Francisca González Navarro

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Francisca González

La parricida de Santomera

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Parricida
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 19 de enero de 2002
  • Fecha de detención: Dos días después
  • Fecha de nacimiento: 1967
  • Perfil de las víctimas: Sus hijos Francisco Ruiz González, de 6 años, y su hermano Adrián Leroy, de 4
  • Método de matar: Estrangulación con el cable del cargador de un teléfono móvil
  • Localización: Santomera, Murcia, España
  • Estado: Condenada a 40 años de prisión el 3 de noviembre de 2003
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Francisca González – Estrangulados dos niños en su casa de un pueblo murciano

Patricia Ortega Dolz / Santiago Navarro – Elpais.com

20 de enero de 2002

El número 13 A de la calle de Montesinos, en Santomera (Murcia), fue en la madrugada de ayer el escenario de un doble y enigmático crimen. Francisco Ruiz González, de seis años, y su hermano Adrián Leroy, de cuatro, fueron hallados muertos por estrangulamiento sobre la cama de sus padres.

El cristal roto de una ventana y un cajón abierto indujeron en principio a pensar que el robo era el móvil del crimen, pero la investigación ha abierto hipótesis que apuntan al entorno familiar. La madre, Paquita González, natural de Santomera, que declaró ante la Guardia Civil hasta las 22.15, y su otro hijo, de 14 años, estaban en casa cuando ocurrieron los hechos.

La vivienda en la que fue perpetrado el asesinato de los dos pequeños, en el número 13 de la calle de Montesinos, se encuentra situada en un barrio de chalés de nueva creación, habitados en su mayoría por familias de clase media.

Los Ruiz González residían allí desde hace aproximadamente un año y medio. Justo al lado del chalé de dos plantas marcado en la puerta con una placa dorada que dice «familia Ruiz González» hay otro chalé a medio terminar. La segunda planta de ese edificio en obras colinda con la ventana de los cristales rotos, la que corresponde a uno de los dormitorios de la casa del crimen.

Algunos vecinos aseguran haber oído sobre las dos y media de la madrugada ruidos y gritos extraños. De hecho, uno de ellos se asomó a la ventana al creer que le estaban robando el coche, pero se volvió a la cama al no ver nada raro ni en la calle ni en su vivienda.

A las siete y media de la mañana la madre, Paquita, de 35 años, llamó al 112, Centro de Coordinación de la Región de Murcia, que alertó a la Policía Local, a la Guardia Civil y a la Cruz Roja.

«¡Me han matado a mis hijos, me han matado a mis hijos!», gritaba Paquita desde la entrada de la vivienda a la llegada de los efectivos policiales y sanitarios. Los ojos de un joven voluntario de la Cruz Roja fueron los primeros en apreciar la magnitud de la tragedia que ayer mantenía conmocionada a la localidad de Santomera.

Aerosol paralizante

Sobre la cama, y aún con los pijamas puestos, yacían los cuerpos de los dos pequeños. En sus cuellos podían verse moratones y magulladuras, señales inequívocas de un estrangulamiento, según confirmaban fuentes policiales.

«La madre estaba ida, como un zombi», apostillaban las mismas fuentes. «Fue ella quien explicó que alguien le había rociado con un spray paralizante», comentaba incrédulo uno de los agentes de policía que presenció la escena. El juez de guardia de Murcia, capital de la comunidad autónoma sita a 10 kilómetros del municipio, ordenó el levantamiento de los cadáveres, que fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense para practicarles la autopsia.

Paquita González y J. C., su hijo mayor, de 14 años, los únicos dos testigos de los hechos, recibieron apoyo psicológico de los servicios sociales del Gobierno de la Región de Murcia. Horas más tarde, J. C., de quien familiares directos del matrimonio aseguran que no es fruto de esta pareja sino de una anterior, era recogido por los tíos paternos. El padre de los pequeños muertos, José Ruiz, es camionero y se encontraba realizando un viaje en Francia. Se esperaba que llegase esta madrugada al pueblo.

Mientras tanto, su madre, tras recuperarse de la crisis nerviosa inicial y sentirse en condiciones para someterse a un interrogatorio, fue conducida al Instituto Anatómico Forense, donde ya reposaban los cadáveres de sus dos hijos para que se les practicara la autopsia.

