El misterio de Lord Lucan

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Lord Lucan

Richard John Bingham

  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: El sospechoso principal desapareció sin dejar rastro
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 7 de noviembre de 1974
  • Fecha de nacimiento: 18 de diciembre de 1934
  • Perfil de las víctimas: Sandra Rivett, de 29 años, la niñera de los hijos del matrimonio Lucan
  • Método de matar: Golpes causados por un instrumento romo
  • Localización: Londres, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Desde que Lord Lucan desapareció, el 8 de noviembre de 1974, la Policía tuvo noticias de innumerables «apariciones» en distintos lugares del mundo. No se pudo comprobar ninguna de ellas.
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El misterio de Lord Lucan

Última actualización: 22 de marzo de 2015

Lord y Lady Lucan formaban una pareja encantadora. Sin embargo, en 1974, el matrimonio se deshizo; Lord Lucan había perdido una fortuna en el juego. Entonces fue cuando la niñera apareció misteriosamente asesinada.

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EL CRIMEN – Un sótano a oscuras

En una noche de invierno de 1974, una condesa inglesa irrumpió en un pub cubierta de sangre. Apenas podía hablar. Su espeluznante relato iba a ser el comienzo de la búsqueda de un par del reino.

El tiempo era desapacible en Londres la noche del 7 de noviembre de 1974. Lloviznaba sobre las elegantes casas pintadas de blanco del barrio de Belgravia, próximo al palacio de Buckingham. Un grupo de asiduos consumía bebidas en el Plumbers Arms cuando, alrededor de las 9,45, la puerta se abrió violentamente.

Una mujer de unos treinta años entró tambaleándose en el local. Llevaba un camisón manchado de sangre y mostraba señales evidentes de haber sido golpeada en la cabeza varias veces. Permaneció unos instantes inmóvil y en silencio, como en un shock, hasta que comenzó a gritar: «¡Socorro, socorro! ¡Han estado a punto de matarme! ¡Mis hijos, mis hijos! ¡Está en la casa! ¡Ha asesinado a la niñera!»

El encargado del local, Arthur Whitehouse, ayudó a la mujer a tenderse en un sofá y marcó el 999 solicitando una ambulancia y la presencia de la Policía. Mientras tanto, la señora Whitehouse curó las heridas de la víctima.

Poco después de las diez, dos oficiales de policía, el sargento Donald Baker y su ayudante Christopher Beddick, llegaron al número 46 de Lower Belgrave, un edificio con escalinata de entrada situado a unos 30 metros de Plumbers Arms. Desde fuera no observaron nada anormal.

Las cortinas les impedían ver el interior del cuarto de estar, en la planta baja, y tampoco se oía ruido alguno. Bajaron por la escalera exterior del sótano y, a través de las persianas, vieron el resplandor de una luz roja. Volvieron a la puerta principal y forzaron la cerradura para poder entrar.

Como no funcionaba la luz del hall, Baker envió a su ayudante al coche patrulla en busca de una linterna. Él, por su parte, encendió una vela y empezó a recorrer la vivienda. Al final del bien decorado vestíbulo advirtió manchas de sangre en la pared que bajaba hacia el sótano. Desde la mitad de la escalera vio en el suelo de parquet, junto al piano, un gran charco de sangre y al lado de éste dos o tres huellas de pisadas. Beddick entró con la linterna y, después de comprobar que no había ningún intruso escondido en el sótano, ambos se dispusieron a registrar el resto del edificio de seis plantas.

Entraron en un dormitorio del segundo piso. La lámpara de la mesilla de noche estaba encendida y alguien había dejado una toalla manchada de sangre encima de la almohada. Entonces oyeron un ruido procedente del piso superior y comprobaron que la televisión del cuarto de jugar estaba conectada. Por fin, en la última planta, encontraron a los niños. Uno dormía en una de las habitaciones; y su hermana pequeña en la contigua. Una niña algo mayor estaba despierta, de pie junto a la cama. Les preguntó: «¿Dónde están mamá y Sandra?»

Una vez que dejaron a los niños al cuidados de otro oficial de policía, Baker y Beddick volvieron a registrar el sótano más cuidadosamente. La sangre había salpicado las paredes, el piano y las librerías del comedor de diario.

En medio de un charco de sangre se veían fragmentos de platos y tazas. Al pie de la escalera había un gran saco de lona tipo americano que rezumaba sangre. El sargento Baker lo abrió y halló en su interior el cuerpo de una joven completamente vestida, cuya cabeza había sido golpeada violentamente.

El saco estaba colocado junto a la puerta de la cocina. La luz que habían visto desde el exterior procedía de una tetera puesta al fuego. A continuación, Baker y Beddick registraron el resto del sótano y el jardín. Baker advirtió que el pestillo de la puerta estaba descorrido. Un muro de casi cinco metros pintado de rosa rodeaba el jardín y en algunas zonas estaba recubierto de flores. El sargento lo revisó concienzudamente sin encontrar señales de que alguien lo hubiera franqueado saltando sobre él.

Al volver a la casa, el policía vio un objeto junto a la puerta de la entrada del sótano. Se trataba de un trozo de tubería de plomo cubierto de sangre, de unos 25 centímetros, uno de cuyos extremos estaba envuelto en esparadrapo.

A las 10,20 se presentó en la casa el sargento de detectives Graham Forsyth, de la Comisaría de Gerald Road, y vio una lámpara encima de una silla junto a la escalera del sótano, debajo del enchufe. Conectó la lampara y funcionó.

En este punto la policía comenzó a encajar los acontecimientos ocurridos en el interior de la vivienda. La mujer que irrumpió en el Plumbers Arms era la propietaria, Verónica Bingham, Lady Lucan, esposa del distinguido Richard John Bingham, séptimo conde de Lucan, barón Bingham de Castlebar, barón Bingham de Melcombe Bingham y baronet de Nova Scotia. El cuerpo era de Sandra Rivett, de 29 años, niñera de los niños de Lady Lucan, Camilla de cuatro años, George, de seis, y Frances, de diez. El detective se dirigió al número 72 de Elizabeth Street con el propósito de interrogar a Lord Lucan.

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Lady Lucan

Cuando en octubre de 1963 Lord Lucan anunció su compromiso con Verónica Duncan, muchos de sus amigos manifestaron su sorpresa ante el hecho de que la futura Lady Lucan fuera «plebeya».

Verónica nació en 1937 en el hogar familiar de Uckfield, en Sussex. Su padre, un oficial del ejército, murió en un accidente de automóvil cuando la niña tenía dos años, y pocos días antes del nacimiento de su hermana Cristina. La familia se trasladó a Sudáfrica, donde la madre contrajo matrimonio por segunda vez, volviendo todos a continuación a Gran Bretaña. Finalmente, montaron un hostal en el campo.

Las niñas asistían al colegio privado St. Swithins en Winchester y tenían sus propios poneys. Lady Lucan hablaba de una infancia desgraciada y llegó a insinuar que su familia había vivido en precarias condiciones económicas.

Después de un corto aprendizaje en una escuela de arte, se trasladó a Londres, donde trabajó 18 meses como modelo. Su suerte cambió al casarse su hermana Christina con William Shand Kydd, en enero de 1963. Dos meses después, conoció a Lord Lucan.

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La angustia de una niña

Frances, la hija mayor, de 10 años, de Lord Lucan, declaró a la policía que el 7 de noviembre sus padres habían entrado juntos en el cuarto de jugar después de la hora en que más tarde se descubrió que Sandra Rivett había muerto.

«Después de que mamá saliera de la habitación oí un gran alboroto», manifestó la niña. «Me pareció que venía de muy lejos… Me acerqué a la puerta y llamé a mamá, pero no me contestó y me callé. A las 9,05, papá y mamá entraron juntos en el cuarto. Mamá tenía sangre en la cara y estaba gritando. Me dijo que subiera a mi dormitorio… No pude ver si papá tenía la ropa manchada de sangre».

Frances dijo que un poco después oyó a su padre llamando: «Verónica, ¿dónde estás?»

Frances estaba completamente segura de que su madre había salido a buscar a la niñera antes de las 9. Prestó declaración el 20 de noviembre, ocho días después de que se dictara la orden de arresto contra Lord Lucan.

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PRIMEROS PASOS – Años de bienestar

Los padres de Lucan eran unos fervorosos socialistas. Sin embargo, su hijo estaba dispuesto a restaurar las tradiciones clasistas y los privilegios establecidos por sus antepasados.

El número de ingleses nacidos en familias aristocráticas es reducido, y menor aún el de aquellos que combinan al mismo tiempo las ideas aristocráticas y las socialistas. Este era el ambiente en que nació, el 18 de diciembre de 1934, Richard John Bingham, séptimo conde de Lucan y segundo de los vástagos de dicha familia.

A pesar de sus títulos, los padres eran miembros activos del Partido Laborista. Después de la II Guerra Mundial, Patrick Bingham, sexto conde de Lucan, fue nombrado Ministro de Trabajo en el gobierno laborista de 1949-1951. A continuación ocupó el cargo de jefe de la oposición en la Cámara de los Lores durante diez años.

