que entró en el río y extendió la mano hacia la forma fantasmal. Al darse cuenta de que era verdad, pidió refuerzos.

Los detectives acordonaron la zona y comenzó la búsqueda de pruebas. Durante las pesquisas, un detective hizo otro descubrimiento macabro. A poca distancia, encontró un tercer cadáver, de una joven semidesnuda.

A diferencia de las otras dos, ésta se encontraba en una zona de césped. Era obvio que había muerto por estrangulamiento. La chica tenía un par de pantalones azules anudados al cuello. También mostraba signos de lucha, tenía hematomas en los brazos y las piernas. Fue identificada más tarde como Opal Mills, de dieciséis años. Había sido asesinada 24 horas antes de su descubrimiento.

Tras un examen de los cuerpos en el lugar, el médico forense Donald Reay determinó que las tres chicas habían muerto por estrangulamiento. Las jóvenes que se encontraban en el agua, fueron identificadas como Marcia Chapman, de 31 años, y Cynthia Hinds, de 17. Todas las víctimas tenían piedras en forma de pirámide en la cavidad vaginal.

Reay determinó además que Chapman, una madre de dos hijos que había desaparecido dos semanas antes, había estado muerta durante más de una semana. Ya mostraba signos de descomposición. Sin embargo, consideró que había estado en el río por dos o tres días.

En el transcurso de seis meses, cinco cuerpos habían sido descubiertos en el interior o cerca del río. Los detectives se dieron cuenta de que un asesino en serie andaba suelto. Sabían que tenían que encontrarlo y detenerlo lo más pronto posible, antes de que más mujeres desaparecieran. Un grupo especial de trabajo se reunió para investigar los asesinatos de Green River.

Según diría The Seattle Times, fue la fuerza policial más grande jamás reunida desde el caso de Ted Bundy «El Asesino de Estudiantes», ocurrido ocho años antes. El Mayor Richard Kraske, jefe de la División de Investigación Criminal, y el detective Dave Reichert del Condado de King, lideraban el grupo. Se contó con la ayuda del perfilador del FBI, John Douglas, y del investigador Bob Keppel, quien fue conocido por su enfoque único en la compilación de pruebas en el caso de Ted Bundy. No sabían que pasarían décadas antes de obtener algún resultado.

La investigación tuvo un mal comienzo, ya que la afluencia masiva de información inundó las oficinas policiales. No poseían los recursos para procesar la cantidad cada vez mayor de datos y pruebas; de hecho, gran parte se había perdido, extraviado o pasado por alto. La situación llegó a tal punto, que en un momento se contó con la ayuda de voluntarios para ayudar a la policía en la investigación en curso.

Los detectives se enteraron de que muchas de las chicas asesinadas se conocían entre sí y compartían una historia similar vinculada a la prostitución. Por ello decidieron iniciar la búsqueda del asesino en el área donde las jóvenes eran habituales.

Se llevaron a cabo cientos de entrevistas con muchas prostitutas que trabajaban en la calle principal de Seattle, que se extiende desde el sur de la calle 139 al sur de la calle 272. Los investigadores trataron de obtener información sobre las personas sospechosas que habían encontrado. Sin embargo, muchas de las chicas se mostraron renuentes a hablar con ellos, por su evidente desconfianza hacia la policía.

Una de las prostitutas denunció que había sido violada por un hombre que podría tener conexión con los crímenes. Lo identificaron y detuvieron; el 20 de agosto de 1982, la policía anunció que habían arrestado al «sospechoso principal» de los asesinatos de Green River. Se llamaba Wayne Foster Melvyn. Sin embargo, no pudieron encontrar ninguna evidencia plausible que lo vinculara con los hechos. Finalmente fue liberado y se reanudó la búsqueda del verdadero asesino.

Hubo otras prostitutas que presentaron informes a la policía que eran de especial interés para el grupo de trabajo. Las entrevistas con dos prostitutas, hechas por separado, indicaban que un hombre en una camioneta blanquiazul, las secuestró y trató de matarlas.

Según el relato de Susan Widmark, de 21 años, un hombre de mediana edad solicitó sus servicios sexuales. Una vez que Widmark se encontraba en su camioneta, le apuntó con una pistola en la cabeza y salió hacia la carretera. La llevó a un camino apartado, apagó el motor y la violó de forma muy violenta.

Tras la violación, le permitió vestirse mientras se alejaba de allí, con ella aún en el vehículo. Mientras conducía, hizo referencia a los asesinatos recientes, sin dejar de apuntarle a la cabeza. Temiendo por su vida, ella logró escapar en un semáforo. Widmark fue capaz de memorizar una parte de la matrícula de la camioneta antes de que el hombre se alejara.

Un incidente similar le ocurrió a Debra Lorraine Estes, de 15 años, quien presentó una denuncia a finales de agosto de 1982, relativa a una violación. Estes dijo a la policía que estaba caminando por la carretera cuando un hombre en una camioneta azul y blanca se le acercó y le ofreció un paseo. Ella aceptó y se subió en el vehículo. Para su asombro, el hombre sacó una pistola y le apuntó a la cabeza. La obligó a darle sexo oral antes de liberarla en el bosque. Inmediatamente huyó del lugar en busca de ayuda.

Al ver un patrón que podría estar relacionado con los asesinatos, el grupo de trabajo decidió buscar a la camioneta y al conductor. Esperaban que la información sobre el sospechoso los llevara a resolver el caso.

