Éric Borel
  • Clasificación: Asesino itinerante
  • Características: Menor de edad (16 años) - Parricida
  • Número de víctimas: 15
  • Periodo de actividad: 23-24 de septiembre de 1995
  • Fecha de nacimiento: 11 de diciembre de 1978
  • Perfil de las víctimas: Yves Bichet (su padrastro) / Marie-Jeanne Parenti (su madre) / Jean-Yves Bichet, 11 (su hermanastro) / Alan Guillemette, 17 (su amigo) / Marius Boudon, 59 / Andrée Coletta, 65 / Rodolphe Incorvala, 59 / Jeanne Laugiero, 68 / Mohammed Maarad, 41 / Pierre Marigliano, 68 / Pascal Mostacchi, 15 / Denise Otto, 77 / Mario Pagani, 81 / André Touret, 62 / Ginette Vialette, 48
  • Método de matar: Arma de fuego - Golpes con martillo
  • Localización: Solliès-Pont / Cuers, Francia
  • Estado: Se suicida disparándose en la cabeza el 24 de septiembre de 1995
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Éric Borel – Un francés de 16 años mata a quince personas

Última actualización: 25 de abril de 2016

Éric Borel (11 de diciembre de 1978 – 24 de septiembre de 1995) fue un estudiante de instituto francés y asesino itinerante, que a la edad de 16 años asesinó a su familia en Solliès-Pont, Toulon, el 23 de septiembre de 1995.

Posteriormente se dirigió andando varios kilómetros hasta el pueblo de Cuers, donde continuó sus asesinatos, matando a tiros a doce personas e hiriendo a cuatro, que paseaban tranquilamente por la calle.

El tiroteo finalizó cuando llegó la Policía al lugar de los hechos y Éric Borel se suicidó.

Niñez

Éric Borel era hijo de Marie-Jeanne Parenti y Jacques Borel. Ambos eran militares en la fecha de su nacimiento. Sin embargo, la pareja se separó al poco tiempo y Eric fue enviado a vivir con sus abuelos paternos a Limoges, donde permaneció hasta cumplir los cinco años.

Cuando su madre, que había visitado a Éric en escasas ocasiones, comenzó a vivir con Yves Bichet, se llevó con ella a su hijo a vivir a Solliès-Pont, pese al desagrado del niño.

La madre de Borel era una mujer autoritaria y fanática religiosa que maltrataba y golpeaba a su hijo al que consideraba «hijo del pecado». La relación con su padrastro no era mejor, con el que discutía frecuentemente.

Cuando Éric se rompió el brazo a la edad de 8 años, en lugar de ir a su casa, decidió esconderse hasta que fue encontrado desmayado por el dolor.

En este tipo de situación, Borel, que era conocido como un niño tranquilo y taciturno, cuya única diversión era cuidar de los pollos que criaban en el patio durante su tiempo libre, según fue creciendo desarrolló una gran admiración hacia los temas militares, mintiendo sobre supuestos actos heroicos cometidos por su padre en la guerra de Indochina, y mostrando una gran adoración por su hermanastro Franck Bichet, que sirvió en el Ejército.

Además comenzó a mostrar una gran curiosidad por las armas y a utilizar una escopeta de aire comprimido para disparar a los gorriones.

Años posteriores y motivo

Hasta su muerte, Borel acudió al Liceo Profesional Georges-Cisson en Toulon, donde estudiaba electromecánica sacando buenas notas. Era un estudiante tranquilo y disciplinado. Sin embargo, durante su último año en la escuela su comportamiento sufrió un cambio radical, llegando a saltarse las clases regularmente.

Además, comenzó a decir a sus compañeros que estaba harto de vivir en su casa y que pensaba enrolarse en el Ejército como hicieron su padre y su abuelo.

La semana antes del tiroteo comentó con alguno de sus conocidos que estaba pensando en suicidarse, pero no antes de matar a dos o tres personas.

Borel tenía un único amigo, Alan Guillemette, de 17 años, un compañero de clase bastante popular con el que solía pasar largos ratos al salir de la escuela.

Muchos informes indicaron erróneamente que la habitación de Borel estaba lleno de insignias nazis, y propagaron rumores de que simpatizaba con ideologías fascistas por el hecho de que su padrastro había asistido a varias reuniones del Frente Nacional en 1989.

Sin embargo, salvo una imagen de Adolf Hitler recortada de un periódico, unos pocos libros sobre la Segunda Guerra Mundial, y un documental sobre David Koresh y el asedio de Waco, no se encontró evidencia alguna de que estuviera interesado en cualquier tipo de ideología política.