Richard era el mayor de los varones. Como tantos otros niños de clase alta, las institutrices y las niñeras se ocuparon de él más que sus propios padres. Al iniciarse la II Guerra Mundial, en septiembre, le enviaron a Gales y después, en abril de 1940, los Bingham decidieron mandar a sus cuatro lujos, dos niños y dos niñas, a los Estados Unidos.

Una adinerada norteamericana, Marcia Brady Tucker, se ocupó de ellos; alquiló un piso en Nueva York, otro en Florida y una casa de verano rodeada por miles de hectáreas en Penwood, en las afueras de Nueva York. Allí pasaron los años de la guerra los cuatro niños de Bingham, viviendo en su propia casa y atendidos por un ama de llaves, un mayordomo y una cocinera.

El ambiente en que se movían era mucho más lujoso que el de Londres, aunque John, de carácter tranquilo y reservado, estaba deseando volver. Sus padres les escribían periódicamente, describiéndoles el curso de la contienda como si fueran adultos. Cuando a finales de la guerra los cuatro niños volvieron a Gran Bretaña, se quedaron sorprendidos ante la austeridad del racionamiento que sufrían los ingleses.

Todos estos hechos marcaron la infancia de Lucan. En América los Bingham habían sido unos niños como los demás procedentes del otro lado del Atlántico y que hablaban con distinto acento. Al volver a Londres eran los niños embarcados por sus padres hacia la seguridad, mientras la mayoría de la población, incluida la familia real, había soportado con entereza los bombardeos y la amenaza de una invasión alemana.

La experiencia de sentirse como un extranjero provocó en el joven Lord Lucan el afán por ocupar un puesto destacado en la vida. Rechazó la actitud de sus padres ante la sociedad y decidió que quería ocupar el mejor lugar en la cumbre, el más relevante. Según una de sus hermanas, tardó en olvidar su estancia en América: «Me figuro que aquéllos años crearon en John el afán por la vida de lujo: las impresiones recibidas entre los cinco y los diez años no se olvidan nunca.»

La confusión en los criterios de los padres de Richard se manifestó en la elección para el colegio de su hijo. Estudió en Eton, según el modelo tradicional de las clases superiores británicas. Su expediente fue relativamente brillante, aunque a los dieciséis años descubrió la emoción y las satisfacciones del juego. Pronto se hizo corredor de apuestas, a pesar de los frecuentes problemas que se les presentaba para asistir a las carreras de caballos.

Cumplió el servicio militar como oficial de los Coldstream Guards. Fue destinado a Alemania y durante el tiempo libre jugaba al póker.

Cuando los dos años de servicio en el ejército finalizaron, Lucan comenzó a trabajar como agente de banca en la City. Pero sus actividades en las altas finanzas ocupaban un lugar secundario después del juego. Efectivamente, el juego se convirtió en el factor fundamental de su vida, hasta tal punto que sus amigos se quedaron sorprendidos que pudiera apartarse del tapete verde para contraer matrimonio, en noviembre de 1963, con Verónica Duncan. Se habían conocido en la boda de Christina, la hermana de Verónica, con William Shand Kydd, un amigo de Lucan.

El padre de Lucan murió dos meses después de la boda, John heredó el título, 250.000 libras esterlinas y una renta anual de 10.000 libras aproximadamente. En aquella época ganó 26.000 en solo dos noches, jugando al chemin de fer.

Convencido de que había encontrado su auténtica vocación abandonó el negocio bancario y se convirtió en un jugador profesional de plena dedicación.

Al ser interrogada sobre sus sentimientos como esposa de un jugador, Verónica manifestó con indiferencia: «Me da igual. Que haga lo que quiera.»

Al cabo de unos pocos años, sin embargo, la obsesión de Lucan empezó a restarle insoportable. Noche tras noche se sentaba en el Clermont esperando hasta la madrugada

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El pájaro blanco

Antes de hundirse en el vicio del juego, Lord Lucan mostró un profundo interés por los deportes al aire libre. Mientras hacia el servicio militar formó parte del equipo británico de bobsleigh y después participó esporádicamente en campeonatos de golf y en carreras de caballos. A comienzos de los 60 se aficionó a las regatas de canoa. Según el «Daily Express», Lucan invirtió 10.000 libras, una suma enorme para aquella época, en diseñar y construir una lancha para competir en las carreras de lanchas rápidas celebradas en Cowes, en la isla de Wight, en el año 1963. Lucan, seguro de su victoria, alquiló un helicóptero y contrató a un cameraman para rodar su triunfo.

Lucan iba en cabeza al principio de la competición, pero su «Pájaro blanco» sufrió una avería y zozobró. Lucan se cansó de la velocidad y adquirió un velero al que llamó «El negro volador».

La pareja parecía feliz después de la boda celebrada en noviembre de 1963. Pero esas conmovedoras fotografías de Verónica con cada nuevo hijo ocultaban un matrimonio deshecho. Empezó a sufrir depresiones, que se agravaron tras las pérdidas de su marido en las mesas de juego.

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El otro Lord Lucan

El tatarabuelo de Lucan, tercer conde de Lucan, fue el oficial que mandó la desastrosa carga de la Brigada Ligera en 1854.

Durante los años 1840, cuando la cosecha de patata irlandesa iba de mal en peor, puso en marcha una política de desahucios en sus fincas de County Mayo, al oeste de Irlanda. Se negó a dar facilidades a sus arrendatarios para el pago de las rentas. El resultado fue que muchos de ellos murieron de hambre y el conde recibió el apodo de «el exterminador». Cuando le pidieron explicaciones en la Cámara de los Lores, contestó que no tenía medios para dar facilidades si los colonos no pagaban las rentas.

Lucan tenía el mando de la División de Caballería en 1853, cuando estalló la guerra de Crimea. En lugar de obtener la victoria, envió a sus hombres a la muerte. Lord Cardigan les ordenó cargar inútilmente contra la artillería rusa.

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LA ESCAPATORIA – Un viaje en la noche

Cuando su mujer huyó, Lord Lucan preparó el siguiente movimiento, quedarse podía significar la deshonra para su familia, así que se puso fuera del alcance de la policía, hizo una llamada telefónica y desapareció en la noche.

Lord Lucan solamente disponía de unos instantes para preparar su siguiente movimiento tras la huida de su esposa. En cuanto se dio cuenta de que ésta había desaparecido de la casa de Lower Belgrave, huyó también. Poco después de las diez una serie de repentinos timbrazos en la puerta de la calle despertaron a su amiga Madelaine Florman en su domicilio de Chester Square, a escasa distancia de Lower Belgrave Street. Creyendo que se trataba de una broma de sus jóvenes vecinos, no abrió.

A los veinte minutos la despertó una nueva llamada, ahora del teléfono situado en la mesilla de noche. Descolgó el receptor. «¿Oiga? Sé quién eres», dijo una voz masculina. Después de una serie de incoherencias, cortó la comunicación. Ella estaba segura de que era Lucan. Cuando la señora Florman habló con la Policía de aquella llamada, los forenses descubrieron restos de sangre seca en los escalones de la entrada de su domicilio.

La siguiente persona que tuvo noticias de Lucan aquella noche fue su madre, Kaitilin, una anciana de 75 años, condesa viuda de Lucan. Acababa de llegar a su casa, próxima al campo de cricket de Lord’s, en St. John’s Wood, cuando sonó el teléfono. Era su hijo. Parecía trastornado y, después de oírle, la condesa se encaminó directamente hacia Lower Belgrave Street, donde llegó a las 10,45. Sobre las 11 de la noche la interrogó la Policía y ella les dio cuenta de la conversación telefónica que había mantenido con su hijo. «Me dijo que había habido una tragedia horrible en su casa… “Verónica está herida y quiero que recojas a los niños lo más pronto posible”… Le dijo que la niñera estaba herida también. “Yo le pregunté: ¿Es grave?” Me respondió: “Creo que sí”. “Cuando pasaba por delante de la casa vi a un hombre atacando a Verónica en el sótano. Me precipité hacia allí. Verónica estaba gritando y sollozando”.»

Según su madre, Lucan empleó las palabras «sangre» y «confusión» y después continuó: «¡Oh, madre! Ha ocurrido algo espantoso en el sótano. No soy capaz de mirar.». Ella le preguntó dónde se iba. «No lo sé», respondió. Y cortó la comunicación.

Lucan se dirigió hacia el sur, al pueblo de Uckfield, en Sussex, a unos 70 kilómetros. Alrededor de las 11,30 llamó a la puerta de Grants Hill House, una antigua rectoría transformada en vivienda. Susan Maxwell Scott estaba despierta. Se levantó y bajó a la entrada de coches. Ella y su marido Ian eran antiguos amigos de Lord Lucan.

En la investigación policial, Susan dijo que había habido una tragedia horrible. Maxwell-Scott declaró que Lucan le había preguntado: «¿Está Ian en casa?» No estaba; se había quedado en Londres. Sirvió a Lucan un whisky con agua; lo encontró asustado y trastornado. La parte trasera de sus pantalones estaba mojada, como si se los acabara de limpiar con una esponja. La inesperada visita de Lucan al hogar de los Maxwell-Scott no era desacostumbrada, a pesar de la hora.