En septiembre, un carnicero llamado Charles Clinton Clark fue detenido en su camioneta azul y blanco mientras conducía por la avenida principal de Seattle. Después de una verificación de antecedentes, se supo que Clark era dueño de dos pistolas. Los investigadores creían que Clark era el hombre que estaban buscando. Obtuvieron su foto de su licencia de conducir y se lo mostraron a Widmark y Estes. Las dos mujeres identificaron a Clark como su atacante.

Clark fue arrestado. Catearon su casa y encontraron las dos pistolas, mismas que supuestamente habían sido utilizadas en la agresión. Después de ser interrogado por la policía, Clark admitió haber atacado a las mujeres. Sin embargo, era extraño que él fuera «El Asesino de Green River», ya que había liberado a sus víctimas después de los ataques. Además, Clark tenía coartadas sólidas para las fechas aproximadas en que se habían cometido los asesinatos. Mientras Clark estaba detenido, dos chicas de 16 años de edad, Kase Ann Lee y Terri René Milligan, desaparecieron misteriosamente; ambas eran prostitutas.

Sobre la base de una corazonada, el detective Reichert empezó a sospechar que uno de los voluntarios civiles que trabajan en el caso podría ser el criminal. Un conductor de taxi de 44 años de edad se convirtió en el foco de la investigación. El taxista parecía encajar en el perfil del asesino ideado por el agente del FBI, John Douglas.

Dos semanas después, una chica de 19 años de edad, Mary Bridgett Meehan, desapareció durante un paseo. Meehan tenía más de ocho meses de embarazo y estaba cerca del Western Six Motel. El motel era el lugar de trabajo para muchas de las prostitutas que fueron víctimas de «El Asesino de Green River», como ya lo llamaban los medios. El taxista tuvo que ser liberado.

Durante la mayor parte del invierno de 1982, los policías vigilaron los movimientos del conductor del taxi, a pesar de que se había demostrado que nada tenía que ver con los asesinatos de Green River. Con el tiempo, se convirtió en el chivo expiatorio de la policía.

Los agentes estaban desesperados porque no obtenían resultados y la opinión pública, así como los medios, exigían resultados. Lo más sencillo era fabricar un culpable. Así que Clark fue arrestado de nuevo por tener multas de tránsito sin pagar. Los investigadores no tenían pruebas que lo vincularan con los asesinatos, pero lo exhibieron como el sospechoso principal.

El 26 de septiembre de 1982, los restos putrefactos de una prostituta de 17 años de edad llamada Gisele Ann Lovvorn fueron descubiertos. Había desaparecido más de dos meses atrás, hasta que un ciclista encontró su cuerpo desnudo cerca de unas casas abandonadas, al sur del Aeropuerto Internacional Sea-Tac. La habían estrangulado con un par de calcetines negros. Curiosamente, en el momento de su desaparición, ella era rubia. Sin embargo, cuando su cadáver fue descubierto, su cabello estaba teñido de negro.

Ese mismo día, Linda Jane Rule fue vista por última vez saliendo de la habitación de motel que compartía con su novio. La encontraron unos meses más tarde, cerca del hospital del Noroeste en Seattle, Washington. Originalmente, los detectives no consideraron su caso relacionado con los asesinatos de Green River.

Linda nació en algún momento de 1965 o 1966. Poco se sabe de su infancia, pero comenzó a tener problemas después de que sus padres se divorciaron. Más tarde abandonó la escuela y se involucró con las drogas. Linda estaba planeando casarse con su novio.

Rebecca R. Marrero «Becky» desapareció el 3 de diciembre de 1982. Tenía 20 años de edad. Sus restos tardarían veintiocho años en ser encontrados en un barranco en Auburn, cerca de donde se había encontrado a otra víctima.

El 30 de abril de 1983, el novio de Marie M. Malvar la vio hablando con un cliente potencial en una camioneta de color oscuro. El chico declararía que vio a Malvar entrar en el vehículo antes de que se alejara a toda velocidad. Malvar y el desconocido parecían estar enfrascados en una discusión.

Desconfiando del conductor, el novio los siguió. Al poco tiempo, la camioneta con su novia desapareció cuando el chico tuvo que detenerse en un semáforo. Fue la última vez que vio a su novia. Más tarde, notificó a la policía de la desaparición de Malvar.

Menos de una semana después del incidente, él, junto con el padre y el hermano de Malvar, vio a la camioneta sospechosa cerca del lugar donde la había perdido de vista. Los tres siguieron al vehículo hasta una casa ubicada en la calle Sur 348; desde allí, llamó a la policía. Un agente acudió a la casa y habló con el propietario, que no era otro que Gary Ridgway, quien negó haber visto alguna vez a Malvar. Satisfecho, el policía salió de la residencia y no llevó el asunto más lejos.

Una camioneta similar a la de Ridgway también estuvo involucrada en la desaparición de una joven prostituta llamada Kimi-Kai Pitsor. Su proxeneta la vio subir a una pick-up color verde oscuro. Describió al conductor como un hombre con la cara picada de viruela. Vio cómo los dos se marcharon y nunca volvió a verla. Más tarde lo informó a la policía, pero la información relativa a la desaparición de Pitsor y el caso de Malvar nunca fueron interrelacionados.

En la primavera de 1983, la investigación sobre «El Asesino de Green River» y los asesinatos relacionados se estaba derrumbando. Los detectives se dieron cuenta de que la probabilidad de que el taxista fuera condenado como el asesino era muy baja, pero insistieron en mantenerlo como el principal sospechoso. No tenían nuevas pistas y las prostitutas seguían desapareciendo rápidamente por toda la ciudad.