Sin embargo, allí no vio a sus pequeños sino que fue sometida a un reconocimiento médico para verificar la causa de las heridas que presentaba en ambas muñecas y los efectos del aerosol paralizante con el que aseguraba que había sido rociada antes del asesinato de sus dos hijos, a fin de que no tuviera opción de defenderlos, según fuentes de la investigación.

Horas de interrogatorio

Doce horas después de conocido el crimen, ninguna de las fuentes consultadas se atrevía a confirmar o a rechazar si alguien ajeno al domicilio había entrado o no a la vivienda. Pero la hipótesis del robo fue perdiendo fuerza hora a hora, al tiempo que iban tomando cuerpo otras teorías que apuntaban a que el autor o autores del doble crimen podrían pertenecer al círculo familiar o de allegados a las víctimas o sus padres.

Estas tesis iban en alza a tenor de los primeros datos de la investigación policial y porque Paquita seguía siendo interrogada por los agentes de la policía judicial en las dependencias del cuartel de la Guardia Civil de Santomera.

A última hora de la noche, fuentes de la policía insinuaban como otro elemento a tener en cuenta y que se había sumado a la investigación, un problema de drogas. No se hicieron más precisiones pero esta cuestión podría introducir la hipótesis de un truculento ajuste de cuentas.

También, a última hora de ayer, fuentes policiales aseguraban que la investigación sobre el entorno familiar, principalmente en el caso de la madre, se aplazaría hasta después del entierro de los pequeños, que previsiblemente se celebrará a primera hora de esta tarde. El juez ha declarado el secreto del sumario.

La madre sólo salió del cuartelillo una vez. Hacia la seis de la tarde, y custodiada por varios agentes, Paquita volvió al lugar del crimen para realizar una reconstrucción de los hechos. Pero minutos más tarde retornó al cuartel donde prosiguió el interrogatorio.

No pudo ver cómo llegaban, al anochecer, los pequeños féretros blancos de sus hijos Adrián y Francisco al Ayuntamiento de su localidad, donde fue instalada la capilla ardiente.

La madre llegó al velatorio de sus hijos sobre las 22.15, tras ser interrogada durante varias horas por el instituto armado. Allí pudo despedirse de sus pequeños, entre grandes muestras de dolor. Quien al cierre de esta edición aún no había podido darle el adiós a sus hijos era su padre, José Ruiz, de 38 años. Éste, camionero de profesión, conoció la tragedia en Francia, donde se encontraba realizando un porte con su vehículo. «Venía de camino», comentaban los familiares ante los féretros de los niños.


La Guardia Civil detiene a la madre de los niños estrangulados en Murcia

Elpais.com

20 de enero de 2002

La Guardia Civil ha detenido esta tarde, «en calidad de imputada», a Francisca González, madre de los niños estrangulados en la madrugada de ayer en la localidad murciana de Santomera, según han informado fuentes próximas a la investigación.

La detención se registró tras el entierro esta tarde de los pequeños, al que la madre asistió en compañía de su marido, José Ruiz, y del hijo mayor del matrimonio, José Carlos, de 14 años.

Las mismas fuentes han explicado que la Guardia Civil decidió la detención de la mujer «por las contradicciones de sus afirmaciones» y para hacer «pesquisas más a fondo».

La madre declaró ayer durante horas ante la Guardia Civil. De su declaración se desprende que uno o varios asaltantes entraron en el domicilio con la intención de robar y que acabaron con la vida de los pequeños, de 4 y 6 años.

Aunque en un principio se pensó que los dos niños habían sido degollados, las investigaciones posteriores confirmaron que fueron estrangulados con una cuerda o con un cordón.

Las mismas fuentes han precisado que la mujer declaró ayer en calidad de «testigo», mientras que con su detención adquiere la de «imputada», por lo que prestará declaración asistida de abogado. La detenida se encuentra en la Comandancia de la Guardia Civil en Murcia.

Además nuevas revelaciones han hecho aumentar el misterio en torno a este asunto. Esta mañana, Antonio Herrero, miembro de la Cruz Roja y la primera persona que vio los cuerpos de los dos niños ha dicho que por el aspecto de las víctimas, los pequeños «habían muerto hacía mucho rato».