«¿Qué es lo que te ocurre, John?», le preguntó.

«He sufrido una experiencia dantesca», contestó. «Es tan inverosímil que ni tú ni nadie podría creerla.»

Su relato coincidía básicamente con el que hizo su madre aunque con algunos detalles añadidos.

Lucan le dijo que, cuando iba a casa a cambiarse para la cena, pasó ante el domicilio de su esposa; a través de las persianas del sótano vio cómo un hombre atacaba a Lady Lucan. Le contó que entonces abrió la puerta principal con su propia llave y se precipitó al sótano, escurriéndose en un charco de sangre que había al pie de la escalera. El nombre que vio golpeando a Verónica había desaparecido.

Según el testimonio de Susan Maxwell-Scott, Lucan dijo que su esposa le había acusado abiertamente.

«Al principio estaba histérica y le dijo a gritos que alguien había matado a Sandra», declaró Susan, repitiendo las palabras de Lucan: «De repente, casi al momento, acusó a Lucan de haber contratado a un hombre para asesinarla. Según me contó Lucan, le acusaba frecuentemente de contratar a un asesino. Él suponía que esa idea se la había inspirado una película de la televisión.»

Lucan, por su parte, había intentado convencerla de que le dejara curarle las heridas de la cabeza.

Terminó su relato de los acontecimientos de aquella noche diciéndole que había visto huellas de sangre en el suelo y en las paredes del sótano. Le pidió permiso para llamar a su madre otra vez. Serían aproximadamente las doce y cuarto.

La condesa, después de hablar con la policía en Lower Belgrave 46, se llevó a sus tres nietos con ella. Un oficial la acompañó hasta su casa, y estaba allí todavía cuando sonó el teléfono. La conversación duró unos noventa segundos. La condesa preguntó a su hijo si se encontraba bien y él le preguntó por los niños.

Ella dijo entonces: «Mira, la Policía está aquí conmigo. ¿Quieres hablar con ellos?» Después de unos momentos de silencio, Lucan replicó: «No, por ahora no. Diles que mañana me comunicaré con ellos y también te llamaré a ti.»

Una vez que se tranquilizó por la suerte de sus hijos, Lucan intentó telefonear a su cuñado William Shand Kydd. Como no contestaba, le escribió dos cartas.

El contenido de estas cartas se hizo público en la investigación policial sobre la muerte de Sandra Rivett.

La primera carta reza lo siguiente:

«Querido Bill:

Esta noche han sucedido unos hechos espantosos que ya le he explicado brevemente a mi madre. Cuando conseguí interrumpir la agresión de aquel hombre contra Verónica, ella me acusó de haberle contratado yo.

La subí al piso de arriba y, después de meter a Frances en la cama, traté de curarla. Se escondió (abajo) y cuando entré en el cuarto de baño huyó de la casa.

Evidentemente, los hechos me acusan, sobre todo porque ella dice que han sido obra mía. También yo me esconderé durante algún tiempo. Lo único que me preocupa es la situación de mis hijos. Si pudieras arreglarlo para que vayan a vivir contigo…

Verónica ha demostrado su odio en el pasado y hará todo lo posible por acosarme.

George y Frances pueden quedar marcados para toda la vida si se enteraran de que su padre se ha sentado en el banquillo acusado de asesinato.

Cuando sean lo bastante mayores, explícales esta pesadilla de paranoia y cuida de ellos.

Tu buen amigo John.»

La segunda carta está relacionada con sus asuntos económicos. Mencionaba la próxima venta de la plata de la familia en Christies, la casa de subastas de Londres. Los beneficios estaban destinados a Lloyds, Coutts y al National Wesminster Bank. Los demás acreedores tendrían que esperar aún.

Lucan cerró las cartas y se las confió a Susan Maxwell-Scott, quien, a la mañana siguiente, envió a una de sus hijas a depositarlas en el correo.

La señora Maxwell-Scott sugirió a Lucan que se bañara y descansara un rato. Al día siguiente, le acompañaría a hablar con la policía de Uckfield. Lucan titubeó, pero finalmente dijo: «Tengo que volver para aclarar las cosas de una vez.» Le preguntó si tenía píldoras para dormir. Su hospitalaria amiga encontró cuatro pastillas de Valium y se las dio.

A la 1,15 de la madrugada se marchó en su Ford Corsair azul marino. No se le volvió a ver jamás.

Al día siguiente, 8 de noviembre, un ama de casa de Newhaven, un puerto de la costa sur, observó que ante su puerta había aparcado un coche desconocido. No estaba a las cinco de la mañana; por lo tanto, tenían que haberlo dejado entre las cinco y las ocho. No se acercó nadie a él hasta que un policía municipal lo reconoció por la descripción que había recibido en una circular.

Había restos de sangre en los asientos delanteros del coche, en el volante y en el salpicadero. Pero lo que atrajo aún más la atención de la Policía fue el contenido de una bota que había en su interior. Dentro hallaron otro pedazo de tubería de plomo rodeada de esparadrapo que, a primera vista, era idéntica al objeto aparecido en Lower Belgrave Street, aunque medía unos 20 centímetros más y era, por lo tanto, proporcionalmente más pesada.

Veinticuatro horas después del descubrimiento del Corsair en Newhaven, Ian Maxwell-Scott, el marido de Susan, llamó por teléfono a casa de William Shand Kydd, en Bedfordshire. Habló con él de la visita nocturna de Lucan y le anunció la llegada de las dos cartas.

Shand Kydd salió inmediatamente hacia su domicilio londinense. Al abrir las cartas observó en ellas manchas de sangre. Nada más leerlas se presentó en la comisaría de Gerald Road. Fue la primera noticia que tuvo la Policía del viaje de Lucan a Uckfield.

Lucan envió una carta más después del crimen. Llegó por correo, sin sello, al Club St. James el 11 de noviembre, cuatro días después de los hechos. Iba dirigida a Michael Stoop, uno de sus más íntimos amigos, y estaba escrita en una hoja del bloc aparecido en el coche. Su estilo era radicalmente definitivo:

«He pasado una noche alucinante plagada de increíbles coincidencias. Pero no quiero aburrirte ni involucrarte en ellas. Unicamente te ruego que, cuando veas a mis hijos -lo que espero harás-, les digas que me conociste y que te consta lo que me preocupaba por ellos.

No tienen por qué saber que me han destruido un avieso procurador y un psiquiatra deshonesto.

Le he contado a Bill Shand Kydd la realidad de lo sucedido, pero, según mi última experiencia en los juzgados, abandonado en manos de un juez sexagenario, nadie me creería, por lo que solamente me preocupa el futuro de mis hijos.

Tu amigo John.»

Michael Stoop entregó la carta a la Policía aquella misma tarde. Desgraciadamente había tirado el sobre y, aunque lo buscaron en todas las papeleras y en los cubos de basura del club St. James, no apareció.

Sin ver el matasellos la Policía no podía averiguar la procedencia de la carta. Esta fue la última prueba concreta que se obtuvo de la existencia de Lord Lucan.

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La separación

Tras el nacimiento de su segundo hijo, George, en 1967, Lady Lucan comenzó a sufrir depresiones. Su marido empezó a leer libros de psicología e intentó convencerla de que debía ingresar en una clínica privada.

Al principio Lady Lucan se negó, pero en 1968 aceptó ponerse en tratamiento con un psiquiatra. Sin embargo, su estado mental se deterioró antes y después del nacimiento de su tercer hijo, una niña, Camilla, en 1970. Al año siguiente, Lady Lucan consintió en ingresar en el hospital psiquiátrico de Hampstead, al norte de Londres. Pero lo abandonó nada más llegar y regresó directamente a su domicilio en Lower Belgrave.

Mucho antes de este incidente, la pareja reñía con frecuencia. Empezaron a discutir en público. A finales de 1972 pasaron unas cortas vacaciones de Navidad con una de las hermanas de Lord Lucan. Dos semanas después, en enero de 1973, la pareja se separó al cabo de nueve años de matrimonio.

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Denegación del Tribunal Supremo

En cuanto se separó de su esposa, Lord Lucan apeló para obtener la custodia de sus hijos. El 23 de marzo de 1973 consiguió la custodia temporal hasta que se celebrase la vista en el mes de junio.

Ese mismo 23 de marzo de 1973 unos detectives privados contratados por Lucan se apoderaron de George y de Camilla cuando salían con su niñera del número 46 de Lower Belgrave Street y recogieron a Frances en el colegio. El propósito de Lucan era el de mantener una violenta discusión con su mujer delante de los niños. Durante las siete semanas siguientes vivieron con Lucan en el cercano piso de Elizabeth Street.

Pero el 11 de junio el Tribunal Supremo dictó una sentencia definitiva por la que Lady Lucan obtenía la custodia de los niños, que volvieron a vivir con ella en Lower Belgrave.

Lucan estaba decidido a demostrar la inestabilidad mental de su esposa y contrató a unos detectives privados para que vigilaran la casa. También comenzó a gravar en cintas magnetofónicas las conversaciones con su mujer.