A finales de abril, Bob Keppel pasó tres semanas organizando toda la información disponible relativa a los asesinatos. Al término de su análisis, se elaboró un informe para el sheriff del condado de King, Vernon Thomas. Para consternación del grupo de investigadores, el informe fue muy crítico hacia su deficiente labor.

De acuerdo con Keppel, era necesario realizar muchos cambios. El informe demostraba que la mayoría de los datos, incluidas las pruebas, los archivos y testimonios relacionados con los crímenes, estaban en total desorden.

Lo primero que se necesitaba era una completa reorganización y la clasificación exacta de todos los datos. Luego, una vez que se terminara, había que establecer las similitudes y diferencias entre los casos para encontrar puntos en común, y con ello, posiblemente, la conexión de los asesinatos con uno o más sospechosos.

Pero una investigación exitosa y completa costaría al condado mucho más tiempo y dinero de lo que se pensaba; además, las víctimas eran prostitutas y por eso parecía no importarle demasiado a mucha gente. La cantidad de dinero necesaria para poner en práctica las sugerencias de Keppel superaría con mucho el estimado de 2 millones de dólares. Por ende, todo se empantanó.

El 8 de mayo de 1983, se descubrió otro cadáver, que fue identificado como el de Carol Ann Christensen, de 21 años. Sus restos fueron encontrados por [un] recolector de setas, en una zona boscosa cerca de Maple Valley. Christensen tenía la cabeza cubierta por una bolsa de papel marrón. Cuando se retiró, se constató que había un pez cuidadosamente colocado en la parte superior de su cuello. Había otro pez sobre el pecho izquierdo y una botella entre las piernas. Sus manos estaban cruzadas sobre su estómago y había carne molida en la parte superior de su mano izquierda.

Un examen más detallado reveló que había sido estrangulada con un cable. Curiosamente, también mostraba signos de haber estado en el agua en algún momento, a pesar de que el río estaba a varios kilómetros de distancia. El grupo de trabajo especuló que era otra víctima de «El Asesino de Green River».

El 9 de junio de 1983, Tammie Charlene Liles fue vista por última vez en Seattle. Sus restos fueron encontrados casi dos años después al sur de Portland, Oregón. Su cadáver estaba cerca de los restos de Angela Girdner, Shirley Sherill y Denise Bush.

En junio, los restos no identificados de una mujer blanca de entre 17 y 19 años de edad fueron encontrados en la carretera de Tualatin. El 25 de julio, Tina Marie Thompson fue vista por última vez cerca de la Carretera Pacific South. Sus restos fueron encontrados nueve meses más tarde, cerca de una intersección de la autopista 18 y la Carretera Interestatal 90. Su cadáver se hallaba cerca de otras dos víctimas.

El 11 de agosto, el cuerpo de la desaparecida Shawnda Leea Summers fue descubierto cerca del aeropuerto de Sea-Tac. Un día después, los restos de otro cuerpo, que permaneció sin identificar, fueron encontrados al norte del aeropuerto.

El 12 de agosto de 1983, una joven rebelde y que se dedicaba a la prostitución llamada Patricia Ann LeBlanc se escapó de una salida en grupo en el Centro de Seattle en 1983. Había tenido arrestos y problemas con su familia. Después de esa fecha, nunca se le volvió a ver y sus restos nunca fueron encontrados.

El 18 de septiembre, se encontraron más cadáveres. Uno era el de Delores LaVerne Williams, de 17 años, que había desaparecido el 8 de marzo. Sus restos fueron descubiertos en el Star Lake.

Ese mismo día, el cadáver de Gail Lynn Matthews, de 23 años, se descubrió también en Star Lake.

Durante los siguientes meses, los cadáveres de cinco mujeres más fueron descubiertos. El 15 de octubre, los restos óseos de Yvonne Shelly Antosh, que fue vista por última vez el 31 de mayo, fueron encontrados cerca de Soos Creek en Auburn-Black Diamond. Era una de las pocas víctimas que tenía una denuncia de «persona desaparecida».

Doce días más tarde, el 27 de octubre, se encontró el esqueleto parcialmente enterrado de Constance Elizabeth Naon en una zona al sur del Aeropuerto Sea-Tac.

Los investigadores suponían que había más cuerpos en esa zona, por lo que decidieron llevar a cabo una búsqueda con la ayuda de un equipo de adolescentes exploradores, pertenecientes a los Boy Scouts.

Patricia Anne Osborn fue vista por última vez caminando a lo largo de un tramo de North Aurora, el 28 de octubre de 1983. Había dejado a su novio en un motel y se dirigía a un restaurante cercano. Osborn usaba drogas, y había sido arrestada por prostitución. A los 17 años, se fue de su casa y se mudó a Seattle. Pero siempre se mantuvo en contacto con su madre, acudiendo a fiestas y cumpleaños. Su madre recibió llamadas regulares suyas hasta septiembre de 1983. Su cadáver nunca fue encontrado.

El 29 de octubre, durante una revisión de los terrenos baldíos que rodean el aeropuerto, uno de los exploradores encontró un esqueleto cubierto con basura debajo de unos arbustos. Los restos fueron identificados más tarde como pertenecientes a Kelly Marie Ware, de 22 años.