«Muy pálidos»

Herrero ha explicado que los niños estaban «muy amarillos» y «muy pálidos, demasiado como para llevar media hora muertos», agregó.

Los niños, ha recordado, se encontraban en la cama de la habitación de matrimonio con los pies colgando, y uno de ellos, el más pequeño, sólo llevaba puesta la parte superior del pijama y presentaba una mancha de sangre en el hombro.

La dotación al completo de la Policía Local, una docena de agentes, se encuentran desde ayer trabajando en diversas labores distintas a las habituales, tras el suceso más grave ocurrido en este pueblo, situado a unos veinte kilómetros de Murcia capital y en el que muchos vecinos trabajan en el transporte de frutas y hortalizas a centro Europa.

Numerosas personas han acudido desde primera hora de la mañana a visitar la capilla ardiente en el último adiós a los pequeños, que han sido enterrados esta tarde. Unas 3.000 han asistido al funeral por los pequeños, que se ha celebrado en la Iglesia de la Virgen del Rosario de Santomera.

Tras la misa, los féretros han sido llevados al próximo cementerio de la Virgen del Rosario, donde los niños han sido enterrados en medio de un impresionante silencio, sólo roto por el ruido de las cámaras de los numerosos fotógrafos llegados desde distintos puntos de España para informar de los actos del día, calificado por el alcalde de Santomera como «el más triste en la historia» de la localidad.


La madre de los niños de Murcia confiesa que los mató tras tomar «mucho whisky y coca»

Patricia Ortega Dolz – Elpais.com

22 de enero de 2002

Francisca González, la madre de los dos niños estrangulados la madrugada del sábado en Santomera (Murcia), confesó ayer que fue ella quien los mató y que lo hizo tras ingerir «mucho whisky y mucha coca», según relató la fiscal.

Tras el entierro de Francisco Miguel y Adrián Leroy, de seis y cuatro años, el domingo, Paquita, de 35 años, fue detenida por agentes de la policía judicial y conducida a la comandancia de la Guardia Civil de Murcia. Allí, asistida por su abogado, Cándido Herrero, reconoció que fue ella quien había estrangulado a sus hijos con el cable de un cargador de móvil.

La confesión de Francisca se conoció en la mañana de ayer, mediante un comunicado de la Delegación del Gobierno en Murcia. Su madre se enteró por la prensa de que su hija se había autoinculpado: «¿Mi Paqui? ¡Otra loca más en mi familia!», sollozaba. Según fuentes de la investigación, una hermana de la presunta parricida estuvo internada hasta hace poco tiempo en un psiquiátrico y ahora vive con su madre.

Durante toda la mañana, Paquita permaneció en las dependencias de la Comandancia de la Guardia Civil para ser examinada por psiquiatras y psicólogos. Fuentes cercanas a la investigación afirman que el móvil del doble asesinato fueron los celos y el deseo de venganza hacia su marido, José Ruiz.

Él, camionero de profesión y que se encontraba en Francia cuando ocurrieron los hechos, también fue detenido el mismo domingo acusado de tenencia ilícita de armas después de que se le encontraran una pistola Mágnum y cinco cartuchos en su vehículo. Poco después era puesto en libertad tras entregar voluntariamente el arma.

A primera hora de ayer, volvió a presentarse en la Comandancia de la Guardia Civil acompañado de un hermano de su mujer. Salió con una bolsa con ropas. Según informó a Efe el abogado de José Ruiz, éste estudia personarse como acusación particular en la causa.

A las cinco de la tarde, Paquita González salía de las dependencias de la Guardia Civil en un coche de cristales ahumados. Acompañada de su abogado y de la miembro de la Policía Judicial que le tomó declaración, fue conducida hasta el Palacio de Justicia. Allí fue recibida con gritos de «¡asesina, asesina!» que profirieron algunos congregados.

En la sede judicial trabaja como administrativa una de sus hermanas, precisamente la que la ha acompañando estos dos días. Empujada por sus acompañantes y con un trapo negro cubriéndole parte del rostro, logró llegar hasta la segunda planta en medio de los destellos y las luces de las cámaras.