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Los títulos de la familia

La familia Lucan ostenta tres títulos de nobleza, lo que implica un escaño en la Cámara de los Lores: el condado y la baronía de Castlebar, en lo que ahora es la República de Irlanda, y el Melcombe Bingham, en Dorset.

Según el orden protocolario, el conde se sitúa después de un duque del reino, de un duque y de un marqués. El condado de Lucan fue concedido como un real favor en 1795 y es uno de los aproximadamente 200 condados actuales.

Las esposas de los condes tienen derecho al título de condesas. La madre de Lucan añadió la palabra «viuda», puesto que lo era de un noble.

Mientras no se declare muerto a Lord Lucan, su hijo George no puede acceder al título de octavo conde. Sin embargo, ha heredado la categoría de par del reino con el título de Lord Bingham.

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PUNTO DE MIRA – Un intruso en el sótano

Dos mujeres atacadas en el sótano del número 46 de la calle Lower Belgrave. Una muerta y la otra a punto de perder el conocimiento. Muchas preguntas continúan sin respuesta.

Durante toda la larga encuesta policial, Lady Lucan insistió en que el hombre que la había atacado en su domicilio era su marido, Lord Lucan. La versión de éste solamente se conoció a través de las dos cartas y de las conversaciones mantenidas antes de su desaparición.

Lady Lucan y su hija Frances no estaban de acuerdo en la hora en que Sandra Rivett y la misma Lady Lucan habían bajado al sótano. La niña dijo a la policía que Sandra se fue a preparar el té entre las 8:30 y las 8:40. También dijo que su madre bajó a buscar a la niñera a las 8,55, justamente cuando iba a empezar las noticias en la televisión.

Lady Lucan fijó el tiempo de modo distinto, afirmando que Sandra bajó a las 9,15. Puesto que Sandra ya estaba muerta cuando el criminal atacó a Lady Lucan, la niñera debió ser asesinada alrededor de las 9,05 según Lady Lucan, o de las 8,55 según la versión de Frances.

El portero del Clermont Club declaró que Lord Lucan abandonó el local en el Mercedes a eso de las 8,45. Si su versión era correcta, Lucan pudo dirigirse rápidamente a su domicilio, dejar el automóvil, ir andando hasta Lower Belgrave Street y asesinar a Sandra Rivett. Según los datos de su esposa, habría podido suceder así. Según los de France, era absolutamente imposible.

Las personas que se encontraban en el Plumbers Arms aseguraron que Lady Lucan apareció a las 9:45. En la investigación sobre la muerte de Sandra, Lady Lucan afirmó que cuando su mando dejó de golpearla subieron ambos las escaleras y, mientras él buscaba con que limpiarla, ella aprovechó para huir.

Existe, pues, un amplio espacio de tiempo entre el ataque a Verónica y su entrada en el Plumbers Arms. Es posible que lo que pasara en la calle, aunque aseguraba lo contrario.

Dos meses después del crimen, en enero de 1975, Lady Lucan concedió una entrevista al periódico «Daily Express». En ella afirmaba que su marido le había dicho que la niñera ha muerto. Pero no dijo que él confesara haberla asesinado.

En las declaraciones de Frances aparecen también algunas preguntas sin respuesta. Dijo que, cuando subieron al cuarto de juego no vio a su padre manchado de sangre, aunque sí a su madre. El asesino de Sandra la golpeó con una porra, salpicando de sangre toda la habitación e introduciendo después su cuerpo en el saco de viaje.

Por otra parte, cuando Lucan llegó a casa de Susan Maxwell-Scott llevaba puesto un traje oscuro que pudo ocultar las manchas a los ojos de Frances. La señora Maxwell-Scott, de hecho, declaró que en la ropa de Lucan había huellas de humedad.

La explicación de los hechos por parte de Lucan se limitó a las cartas que escribió desde Sussex y a sus conversaciones con la señora Maxwell-Scott y con su madre. Les dijo que al pasar por delante de la casa de su mujer vio un hombre golpeándola, que entró en la casa y la rescató. También dijo que el agresor había huido.

Por su parte, Lady Lucan insistía en que ella no había bajado al sótano ni antes ni después de sufrir la agresión en lo alto de la escalera.

Aquella noche Lucan, independientemente de las intenciones que tuviera antes o después de la muerte de Sandra, perdió toda esperanza del salvaguardar el honor de la familia. Cuando salió del número 46 de Belgrave Street era consciente de que si se quedaba tendría que sentarse en el banquillo acusado de asesinato, lo cual acarrearía el desprestigio de su apellido.

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El sótano

En la última carta que Lord Lucan escribió antes de desaparecer decía: «He pasado una noche alucinante plagada de increíbles coincidencias…»

La razón de aquel trauma se encontraba en el sótano del número 46 de la calle Lower Belgrave. El asaltante habla introducido el cuerpo de Sandra Rivett en el amplio saco de viaje con el propósito de sacarlo de la casa. Aquello había exigido un esfuerzo ímprobo.

No se encontraron huellas de dedos en medio de aquella carnicería que demostraran que hubo un asaltante. Un especialista de Scotland Yard aclaró en las diligencias previas que las huellas halladas en el sótano procedían de la víctima, de los niños Lucan y de los oficiales de policía.

El significado de las «increíbles coincidencias» a las que se refería Lucan no se conocerá nunca.

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LA INVESTIGACIÓN – Tragedia familiar

Los detectives averiguaron en seguida que Sandra Rivett había sido víctima de las violentas tensiones que surgían en el hogar donde trabajaba. El asesino, fuera quien fuera, reveló el drama de la familia Lucan.

El detective jefe superintendente Roy Ranson había sido testigo de la promesa que Lucan hizo a su madre por teléfono de ponerse en contacto con la Policía el viernes 8 de noviembre. El jueves por la noche, Ranson entró en el piso de Lucan, en Elizabeth Street y no halló señales de que planeara fugarse.

En el dormitorio, encontró la cartera de Lucan, las llaves del coche, el carnet de conducir, el talonario de cheques, y otros objetos como gafas y dinero suelto.

Encima de la cama, una camisa y un traje junto a un libro sobre los poderosos armadores griegos. También apareció su pasaporte y una agenda con las direcciones de muchas personas de elevada posición económica.

El detective Ranson calificó de «curioso» el aspecto del dormitorio: «Daba la impresión de que su ocupante iba a salir del cuarto de baño de un momento a otro.» El descubrimiento del coche, en Newhaven dio un giro al asunto.

Las autoridades de puertos y aeropuertos tenían orden de impedir que el presunto asesino abandonara el país. Entonces comenzó una búsqueda minuciosa en hoteles, playas, lugares aislados, e incluso en un antiguo castillo.

La muerte de Sandra Rivett fue una noticia sensacional, aunque los periódicos de la noche se abstuvieron de publicar que Lord Lucan era el principal sospechoso en el asesinato de la niñera.

Poco después de las seis de la tarde, Lady Lucan se había recuperado lo suficiente como para declarar en el hospital ante los detectives encargados del caso.

Manifestó que había pasado la tarde con sus tres hijos y Sandra Rivett en el cuarto de juegos, viendo la televisión. Después de acostar a Camilla y a George, la niñera se ofreció a bajar y preparar un té.

Según declaró Lady Lucan, al cabo de veinte minutos se sintió inquieta por su ausencia.

Comentó que bajó una planta y llegó hasta el oscuro descansillo de la escalera del sótano; allí comenzó a llamar: «Sandra, Sandra.» No obtuvo respuesta. Cuando iba a empezar a bajar, fue atacada violentamente y golpeada en la cabeza.

Lady Lucan intentó defenderse de los porrazos y entonces su agresor trató de estrangularla. Ella se lo impidió golpeándole y el hombre abandonó su propósito. Ella se refería al agresor como su marido. La entrevista terminó porque Lady Lucan estaba exhausta.

Al día siguiente, el sábado 9 de noviembre, William Shand Kydd entregó a la Policía las cartas que Lucan le había enviado desde Uckfield horas después del crimen. Así averiguó Ranson que el conde tenía serios problemas económicos.

El detective descubrió inmediatamente que Lucan disfrutaba de un elevado nivel de vida, aunque no trabajara en el sentido usual de la palabra. En vez de ello, era un jugador profesional, uno de los fijos, de la «casa», en el Club Clermont.

Lucan se levantaba tarde; alrededor del mediodía, se tomaba su primer vodka y almorzaba en el club. Su menú habitual consistía en solomillo o chuletas de cordero. Jugaba toda la tarde y sobre las seis volvía a su casa para vestirse de etiqueta y continuar jugando hasta la madrugada.

Se descubrió también que, durante varios años, Lucan había estado perdiendo grandes sumas en el backgammon y en la ruleta. Aunque le consumía la pasión por el juego, nunca demostró interés por otras mujeres y prefería cenar con sus amigos discutiendo las jugadas. Hacía tiempo que la suerte le había abandonado. En 1972, John Aspinall vendió el Clermont a la compañía Playboy. Lucan había derrochado su fortuna y estaba planeando la venta de la plata de su familia.