El 13 de noviembre, tras una extensa búsqueda en varios lotes que rodeaban la zona situada al sur de Sea-Tac, se hallaron los restos en descomposición de Mary Bridgett Meehan, desaparecida semanas atrás, quien estaba embarazada. Meehan fue la única víctima atribuida al asesino que fue enterrada en su totalidad. Varios elementos extraños se encontraron en el cuerpo, incluyendo dos pequeñas piezas de plástico, un mechón de cabello cerca del pubis, un parche de piel adherido al cráneo con fibras en él, tres pequeños huesos, dos lápices amarillos utilizados hasta la mitad y un tubo de plástico transparente.

Un mes después, el 15 de diciembre, el cráneo de otra chica desaparecida, Kimi-Kai Pitsor, se halló en Auburn, Washington, cerca del Cementerio de Mountain View. Parecía como si el asesino utilizase un nuevo lugar de entierro para colocar a sus víctimas. Sería el quinto vertedero que utilizaría para la eliminación de los cadáveres.

Dos semanas después del descubrimiento de la cabeza de Pitsor, el grupo de investigadores aumentó en más de la mitad, debido al creciente número de asesinatos en la zona. Se temía que ocurriesen muchos más asesinatos en los próximos meses. Sus predicciones fueron correctas. Curiosamente, muchas de las muertas no eran incluidas en la lista de víctimas de «El Asesino de Green River», a pesar de que perdieron la vida casi de la misma manera que las otras mujeres. Nunca hubo explicación de por qué estaban excluidas del recuento.

En enero de 1984, el grupo de investigadores fue objeto de un nuevo liderazgo, encabezado por el capitán Frank Adamson, quien anteriormente dirigió la Unidad de Asuntos Internos del Departamento de Policía. Durante los primeros meses se hicieron cambios drásticos.

Lo primero fue trasladar la sede de grupo de trabajo al distrito electoral del Condado de Burien, que estaba cerca del aeropuerto donde estaban ocurriendo los crímenes. Siguiendo el consejo de Bob Keppel, Adamson dividió las distintas tareas. Creía que este método facilitaría una organización más completa, la estructuración y sistematización de las enormes cantidades de información, y resultados más exitosos en el caso.

Veintidós agentes de policía también fueron asignados a la escuadra proactiva del grupo de trabajo, que desarrolló nuevas estrategias para supervisar las actividades de prostitutas en la zona y cualquier evento inusual.

El 14 de febrero de 1984, los restos óseos de una mujer, que fue identificada más tarde como Denise Louise Plager, se descubrieron en las afueras de la ciudad, cerca de la Carretera Interestatal 90. Fue la primera víctima que se encontró ese año, pero no la última. Durante los siguientes dos meses, se hallarían nueve cadáveres más.

El asesino parecía tener varios vertederos, donde se deshacía de los cuerpos de sus víctimas. Con la excepción de Meehan, los cadáveres se hallaban parcialmente enterrados, cubiertos con basura o disimulados entre el follaje. Así fue hallada Cheryl Lee Wims, de 18 años.

La mayoría habían sido encontrados cerca del borde de las carreteras o en las áreas circundantes a algunos basureros, como el de Lisa Lorraine Yates, de 26 años.

El perfilador del FBI, John Douglas, llegó a la conclusión de que los cuerpos eran abandonados en esas zonas debido a que el asesino pensaba en ellas como «basura humana». Tal fue el caso de Debbie May Abernathy, de 26 años.

Una nueva estrategia fue impuesta por Keppel, que cambió atención de los investigadores de la posible culpabilidad de un sospechoso hacia su posible inocencia. Esto permitió a los investigadores eliminar rápidamente a las personas bajo sospecha que tenían coartadas y concentrarse en los sospechosos probables. Pero ni eso impidió la muerte de Sandra Kay Gabbert, de 17 años, cuyo cadáver fue encontrado cubierto de basura.

Otra víctima hallada en esas semanas fue Alma Ann Smith, de 22 años. En ese lapso se halló a otras víctimas que nunca pudieron ser identificadas. La mayoría de las chicas tenían en común un historial de prostitución.

Mary Exzetta West tenía 16 años y estaba embarazada de dos meses en el momento de su desaparición. En algún momento de su vida, comenzó a dedicarse a la prostitución. El 6 de febrero de 1984, fue vista por última vez en la Avenida Rainier en Seattle, Washington. Sus restos fueron encontrados un año y medio más tarde en Seward Park.

Un importante descubrimiento se hizo en abril, cuando los restos óseos de algunas de las víctimas fueron encontrados. Se hallaron huellas de zapato cerca de los cadáveres, probablemente pertenecientes al asesino. Fue una evidencia clave que podría conectar el asesino con sus víctimas.

A mediados de abril, una psíquica, Barbara Kubik-Pattern, tuvo la visión de que el cuerpo de otra mujer se encontraba cerca de la Carretera Interestatal 90. Avisó a la policía, pero no le hicieron caso. Tomando el asunto en sus propias manos, ella y su hija se pusieron a buscar el cadáver. Así encontraron otro cuerpo. Después del descubrimiento, las dos mujeres se dirigieron a una zona cercana patrullada por la policía. Cuando le informaron a uno de los oficiales su descubrimiento, les pidieron que se marcharan e inclusive las amenazaron con ser detenidas por obstrucción a la vigilancia.