Paquita declaró durante tres horas en presencia del titular del juzgado de instrucción número cinco. Había relatado el sábado que alguien había entrado en su chalé tras romper una ventana y la había rociado con un aerosol paralizante. Pero la tesis del robo «se caía por su propio peso», dijo ayer la fiscal del caso, Ángeles García, quien añadió que la mujer declaró «entera».

«No se ha desmoronado ni llorado», en ningún momento «ha dicho que se arrepiente. Creo que no es consciente de su situación», puntualizó. La madre de los niños, según la fiscal, dijo que «no se acuerda de nada en relación al periodo en que mató a sus hijos», y que esa noche «se tomó dos pastillas para dormir, mucho whisky y mucha coca».

Paquita González, que previsiblemente será juzgada por un jurado popular, se enfrenta a una pena de un mínimo de 30 años de prisión, 15 por el asesinato de cada uno de los hijos. Hacia las 20.30 de ayer, Paquita fue trasladada a la prisión de la Sangonera, a unos 15 kilómetros de Murcia, donde permanecerá vigilada y en la enfermería para evitar que se autolesione o sea agredida por otras reclusas.


La parricida de Santomera niega que matara a sus hijos para vengarse de su marido

Elpais.com

24 de enero de 2002

Francisca González reitera a la Guardia Civil que actuó influenciada por la cocaína y el whisky.

La sórdida declaración de la parricida de Santomera (Murcia) ante la Guardia Civil desmonta el móvil de la venganza por una amenaza de divorcio. Francisca González ha negado que hubiera estrangulado a sus dos hijos menores para hacer daño a su marido.

La propia autora no encuentra una razón para el brutal crimen y lo explica como consecuencia de una vida destrozada por vejaciones sexuales, malos tratos, graves amenazas contra su familia y por el abuso de las drogas y el alcohol.

«José me humillaba y me obligaba a ir a clubes de intercambio de parejas»

La noche del domingo, 40 horas después de haber estrangulado a sus hijos Francisco, de seis años, y Adrián Leroy, de cuatro, Francisca se derrumbó. Hasta entonces había intentado sostener una versión de los hechos llena de contradicciones: que un ladrón entró en su casa, la atacó con un spray paralizante y mató a sus pequeños. Pero después del entierro, tras su detención, se derrumbó ante los agentes y contó hasta los detalles más íntimos en una declaración que hoy publica La Verdad de Murcia.

«Llevé un año muy malo con mi marido, lleno de humillaciones, vejaciones y amenazas de todo tipo», manifestó a los agentes que la acaban de detener. Tras recordarle sus derechos y ante su abogado, inició su descenso a los infiernos.

No recuerda ni cuándo ni cómo los mató

Según La Verdad de Murcia, en su confesión ante la Guardia Civil, que al día siguiente ratificó en el juzgado, Francisca afirmó: «No los maté para hacerle daño a mi marido; habría tenido más posibilidades en otras ocasiones».

Francisca -encarcelada desde el pasado domingo- narró a los agentes unas presuntas humillaciones y vejaciones sexuales a las que la sometía su marido, José Ruiz, al que acusa además de estar relacionado con el tráfico de drogas, una práctica ilegal por la que la familia recibía amenazas.

La mujer admitió que intentaba combatir sus depresiones con cocaína y whisky, hizo un exhaustivo recorrido por lo más duro de sus 35 años de existencia y acabó señalando que mató a sus hijos no por vengarse de su esposo, sino como consecuencia de un cóctel que le nubló la razón.

Además, según el diario negó rotundamente que planeara los crímenes, una hipótesis surgida tras el registro de la casa, donde se encontró una peluca rubia [y] 9.000 euros en efectivo (más de un millón de pesetas). Según Francisca, lo tenía todo preparado por si las presuntas amenazas contra su familia iban a mayores y tenía que escapar. «Si hubiese querido huir lo habría hecho», reconoció.

«Yo no quería matarlos; todo ocurrió bajo los efectos del miedo, la cocaína, el whisky y las pastillas», aseguró. Después de haber consumido «cinco gramos de cocaína y varios whisky y varias pastillas», afirmó haber perdido la conciencia y tener importantes lagunas en la memoria, por lo que no recuerda ni el momento y ni la forma en que dio muerte a sus hijos.