En el momento de su desaparición tenía grandes descubiertos en tres bancos: 5.667 libras en el Midland, 4.379 en el Lloyds, 2.841 en el Coutts y 1.290 en el National Westminster; en total, 14.177 libras esterlinas. A mediados de septiembre de 1974, un prestamista de Bexleyheath, Kent, le proporcionó 3.000 libras a un interés anual del 48 por ciento.

También se habían resentido sus finanzas a causa de los grandes gastos que le ocasionaron las acciones legales emprendidas para conseguir la custodia de sus hijos. Lucan y su mujer se separaron en enero de 1973. Él se mudó a un piso en Elizabeth Street por el que pagaba 140 libras semanales. Indiferente a este elevado gasto adicional, dio instrucciones a sus abogados para iniciar una apelación ante el Tribunal Supremo. En junio de 1973 perdió el caso y le presentaron una minuta que ascendía a 40.000 libras.

Esto le arruinó completamente. La pensión anual de Lady Lucan ascendía a 2.000 libras, más 1.300 para mantener el servicio. Debía dinero a su madre y tenía que pagar aún los plazos del Mercedes. En el otoño de 1974 el fracaso por conseguir la custodia de Frances, George y Camilla le dejó agotado y deprimido. Obtener dicha custodia se había convertido en una obsesión.

A finales de octubre pidió prestado un coche a su amigo Michael Stoop. Este le ofreció un Mercedes, pero Lucan insistió en quedarse con el baqueteado Ford Corsair.

El conde disponía aún del coche el 7 de noviembre. Aquel día, sus movimientos fueron desordenados. No acudió a almorzar al Clermont y a las cuatro de la tarde entró en una farmacia con una píldora que pertenecía a su mujer y que el farmaceútico identificó como un sedante.

A continuación volvió a su piso para reunirse con Michael Hicks Beach, el amigo que estaba ayudándole a escribir un artículo sobre el juego. Hicks Beach declaró que, mientras estuvo en la casa, desde las 6,30 hasta las 7,45, Lucan telefoneó al Clermont para reservar una mesa.

Cuando llegó a la puerta del club, a las 8,45, habló con el portero y se marchó en el coche. En el nº 46 de Lower Belgrave Street, Sandra Rivett se disponía a bajar al sótano con una bandeja llena de vajilla sucia. La taza de té de las 9 de la noche era un rito para Lady Lucan. Los martes se lo preparaba ella misma porque Sandra tenía la tarde libre.

El marido lo sabía. El domingo anterior preguntó a sus hijos cuándo salía Sandra con su novio. «Le dije que los martes tenía la tarde libre», recordó Frances.

Sin embargo, la niña ignoraba que aquella semana iba a salir el miércoles y que, por lo tanto, el martes por la tarde estaría en casa.

El martes 12 de noviembre, cinco días después de la huida de Lord Lucan, los detectives desconocían aún sus movimientos desde que salió de Uckfield hasta que llegó a Newhaven de madrugada. La distancia entre ambas poblaciones es de 25 kilómetros, y Lucan tardó por lo menos tres horas y media en recorrerla.

Lo que es indudable es que el 12 de noviembre Lucan decidió escapar para no ser detenido. Su amigo Michael Stoop entregó a la Policía la tercera de las cartas escritas desde Uckfleld. Es posible que la queja desesperada sobre su destrucción a manos de un avieso procurador y un psiquiatra deshonesto se refiriese a la sentencia del Tribunal Supremo denegándole la custodia de sus lujos.

Cuando el detective Ranson estudió la desesperación y el sentimiento de abandono de la lucha que se transparentaban en la carta, solicitó inmediatamente de los magistrados una orden de arresto contra Lord Lucan, acusándole de asesinato y de intento de asesinato. La solicitud fue atendida. Era la primera vez que se extendía una orden de arresto contra un par del reino.

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El Clermont

Inaugurado por John Aspinall en 1962, era un hermoso edificio inglés del siglo XVIII. Situado en el n.º 44 de Berkeley Square, pronto adquirió fama de ser uno de los más prestigiosos casinos londinenses, con el aliciente de albergar en sus sótanos el night club Annabel, que figura entre los más elegantes y selectos de Europa.

Además del círculo de amigos de Lucan y de sus conocidos a través del juego, el Club lo frecuentaron otras muchas personas entre los años 60 y 70, como el industrial y financiero Sir James Goldsmith, el campeón automovilístico Graham Hill y numerosos miembros de la aristocracia. Cuando la compañía Playboy compró el club en 1972, se convirtió en uno de los casinos favoritos de los potentados jeques de Oriente Medio.

El club no cerraba nunca. Para quienes entraban en él el tiempo se detenía hasta el momento en que decidían marcharse con sus ganancias o sumando sus pérdidas.

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Legalización del juego

Antes de la aprobación de la Ley sobre Apuestas y juego de 1960, ambos estaban prohibidos en las casas particulares y en los casinos de Gran Bretaña. Esto no impedía la proliferación de clubs clandestinos en todo el país, y especialmente en Londres. Como estaban fuera de la Ley, estos clubs contaban con la «protección» de los chantajistas y sus matones, quienes garantizaban la tranquilidad de los locales a cambio de una participación en los beneficios. A veces los chantajistas, a la larga, se hacían cargo de los juegos inclinándolos a su favor. El único medio de reprimir a los estafadores fue la legalización del juego, solución que además generaba unos ingresos extraordinarios para el Estado a través de los impuestos sobre el juego y las apuestas.

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La Interpol

Tan pronto como Scotland Yard descubrió la fuga de Lord Lucan, alertó a la Interpol, que añadió su nombre a los de la lista de «Alerta roja», donde continúa desde entonces.

Contrariamente a la creencia popular, la Interpol -Comisión Internacional de la Policía Criminal- no es una fuerza policíaca, sino una organización que proporciona datos sobre crímenes o criminales que actúan fuera de su territorio de origen. La idea de crear aquel cuerpo surgió antes de la I Guerra Mundial y se materializó en Viena en 1923. En 1946 establecieron en París su cuartel general y se organizaron tal y como continúan en nuestros días.

Hoy forman parte de la Interpol más de 100 países que llevan a cabo investigaciones, búsquedas y detenciones a petición de los miembros que la componen. El Cuartel General guarda 175.000 fichas de los criminales más importantes, así como detalles de pasaportes robados, bienes y personas desaparecidas. Con el auge del tráfico internacional de la droga, más de un tercio de la información que recibe está relacionada con los narcóticos.

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DEBATE ABIERTO – La vida de un jugador

Mientras se derrumbaban las barreras de clase, Lucan derrochaba su fortuna. Encontró su clave en un grupo selecto y reducido.

Lucan no era un hombre de esta época. Cuando Gran Bretaña perdió su imperio y las antiguas barreras de clase comenzaban a caer, se propuso convertirse en el modelo de aristócratas, de sangre azul, intentando mantener unas tradiciones a las que se aferraba apasionadamente. En una ocasión le preguntaron en qué creía y Lucan contestó: «Creo en mí mismo.»

Durante los años sesenta, cuando todo el mundo se dejaba crecer el pelo, Lucan permanecía estudiadamente distinto, firmemente apegado a sus trajes oscuros, sus corbatas y su estricto corte de pelo. Hasta sus amigos del Clermont le apodaban «el fósil».

Esto, sin embargo, no le impedía vivir en el más alto nivel económico, viajando a los mejores casinos de Europa, haciendo competir a sus caballos en las carreras de Francia, volando a Manú para participar en una regata de lanchas rápidas y para asistir al combate de Sonny Liston contra Cassius Clay desde un asiento de primera fila.

Políticamente pertenecía a la extrema derecha, y la ola de huelgas que se produjo en Gran Bretaña a comienzos de los setenta le disgustó extraordinariamente. Le molestaba que se las describiera como «operaciones industriales» y opinaba -como otros muchos en aquélla época- que solamente la actuación de un gobierno duro podría terminar con aquellas situaciones «subversivas».

Según Lucan, la riqueza y la cuna de determinadas familias e individuos los colocaban por encima de la masa del pueblo vulgar. También los situaba sobre los infelices que tenían que trabajar de nueve a diez horas para vivir.

A comienzos de los años 70 no fue únicamente la fortuna de Lucan la que empezó a disminuir. El Gobierno conservador del primer ministro Edward Heath fracasó en el torbellino de la agitación industrial y el estilo de vida de Lucan se vio amenazado.

Cuando John Aspinall vendió el club Clermont a la compañía Playboy, el lugar se surtió de la realeza procedente de Oriente Medio y de los comerciantes que se jugaban sus enormes ganancias en las mesas de juego. Aquello fue contra los que, como Lucan, creían en la superioridad de Gran Bretaña. Al extenderse el rumor de que la KGB se había filtrado en el partido laborista, parte de la aristocracia comenzó a preguntarse si el país se encontraba al borde de la revolución.

