El secuestro de Patty Hearst

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Patty Hearst

Tania

  • Clasificación: Secuestro
  • Características: Patricia Hearst, la heredera multimillonaria que se enamoró de sus captores, delinquió por ellos e hizo conocido en el mundo entero el Síndrome de Estocolmo
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 4 de febrero de 1974
  • Fecha de nacimiento: 20 de febrero de 1954
  • Perfil de las víctimas: Patricia Hearst, de 19 años (nieta del magnate de la prensa William Randolph Hearst)
  • Localización: Berkeley, Estados Unidos (California)
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El secuestro de Patty Hearst

Última actualización: 26 de octubre de 2015

Patricia Campbell Hearst, también conocida como Patty Hearst, nace en San Francisco, el 20 de febrero de 1954.

Nieta de William Randolph Hearst, fue secuestrada el 4 de febrero de 1974 del apartamento de su novio en California por un pequeño grupo de izquierda denominado Ejército Simbiótico de Liberación (Symbionese Liberation Army o SLA).

Las peticiones del grupo dieron como resultado la donación por parte de la familia Hearst de comida por un valor de 6 millones de dólares para los pobres, después de lo cual no hubo noticias de Patricia.

Poco después, el 5 de abril de 1974, fue fotografiada con un rifle de asalto durante el atraco de una de las sucursales del banco Hibernia. Más tarde se supo que había cambiado su nombre por el de Tania, en memoria de la guerrillera argentina Tamara Bunke que combatió junto al Che Guevara en Bolivia, y que se había comprometido con las ideas del Ejército Simbiótico de Liberación.

Se dictó una orden judicial de captura y en septiembre de 1975 fue arrestada en el apartamento de otro de los militantes. Mientras tanto, la policía había atacado y prendido fuego a otro de los apartamentos del grupo, en el que murió la mayoría de los miembros.

En su juicio, comenzado el 20 de marzo de 1976, Patty Hearst declaró que había sido encerrada y cegada en un armario y abusada física y sexualmente, lo que causó su decisión de comprometerse con el grupo, un caso extremo de síndrome de Estocolmo, en el que los rehenes acaban compadeciéndose de los captores.

La defensa no tuvo éxito y Patty Hearst fue acusada de robo de banco. Su sentencia fue reducida después de veintidós meses por el presidente Jimmy Carter. Patty Hearst fue puesta en libertad el 1 de febrero de 1979. Más tarde fue indultada por el presidente Bill Clinton durante las últimas semanas de su mandato.


Patricia Hearst, alias ‘Tania’: el secuestro más famoso del siglo XX

María Garrido – Vanity Fair

18 de septiembre de 2015

Se cumplen 40 años de la detención de Patricia Hearst, la heredera multimillonaria que se enamoró de sus captores, delinquió por ellos e hizo conocido en el mundo entero el Síndrome de Estocolmo.

Escándalo

A los 19 años, Patty Hearst era una jovencita multimillonaria –nieta del magnate de la prensa William Randolph Hearst y perteneciente a una de las familias más ricas de EE.UU.– que, en su coqueteo con el aire de los tiempos, se enamoró de un profesor de guitarra. Él era un chico de izquierdas y algo hippy con el que planeaba casarse y junto al que vivía en un apartamento del campus de Berkeley.

Pero el 5 de febrero de 1974, unos desconocidos entraron en su casa, redujeron a su novio con melena y a un vecino con ganas de ayudar y, al secuestrarla, modificaron tanto el rumbo de una biografía previsible que, además de su apelativo cariñoso, “Patty Hearst” es el título de una película de Paul Schrader.

La bella Patty Hearst entró así en una suerte de yincana revolucionario-lisérgica aderezada con promesas de amor tan rocambolesca que solo se entiende repasando, uno a uno, los hechos posteriores a su secuestro.

Mientras medio mundo se preguntaba qué había sido de la heredera, ella pasaba días y noches encerrada en un armario y sometida a vejaciones de todo tipo por los integrantes del grandilocuente Ejército Simbiótico de Liberación (SLA). Hay que reconocer que la banda atinó con la elección de su víctima en su empeño por hacer llegar su mensaje a las masas.