«Serían sobre las seis cuando desperté y vi a mis hijos muertos. Ya había visto que en la casa no había entrado nadie y pensé “Paqui, has sido tú”, ya que mi marido estaba en Francia y no había nadie más en la casa, salvo mi hijo José Carlos», de 14 años. En su desesperación, inventó la coartada del robo, después de lavar con una toalla húmeda los cadáveres de sus hijos.

«No recordaba haberlos matado y estuve pensando qué hacer. Pensé en simular un robo y escondí las joyas debajo de un cojín del sofá del comedor». Para afianzar esta coartada, rompió un cristal del balcón con una plancha y desde fuera, como hubiera hecho un ladrón. Su morbosa mente la llevó incluso a inventar un rostro para el delincuente imaginario. «Dije que era un ecuatoriano porque sé que trabajan en el mundo de la droga», se justificó.

José Ruiz, su esposo, un camionero que viaja constantemente por Europa, no sale bien parado. «Me obligaba a realizar actos de todo tipo, tales como pasar moneda falsa, y a asistir a lugares de intercambio de parejas como [los clubes] Brasil y Ninette. A todo eso me presté por amor a mi marido o por gilipollas. Sobre el intercambio de parejas me decía: “Hago esto porque no te doy suficiente satisfacción y así te demuestro lo que te quiero”. Yo no estaba conforme, pero aceptaba».

Además de llevarla a estos clubes, Francisca habla de infidelidades: «Me engañó durante un año, aunque ya hace tiempo que terminó esa aventura, en febrero del año pasado».

«Me amaba ciegamente»

Pero también hace imputaciones más graves. Para explicar el estado de tensión en el que vivía, dijo que estaba atemorizada por las amenazas que su familia recibía por «las actividades de tráfico de estupefacientes» en las que estaba involucrado su marido.

Cuenta un episodio sobre un hombre, J.R., «que le debía 3,6 millones» a su esposo «por un viaje o viaje y medio», y que «le apuntó un día con una pistola y le quitó las llaves del coche y del camión. Y le amenazó con destrozar su entorno, su familia y sus bienes». El temor a ese hombre le llevó a comprar la peluca «para no ser reconocida» y a guardar dinero «por si un día tenía que salir corriendo».

Por su parte, el marido ha negado casi todas las acusaciones, salvo la infidelidad. En el mismo diario, José Ruíz ha reconocido que se siente tan culpable de lo sucedido por pasar tantas horas alejado de su casa que a veces piensa que el asesino ha sido él. El marido explica lo sucedido casi como un crimen pasional: «Me amaba ciegamente».

José explica que está convencido de su esposa nunca hubiera matado a sus hijos de no ser por las drogas y alcohol y que está dispuesto a buscarle un abogado para sacarla de la cárcel.

Aunque reconoce que juntos han consumido coca, que tenía una pistola sin permiso para defenderse y que fueron en una ocasión a un local de intercambio de parejas -según la versión de José fue hace 12 ó 13 años y ella no accedió a la proposición-, niega que se dedique al tráfico de drogas, que haya recibido amenazas o que la sometiera a malos tratos.

«Nunca he maltratado a mi mujer. Es posible que alguna vez, irritado, fuera de mí, se me haya escapado la mano». El marido añade que, consciente de los problemas de Francisca, pensaba llevarla a un psiquiatra.


La parricida de Santomera dice que su marido quiere hacerla pasar por loca

Elpais.com

21 de febrero de 2002

Paquita González se pone en contacto con diversos medios de comunicación para dar su versión de los hechos.

La mujer acusada de estrangular a sus hijos de 4 y 6 años en Santomera, Paquita González, dice que su marido quiere hacer creer que está loca, con el fin de que no se tomen en cuenta sus acusaciones sobre tráfico de drogas, al tiempo que asegura que «lo que más echo de menos son mis hijos».

La presunta parricida de Santomera ha hablado por teléfono, a cobro revertido desde la prisión de Murcia, con el diario La Opinión, en una conversación, según este periódico, en la que la mujer mantenía la compostura, estaba perfectamente lúcida, con una voz serena y segura de sí misma.