En aquellas circunstancias, algunos de los jugadores del círculo de Lord Lucan demostraron la lealtad y un apoyo entre ellos que traspasaba la habitualmente llamada amistad. Intentaban proteger su modo de vida en aquellos momentos de rápidos cambios en el poder político y de alardes de riqueza.

La desaparición de Lord Lucan sacó a la luz muchos nombres de gente que habría preferido evitar la publicidad, no porque tuvieran algo que ocultar, sino porque su modo de vida se había mantenido en medio de la mayor discreción hasta entonces.

Generalmente aquellas personas no estaban habituadas a las técnicas de la televisión y cuando en las noticias de la noche aparecían sus declaraciones, éstas no siempre se interpretaban de modo adecuado.

Como consecuencia, mucha gente relacionada con Lucan trató de apoyarlo con sinceras manifestaciones de solidaridad, pero dio la impresión de que valoraban a su amigo más de lo que respetaban la ley. Esta actitud, sobre cualquier otra, creó en el público y en algunos de los detectives encargados de la investigación la impresión de que el mundo de Lord Lucan se consideraba a sí mismo como una ente y que se situaba por encima del resto de la sociedad.

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Prueba cinematográfica

En 1966, gracias a su aspecto aristocrático, Lord Lucan estuvo a punto de iniciar una carrera cinematográfica. Mientras jugaba en un casino francés, el director italiano Vittorio de Sicca se fijó en él para protagonizar el papel de un diplomático junto a Shirley MacLaine en su próxima película Siete veces siete. En septiembre le invitó a acudir a París para hacerle una prueba, pero desgraciadamente las dotes de actor de Lord Lucan no estaban de acuerdo con su físico. En la prueba se mostró envarado y no consiguió el papel.

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EL INTERROGATORIO – La declaración de la esposa

Al no haber rastros del desaparecido Lord Lucan, el interrogatorio se inició y se terminó en medio de una gran controversia. Las disensiones de la familia fueron lo más destacado de las declaraciones.

Las diligencias previas sobre la muerte de Sandra Rivett se abrieron el 16 de junio de 1975 en el Inner West London, Juzgado de Instrucción de Horseferry Road. La gente se agolpaba en las calles próximas al juzgado. Los hechos que se iban a revelar durante aquellos cuatro días darían a conocer a la audiencia un mundo desconocido de Lores, Ladies y jugadores, tan distinto del de la mayoría de la gente, pero tan similar en los agravios y enemistades. El juez de Instrucción Forense doctor Gavin Thurston explicó el retraso en la celebración de las diligencias previas. En una clara alusión a la ausencia de Lord Lucan, dijo: «He retrasado deliberadamente esta investigación durante tan largo tiempo con la esperanza de obtener datos más concretos relacionados con ella.»

El objeto de la investigación era averiguar la causa de la muerte de Sandra Rivett y quién había sido el autor del asesinato o del homicidio. Adquirió todas las características de un juicio en el que faltaba el principal protagonista, Lord Lucan. Según las reglas impuestas por el juez de Instrucción Forense, no se admitieron pruebas previas en su defensa.

Lady Lucan era el testigo más importante. Llevaba un abrigo de terciopelo negro y se cubría con un turbante que ocultaba parcialmente las cicatrices de sus heridas.

Repitió su declaración sobre los acontecimientos de aquella noche desde que bajó del cuarto de los niños para buscar a Sandra hasta que apareció en el Plumbers Arms.

Lady Lucan manifestó que huyó de la casa, mientras su marido buscaba un paño para limpiarle la cara después de atacarla.

-«¿Está absolutamente segura de que era él?», preguntó el doctor Thurston.

«Lo estoy», contestó Lady Lucan. «Absolutamente segura.»

El abogado Michael Eastham empezó su turno preguntando a Lady Lucan. Comparecía por parte de la madre de Lord Lucan, representando los intereses del conde. Según sus palabras, su tarea consistía «en la ineludible y desagradable obligación de insinuar que la declaración de Lady Lucan era falsa».

Una vez que ratificó que la pareja se había separado en 1973, Eastham preguntó: «¿No es cierto que antes de esa fecha usted experimentaba ya sentimientos de odio hacia su marido?». El abogado de Lady Lucan se opuso inmediatamente a la pregunta, pero el juez permitió que Eastham continuara, leyendo un párrafo de la carta del conde William Shand Kydd: «Verónica me demostró su odio en el pasado y hará lo posible para acusarme».

Eastham intentaba demostrar que la versión de los hechos de Lady Lucan estaba influida a las relaciones de Lady Lucan con su marido. Por otra parte, en un juicio preliminar están prohibidas las preguntas que impliquen respuestas perjudiciales para el testigo. Las referencias al matrimonio de ambos, las acusaciones de la esposa, sus problemas psiquiátricos podrían conducir a tales preguntas. El jurado tuvo que abandonar la sala. Quince minutos después, el juez indicó a Eastham que únicamente podría formular las preguntas referentes al matrimonio que fueran susceptibles de ser contestadas con un sí o un no.

Ante estos obstáculos, el letrado declaró: «No creo que pueda aclarar los hechos al jurado y no deseo hacer ninguna pregunta a esta dama.»

Lady Lucan ocupó el asiento de los testigos durante dos horas. El juez doctor Thurston insinuó que el agresor pudo haber confundido en la oscuridad del sótano a la pelirroja Sandra con su morena señora.

«¿Puede usted darme alguna indicación sobre su estatura?», preguntó.

«Su marido dijo que medía 1,55», respondió la condesa. «Yo mido 1,55. Una vez se probó un traje que a mí me quedaba ancho. A ella le sentaba bien. Era más fornida que yo.»

Cuando terminó su declaración, Lady Lucan, escoltada por un policía, volvió a ocupar su asiento inmediatamente detrás del de la condesa viuda de Lucan. Las dos mujeres no se dirigieron la palabra durante los cuatro días que duraron las diligencias previas.

Al día siguiente declararon Frances, la hija mayor de Lucan, y el encargado de Plumbers Arms. A continuación lo hicieron el detective Beddick y el sargento Baker, los dos policías que habían descubierto el cuerpo de Sandra; y, por fin, el doctor Hugh Scott, el médico de guardia del hospital St. George, que curó las heridas de la condesa la noche de la agresión.

El doctor Scott manifestó que aquellas heridas pudieron ser producidas por la tubería de plomo hallada en la casa. Le preguntaron si Lady Lucan habría podido golpearse a sí misma y replicó: «Sí, pero es muy improbable.»

El segundo día la investigación se inició con el relato de la entrada en la vivienda del sargento de detectives Forsyth, quien encontró la lámpara desenchufada al final de las escaleras del sótano. Las otras lámparas del sótano estaban apagadas. Señaló cuatro contradicciones en el relato de Lucan y describió la conversación que mantuvo con Kaitilin, la condesa viuda, en casa de la anciana.

El testigo siguiente fue el forense del Ministerio del Interior, profesor Keith Simpson,. quien declaró que Sandra Rivett había recibido nueve golpes en la cara y en la cabeza y mostraba magulladuras en ambos hombros. Afirmó que las heridas habían sido causadas por un instrumento romo y que Lady Lucan había sido golpeada con el mismo o parecido instrumento.

A continuación del doctor Simpson declararon las dos personas con las que Lucan habló el 7 de noviembre: su madre, Kaitilin y, Susan Maxwell-Scott. La madre repitió las dos conversaciones que había mantenido con Lord Lucan y respondió a varias preguntas relacionadas con algunos puntos vitales. ¿Lucan le dijo que había visto o había interrumpido un ataque en el sótano? Interrumpido, contestó, aunque añadió que no estaba segura.

Igualmente manifestó que su hijo había hablado de que pasaba por delante del 46 de Lower Belgrave Street cuando observó la agresión en el sótano. Las notas de la Policía indicaban que iba en su coche.

También preguntaron a Susan Maxwell Scott si Lord Lucan había especificado cómo pasaba por delante de la casa, caminando o conduciendo. «Estoy casi segura de que dijo caminando», contestó. «Pero pudo haber dicho pasar y yo interpreté caminar». Añadió que, según Lucan, el hombre que atacaba a su mujer era fuerte, pero no lo había visto con la suficiente claridad como para poder describirlo.

La mayoría de las respuestas de William Shand Kydd, como las de Lady Lucan, debían limitarse a un sí o a un no. Le preguntaron si podría explicar al jurado algo más sobre los exabruptos de Lady Lucan, las acusaciones contra su marido y la «pesadilla de paranoia» mencionados en la primera carta de Lucan. A todo aquello contestó «sí» sin poder ampliar su respuesta.

Todas estas preguntas estaban orientadas a aclarar las tensiones en el hogar de los Lucan, pero no proporcionaban una información concreta sobre la muerte de Sandra. Después del segundo día, la familia comenzó a quejarse del rumbo que había tomado el interrogatorio.

En el exterior del juzgado, el padre de Sandra, Albert Hensby, dijo: «El nombre de mi hija apenas se ha mencionado a pesar de ser el motivo de nuestra presencia aquí.» Su cuñada Vera Ward manifestó: «Estoy aterrada… Sandra se sitúa en medio de lo que parece ser una batalla entre los dos campos de la familia Lucan. Sin embargo, la que murió fue Sandra, que ya está enterrada y olvidada».