El problema es que su mensaje era muy largo: “Somos una entidad armónica surgida de entidades y organismos capaces de vivir en profunda y amorosa armonía, así como en compañerismo, en interés de la entidad”. En los setenta todavía no se sabía que un mal eslogan arruina reputaciones.

Los “simbióticos” creían en el liderazgo del Tercer Mundo para un eventual proceso revolucionario de orden planetario. Y sabían que el Tercer Mundo empieza siempre al lado de casa, así que convirtieron el secuestro de Patty Hearst en un chantaje a las autoridades y a su padre, que debían cumplir una condición cada uno: liberar a dos militantes del SLA presos en San Quintín y entregar “una cesta con comida de calidad por valor de 70 dólares” a todos los californianos pobres.

Lo de los reclusos ni se valoró. Pero las crónicas de la época cuentan que el padre de Patty Hearst gastó millones de dólares en alimentos que repartió por la Bahía de San Francisco. Sin embargo, la comida no fue de la calidad deseada por los secuestradores –que tenían la comanda clara y pedían pavo, jugo de tomate y latas de carne superior entre otras viandas– y la chica no apareció en la fecha acordada.

Pasaban las semanas y el secuestro más mediático de la época se dilataba hasta que, un par de meses después de su rapto, Patty Hearst comunicaba a través de una cinta casette que formaba parte del grupo terrorista y que estaba dispuesta a “quedarse y pelear”.

También aprovechaba la ocasión para pedir que no la llamaran más por su nombre, que ahora prefería responder al de Tania, en recuerdo y honor a otra sediciosa célebre, la compañera sentimental del Ché Gevara, Tamara Bunke, alias “Tania”.

Pero las sorpresas solo acababan de empezar. A los pocos días, las cámaras de seguridad de un banco de San Francisco grababan a varios asaltantes con carabina entre los que se encontraba Patty Hearst. Además de ir armada, la heredera iba conjuntada como la perfecta revolucionaria de los setenta.

A su impactante foto con el logo del Ejército Simbiótico no le faltaba ningún un elemento de atrezo, quizá porque con la subversión pasa como con el dinero y el amor, que no se pueden ocultar. Y Patty Hearst –ya Tania-, no solo no lo ocultó, sino que tras la muerte de uno de sus captores a manos de la policía cuando esperaban detenerla a ella, envió otra cinta en la que confesaba un amor más platónico que el Cancionero de Petrarca por un tal Cujo, “el más gentil y hermoso hombre que he conocido”.

Tan platónico y entregado era el romance que en la cinta decía “nunca Cujo ni yo habíamos amado de la forma que lo hicimos. El establecimiento de nuestra relación fue también un compromiso con la lucha y el amor por nuestro pueblo”. Pasaron los meses y el seguimiento mediático del caso pasó a formar parte de la vida diaria de los estadounidenses. Detenían jóvenes que se le parecían, aseguraban haberla visto en lugares como Honduras o Hong Kong, cada dos por tres se cubría un asalto policial en el que ella podía caer…

Más de año y medio después de su secuestro, el 18 de septiembre de 1975 fue arrestada por fin. Patty Hearst siguió sorprendiendo a autoridades y allegados. Cuando, en la ficha carcelaria le preguntaron su profesión omitió el hecho de que en los tiempos de el de la guitarra y el campus había obtenido una brillante licenciatura en Zoología y aseguró que ella era “guerrillera urbana”.

Con estos mimbres, meses más tarde se inició uno de los juicios más famosos de la historia de Estados Unidos. Abogados de tarifas imposibles recurrieron al atenuante más moderno que encontraron aunque sin jurisprudencia todavía ni aunque fueras la nieta del inspirador de Ciudadano Kane.