Ataques

Los ataques comenzaron alrededor de las 6:00 p.m. CET, el 23 de septiembre de 1995, cuando Éric asesinó a su padrastro, Yves Bichet, en la cocina, disparándole cuatro veces con un rifle del calibre 22, antes de destrozarle la cabeza a martillazos.

La Policía supone que ambos mantuvieron previamente una discusión al intentar Éric irse de casa.

Seguidamente, Borel atacó a su hermanastro Jean-Yves Bichet, de 11 años, que estaba viendo la televisión. Y lo hizo de la misma manera que a su padrastro, disparándole primero con el rifle y golpeándole posteriormente con el martillo en la cabeza.

Después, Éric limpió las manchas de sangre y esperó tranquilamente la llegada de su madre.

Tan pronto como su madre, Marie-Jeanne Parenti, regresó a casa de la Iglesia alrededor de las 8:30 p.m., Borel la mató inmediatamente de un único disparo en la cabeza. Al contrario que con su padrastro y hermanastro, Borel no golpeó con el martillo a su madre.

Seguidamente, Éric se dedicó a limpiar la casa, cubrió los cadáveres con sábanas, cerró todas las persianas y, antes de salir de la casa, cerró con llave la puerta principal.

Llevaba consigo una bolsa con comida, dinero, un impermeable, un mapa de Limoges, y estaba armado con el rifle de su padre y con los bolsillos llenos de balas.

Borel emprendió el camino hacia Cuers en coche, pero estrelló el vehículo contra un muro y tuvo que continuar el viaje a pie. Supuestamente pasó la noche entre los viñedos.

Los cadáveres de la familia asesinada fueron descubiertos aproximadamente a la 1 a.m. por Jean-Luc, uno de los hijos de Yves Bichet, un estudiante que estaba viviendo en Antibes y que algún fin de semana visitaba a su padre.

Tras haber avisado a la Policía, Bichet fue considerado sospechoso al facilitar información contradictoria. La ausencia de Éric Borel no fue detectada hasta tres horas después.

El tiroteo

A las 7:15 a.m. del día siguiente, Borel llegó a la casa de su amigo Alan Guillemette y cuando la madre de Alan abrió la puerta Eric le pidió que lo despertara. Los dos tuvieron una larga discusión en el jardín, ya que al parecer Eric quería algo de Alan, pero cuando él se negó y se giró para volver a entrar en la casa, Eric le disparó en la espalda, hiriéndolo de muerte.

De 7:30 a.m. en adelante, Borel comenzó a disparar personas al azar. Nadie sospechó de su rifle hasta que fue demasiado tarde, ya que era la temporada de caza y por lo tanto la vista de los rifles no era inesperada.

Primeramente disparó a Ginette Vialette a través de una ventana abierta, hiriéndola mortalmente. Después disparó a Denise Otto, a la que mató cuando estaba sacando la basura. También hirió en un hombro al marido de Denise, Jean.

Posteriormente Borel hirió a una mujer anciana que estaba paseando por la calle con su marido y disparó e hirió a dos hermanos que estaban cruzando la calle.

Más tarde disparó a Rodolphe Incorvala a través de una ventana abierta. Murió poco tiempo después en el hospital.

Borel cruzó la calle para disparar y matar a Mario Pagani, que estaba comprando el periódico, y a Mohammed Maarad enfrente del «Café du Commerce». Marius Boudon y André Touret fueron asesinados cuando estaban sacando dinero de un cajero automático y Andrée Coletta cuando estaba paseando a su caniche. Finalmente disparó y mató a Pascal Mostacchi en la Place Peyssoneau.

A las 8:00 a.m. la Policía llegó a la escena. Al darse cuenta que estaba rodeado, Éric Borel se suicidó bajo un ciprés enfrente de una escuela disparándose en la cabeza.

Los testigos de la masacre constataron la tranquilidad con que Borel disparó a sus víctimas, volviendo incluso a rematarlas si no habían muerto al primer disparo. En total, Borel disparó alrededor de 40 balas.

El 23 de octubre de 1995, Jeanne Laugiero, de 68 años, murió en el hospital a consecuencia de las heridas recibidas en el tiroteo. La última víctima mortal del tiroteo fue Pierre Marigliano, de 68 años, que falleció el 2 de marzo de 1996, elevando a 15 el número de víctimas.

El tiroteo de Éric Borel es el asesinato en masa más sangriento de la historia de Francia, desde que Christian Dornier matara a 14 personas en Luxiol el 12 de julio de 1989.