Al día siguiente también el jurado expresó su desconcierto. El portavoz inició la sesión manifestando al juez de Instrucción Forense: «Nadie se refiere al asesinato de la niñera. Hemos oído que Lady Lucan se dirigió al barman del Plumbers Arms diciendo: ¡Ha matado a la niñera! ¿Cómo sabía ella que la niñera había sido asesinada?».

El doctor Thurston respondió: «Eso es absolutamente cierto», y añadió que esperaba que la respuesta surgiera a lo largo del resto de la investigación. Intervino después Michael Stoop, que tuvo que limitarse también al sí o al no, y a continuación otros forenses. El testimonio más relevante fue el de la doctora Margaret Pereira, una hematóloga de Scotland Yard, que había investigado el bajo, la escalera y el hall de la casa de la condesa, así como las huellas de sangre aparecidas en el Ford Corsair abandonado en Newhayen.

La sangre del sótano pertenecía en su mayor parte al grupo B, que era el de Sandra Rivett, y la del hall al A, que era el de Lady Lucan. Esta mostraba huellas de sangre del grupo B en su ropa y en los zapatos que, según la doctora Pereira, pudieron mancharse al andar por el sótano. La envoltura de esparadrapo que rodeaba la tubería de plomo tenía restos de sangre de ambos grupos.

A preguntas de Eastham, la doctora Pereira afirmó que, si Lord Lucan había resbalado efectivamente en la sangre tipo B de Sandra Rivett, pudo haber manchado con ella a su esposa cuando trataba de ayudarla.

También sugirió que la sangre de la niñera pudo teñir el zapato de Lady Lucan cuando ésta pisara el suelo del sótano.

Se detectó sangre del tipo B -el de Sandra- en la ventanilla del conductor, y del grupo A en el salpicadero del Ford Corsair. Aparecieron además rastros del grupo AB.

La doctora Pereira declaró no haber encontrado cabellos de Sandra Rivett en la tubería de plomo. Según el doctor Robert David, ambas tuberías, la hallada en la casa y la del coche, tenían aproximadamente el mismo tamaño. El testigo siguiente, portero del Club, aseguró que «siendo de día, él podría recorrer en menos de diez minutos» la distancia que le separaba del 46 de Lower Belgrave Street.

Por último, el inspector detective Charlie Hull y el inspector jefe David Gerring describieron las investigaciones llevadas a cabo en el exterior del domicilio de Lady Lucan.

«Gerring aseguró que era imposible ver desde el coche lo que ocurría en el interior de la casa. Quizá, se hubiera conseguido agachándose, pero desde luego no manteniéndose en pie. Como no había ninguna luz, las persianas impedían la visión del interior del sótano, lo que contradecía la versión de Lord Lucan.

El inspector jefe añadió que no habían encontrado pruebas que apoyaran el relato del aristócrata. La puerta no había sido forzada y no había señales de lucha frente al sótano.

Al cabo de unos cuatro días, sólo faltaba la recapitulación del juez de Instrucción Forense.

Duró 70 minutos. El doctor Thurston volvió sobre el tema de la entrada de Lady Lucan en el Plumbers Arms y su afirmación de que Sandra había muerto. Su advertencia al jurado fue: «Les ruego que lo borren de sus mentes».

Tras 30 minutos de deliberación, el jurado volvió a la sala.

«¿Tienen ya su veredicto?», preguntó el doctor Thurston.

«Sí», respondió William Thomas, el portavoz del jurado. «Asesinato cometido por Lord Lucan.»

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Finalidad de las diligencias previas

El cargo de juez de Instrucción Forense data por lo menos del año 1200, o quizá de 300 años antes. El principal cometido de un juez de Instrucción es abrir una investigación si existe la sospecha razonable de que se haya producido una muerte violenta o bien por causas no naturales o desconocidas.

El juez puede dirigir la investigación por sí solo (excepto en el caso de muertes acaecidas en prisión o en comisarías), pero si existe la posibilidad de un veredicto de asesinato, el juez nombra a un jurado de no menos de siete personas ni más de once.

El objeto de la investigación es establecer las causas de la muerte de una persona y si, como resultado, puede haber cargos criminales. Sin embargo, los abogados que representan las partes involucradas en el caso no están autorizados a dirigirse al jurado e informar de los hechos; el juez tiene atribuciones para decidir qué pruebas se pueden dar a conocer.

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Análisis de sangre

Las manchas de sangre suelen ser las pruebas definitivas en la investigación de crímenes violentos. El análisis de sangre no sólo indica a quién pertenece, sino cómo fue derramada. La doctora Margaret Pereira, la más importante oficial del laboratorio forense de Scotland Yard, fue la especialista encargada de analizar la sangre hallada en el n.º 46 de Lower Belgrave Street y en el Ford Corsair. Durante los años 60 había abierto un camino nuevo en los análisis de sangre que proporcionaba información sobre los tipos de sangre de muestras diminutas procedentes de costras o de manchas.

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Cambios en la ley

La investigación sobre la muerte de Sandra Rivett dio lugar a la abolición del derecho del jurado para dictaminar en su veredicto si una persona ha cometido o no un asesinato.

El pronunciamiento del portavoz del jurado, «Asesinada por Lord Lucan», preocupaba tanto en el ambiente jurídico como entre los amigos de Lucan, ya que una persona, inocente mientras no se demuestre lo contrario, podía ser difamada. Durante 40 años se ha solicitado la derogación de ese derecho del jurado.

La Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1977 señala nuevos límites al pronunciamiento del veredicto del jurado. Ahora se incluyen matanzas, accidentes, causas naturales y, si las causas no son evidentes, veredicto abierto. Actualmente el jurado no puede añadir a su veredicto un documento que señale a un individuo determinado.

Bajo esta nueva ley, el juez debe suspender la diligencias si durante el procedimiento alguien se ve acusado de un hecho criminal relacionado con la muerte investigada.

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MENTE ASESINA – La última jugada

El juego se convirtió en una obsesión para Lord Lucan. Su matrimonio desgraciado y la adversidad de la suerte le concedieron a aventuras insensatas y a la bancarrota.

En el otoño de 1974 la situación de Lord Lucan era desesperada. Aumentaban sus pérdidas en el juego, la separación de Verónica se añadía a sus deudas y, además, las costas por la pérdida del juicio para obtener la custodia de sus hijos le habían supuesto 40.000 libras. Abrumado por la magnitud de sus desgracias, sentía crecer en su interior el rencor hacia su esposa.

¿Llegaría, a pesar de todo, al asesinato premeditado? Esta hipótesis es tan difícil de probar como la contraria. Nada en sus antecedentes sugería tal posibilidad. Nunca se comportó violentamente y, según sus amigos, no soportaba la vista de la sangre.

¿Podía un hombre del temperamento de Lucan llevar a cabo una acción así, armado solamente con una porra de plomo, una herramienta que garantizaba el bailo de sangre? Aun aquellos conocidos de Lucan que le hubieran creído capaz de planear el asesinato dijeron que habría usado un arma más limpia y más eficaz.

La otra pregunta era: si el conde asesinó a la niñera, ¿por qué no llevó a cabo su propósito matando a Verónica cuando ésta bajó las escaleras? Además, algunas personas se negaron a creer que cegado por la ira, pudiera confundir a Sandra con la mujer que había compartido su vida durante casi diez años, aun en medio de la oscuridad del sótano. Por otra parte, nadie pudo proporcionar una razón plausible que justificara la muerte de la niñera a manos de Lord Lucan.

Además, tampoco la actitud de Lord Lucan antes del crimen indicaba que hubiese planeado minuciosamente sus movimientos. Era del dominio público que había pedido prestado el coche a Michael Stoop y Michael Hicks Beach no percibió nada extraño en su comportamiento cuando estuvieron bebiendo juntos a primera hora de la tarde. Los efectos personales hallados en su piso no indicaban ningún preparativo de fuga.

Tampoco se puede asegurar que los llevara todos consigo, desde la cartera hasta el carnet de conducir, cuando se produjeron los hechos. Si fue así, y los dejó en el dormitorio al volver de Lower Beigrave Street, era inexplicable que no los tomara al abandonar su piso en el Corsair prestado.

El afán por obtener la custodia de sus hijos pudo haber sido la causa de un impulso irrefrenable, aumentado por proyectos cargados de violencia.

La ruina del padre podría llegar a ser una experiencia penosa para los niños; pero, si se confesaba culpable del asesinato o intento de asesinato de su madre, habrían terminado por rechazarle.

Por otra parte, Lord Lucan eran hombre de acciones expeditivas y su amarga experiencia personal con la ley -caso de la denegación de la custodia- pudo llevarle a la convicción de que tenía poco que ganar frente a los medios legales.

El tamaño de la porra de plomo apuntaba al arma de un aficionado. Pocas personas conocen las consecuencias de golpear la cabeza con tal arma, sobre todo si va envuelta en esparadrapo. Es posible que, si Lord Lucan era culpable, se quedara tan trastornado ante la abundancia de sangre de Sandra que decidiera seguir adelante y acabar con su esposa.