En 1976, el Síndrome de Estocolmo apenas se conocía, había surgido tres años antes en un lejano país escandinavo, también con un idilio entre secuestrada y secuestrador y los abogados no convencieron al tribunal. Así que Patty Hearst escuchó una sentencia de 35 años. Luego una de 10. Y finalmente solo cumplió 22 meses gracias a una amnistía que concedió el presidente Jimmy Carter y fue indultada definitivamente por Bill Clinton en los noventa.

Algunos medios contaron que en la cárcel se enamoró de un guardia, no se sabe, ella apenas da entrevistas. Lo que sí ocurrió es que tan solo 24 horas después de salir de prisión se enamoró del guardaespaldas que le puso su familia. Se casó con él enseguida y tuvo hijos.

Se dedicó al cine alternativo –John Waters, que perfectamente podría haberse inventado esta historia y de hecho la imitó de alguna manera en Cecil B Demented, la convirtió en una de sus musas– y a la cría de perros y recuperó, en parte, su biografía previsible: la de la niña rica que lo ha vivido todo, incluso un amor revolucionario con pistolas, cárcel y cámaras… La simbiosis perfecta fue con un guión.


EE.UU: la increíble historia de Patty Hearst, la rica heredera que se hizo guerrillera

Jaime González – BBC.com

18 de septiembre de 2015

A primera vista, Patty Hearst es un miembro más de la alta sociedad de Nueva York, que gracias a la inmensa fortuna de su familia, puede dedicar su tiempo a realizar obras de caridad y a la crianza de perros de raza.

Su pedigrí le viene de ser la nieta del legendario magnate de la prensa amarilla William Randolph Hearst (1863-1951), quien construyó un imperio mediático que todavía perdura y fue fuente de inspiración del personaje central de la película “Ciudadano Kane”, de Orson Welles.

Pero Hearst, de 61 años, no pasará a la posteridad por sus tareas filantrópicas o su amor hacia los perros, sino por haber protagonizado uno de los secuestros más recordados de la historia.

Precisamente este viernes se cumple el 40 aniversario de su liberación, o para ser exactos, de su detención por parte de agentes del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés).

El 18 de septiembre de 1975 Patty Hearst fue arrestada por haber participado en las actividades criminales de la guerrilla de inspiración marxista que la había secuestrado un año y medio antes, en un caso que cautivó la atención del público y de los medios en todo el mundo.

Circo mediático

Poco después de las nueve de la noche del 4 de febrero de 1974, Patty Hearst, entonces de 19 años y estudiante de la Universidad de Berkeley, en el norte de California, fue secuestrada a punta de pistola en el apartamento que compartía con su prometido.

Los secuestradores eran miembros del conocido como Ejército Simbiótico de Liberación (SLA, por sus siglas en inglés), una guerrilla urbana que en aquél entonces contaba con una docena de miembros y tenía como objetivo derrocar “la dictadura corporativa” del gobierno del entonces presidente Richard Nixon.

Inspirados por los movimientos guerrilleros de izquierda de América Latina, consideraban que los Hearst eran miembros de “una familia de la clase dirigente superfascista” que controlaba EE.UU.

A las pocas horas de hacerse público el secuestro de la joven, centenares de periodistas se agolpaban a las puertas de la residencia de los Hearst, desde donde informaban de todos los detalles del caso.

Según le explicó a la BBC Linda Deutsch, veterana periodista de la agencia de noticias Associated Press, algunos medios incluso instalaron teléfonos en los árboles frente a casa de la rica heredera.

Giro inesperado

Los miembros del SLA se comunicaban con la familia Hearst enviado grabaciones de audio a la prensa, que exigían fueran reproducidas por todos los medios.

En algunas de ellas se podía a escuchar a la propia Patty Hearst pidiendo a sus padres que cumplieran con las demandas de sus captores.

En un principio reclamaron la liberación de dos de sus miembros que habían sido arrestados por su supuesta implicación en un asesinato.

Las autoridades se negaron y entonces el SLA pidió a la familia Heast que invirtiera millones de dólares en un programa para alimentar a los pobres de California.