«Todo el mundo habla y opina en la prensa y en televisión, y yo también tengo derecho a opinar», argumenta Paquita, quien dice sentirse «bien anímicamente» pero «mal en el sentido de lo de mis hijos, pero para hablar me encuentro bien».

La acusada sigue manteniendo, tal y como declaró ante el titular del juzgado de instrucción número cinco de Murcia, que no recuerda con exactitud la noche del doble crimen. Por eso es precisamente por lo que se muestra molesta, pues «estoy un poco harta de leer cosas muy fuertes en todos los medios de comunicación; se lo dije ya el otro día a mi abogado: todos hablan y yo no tengo derecho».

«Penumbras sobre esa noche»

A ello se suma el hecho, de que, según Paquita, la mayoría de las cosas no tienen fundamento. «Yo todavía no he asumido lo que pasó».

«Hay muchas dudas y no lo tengo asumido. Son muchas las penumbras sobre esa noche (en referencia a la noche del crimen) y no se está contando lo que sucedió realmente, porque ni yo misma sé lo qué pasó», añade.

Igualmente, ha hablado sobre su supuesto amante, figura que, según ella, ha sido una invención que parte del entorno de su propio esposo, José Ruiz Nicolás. «Amante no hay; lo que pasa es que mi marido quiere hacer creer ahora que estoy loca, para que lo que he dicho de él no tenga validez», agrega.

Paquita se refiere así a lo que declaró sobre su esposo ante el titular del juzgado de instrucción número cinco de Murcia, Edmundo Tomás García, acusando al marido de dedicarse al tráfico de drogas.

En cuanto a las razones que pueden haber impulsado a su esposo a personarse en el caso como acusación particular, la mujer cree que es «por el tema económico».

Una pista falsa

Precisamente, en la carta manuscrita que Paquita ha enviado al diario La Verdad de Murcia, que publica en su edición de hoy, la mujer niega que tuviera un amante, y cree que la que su implicación es una pista falsa, aunque le pide perdón por el daño moral que él y su familia están sufriendo.

La mujer dedica a su marido las líneas más despectivas de su carta: «el miedo de mi marido lo conozco yo. Pero no te preocupes Finito, porque yo sé guardar».

Asimismo, en su escrito asegura que «me han humillado, degradado, llamado demente y asesina. Y no es así». «Se recogen informaciones, cosas que nunca he dicho, como decir que yo he matado, que no me arrepiento, celos, que tenía un amante», añade en su misiva, que concluye con un «yo no sé qué pasó esa noche fatídica y todos lo saben, pues sois todos muy listos».


El hijo de la parricida de Santomera incrimina a su madre en el asesinato de sus dos hermanos

Lavanguardia.com / Agencias

27 de octubre de 2003

José Carlos R.G., el hijo mayor de Francisca González, la presunta «parricida de Santomera» a la que se juzga en la Audiencia de Murcia por el presunto asesinato de sus dos hijos menores, dijo al declarar esta tarde como testigo que escuchó a sus hermanos pedir socorro la noche del crimen, «pero no creí que estuviera ocurriendo algo así».

Este joven, que tenía 14 años cuando ocurrieron los hechos, en enero de 2002, añadió que «escuché a uno de mis hermanos decir que no podía respirar, y mi madre le dijo que no pasaba nada, que se pusiera boca abajo». Asimismo, dijo que Francisca González, ante los gritos de socorro del niño le pidió a éste que «le soltara el pelo y que se diera la vuelta de una vez».

Al preguntarle las acusaciones el motivo por el que no entró en el dormitorio de la madre para ver lo que ocurría, el testigo, que declaró desde un despacho de la Audiencia por videoconferencia, comentó que «no lo hice porque pensé que era una de las veces en que mi madre les pegaba».

Comentó asimismo que a primeras horas de la mañana cuando ya se había cometido el doble crimen, Francisca le pidió que fuera a comprar tabaco, a lo que le contestó que los bares estaban aún cerrados, y «al preguntarle por mis hermanos me contestó que estaban durmiendo».

Por su parte, José Ruiz, esposo de la procesada, que declaró igualmente como testigo, dijo al jurado que la juzga en la Audiencia Provincial de Murcia que «las relaciones con mi mujer eran regulares, porque había discusiones debido a que es muy celosa».