Lord Lucan se comportó de un modo impulsivo durante los meses anteriores al crimen, con visitas inesperadas a la casa de su esposa, enviando a Verónica cintas magnetofónicas y contratando a detectives para vigilarla.

Se puede pensar que el crimen fue su última apuesta. Pero, como jugador profesional, era un experto en el terreno del riesgo. Nadie imaginaba lo mucho que aún confiaba en su suerte.

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Jugar con suerte

El jugador arriesga siempre algo de valor con el propósito de obtener una ganancia aún más valiosa. Aunque el profesional del juego lo considera un negocio, según sus beneficios, las características de tales profesionales se dan en personas que no necesitan incrementar su riqueza. El jugador, sencillamente, tiene que jugar, debe confiar en su propia suerte, no siempre que apueste en la ruleta o participe en una partida de póker, pero sí de vez en cuando.

Existen innumerables casos de personas desgraciadas que han destruido sus vidas y las de los suyos por su incapacidad de resistirse a la tentación del juego; es decir, continúan jugando a pesar de que la suerte y su sentido común les han vuelto la espalda.

Un amigo de Lord Lucan contó lo sucedido durante unas vacaciones en Francia. El conde había perdido ya unas 200 libras, cifra considerable para aquella época, y sus amigos le aconsejaron hacer una pausa. Sin hacerles caso, se dirigió a las mesas de ruleta, donde obtuvo una fuerte suma.

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DESENLACE – La búsqueda infructuosa

El caso de Lord Lucan continúa vivo. Durante años se ha discutido sobre él y se han hecho conjeturas y apuestas sobre la eventualidad de volver a verle vivo. Sin embargo, es posible que la suerte le haya abandonado para siempre.

Para muchas personas las diligencias previas sobre la muerte de Sandra Rivett demostraban la culpabilidad de Lord Lucan. Fue sintomático la reacción de la madre de Sandra, Eunice Hensby: «Durante tres días y tres noches he rezado pidiendo este veredicto. Tenía el temor de que se dijera que mi hija había sido asesinada por un desconocido.»

Por otra parte, muchos amigos y parientes de Lucan le apoyaban. William Shand Kydd declaró: «El juez de Instrucción Forense impidió en varias ocasiones las preguntas que habrían podido ayudar al conde. Me sorprende y me asusta el pensar que un jurado de un juicio preliminar pueda acusar a un hombre de asesinato sin haber oído los testimonios relevantes.»

El rencor que latía antes y durante los interrogatorios entre las diferentes partes de Lucan y entre sus amigos y la Policía, se prolongó durante los meses y los años posteriores. Permanecía el sentimiento de rechazo hacia la riqueza y los privilegios del mundo de Lord Lucan. Su detractores aseguraban que se había escondido ayudado por sus importantes amistades esparcidas por todo el mundo. Sus simpatizantes afirmaban que era un hombre honrado destruido por su mala suerte. Uno de sus socios, a la pregunta de si Lucan podría haber tenido alguna relación amorosa con Sandra Rivett, respondió: «¿Con una niñera?.»

Cuando terminaron las diligencias, Lady Lucan hizo unas breves declaraciones: «Estoy tratando de olvidar el pasado lo antes posible y de continuar una vida de familia. Ya han oído mis declaraciones durante el interrogatorio. Mi marido tenía su representante y el juez y el jurado dio su veredicto. No puedo decir si estoy conforme o no con él. Yo trataba únicamente de aclarar los hechos.»

Desde que Lucan desapareció, el 8 de noviembre de 1974, la Policía tuvo noticias de innumerables «apariciones» en distintos lugares del mundo. No se pudo comprobar ninguna de ellas.

Un sospechoso detenido por la Policía en Australia resultó ser un calderero de Essex en paro. Se produjeron otras denuncias en Sudamérica, Las Vegas, Barbados, diferentes puntos de Europa y en Sudáfrica. Esta última es la más verosímil, pues allí tenía el conde algunos parientes.

La más curiosa de todas la denuncias sobre la presencia de Lord Lucan tuvo lugar en Australia, en diciembre de 1974. La Policía detuvo a un inglés de aspecto distinguido recién llegado a Melbourne. El hombre no era Lucan, sino, sorprendentemente, John Stonehouse, antiguo ministro del gobierno laborista que había simulado un suicidio en Florida para resolver sus asuntos económicos.

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Conclusiones

En 1979, cinco años después del crimen de Lower Street, el jugador Lucan continuaba dando problemas. Los corredores de apuestas ofrecían 1.000 a 1 contra el hallazgo de Lucan. Pero sin duda habrían ganado más con el descubrimiento del Monstruo del Lago Ness. Los problemas cesaron con el curso del tiempo.

Los dos detectives encargados de la búsqueda de Lord Lucan, Roy Ranson y Dave Gerring, no se ponían de acuerdo sobre la posibilidad de que Lucan estuviera vivo.

«Pienso que habría muerto antes que someter a sus hijos a declarar en un juicio por asesinato», dijo Ranson «Yo creo que se marchó a un lugar desconocido para morir allí con la esperanza de que no le encontrarán nunca.»

Gerring argumentaba lo contrario: «recuerden que este hombre es un jugador. Yo creo que una persona que vive en este medio no se da por vencido sin luchar, sin correr un riesgo. Y esto significa que puede estar viviendo alojado en cualquier remoto lugar del mundo.»

Dominick Elwes, uno de los íntimos amigos de Lord Lucan, perdió las ganas de vivir. A los 44 años se suicidó con una sobredosis, tres meses después de las diligencias previas sobre la muerte de Sandra Rivett.

Hasta el día de hoy, Lord Lucan no ha sido acusado, juzgado o declarado culpable de ningún crimen. Según la ley, sigue vivo. A principios de 1989 habría cumplido 55 años y continúa figurando en el «Quién es quién», una publicación que reúne los nombres de la aristocracia y de otras personas distinguidas.

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LA VÍCTIMA – La niñera

Sandra Rivett comenzó a trabajar como niñera en el nº 46 de Lower Belgrave Street a finales de septiembre de 1974, unas seis semanas antes de morir asesinada. Era la octava niñera que Lady Lucan contrataba en menos de 18 meses.

Sandra se entendía bien con los niños. El mismo Lord Lucan, que estaba apelando para conseguir la custodia de sus hijos, pareció satisfecho de la elección. «Él creía que con Sandra esta vez salían ganando», dijo la madre de Lucan.

La señora Ribett, de 29 años, de soltera Sandra Hensby, se separó de su marido, Roger, guardia de seguridad en el aeropuerto de Gatwick, siete meses antes de colocarse con Lady Lucan y sus hijos. Tenía un niño que confió al cuidado de sus padres, Albert y Eunice Hensby.

La señora Rivett era una joven pelirroja, vivaracha, cariñosa de risa fácil. La tragedia fue acrecentada por la indiferencia hacia su persona. Apenas se habló de ella en la prensa y su nombre cayó pronto en el olvido. No fue más que la niñera asesinada en casa de Lady Lucan.

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Fechas clave

  • 01/73 – Los Lucan se separan.
  • 23/03/73 – Lucan obtiene temporalmente la custodia de sus hijos.
  • 11/06/73 – El Tribunal Supremo concede a Lady Lucan la custodia de los niños.
  • Verano 74 – Lucan comienza a espiar el n.º 46 de Lower Belgrave.
  • 09/74 – Sandra Rivett empieza a trabajar en la casa.
  • 07/11/74

– 8,40 – 8,55 de la noche. Sandra Rivett baja al sótano

– 8,55 – 9,05 de la noche. Lady Lucan va a buscar a la niñera y sufre una agresión.

– 9,05 – 9,15 de la noche. Lord y Lady Lucan entran en el cuarto de juego de los niños.

– 9,45 de la noche Lady Lucan irrumpe en el Plumbers Arms.

– 9,50 de la noche. Lucan sale del número 46 de Lower Belgrave Street.

– 10,10 de la noche. La policía encuentra en el sótano el cuerpo de Sandra.

– 10,25 de la noche. Madeleine Florman recibe una desconcertante llamada telefónica.

– 10,30 de la noche. Lucan llama a su madre.

– 11,30 de la noche. Lucan llega a casa de los Maxwell-Scott en Sussex.

  • 08/11/74

– 00,15 de la mañana. Lucan vuele a llamar a su madre.

– 1,15 de la mañana. Lucan se marcha de casa de los Maxwell-Scott en el Ford Corsair.

– 8,00 de la mañana. El Corsair aparece abandonado en Newhaven.

  • 16/06/75 – Lady Lucan relata la agresión sufrida en las diligencias previas.
  • 17/06/75 – Los parientes de Sandra se quejan de la manipulación del caso.
  • 18/06/75 – El jurado critica abiertamente la orientación de los interrogatorios.
  • 19/06/75 – El jurado acusa a Lord Lucan del asesinato de Sandra Rivett.

 


VÍDEO: THE LORD LUCAN STORY (INGLÉS)


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