Víctimas

  • Yves Bichet, padrastro de Eric Borel.
  • Marie-Jeanne Parenti, madre de Eric Borel.
  • Jean-Yves Bichet, 11, hermanastro de Eric Borel.
  • Alan Guillemette, 17, amigo de Eric Borel.
  • Marius Boudon, 59.
  • Andrée Coletta, 65.
  • Rodolphe Incorvala, 59.
  • Jeanne Laugiero, 68.
  • Mohammed Maarad, 41.
  • Pierre Marigliano, 68.
  • Pascal Mostacchi, 15.
  • Denise Otto, 77.
  • Mario Pagani, 81.
  • André Touret, 62.
  • Ginette Vialette, 48.

Entre los heridos estaban Jean Otto y Jean Boursereau.


Un francés de 16 años mata a doce personas y hiere a otras ocho antes de suicidarse

Octavi Marti – El País

25 de septiembre de 1995

El poeta Paul Nizan prometía acabar con todos aquellos que dijeran que la juventud o la adolescencia eran los periodos más felices de la vida de una persona. Eric Borel -de 16 años y vecino de Solliés-Pont, cerca de la frontera italiana y de la costa-, que ayer mató a doce personas e hirió a otras ocho antes de suicidarse, sabía sin duda de esa angustia adolescente.

El sábado por la noche, armado con un martillo y un bate de béisbol, acabó con sus padres y su hermanastro de 11 años. El hermano mayor fue quien encontró los tres cadáveres y denunció el hecho. La policía empezó a buscar a Eric sólo como testigo.

Cuando llegaron a la casa de los Bichet, apellido del padrastro, la hipótesis del súbito enloquecimiento del muchacho no cruzó la mente de los agentes. «Era un chico totalmente normal, sólo un poco reservado, un tantillo taciturno», explica un vecino con el que los Bichet compartían la vista sobre el cementerio municipal.

Los compañeros de escuela de Eric no aportan otro tipo de precisiones: «Le veíamos sólo en clase. Luego se iba, a su casa. Casi siempre andaba solo, se limitaba a saludar cuando llegaba o se iba. Sé que tenía problemas familiares».

Eric abandonó la casa-tumba de noche, con un fusil de caza bajo el brazo. Nadie sabe lo que el muchacho hizo durante las horas nocturnas pero sí que luego, por la mañana, poco después de las ocho, estaba en Cuers, a siete kilómetros de su pueblo.

«Le vi pasar desde el interior de mi tienda», cuenta Fréderic Bares, el propietario de la papelería del pueblecito, «y parecía muy tranquilo. Ni me di cuenta de que iba armado hasta que disparó contra un jubilado. El hombre se derrumbó de golpe y él siguió su marcha». Un delirio calmo, de terminado, propio de quien ha roto con su mundo y ha emprendido un viaje que sin retorno.

En el bar del pueblo, el camarero acaba de servir a uno de sus clientes habituales el primer café del día. Oye las detonaciones y sale a la terraza, a comentarlos con él. «Vi que Mario tenía sangre en la boca y la mirada extraviada. Pensé que se encontraba mal pero no me dí cuenta de que le habían disparado».

El ángel exterminador sigue su camino, asesina a una mujer que paseaba el perro, dispara contra otro transeúnte y, al ver que sólo le ha herido en la pierna, acude a darle el tiro de gracia. Otra mujer tiene la desgracia de coincidir con él en la calle porque ha salido a recoger el cubo de la basura. Otras cuatro personas correrían la misma suerte. Tres de los heridos se hallan en estado crítico.

En Cuers, una localidad de 7.000 habitantes, a unos 20 kilómetros de Tolón, en la Costa Azul, todo el mundo dice estar «traumatizado», «no entender nada» y se pregunta sobre el por qué de esa explosión de violencia, como si hubiese uña [una] buena respuesta para la locura o el crimen. «No gritaba ni amenazaba, iba caminando a su aire, cargaba el fusil sin apresuramiento» narra una mujer que luego vio a Eric «como si se hubiese cansado, optó por dirigir los cañones contra sí mismo».

Al margen del oscuro por qué de una carnicería comenzada en el hogar, no menos misteriosa es la actuación de la policía, que no fue capaz de localizar a lo largo de toda una noche a un adolescente que erró varias horas a pocos kilómetros de su casa.

Extraño es también que la llegada a Cuers de Eric pillase por sorpresa a los gendarmes, máxime cuando el adolescente ya había disparado, desde lejos, pero con intención de herir, contra gente que vivía en las afueras del pueblo. Se dijo que se le había confundido con un cazador, pero el error es, en todo caso, grave.