Los Hearst accedieron a gastar US$2 millones, aunque la operación de reparto de la comida fue caótica, produciéndose revueltas y saqueos.

El SLA exigió entonces que invirtieran otros US$4 millones, lo que hizo que las negociaciones entre los captores y la familia de la secuestrada se rompieran.

El caso dio un giro inesperado el 3 de abril de 1974, cuando Patty Hearst anunció en una grabación que se había unido al SLA, adoptando el nombre de Tania, en honor a la que había sido compañera del comandante Che Guevara.

“Patria o muerte. Venceremos”, se la oía decir en español en el audio.

Diez días más tarde, miembros del SLA llevaron a cabo un atraco en una oficina del banco Hibernia de la ciudad de San Francisco, en el que resultaron heridas dos personas.

Las cámaras de seguridad de la sucursal captaron la imagen de Patty Hearst portando un fusil y participando en el asalto.

Una criminal

A partir de ese momento las autoridades dejaron de considerarla una secuestrada, siendo calificada de “criminal común” por el entonces Fiscal General de EE.UU.

El 16 de mayo de 1974, Patty Hearst se vio implicada en un tiroteo en una tienda de Los Ángeles, en la que miembros del SLA habían intentado robar.

La joven logró escapar junto a dos de sus compañeros, aunque dejaron atrás una multa de tráfico que condujo a las autoridades a la casa del barrio de Compton de Los Ángeles en la que se ocultaban varios miembros del SLA.

Al día siguiente, la policía rodeó la vivienda y, tras un intenso tiroteo, se produjo un incendio en la vivienda en el que murieron seis miembros de la guerrilla, incluido su líder, con el que se vinculó sentimentalmente a Patty Hearst.

La joven siguió los eventos en directo por televisión desde el motel en el que se ocultaba junto a dos miembros de SLA, con los que se dio a la fuga, viajando a Nueva York y Pensilvania, para regresar al cabo de un tiempo a California.

La vida de guerrillera de Patty Hearst terminó 18 meses después de su secuestro, cuando el 18 de septiembre de 1975 fue detenida por agentes del FBI en San Francisco.

Tras su arresto, apareció en televisión esposada y desafiante, con los brazos en alto y los puños cerrados.

“El juicio del siglo”

Patty Hearst fue acusada de participar en el atraco a la sucursal del banco Hibernia, convirtiéndose en protagonista del que fue calificado por la prensa estadounidense como “el juicio del siglo”.

Sus abogados alegaron que la joven había sido obligada a unirse a la guerrilla y aseguraron que era víctima del llamado “Síndrome de Estocolmo”, acuñado a mediados de los 70 para explicar los irracionales sentimientos de empatía y dependencia que desarrollan los secuestrados hacia sus captores.

En las memorias que publicó en 1981, Patty Hearst explicaba que tras ser secuestrada, la mantuvieron encerrada en un armario durante 57 días, sometiéndola a todo tipo de abusos y a un intenso lavado de cerebro.

La estrategia de la defensa no funcionó y Patty Hearst fue condenada a siete años de cárcel.

Acabó pasando algo menos de dos años en prisión, ya que en 1979 el presidente Jimmy Carter le conmutó la pena.

En 2001, el presidente Bill Clinton le otorgó el perdón completo.

A los dos meses de recuperar la libertad, Patty Hearst contrajo matrimonio con uno de sus guardaespaldas, con el que tuvo dos hijas y con el que estuvo casado hasta el fallecimiento de este en 2013.

En las cuatro décadas que han pasado desde su secuestro, Patty Hearst ha ofrecido pocas entrevistas y ha mantenido una vida discreta, a excepción de los eventos sociales a los que asiste y de las apariciones que ha realizado en un puñado de películas y series de televisión.

Pese a ello, la nieta del padre de la prensa sensacionalista, siempre será recordada por ser la protagonista de una rocambolesca historia que 40 años después, todavía despierta fascinación.

 


AUDIO: LA NOCHE – 40 AÑOS DEL SÍNDROME DE ESTOCOLMO


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