A preguntas de las acusaciones y de la defensa, declaró que consumía cocaína con la presunta parricida, «aunque de forma esporádica» y que también participó en relaciones de cambio de pareja, «pero sugeridas por ella».

José Ruiz admitió haber pegado a su mujer «una o dos veces», así como haberle enviado mensajes con textos obscenos a lo largo de varios días cercanos a la fecha en que se produjo el presunto doble parricidio.

En la sesión de esta tarde declararon también una hermana de José Ruiz y el esposo de ésta, quienes afirmaron que cuando acudieron a la vivienda del matrimonio, en Santomera, la presunta parricida les dijo que habían entrado dos personas en la misma, «una de ellas, con rasgos ecuatorianos».

Francisca González señaló en la primera sesión del juicio, celebrada esta mañana, que lo único que recordaba de la noche del crimen, en la que consumió cocaína y alcohol, es que se despertó y se encontró a sus hijos en su cama.

Francisca González, que negó en varias ocasiones que hubiera sido ella la que los estranguló con el cable del cargador de un teléfono móvil, como sostienen el fiscal y la acusación particular, añadió que «intenté reanimarles, incluso haciéndoles el boca a boca». El fiscal y la acusación particular solicitan para ella 40 años de prisión por dos delitos de asesinato e indemnizaciones que suman 220.000 euros.

Por su parte, el letrado defensor considera que los hechos son constitutivos de dos delitos de asesinato «cometidos por persona desconocida», o, alternativamente, dos delitos de homicidio, de los que sería autora su defendida, aunque solicita para ella la absolución por la eximente de trastorno mental transitorio.

La vista oral continuará mañana con la declaración de varios testigos, entre ellos, los guardias civiles que realizaron la investigación que condujo a la detención de Francisca tras ser oficiado el funeral por los pequeños.


El marido de la presunta parricida de Santomera admite que le pegó y le mandó mensajes ofensivos

Libertaddigital.com

27 de octubre de 2003

El marido de la presunta «parricida de Santomera», José Ruiz, admitió este lunes en el juicio haberle pegado «una o dos veces» a su esposa, así como que le envió 19 mensajes a su teléfono móvil en los que incluía contenidos ofensivos y amenazantes en los días anteriores al estrangulamientos de los dos hijos menores de la pareja.

Durante la comparecencia de Ruiz en el juicio a su mujer por el presunto asesinato de Adrián Leroy y Francisco Miguel, de 4 y 6 años respectivamente, éste aseguró que cinco meses antes de los hechos Francisca González le comunicó que «si tomaba cinco gramos de cocaína, una botella de whisky y un Dormodor» no sería consciente de los actos que cometía.

Además, afirmó que por esas fechas también le alertó de que dos hombres, uno de ellos ecuatoriano «rondaban por la casa», misma narración que hizo la mañana en la que aparecieron los cuerpos de sus hijos menores, cuando llamó por teléfono a su casa.

En cuanto a su relación de pareja, Ruiz señaló que su mujer sentía un «amor enfermizo» por él, así como que fue ella la que le propuso realizar intercambios de pareja, momento en el que González, que no había hecho ningún gesto en toda la vista, le advirtió: «estás bajo juramento», lo que motivó una advertencia por parte de la jueza, María Jover, a la acusada.

El marido admitió haber enviado 19 mensajes a su teléfono móvil, desde el 10 de enero hasta la madrugada del 19 de enero, en que se produjo el doble crimen, con mensajes ofensivos, en los que le advertía que «cómo me toques los cojones más, te meto en un sanatorio».

Convencida de que «alguien había entrado»

Respecto a la noche de los hechos, Ruiz indicó que recibió un mensaje de su mujer sobre la 1.30 horas en el que leyó: «Ahora toca baile», y ya no pudo contactar con su domicilio hasta que llamó a las 6.45 horas desde su camión, cuando se puso su hijo mayor, José Carlos, quien le dijo que «alguien había entrado y los chiquillos no se movían». Tras finalizar la sesión de tarde de la primera jornada, el marido de Francisca afirmó: «espero verla en la cárcel 40 años o más».