Enfurecida, Kubik-Pattern informó a los periodistas sobre su descubrimiento. Los agentes no tuvieron más remedio que acercarse a ella mientras hablaba con la prensa y le pidieron que les mostrara el cadáver. Sólo así la policía se enfrentó con el macabro hallazgo. Los restos, en avanzado estado de descomposición, pertenecían a Amina Agisheff, de 36 años.

Había sido vista por última vez el 7 de julio de 1982 cerca de su casa, caminando hacia su trabajo en un restaurante en el centro de Seattle. Agisheff no encajaba en el perfil de las otras víctimas. Era de una edad mayor y se trata de una camarera, no de una prostituta. Agisheff tenía una relación estable en el momento de su desaparición y era madre de dos hijos.

El 26 de mayo, dos niños que jugaban en Jovita Road, en el condado de Pierce, se sorprendieron cuando tropezaron con un esqueleto. Tras un examen médico, se descubrió que los restos eran de Colleen Renee Brockman, de 15 años de edad. Los investigadores todavía no tenían nuevas pistas sobre la identidad del asesino. Después de casi tres años, la matanza criminal continuaba.

Tras el descubrimiento de Brockman, la serie de asesinatos pareció disminuir. En agosto de 1984, los investigadores creían que su gran oportunidad de cerrar el caso había llegado, cuando Henry Lee Lucas y Ottis Toole confesaron ser los autores de los asesinatos de Green River, mientras estaban en prisión. Pero después de extensas entrevistas con los dos prisioneros, se determinó que las confesiones eran falsas.

Varios meses después, el asesino en serie Ted Bundy se ofreció desde su celda en el Corredor de la Muerte para ayudar a Keppel y al grupo de trabajo a encontrar a su hombre. Bundy poseía una rara visión de primera mano sobre la mente de un asesino en serie, una oferta que no podía rechazar Keppel. Los dos hombres conversaron, sobre todo a través de cartas, donde Keppel hacía preguntas detalladas que esperaba Bundy pudiera responder.

Mucha de la información que recibió fue de gran interés para Keppel y los investigadores. Bundy sugirió que el asesino conocía a sus víctimas. Creía también que el patrón de eliminación de los cuerpos llevaba muy cerca de la casa del asesino. Ted Bundy se convirtió en uno de los asesores principales, junto a Douglas y Keppel, que contribuyeron a la realización del perfil del asesino.

Entre octubre y diciembre de 1984, se halló el cadáver de Mary Sue Bello, de 25 años, junto a la autopista 410. La cubrían unos matorrales.

Luego se encontró a Martina Theresa Authorlee, de 18 años, cerca de la misma carretera. Estaba descompuesta y cubierta por plantas.

El 10 de marzo de 1985, otro cuerpo semienterrado fue encontrado cerca de Star Lake Road. La víctima fue identificada como Carrie A. Rois, de 15 años. Había desaparecido desde el verano de 1983.

Los restos de Angela Girdner, de 15 años de edad, fueron descubiertos originalmente cerca de la Carretera Southwest Tualatin, frente al Country Club Tualatin, en abril de 1985. En el mismo lugar se encontraron los restos de Tammie Liles. No muy lejos, en la montaña, se hallaron los cadáveres de otras dos mujeres en junio de 1985.

A mediados de junio, un hombre encontró dos cadáveres más cerca de Tigard, Oregon. Una era Denise Darcel Bush, de 23 años. Su cadáver no tenía cabeza.

La otra era Shirley Marie Sherrill, de 19 años. Las dos jóvenes eran conocidas prostitutas en Seattle. El descubrimiento de los cuerpos confirmó el hecho de que los parámetros de «El Asesino de Green River» se habían extendido fuera del estado. Parecía como si un nuevo vertedero hubiera sido revelado.

Mientras tanto, el agente del FBI John Douglas llegó a una nueva conclusión, aunque errónea: que había dos asesinos diferentes. Para Douglas, parecía como si uno de los hipotéticos homicidas hiciera un mayor esfuerzo para ocultar los cuerpos que el otro. Consideró que algunos de los cuerpos estaban cubiertos parcialmente o enterrados en zonas aisladas, mientras otros estaban abiertamente expuestos a la detección. Aunque la hipótesis podría ser plausible, no había sospechosos que la confirmasen.

Pese al constante hallazgo de cadáveres, el caso se había enfriado y no existían posibles sospechosos que pudieran estar relacionados con cualquiera de los asesinatos. En el invierno, aparecieron los restos de Mary Exzetta West, hallados en una zona boscosa en Seward Park en Seattle. La presión aumentó hacia el grupo de investigadores por su incapacidad para capturar al asesino después de más de tres años de continuos crímenes.

Luego apareció el resto del cadáver de Kimi-Kai Pitsor, cuyo cráneo había sido hallado semanas atrás cerca del Cementerio Mountain View; estaba en una barranca, a poca distancia del sitio del primer hallazgo. Junto con ella encontraron a una mujer blanca, no identificada, cuya edad se calculó entre 14 y 19 años. El aspecto inusual fue que los restos de Pitsor (primero la cabeza y luego el cuerpo) habían sido encontrados en dos lugares diferentes.

Era posible que un animal hubiese arrastrado la cabeza en algún momento después de la muerte; sin embargo, no existían indicios de que esto hubiera ocurrido. La policía creía que había sido obra del asesino. Los investigadores no estaban seguros de los motivos para dividir el cuerpo entre dos ubicaciones diferentes, así que especularon que lo hizo para provocar a la policía o confundir la investigación.