Ayer, los datos que se filtraron sobre el suceso fueron escasos y contradictorios, como si existiese la posibilidad de que se estuviera asistiendo a una conspiración criminal y conviniese guardar el secreto mientras se buscaba a otros posibles culpables.

A última hora parecía que dos de las víctimas eran adolescentes amigos, de Eric, con el que intentaban formar un grupo musical. La policía daba a entender que el que hubiesen sido tiroteadas en la calle se debía a un azar trágico.


Drama mortal en dos actos

José Luis Durán King

7 de febrero de 2015

Éric Borel tenía 16 años cuando decidió declarar la guerra, primero al suburbio donde vivía, Solliès-Pont, para después dirigirse en auto a la ciudad de Cuers, de 7 mil habitantes, y continuar su masacre.

Los padres de Borel eran militares, quienes se divorciaron cuando su hijo aún no alcanzaba el año. Pese a que la madre, Marie-Jeanne Parenti, decidió quedarse con la custodia del niño, éste vivió hasta los cinco años en el hogar de los abuelos paternos.

Marie-Jeanne Parenti, que visitaba a su hijo con cierta regularidad, finalmente se hizo cargo de él, a quien llevó a vivir con su nuevo esposo y los hijos de éste, Franck e Jean-Yves Bichet, que siempre demostraron cariño a su hermanastro; sin embargo, la madre del niño no sentía ese mismo cariño y golpeaba frecuentemente a su hijo.

En las escuelas a las que asistió, Borel era un estudiante gris, poco participativo. Tuvo pocos amigos. Uno de ellos fue Alan Guillemette, de 17 años, un condiscípulo en la carrera técnica de electromecánica. Fue a Guillemette a quien Borel le avisó que tenía intención de suicidarse, aunque nunca le comentó qué planes tenía antes de quitarse la vida.

La tarde del 23 de septiembre de 1995, la villa de Solliès-Pont, cerca de Toulon, Francia, respiró el aliento de un asesino masivo. Éric Borel llegó a su casa. Su padrastro, Yves Bichet, estaba en la cocina. El hombre recibió cuatro disparos de un rifle calibre .22 antes de que su cráneo fuera machacado con un martillo.

Jean-Yves Bichet, de 11 años, veía la televisión. Nunca se dio cuenta cuando su hermanastro se le acercó. Los disparos que recibió en la cabeza quizás apenas los sintió. También su cabeza fue machacada con el martillo.

Mientras esperaba a que su madre llegara a casa, Borel limpió las manchas de sangre en piso y paredes. Marie-Jeanne Parenti enfrentó su destino final cerca de las 8:30 de la noche. La mujer, posiblemente por ser la madre del adolescente, solo recibió un disparo en la cabeza.

Una vez cerrado el capítulo familiar, Borel abordó el auto de la familia. Su escasa experiencia como conductor derivó en un choque en una de las calles de Solliès-Pont. Ahí dejó la unidad y al parecer pasó el resto de la noche en un viñedo.

A las 7:15 de la mañana del 24 de septiembre, Borel llegó a la casa de su amigo Alan Guillemette, quien aún dormía. Su madre lo despertó para decirle que Borel lo esperaba afuera. No se sabe qué platicaron los adolescentes, pero cuando Alan dio la espalda a su amigo recibió un disparo en la cabeza.

Alan fue llevado al hospital. Antes de morir dijo a la policía que su amigo le había comentado sobre sus intenciones de suicidarse, pero que ignoraba por qué le había disparado. Las autoridades aún no encontraban los cadáveres de los familiares de Borel.

La gente que vio caminar a Borel con el rifle al hombro recuerda a un joven tranquilo, un tanto ausente, que simplemente buscaba dispararle a «todo lo que se moviera». Al asomarse a la ventana de una casa vio a una mujer a través de una ventana. Le disparó. El ama de casa murió minutos después.

A otra mujer, que sacaba la basura al depósito de la calle, también la hirió mortalmente. Una pareja de ancianos que caminaba en la calle fue asesinada por Borel. Igual sucedió con dos hermanos que se cruzaron en su camino.

En dos días, en diferentes horas, Éric Borel asesinó a 11 personas. Cuatro más morirían en el transcurso de unos meses.

El reloj marcaba las 8 de la mañana cuando la policía cercó las rutas de escape de Borel. El menor, al darse cuenta que estaba rodeado, caminó sin perder la calma hacia un ciprés, se sentó, colocó el cañón del rifle en su boca y accionó el gatillo. Tenía 16 años.

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