Antes de la comparecencia de Ruiz, testificó el hijo mayor, José Carlos, quien, a instancias del fiscal, Manuel López Nicolás, dio su versión de los hechos a través de videoconferencia para no estar en la misma sala que su madre.

El chico señaló que su madre le despertó dos veces -una de ellas a las 3.00 horas- para pedirle de que bajara a la planta baja del dúplex porque «había escuchado ruido».

Tras quedarse dormido sobre la medianoche, el adolescente, que en esas fechas tenía 14 años, se despertó de nuevo y oyó que su hermano de 6 años gritaba a su madre: «mamá no puedo respirar», pero optó por no entrar en la habitación del matrimonio porque «pegaba habitualmente por haberse portado mal» a los dos niños pequeños.

Narró que su madre le despertó sobre las 6.45 horas por la misma razón, por lo que llamó a su padre y al servicio de emergencias 112. Posteriormente, González le pidió a su hijo que le comprara tabaco, además de que fuera a pedir ayuda a sus tíos, ya que los niños no se movían.


El jurado halla culpable a la mujer acusada de matar a dos de sus hijos

EFE

1 de noviembre de 2003

Francisca González Navarro, de 35 años, ha sido encontrada culpable de haber dado muerte a dos de sus hijos, de 6 y 4 años, asfixiándolos con el cable del cargador de un teléfono móvil, según el veredicto dado a conocer ayer.

Para los miembros del jurado, cinco hombres y cuatro mujeres, la procesada cometió el crimen en la madrugada del 19 de enero de 2002, «aunque el plan lo había concebido con anterioridad».

Para realizarlo, Francisca «entró en el dormitorio del matrimonio, donde dormían sus dos hijos, y procedió a anudar al cuello de F. M., de 6 años, el cable del cargador exigiéndole, al despertarse éste por la agresión, que se diera la vuelta y se pusiera boca abajo, para llevar a cabo su trabajo con mayor facilidad».

Añade el veredicto que el pequeño pidió auxilio, y aunque sus gritos fueron escuchados por el hijo mayor, de 14 años, «éste no acudió al dormitorio porque conocía que la madre les golpeaba con frecuencia».

Los jurados dan por probado que la procesada «se drogaba desde varios años atrás», y que el día de los hechos consumió cocaína y unos fármacos, «pero estimamos», añaden, «que no afectó a su consciencia y voluntad».

El jurado señala «que no hay razones de justicia y equidad para proponer el indulto» de la condenada, para la que el fiscal pide 40 años de cárcel por dos delitos de asesinato.


Condenada a 40 años de cárcel la mujer que mató a sus hijos en Murcia

Elpais.com

4 de noviembre de 2003

Francisca González ha sido condenada a dos penas de 20 años de prisión por sendos delitos de asesinato. Un jurado popular la encontró culpable el viernes pasado del asesinato de dos de sus hijos, de 4 y 6 años de edad, a los que estranguló con el cable del cargador de un teléfono móvil.

La pena de 40 años de cárcel era lo que solicitaba el fiscal. La sentencia ha sido notificada hoy por la magistrada presidenta del jurado, María Jover, después de que el jurado, en el veredicto emitido el pasado viernes, señalara que Francisca González Navarro, conocida como la parricida de Santomera, cometió los dos delitos sin que estuviera afectada ni por los celos que sentía por su esposo ni por el consumo de drogas.

El jurado, compuesto por cinco hombres y cuatro mujeres, consideró probado que González cometió el crimen en la madrugada del 19 de enero de 2002, «aunque el plan lo había concebido con anterioridad». Los jurados dieron por probado que la procesada «se drogaba desde varios años atrás, y que el día de los hechos consumió cocaína y unos fármacos, pero estimaron que esto «no afectó a su consciencia y voluntad».

Pagar las costas judiciales

La sentencia dictada hoy condena también a González a hacer frente a las costas judiciales, incluidas la de la acusación particular, que fue ejercida, en nombre del esposo, por el letrado Evaristo Llanos. La magistrada-presidente ha explicado tras la lectura del fallo que Francisca González conoció esta mañana la sentencia en prisión, a la que se había desplazado un funcionario judicial para notificársela formalmente.

Jover ha añadido que a partir de ahora se abre un plazo de diez días para poder recurrir ante la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de la Región.

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