En febrero de 1986, el Grupo de Trabajo de Green River pareció obtener el descanso que había estado esperando. Un hombre descrito por los investigadores como una «persona de interés» fue llevado a la comisaría de policía. El evento recibió una gran atención de los medios. Un agente del FBI y el detective Jim Doyon fueron ampliamente cuestionados respecto al nuevo sospechoso. Sin embargo, en poco tiempo se dieron cuenta de que no era el hombre que estaban buscando. Poco después, fue puesto en libertad.

Durante este tiempo, el público se hizo cada vez más consciente de la falta de resultados. Durante meses, hubo varios sospechosos detenidos y cada uno de ellos demostró no tener relación con los asesinatos. La indignación pública y el miedo llegaron a un punto álgido. Los medios se referían al Grupo de Trabajo de Green River como una mala broma. Muchos ciudadanos salieron a las calles a protestar contra la ineptitud de los investigadores y de la policía.

Para empeorar las cosas, en el verano los restos de tres mujeres más fueron descubiertos cerca de la Carretera Interestatal 90, al este de Seattle. Primero encontraron a Maureen Sue Feeney, de 19 años.

Luego hallaron a Kimberly L. Nelson, de 26 años, y a otra joven que nunca fue identificada. Feeney fue la única de las tres que los investigadores vincularon con la prostitución.

A finales de 1986, el personal se había reducido en un 40 % y Adamson fue reasignado a otro proyecto. El capitán James Pompeyo se convirtió en el nuevo líder. Pompeyo inmediatamente comenzó a reorganizar el equipo y los datos relativos a la investigación.

Dos nuevos cuerpos fueron descubiertos en diciembre. Esta vez se encontraron los cuerpos mucho más lejos de lo esperado: en un área al norte de Vancouver, Columbia Británica. Una vez más, el asesino parecía estar burlándose de los investigadores. Aún más intrigante era que los restos parciales de otras mujeres habían sido esparcidos junto a los cadáveres de las dos mujeres. A pesar de que los cuerpos fueron localizados a gran distancia de los demás, no había duda de que el trabajo era obra de «El Asesino de Green River».

Patricia Michelle Barczak nació el 7 de marzo de 1967. Poco se sabe sobre su vida. Sin embargo, antes de su desaparición, había completado estudios de gastronomía. Ella tenía la esperanza de hacer pasteles para boda. En algún momento, Patricia se involucró en la prostitución. El 17 de octubre de 1986, fue vista por última vez cerca de la Carretera Pacific South. Sus restos se encontraron cinco años y medio más tarde, junto a la autopista 18, cerca de una otra víctima.

En los primeros meses de 1987, los investigadores tenían a un nuevo sospechoso en relación con los asesinatos. Se trataba de Gary Ridgway. Había sido detenido en mayo de 1984 por solicitar los servicios sexuales a una policía encubierta que se hacía pasar por prostituta. Sin embargo, fue puesto en libertad después de haber superado con éxito la prueba de detector de mentiras.

Cuando los investigadores indagaron más profundamente en su pasado, descubrieron que había sido acusado de tratar de estrangular a una prostituta en 1980, cerca del Aeropuerto Internacional Sea-Tac. Sin embargo, Ridgway alegó legítima defensa, dijo que ella lo había agredido y fue liberado poco después.

Uno de los detectives del grupo de trabajo, Matt Haney, sospechaba de él y decidió sumergirse aún más en su pasado. Descubrió que la policía lo había detenido e interrogado en 1982, mientras se encontraba en su camioneta con una prostituta. El investigador se enteró de que la prostituta estaba en la lista de asesinatos de víctimas: era Keli Kay McGinness.

La policía de nuevo tuvo contacto con Ridgway en 1983, en relación con el secuestro de Marie Malvar. Era el dueño de la camioneta blanca y azul vista por el novio de la víctima. Haney interrogó a su segunda ex esposas [exesposa], quien le contó que él a menudo frecuentaba los vertederos de basura, donde muchos de los cadáveres habían sido descubiertos. Además, varias prostitutas afirmaron haber visto a un hombre con la descripción de Ridgway entre 1982 y 1983. Él trabajaba como pintor de camiones y había faltado o pedido permiso en su trabajo en todas las fechas en que alguna víctima había desaparecido.

El 8 de abril de 1987, la policía obtuvo una orden judicial y registraron la casa del sospechoso. Según el Seattle Times, la policía también tomó «muestras corporales» para que pudieran compararse con las encontradas en algunas de las víctimas; eran cabellos y un hisopo con saliva. Sin embargo, no había pruebas suficientes para arrestarlo y fue liberado de la custodia policial. En ese momento, el sospechoso fue identificado públicamente como Gary Ridgway.

Unas semanas después de la liberación de Ridgway, el capitán Pompeyo murió de un ataque al corazón relacionado con un accidente de buceo. El lamentable suceso fue recogido por los medios de comunicación y se le dio un tinte sensacionalista.

Se llegó a comentar que «El Asesino de Green River» era en realidad un agente de policía que asesinó a Pompeyo, sin importar el hecho de que no había absolutamente ninguna prueba que justificara tan descabellada hipótesis. Un periódico pidió una investigación oficial sobre la «sospechosa» muerte de Pompeyo. El grupo era ahora dirigido ahora por el capitán Gregory Boyle.

En junio, tres niños tropezaron con el esqueleto parcialmente enterrado de una mujer joven, mientras buscaban latas de aluminio. La chica fue identificada como Cindy Ann Smith, de 17 años. Estaba en un barranco detrás del Green River Community College. Había estado desaparecida durante aproximadamente tres años antes de su descubrimiento.

En 1988, más cuerpos de mujeres jóvenes desaparecidas fueron descubiertos, entre ellos los de Debbie González, de 14 años, y el de Debra Lorraine Estes, de 15 años, quien había desaparecido seis años antes, tras denunciar a la policía el ataque sufrido por un hombre que conducía una camioneta.

En 1988, el descubrimiento de más de veinte cadáveres de prostitutas en San Diego condujo a la creencia de que «El Asesino de Green River» se había mudado y continuaba su carrera criminal en California. El detective Reichert y el comandante Bob Evans unieron sus fuerzas con el Departamento de Policía de San Diego, en un esfuerzo por encontrar al asesino.

En diciembre de 1988, los investigadores tenían a un nuevo sospechoso. Un hombre llamado William J. Stevens llamó la atención de la policía después de que fue denunciado por varias llamadas al popular programa televisivo Crime Stoppers. Stevens era un fugado de prisión. En el momento en que fue recapturado por la policía, estaba matriculado en la Universidad de Washington como un estudiante de Farmacología.

Mientras los investigadores se concentraban en el pasado de Stevens, descubrieron que ya era un sospechoso en los asesinatos de Green River. Averiguaron también que Stevens mostraba desprecio por las prostitutas y en varias ocasiones habló de asesinarlas.

Cuando los policías registraron su casa, encontraron armas de fuego, varias licencias de conducir falsas, tarjetas de crédito con nombres falsos y fotos de prostitutas desnudas. Stevens estuvo profundamente involucrado en el fraude con tarjetas de crédito y robo a mano armada, que utilizaba para sobrevivir. Sin embargo, no se encontró nada que lo vinculara con los asesinatos.

Paradójicamente, los registros de las tarjetas de crédito le proporcionaron una coartada sólida contra su participación en los crímenes. De acuerdo a los registros, Stevens estaba de viaje por todo el país durante el verano de 1982, cuando muchos de los asesinatos ocurrieron. Con el tiempo, Stevens fue absuelto de toda participación en los asesinatos de Green River.

En octubre de 1989, dos esqueletos más fueron encontrados. Una de las víctimas, identificada como Andrea M. Childers, fue hallada en un terreno baldío cerca de Star Lake y la Avenida 55 Sur. Al igual que muchas de las mujeres jóvenes encontradas, la causa de la muerte era poco clara debido al avanzado estado de descomposición.

A principios de febrero de 1990, el cráneo de Denise Bush se encontró en una zona boscosa en Southgate Park en Tukwila, Washington. El resto del cuerpo de Bush se había encontrado en Oregon cinco años antes. Una vez más, parecía como si el asesino moviera los restos en un esfuerzo para confundir a los investigadores.

Marta Reeves nació en algún momento de 1953 o 1954. Poco se supo sobre su infancia. Tenía un marido y cuatro hijos. Marta era adicta a la cocaína y se dedicaba a la prostitución. Fue vista por última vez el 6 de marzo de 1990. Sus restos fueron encontrados seis meses después, junto a la autopista 410. La hallaron cerca de otras cinco víctimas. Marta no fue incluida en la lista de posibles víctimas de «El Asesino de Green River».

La moral entre los oficiales estaba en su punto más bajo. Muchos de ellos estaban desalentados; incluso, comentaban que el asesino los había derrotado. En julio de 1991, se dieron por vencidos. El grupo de trabajo se redujo a sólo un investigador llamado Tom Jensen.

Después de nueve años, casi medio centenar de víctimas, 15 millones de dólares invertidos y una bodega con más de diez mil cajas repletas de evidencias, el grupo de investigadores había fracasado. La investigación llegó a ser conocida como el mayor caso de asesinato sin resolver del país y uno de los fracasos más estrepitosos de la policía.

Los asesinatos continuaron. Roberta Joseph Hayes nació en 1966. Cuando era niña, se escapó de casa cuando tenía sólo 12 años de edad. A los 17 años, apareció en Streetwise, un documental nominado al Oscar sobre niños que vivían en las calles de Seattle. Fue vista por última vez en 1987, al salir de una cárcel de Portland y regresar a Seattle. Sus restos se encontraron hasta [en] 1991, junto a la autopista 410, cerca de otras cinco víctimas.

Patricia Yellowrobe fue vista por última vez el 4 de agosto de 1998. No se sabe donde desapareció. Fue encontrada dos días después, la mañana del 6 de agosto, en el sur de Seattle, junto a la Carretera Des Moines Sur. Su muerte fue manejada como una sobredosis accidental. Sin embargo, en 2003 se determinó que había sido también parte de los crímenes de Green River.

El caso se mantuvo estancado durante diez años más. Seguía abierto, pero ya nadie se esforzaba en invertir en él. En abril de 2001, casi veinte años después del primer asesinato, el detective Dave Reichert, quien se había convertido en el sheriff del condado de King, empezó a rebuscar en las investigaciones de los asesinatos durante su tiempo libre. Estaba decidido a encontrar al asesino.

Pero había una gran diferencia ahora: el grupo de tareas tenía la tecnología de su lado. Los enormes avances científicos y tecnológicos ocurridos en esos años brindaban nuevas posibilidades de investigación. Reichert formó un nuevo equipo de trabajo compuesto por seis miembros, incluidos expertos en ADN y médicos forenses, así como un par de detectives.

No pasó mucho tiempo antes de que la fuerza creciera a más de treinta personas. Una nueva generación de investigadores quería triunfar donde otros habían fracasado y resolver uno de los casos más famosos. Las miles de pruebas almacenadas años atrás fueron objeto de revisión y algunas de las muestras fueron enviados a los laboratorios para practicar nuevas pruebas.

Entre las primeras muestras que se enviaron al laboratorio se encontraban restos de semen hallados en tres víctimas asesinadas entre 1982 y 1983: Opal Mills, Marcia Chapman y Carol Christensen. Se sometieron a un método de análisis de ADN de nuevo desarrollo y se compararon con las muestras tomadas a varios sospechosos, entre ellos a Gary Ridgway, en abril de 1987.

El 10 de septiembre de 2001, Reichert recibió una noticia de los laboratorios, que conmovió al endurecido detective hasta las lágrimas. Las muestras de las víctimas coincidían con las de Gary Ridgway.

El 30 de noviembre, Ridgway fue interceptado por la policía cuando salía de la fábrica de camiones donde trabajaba. Fue arrestado y se enfrentó a cuatro cargos de homicidio agravado.

Ridgway confesó más homicidios que ningún otro asesino en serie estadounidense. Durante un período de cinco meses de entrevistas con la policía y el fiscal, confesó 48 asesinatos.

Al paso de los extensos interrogatorios, Ridgway explicó que todas las víctimas habían sido asesinadas en el interior del condado de King, Washington, y que había transportado y arrojado los restos de dos mujeres cerca de Portland para confundir a la policía.

El 5 de noviembre de 2003, Ridgway firmó una declaración de culpabilidad en 48 cargos de homicidio premeditado agravado. Hizo un acuerdo con el fiscal, en el cual accedió a revelar el paradero de algunos cadáveres que aún no habían sido descubiertos. Su trato logró que eludiera la pena de muerte y recibiera una sentencia de cadena perpetua sin libertad condicional.

El 18 de diciembre de 2003, Ridgway fue condenado a 48 penas de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, para ser cumplidas consecutivamente.

También fue condenado a diez años adicionales por cada una de las 48 víctimas, por manipulación de pruebas. Esto añadió 480 años más de prisión a sus 48 penas de cadena perpetua.

Ridgway condujo a los fiscales a tres cuerpos más en 2003. El 16 de agosto de ese año, se recuperaron los restos de Pammy Annette Avent cerca de Enumclaw, Washington.

Luego, a cuarenta metros de la Ruta Estatal 410 , fueron recuperados en septiembre los restos de Marie Malvar y April Dawn Buttram.

El 23 de noviembre de 2005, en una zona boscosa cerca de la autopista 18 cerca de Issaquah, al sureste de Seattle, un excursionista encontró el cráneo de Tracy Ann Winston, quien tenía 19 años cuando desapareció de Northgate Mall el 12 de septiembre de 1983.

Además, se le atribuyeron más víctimas a Ridgway; entre ellas, Kristi Lynn Vorak, de 13 años.

Mientras tanto, su tercera esposa, Judith, anunció que iba a colaborar en un libro sobre él. Afirmó que su intención no era «ganar dinero», sino contar que Gary Ridgway siempre la había tratado bien, que su matrimonio de catorce años había sido un sueño hecho realidad. Él sabía cómo ser romántico, y pasaron mucho tiempo juntos. Era un buen proveedor y se mostraba sensible a sus necesidades.

Una vez que estuvo en prisión, le escribió muchas cartas pidiéndole disculpas a Judith. En comparación con los otros hombres con quienes había estado involucrada (se había casado previamente con un hombre bisexual), Ridgway era su héroe.

El 9 de febrero de 2004, los fiscales del condado hicieron públicos los registros de las confesiones de Ridgway. En una entrevista grabada, dijo a los investigadores que era responsable de la muerte de 65 mujeres.

Pero el 31 de diciembre de 2003, Ridgway afirmó haber asesinado a 71 víctimas y confesó haber tenido relaciones sexuales con ellas antes de darles muerte, un detalle que no reveló hasta después de su condena.

En su confesión, reconoció que mataba prostitutas porque eran «fáciles de capturar» y que «odiaba a la mayoría de ella [ellas]». También confesó que tuvo relaciones sexuales con los cadáveres de muchas de sus víctimas. Dijo que empezó a enterrarlas para [que] pudiera resistir la tentación de cometer necrofilia. Ridgway se olvidó de sus víctimas, nunca se aprendió sus nombres y dijo que las veía como «mujeres desechables».

Cuando el juicio terminó, Ridgway lloró cuando el padre de una de las chicas asesinadas, en lugar de increparle como hicieron los familiares de otras víctimas, le dijo que lo perdonaba.

Ridgway también escribió una carta expresando su supuesto arrepentimiento. Fue encarcelado en la Penitenciaría del Estado de Washington en Walla Walla.

Las familias de las víctimas estaban furiosas. Creían que los fiscales pedirían la pena de muerte y la negociación los molestó mucho. Además, los juristas se preguntaban: si un hombre que asesina premeditadamente a 48 mujeres no recibe la pena de muerte, ¿quién es entonces elegible para ello?

Ridgway también fue acusado del asesinato de Rebecca R. Marrero «Becky» en 2011. Actualmente se encuentra en la Penitenciaría del Estado de Washington, donde ha recibido pedidos de entrevistas por parte de distintos tipos de personas interesadas en su historia. Su caso inspiró películas, programas de televisión, libros e historietas.

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